Capítulo extra.
De esa Navidad tan especial, habían transcurrido más de cinco años. La luna estaba en lo alto, pero las nubes de lluvia no permitían su observación. El campo era iluminado por las múltiples lámparas en el estadio, mas la lluvia dificultaba la visión clara sobre el recorrido de la pelota en juego.
Los umpires habían decidido continuar con el partido a pesar de esas complicaciones. Era algo a lo que los profesionales ya debían estar acostumbrados. Algo que habían vivido desde, por lo menos, la preparatoria.
Sin embargo, el haberse acostumbrado no impedía que la pelota se quedara atascada en la tierra o que saltara a direcciones inesperadas. La suerte estaba en juego y los dos equipos luchaban por obtenerla.
El uniforme estaba nuevamente empapado y se pegaba al cuerpo de sus portadores, lo que los obligaba a, además de todo, soportar el frío de la lluvia. El escenario no era el mejor en cuanto a clima.
No obstante, cuando se juega el séptimo partido de la Serie de Japón, lo que menos importa es si la luna está visible esa noche o una terrible tormenta los ataca.
Kuramochi no había dejado de sonreír en esa novena entrada. Sentía el agua incluso en las calcetas y sabía que un paso en falso lo haría resbalar irremediablemente sobre la tierra. Pero no permitiría que un error suyo les costara el título nacional. No, no se había esforzado tanto para que una lluvia cualquiera se burlara en su cara.
No se dejaría vencer. Ni por la lluvia, ni por el temible bateador que reía a carcajadas, ni por su antiguo y respetable capitán de preparatoria.
Que se enteraran que Los Cazadores de Hokkaido poseían a los tres jugadores más veloces de la liga. Y daba la casualidad que los tres eran además una barrera en la defensa.
—Venga, Todoroki, pruébame, pruébame —musitó el campo corto, sintiendo en sus piernas el anhelo de correr, de cortar las esperanzas de Las Águilas de Rakkuten.
El pitcher era un extranjero que se especializaba en el lanzamiento submarino. Un pitcher más que prometedor, una joya, según las palabras de Miyuki Kazuya, quien ahora jugaba para Los Gigantes de Yomiuri. Un perfecto rival para el irreverente Todoroki Raichi.
Kuramochi aplaudió con el guante puesto y miró cómo el pitcher se preparaba para lanzar al tiempo que Raichi lanzaba una última carcajada. La bola salió disparada de la mano derecha del pitcher y Todoroki alzó la pierna. Kuramochi vio, por el rabillo del ojo, cómo Seto se adelantaba dos pasos, preparado para el doble play.
En la preparatoria, Takuma insistió en jugar tanto de segunda base como de parador en corto, a pesar de los gruñidos de su mejor amigo. Contrario a éste, Seto decía que el aprender a jugar más de una posición lo ayudaba a comprender el campo y el juego desde más de una perspectiva; como resultado, pudo desarrollarse en ambas posiciones sin problema alguno. Kataoka le permitía y solicitaba esos cambios porque era un bateador muy constante, y su velocidad le permitía formar una barrera a donde quiera que fuera. Haruichi más de una vez reconoció sentirse un poco intimidado por la habilidad de su kohai.
Y aunque el menor de los Kominato había sido firmado para el mismo equipo que Miyuki Kazuya, todavía sentía que Seto era un gran obstáculo para cualquier contrincante y una gran arma para cualquier aliado.
Un compañero que, por supuesto, Kuramochi respetaba y admiraba.
Él reconocía que cada combo entre segunda y short stop que formó era completamente diferente aunque se pudiera tratar de dos hermanos tan similares como lo eran Ryosuke y Haruichi. Pues mientras que con Ryosuke se respiraba un ambiente de poder, con Haruichi era seguridad y elegancia; y con Seto todo era velocidad y adrenalina. Todas esas sensaciones, por fortuna, le agradaban a Kuramochi.
El sonido del bate chocando con la pelota rezumbó en el estadio y Kuramochi corrió a la segunda base para esperar el lanzamiento de Takuma, quien, con una sonrisa emocionada, tomó la pelota y, sin perder tiempo, la lanzó justo al guante de Kuramochi. Con una enorme ventaja, la pelota llegó a primera base por un lanzamiento frenético de Youichi.
Seto dio un salto antes de echarse a correr hacia el pitcher que apenas entendía un poco de japonés. Kuramochi, igual de emocionado que su equipo, no se movió de la segunda base.
