Esper sonrió desafiantemente a sus dos nuevos oponentes. Estas competiciones eran el escenario ideal para la joven, un entorno en el que ella podía dar todo de sí sin reglas sin sentido que la detuvieran. Cualquier mediocre sin ambición podría acusarla de ir demasiado lejos, pero nada iba a interponerse en su camino.

Sus manos se rodearon de su elemento y chispas de color índigo comenzaron a saltar desde ellas. Fijó la mirada en el muchacho de negro. Ella había tomado su decisión: él iba a ser el primero en caer. Así sería todavía más dulce su victoria sobre esa otra muchacha de planta.

Inmediatamente se movió en dirección del oponente de sombra, quien reaccionó escondiéndose en su portal. Qué típico, pensó ella. Cualquier elemental de sombra podía crear portales para así desaparecer y reaparecer detrás del oponente casi en el acto, Esper anticipó esto. Iba a mostrarle a ese insensato quién merecía ganar el torneo y cargó un ataque de nivel 1 en su puño izquierdo.

—¡No voy a caer en esa! —ella gritó conforme se giró para el contraataque.

—Sí, sí caíste —Esper escuchó y, antes de que ella pudiera reaccionar, la otra oponente había conseguido frenar su ataque convirtiendo sus brazos en lianas y sujetándola por sus antebrazos. Esta técnica efectivamente había dado suficiente margen para que el chico de negro reapareciera al lado de ella y que su puño cubierto en sombras conectara con su mejilla.

¡Pum!

Debido a la fuerza del ataque, Esper retrocedió un poco, pero mantuvo el equilibrio. No iba a dejar que nada la hiciera caer, especialmente no un golpe tan bajo como ese. Miró fijamente a ambos rivales y se acarició la mejilla. Sintió un poco de sangre en su boca, la cual escupió.

—Nada mal, niñato. Pero vas a tener que pegarme más fuerte la próxima vez —una sonrisa todavía más amplia se formó en su rostro. Efectivamente ese golpe había sido una señal de guerra clara. Con sus puños nuevamente imbuidos en chispas añil, preparó un nuevo ataque, esta vez dirigido a Espika. Acto seguido, corrió hacia la peliverde; iba a tener su merecido por haberla detenido de esa forma. Odiaba que se burlaran de ella así.

En respuesta a ello, numerosas raíces crecieron por encima de la tierra. ¿En serio esta era su forma de frenarla? Uno de los muchos fuertes de Esper era su habilidad acrobática. Esto no era más que un obstáculo insignificante para ella, quien saltó por encima y se aproximó a su oponente. Había todavía más raíces surgiendo del suelo, y el chico de sombra, irónicamente, brillaba por su ausencia. La estupidez de los otros participantes de la prueba no paraba de sorprenderla, debía al menos admitirlo.

Desde las sombras proyectadas por las raíces del suelo, salió el otro chico, nuevamente con puños imbuidos en su elemento. Esper solo sonrió en respuesta. Era obvio que ninguno de los dos daba suficiente crédito a su inteligencia. Ah, cómo iba a disfrutar esto.

Con un grito, Esper generó un rayo añil cerca del muchacho. El ataque conectó con él e hizo que su sudadera comenzara a derretirse y a arder, obligándole a quitársela. Debajo de ella, llevaba una camiseta negra de mangas cortas con un cráneo caricaturesco con ojos saltones y una lengua fuera.

—¡¿Pero esto es fuego?! —él preguntó gritando. Esper sonrió todavía más y corrió hacia la otra rival.

—¡Toma esto! —Esper gritó, preparando un puño de nivel 1.

—¡Espika! —el rival de sombra advirtió a su compañera.

Esper notó como Espika la miraba con expresión furiosa y estiraba uno de sus brazos, convertido en liana, alrededor de la rama alta de un árbol cercano. La peliverde saltó y dio una vuelta, con el aparente objetivo de darle una patada en la cabeza a Esper. La muchacha de las coletas no pudo evitar reírse al ver esto.

—¡Tonta! —gritó Esper, defendiéndose con sus puños de nivel 1. La espinilla de Espika contactó con el elemento, provocando que ella cayera gritando al suelo. En ese momento, le quedó claro lo que ocurría si algo contactaba el elemento de Esper: la parte superior de la bota derecha de Espika se había derretido casi en su totalidad, dejando lo que parecía ser una quemadura de segundo grado desde la espinilla hasta el tobillo.

El otro oponente corrió hacia Esper con una hoz en cada mano. Había conseguido provocarlo y se enorgullecía por ello, pues esto era prácticamente una medalla de honor para Esper en combate. Manteniendo la calma, evadió el ataque y, valiéndose de sus habilidades acrobáticas, saltó y le dio una patada en la parte trasera de su cabeza. Esto consiguió tirarlo al suelo, aparentemente dejándolo inconsciente, ya que no consiguió levantarse tras el impacto.

