Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
—CANTAR DE LOS CANTARES 2:10
Agua fresca se escurrió en la boca de Hinata y se deslizó por su garganta, comida poco después. Las acciones la arrastraron fuera de la oscuridad hacia la luz. Ella parpadeó abriendo los ojos.
Aunque su visión estaba nublada, ella fue capaz de ver a Naruto cerniéndose sobre ella, un hilo de sangre debajo de su ojo.
Ellos realmente estaban juntos, se maravilló.
Él estaba sosteniendo una botella sobre sus labios. Ella tragó lo que le sirvió, sin haber probado nada tan magnífico, estaba segura. Quería cerrar los ojos y disfrutar, pero no tenía ningún deseo de apartar la mirada de Naruto. Su cabello rubio estaba en completo desorden, los mechones sobresalían en picos. Tenía la cabeza agachada, con la barbilla presionando en su esternón. Sus pestañas estaban bajas, ocultando el azul cristalino de sus ojos y dispersas tan graciosamente como la cola de algún pavo real. Ella se había dado cuenta de la vertiente aristocrática de su nariz y de los afilados pómulos el día que lo había bañado, pero ella se había perdido los exuberantes labios color rosa que cualquier mujer habría pagado una fortuna para adquirir.
Era resistente, capaz y temible, y por un segundo o dos deseó lo que Kurama había dicho y hacer lo que fuera necesario para permanecer con Naruto, poner su vida en sus manos y confiar en él para mantenerla a salvo. Ahora y siempre.
Espera. Kurama. Alloris. El Altilium, fuera lo que fuera. El sueño no había sido realmente un sueño, se dio cuenta ahora. Por tanto tiempo que había ella pasado dentro de su cabeza a través de los años, sabía la diferencia entre fantasía y realidad, y no estaba confundida con las dos a la luz del día. Ella realmente había hablado con Kurama y el Dr. M, el Epoto. Ellos realmente estaban allí, en alguna parte, y conocían a Naruto.
Kurama, quien claramente lo amaba.
Dr. M, quien claramente lo odiaba.
¿Naruto sabía que estaban allí? ¿Eso era lo Kurama lo consideraba, "un encargo"?
Naruto, estaba tan cerca que simplemente tenía que extender la mano para tocarlo.
Muy pocas personas se daban cuenta que había otro mundo alrededor de ellos, tan real.
—Hey, tú, —dijo ella.
Solamente el silencio la saludó.
Una fuerte decepción pasó a través de ella. Sus oídos habían dejado de funcionar, y eso significaba que ella no sería capaz de oír la voz de Naruto, tampoco. Y oh, cómo le habría gustado oírlo. Tendría un barítono bajo, podría apostar. Bajo y retumbante. Sexy.
Naruto levanto la vista, parpadeando sorprendido.
—Estás despierta.
Una vez más, el silencio.
La decepción se intensificó, pero la superó fácilmente. Estaba viva y ella estaba con el mejor hombre que había conocido nunca. ¿De qué tenía que quejarse?
—Lo estoy. —Ella estiró los brazos por encima de su cabeza, arqueó la espalda. Los huesos crujieron.
El calor explotó en los ojos de Naruto, el azul de repente recordándole el de las llamas vivas. La callosa mano en su nuca la alejaba del suelo. Él se alejó de ella, llevándose su delicioso calor corporal con él.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó.
No tan bien como lo estaba hace unos segundos.
—Maravillosa, gracias. —Mejor de lo que lo había hecho en años. —¿Pero cómo... — Ella exploró su entorno. Estaba dentro de su jaula, los barrotes a su alrededor. Más allá se extendía la vasta extensión de los Nolands.
Incendios ardían por doquier, cintas espesas de humo flotaban, e insectos verdes y negros zumbaban por todas las direcciones, incluso pululando sobre un árbol que se había atrevido a sobrevivir, sus ramas se cernían con vida, pero rápidamente se marchitaban.
Su padre... la había... la había... enjaulado. El hombre responsable de su bienestar, el hombre que profesaba su amor por encima de todas las cosas, la había colocado con uno de sus "animales" durante una erupción solar, dejándola vulnerable al ataque de los Nolanders.
