La esperanza que se prolonga enferma el corazón,
pero un deseo cumplido es árbol de vida.
—PROVERBIOS 13:12
Sus palabras finales eran ciertamente apropiadas. Naruto se ahogaba en su soledad. Su mente se negaba a ponerse de acuerdo, estaba atrapado en un pensamiento. Le había gustado el beso, había querido más. No porque se había sentido obligada hacia él o porque había querido ablandarlo. Simplemente porque sí.
Casi deseaba que no se lo hubiera dicho. Ahora su cuerpo estaba hambriento de ella en un nivel que nunca antes había experimentado, un nivel que se burlaba de todo lo que había sentido, como si él nunca hubiera sabido lo que era desear algo. Y ahora lo supiera.
La deseaba desesperadamente.
La necesitaba desesperadamente.
Él tenía que tenerla. No podría aguantar mucho más.
Pero tenía que aguantar. No por cualquiera de los motivos que lo habían entretenido anteriormente pero sí por otro nuevo.
Motivo ciento tres. Él había reaccionado terriblemente cuando fue herida. Si él la reclamaba, estaría mucho más apegado a ella, y si él se apegaba mucho más a ella, no estaba seguro de cómo reaccionaría cuando Hiashi viniera para llevársela. Y Hiashi vendría a llevársela.
Naruto tenía que pensar en el mejor curso de acción, la mejor manera de manejar esto.
Hinata se había trasladado a la esquina de la jaula, donde los rayos fuertes de luz golpeaban, pero unos pocos insectos se le acercaron. Él había reclamado el centro y se había tumbado sobre su estómago. Él equilibraba su peso sobre sus manos y dedos de los pies y se empujó hacia arriba, hacia bajó, subió, trabajando la tensión en sus brazos.
Después de hacerlo doscientas veces, sintió una lenta quemadura haciendo su camino hacia sus bíceps. Lo hizo otras doscientas veces más antes de rodar sobre su espalda y ponerse a hacer otros tantos de abdominales. El sudor corría por su pecho y espalda en pequeños riachuelos. Su mente giraba.
Si Hinata se enterara sobre su pasado... sobre su trabajo... ella ya no confiaría en él en ningún nivel y no lo querría fuera de la jaula.
Ella lo pondría en la misma categoría de malvado como a su padre y Toneri.
No entendería la diferencia entre una muerte necesaria y una a sangre fría. Pero entonces, ella no tendría que entenderlo, se dio cuenta un segundo después. Sus muertes no siempre habían sido necesarias. A veces había tenido que eliminar a un inocente para llegar a sus objetivos, y la operación la había realizado a sangre fría.
Esos fueron los trabajos que habían dejado una oscura película de ácido sobre su piel.
Esas fueron también las misiones de trabajo que le habían hecho cuestionar su línea de trabajo, debatirse abandonar la agencia. Y en realidad, se habría ido hace mucho tiempo, si no fuera por Yahiko y Kiba.
Pues lo habían necesitado.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó Hinata, rompiendo su helado trato.
—Hacer ejercicio. Oxigena mi cerebro. —Y tal vez estaba funcionando.
Sus pensamientos de repente saltaron de un camino de curvas a una vía recta. ¿Y qué si él reaccionaba terriblemente cada vez que era herida?
¿Y qué si se apegaba mucho más a ella? ¿Y qué si ella no estuviera contenta con su situación laboral? Ningún otro hombre la había besado.
Ningún otro hombre se había ocupado nunca de ella. Naruto había sido el primero. Un sentido de posesión se levantó dentro de él, consumiéndolo.
Naruto sería el único.
La tendría, decidió, y sus movimientos fueron más lento. Él disfrutaría de ella por todo el tiempo que los dejaran en estas tierras. Él sería su marido, y ella sería su mujer.
Su mujer. Oh, cómo le gustaba el sonido de eso. Trabajaría para que fuera así. Lo que fuera necesario.