En su lugar, alzó la mirada hacia las gradas. Hacia esa zona donde sabía, donde sentía, estaba sentada ella. La encontró sin mucho esfuerzo.
Wakana todavía lucía su cabello corto, pero su rostro se había vuelto incluso más hermoso. Sus labios se curvaban en una sonrisa que, Kuramochi sabía, era sólo para él.
—¡Hyaja! —rio Youichi antes de alzar el puño— ¡Lo hicimos, Wakana, ganamos la final! —gritó, contagiado por la usual efusividad de Sawamura, quien por evidentes razones, seguía siendo un amigo muy cercano para el beisbolista.
...
La directiva del equipo les había pedido que asistieran a una reunión con el presidente del equipo. La cita era esa misma noche, por lo que todos los jugadores se apresuraron a bañarse y a ponerse lo más decente que encontrarán en sus casilleros. Kuramochi apenas pudo arreglarse el cabello antes de que Takuma lo arrastrara a la sala de conferencias donde los esperaría el presidente.
"Creo que tardaré una media hora más. Lo siento."
Kuramochi envió el mensaje a su contacto más habitual y esperó a que el presidente se acomodara la corbata para empezar con su aburrido discurso plano.
—¿De qué crees que sea la rifa esta vez, Youichi-san? —inquirió Seto a su lado— Yo espero una camioneta, ¿sabes?
Kuramochi rio.
—Sí, claro. Definitivamente necesitas un auto más grande para pasear con tus amigos y sus extras.
Seto, captando la broma, rio a su vez y comentó que tal vez Kuramochi querría un viaje todo pagado a Europa, aprovechando su nueva situación.
Youichi sólo sonrió.
Después de su graduación en Seidou, continuó comunicándose con Haruichi y Sawamura por el celular. Le interesaba el crecimiento de Sawamura y Haruichi era un buen amigo, aunque a veces diera miedo. También, solía conversar con Miyuki sobre béisbol. Éste había firmado con Los Gigantes en cuanto se graduó y, para su "fortuna", Narumiya Mei corrió con la misma suerte; por lo que Kuramochi fue el receptor de cada queja que el cátcher tenía de su pitcher estrella. Aunque luego de acostumbrarse a los intolerables berrinches del rubio, Miyuki le confesó a Kuramochi que era el pitcher que había esperado toda su vida.
Como era de esperarse, el campo corto le dijo que eso sonaba bastante gay... aunque no le sorprendía de Miyuki. De algún lado tuvo que sacarlo Sawamura, ¿qué no? Y no podría ser coincidencia que Okumura, quien fue compañero de cuarto de Miyuki, también lo fuera...
...
—Te apuesto a que este mismo discurso se lo dijo a sus empleados a finales del año pasado —dijo Takuma en la celebración. El presidente parecía estar hablando desde unos minutos atrás, mas lo cierto era que tanto su voz como sus palabras no tenían ningún efecto positivo en los jugadores. Ellos sólo querían salir a disfrutar; sólo querían saltar, reír, hablar entre ellos, hablar con sus amigos, con su familia.
Querían irse de ahí. Y Kuramochi también.
—Te apuesto a que lo sacó de internet —contestó Kuramochi entre risas.
Takuma quiso reír ante ese comentario, pero sabía que de hacerlo, podrían amonestarlo por burlarse de su presidente. Ese chico tan hablador también era un buen amigo.
Tres años atrás, cuando Okumura y Seto se graduaron, Sawamura dejó el apartamento que compartía con Kanemaru y, con el dinero que parecía haber ahorrado, comenzó a rentar un lugar con Okumura. Kanemaru mencionó que Sawamura seguía muy de cerca los partidos del nuevo equipo de Seidou; mas no parecía hablar por teléfono con alguien que no fuera Okumura. Ni siquiera Asada, quien había conseguido ser un grandioso relevista, recibía tanta atención como el cátcher rubio. Cuando Haruichi se enteró de eso, sugirió que probablemente se tratara de otro tipo de relación; pero que tal vez quisieran mantenerlo en secreto.
Y haciendo gala de su inteligencia y perspicacia, su teoría se confirmó un año después, en el que Wakana y Kuramochi fueron invitados al apartamento de Sawamura y Okumura. Era Navidad; Youichi no tenía entrenamiento hasta después de año nuevo y Wakana quería probar la efectividad de un nuevo platillo con alguien más que Kuramochi.
