Segunda parte. Conócela


Por supuesto, el viaje de regreso estuvo lleno de burlas que Sawamura no entendió y que Kuramochi trató de apagar con amenazas de muerte. No obstante, aunque se quejara y se cruzara de brazos, Haruichi podía ver una pequeña sonrisa de felicidad. Con eso le bastaba.

Durante esa primera semana, Kuramochi llegaba de los baños a mirar su celular. Tras no ver nada, encendía la televisión y conectaba la PlayStation. Cuando se sentía frustrado, tomaba a Asada como víctima y lo obligaba a jugar con él; para su sorpresa, el pitcher resultó ser un gran contrincante.

El viernes por la tarde, cuando estaban terminando de empacar las cosas para ir al hotel más cercano al estadio Koshien, en Nishinomiya, su celular vibró. Kuramochi al principio creyó que se trataría de su abuelo o de su madre, mas cuando vio el remitente, dejó caer la maleta y se sentó en la cama, emocionado.

«¡Mucha suerte en el partido, Kuramochi-san! Estaremos apoyándolos desde aquí. Siento no poder ir, pero estaremos con ustedes.»

Kuramochi no pudo evitar sonreír. Pensó en las palabras correctas para responder y mandó el mensaje.

«Nos sentimos preparados, podremos hacerlo, ¡hyaja! ¿Te has sentido mejor? No he recibido nada tuyo.»

Apenas estaba cerrando su maleta cuando su celular vibró de nuevo. Se colgó la mochila en los hombros y caminó hacia el camión. Miyuki podría no molestarse por su tardanza, pero Zono exageraría las cosas, como siempre lo hacía.

«En realidad es el primer tiempo libre que tengo. Mamá me quiso enseñar a hacer pasteles y es lo que he estado haciendo todo el día. Es una actividad de provecho que me ha mantenido en casa; aún no me atrevo a salir sin compañía.»

«Así que pasteles… Miyuki dice que cocinar puede ser muy relajante, ¿te ha parecido así?»

Kuramochi llegó al camión y arrojó su maleta junto a las demás. No le sorprendió ver que Miyuki se burlaba de Furuya, Haruichi y Sawamura por hacer honor a su ya tradición de abordar tarde. Esa distracción ayudó a Kuramochi a subir sin ninguna burla. Se sentó a un lado de una ventana y sacó de nuevo su teléfono. Sonrió al ver un uno en el ícono de mensajes.

«Puede ser estresante, ¿sabes? Si no agrego un ingrediente en el momento adecuado, todo puede volverse un desastre.»

«Mñeh, supongo que Miyuki lo decía porque es un charlatán.»

Minutos después, el equipo de Seidou comenzó su viaje hacia el Koshien. Pero Kuramochi Youichi continuó tecleando respuestas en su celular, casi olvidando qué era lo que hacía ahí.

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Bajo la supervisión de Kataoka y la dirección de Miyuki, Seidou ganó los primeros tres partidos casi sin problemas. Su cuarto oponente fue el ganador del Koshien anterior; por lo que las cosas se complicaron. Al final, la victoria se obtuvo con una ventaja mínima de una carrera. Sawamura se sentía cansado, estresado, sentía que el partido pudo habérsele resbalado. Quiso estar solo hasta la cena. Kuramochi sabía que ésa era una de las tácticas que había desarrollado para pensar con la cabeza fría.

Esa tarde, Kuramochi habló con Wakana y le dijo sobre Sawamura. No había nada de qué preocuparse, él estaría bien; pero quería mostrarle que en un futuro, ella podría encontrar su propio método para no caer. Wakana agradeció y le habló de los chocolates hechos en casa: esa actividad le parecía relajante. Tal vez, después de todo, Miyuki sí tenía razón.

Seidou consiguió llegar a la final. Todos estaban cansados, sentían que apenas podían dar un esfuerzo más. Wakana percibió en lo simple de las respuestas de Kuramochi, que el Koshien los estaba acabando. Algo había leído acerca del estrés en el que se metían los chicos que participaban en este evento. Sawamura no le había respondido el mensaje: lo más probable era que se hubiera quedado dormido.