Con la decisión, el alivio lo llenó, y en su interior, donde el instinto se arremolinaba, de repente el conocimiento floreció.
Esto era lo correcto. Esto se suponía tenía que suceder.
La revelación lo dejó tambaleándose. Solía ser, a veces había tenido un conocimiento cada día, un conocimiento interno que no tenía nada que ver con una voz externa. La verdad se había levantado en su interior, instándolo a hacer exactamente lo que tenía que hacer para sobrevivir y no sólo para sobrevivir, sino para prosperar. Ven aquí. No vayas. Haz esto. No hagas esto.
Pero después de muchos impulsos de hacer las cosas que realmente no había querido hacer, rechazar un trabajo, mantenerse alejado de Yahiko o de Kiba durante un cierto período de tiempo, había comenzado a analizarlo. Tal vez él había entendido mal, se había dicho a sí mismo. Tal vez se estaba perdiendo.
Después de que él hubiera ignorado demasiados conocimientos, ellos simplemente dejaron de llegarle y él había tenido sólo a Kurama para guiarlo. Se había convencido a sí mismo de que era más feliz de esa manera. Pero no había sido muy feliz. Él había ignorado a su compañero también y había tomado decisiones estúpidas, como lo demostró la explosión en la oficina de Jiraiya. Bueno, no más. Él no iba a pasar por alto otro conocimiento.
No esta vez. Esto era lo correcto y él iba a ganarse la confianza de Hinata.
Antes, la habría asustado, presionándola más y más rápido. Naruto prefería pudrirse en esta jaula por siempre antes de asustar a Hinata de ninguna manera. No quería que ella lo mirara como miraba a su padre y a Toneri. Iría despacio esta vez, facilitándole cada nueva experiencia.
Y no había mejor momento para empezar. Se enderezó, fijó su mirada en su hermosa Hinata.
Fijó su objetivo. Pobre dulzura.
—¿Qué? —Preguntó ella, moviéndose incómoda. —No es que te esté hablando.
No había terminado con su tratamiento de ignorarlo, después de todo.
—Estoy pensando.
—¿Sobre qué?
—Acerca de nuestro acuerdo. —Él la miró, esta princesa hada había venido para salvar a la bestia. Su negro cabello, estaba enredado alrededor de su cara manchada de suciedad. Sus manos retorcieron nerviosamente la tela de su camisa. Definitivamente tenía un trabajo preliminar que hacer. Pero... no le importaba. Estaba realmente emocionado por ello.
Quería algo más que sexo, se dio cuenta.
Quería calmarla y consolarla, hablar y reír con ella. Él quería... todo.
Su mente, sus emociones, sus pensamientos, esperanzas y sueños. Quería aprender de ella, cada pequeño detalle y hablarle acerca de sí mismo.
Nunca antes había tenido eso con una mujer.
Quería saber sobre el hombre invisible que había mencionado. Había querido preguntarle de inmediato, pero no se lo había permitido. Esa línea de conversación sería invitarla a preguntarle acerca de Kurama y Dr. M, y no estaba dispuesto a confesárselo.
¿Tenía un protector, como él? ¿Tenía un torturador?
—Bueno, —resopló, —no hay nada que puedas decir para que te hable de nuevo.
Sus labios se torcieron con diversión, aquello era tan potente como su deseo, asombrándolo.
—Lo conseguiré con algo.
—¿Quieres apostar?
Oh, Hinata. Eres demasiado adorable para esas palabras.
Ahora que había decidido tenerla, adorable ya no era una cosa tan terrible.
Naruto consideró sus opciones. ¿Exactamente cómo era que un hombre como él se suponía debía atraer a una mujer? ¿Qué podía darle que no tuviera ya?
Bueno, podía pensar en una cosa que probablemente nunca ha recibido. Una disculpa. Decidido, cerró la distancia y se sentó justo delante de ella. Ella se negó a mirarlo a los ojos. Él ahuecó sus mejillas, hizo una pausa para saborear la suavidad de su piel, entonces forzó su atención en él.
