Aférrate a la instrucción, no la dejes ir;
cuídala bien, porque es tu vida.
—PROVERBIOS 4:13
Hinata nunca se habría imaginado que lloraría la pérdida de los Nolands. Pero lo hacía, y habría dado la mitad de su tesoro por regresar durante unas pocas semanas. Y puede que hubiese entregado todo su tesoro por quedarse para siempre. En cuestión de días, Naruto se había convertido en una de sus cosas favoritas en el mundo entero. ¡Era incluso mejor que el chocolate!
Ella ya no temía su temperamento. Después de todo lo había enfurecido varias veces, pero en ninguna de ellas él la había golpeado.
Incluso le había pegado, pero en lugar de rabia, le había enseñado como pegarle más fuerte.
Era pragmático y malhumorado, pero también amable y afectuoso. Y tenía un inesperado sentido del humor, uno del que ella no creía que él tuviera idea. Uno que ella se las había arreglado para sacar a la superficie, sorprendiéndolos a ambos. Él incluso le había ofrecido un hogar y un trabajo, quizá lo había hecho por pena, o por hacerla cambiar de idea en cuanto a liberarlo, pero aun así lo había hecho.
Era un buen hombre.
No debería haberlo rechazado tan enérgicamente, ni haber herido sus sentimientos, pero cuando el repentino estallido de alegría que su oferta le había proporcionado se había apagado, nuevos temores salieron a la superficie. ¿Qué pasaba si ella se instalaba, él se cansaba de ella y la echaba de una patada? ¿O si se cansaba de ella, la dejaba quedarse y traía una novia a casa?
Las manos de Hinata se curvaron en pequeños puños ante la sola idea de Naruto presionando esos suaves labios contra la boca de otra mujer.
¿Por qué se sentía así? No importaba lo mucho que ella lo deseara, ni lo posesiva que advertía que era con él, no podía permitirse involucrarse en una relación ya destinada a fallar. Sí, ellos parecían haber superado las circunstancias que los habían juntado. Sí, a ella le encantaba pasar tiempo con él. ¿Pero qué pasaba con el futuro? ¿Cómo iba hacerlo feliz fuera del circo?
Sería mejor para ella ceñirse a su plan actual. Se compraría una nueva identidad, encontraría la llave de las esposas, liberaría a los otherworlders de una vez por todas, y cortaría sus lazos con el circo. Y si no conseguía la ID nueva, entonces la casa en New Colorado. Nadie sería capaz nunca de echarla de su propia tierra, o de escoltar a la mujer que había ganado el corazón de Naruto a su puerta.
Una mano en su hombro la sacó de sus pensamientos.
—¿Estás bien? —Preguntó Naruto, acuclillándose a su lado, con las facciones tensas de preocupación.
Extrañamente, ella pudo decir sinceramente,
—Sí ¿por qué?
—Mírate tú misma.
Lo hizo. Sus ropas estaban un poco sucias y un poco mojadas. Nada estaba fuera de lugar, aunque estaba temblando por el frío.
El frío. Dulce piedad, pero la temperatura había caído en picada. Se dio cuenta de que se había envuelto los brazos alrededor del talle, intentando mantener el calor.
—F…frío, —dijo ella con los dientes castañeando ahora que la realidad se había dado a conocer.
Naruto, que no vestía nada más que su taparrabos enrolló su única manta alrededor de sus hombros y tiró de ella contra su pecho.
Su corazón retumbaba contra su hombro, calmándola. Podría quedarse en sus brazos para siempre, que era exactamente por lo que tenía que alejarse de él. Y lo haría, después de solo un minuto más... no, dos minutos más... tres... él era cálido, una estufa viviente, y... y... y la había besado hacía solo un rato, y ella todavía ansiaba otro, máaas laaargo y máaas profundo.