Al principio, Okumura se portó un tanto frío con Wakana, mas luego de comprobar que ésta no hacía más que seguir al campo corto con la mirada, se relajó. Y cuando estaban a mitad de la cena, dijo que llevaba dos años saliendo con su senpai. Por supuesto que Kuramochi casi se ahoga con un pedazo de surimi, aunque la noticia no tuvo mayores consecuencias.
—Así que por eso has estado tan feliz desde que Okumura-kun se graduó, Ei-chan —dijo Wakana luego de que Youichi escupiera el surimi.
Sawamura, un tanto alarmado por el estado de Kuramochi, apenas asintió.
—Eh, descuida, Sawamura, no me mires así —dijo Kuramochi tras un trago de agua—. No tengo prejuicios al respecto, solo me sorprendió un poco —aseguró con la voz ahogada.
—¿Estás seguro, Kuramochi-senpai?
—Tú me gritaste por una semana cuando te enteraste de lo mío con Wakana, dime si mi reacción es exagerada entonces. —Lo retó—. A tu novio le hace falta sutileza, eso es todo.
Enseguida ellos se enteraron, y con la seguridad de que tendrían al menos el apoyo de Wakana y Youichi, la pareja decidió revelarlo a sus demás conocidos. Algunos de ellos se alejaron durante un tiempo; trataban de asimilarlo. Otros dejaron de contestar llamadas y mensajes. Pero el primero en felicitarlos y gritar que ya lo sospechaba, fue Takuma Seto. Y como si se tratara de una reacción en cadena, primero los compañeros de generación de Okumura y luego los de Sawamura, se dieron un día para felicitarlos. La generación de Kuramochi apenas le tomó importancia; Miyuki fue el único que les marcó para molestarlos un poco y después de un rato, felicitarlos.
...
—Entonces, alcemos nuestras copas por este triunfo —dijo el presidente de Los Cazadores. Takuma suspiró, agotado por la palabrería de ese sujeto.
Kuramochi empujó la copa hacia sus labios y bebió de un trago su contenido. Le urgía terminar con eso, le urgía salir de ahí.
Le urgía encontrarse con ella.
—Pareces apresurado, Youichi-san —dijo Takuma y el aludido sonrió.
—Lo estoy. Wakana me está esperando, ha viajado por mí —contestó.
Y Kuramochi sabía que aun cuando ya habían pasado años, Wakana a veces despertaba con la sensación de estar en peligro. Y él sabía que ocurría más cuando se encontraba de viaje, cuando no se encontraba en casa...
—Quiero que paseemos juntos en Tokio, quiero perder el miedo a tu lado. —Le dijo ella poco después de comenzar a salir.
Kuramochi tardó un poco en responder. Estaban al teléfono; él seguía afuera del edificio, con una mano en el bolsillo y la otra en el celular.
—Pero eso significa que tendrás que hacer un viaje tú sola, Wakana —replicó. Ella dejó escapar una risa nerviosa.
—Sí, bueno, pero tú estarás esperándome en la estación, ¿no? No tendré miedo si te veo al llegar —aseguró—. Además, eres beisbolista y querré ir a verte jugar en tus partidos más importantes; así que tengo que aprender a viajar sin ti a mi lado, Youichi-kun.
El parador en corto, ruborizado, se rascó la cabeza. Desde esa noche de Navidad, Wakana le pidió permiso para llamarlo por su primer nombre y aunque de eso ya habían pasado unos cuantos meses, Kuramochi aún no superaba lo mucho que le gustaba su nombre en la voz de su novia.
—De acuerdo, entonces podremos vernos en la estación. Eh, ¿quieres que le avise a Sawamura?
—Por supuesto que no, no quiero a Ei-chan interrumpiendo nuestra cita —respondió ella entre risas—. Te veré este sábado, Youichi-kun.
—Sí, buenas noches, Wakana —dijo él tratando de mantener la compostura.
Ella era una chica muy fuerte, lo había demostrado en más de una ocasión. Youichi confiaba en que pudiera hacer el viaje, en que pudieran salir sin que ella mirara a todas las direcciones y quisiera encerrarse en un solo lugar. Su novia era valiente, podría hacerlo.