El abuelo ya tenía preparados los boletos para el partido, pero ella no les había dicho nada a Sawamura o a Kuramochi: había querido que fuera una sorpresa. No obstante, creía que podía mejorar la sorpresa si llevaba bocadillos no sólo para ellos…

¿Tendría suficiente harina para…?

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El viaje al estadio Koshien no fue largo; al contrario, los muchachos sintieron que apenas tuvieron tiempo para asimilar que en pocos minutos jugarían la final del torneo nacional. Sin importar qué sucediera, ese día sería inolvidable para cada uno de ellos. ¿Cómo podían no estar nerviosos?

Al bajar del autobús, se encontraron con una multitud que los recibía con vítores y felicitaciones, con muestras de confianza y fuertes aplausos. Por supuesto, ellos agradecieron y Miyuki prometió que darían su mejor esfuerzo.

Estaban dirigiéndose a la entrada del campo cuando de entre el público emergió un grito conocido hacia Sawamura. El as y el parador en corto se detuvieron tras reconocer a los chicos de Nagano.

—¡Wakana, Aiko, Nobu! —gritó Sawamura.

Los muchachos y la familia del pitcher se abrieron paso hacia ellos. La emotiva escena de los padres de Eijun hablándole y felicitándolo provocó que el resto de Seidou se detuviera. Kuramochi permanecía a una distancia considerable para no incomodarlos, aunque varias veces había posado su mirada en Wakana. Se veía un poco ojerosa; parecía que la noche anterior había tenido pesadillas.

Kuramochi suspiró y alejó su atención de ellos. Wakana lo notó y abrió su mochila.

—Ei-chan, les he traído un regalo —dijo mientras sacaba unas cajas de cartón.

Enseguida, el resto de Seidou se acercó con curiosidad. Sawamura fue el primero en mirar el contenido de aquellas cajas.

—¡Mi galleta, mi galleta, yo soy el número uno! ¡Osh, osh, osh!

—¿Galletas? ¿Hay una para mí?

—¡Alguien páseme la galleta con el número tres!

—¡Eh, Okumura, ésa es la mía! ¡Yo soy el número dos!

—Yo quiero la galleta número uno…

—¿No creen que la galleta de Haruichi es más pequeña que la de los demás?

—¡Hyaja, es verdad, Haruichi!

—Boss! ¡También hay una para usted!

—Si Masuko-senpai hubiera estado aquí, se habría comido las galletas de todos.

—Eso sin duda.

—Está más o menos rica.

—¡¿Ya te la comiste, Miyuki?!

—¿Eh? ¿Qué no era para eso?

Wakana miró a los talentosos chicos a su alrededor. Todos parecían haber recobrado la sonrisa y la emotividad con la que iniciaron el torneo. Ella entendía que una galleta no les quitaría el agotamiento, pero creyó que podía tener un efecto positivo. La expresión de Kuramochi había cambiado radicalmente: se veía muy diferente cuando reía. Le gustaba más verlo de esa forma que molesto o preocupado.

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Los contrincantes habían librado una batalla difícil para llegar ahí, al igual que Seidou, y, en realidad, era su primer Koshien en nueve años. Se decían muchas cosas del equipo: el mánager era un ex jugador profesional que ya no pudo recuperarse de una lesión en el codo. Su estrella era un chico de primero que contaba con una gama amplia de lanzamientos, y su cuarto en el orden era un muchacho alto que se comportaba como un líder a pesar de que el capitán era el jardinero izquierdo y sexto en el orden. Las personalidades de los jugadores no se destacaban como las de los jugadores de Seidou. Los rumores decían que su mayor inspiración era un chico de tercer año al que lo habían diagnosticado una enfermedad terminal.

Kataoka se encargó de que su equipo no supiera eso o podrían sugestionarse. Por supuesto, era noble lo que el otro equipo quería conseguir; mas la mejor forma de mostrar sus deseos y fortalezas era jugando y derrotando al oponente.

Durante la primera mitad del juego, Seidou anotó dos carreras, mientras que Yura anotó sólo una. Los aficionados de Seidou gritaban alegres, mientras que los de Yura los animaban a no rendirse.

—Su fuerte es la segunda mitad, así que no debemos permitir que lean nuestros patrones —dijo Kataoka al término de la cuarta entrada. Su mirada se posó en la de Takuma y éste sonrió— Es hora de cambiar de estilo.