—Siento lo de antes, —dijo con voz ronca. —Habría aceptado los besos de ti. Todavía lo hago. Eres una mujer hermosa y te he querido desde el primer momento en que te vi, a pesar de que te asignaran como mi guardián.
Sus ojos se hicieron más grandes con cada palabra que pronunciaba.
—Me quisiste, a pesar de que… soy…
—¿Tan pequeña como una niña? ¿Una bocazas? Sí, a pesar de eso.
Su expresión era suplicante, ella cerró los dedos alrededor de su muñeca.
—Seamos serios. ¿A pesar de ser la hija de Hiashi?
En este momento, ella no era la hija del dueño del zoológico. Ella era la mujer de Naruto, y nada más. Pero al igual que el aspecto físico de su relación, ella no estaba preparada para ese tipo de fuerza o intensidad de una posesión. Así que hizo lo único que podía. Hizo caso omiso de la pregunta y cambió de tema.
—Para que lo sepas, he ganado la apuesta. Definitivamente estás hablándome.
Pasó un momento. Una leve sonrisa iluminó su rostro.
—Y tú estás perdonado por lo de antes.
—¿Con esa facilidad? —Seguro que no. Si ella fuera una cosa como él, se quedaría con una lista de sus pecados, ya fuera que se disculpara o no.
Después de un tiempo, se desentendería de él. Pero entonces, ninguno podría mantener una relación mientras mantuvieran una lista así,
¿Podrían ellos? El encargado de la lista estaría siempre demasiado consciente de todo lo malo como para concentrarse en lo bueno.
—Te ves sorprendido y desconfiado, —dijo, con una amplia sonrisa.
No podía ser una simple mortal, ella simplemente no podía serlo.
—No estoy segura del por qué. Pero sé que utilizaste el tono más suplicante cuando te disculpaste, prácticamente goteando con sinceridad. Estoy segura de ello.
Él se rió con mucha diversión, libre de preocupaciones, de una manera en la que nunca había estado, incluso fuera de la jaula. Pero el sonido se cortó abruptamente en el momento en que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y sólo el crepitar del fuego y el zumbido de los insectos podía escucharse. Él se había propuesto seducirla, pero fue ella la que lo había seducido.
—Quiero jugar un juego, —dijo Naruto un poco más tarde. Había tomado un poco de tiempo para tratar de fortalecerse contra el encanto de Hinata, porque había sabido que no podía deslumbrarla si él siempre estaba deslumbrado. Había pensado que estaba listo.
—¿Y siempre consigues lo que quieres? —Respondió ella, con la nariz en alto.
Se había equivocado.
—¿Esto es adecuado? —Preguntó, luchando contra una sonrisa. —Esto parece ser lo adecuado para una pequeña princesita.
Ella se quedó sin aliento con fingida indignación.
—¿Cómo te atreves? ¡No tengo ataques de princesita!
No se reiría de nuevo. Se sentó frente a ella, en una posición que él disfrutaba. Estaba lo suficientemente cerca para olerla, lo suficientemente cerca como para tocarla, pero lo suficientemente lejos para que él no tuviera la tentación de zambullirse en ella, más que un par de veces.
—Dime. ¿Qué haces en tu tiempo libre?
Frunció el ceño, su fingido resentimiento desvaneciéndose
—No lo entiendo. ¿Qué importa eso? ¿Y el juego?
—Estamos jugando justo ahora.
—Oh. El cual es...
—El juego de las preguntas.
—Oh, —repitió, todavía aturdida y un poco confundida. —Bueno, ¿Cuáles son las reglas?
—Sólo hay una. Si hago una pregunta, tú tienes que responderla.
Lo entendió y sus ojos brillaron con picardía.
—Bueno, buena suerte. Estoy jugando para ganar.