Y lo hizo. Ese sábado, Wakana preparó un ejercicio de respiración en caso de sentir algún tipo de pánico y guardó en su bolsillo lateral un gas pimienta que los padres de Sawamura le regalaron poco después del incidente. Youichi procuró no separarse de ella desde su encuentro en la estación; observó sus movimientos y procuró no caminar hacia los lugares más concurridos.
Wakana se percató del cuidado extremo de su novio y, un tanto apenada, le dijo que estaría bien en tanto supiera que él la escucharía, pasara lo que pasara. Él, todavía con cierta cautela, aceptó sus palabras y trató de controlar sus precauciones.
Al final del día, Wakana se despidió de él con un beso. Con su primer beso.
...
El clima seguía sin ser favorable. Aunque la lluvia se había disipado, el frío continuaba calando la piel. Wakana, acostumbrada a climas extremos por su vida en Nagano, vestía un grueso abrigo y una bufanda del equipo de Kuramochi. A su alrededor todavía se veían aficionados alegres por el resultado. Los más veteranos continuaban hablando de las grandes jugadas y celebraban la habilidad del campo corto en el campo. Wakana no pudo esconder su sonrisa de orgullo.
Su celular vibró nuevamente y ella lo sacó de su abrigo para mirar la notificación en la pantalla.
"Estaré contigo en unos minutos. Habrá una rápida entrevista, ¿puedes creerlo?"
Wakana se quitó el guante de la mano izquierda para responder el mensaje.
"Procura no matar a nadie en el camino; yo te estaré esperando."
Sonrió antes de enviar su respuesta. A Youichi no le gustaban bromas sobre su pasado como pandillero; mas Wakana reconocía que era divertido molestarlo con eso... Sobre todo porque Kuramochi jamás se atrevería a hacerle las llaves que aún le hacía a Eijun.
Sus ojos se detuvieron un momento en el anillo de su mano izquierda. Apenas podía creer su suerte.
Cuando comenzó su noviazgo con Youichi, sus amigos le preguntaron qué tan segura estaba de que Kuramochi no era simplemente un "remplazo" de Sawamura. Ella entendía sus dudas; después de todo, ellos desconocían la historia completa. Sin embargo, prefirió demostrarles que ella veía claramente la diferencia entre Eijun y Youichi. Sabía bien qué aspectos la atrajeron al primero y sabía qué era lo que Youichi hizo para enamorarla. No había forma, de ninguna manera, de confundir a tan distintas personalidades.
Nobu, quien le prestó la Wii para jugar con Youichi, fue el primero en aceptar por completo esa "inesperada" relación. Admitió que parecía un tanto agresivo e hizo el comentario de que nadie se atrevería jamás a tocar a Wakana en tanto Youichi estuviera a su lado. El beisbolista, como era de esperarse, declaró mientras tronaba sus nudillos que eso sería cierto.
En cuanto a Eijun, creyó que se trataba de otra broma de su antiguo compañero de habitación. Se rió, le golpeó el hombro a Youichi mientras le decía que ésa sí era una buena broma y cuando vio la expresión asesina en él, comprendió que no se trataba de un juego. Entonces fue cuando gritó que le contagiaría sus genes delincuentes a Wakana y que terminaría por convertirla en una delincuente, como lo había hecho con Haruichi. Por petición de Wakana, Kuramochi le hizo una llave para hacerlo entrar en razón.
Durante el primer año de relación, Wakana y Kuramochi se turnaron para visitarse y salir juntos a pesar de la distancia; mas dado que Kuramochi ya había entrado a una universidad y esperaba un contrato con algún equipo en las profesionales, su tiempo libre fue haciéndose cada vez más corto. El noviazgo, entonces, fue sobreviviendo a base de mensajes, llamadas y ocasionales visitas por parte de Wakana.
Fue en esa temporada en la que Kuramochi creyó que todo podría terminar. En algunas noches, se sintió demasiado cansado por las tareas y los entrenamientos; por lo que no le alcanzaban las energías para hablar con su novia. Si se trataba de ser honestos, apenas recordaba las últimas conversaciones que había tenido con ella.
Youichi nunca dudó de su amor por Wakana o del que ella le profería a él; mas era consciente de que una relación como la que tenía con ella, no debía descuidarse por ningún motivo. Ella merecía algo mejor de lo que él le ofrecía en ese momento...
...