Para sorpresa de todo el estadio, al inicio de la quinta entrada, se anunciaron cinco cambios: Takuma Seto por Kominato Haruichi, Okumura Koushuu por Miyuki Kazuya, Sawamura Eijun por Furuya Satoru, Yuuki Masashi por Shirasu Kenjirou y Kanemaru Shinji por Higasa Shouji. Por supuesto, estos cambios solo generaron una mayor expectativa: Kataoka nunca había sido tan agresivo.

—Lleguemos hasta el final, senpai —dijo Okumura una vez se reunió el cuadro en el montículo.

—Jé, no pienso irme de aquí, Okumura.

—¿No es esto excitante? —cuestionó Takuma, sonriente.

—Será mejor que no permitan que ninguna pelota salga del cuadro. Desháganse de todo aquél que intervenga —advirtió Kuramochi.

Sawamura rió.

—¡Las pelotas saldrán volando! ¡Gracias de antemano por atraparlas! —gritó. Kuramochi lo pateó y Kanemaru golpeó su cabeza.

—No sea ruidoso, senpai, o no lo tomarán en serio. —Lo regañó Okumura mientras él se sobaba el trasero.

—Nada de eso, soy el as. ¡Respétenme! —exigió.

—Encárgate de los siguientes tres y tal vez comience a respetarte —contestó Kuramochi— ¡Vamos!

Wakana y los demás miraron con atención cada uno de los lanzamientos de Sawamura. Su amigo había madurado mucho, había mejorado mucho, y ahora tenía todo un grupo de seguidores que respondían a sus extraños gritos. Él era la sorpresa que nadie esperaba; era al mismo tiempo, la esperanza de Seidou. Y ellos podían verlo: Sawamura confiaba en sus compañeros, confiaba en ellos sin importar su edad o su posición: Sawamura sabía desaparecer inseguridades y crear un lazo de confianza. Él era el perfecto as para ese equipo.

Yura trató de resistirse a los lanzamientos de Sawamura y abanicaron sólo en los lanzamientos buenos. No eran idiotas: sabían qué era lo que querían lograr con todos esos cambios, sabían lo que estaban arriesgando. No permitirían que vencerlos fuera tan sencillo.

Con dos ponches y una rola a segunda, la primera mitad de la quinta entrada terminó.

La rotación se repetía en esa entrada, por lo que Kuramochi ajustó sus guanteletas y observó al as de Yura, quien resopló, miró a las tribunas y se quitó el guante. Kuramochi observó con atención cómo el pitcher cambiaba su guante a la mano derecha.

—Imposible —musitó—. Eh, Miyuki, mira eso —dijo a sus espaldas, mas no fue necesario: toda la banca de Seidou se percató de ello.

—¡¿Q-qué es eso?! —preguntó Sawamura como si se tratara de un ovni.

—Es ambidiestro —dijo Zono.

—Eso no estaba en las grabaciones ni en los apuntes de Nabe —replicó Okumura.

—¡Fascinante! —exclamó Takuma, asombrado.

—Esto será interesante. Kuramochi, averigua qué tan bueno es con la izquierda —dijo Miyuki, sin siquiera parpadear.

—Es una buena estrategia para confundirlos—intervino Kataoka—, pero no permitan que eso los sugestione. Si lo escondieron fue porque quizá no era una buena estrategia. Averígüenlo y sigan adelante. Confíen en su béisbol.

—¡Sí!

Kataoka lo sabía: más de la mitad del equipo que había mandado al campo era de primero, era fácil creer que podrían asustarlos. Sin embargo, también sabía qué clase de jugadores tenía. Todos ellos destacaban por un buen bateo y una excelente visión para lanzamientos adecuados. Por si fuera poco, ahora tenía a dos grandes corredores en los primeros turnos al bat. No quería presumir, pero no podía imaginar que todos ellos se derrumbaran en ese momento.

Kuramochi miró al pitcher de primero. Su mirada era honesta, parecía un buen chico, uno de ésos que agradaban a todos; mas no se dejaría engañar. Era su último partido en Seidou, era su última aportación para Sawamura, para devolverle todo el bien que le había traído al equipo; no podría defraudarlo. Le daría toda la ventaja que merecía.