Era el primer hombre en su vida dispuesto a arriesgarse a la ira de su padre, sólo para estar con ella. Toneri a menudo había declarado que la quería, sí, e incluso le había dicho a su padre que habían estado juntos, pero Toneri nunca había intentado nada. Aunque Naruto... realmente debía de quererla, porque aunque Hiashi controlaba su destino, había presionado sus labios contra los suyos con tanta amabilidad, como si ella fuera preciosa, quizás hasta frágil, sólo para alzar la cabeza y estudiar su expresión antes de regresar para saborearla de nuevo. Un sabor de lejos más intenso. Simplemente recordarlo hizo que su piel hormigueara de añoranza, y su interior doliera de necesidad. Oh, como le dolía.
No puedo pensar en los besos de Naruto justo ahora. En cualquier momento tendría que enfrentar a su padre. La niebla desaparecería y Hiashi miraría el monitor dentro de su trailer y se daría cuenta de que ya no estaban en el mundo entre mundos y él se presentaría. No podía ser encontrada disfrutando de su castigo o a ella y a Naruto les darían otro.
—No puede vernos juntos así, —dijo ella, levantando la cabeza y alejándose de él.
Él soltó su brazo y asintió. Ella le miró con el entrecejo fruncido. Su rostro era una máscara sin emoción, que no mostraba ningún pensamiento. Y aún así, de repente irradiaba una frialdad que sobrepasaba de lejos a la que soplaba desde las montañas.
Soltó un gemido cuando lo entendió en toda su magnitud. Él se había tomado sus palabras y sus acciones como un rechazo.
— Naruto, —dijo ella.
Él se puso de pie, dejando a la vista kilómetros de piel bronceada. Si ella tenía frío, él tenía que estar a punto de congelarse. Levantándose ella se desenrolló la manta y la lanzó en su dirección.
—Aquí tienes, —dijo ella.
—No. —Él negó con la cabeza, inflexible. —Quédatela tú.
Ella no podía oír su tono, pero la vibración de sus palabras cargaba como un poderoso puñetazo. Podría haber lanzado cada una como una pelota de béisbol.
—Escucha tú. Me aparté de ti porque mi padre entrará en erupción si ve tus manos encima de mí, y no permitiré que te den de latigazos otra vez. —Después de todo lo que había hecho Naruto por ella, no sería capaz de soportar la culpa.
Eso no hizo que él se relajara.
—Simplemente para que lo sepas, no le temo. Pero no te preocupes. Entiendo. Tú y yo podemos ser amigos en privado, cuando necesitas mi ayuda, pero en público tenemos que comportarnos como meros conocidos. ¿Tengo razón?
Oh, ¡Eso dolía!
—Necesitas dominarte y acabar con este berrinche ahora mismo.
La miró con los ojos entrecerrados.
—Recojamos todas las fichas de póker, ¿De acuerdo?
Él parpadeó, una reacción diferente de la esperada.
—¿Fichas de poker? ¿Quieres decir que deberíamos poner nuestras cartas sobre la mesa?
—No, no quiero decir que debamos ¡poner nuestras cartas encima de la mesa! No se puede empezar una nueva partida hasta que las fichas están fuera de la mesa. —¿Por qué siempre le preguntaba sobre estas cosas? —Estoy intentando acabar con tu mal humor y que empieces a tenerlo bueno, así que échame una mano y escucha.
—Muy bien. —Cerró la boca de golpe, como si intentara evitar
¿Gruñir? ¿Reírse?
¡Lo que sea!
—Ahí vamos. No te conozco fuera de este desastre de situación, y yo ciertamente no sé cómo manejar lo que sea que esté ocurriendo entre nosotros. Después de que dejemos el circo, y si tú no me dejas plantada a mí, y si todavía me quieres, y si no quieres a nadie más, pregúntame si quiero trabajar para ti y mi respuesta puede que sea diferente. —Podría ser, pero probablemente no lo sería. Pero ella no le diría eso.
—Y no me siento avergonzada de estar contigo. ¡Aunque debería! ¡Eres tan imbécil! Ya te lo dije, pero te lo diré otra vez. No dejaré que te torturen sólo porque me gustas. ¿Por qué no te entra eso en la cabeza?
Empezó a parpadear otra vez, aunque sus ojos brillaban.
—Te gusto y esperas protegerme.
¡Por fin! Lo entendía.