Ella no debería haberse sorprendido, pero lo estaba. Le había hecho muchas, muchas cosas terribles, pero esto... El dolor la atravesó, hiriéndola mucho más que el puño de Toneri. Toneri, quien debió de haber mostrado el video a Hiashi.
Sabía que su padre era cruel, había sabido que él disfrutaba enseñoreándose de poder sobre ella y sobre todos los demás. Había sabido que se emocionaba al castigar a cualquiera que lo desafiara, pero... pero ella era su hija. Su princesa. Su amada.
Bueno, esto haría que salir del circo fuera mucho más fácil. Si ella conseguía salir de la jaula, pensó, luchando contra una oleada de pánico.
¿Sería ella uno de los espectáculos secundarios ahora? ¿Era esto una sentencia de por vida?
¿Iba a ser tratada como un humilde animal?
Oh, dulce misericordia. Durante todos estos años, no había hecho nada para detener a su padre de encerrar a personas inocentes. Personas que habían experimentado estas mismas emociones, pero sin ninguna esperanza.
No podía liberarlos mientras llevaban aquellas esposas, cuando por fin se había decidido a hacerlo. No podía permitir que Hiashi los encontrara y los llevara de regreso. Tenía que quedarse, sin importar el dolor infligido hacia ella, y tenía que continuar con su búsqueda de la llave.
Sin embargo, primero tendría que salir de la jaula.
Lo siento, Kurama, pero no puedo empaquetar a Naruto y dejarlo ir por el momento.
Naruto le tocó suavemente en el hombro para conseguir su atención.
— ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
Por ella. Ella. Uno de sus torturadores. Después de todo, él todavía deseaba ayudarla.
—Yo... Yo…
Quería llorar. Quería llorar y rogar por su perdón.
—Lo siento mucho. Sé que no hay nada que pueda decir…
— Hinata, —dijo.
—…para mejorar las cosas, pero voy a intentarlo. Lo haré. Tienes mi palabra. No voy a dejarlo que te mantenga…
— Hinata.
—…encerrado más de lo necesario. En el momento en que esté libre, voy a buscar la llave con más atención.
Se inclinó, consiguiendo nivelarse con su rostro.
—¡Hinata!
Ella parpadeó hacia él.
—¿Sí?
—No voy a hacerte daño, —dijo, acomodándose sobre su trasero.
La confusión regresó. Él pensaba, ¿qué? ¿Que ella se disculpaba simplemente para mantenerlo calmado? Bueno, si ese era el caso, él no creería una sola palabra que pronunciara sobre el tema de la libertad,
¿Podría él?
—Tu padre dejó una manta para ti. Te dejé usarla como almohada por un tiempo, pero cuando empezaste a sanar, la tomé y la arreglé en la esquina como una cortina. Para mayor privacidad... para cuando necesites usar el orinal que también dejó. Creo que así es como se llama.
El calor inundó sus mejillas.
—E…está bien. Gracias. —No debería estar avergonzada. De hecho, ella se merecía esto. Él y los otros habían tenido que soportar ese tipo de violaciones desde su captura.
—Para que lo sepas, te bañé, —dijo, —pero nunca te quité la ropa y nunca miré hacia donde no debía.
Como ella había hecho con él. El calor se intensificó.
Se vio a sí misma y vio que llevaba la misma ropa que había llevado al enfrentarse a su padre, una camiseta sencilla y unos pantalones holgados.
Al menos estaba cómoda.
—Gracias, Naruto. En serio. Por todo.
Un rígido asentimiento.
—De nada.
Su mirada barrió sobre él. Todavía llevaba el taparrabos, su gran, hermoso cuerpo en exhibición. Su piel era de un bronceado luminoso, cada uno de sus músculos estaban tan bien definidos que parecían pintados.
El Aliento se le quedó atrapado en la garganta.
—Así que, ¿Cuánto tiempo hemos estado aquí?
—Tres días.