El pitcher lanzó y Kuramochi miró la pelota. Dos noches atrás, Haruichi lo había ayudado a entrenar su bateo. Parecía imposible, pero ese pequeño de segundo le había enseñado muchas cosas, le había mostrado cómo mirar la pelota sin ningún error, sin ningún temor.

Sonrió.

El sonido seco del bat chocando con la pelota provocó que los aficionados se levantaran a celebrar. La pelota no había salido del campo, mas sí había caído en una zona difícil. Kuramochi rió mientras doblaba por la primera base y corría hacia la segunda. Lo sabía, su jardinero derecho era muy bueno, pero tenía confianza en sus piernas. Barrido, y con un segundo de ventaja, llegó a la segunda.

La sonrisa de Kataoka se ensanchó mientras veía a los chicos de tercero festejar. Ése sería un grandioso partido final para ellos.

—¡Vamos, Taku! —gritó Okumura, para sorpresa de todos. Miyuki rió a su lado y pasó un brazo por sus hombros.

—¿Entiendes ahora lo que esto significa?

De inmediato, cual reacción alérgica, Koushuu gruñó.

La estrategia de Yura fue difícil de combatir, a pesar del triunfo de Kuramochi. Takuma consiguió avanzar a Kuramochi y llegar a primera, pero un mal batazo de Zono provocó que usaran la ruta 6-4-3 para conseguir dos outs.

—¿Está bien que yo sea el cuarto en el orden, entrenador? —Había preguntado Koushuu la noche anterior.

Para nadie era un secreto que Yuki Masashi poseía el mayor contacto de todos los de primero y la mayor potencia. No obstante…

—Tengo la intención de dejarte a ti la titularidad en cuanto Miyuki se retire, Okumura, pero deberás demostrarme que tu bateo lo vale. —Comenzó Kataoka— Además, no voy a permitir que Sawamura cargue con la responsabilidad él solo. Ya lo dije: será su deber hacer que Sawamura lance sin preocupaciones, y tú, Okumura, tendrás la mayor responsabilidad. Muéstrame qué es lo que tienes, y el número dos será tuyo en cuanto termine el partido.

Miyuki había escuchado esas palabras sin estar seguro de que eso fuera lo correcto. Él mejor que nadie era consciente de que Okumura solía ser arrogante y necio respecto a lo que deseaba, sabía que varias veces había cuestionado la autoridad de Kataoka y de los senpai. Mas consideraba que dejarle una responsabilidad tan importante era demasiado. Podría estar arriesgando el esfuerzo de los demás.

Okumura dejó pasar el primer lanzamiento. Las manos de Sawamura permanecían aferradas al barandal del dugout, su expresión denotaba angustia.

—¡Mira bien la pelota, Koushuu! —gritó Asada desde las gradas. Enseguida, más voces en tribunas se unieron. Miyuki miró a su alrededor y encontró a chicos de primero y segundo que miraban con ansias. No lo entendía.

—¡Tú puedes, chico lobo!

—¡Trae a Kuramochi-senpai!

—¡Demuéstrales quién eres, Koushuu!

Zono también observó lo que ocurría, y sonrió. Por supuesto, él sí lo entendió.

El segundo lanzamiento resultó en un foul a las gradas. Koushuu se apartó un momento de la caja de bateo y cerró los ojos.

—¡No te presiones, Okumura! —exclamó Kanemaru, a un lado de Sawamura.

—¡Lo harás bien! —gritó Haruichi.

Los gritos en gradas incrementaron. Koushuu se colocó en posición. Su espalda se veía tensa.

—¡Confía en ti, como siempre lo has hecho!

—¡Koushuu!

—¿Qué es lo que ocurre? —cuestionó Miyuki, detrás de la pequeña multitud que se había arremolinado en el barandal.

Nori, a su izquierda, se alzó de hombros.

—Es sólo que están agradecidos con él y temen que no consiga lo que tanto ha deseado. Incluso su rival, Yui, lo está apoyando.

Miyuki lo miró, sin entender.

—¿Agradecidos? ¿Por qué?

