La senda de la vida para el sabio es hacia arriba,

Para apartarse del infierno de abajo.

—PROVERBIOS 15:24

—Dr. M ha muerto. Yo lo maté. — Kurama se apoyó en una columna, con los brazos cruzados sobre su pecho. Él todavía era alto, y aún con buena musculatura.

Naruto lo podía escuchar, pero su voz y todos los sonidos, en realidad, habían sido convertidos a un volumen más bajo.

—Me gustaría que lo hubieras hecho antes.

—Si me hubieras dicho que lo hiciera antes, lo habría hecho. Lo habías aceptado en tu vida, y no puedo interferir con tu libre albedrío. Pero en el momento que lo rechazaste, tuve la oportunidad de actuar.

Todos estos años... todos los tormentos... y la culpa era toda suya.

Él estaba fuera, acostado encima de una tarima de alabastro. Una sábana le cubría la parte inferior del cuerpo, pero el resto de su cuerpo estaba desnudo, permitiendo que los rayos de los tres soles blancos que brillaban intensamente en el cielo golpearan sobre él. Los rayos lo estaban realmente curando. Las esposas se habían ido, gracias a Dios.

Quería levantarse, pero él aún no tenía la energía. Los tres agujeros en el pecho todavía estaban en proceso de cerrarse.

—¿Cómo estás tan grande? —Preguntó.

—En este reino, soy grande. En tu reino, soy pequeño.

—Estabas grande en mi reino, también. Durante un tiempo.

—No. Tú me viste dentro de mi reino.

—¿Por qué no he cambiado, entonces, ahora que estoy en el tuyo?

—No eres como yo. Y además, este podrá ser mi reino, pero no es mi mundo. Es el tuyo. Alloris.

Miró alrededor con nuevos ojos. Hierba verde y fresca lo rodeaba.

Flores de todos los colores florecían en medio de exuberantes jardines, perfumando dulcemente el aire. Hombres y mujeres como él paseaban por un camino empedrado. Cada uno vestía de blanco. Cada uno de ellos tenía una sonrisa en el rostro.

Y detrás de cada persona había un ser aún más alto con la piel translúcida.

A nadie parecía importarle que Naruto estuviera a la intemperie, medio desnudo.

Kurama sonrió.

—Te va a encantar aquí, te lo prometo.

—No sin Hinata. —Su dulce, Hinata querida. Con cada segundo que pasaba, estaba más decidido a volver a ella.

¿Dónde estaba ella? No en la granja; él se la había dado al Targon. O tal vez ella estaba allí. El Targon había prometido protegerla, y el macho no incumpliría. No sólo porque al hacerlo le causaría dolor, sino porque tenía el corazón de un guardián por debajo de ese exterior irreverente.

¿Pensaría que Naruto estaba muerto?

¿Habría llorado?

Odiaba la idea de sus lágrimas. Él quería hacerla feliz. Únicamente feliz por siempre.

—¿Por qué nunca me dijiste que podrías traerme aquí? —Preguntó Naruto.

—Debido a que hubieras querido regresar, —dijo Kurama —Y no habrías sido bienvenido.

—¿Por qué?

—Tu temperamento. Tu trabajo. Dr. M. Muchas otras razones.

—¿Soy la razón por la que mis padres lo abandonaron y se fueron a la tierra?

—No. Eso fue por lo que tu padre hizo. Tomó a tu madre de otro hombre y se escondió con ella para que no se la pudiera quitar.

—¿Así que el marido viajó a la tierra y los mató?

—¡No! Por supuesto que no. — Kurama se dio la vuelta y se encaró con él. Cerró la distancia y bajó hacia el borde de la tarima. —Tu padre se metió en problemas en la tierra. El... ¿Estás seguro que deseas esos detalles?

—Sí.

—Nuevamente le robó la esposa a otro hombre, un hombre de la peor especie. Tu madre no sabía que él tenía la intención de abandónarla.

Y a mí, Naruto se dio cuenta. Pensó, y se dio cuenta sobre todo que únicamente recordaba a su madre de pie junto a su cuna, cantándole. No tenía muchas imágenes mentales de su padre.

—Tú estabas ahí la noche en que fueron asesinados. ¿Por qué no los salvaste?

No había ni una pizca de acusación en su tono. Era simple curiosidad.

—Todo sucedió tan rápido. La siguiente cosa que supe, es que estabas terriblemente herido, y tuve que usar mi energía para salvarte.

—¿Es por eso que yo no te vi hasta años más tarde? ¿Estabas curándote?

—Eso, y de alguna manera me bloqueaste. Pero siempre estuve allí, haciendo siempre todo lo posible para protegerte, susurrando sugerencias para mejorar tus decisiones en tu oído, sugerencias que asumías siempre provenían de tu propia mente. Pero entonces te peleaste con ese niño en la escuela y estabas tan molesto. La intensidad de tus emociones debe haber roto las barreras que habías construido.

—Estoy contento de haber podido verte.

—Yo también.

—Pero...

—Pero quieres volver.

—Sí.

Había tristeza en los ojos de Kurama cuando dijo:

—No viajé en una erupción solar. Solamente te arrastre entre ese mundo… y tú. Podía traerte aquí, porque todavía estoy atado aquí, pero no puedo llevarte de regreso a la Tierra.

—No, —dijo Naruto, sacudiendo la cabeza.

—Tú eras el único que me ataba, y ya no estás allí. Yo... esperaba que estuvieras complacido, a pesar de perder a Hinata. Era la única forma de salvarte.

Perder a Hinata.

Perder.

Hinata.

No.

Nunca.

La necesitaba.

Tenía que tenerla.

—No tengo nada sin ella. Estoy obligado a ella, a la Tierra. Debería ser capaz de viajar a ella.

Los hombros de Kurama cayeron.

—No puedes. Lo siento, Naruto. Yo realmente no puedo.

Continuará...