Wakana se estremeció a causa de un trueno en el cielo que presagiaba que la lluvia se intensificaría. A decir verdad, el clima contrastaba con la felicidad que había traído el campeonato a los Cazadores. Era como si mostrara que los momentos perfectos no siempre venían en climas perfectos. Ella había iniciado su noviazgo con Kuramochi una tarde de nieve intensa por la que Kuramochi casi se resfría. Y también... su relación estuvo a punto de terminar en un día soleado.
Wakana tragó saliva con fuerza. Todavía le dolía el recordar aquella única vez en la que lloró por las palabras de su novio:
Ella había decidido tomar una carrera como chef, por lo que buscó opciones en Tokio; cosa que le beneficiaría a la ya descuidada relación que llevaba con el beisbolista. Wakana ya había escuchado sobre lo difícil que sería mantener un noviazgo con Kuramochi y sobre lo que debía esperar si ese noviazgo se formalizaba de una forma permanente; ella entendía que habría temporadas como aquélla, que en ocasiones Kuramochi tendría que hacer viajes de una semana o más, entendía que lo vería realmente poco a pesar de incluso casarse con él. Ella lo sabía, se lo había repetido a sí misma varias veces frente al espejo... Pero eso no eliminaba el dolor que sentía al contar los días en los que Youichi ni siquiera había leído sus mensajes.
Así, seguida por su interés en la cocina y en permanecer más cerca de su novio, solicitó su ingreso a un modesto colegio de cocina en el centro de Tokio. Y alegre tras la noticia de aceptación, convenció a Nobu para que la acompañara a la capital para darle una sorpresa a Kuramochi.
El cielo azul y las nubes blancas dibujaron una sonrisa en la joven Wakana que creyó ver en el clima un buen augurio. Llevaba casi dos meses sin ver a Youichi; ya ansiaba volver a abrazarlo, volver a escucharlo reír y, ¿por qué no? Volver a besarlo.
Ansiosa, siguió acompañada de Nobu la dirección que una vez Kuramochi le había dado en caso de que necesitara algo en Tokio, mas cuando llegó al apartamento que Kuramochi compartía con Kominato Ryosuke, se encontró con un Youichi un tanto desanimado. Sus ojos apenas parecían querer mirarla, su cuerpo parecía moverse sin un propósito y su inconfundible risa estaba ausente.
Lo más importante, no parecía realmente feliz de verla. Al contrario, se rascó la cabeza durante unos segundos, como si estuviera pensando en algo ajeno a su noviazgo y finalmente suspiró para dejar que Wakana y Nobu entraran al apartamento. Kuramochi apenas les invitó un vaso de agua y preguntó de inmediato qué era lo que hacían ahí.
Frío, apresurado y sin una pizca de lo que había sido durante sus primeros seis meses de relación.
—¿Pasa algo, Youichi-kun? —preguntó Wakana directamente, entre molesta y desilusionada.
Kuramochi negó con la cabeza, sin mirarla, y se cruzó de brazos.
—No te esperaba hoy, eso es todo. Hoy planeaba hacer unas tareas pendientes y ya había reservado un lugar en el centro de bateo para entrenar un poco. Mis números no han subido desde hace un par de semanas. —Se explicó.
Wakana sintió a Nobu tensarse por la creciente rigidez entre la pareja.
—¿Entonces prefieres que nos vayamos? ¿Estamos incomodándote?
El parador en corto la miró un segundo y suspiró de nuevo.
—Yo no he dicho eso, Wakana. Pero no tengo mucho tiempo libre, así que si han venido a algo específicamente, yo...
—Yo sé que ya no tienes tiempo libre, Youichi-kun, pero al menos finge que te alegras de verme. Tú sabes que no es un viaje corto el que Nobu-chan y yo hicimos para venir a verte; y queríamos decirte algo importante...
—Entonces háganlo. ¿Se trata de Sawamura? ¿Lo han firmado ya? —inquirió con un gesto de molestia.
Nobu, quien siempre se había caracterizado por ser un chico reservado y tranquilo, negó con la cabeza. Kuramochi no estaba entendiendo el punto de Wakana y lo peor era que parecía no querer entenderlo.
Unos días atrás, Wakana había confesado que Kuramochi parecía un tanto diferente, que sus mensajes y llamadas cada día eran más secos. Pero que, de cualquier forma, no parecía dejar de preocuparse por ella y su bienestar. Wakana seguía confiando en el amor del beisbolista... Y Nobu esperaba que éste siguiera intacto a pesar de la sequedad que mostraba.