—Sí. Sé que permanecer alejada no es mucho, pero es todo lo que puedo hacer por ti por ahora. Necio, —murmuró ella.
Él parecía tan sorprendido, ella sabía que no mucha gente se había atrevido a llamarlo de esa manera tan irreverente, y eso acababa de demostrarle lo cómoda que se había vuelto con él. De otra forma ella no se habría arriesgado a incrementar su ira cuando él claramente no tenía miedo de su padre.
Naruto sopesó sus palabras por un momento, con la luz en esos océanos azules todavía brillando y brillando.
—Si no tienes cuidado, Srta. Hinata, —dijo, —No seré capaz de dejarte marchar.
Ella... no tenía ni idea de qué responder. ¿Quedársela para siempre?
Su ridícula mente estaba gritando, Sí, por favor.
A pesar de todo.
He vuelto.
La familiar voz susurró a través de su mente, y ella se volvió hacia la derecha para enfrentar al que hablaba. Su inicial torrente de alarma amainó cuando vio una diminuta versión de Kurama de pelo pelirrojo colgado de su hombro. Parecía más joven que antes y más fuerte. Pero nunca antes había visto esto claramente en ese otro reino -mientras estaba en otro reino- y no estaba segura de qué pensar.
Cuando tu padre venga, y lo hará, haz lo que sea necesario para escapar de la jaula con Naruto. Su boca no se estaba moviendo y aun así las palabras reverberaban dentro de su cabeza. Tienes que irte. Ahora.
¡Mentiroso! dijo Dr. M, haciendo que ella se girara hacia la izquierda.
También él era una versión diminuta de sí mismo. Parecía más viejo que antes y más débil. Sabes que Naruto será capturado. Y si estás con él te capturarán también.
Un golpecito en su hombro hizo que se volviera hacia Naruto... que estaba justo frente a ella, con la preocupación de nuevo radiando de él.
— ¿Estás bien?
—¿Los... los viste? —preguntó frotándose los brazos arriba y abajo con las manos.
—¿Ver a quién?
A ellos. Miró hacia la izquierda -Dr. M se había ido. A la derecha -Kurama se había ido.
—Pero... pero... —Encorvó los hombros. —No importa.
—¿Qué viste? —insistió él.
Habían hablado ya dos veces de ese otro reino, y aun así él nunca había mencionado ni a Kurama, ni a Dr. M, a pesar de que tenía que conocerlos.
Y él era Uzumaki, y de alguna forma, durante su sueño que no era un sueño, ella había aparecido en Alloris. Pero ella no iba a ser la que mencionara sus nombres. Solo querría saber lo que le habían dicho. Él estaría de acuerdo con Kurama, sabía que lo estaría, y aun así ella tendría que rechazarlo después. A pesar del hecho de que sabía que Kurama tenía razón.
Siempre tenía razón. Pero ella no podía ver un modo de obedecerle.
— Hinata.
Olvidándose de su padre. Olvidando el futuro. Se lanzó a sus brazos.
Probablemente no estarían juntos mucho tiempo, y ella necesitaba saborear cada momento.
Él no la agarró para sujetarla. Ella sintió una vibración.
—No sé lo que estás diciendo. ¿Y honestamente? No me importa. Si quieres que me aparte, lo siento, porque voy a quedarme justo aquí. Sólo abrázame fuerte y avísame si oyes venir a alguien.
Transcurrieron algunos momentos antes de que él obedeciera.
Dejó escapar un suspiro de alivio cuando sintió su fuerza y su calor envolviéndola.
—Juro hacer todo lo que pueda para encontrar esa llave, y lo digo en serio. Lo haré. ¿Pero dónde debería empezar? ¿Qué pasa si fallo?
A su derecha, oyó un gemido.
A su izquierda una carcajada.
Sus uñas se hundieron en el pecho de Naruto, como si él fuera su única ancla en una tormenta turbulenta. De hecho, lo era.
Dr. M y Kurama estaban todavía allí, escuchando.
Unas cálidas manos ahuecaron sus mejillas, una hermosa caricia que recordaría todos los días de su vida. Él levantó su barbilla, escudriñándola con esperanza y destellos de lo que parecía ser preocupación.