—¿Qué? ¿Os rendís ya? Había de suponerlo, ni dos de vosotros podéis con alguien como yo— Esper sonrió conforme su mirada conectaba con la de Espika, quien la miró con horror en vista de lo que estaba pasando, y se acercó lentamente hacia ella. La pelea, según el juicio de Esper, había terminado—. Es hora de reclamar mi premio.


Kerket y Souji continuaron su trayecto hacia las arenas movedizas, donde presuntamente se encontraba el tótem que permitiría a la joven pasar de ronda. Ambos siguieron hasta estar muy cerca de su destino, un área amplia donde no había casi árboles.

Souji señaló al centro del inmenso claro.

—Ahí hay un tótem.

Kerket alzó una ceja en respuesta y lo miró de forma escéptica.

—¿Mm? ¿Cómo puedes saber tú eso? —ella preguntó. No podía quitarse la sospecha de que podría tratarse de una trampa que le tendía el peliazul. Era sabio no fiarse ni de la sombra propia en este tipo de competiciones y no tendría mucho sentido ayudar a un rival a conseguir un pase a la siguiente ronda, no al menos sin algo a cambio.

Recibió una mirada confusa del chico, quien giró su cabeza, como si estuviera intentando entender por qué había hecho esa pregunta. Quizá era de esos quienes tomaban confianza con relativa rapidez.

—No sé… siento que debe estar aquí. Es como afinidad con mi elemento.

—Ajá —Kerket contestó cruzando los brazos. Había algo de esta situación que no le gustaba, por lo que le era difícil fiarse de Souji. Sabía muy poco del otro elemental, aparte de lo que presenció del combate que había tenido contra el dúo de elementales de papel y de rayo, por lo que decidió indagar un poco más—. Hablando de eso, ¿cuál es tu elemento? No parece ser algo que haya visto antes.

Kerket notó que su interlocutor estaba desconcertado. Se preguntaba si era porque, de hecho, el otro chico le estaba tendiendo una trampa, o simplemente porque su comportamiento distante era algo que le incomodaba.

—So… soy… —Souji titubeó—. Bueno, no hay palabra en nuestro idioma para mi elemento. Puedo controlar cualquier tipo de materia viscosa. Mi… mi profesora decía que, en un idioma antiguo, mi elemento era conocido con un nombre particular…

Souji miró al suelo y luego a los ojos de Kerket:

—Slime. Así que supongo que soy elemental de slime.

Kerket se quedó mirándolo. No estaba familiarizada para nada con ese elemento:

—Interesante —solo pudo contestar.

Souji retiró la mirada de Kerket y sonrió para sí. Una única pregunta escapó sus labios.

—¿Qué elemento eres?

Kerket mantuvo los brazos cruzados y levantó una ceja. No le gustaba mucho que le preguntaran sobre su elemento. Desde su experiencia, el racismo entre elementales era un asunto que la afectaba personalmente, y se sentía incómoda compartiendo su naturaleza elemental con el resto. Sin parpadear, contestó:

—Yo soy elemental de fuego.

—¡Oh, uno de los cuatro fundamentales! ¡Genial! —Souji no pudo ocultar su entusiasmo. En el reino de Shiho, era común categorizar a los elementos. Esto era algo que Kerket consideraba que era la base del racismo que existía en la sociedad del reino. Los cuatro elementos desde los cuales todos los demás derivaban —fuego, agua, tierra y aire— eran considerados los más «importantes» y, precisamente, quienes más discriminaban contra otros elementales eran los usuarios de estos.

Existía un rechazo particularmente marcado hacia adeptos de elementos como el virus, los mocos o las heces, mientras que los de fuego y de agua solían ocupar puestos de prestigio en todo el reino. No obstante, se decía que ya no existían elementales de tierra y de aire en el reino, aunque sí derivados como elementales de planta, roca, rayo o vapor.

En cierta forma, tener un elemento «base» ayudaba a controlar derivados con suficiente práctica: un elemental de agua podría, en teoría, aprender a manipular hielo con años de entrenamiento; de la misma forma, un elemental de planta —en sí un derivado de la tierra— sería capaz de dominar elementos descendientes del mismo como la madera o el virus.

Según la lógica anterior, varios teorizaban de un llamado «elemento maestro» del cual todos los demás originaban y cuya existencia no ha sido ni confirmada ni desmentida por los investigadores eminentes del reino. De existir algún usuario de este elemento, podría ser capaz de controlar todos los elementos en la existencia. Kerket se preguntaba ocasionalmente qué pasaría de ser así el caso, pero parte de ella sabía que dicho individuo sólo encontraría odio y personas dispuestas a acabar con su vida por verlo como una amenaza. Las cosas por desgracia eran a veces así.

—Bueno —Souji interrumpió sus pensamientos. Kerket notó cómo dirigía su mirada a las arenas movedizas— normalmente es muy difícil llegar al centro para conseguir el tótem. Pero…

Los ojos de Kerket se clavaron en los de Souji.