—Yo también. —Y él pensaba ganar más que el juego.
—Dispara la pregunta número uno, y escúchame dominar.
Le gustaba verla así. Emocionada. Tal vez incluso feliz.
—Ya la hice.
—¿Qué hiciste…? Oh, sí. —Jugando con las puntas de su cabello, ella dijo: —En los días que me veo obligada a permanecer en mi trailer cuento mi dinero y planeó mi futuro. ¿Qué hay de ti?
Tuvo que hacer un esfuerzo para mirar a nada más que sus manos.
Sus hermosas manos. Tan suaves. Tan femeninas. Capacitadas para suministrar el más innegable placer, estaba seguro.
—Soy granjero.
Su boca formó una gran O cuando su mirada lo recorrió.
—No te ves como un granjero
Tal vez no debería mirar a su boca, tampoco.
—¿Y has conocido a muchos de nosotros?
—Bueno, no. —Levantó las rodillas, casi rebosante de entusiasmo. — ¿Te diste cuenta lo rápido que me contestaste a eso? Estoy ganando, ¿No?
Los músculos de su estómago se apretaron cuando él dijo,
—Estás definitivamente perdiendo, y yo estoy definitivamente ganando.
Ella frunció el ceño, y tuvo que luchar contra otra carcajada.
— ¿Cómo? —Le exigió.
—Mientras más preguntas puedas conseguir que una persona responda, más puntos ganarás. Te he hecho más preguntas.
Sus ojos se estrecharon, dos láseres fijos en él.
—Tal vez no he entendido bien las reglas.
—Eso es comprensible. Eres extranjera.
—Pero tal vez no, —añadió. —No puedes cambiarlas siempre que quieras.
—También puedo. Inventé el juego.
—¿Y cuál es el resultado, Sr. Inventor?
—Quince a uno, —dijo él, eligiendo un número que no fuera tan alto como para que ella no pudiera alcanzarlo, pero no era tan bajo como para que ella pudiera mejorarlo. —Pero debido a que soy un buen chico, voy a dejar que me hagas la siguiente pregunta. ¿De acuerdo?
—Está bien.
Él chasqueó la lengua con una falsa compasión.
—Otros dos puntos para mí. Uno porque respondiste innecesariamente a esa pregunta y otro porque caíste por mi truco. Mejor suerte la próxima vez.
—Eres un sucio pequeño estafador, —dijo con un murmullo ahogado de placer que hizo que los músculos de su estómago se apretaran una vez más. Se dio unos golpecitos con el dedo en la barbilla, se iluminó. —¡Ah, ya sé! ¿Me hablarías acerca de tu granja?
—Por supuesto.
—Te tengo, —dijo con voz cantarina. —Otro punto para mí.
Realmente no se reirá.
—Está situada a kilómetros de distancia de cualquier otra residencia, y rodeada por grupos aislados de árboles. —La mayoría de los bosques se habían reducido a cenizas durante la guerra humano-Otherworlder. —Hay un manantial natural que está lleno de peces y las aves vuelan sobre tu cabeza constantemente. Hay múltiples flores y huertos, y hay un conejo molesto que le gusta arruinarlos mucho. Yo le he llamado Dead Man Hopping.
Con su expresiva mirada, dijo:
—Nunca he oído hablar de una tierra tan prometedora y ni siquiera puedo imaginarme como es.
Tal vez algún día la llevaría allí.
Registró la idea y se quedó paralizado. En una ocasión había pensado en encerrarla allí, pero ahora... sabía que no iba a hacer tal cosa. Quería tenerla allí, sí, pero él la quería allí por su propia voluntad, feliz y sonriente. Y desnuda.
—¿Tienes algún talento secreto?
Le preguntó, sin darse cuenta de su confusión interior.
Él tenía muchos talentos secretos, pero sólo había uno que podía compartir sin asustarla durante unos diez años de su vida.
—Puedo atar a un toro con mis propias manos.
