En la multitud del pueblo está la gloria del rey, pero sin súbditos un

príncipe está en ruinas.

—PROVERBIOS 14:28

—¡TÚ! ¿QUÉ HAS HECHO CON MI HIJA? — Hiashi aporreó la jaula de Naruto y, con un torrente de maldiciones, pulsó en el botón para inyectar los sedantes en su organismo. Dr. M se sentó sobre el hombro del hombre, riéndose. —Tenía planeado esperar, para matarte lentamente, pero quiero que ella oiga tus gritos y venga corriendo. Quiero que vea lo que te hago, y quiero que tú veas lo que le hago a ella.

Naruto permaneció en silencio mientras se dejaba caer al suelo.

— Toneri, —gruñó el Targon.

—Cállate, —el guardia gruñó en respuesta.

—Me callaré el día que te arranque tu negro corazón y baile en tu sangre.

Toneri resopló, ni lo más mínimo intimidado.

—Sí, buena suerte con eso.

Hiashi estaba demasiado perdido en su rabia para notar que los dos hombres estaban discutiendo. Y estaba demasiado perdido en su rabia para notar que Naruto no estaba en realidad dormido. Y por eso, cometió el error de abrir la puerta de la jaula.

—Ahora, —gritó Naruto, con la mandíbula pesada pero aún manejable.

En mitad del proceso de adentrarse más en el recinto, Hiashi se congeló, el Targon tomó el control de su cuerpo. Fue necesaria toda la fuerza de Naruto para incorporarse para adoptar una posición sentada, pero lo hizo. Su mirada se encontró con la de su enemigo, y él sonrió lentamente, con entusiasmo.

Dr. M dejó de reír.

—¿Qué está pasando? ¿Cómo lo estás haciendo?

Sin hacerle caso, Naruto le dijo a Hiashi,

—Sólo para que lo sepas, el único que sufrirá hoy eres tú.

El miedo se sumó a la rabia en los ojos de Hiashi. Naruto podía ver el cráneo retorciéndose debajo de su piel, tratando de salir fuera del control del Targon. Apretando los dientes, Naruto lanzó una patada con su pierna, clavándosela a Hiashi en el estómago y enviándolo propulsado al suelo.

Dr. M desapareció.

Naruto se apresuró a seguir a su oponente, saltando fuera de la jaula.

Cada acción soltando sus músculos y aligerándolo algo del peso de los fármacos. Ahora era el momento para un poco de juego sucio. Él lanzó su pierna en otra patada clavándosela a Hiashi entre las piernas.

El aire salió bruscamente de la boca del hombre, pero eso fue todo, su única reacción.

—¡Eres libre! —Dijo Sakura, agitando su puño en el aire. —Te dije que esto pasaría. ¿No te lo dije?

—¡Déjame salir! —gritó Ino.

—¡A mí también! Vamos, hombre. ¡Por aquí!

El Bree Lian saltaba arriba y abajo.

—¡Hombre Bestia! ¡Por aquí!

—No puedo... reducirlos por mucho más tiempo, —exclamó el Targon.

—Su magia... lucha contra mí.

Naruto se agachó y agarró a Hiashi por la muñeca. Arrastró al hombre más allá de un Toneri igualmente congelado, hacia la jaula del Targon, donde él presionó el pulgar de Hiashi en la cerradura. Un destello de luz blanca, y la polea cedió.

El Targon escapó de la jaula y se lanzó contra Toneri. Entonces fue cuando perdió el control sobre los cuerpos, ambos, tanto Toneri como Hiashi, entraron brutalmente en acción.

Hiashi se liberó de un tirón del yugo de Naruto, y se puso en pie. No hubo intercambio de palabras. Simplemente se zambulleron el uno contra el otro, con los puños volando. Naruto conectó varios puñetazos, pero él recibió uno, también. El pinchazo de dolor subsiguiente lo enfureció. ¿Cuánto había sufrido Hinata en manos de este hombre a lo largo de los años?

Rabia... fría y dura.

Fármacos... goteo a goteo, tratando de debilitarlo.

Calma, se dijo a sí mismo. Mantén la calma. No podía permitirse transformarse, de ningún modo. Y por una vez, no era una tarea imposible. Hinata le había enseñado una mejor manera de vivir.

Él bloqueó un puñetazo, se agachó y lanzó uno, golpeando en el riñón a Hiashi.

Oyó un siseo, aunque sabía que el hombre no estaba fuera de combate. Lejos de eso. La violencia debía haber animado a su lado oscuro, porque el cráneo se disparó, pequeñas llamas doradas aparecieron en la oscuridad, mientras trataban de morder a Naruto. Justo antes de que entraran en contacto, una versión gigante de Kurama se abalanzó, agarrando el cráneo como si fuera una pelota de baloncesto y cayendo al suelo con ella apretada contra su pecho.

Hiashi desató un grito de dolor, como si el mal estuviese unido a él, y él pudiera sentir su derrota. Naruto golpeó, alcanzándolo en la sien una vez, dos veces, tres veces. La cabeza del hombre se sacudía de un lado a otro, pero en el cuarto golpe de Naruto, se las arregló para alzar sus manos y bloquearlo.

Naruto apuntó más abajo.

Contacto.

Una vez más, el aire se escapó de la boca de Hiashi.

Por el rabillo del ojo, vio que el Targon tenía a Toneri clavado en el suelo. Las sombras que siempre habían rondado sobre el hombro de Toneri se habían extendido y estaban mordiendo una y otra vez al otherworlder, pero el hombre no les prestaba ninguna atención. Continuó haciendo llover puñetazos de rabia en la cara de su oponente. Una y otra vez. Hasta que ya no era sólo sangre lo que saltaba en todas direcciones. Hasta que las sombras se desaceleraron... se aquietaron... se dejaron caer al suelo y desaparecieron.