Tres días enteros. Cincuenta horas en lugar de las setenta y dos, porque el tiempo no era el mismo aquí. Durante esas cincuenta horas Naruto podría haberla atado. Él no lo había hecho. Podría haberla amenazado con retener las medicinas y alimentos hasta que ella jurara ayudarlo. Él no lo había hecho. Él podría haberla dado como alimentado a los Nolanders para salvarse. Él no lo había hecho.
Soy el monstruo en esta relación.
—¿Te encuentras bien? —Le preguntó ella vacilante.
Él parpadeó y frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Tienes sangre en la cara.
Reaccionó como si ella lo hubiera abofeteado, girándose para ocultarle el hecho de que estaba limpiando su piel con un vigor que la asombró.
—Déjame, —dijo, pero él actuaba como si ella no le hubiera hablado.
Ella suspiró.
—¿Los monstruos te han hecho daño?
—¿Sabes acerca de ellos?
—Sí. Para mantenerlos fuera de los trailers, Hiashi tuvo que eliminar las ventanas, reforzar las paredes con acero y las puertas con candados.
—Entonces, tendría que habernos puesto dentro de su trailer. —dijo, todavía limpiándose la cara.
—¿Y permitirte encontrar y ocultar armas para usarlas contra él más tarde?
Él chasqueó la mandíbula.
—¿Conoces algún lugar seguro para esconderse fuera de la jaula?
¿Él estaba esperando fugarse de aquí, mientras que no hubiera guardias armados?
—No te recomiendo luchar contra los Nolanders en su propia cancha de béisbol. Ahora, ¿Vas a dejar de hacer eso y dejar que te ayude?
Él se quedó quieto. Su mano cayó a un lado. Poco a poco se giró y se encontró con su mirada, sus ojos eran tan helados sobre ella que se estremeció.
Sin embargo, ella le tendió la mano.
—Trapo. —Él la había ayudado.
Ahora ella le ayudaría, incluso en una forma tan pequeña. A pesar del hecho de haberse frotado con tanta fuerza que había dejado una roncha roja a un lado de su rostro, la sangre seguía allí.
De mala gana, le dio lo que quería.
—Inclínate hasta aquí.
Centímetro a centímetro obedeció, una máscara cayó sobre sus facciones.
Gentilmente limpió la mancha carmesí. Su brazo temblaba, la acción casi era demasiada para un brazo que no se había utilizado en tres días, pero ella insistió.
—La gente juega béisbol en un campo, —dijo con voz áspera.
—Eso es lo que dije. ¿No es así?
—Tú has dicho cancha. —La mirada de Naruto nunca la dejó. Él observaba cada reacción, como si... ¿Qué? ¿Cómo si quisiera conocer cada emoción de ella? Bueno, iba a descubrir que a ella le gustaba cuidarlo y mirarlo. Especialmente a los labios. Esos hermosos y exuberantes labios.
Ahora mismo ellos eran de color rosa. Cuando su apariencia cambiara, se volverían tan brillantes como su piel.
¿Todavía serían tan suaves como lo recordaba? Se preguntó. ¿Tan dulces?
—Me estás mirando, —señaló, con voz tensa.
—¿Te molesta?
Su lengua se movió hacia fuera, humedeciendo sus labios.
—No.
Tener esa lengua en su boca... saber lo que era presionar la suya contra... Se estremeció con fuerza.
—Lo hice antes. Y me amenazaste con matarme.
—Eso fue antes.
¿Antes... de qué?
—Y nunca te haría daño, Hinata. —Él extendió la mano, su pulgar trazo la comisura de su boca.
En el momento del contacto, sus labios comenzaron a temblar. Se separaron por voluntad propia y una acalorada, necesitada exhalación se le escapó.
—Sé que no lo harías. Al igual que yo nunca te haría daño a ti. —Se obligó a terminar de limpiarlo, antes de que hiciera algo que pudiera lamentar tanto. —¿Ves? Soy inofensiva.
Él no retrocedió. La miró, el fuego en sus ojos se intensificó. Por último, se inclinó hacia ella.