—¿En serio?
—En serio.
—¡Te tengo! Son cuatro puntos para mí, porque usé tu propio truco en tu contra en dos ocasiones, y prácticamente de seguido, —dijo con una sonrisa. —Y antes de que puedas pregunta, simplemente lo diré. Mi talento secreto es una patada con salto mortal hacia atrás.
Él... no tenía idea de lo que era.
—Un día querré ver eso.
En un instante, todo su júbilo se drenó. Su chispa murió.
—¿Qué? —Preguntó, sin saber qué había hecho mal.
—Esas palabras..., —Murmuró. —"Un día". Las odio.
—¿Por qué? —Eran tan inofensivas.
Agitó la pregunta a la distancia.
—¿Cuál es, uhm, tu mejor recuerdo?
Quería volver a preguntarle, y decidió no presionarla por la verdad.
Todavía no. En cambio, se inclinó hacia delante, colocando sus labios en el hueco de su cuello.
—Te lo diré, pero tengo que susurrarlas porque es algo personal.
Ella se estremeció, el movimiento acarició su piel contra su boca.
Él gimió. Tan suave, tan caliente.
Ella se quedó sin aliento.
—Dime.
—¿Qué pasaría si te digo que fue cuando te besé? —Dijo con voz ronca a través de una garganta apretada.
Su pulso se aceleró, y se echó hacia atrás para estudiar su expresión.
Manchas de color le habían oscurecido las mejillas. Color que le hablaba de excitación, no de pánico. Exactamente lo que él había esperado ver.
—¿Lo fue? —Preguntó ella, su mano revoloteando sobre su corazón.
—Sí. —Y esa era la verdad.
—Te diría... —Ella se mordió el labio inferior, y su sangre zumbaba con regocijo.
Estable.
Otra sonrisa lenta y deliciosa floreció, iluminando todo su rostro.
—Te diría que me debes otro punto.
Pasó un momento antes de que entendiera su significado, y él casi se tragó su propia lengua. ¡Qué astuta zorrita que era! un hecho que le gustaba.
—¿Qué hay de ti? ¿Cuál es tu mejor recuerdo? Y ten en cuenta, que perderías ocho puntos si te niegas a contestar.
El mordisqueo de sus labios comenzó de nuevo.
—¿Obtengo puntos extras si mi respuesta es la misma que la tuya?
Va a matarme.
—Tienes treinta puntos extra, —dijo con voz ronca.
—Bueno, muy bien. —Ella fue la que se inclinó hacia delante esta vez, su cálido aliento acariciando su cuello.
—Porque lo es.
La excitación calentándolo, poniéndolo al rojo vivo, consumiéndolo.
— Hinata…
A lo lejos, oyó pasos. Gemidos, quejidos.
Miró el cielo, vio que el sol estaba en el proceso de ocultarse.
Maldiciendo entre dientes, arrastró a Hinata hacia el centro de la jaula.
Sus brazos se agitaban mientras luchaba por mantenerse en pie.
—¿Qué estás…?
—Acuéstate. —En el momento en que la tuvo de espalda, se estiró a su lado.
—Los monstruos, —jadeó.
—Concéntrate en mí.
Ella palideció, pero obedeció.
—¿Cuál es tu mayor deseo? —Le preguntó para distraerla.
La jaula se estremeció. Brazos llegaron a través de los barrotes.
Hinata observó, encogiéndose.
Naruto aplastó su mano sobre la mejilla, lo que la obligó a poner su atención de nuevo en él. Se maravilló nuevamente en la textura perfecta de su piel, la pureza de sus características.
—¿Quieres que gané?
Ella sacudió la cabeza, tragó.
—Bueno... durante mucho tiempo, quería un hermanito. Entonces, después de que mi padre cambiara, estuve feliz de ser hija única. No quería a otro que niño sufriera la ira de Hiashi.