Hiashi aprovechó su distracción contra él y conectó otro golpe en la mandíbula. Su cabeza giró a un lado, y él se fue con el movimiento, cayéndose sobre su costado y alzando las piernas en una doble patada.

Sus botas golpearon. Los dientes de Hiashi se apretaron, enviándolo tambaleándose hacia atrás.

Naruto se enderezó y le siguió, agarrándolo por el cuello. Los ojos hinchados e inyectados en sangre le miraron fijamente.

—Mátame, y ella nunca te perdonará, —escupió Hiashi.

No, él no creía eso.

¡BOOM!

El cuerpo de Hiashi se sacudió, sus ojos dilatándose. Él cayó hacia un lado, pero Naruto mantuvo su agarre, manteniéndolo en posición vertical. Él reconoció el disparo cuando lo oyó y se aferró al hombre para usarlo como escudo en caso de que fuera necesario. Él buscó el origen del ruido con la mirada. Hinata permanecía a pocos metros de distancia, sosteniendo una pistola humeante, lágrimas corriendo por sus mejillas.

Naruto aflojó los dedos, con la intención de dejar caer al hombre al suelo y correr a su lado, para cogerla entre sus brazos, para ofrecerle consuelo, o cualquier otra cosa que pudiera necesitar. Lo que ella había hecho... todo para protegerlo...

—Mi propia hija, —jadeó Hiashi —¿Cómo pudiste?

¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!

Los disparos venían de una dirección diferente, desde detrás de Hiashi, pero todavía el hombre se sacudió cada vez. Y mientras tres punzadas fuertes de dolor se registraron en el tórax de Naruto, todos directamente en el corazón, él miró para encontrar a Shion con una pistola humeante. Dr. M estaba sentado en su hombro, y él se estaba riendo de nuevo.

—Si yo no puedo tenerte, —el hombrecito exclamó, —nadie puede.

La chica había disparado a Hiashi, pero las balas habían ido directamente a través de él y penetraron en Naruto. Finalmente dejó caer al hombre, pero no para llegar hasta Hinata. Ya no tenía fuerzas. El hombre responsable de su tormento todas estas semanas cayó sin vida al suelo, y Naruto cayó de rodillas a su lado.

—¡NARUTO! —Gritó Hinata, corriendo a su lado. Sus manos palpándolo, tratando de detener el flujo de sangre.

—Te curarás, ¿Verdad? Lo has hecho antes. Muchas veces. Te he visto. Tienes que recuperarte de esto, también. ¿De acuerdo?

Él oyó un grito, vio como Kurama colisionaba contra Dr. M, lanzando a Shion al suelo. Mientras Kurama y Dr. M caían, el cuerpo de Dr. M se alargaba, volviéndose del mismo tamaño que el de Kurama. Tal vez él estaba viendo alucinaciones.

El mareo lo consumía. Los puntos negros se entretejieron a través de su visión. Con cada bombeo de su corazón dañado, su vida se resbalaba un poco más.

— Hinata, —se las arregló para decir ahogadamente mientras la sangre borbotaba en su garganta.

—Dime qué debo hacer, y lo haré, —se apresuró a decir. —¡Sólo dímelo!

—No hay nada que... hacer. —Sus heridas eran demasiado graves. Él había causado este tipo de daño en otros. Había visto el resultado muchas veces. Él lo sabía.

—¡Sí lo hay!

—No puedo mentirte... Hinata... Esto es... como es. —Él luchó por mantener su mirada fija en ella mientras los dedos de sus manos y de los pies se enfriaban.

Kurama se acercó, arrodillándose a su lado. Aún gigante, tan grande como Naruto.

—Dile adiós, Hinata.

—¿Qué? ¡No! ¡NUNCA!

Naruto cayó hacia adelante, incapaz de sostener su propio peso. De alguna manera, Hinata logró atraparlo, balanceándolo contra la suavidad de su cuerpo tembloroso.

—Dile adiós, Naruto, —le ordenó Kurama.

—¡NO!, —grito Hinata de nuevo. —No es un adiós. Simplemente buenas noches. Vas a ir a dormir, Naruto, y te recompondremos. Vas a revivir por la mañana. Lo harás. Ya lo verás. Tú juraste que me darías lo que quisiera y esto es lo que quiero.

—Amor… —Tenía que decirle lo mucho que la amaba. Tenía que explicarle todo lo que ella había llegado a significar para él. Hasta que ella llegó a su vida, él nunca había vivido realmente. Pero, los puntos negros todavía parpadeaban a través de su visión, se expandieron, se engrosaron, y el borboteo de sangre en su garganta le bloqueó las vías respiratorias. De repente no podía respirar.

—Él morirá en casa, —dijo Kurama. —Y no te atrevas a protestar, Hinata. Tiene que ser así.

—¡No! Él no me va a dejar. Él me prometió llevarme a su granja, también, y él siempre cumple sus promesas. —Para Naruto, ella dijo: —Te vas a poner bien, lo sé. Puedo sentirlo. Tengo la certeza. Simplemente... recupérate. Por favor, Naruto. Por favor. Por favor.

Unos brazos fuertes se envolvieron alrededor de la cintura de Naruto, tirando de él hacia atrás, tirando de él lejos de Hinata.

—No, —dijo ella, ahora estaba sollozando. — Kurama, no…

Fueron las últimas palabras que Naruto escuchó.

Continuará...