Wakana apretó los dientes y desvió la mirada de Kuramochi. Cuando comenzó a hablar, su voz se oyó un tanto quebrada.
—En realidad, creo que no importa lo que tenga que decirte —confesó en un susurro. Youichi entonces la miró; y por primera vez desde que ellos llegaron, sus ojos reflejaron algo más que hartazgo—. Hice esto por los dos, Kuramochi, quise que fuera por el beneficio de los dos. Pero creo que no te va a interesar. —Se levantó sin mirar a Youichi y apenas se limpió las lágrimas que resbalaban en su rostro— Vámonos, Nobu. No hay nada que hacer aquí.
—Wakana, espera —dijo Kuramochi de inmediato acercándose a ella.
Su cabeza le dolía en ese momento, apenas sentía sus piernas y sus brazos debido al intenso entrenamiento al que se había sometido, no sabía cuándo había sido la última vez que durmió más de cinco horas; pero nada de eso era una excusa para lastimar a Wakana. Él lo había prometido: cuidarla, hacerla feliz, amarla... No lastimarla ni permitir que sus propias preocupaciones afectaran negativamente su relación.
—Lo siento mucho, Wakana. No han sido mis mejores días y sé que no mereces nada de lo que he hecho últimamente; no tengo excusa que lo valga, pero en verdad lo siento —dijo con sinceridad y Nobu, quien no se había levantado del sillón, miró en Kuramochi todo el amor que le profesaba a su amiga desde antes de salir.
Wakana, entre tanto, permanecía con la cabeza agachada sin atreverse a permitir que Kuramochi la viera llorar. Ella mantenía una expresión de enojo, mas Nobu sabía que Wakana solo quería escuchar a Kuramochi, quería que él le mostrara que seguía amándola, que seguía esperando de ella lo mismo de antes. Que nada había terminado.
—Sólo quédate y hablemos, ¿sí? No quiero perder lo que tengo contigo, pero tampoco quiero perder ninguna oportunidad para ser profesional. Quiero tener un equilibrio en esto y aquello, mas no puedo hacerlo solo.
—Nadie dijo que lo hicieras solo, Youichi-kun —reclamó Wakana alzando por fin la mirada—. ¿Acaso crees que yo quiero dedicarme a amarte, sin luchar por mis sueños? Youichi-kun, yo también tengo responsabilidades y anhelos además de ti, pero nunca te trataría como un estorbo.
—No lo eres. —Se apresuró a decir Kuramochi.
—¡Entonces no me hagas sentir como uno! —exclamó sin miedo a que sus lágrimas salieran— Soy tu novia, la persona con la que se supone puedes hablar de lo que necesites, en quien se supone que encontrarás apoyo y quien espera lo mismo de ti. Todos sabemos de tu amor por el béisbol, sabemos cuál es tu meta y sé muy bien por qué me estás relegando tanto; pero, por favor, ¿cuándo fue la última vez que me preguntaste por mi propio sueño?
Kuramochi, percatándose de sus múltiples errores cometidos desde que se encerró en su propio egoísmo, no fue capaz de mirarla por más tiempo y simplemente se sentó en sus tobillos. No tenía derecho alguno de pedirle que se quedara. No tenía derecho alguno de desear que se quedara y mantenerla como parte de su egoísmo...
Sin embargo... No quería dejarla ir. No estaba dispuesto a verla marchar. Si ella pudiera darle una oportunidad más, si le permitiera ser un poco egoísta una vez más al no dejarla ir...
—Aun así, quédate, por favor —suplicó paseándose una mano por la cabeza—. Tú me importas del mismo modo que mis sueños, tal vez más; si te quedas una vez más no lo olvidaré. No otra vez.
...
Kuramochi salió de los vestidores con la chamarra del equipo en los hombros. Sabía que se mojaría, mas no quería perder más el tiempo. Wakana lo esperaba y sabía que ella había preparado un platillo especial para celebrar o animarlo fuera cual fuera el resultado del partido; Wakana preferiría que comieran el platillo con prontitud. Y, por sobre todo, quería abrazarla.
Desde esa segunda oportunidad que Wakana le había dado tras su primer aniversario de noviazgo, Youichi no había vuelto a olvidar lo que Wakana significaba para él y lo importantes que eran también sus sueños. Al contrario, en cuanto ésta le reveló que se mudaría a Tokio para estudiar cocina formalmente, él le propuso buscar un apartamento para ambos. Un paso muy grande, pero decisivo. Él la amaba y esperaba que ella lo supiera cada mañana en la que se levantaran juntos.
