¡YAHOI! Aquí os traigo el siguiente capítulo. Dudaba entre publicarlo ahora a las tantas o esperarme ya a mañana. Pero me dije... ¿y si resulta que mañana no tengo tiempo de publicarlo? Y el miércoles ya vuelta a la rutina... y hasta que no me vuelva a acostumbrar... Así que nada, finalmente lo subí ahora (aunque oficialmente ya estamos a martes, porque ya son las 0:25 casi xD).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Capítulo 2


Dos semanas después Naruto no sabía si podría cumplirle a Shinachiku eso de ser "el mejor padre del mundo". Aquel día su hijo se había despertado con el pie izquierdo, al parecer, porque no había parado de llorar en toda la santa mañana. Llevaba un buen rato paseando de un lado a otro de la sala, al tiempo que sus ojos azules se detenían en el desastre en el que se había convertido la casa.

Cuando llegó lo primero que había hecho había sido abrir las ventanas para que aireara, así como comprobar que la luz, el gas y el agua funcionaran. Una vez hecho esto se dedicó a deshacer las maletas y a guardar todo en los cajones. Escogió como habitación la grande, la que antaño ocupara su abuelo. Era lo suficientemente espaciosa como para colocar el moisés de Shinachiku al lado de la cama y además era la más luminosa. Y puede que la cama matrimonial ayudara un tanto en su decisión. Nunca había tenido oportunidad de dormir él solo en una cama tan grande y no la desaprovecharía.

Luego se había hecho con toda la información de aquel lugar, ubicando en un mapa los lugares más importantes, como el ambulatorio, la farmacia, el supermercado más cercano etcétera. Comprobó también con alivio que el viejo coche de su abuelo aún funcionara, pero aun así buscó un taller mecánico por la zona y, tras explicarle la situación al dueño, este se mostró de lo más comprensivo, yendo en persona a verificar que el vehículo estuviera en perfectas condiciones.

Una vez hecho todas las comprobaciones pertinentes, dedicó la primera semana a pasearse por el pueblo, dejándose ver con Shinachiku mientras que al mismo tiempo se familiarizaba con aquellas calles. Descubrió un pequeño paseo que transcurría a lo largo de la playa, perfecto para sacar a pasear a Shinachiku. En pocos días los lugareños se acostumbraron a verlo por allí, dejando de lado las miradas recelosas y desconfiadas para acercarse a saludarlo y de paso derretirse de ternura con el pequeño bebé rubio de ojos verdes, hecho que Naruto descubrió la primera vez que vio a su hijo abrir los ojos.

No es que le disgustara el color en sí, pero le incomodaba un poco el hecho de que cada vez que Shinachiku lo miraba no podía evitar recordar a la madre del mismo. Pero se dijo que no tenía nada de especial, al fin y al cabo Sakura era su madre y no podía hacer nada al respecto.

También tuvo que pasarse por la pequeña tiendo de artículos para bebé que había en el pueblo. Le gustó descubrir que allí no había grandes superficies, sino pequeñas tiendas y negocios locales que la gente de allí apoyaba incondicionalmente. Adquirió, con la asesoría de la dependienta, una señora de unos treinta y tantos, un carrito que más adelante podía transformar en sillita de paseo, un moisés algo más grande de lo habitual para no tener que cambiarlo muy pronto, una sillita para el coche que le duraría hasta que Shinachiku cumpliera los dos años por lo menos y un arnés, más por recomendación de la mujer que por iniciativa propia. Asimismo se hizo con el saco para el cochecito, el plástico para la lluvia, una bolsa para llevar colgada del manillar, una bañera para bebés, un calienta biberones, útiles para lavarlos y desinfectarlos, un sujeta chupetes y algo de ropita. Afortunadamente tenía entrega a domicilio para las zonas más alejadas del pueblo y le prometió tenerlo todo entregado en un par de días.

Claro que tantas cosas por hacer y tanto por comprar había acabado convirtiendo la casa en un trastero más que en un verdadero hogar. Naruto no se dio cuenta hasta ese momento de que cuidar de un bebé recién nacido y llevar una casa al tiempo no era tan fácil. Tenía a su favor el no trabajar aún, temblaba el día que se le diera por hacerlo. Si ya ahora parecía que por allí había pasado Atila el Huno no quería imaginarse el aspecto de su casa cuando no pudiera pasar tanto tiempo en ella.