Podía entenderlo de Sawamura, él había traído risas, esperanza y sueños al equipo. Sus méritos habían sido consecuencia de sus esfuerzos y eso todos lo veían, pero Okumura…

—Él no es un chico como tú, Kazuya, o como Narumiya. Koushuu es más como Sawamura, un chico con un talento que necesita desarrollarse poco a poco, pero que no se rinde. Muchos aquí creen que es imposible llegar al primer equipo o tener una titularidad; yo nunca conseguí el número que Sawamura hoy carga, pero me siento feliz por todo lo que aprendí gracias a él.

«Okumura no siempre fue el más carismático de todos, pero siempre se ocupó de darle su lugar a quien lo merecía, de mostrar que sin importar quién estuviera en la titularidad, podía alcanzarlo. Okumura no entró a Seidou con la intención de ser el titular, a diferencia de Sawamura quien siempre tuvo la intención de ser el as. Okumura entró a Seidou como la mayoría de nosotros, con el deseo de aprender, de observar, de explorar. Y aunque muchos de nosotros permanecemos en esa línea y nos esforzamos hasta donde nuestras energías lo permiten, él nunca agachó la mirada y siempre buscó abrir una puerta más. Se enfrentó a su senpai, se enfrentó a ti, el capitán, y se enfrentó incluso al entrenador. Okumura no permitió que nada ni nadie le dijera que era suficiente, que debía atenerse a las reglas.»

«Quizá tenga una personalidad muy distinta a la de Sawamura, pero creo que ahora él también representa todo eso que Sawamura nos enseñó. Por eso lo respetan, lo admiran y desean, al igual que nosotros deseábamos que Sawamura fuera el as, que consiga tu titularidad.»

Miyuki siguió observando a Nori hasta que el clásico sonido de un batazo largo lo obligó a mirar el campo. Koushuu había soltado el bat y corría con fuerza a primera base, mientras Kuramochi pisaba la tercera y se dirigía a home. Kazuya observó a sus compañeros, a Sawamura, a Haruichi, a Furuya. Con diferentes expresiones, los tres mostraron la emoción del partido. Observó también a Shirasu, a Higasa y a Maezono; el orgullo y la felicidad rebosaba en sus sonrisas. Finalmente, observó a los de primero: todos ellos reían y festejaban como si se hubiera tratado de un jonrón.

Luego miró a Kuramochi, quien se levantaba seguro de home. Llegó con los brazos alzados y fue recibido por la multitud en el barandal. Koushuu, entonces, se quitó la gorra desde primera base y agradeció.

Miyuki bajó el rostro y una risa emergió desde su garganta. Qué divertido era el béisbol…

Yuuki consiguió avanzar a Okumura a tercera base, pero Kanemaru fue dominado por el pitcher.

Y a pesar de que apenas comenzaría la sexta entrada, Sawamura, Takuma, Haruichi y Kuramochi salieron a recibir a Okumura. Yui tomó el equipo de cátcher y se apresuró a la salida, pero Miyuki lo detuvo.

—Yo iré, tengo que darle algo más.

Okumura estaba respondiendo a uno de los absurdos comentarios de Sawamura cuando sintió una mano sobre su hombro. Al voltear, se encontró con Miyuki y su desagradable sonrisa arrogante. Pero esta vez, los ojos de Okumura se fijaron en lo que llevaba en las manos. No sólo era el equipo de cátcher, también era…

—Así que te rindes, Miyuki —comentó Kuramochi, burlón.

—Digamos que ya no la voy a necesitar. Y lo ha demostrado, merece usarla.

—Senpai, ¿no tiene mucho sudor? —cuestionó Okumura. Sawamura rió y tomó la jersey que Miyuki ofrecía y la olió.

—¡No huele a nada, Okumura! ¡Ahora póntela!

—¿Estás seguro de que no huele a él?

—¡Muy seguro!... Espera, ¿cómo que a él? ¡Sólo póntela, chico lobo!

—¡Hyaja, creo que acaba de decir que hueles mal, Miyuki! —Se burló Kuramochi. Miyuki rió antes de hincarse para colocar los arreos en Okumura.

—Aquí están sus guantes —dijo Furuya con los brazos llenos. Miyuki agradeció la privacidad cuando lo dejaron solo con el nuevo cátcher.