—Lo siento, —dijo con voz ronca, —pero tengo que hacer esto.
—Qué…
La besó, silenciándola. Sus labios se apretaron contra los de ella, demorándose durante un segundo, dos, como si probara su reacción. ¡Sí!
Eso era lo que había querido. Y no era de extrañar. Era magnífico, sus labios eran más suaves que antes. Cuando ella no ofreció ninguna protesta, levantó la cabeza y estudió su rostro. Lo que sea que haya visto, le debió de haber gustado, porque él bajó por segunda vez. Su lengua se movió y ella ansiosamente abrió la boca para él.
Sus lenguas se empujaban entre sí y, oh, este beso era mucho mejor que el anterior, cuando había tomado lo que no debería tener. En un principio fue lentamente, persuadiéndola, pero ella no necesitaba persuasión.
Necesitaba más.
De alguna manera, él entendió lo que ella no podía vocalizar.
Aumentó la presión, la velocidad, y obligó a su cabeza a inclinarse, dándole un mayor acceso, para dominar su boca, marcando profundamente su alma, consumiéndola. Ella amó cada segundo de ello, cuerpo y mente comprometidos, dejándose llevar, perdida. Feliz de estar perdida. Él estaba tan caliente, fuego sobre su piel. Él le era tan necesario.
De repente, no podía imaginarse tratando de respirar sin él. Él estaba aquí, y era de ella, y esto era hermoso. Un hermoso beso de un hombre hermoso.
Su mano se deslizó por debajo de los hombros, en ángulo hacia arriba y le tomó la nuca. La áspera textura de su piel le encantaba, haciéndole cosquillas. Le masajeó los músculos allí, arrancando un gemido de placer de ella.
Entonces, su mano comenzó a bajar... deteniéndose a medio camino en su brazo, amasando... inclinándose otra vez, esta vez hacia su pecho...
Su pecho dolorido. Un lugar que nunca había sido tocado por otro.
Ella había pillado suficientes actos ilícitos en las sombras del circo como para saber que una vez un hombre ponía sus manos en los pechos de una mujer, no podía dejar de tomar más, todo.
Hinata se tensó, sin saber que estaba lista para lo que suponía "todo".
Él debía de haber estado en sintonía con cada uno de sus matices, porque él tiró hacia atrás, cortando el contacto.
Mientras ella luchaba por respirar, sus dedos buscaron sus hormigueantes labios.
— Naruto, —dijo ella, deseando que la nombrara de vuelta. Ella podría no estar lista para todo, pero eso no significaba que el beso tenía que terminarse.
Sus manos en puños estaban a los costados.
¿Lo había hecho enojar?
—Yo… Yo… —No tenía ni idea de qué decir.
¿Cómo se le dice a un hombre que quería darle un beso, pero que no quería hacer nada más con él? Todavía no, por lo menos.
—¿Cuándo deben volver los monstruos? —Preguntó, cambiando de tema.
Apartó la mirada de ella.
—En unas pocas horas. Pero no te preocupes. Tú quédate dónde estás, y me echaré a tu lado.
Él había hecho eso antes todo este tiempo, ¿no lo había hecho? La idea de su peso presionando contra ella... no la asustaba, se dio cuenta. Le encantó, su sangre burbujeó con efervescencia y calidez.
Tal vez estaba más cerca de querer "todo" más de lo que se había dado cuenta.
—Serán incapaces de alcanzarnos, —añadió, —y no tendré que tocarte.
—No me importa…
—¿Qué es este lugar? —La interrumpió él.
Mensaje recibido. Asunto cerrado. Tal vez eso era lo mejor.
—Un mundo entre mundos.
Él frunció el ceño.
—Explícate... por favor.
Otro oxidado "por favor." ¿Cómo podría resistirse?
—A través de sus artes oscuras, mi padre se enteró de cómo mover el circo de una ciudad a otra sin tener que desmontar o montar las tiendas de campaña y el equipo o mover los vehículos, sin tener que dar un paso. De alguna manera crea erupciones solares que abren un portal de un lugar a otro, pero tiene más problemas para cerrar las erupciones, especialmente si vamos a una gran distancia, y a veces llegamos a estar atrapados aquí.