—Para mí no es ningún problema —sonrió el joven de pelo azul—. Puedo ir allá y darte el tótem. Así ambos estaremos más cerca de realizar nuestros sueños.

Estas palabras hicieron saltar las alarmas de Kerket. Por mucho que intentara pensarlo, no encontraba ninguna explicación lógica a por qué alguien que acababa de conocerla hace nada quisiera ayudarla sin pedir algo a cambio. Manteniendo su escepticismo, alzó nuevamente su ceja y contestó:

—¿Tú? —lo señaló—. ¿En serio harías eso por mí? —esta vez se señaló a sí misma—. ¿Pero por qué? Sigo siendo tu rival en la competición.

Souji apartó la mirada nuevamente y miró al suelo.

—Si puedo hacer a una persona feliz, no importa nada más. Creo que debemos dejar nuestra huella en los corazones de otros, aunque terminen solo siendo desconocidos—. Una risa amistosa escapó de sus labios—. Además, si pasas de ronda, quiere decir que nos volveremos a ver algún día.

Kerket se vio incapaz de decir nada más ante esto. No sabía qué era, pero algo en ella le decía que podía confiar en este muchacho, parecía ser sincero y transparente. Creía sentir que su cara estaba ruborizada, pero esperaba que Souji no lo notara. Era algo demasiado raro para ella. Después de todo, ella no era el tipo de persona a quien le gustaba salir y hablar con todo aquel con el que se encontrara, por lo que aparte de Esper, no tenía más gente a quien llamar amigos.

Después de unos segundos intentando pensar en qué contestar, suspiró suavemente y sonrió un poco mirando a un lado.

—Si dices la verdad… Eres demasiado bueno para este mundo podrido.

Kerket vio por el rabillo del ojo que Souji le ofrecía una sonrisa un tanto melancólica.

—Mi… hermano suele decirme eso. Dice que de bueno peco de tonto y que la vida terminará por llevarme por delante. Pero tengo fe de que hay gente con buenos corazones ahí fuera y… llámame ingenuo, pero siento que tienes un corazón de oro. No sé por qué, pero así lo siento. Por eso quiero ofrecerte mi ayuda.

Kerket giró su cabeza para mirarlo, manteniendo sus brazos cruzados, pero cambiando su expresión a una de tristeza.

—A tu hermano no le falta razón, hay bastante gente horrible en este mundo—. Esto era algo que a Kerket le dolía particularmente, le traía recuerdos que no quería revivir en plena competición—. Pero… eso no significa que sea todo lo que hay, la gente como tú es realmente un soplo de aire fresco, la verdad.

A Kerket no le gustaba ver al muchacho tan triste, pero no sabía qué más podía decir en semejante situación.

—Y gracias, pero… Yo no estaría tan segura de que tenga un buen corazón. No soy ningún ángel, te lo aseguro.

Souji la miró consternado. Kerket observó por un momento lo que parecía ser tristeza profunda en sus ojos.

—Pero todos merecemos redención. Puede que tu pasado te haya forzado a ser cruel, pero tu yo futura no tiene que ser así. Sea por lo que sea que estés pasando, tendrás siempre a gente que te querrá pese a tus defectos. Al menos eso es lo que me dice mi madre—. Souji sonrió al decir esto último—. Así que no te digas esas cosas, eres más de lo que piensas.

Kerket se quedó en silencio unos segundos. Por primera vez se vio incapaz de apartar la mirada del otro. Si antes no sabía qué decir, ahora estaba completamente perdida. Solo pudo murmurar, finalmente moviendo su mirada al suelo.

—Tu madre es una mujer sabia, ya veo de dónde lo ha sacado el hijo…

Souji continuó ofreciendo su sonrisa.

—Puedes confiar en mí. Lo primero que debemos hacer es…

Un sonido a distancia llamó la atención de ambos.

—¡Cuidado! —Souji gritó. Dos manos se formaron desde las arenas movedizas con la aparente intención de golpear a ambos. Kerket y Souji consiguieron reaccionar a tiempo; mientras Kerket cubría sus puños en llamas, Souji transformaba sus brazos en la materia viscosa que antes había llamado «slime».

—Me estaba aburriendo un poco de vuestra charlita, por muy importante que fuera —a un lado de la arena movediza, se acercaba una mujer algo mayor que ambos que llevaba una capa ocre, pantalones negros y botas marrones. Su pelo marrón oscuro estaba recogido en dos pequeñas coletas y sus ojos, igualmente de color marrón, se fijaron en ambos. Varios látigos de lodo surgieron desde las arenas movedizas y se agitaron detrás de ella.

—Ese tótem me pertenece— la mujer de pelo marrón sonrió de forma condescendiente.

Ambos elementales se prepararon para la siguiente lucha de la jornada.