Permanece vestido con buena disposición,
y mantén las lámparas encendidas.
—LUCAS 12:35
Naruto se despertó con un sobresalto, el pánico al instante inundándolo. Se acordó de la cabaña, y el cráneo de fuego propulsándose hacia él. Pero, ¿Después de eso...? Nada.
—¡Hinata! —Gritó, saltando sobre sus pies. ¿Dónde estaba ella? ¿La había atrapado el cráneo, también? —¡Hinata!
—Cálmate, guerrero.
La voz del Targon penetró en su mente, y se giró. El sol brillaba resplandecientemente en el cielo, y tuvo que parpadear rápidamente para enfocar. A través de los familiares barrotes de metal pudo ver al otherworlder, su vecino enjaulado.
Barrotes. Jaula.
El pavor lo golpeó, miró a su alrededor. Estaba de nuevo en la jaula, se dio cuenta. De vuelta en el circo, de vuelta en la casa de las fieras. Él había... había sido capturado. El resto de los otherworlders lo estaban mirando.
Algunos con ira. Algunos con compasión. Sakura, con esperanza.
—No desesperes, —dijo ella. —Lo hiciste una vez, algo que nadie más ha logrado nunca, y puedes hacerlo de nuevo.
Ellos estaban más sucios que cuando él les había dejado, como si nadie se hubiera molestado en limpiarlos ni una sola vez. Estaban más delgados, también, como si nadie se hubiera tomado la molestia de darles de comer. Pero al menos estaban vivos.
Y él podía oírlos. Una vez más, sus oídos estaban trabajando. Eso significaba que Hinata, dondequiera que estuviese, estaba de nuevo sorda.
—¿Dónde está Hinata? —Le preguntó al Targon. —¿Cuánto tiempo estuve fuera? —El paisaje había cambiado. Las montañas habían sido reemplazadas por planicies, la tundra nevada por tierra roja, y los árboles por ondulante trigo.
—Ella ha estado encerrada en su trailer, y tú estuviste fuera sólo por una noche.
Su alivio fue tan potente, que sus rodillas cedieron. Cayó al suelo haciendo temblar toda la jaula.
—Ella es tu mujer, —dijo el Targon. —La has reclamado.
—Lo es. Y sí, lo he hecho. —Y él no la perdería. No de esta forma. No de modo alguno. —¿Dónde está Hiashi? ¿Y Toneri?
Un destello de furia se disparó en los ojos del Targon.
—Se están preparando para el show de mañana.
Era el momento para obtener información, decidió Naruto, tiempo de aprender los motivos del Targon.
—Tú lo odias, a Toneri. Lo odias más que a Hiashi, el hombre responsable de tu situación. ¿Por qué?
—Hey, Jolly Golden, —exclamó Ino. —No llamas, no envías un mensaje. Muestras una gran desfachatez al asomar tu cara por aquí de nuevo. Mis hermanos vendrán a buscarme, ya lo sabes, y ellos tendrán algo que decirte al respecto. ¡Me dejaste atrás!
El Targon tendió sus brazos, y el mundo simplemente... dejó de... moverse, incluso los más silenciosos movimientos. Naruto frunció el ceño o lo intentó. Al igual que el mundo a su alrededor, él estaba inmóvil. Su cuerpo se sentía como si hubiera sido cubierto por cemento, incluso sus brazos eran demasiado pesados para levantarlos. La única parte de sí mismo sobre la que tenía algún control eran sus ojos, y los mantuvo apuntando hacia el otherworlder.
Solamente el Targon se podía mover. Caminó hacia un lado de su jaula, sus labios curvándose en una sonrisa que no era una sonrisa.
—No te preocupes. A diferencia que ti, sus mentes están bajo llave. No tienen ni idea de lo que está pasando. Y ¿Te diste cuenta que soy más fuerte que antes? He estado practicando.
Más fuerte, a pesar de las esposas en sus muñecas.
¡Las esposas!
—Sí, tú también estás esposado, —dijo el Targon, y de repente la cabeza de Naruto se pudo mover.
Miró hacia abajo. Efectivamente, el metal de las esposas rodeaba sus muñecas. Hiashi... oh, Hiashi pagaría por esto.
—No hay ninguna llave, ya sabes.
El otherworlder asimiló la noticia y se encogió de hombros, como si simplemente no le importara.
—¿Cómo eres capaz de ejercer tanto control con los fármacos bombeándose a través de tu organismo? —Preguntó Naruto.
—Las drogas son inhibidores.
—Lo sé. ¿Y?
—Y, hay un fallo fatal en esos fármacos. Un fallo implícito en su nombre. Éstos inhiben, no eliminan.