—Debe llevar la llave consigo, podría ser algo que incluso lleve puesto todos los días. Y tú no fallarás.
—Pero he buscado en todas sus joyas.
—Busca compartimentos secretos en su trailer. Si te ves en problemas huye. Huye y no mires atrás.
Oh, sí. Preocupación. Apenas podía procesar esa información. Él estaba poniendo las necesidades de ella por encima de las suyas. No por la ayuda que ella podría prestarle, sino por ella.
—No puedo hacer eso, Naruto. —No importaba lo que pase. —Simplemente no puedo.
Su mirada la alcanzó, taladrándola hasta el alma.
—Entonces huye hacia mí.
Ella se frotó contra su mano, prácticamente ronroneando con el calor y el placer de la sensación.
—¿Qué podrías hacer tú? —Susurró ella. No lo preguntaba para ser cruel, sino para señalar lo fútil que sería eso.
La ira repentinamente ensombreció la aprensión, pero su abrazo permaneció amable.
—Pensaré en algo.
La ira no estaba dirigida a ella, lo sabía, sino a las circunstancias.
— No quiero meterte en más problemas.
—Puedo manejar los problemas.
—¿Y yo no?
Sus dedos la acariciaron, haciéndola estremecerse.
—Tú ya has soportado demasiado. Y un día, me vas a decir todo lo que te han hecho. Un día tendrás la vida que te mereces.
Un día.
El pánico burbujeó hasta la superficie porque ella sabía, sabía, que algo malo pasaría pronto. Siempre pasaba algo malo cuando decían esas palabras en voz alta. Y aun así, todo lo que ella dijo fue.
—Bi... bien. Vendré a ti. Y antes de que digas algo, lo juro.
Una mancha de color centelló por la izquierda. La niebla se estaba estrechando, advirtió ella. Fueron apareciendo diferentes partes del circo, todas en su sitio, nada fuera de lugar. La jaula que se había convertido en el refugio seguro de Hinata, estaba exactamente donde la habían dejado... justo enfrente del trailer de Hiashi.
Simplemente había cambiado el paisaje. Un solitario sol brillaba en un recién nacido cielo azul. En vez de colinas de hollín y ceniza, con árboles retorcidos extendiendo sus grotescas ramas en todas direcciones, montañas cubiertas de nieve pintaban el paisaje.
—Un día tú... — los oídos de Naruto se crisparon. Cerró los labios y levantó la cabeza hacia el trailer de su padre. —Viene.
Tragándose un nudo en la garganta, Hinata se apartó de él de un salto.
Un segundo más tarde las puertas se abrieron, y Hiashi salió retumbando. Shion iba tras él, vistiendo un encantador sombrero dorado, abrigo y botas... todo hecho con el pellejo de One Day. Los puntos de calvicie causados por la edad, y los agujeros de bala de la pistola de Hiashi habían sido rellenados con la piel de otro animal, creando la ilusión de un saludable león en los primeros años de su vida.
Cada vez que Hinata veía el atuendo, luchaba contra la urgencia de arrancarle la cara a Shion.
No reaccionaré.
Naruto se movió, como si quisiera saltar ante ella. De alguna forma consiguió detenerse.
— Hinata, —dijo Hiashi, mirándola... con una confusa mezcla de desagrado y alivio en sus ojos.—Te has recuperado.
—Sí, lo he hecho.
—Incluso pareces contenta. —Su mirada pasó a Naruto, y la tensión retornó. —Y tú pareces querer arrancarme el corazón con un cuchillo oxidado y darte un festín con él.
Naruto permaneció callado.
—Fuiste amable con mi hija, ¿No, bestia? Apuesto que incluso controlaste tus más oscuros impulsos sólo para impresionarla.
De nuevo, únicamente hubo silencio por parte de Naruto.
—No le enseñaste ninguna lección, —lanzó Hiashi con la cara enrojeciendo. —¡Ninguna! Esperaba que el animal actuara como un animal. Esperaba encontrarla de rodillas rogándome que la liberara.