—Por supuesto esto no es oficial, pero el entrenador ya no puede castigarme por darte la jersey. —Comenzó al tiempo que Okumura dejaba caer la camiseta con el número 18.

—Lo sé.

—Pero quería que lo probaras. Creo que no te hubiera agradado esperar tanto tiempo para tenerlo en tu espalda. —Okumura no respondió y abrochó el último botón.

Miyuki se levantó y miró su rostro llenó de confusión.

—A que tuviste miedo, ¿no es así?

Okumura se detuvo un momento mientras se fajaba la nueva jersey. Luego asintió.

—No sé si estoy preparado —admitió.

—Probablemente no, pero eso está bien. Nadie está preparado para esto. Sólo necesitas confiar en el guante y en tu pitcher; eso ya lo sabes.

—Sí.

Miyuki le ofreció el peto para que metiera los brazos en los agujeros correspondientes y luego se dio la vuelta para abrochar la última parte del equipo de protección.

—Todos confían en ti. No tengas miedo, ellos también te protegerán. Siempre lo hacen. —Terminó y palmeó su hombro— Llévalos a la victoria, Okumura.

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Lo que ocurrió después fue algo que nadie olvidó. Los equipos, ambos llenos de anhelos y esfuerzo, fueron impenetrables. Takuma consiguió atrapar un batazo que parecía imposible y Sawamura consiguió cinco ponches seguidos. Los infilders de Yura, sin embargo, no permitieron que nadie tocara la primera base siquiera. El as, a pesar de sudar bastante, continuó con su labor hasta la octava entrada. La gente en tribunas le aplaudió.

Wakana apenas podía creer todo lo que estaba sucediendo en ese partido. Aún faltaban tres outs cuando ella ya estaba de pie, con las manos entrelazadas y una lágrima resbalando sobre su mejilla.

Nadie ponía en duda el talento y la fuerza de Yura. Nadie se iría de ese estadio sin saber que era un equipo que merecía un premio más grande, un reconocimiento nacional.

Seidou había ganado, al final, Sawamura lanzó la última pelota a primera base y Zono le sonrió. Nadie en el campo se movió hasta pasados unos segundos. Kanemaru fue el primero en arrojar el guante y la gorra para correr hacia Sawamura y arrojarse sobre él. Lo siguió Kuramochi, pero por primera vez Haruichi fue más rápido que él y llegó un segundo antes al as. Nadie pudo ver quién fue el cuarto jugador que se acercó al montículo, pues de repente hasta el cabello rubio de Okumura se distinguió.

Wakana volvió a llorar. Eijun lo había logrado. Era el campeón nacional.

El equipo de Yura se paró frente al dugout y aplaudió la victoria de Seidou. Por supuesto dolía, pero al menos les aliviaba que se tratara de un equipo tan unido como ése. Era un equipo único, lleno de confianza, de sueños y dirigido por grandiosos jugadores.

—Su amigo debe estar muy orgulloso de ustedes. ¡Gracias por hoy! —dijo Sawamura, quien ocultó lo que había escuchado cuando fue al baño antes del partido. El as de Yura sonrió y también agradeció.

Al salir del estadio, se vieron rodeados de reporteros y cámaras que buscaban la mejor toma. Nobu se paró de puntitas y los padres de Sawamura trataron de mover a los reporteros para poder llegar a su hijo. Esta vez, ni siquiera los gritos consiguieron llamar su atención.

Kuramochi sonrió a la multitud, esperando ver ese rostro familiar. Sostenía la pelota que el umpire les había permitido se la quedaran. Sabía que sería una falta de respeto obsequiar la pelota, pero quería mostrársela a ella, quería mostrarle que su apoyo también había influido en la victoria de ese día. Pero luego de diez minutos, Kataoka anunció que se retirarían y que podrían realizar entrevistas en los siguientes días, cuando su equipo ya hubiera descansado lo requerido.

Sawamura se despidió con su ya clásico grito y el resto de Seidou respondió de la misma forma.

—¿Crees que el "osh, osh, osh" llegue a remplazar el rugido de Seidou? —preguntó Miyuki entre risas.