—¿No siempre fue así? —Preguntó Naruto, su pulgar acariciando sus delicados huesos. Por una vez, él estaba a su lado, su suavidad presionada contra su dureza, y ella estaba despierta, pero aún no podía tenerla.
—No. Él cambió cuando se hizo cargo del circo. En realidad no se suponía que él debía encargarse, porque tenía un hermano mayor. Pero mi abuelo y tío murieron luchando entre sí durante la transición de quien sería el encargado. Entonces Hiashi fue empujado hacia el centro de atención, y creo que tomó las riendas del control con las dos manos.
El cambio tuvo que haber sorprendido a una niña sin preparación para lo que se avecinaría en adelante.
—Lo siento.
Su sonrisa era suave, triste y dulce a la vez.
—Gracias.
Uno de los monstruos coló una pierna por entre los barrotes en un intento de patearlos hacia el otro lado, donde otros monstruos esperaban, con la esperanza de apoderarse de ellos. Aquel fue un nuevo movimiento.
Uno que no le gustó, sobre todo cuando estaba haciendo progresos dulces con Hinata.
La rabia creó pequeñas hogueras en su sangre ya caliente, el fuego crepitando y difundiéndose.
Agarró al monstruo por el tobillo y tiró con todas sus fuerzas. La pierna se separó del cuerpo, y tiró el apéndice a través de las barras.
Lamentó la acción inmediatamente. La sangre había goteado todo el suelo de la jaula. Peor aún, Naruto se había transformado parcialmente. Su piel era ahora de color dorado y sus colmillos y garras se asomaron. Hinata tenía que estar aterrada de que la…
—¿Tienes un mejor amigo? —Le preguntó, como si no hubiera pasado nada.
Por un momento, solamente pudo yacer allí, mirándola.
—¿No quieres hablar de lo que pasó?
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Por mi arrebato, quiero decir, sólo ayudé a esa criatura a perder veinte libras en menos de un segundo.
—Lo sé. Me has salvado. Una vez más. Por lo tanto, un mejor amigo,—ella le indicó.
Tal vez ella siempre lo maravillaría.
— Yahiko y Kiba. Son como hermanos para mí.
—¿Qué hay con los nombres grabados en tu brazo?
—Mary Kurenai y Asuma. Mis padres. Murieron en un accidente de coche. —Sintió dolor en su pecho.
Simpatía en sus ojos.
—Lo siento.
—Hubiera dado cualquier cosa por tenerlos de regreso para siempre, y aún lo haría. O por lo menos, para tenerlos de nuevo durante cinco minutos, sólo para decirles lo mucho que los amaba y cuánto lamento mi comportamiento.
—Estoy segura de que sabían lo mucho que los amaste.
Él también lo esperaba.
—Me mudé a la edad de diecisiete años, cuando me enteré de lo mucho que les pagaban por tenerme. Pensé que ellos habían sido amables por el dinero que les daban y no porque sintieran algún afecto por mí. —Una suposición que Dr. M había animado.
—Pero mi madre me llamaba por lo menos una vez al día. Al principio no le hice caso, pero ella nunca se rindió. Empezamos a hablar de nuevo, y ella me dijo que habían colocado hasta el último centavo en una cuenta para mí. Me sentí tan mal, tan tonto.
—Pero apuesto a que ella te perdonó de inmediato.
—Ella lo hizo. —Y Naruto había amado mucho más a Mary Kurenai. —Pero un día ella no me llamó, y yo estaba en una... No había podido llamarla. Seis días pasaron antes de que pudiera llegar a un teléfono. Ella no respondió. Regresé a la granja y la encontré a ella y a mi padre dentro de su camioneta, en el corazón de sus tierras, se habían estrellado contra un árbol, sus cuerpos estaban desplomados en el asiento. —Todavía no estaba seguro de lo que había causado el accidente.
No había sido por un fallo en los frenos. Tampoco hubo disparos.
Ellos habían estado allí siete días.