Shion se alejó un par de pasos, se giró y corrió hacia el trailer, como si temiera que él enfocara toda esa ira contra ella. Hinata sintió temblores deslizándose por su espina dorsal.
—Sí, un animal haría que sintiese la necesidad de suplicar, —replicó finalmente Naruto, sin dejar la menor duda de que consideraba a Hiashi el animal de verdad.
Hiashi alzó la mandíbula de golpe.
—¿Quieres que suplique? —Le preguntó ella a su padre, volviendo la atención hacia ella. —Lo haré. —Por Naruto, haría cualquier cosa.
—¿Suplicar? ¿Ahora? —Escupió al suelo. —¿Cuando no significa nada?
Aun así tenía que intentarlo. Con el terror revolviéndole el estómago, dijo.
—Papi, por favor libérame. Por favor. —Odiaba la idea de dejar a Naruto atrapado y solo para sufrir humillación cuando el circo empezara su función y nuevos humanos vinieran a verlo.
Tan mal como reaccionaba al rechazo, tenía que ser un tipo especial de tortura para él. Pero ella tenía que hacerlo.
—Por favor.
Naruto colocó una mano sobre su hombro, y apretó, rogándole silencio.
Los ojos de su padre casi se salen de las órbitas, y el tinte rojo volvió a su piel, más oscura ahora.
—¡Como te atreves a tocarla, bestia!
Hinata trató de apartarse un paso, pero Naruto aplicó la presión justa para mantenerla en su sitio.
—Papi, —dijo ella desesperada. —Yo... nosotros podemos cenar esta noche. Y hablar. Como antes cuando era pequeña. ¿Recuerdas? Y después, retomaré mis antiguas ocupaciones, si me lo permites.
Hiashi inhaló bruscamente, soltando el aire lentamente. Finalmente asintió, como si acabara de tomar una decisión.
—Te liberaré, Hinata.
—Gracias. Muchas gracias...
—Con la condición de que actúes en la pista esta noche, —añadió él.
—¿Qué? —Rechinó ella, y el agarre de Naruto se tensó lo suficiente para arrancarle una mueca de dolor.
Inmediatamente la presión cedió. Pero ella ya no quería alejarse.
Hiashi ignoró su pregunta.
—Y tú, bestia, vas a sufrir. ¿Piensas que fue malo antes? Pronto estarás rezando por esos días. No sólo regresarás a la casa de las fieras, sino que te convertirás en la principal atracción del nuevo zoo de mascotas.
Naruto rugió con una rabia que probablemente había estado reprimiendo demasiado tiempo.
—Te mataré primero.
—Amenázame otra vez después de tu siesta, y veremos lo que consigues. —Sonriendo ladinamente, su padre alargó el brazo y presionó el botón de la jaula.
Golpe.
Hinata observó, desconsolada, como el hombre que había pasado los últimos seis días protegiéndola se desplomaba en el suelo, inmóvil.
Vulnerable.
Hiashi abrió la puerta de la jaula e irrumpió dentro. Ella soltó la manta, con la intención de dejarla allí para que Naruto se mantuviera caliente. Su padre la agarró del brazo y la empujó hacia fuera, cerrando de un portazo la puerta tras él.
—He sido demasiado benévolo contigo, —dijo, jalándola hacia delante. —Me doy cuenta de eso ahora. He permitido que malgastaras tu tiempo con los animales cuando habrías sido más útil en la pista. Quizás entonces hubieras apreciado todo el trabajo que he hecho por ti. Por ti y nadie más. Incluso consideré matar a Toneri después de lo que te hizo. ¿Y cómo me lo agradeces?
—Papi…
—¡Silencio! Te voy a llevar con la costurera. Las dos tendrán que trabajar toda la noche, pero lleve el tiempo que lleve, te asegurarás de tener el mejor traje o sabrás de mi disgusto.
—Sí. Por supuesto, —dijo ella, queriendo darse la vuelta para mirar a Naruto, pero sin permitirse darse el lujo.
Tengo que encontrar esa llave. Es nuestra única esperanza.
Continuará...