Su ceño se profundizó.
—Sé que un viaje entre mundos es posibles, pues así es como los otherworlders vinieron a la tierra, pero no sabía que los ciudadanos comunes podrían abrir portales por su cuenta.
—Dudo que se pueda. Pero bueno, mi padre no es exactamente normal, ¿verdad?
—Bien, tengo que saber lo que él sabe.
—Confía en mí, no quieres meterte con las artes oscuras.
Bueno, bueno. Lo bueno es que me has escuchado a mí, dijo el Dr. M, su voz parecía venir de la nada. Ella no podía verlo, pero podía sentirlo.
Había una extraña especie de crujido en el aire, que se desató contra su piel. Está a punto de tratar de convencerte de que espíes para él.
¿Naruto había oído hablar al hombre?
Su expresión seguía siendo la misma: pensativo.
—Si te pidiera que averiguaras qué tipo de hechizo lanza, —dijo, mirándola fijamente, —¿Lo harías?
¿Ves? ¡Te lo dije!
—No, —respondió honestamente, ignorando a Dr. M. No podía culpar a Naruto por querer más información. —Él invitó al mal en su vida, y no voy a hacer lo mismo con la mía. ¿Por qué quieres saber acerca de las erupciones, de todos modos? ¿Para detenerlo?
Naruto reflexionó un momento, y luego, una vez más hizo un gesto con la mano en el aire.
—¿Cuál es el tiempo más largo en el que alguna vez has estado atrapada en los Nolands?
Muy bien. Quería que se pusiera en peligro a sí misma, pero no quería decirle por qué. Podía, culparlo por aquello.
—Seis días, —dijo un poco bruscamente. —Pero, ¿Adivina qué? No hemos terminado con el otro tema. Podría decir que sí, que trataría de averiguar cómo lo hace, porque te debo y a veces siempre trato de pagar mis deudas.
—¿A veces Siempre?— La interrumpió.
—Exactamente. Por lo tanto, he aquí una pregunta para ti. ¿Preferirías tener la información de las erupciones solares o la llave para las esposas?
Sin dudarlo, respondió:
—La llave para las esposas.
Podría haber imaginado eso, murmuró Dr. M.
—¿Estarías dispuesta a dármela cuando la encuentres? — Naruto preguntó con la paciente quietud de un depredador. —No sólo para utilizarla en mí, si no dármela.
—Por supuesto, —respondió ella, y él parpadeó con perplejidad. —Si mi padre me deja salir de la jaula, decidí aumentar mis esfuerzos y hacer lo que sea necesario para descubrir su paradero.
—Júralo, —se apresuró. —Jura liberarme, quitarme las esposas cuando encuentres la llave, y dejar la llave en mi exclusiva custodia.
Él y sus juramentos. Ella luchó contra el impulso de poner los ojos en blanco. Pero se dio cuenta de que había dicho "cuando" y no "Si." O él tenía mucha más confianza en ella de lo que ella lo hacía o simplemente se negaba a admitir la derrota en nada.
No lo hagas, Dr. M declaró.
—Te lo juro, —dijo ella, con ganas de sonreír. Gustándole desobedecer a Dr. M.
Él la maldijo.
Naruto la observaba atentamente, había alivio y sospecha en sus ojos.
—¿Qué? —Preguntó.
—¿Hay algo extraño que te esté pasando?
—No, ¿Por qué?
—No importa. —Se frotó la parte posterior del cuello. —Dime algo. ¿Recibiste esa última paliza por mí?
—No, —dijo ella, y esa era la verdad. Toneri la había golpeado porque ella lo había avergonzado con su continuo rechazo en sus intentos románticos, por elegir a un "animal" sobre él.
Debiste de haber culpado a Naruto. Ahora había un puchero en la voz de Dr. M. Se habría sentido culpable y habría hecho cualquier cosa que le pidieras.