Después de la autopsia, se reveló que su padre había tenido un ataque fulminante al corazón y Mary Kurenai había muerto por el impacto, su lado del vehículo, había recibido la mayor parte de los daños.
—Oh, Naruto. Lo siento mucho, —dijo Hinata de nuevo. Ella ahuecó sus mejillas como a menudo él lo había hecho con ella. —Esta pérdida... es una cosa terrible, algo que te hace daño en un nivel indescriptible.
Sí.
—¿Tienes un mejor amigo? —Le preguntó, cambiando de tema antes de que romperse. No quería que lo viera de esa manera.
—Yo... bueno... hmm.
Seguro lo tenía. Ella era tan encantadora, muy amable y perfecta. La gente tenía que acudir a ella.
A pesar de que ella había crecido en un hogar abusivo y tal educación podría deformar la mente de una persona. Él tuvo a Yahiko Sin Apellido.
Naruto había visto, impotente, como aquel niño feliz, cariñoso que había conocido por primera vez en la oficina de Jiraiya hacía tantos años se había convertido rápidamente en uno callado y retraído. Y entonces los arrebatos emocionales habían comenzado. Cada vez que alguien lo había tocado, Yahiko había reaccionado con una furia cortante que incluso Naruto no había mostrado.
Naruto no tenía ni idea de lo que le habían hecho al niño que Yahiko había sido, pero, como muchos criminales que Naruto había estudiado en los últimos años, podía adivinarlo. E incluso después de que Jiraiya hubiera retirado a Yahiko de esa casa y lo colocó en un lugar seguro, el muchacho no había relajado su guardia. De hecho, se había vuelto más decidido en mantenerse al margen.
Yahiko no confiaba en nadie, no creía en nadie, y creía lo peor de todos los que se encontraba. Eso no era una manera de vivir.
Sin embargo, era exactamente como él mismo había estado viviendo, Naruto se dio cuenta.
Naruto no estaba seguro de lo que era peor. Él y la determinación de Yahiko a permanecer solo o la determinación de Kiba por tener una compañera, cualquier compañera. Con los años el hombre había arado a través de las mujeres como si fueran pañuelos desechables. Había vivido con una mujer durante un año y ahora estaba comprometido con otra, pero no había sido fiel a ninguna, eligiendo el trabajo sobre el romance, siempre haciendo lo que Jiraiya le dijera que hiciera.
Todos ellos lo hacían.
—¿Quieres la verdad? —Preguntó Hinata, vacilante.
Se empujó a sí mismo de su mente.
—Siempre.
Suavemente, admitió,
—Tú eres el único amigo que tengo.
El conocimiento lo derribó. Lo humillaba.
—Lo considero un privilegio, Hinata.
Ella tanteó hasta que encontró su mano, y luego entrelazó sus dedos, estremeciéndolo, deleitándolo. Él nunca había sostenido la mano de una mujer, ni siquiera la de Ayame.
Él se llevó sus nudillos a los labios, besando cada uno.
—Te gustarían Yahiko y Kiba, creo. Nos conocemos desde que teníamos la edad de cinco años, y siempre nos hemos visto el uno al otro. Son grandes, como yo y son feroces, pero te protegerían con sus vidas. —Sólo porque se los pidiera.
Sus rasgos se suavizaron, poniéndose melancólica.
—Una vez, tuve amigos así. Eran los animales que solía atender. Leones, monos y osos.
¿Esta pequeña pelusa de la nada había manejado depredadores peligrosos?
—¿Alguna vez te hicieron daño?
—Al principio, eran muy recelosos de mí. Sin embargo, pronto llegamos a conocernos unos a otros y todo cambió. —La melancolía desapareció, reemplazada por una neblina de ensueño que incluso saturaba su voz, y él no se habría sorprendido saber que había salido en realidad de un libro de cuentos y los animales la hubieran seguido, lamiendo sus pies.
—¿Los amabas?
Pero incluso la neblina de ensueño se desvaneció.