—¿Por qué te has quedado, entonces?
La rabia retornó, ahora mezclada con tristeza.
—Tu mujer, una vez se hizo cargo de la mía. Sara era su nombre, y ella y sus amigas oyeron hablar de un circo mágico llamado Cirque de Monstres y vino de visita. Toneri la vio, la deseó, la violó y desapareció con ella antes de que yo pudiera llegar junto a ella. Él no tenía ni idea de que estábamos vinculados, y que yo sabía todo lo que le estaba haciendo, mientras se lo estaba haciendo. —Cada vez más rabia se filtraba en su tono. —Yo pude haberlo matado desde el principio, y tal vez debería haberlo hecho, pero quería experimentar todo lo que mi Sara experimentó. Quería ver a mi torturador cada día, hasta que yo lo destruyera.
Él quería castigarse a sí mismo por no haber salvado a su mujer, y él lo comprendía. Lo hacía. No estaba seguro de cómo reaccionaría si descubría que Hinata había sido dañada de alguna manera.
Hinata... la chica que amaba.
Sí. Él la amaba. Con todo su corazón, con toda su alma, la amaba.
Ella era la única. La otra parte de él. De alguna manera, ella se había enredado a sí misma en su vida, como si él fuera un árbol y ella la hiedra, y él ya no podía distinguir su follaje del de ella. Eran dos mitades de un todo, un mejor conjunto, dependiendo el uno del otro.
—¿No tienes nada que decir? —Bromeó el Targon.
—Nueve días, — Naruto respondió a través de una garganta ahora lacerada, recordando lo que el Targon había dicho la noche de su huida. — Planeas destruir el circo.
—Sí. Pero ahora, sólo me quedan cuatro días.
—No esperes. Hazlo ahora.
El Targon actuó como si él no hubiera hablado.
—Vi la forma en que tu Hinata cuidó de mi Sara. Oí las conversaciones que tenían, hasta que Sara cortó nuestra conexión. Me alegré cuando llegaste y comenzaste a velar por la pequeña Hinata. —La tensión se extendía desde las comisuras de sus ojos. —No volví a ver dentro de la mente de Sara hasta la noche de su muerte, cuando el padre de Hinata la encontró, se la entregó a Toneri, y el macho... el macho... la destruyó.
—Lo siento, Kakashi-Alize. Sé que tienes un plan, y quieres ajustarte a él, pero mi mujer todavía vive y ella me necesita. Ayúdame ahora. Hoy. Juntos podemos acabar con esto.
Un meneo de esa plateada cabeza.
—Te lo dije. Primero tengo que experimentar todo lo que Sara experimentó.
—¿Te violaron? —Una pregunta dura, pero una que era necesaria que le preguntara.
Un tic nervioso surgió por debajo de los ojos oscuros del otherworlder.
—No.
—Entonces no has experimentado todo lo que ella sufrió, y nunca lo harás. No hay ninguna razón para no actuar. Tú puedes tener a Toneri, yo puedo tener a Hiashi, y nosotros podemos asegurarnos de que nadie más sufra de esta manera.
Silencio.
—Podemos salvar a Hinata, la chica que ayudó a tu Sara.
Una vez más, silencio.
—Si no haces nada, eres tan malvado como el hombre al que desprecias.
El Targon hizo despuntar su mandíbula.
—Todos nosotros vimos a Hiashi aumentar tu dosis del inhibidor. Si te pones emocional, o si alguien presiona ese pequeño botón mágico en tu jaula, tú estarás demasiado débil para luchar.
—Nunca. —No cuando se trataba de la seguridad de Hinata.
—Y todos los oímos hablar de tus nuevos y mejorados grilletes, — continuó el otherworlder, como si él no hubiera dicho nada. —Si los huesos de tus muñecas se expanden, y supongo que lo hacen cuando te transformas en tu mitad más apreciada, activarás las sierras en las agujas y perderás tus manos.
No había necesidad de pensar en su respuesta.
—Ese es un riesgo que estoy dispuesto a correr.
El Targon lo estudió por un largo rato.
—Creo que me gustas más con cada segundo que pasa. Y creo que estoy incluso dispuesto a ayudarte... por un precio.
—Pon tú el precio.
Una sonrisa fugaz, sin una pizca de diversión.
—Leer la mente es una de mis pequeñas aficiones. Sé lo de tu granja, y la quiero.
Una vez más, no era necesario pensarlo.
—Hecho. Ayúdame hoy, ayuda a Hinata después, si algo me pasa a mí, y es tuya. Lo juro.