Kuramochi rió y Wakana sonrió a pesar de no poder verlo.

—Espero que no. Eso nos quitaría honor.

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Esa noche, en el hotel, Kataoka consiguió que les prestaran el salón para realizar el festejo. Comida exquisita, postres casi desconocidos, anécdotas de años o meses anteriores, chistes nuevos, bromas hacia el capitán y unas cuantas lágrimas. Los mensajes y llamadas de felicitación llegaban a los celulares. Kuramochi ya había recibido la felicitación de su familia, por lo que no esperaba que volviera a sonar.

A las once, justo cuando salían del salón, Kuramochi hablaba con Zono y Miyuki sobre lo que significó para ellos el último partido con Seidou. Por supuesto, Zono no había dejado de llorar desde que alguien se lo recordó durante el banquete. Miyuki decía que había sido el juego más excitante y que estaba ansioso por jugar más y más en las ligas profesionales. Kuramochi hablaba de lo bien preparados que se veían los de primero, de lo bien que se habían desenvuelto en la segunda mitad del partido y de lo mucho que podrían mejorar.

Cuando Kuramochi llegó a su habitación, listo para dormirse, revisó una última vez su celular. Se ruborizó, apenado, al ver que a las diez y media le había llegado un mensaje y al diez para las once, una llamada.

«Wakana (1) (1)»

Nervioso, miró el reloj y se mordió el labio. Sí, ya era algo tarde, pero… ¿no existía la posibilidad de que siguiera despierta? ¿Y si era algo urgente? ¿Y si algo más había sucedido en el regreso a casa?

No lo pensó más y regresó la llamada. Tras el cuarto timbrazo, una voz apresurada respondió:

—¡Kuramochi-san!

—Sí, aquí estoy. ¿Pasó algo? ¿Estás bien? —inquirió apresurado.

—Sí, estoy bien, ¿y tú? Te oyes agitado. ¿Estabas haciendo algo importante? Ei-chan me dijo que ya había terminado la reunión, creí que…

—Sí, sí, sí. Pero creí que había pasado algo, nunca habías marcado a esta hora. Yo… ¿Me preocupé de más? ¡Maldición!

Wakana rió y Kuramochi dejó de maldecirse internamente para escuchar esa risa.

—Está bien, creo que lo merezco. Últimamente te he dado muchas preocupaciones, ¿verdad? No podía esperar que confiaras en que te llamaba para felicitarte por el triunfo de hoy, fue tu último juego ¿no es así? Jugaste muy bien, Kuramochi-san.

—¿Ah, sí? Quiero decir, sí, sí, gracias. Algo tenía que hacer, sobre todo cuando Miyuki fue remplazado. Yo soy el capitán cuando él no está, ¡hyaja!

—¿No te sentiste nervioso? ¿Qué tal los lanzamientos del as?

Kuramochi se recargó en el clóset y continuó hablando con Wakana hasta que escuchó a Sawamura abrir la puerta.

—Eh, debo irme. Sawamura ya está aquí. —Se excusó.

—Espera, Kuramochi-san. Ya no estarás en el club de béisbol, ¿cierto?

—N-no, ya no —respondió mientras Sawamura entraba riendo con Asada. En cuanto vieron a Kuramochi con el teléfono en la oreja, se sonrieron con complicidad.

—¡Quién es el que tiene novia ahora, Kuramochi-senpai? —exclamó Sawamura antes de reír.

—Sigue hablando y amanecerás muerto —advirtió.

Sawamura rió y Wakana hizo lo mismo cuando lo escuchó desde el otro lado de la llamada.

—No quería ocasionarte problemas, lo siento.

—Este idiota no necesita ayuda para causar problemas, descuida. ¿Querías preguntar algo más?

—Sí, en realidad quería saber si podremos seguir en contacto a pesar de eso. Tú me agradas, Kuramochi-san.

—¿Eh? —respondió completamente ruborizado. Asada y Sawamura rieron al ver esa expresión.

Kuramochi no perdió tiempo y empujó a Sawamura para salir de la habitación.

—Espera, ¿dijiste que te agrado? ¿Es en serio? —cuestionó sin creer en la suerte que había tenido en ese día.