—Sí, —dijo rotundamente.
—¿Qué pasó con ellos?
—Ellos murieron. Al final. —Las palabras, tan bruscamente pronunciadas, le dijeron mucho más de lo que probablemente había previsto.
— Hinata, —dijo. Por esto, la presionaría. Tenía que saber. —Estoy dispuesto a perdonarte tan fácilmente como tú me perdonaste, y tú ni siquiera tendrías que pedir disculpas.
Sus cejas se fruncieron.
—¿Por qué?
—Por... —Hacer que mi cuerpo duela y mi mente anhele un futuro imposible —...interesarme en tu pasado, y luego en las historias sobre la retención de rehenes.
Sus labios se curvaron en una sonrisa sensual.
—¿Quieres una historia?
—Sí.
—Dime tú una primero. ¿Cómo fuiste capturado?
¿Cuánto podría decirle?
—Una explosión me hirió. Un hombre decidió venderme a Hiashi, mientras estaba demasiado débil para defenderme. Ahora, ¿cómo murieron tus animales?
Un escalofrío la recorrió y se lamió los labios nerviosamente.
—Mi padre.
Eso pensaba.
—Él los mató. —Una afirmación, no una pregunta.
—Él lo hizo... justo en frente de mí. Él incluso me hizo dispararle a mi león, One Day.
One Day. ¿Por qué eran esas palabras tan…? Ah. Él lo entendió. Las palabras le hacían pensar en su mascota, en lo que había perdido, en lo que había tenido que hacer.
Naruto sintió los huesos de los dedos encresparse, sabía que era sólo cuestión de tiempo antes de que las uñas de su mano izquierda se clavarán en su hermosa mejilla y las garras en su derecha se clavaran en la parte superior de su mano. Las retractó a ambas, aplanando sus palmas al lado de sus sienes.
La acción no debería haber sido excitante, pero lo fue. Él la rodeaba, era todo lo que ella podía ver.
—He conocido a gente como tu padre, —dijo. —Si te quedas en el circo, Hiashi eventualmente te matará.
Puntos dobles de color rosa pintaron sus pómulos, y no estaba seguro de que hubieran nacido de la vergüenza o la ira.
—Él no fue el que me golpeó esta vez.
—Lo sé. Fue Toneri, pero tu padre te ha golpeado. ¿Sí?
Ella cerró sus labios, negándose a contestar.
—Sí, —respondió por ella. —No mereces lo que te hacen a ti, Hinata. ¡Tienes que dejarlos!
—Lo haré, —dijo con la determinación que había llegado a esperar de ella. —Y te diré, mi plan también. He estado vendiendo todo lo de valor que puedo, guardándolo y escondiendo el dinero lo más rápido posible para comprar una nueva identidad y ser capaz de mantenerme a mí misma. Tengo que ser capaz de ganarme la vida. No tengo ninguna habilidad, y no puedo ponerme bajo el control de otro hombre.
Ella quería salir, lo cual él sabía, pero ella estaba sabiamente tratando de lograr sus objetivos, los que él no conocía. Buena chica.
Estaba orgulloso de ella, y totalmente aliviado.
—Casi me cortaste las pelotas cuando te agarré, —le recordó. —Diría que puedes protegerte a ti misma.
—También apuñalé a Toneri, —susurró, con una pizca de vergüenza.
—Me alegro, —respondió, claramente sobresaltado.
Los soles comenzaron a subir, y los monstruos empezaron a retroceder. Justo a tiempo.
—Te falta confianza, sin embargo, y puedo solucionar eso. —Se puso de pie, le tendió la mano, y agitó sus dedos en su dirección.
Esto es peligroso. Si le pones una mano encima, no serás capaz de silenciar la reacción de tu cuerpo. El hambre te consumirá. La empujarás a hacer cosas para las que todavía no está lista.
—Te enseñaré todo lo que necesitas saber.
Continuará...