—Quieres callarte ya, —le espetó. —Estoy harta de ti. —No quería que nadie se sintiera culpable por ella. La culpa era una cosa terrible, una cosa consumidora, y Naruto tenía suficientes cosas para preocuparse.
El crujido en el aire desapareció al instante.
Naruto se deslizó lejos de ella.
—Haré lo que quieras.
—No tú, —ella dijo, sentándose para llegar a él. Se las arregló para envolver los dedos alrededor de su muñeca. Una muñeca tan grande que sus dedos ni siquiera estaban cerca de poder tocarse. Era fuerte, tan increíblemente, y eso debería de haberla asustado, haberla tenido asustada, hasta que se despertó y descubrió todo lo que había hecho por ella. —Estás… —El vértigo la tuvo balanceándose, gimiendo.
Naruto regresó a su lado en un instante, soltándose de su agarre y acunando la parte posterior de su cabeza. Él la ayudó a bajar, y ella luchó contra el impulso de acurrucarse en el calor de su cuerpo, saber que estaba a salvo y protegida por una vez en su vida y tal vez incluso... acariciada.
Él no la acarició, sin embargo, ella lo hizo. A él le gustaba besarla, ella estaba segura, y quería más, pero el sexo nunca ha sido y nunca sería una forma de afecto de alguien.
—Te sentaste demasiado rápido, después de estar demasiado tiempo acostada.
—No estaba hablando contigo, —le aseguró. —Antes, quiero decir.
—¿Entonces a quién le estabas hablando? —Hizo una pausa para sacudir la cabeza, tal vez recordando la otra vez que habían tenido esta conversación, cuando la pregunta había sido dirigida a él. —¿Y por qué fuiste golpeada? Nunca me lo dijiste.
Ella se humedeció los labios.
—Una vez me dijiste que hablabas con unos hombres invisibles.
Él contuvo el aliento y se alejó de ella.
—No, yo no he dicho que lo hiciera. Sólo que podría ser.
Bien.
—¿Crees que haya otro mundo funcionando a nuestro alrededor?
—Muchísimos.
Sus ojos se abrieron. Lo había admitido con tanta facilidad, como si no tuviera miedo a su reacción.
—¿En serio?
—Sí.
—Yo también.
—¿Y?
—Y, yo... estaba hablando con alguien de esa esfera, —dijo, y esperó a que admitiera conocer al Dr. M y a Kurama.
Pasó un minuto.
Otro.
—Entonces, ¿Por qué fuiste golpeada? —Finalmente espeto, sin revelar ningún indicio de sus emociones.
Tal vez él no sabía que la pareja lo mantenía fichado. Si no, ella no quería ser la que se lo dijera.
— Toneri es retorcido, anormal y hambriento de poder. Por eso.
Naruto se acercó para alisarle el cabello de la frente. Él se sorprendió a sí mismo justo antes del contacto y dejó caer el brazo al costado.
—Sé que no eres fanática de la violencia, pero cuando te entregó a mí le rompí el brazo de una forma que nunca podrá ponerlo a funcionar otra vez. No volverá a golpearte de nuevo.
Otro hecho para protegerla.
—Gracias, —dijo ella, luchando contra una avalancha repugnante de miedo. Era evidente que él no quería volver a tocarla, incluso en la forma más pequeña, y que incluso podría lamentar besarla. ¿Por qué si no iba a querer mantener una gran distancia entre ellos?
Pero... pero... ella no quería dejar de hacerlo con él, y no quería que él dejara de hacerlo con ella.
Él la miró, pensó un momento. Sus hombros se agruparon por la tensión.
—¿Cuánto tiempo lleva el circo en funcionamiento?
Puedo hacer esto. Puedo charlar como si nada malo pasara.
—El tatara-tatara-abuelo de Hiashi lo abrió y el hijo mayor siempre se ha hecho cargo.
—¿Cómo es que no lo han cerrado?
—Él no sólo utiliza vigilantes para evitar que los policías hagan su trabajo en el circo, pero cuando puede también, paga altos sobornos para que ellos lo ignoren.
—¿Has visto a esos peces gordos?