—Sí, ¿qué tendría de raro? ¿Yo no te agrado?

—No, no, no, digo, sí, por supuesto. Sí. Sí, sí, tú, tú sí me agradas, Wakana —respondió justo antes de volverse a insultar en silencio. ¿Por qué tenía que avergonzarse de esa forma?

—Lo supuse, qué bueno que así sea.

—Eh, pero, ¿a qué te refieres con "agradar"?

Wakana tardó en responder. Parecía estarlo pensando. Y es que, ¿quién te cuestiona el significado de una palabra tan común? Era como si alguien le preguntara qué era el color amarillo.

—No lo sé… Supongo que no lo sé. Sólo quiero seguir en contacto contigo, Kuramochi-san. Me gustan estas llamadas y me gustan tus mensajes. Quiero seguir conociéndote. Me alegra que tú contestaras los mensajes para Ei-chan.

Kuramochi asintió y permaneció en silencio por unos segundos. Por supuesto, ella no se refería a que él le gustara ni mucho menos. Estaba bien; después de todo, hacía unas semanas había dicho desesperada que Sawamura le gustaba. Incluso él dudaría si ella le dijera en ese momento que le gustaba.

Sin embargo… su parte egoísta no quería ser la cueva donde ella fuera a llorar o se desahogara. Él quería ser honesto con ella a pesar de todo.

—El que ya no esté en el club de béisbol significa que tendré más tiempo libre. Tal vez deberíamos… Quiero invitarte a salir. —Soltó con la mano libre en la nuca. Lo que más deseaba en ese momento era que ninguno de sus molestos compañeros estuviera en el pasillo o que Sawamura y Asada lo hubieran escuchado a través de las paredes.

—¿Salir? ¿Quieres salir conmigo? —preguntó Wakana de inmediato. Su tono parecía un poco más agudo, lleno de sorpresa.

—Sí, descuida. No te estoy proponiendo algo mayor, también quiero conocerte; pero creo que podríamos intentar salir un día.

—Ah… —Kuramochi cerró los ojos. Idiota, lo había arruinado todo.

—Sé que es muy repentino, tal vez te sientes presionada por…

—No, no. Nada de eso. Solo estoy sorprendida, pero no me siento presionada. ¿Te molestaría venir a Nagano? Aún no me siento confiada en ir yo sola a algún lado, lo siento.

—¡¿Eh?! ¡¿Estás aceptando?! —cuestionó Kuramochi impresionado.

—Sí, así es. —Rió— Creo que es la mejor forma de conocernos. Nunca hemos conversado en persona, creo que ya es tiempo.

—Sí, ¿verdad? —respondió nervioso— Entonces hagámoslo. Eh… ¿el próximo sábado? No, espera, el entrenador dijo que probablemente tengamos entrevistas el próximo fin de semana. ¿Te parece en dos semanas? Creo que es el primer sábado del semestre…

—Sí. Te veré en la estación a las once, ¿está bien?

—¡Sí!

—Entonces nos vemos, Kuramochi-san. ¿Aún puedo mandarte mensajes?

—Sí, claro. ¡Hyaja! Yo le diré a Sawamura que no se meta.

—No lo golpees tan fuerte, por favor.

—No por esta semana. Prometido.

Wakana volvió a reír y después se despidió. Kuramochi asintió y esperó a que ella colgara. Su sonrisa no se borró ni siquiera cuando Sawamura y Asada lo molestaron respecto a su nueva novia. No se borró ni siquiera cuando Sawamura, a la mañana siguiente, reprodujo las expresiones de Kuramochi y el cómo huyó de la habitación con el rostro sonrojado. No se borró ni siquiera cuando Shirasu y Miyuki se burlaron de su pésima suerte con las chicas anteriores y ni siquiera cuando Sachiko se unió a las burlas y le pidió más detalles sobre la misteriosa chica.

Su sonrisa solo se incrementó cuando vio el primer mensaje de Wakana, el martes por la noche. Le enviaba una foto de una nueva receta que estaba probando y le pedía que le diera parte de la suerte que había tenido en el último partido. Kuramochi pasó una hora discutiendo con ella respecto a que eso no había sido suerte, sino talento. Sawamura recibió una patada cuando quiso robarle su celular.