Al principio, tanto la familia de Kuramochi como la de Wakana se opusieron: creían que eran muy jóvenes para hacer eso. Empero, la pareja tomó la decisión de intentarlo y comenzar una relación más formal.
Una relación en la que ambos supieran que Kuramochi tenía entrenamientos cada mañana y que Wakana a veces pasaba parte de la madrugada en la cocina, probando platillos y métodos de cocina para sus siguientes evaluaciones. Una relación en la que ambos supieran que sin importar cuánto tiempo absorbieran sus propios sueños, ellos se amaban.
Una relación en la que cuando Kuramochi por fin recibió un contrato de Los Cazadores de Hokkaido, Wakana decidió celebrarlo con un festín que tuviera sus platillos favoritos. Una relación en la que aunque dicha noticia implicara que nuevamente habría una distancia entre ambos, ellos estaban preparados para esperar.
Para esperar el día en el que Wakana hubiera terminado los créditos de su carrera técnica y al fin pudiera viajar. Y al fin pudiera seguir una vez más a Youichi.
...
Wakana cubría sus mejillas con sus manos enguantadas, con el objetivo de calentarlas, cuando escuchó un gran bullicio a su izquierda. El primer jugador de Los Cazadores al fin salía y Wakana sabía de quién se trataba.
Con las manos apretadas por la emoción, se introdujo en el gentío para llegar a él, a su prometido:
Ocurrió en la celebración del cumpleaños de Wakana. Kuramochi y Wakana llevaban ya cuatro años de vivir juntos; de los cuales, uno lo habían pasado distanciados por sus diferentes profesiones. Y aunque para muchas personas ése parecía un largo tiempo, ellos sabían que en realidad apenas podían pasar juntos la noche unos cuantos meses al año. No obstante, Youichi no dudaba de que pudieran llevar esa relación a algo aún más formal.
Como en su primer día de noviazgo, Kuramochi se llenó de nerviosismo y no supo cómo empezar a hablar, a pesar de que apretaba fuertemente una pequeña caja entre sus manos, ocultas por la tabla de la mesa. Wakana, un tanto preocupada de que fuera a desmayarse, se levantó de la silla y entonces Kuramochi, sin previo aviso, se hincó frente a ella y le entregó la caja.
—Cásate conmigo —dijo casi en tono de súplica, mirándola con nerviosismo y el rostro completamente ruborizado.
Wakana, como era de esperarse, aceptó sin dudarlo un segundo. Kuramochi, por fin, pudo volver a respirar.
...
De esa cena apenas habían transcurrido unos cuantos meses; la boda estaba prevista para su sexto aniversario y la familia de los novios no hacía más que planear cada detalle de la tan ansiada unión. Entre tanto, Kuramochi y Wakana se sentían felices con solo saber que pronto se casarían.
Se sentían felices con solo verse después de una final ganada, con sólo abrazarse y felicitarse el uno al otro. Con solo sentirse cerca, con solo sentirse juntos y saberse amados; sin importar la distancia o las diferencias entre ambos.
La vida en pareja no era sencilla y ambos lo sabían. El matrimonio quizá no fuera más fácil, pero ya no le temían a eso. Ellos mantendrían una eterna promesa en sus manos. Una eterna promesa de vivir, de amar, sin miedo a nada.
*/./*/./*
Nota de la autora: ¡Por fin pude publicarlo! Una disculpa enorme, lo que pasa es que mi computadora andaba dando el último respiro y yo no me acomodo escribiendo mucho en el celular. Así que anduve arreglando a mi pequeña, rezándole a Chris-sama para que me dejara titularme con esta computadora y terminar al menos tres proyectos personales con ella... Y, bueno, aquí estamos. Después de tres intentos de escribir un "epílogo", aquí lo tienen.
Muchísimas, muchísimas, pero muchísimas gracias por el apoyo a este pequeñísimo proyecto. Sé que el KuraWaka (o como sea que se llame) no es una pareja popular o lo que sea, pero me alegra que les haya interesado mi escrito. La verdad es que sí es difícil escribir cosas hetero después de haberte acostumbrado a lo gay de los muchachos, jejejeje... Pero fue hermoso. ¡Y es que quién no quiere un Mochi enamorado en su vida!
En fin, muchísimas gracias.
Abrazos.
Nayla.