0
Hinata se paseaba de un extremo de su trailer al otro, identificándose a sí misma con el tigre en el bosque. Sólo que sus heridas no eran visibles.
Su corazón se estaba rompiendo dentro de su pecho, una sensación de impotencia arrasándola.
Había perdido la capacidad de oír, y todos sus muebles y las baratijas que había dejado atrás habían sido retiradas, dejando el espacio desolado, desprovisto de una sola arma. De hecho, sólo había un arma cerca y estaba aferrada a la mano de Shion.
Shion, que estaba junto a la única salida, protegiéndola con su vida.
Hinata se detuvo, sólo se detuvo y miró a su amiga de la infancia, su atormentadora. En realidad se dio cuenta de que esa pistola no era la única arma disponible. Ella era un arma. Naruto se había asegurado de ello, y no quería meter en saco roto sus enseñanzas.
—Déjame salir, Shion, —dijo ella, —de lo contrario, no te gustará lo que te sucederá.
—No me gustará lo que me sucederá si lo permito. Tu padre me matará.
—Si te quedas con él, te matará de todos modos.
—No. —Sus ojos violetas brillaban. —Él no me va a golpear nunca más. Lo prometió.
—Mintió.
—No, él me ama.
—¡Él no sabe nada del amor! Y tú tampoco, sospecho. El amor te protege. El amor te cuida. El amor te encumbra en vez de demolerte. El amor te hace volar, y yo amo a Naruto.
Un indicio de tristeza asomó y desapareció rápidamente.
—Tu bestia va a ser el primero en morir, Hinata. No puedes salvarlo. Nadie puede.
¡No! Ella se negó a aceptar algo así. Ella podía salvarlo. Lo haría.
—Una última oportunidad, —dijo ella, cerrando su mano en un conveniente puño.
—Cállate, y…
Hinata estrelló adecuadamente su puño contra la nariz de Shion.
La chica gritó mientras la sangre brotaba de ella, y dejó caer la pistola para agarrarse el cartílago dañado.
Hinata se lanzó por el arma, y cuando ella se enderezó, apuntó el cañón hacia el tórax de Shion.
Con los ojos muy abiertos, Shion se aplastó contra la puerta.
—Siento haberte hecho daño, —dijo Hinata, —pero te haré aún más daño si es necesario. Y algo peor que eso va a sucederte en tres segundos, si no te apartas fuera del camino.
—No me importa, —respondió Shion con un movimiento desafiante de su cabeza.
—Uno.
— Hiashi me hará mucho más que eso.
—Dos.
Su postura desafiante se achicó, y las lágrimas brotaron de sus ojos.
Shion se apartó del camino.
Hinata pasó junto a ella y caminó hacia la luz del sol. Pero antes de que hubiera dado tres pasos, Kurama apareció sobre su hombro, retorciéndose las manos.
Escóndete bajo el remolque, le ordenó. ¡Ahora!
Su corazón de repente golpeaba contra sus costillas, y se zambulló para cubrirse. Ella sabía que no debía hacer una pausa y preguntarle. Algo bueno, también. En el momento en que el suelo estaba presionado contra su espalda, sintió la vibración de unas pisadas. Unos segundos más tarde, vio a su padre y las botas de Toneri.
La pareja desapareció en el interior del trailer. Pasaron varios segundos.
Naruto está en problemas, dijo Kurama. El Targon y él han elaborado un plan. Ellos comenzaron a llamar a gritos a tu padre y a Toneri hace unos minutos. Pero en lugar de enfrentarse a ellos cara a cara, tu padre quiere utilizar los sentimientos de Naruto hacia ti en su contra.
Tan rastrero. Al estilo de Hiashi.
—¿Qué debo hacer?, —Susurró.
Sabes lo que tienes que hacer, Hinata.
Ella lo sabía, ¿No es así? Y era brutal. Iba en contra de todo aquello en lo que siempre había creído. O más bien, contra todo en lo que alguna vez había pensado que creía. Después, ella probablemente lloraría.
¿Probablemente? No, ella lo haría. Pero esto era la guerra. Esto era algo fuera de lo normal. Era necesario emprender acciones.
Eran cosas que había que hacer. El fuerte no podía pisotear al débil y continuar reinando.
El trailer se sacudió y ella apenas pudo silenciar su jadeo. Hiashi o bien había dado un puñetazo a la pared... o a Shion.
Dos pares de botas aparecieron de nuevo, esta vez pisando fuerte mientras se alejaban. Esperó un minuto o dos, luego rodó hacia la luz.
¿Puedes hacer lo que hay que hacer? Preguntó Kurama.
—Sí, —dijo, y siguió adelante.
Continuará...