—Oh, sí. — Hiashi le encantaba entretener, y aunque Shion era un dulce en sus brazos, él la mantenía a su lado durante cualquier tipo de eventos, Hinata lo veía desde las sombras siempre que le era posible.
—¿Y podrías señalarlos si te muestro fotos?
No digas más.
—¿Eres policía? —Preguntó ella, la idea no la sorprendería. Pero sin embargo, la preocupaba. Después de que ella lo liberara, él podría tratar de detenerla.
Una pausa. Un destello de culpabilidad en sus ojos. Entonces,
— Digamos que tengo un interés personal en el cierre del circo de una vez por todas.
Aliviada porque no tendría que preocuparse de ser arrojada a otra celda de prisión, dijo,
—Sí, yo también.
Él arqueó una ceja.
—¿Dónde vivirás cuando te escapes?
Se imaginó a las hermosas cabañas en New Colorado, aquellas que aún no era capaz de pagar, los hogares que podían ser vendidos en cualquier momento mientras economizaba y salvaba.
—Encontraré un lugar.
Se pasó dos dedos por la mandíbula.
—Donde quiera que sea, necesitaras realizar modificaciones.
Por su sordera, él quiso decir.
—¿Vendrías y lo arreglarías? — preguntó ella e inmediatamente deseó poder borrar las palabras. ¡Qué maravilloso sería tenerlo dentro de su santuario, sólo porque quería estar allí. Pero con la forma en que estaba actuando actualmente, no había forma de que lo hiciera…
—Estaría dispuesto a hacerlo, sí.
El placer fue como una gentil y dulce lluvia contra su piel.
—¿En serio?
—En serio.
—¿Exigirías un pago?
Sus ojos se estrecharon en pequeñas rendijas. Frunciendo el ceño, se puso en pie y se fue pisoteando hacia la esquina. Sólo entonces se dio cuenta de su error.
— Naruto, —dijo, pero él no le hizo caso. — Naruto. Lo siento. No pretendía cuestionar tu honor ni nada de eso.
Silencio.
Pero, por supuesto, ella vivía en un mundo de silencio.
—Realmente lo siento.
Una vez más, el silencio.
—Tenía miedo de que estuvieras enojado conmigo, porque me había puesto rígida durante el beso, pero sólo me puse rígida porque estaba nerviosa por lo que estábamos haciendo. Nunca he hecho algo así antes. Y entonces, cuando dijiste que querías venir a mi nueva casa y ayudarme, te pregunté si desearías reclamar un pago porque quería que dijeras que sí. Iba a decirte que te pagaría en besos. Solamente... quería que supieras que me gustó lo que hicimos, pero no sé cómo más decírtelo.
Ella tenía experiencia cero con hombres que no fueran la semilla del diablo o estuvieran relacionados por la sangre. O ambas. Los lugareños nunca habían sido una opción, y ninguno de los chicos en el circo había querido arriesgarse a la ira de su padre. Y después de su estancia en la gran ciudad, sola, asustada, y siendo testigo de los más crueles de los hechos, ella no quería tener nada que ver con ningún hombre... y tal vez incluso con damas que tuvieran bigotes.
Hace unos días, se habría resistido a la sola idea de ser manejada por las manos tan grandes y ásperas de Naruto, ¡como probablemente tenía!
Ahora, con su dulzura tan fresca en su memoria, ella sólo quería otro beso. Intentó volver a sentarse, pero aun así, el vértigo volvió con toda su fuerza y tuvo que cerrar los ojos. Esta vez, Naruto no se apresuró a su lado.
¿Podría algo salir bien para ella? ¿Alguna vez?
—Está bien. Sé así, —dijo ella, montando la ola del resentimiento. — Actúa como una princesa bebé. —Si Naruto quería hacer pucheros porque sin querer lo había insultado, que así fuera. Esa era su prerrogativa.
—Normalmente no diría algo como esto, pero voy a hacer una excepción por ti. Espero que disfrutes de tu soledad. ¡Y con esto quiero decir que espero te ahogues en ella!
Continuará...