Eso, sumado al poco tiempo que podía dormir, el tener que controlar los gastos para no pasarse, el que Shinachiku usaba pañales y leche como si de un ejército se tratara, el que él ya de por sí era desordenado…

Y el llanto de Shinachiku estaba siendo la gota que colmaba el vaso. No sabía lo que le pasaba. Había probado de todo: a darle de comer, a ponerle el chupete, a revisarle el pañal, a acunarlo, a hacerle caras graciosas, a darle algún juguete para distraerlo, incluso lo había metido en la bañera con agua calentita a ver si se relajaba.

Nada. Nada estaba funcionando. Incluso le había revisado la temperatura varias veces por si le había dado fiebre. Estaba pensando seriamente en llevarlo al ambulatorio a que alguien lo revisara por si estaba enfermo de alguna cosa cuando el timbre de la puerta lo sobresaltó. El ruido hizo que Shinachiku empezara a llorar algo más fuerte.

Con pasos torpes, totalmente desganado, sujetando al bebé con un brazo contra su hombro mientras le daba pequeños golpecitos en la espalda en un intento inútil por calmarlo, se dirigió a abrir la puerta, preguntándose quién sería. Las únicas personas que le pasaron por la mente fueron sus padres. Pero desechó rápidamente ese pensamiento. Era día de semana y, aunque eran las vacaciones de verano para los estudiantes, sus padres trabajaban. Así que más que intrigado abrió la puerta y no pudo disimular su asombro al descubrir a la persona que aguardaba al otro lado.

Cargando con una mochila a la espalda, el rostro sonrojado, jugando con sus dedos y vestida con sus habituales ropas que tapaban de más, Hyūga Hinata, una de sus mejores y más cercanas amigas, estaba frente a él.

―Hinata-chan… ―No pudo formular más que su nombre. La chica levantó la vista, sonrojándose aún más en el acto al ver que aquellos ojos azules como el mismísimo cielo estaban clavados en ella.

―Hu-hum… y-yo… ―Shinachiku escogió ese preciso momento para estallar en un inconsolable llanto de nuevo.

Ambos chicos se sobresaltaron. Naruto volvió de nuevo la atención a su hijo, reanudando su paseo por la sala, desesperado. Hinata lo observó con pena y algo de curiosidad. Dando un gran suspiro, la chica decidió ingresar en la vivienda, cerrando la puerta tras de sí con suavidad. Inspeccionó el lugar y tuvo que ocultar una sonrisa al ver el desastre que el rubio había montado en el breve período de tiempo que llevaba viviendo allí.

Se acercó cautelosa hacia él y le tocó el hombro. Naruto se volvió a mirarla. A Hinata se le encogió el corazón al ver las pronunciadas ojeras y el blanco de sus ojos ligeramente enrojecido, seguramente debido a la falta de sueño.

Se armó de valor y se acercó a él, mirando para el pequeño bebé. Respiró hondo, dejó la mochila en el suelo y extendió los brazos.

―¿Pu-puedo?―preguntó tímidamente.

Naruto la miró durante unos largos segundos con recelo. Nadie que no fuera él o sus padres habían cogido a Shinachiku en brazos. El pequeño bien podría asustarse o ponerse más nervioso al verse con una desconocida. Además ¿qué rayos hacía allí Hinata? ¿Cómo lo había encontrado? Solo sus progenitores sabían donde estaba y lo que había pasado. Ninguno de sus amigos tenía ni la más remota idea y…

Los lloros de Shinachiku se intensificaron, así como la angustia en el pecho de Naruto. Al final cedió y, con mucho cuidado, le pasó el bebé a Hinata. Iba a explicarle como sostenerlo pero vio con sorpresa como ella lo acomodaba perfectamente entre sus brazos, sin necesidad de que le diera ninguna indicación. Vio también como le acercaba un dedo a la boquita, como comprobando si tenía hambre. Cuando vio que no era así, la chica empezó entonces a palpar el cuerpecito del pequeño. Cuando Shinachiku soltó un chillido algo más agudo Naruto estuvo a punto de saltar sobre ella para arrebatarle a su hijo, pero Hinata sonrió y levantó sus ojos perlados hacia él.

Sin saber muy bien por qué se tranquilizó al momento. Hinata siempre había causado ese efecto en él: lograba tranquilizarlo con tan solo una mirada o un toque suave de sus manos.

―Creo que ya sé lo que le pasa. ¿Tienes algún aceite para bebés?―Naruto asintió y corrió escaleras arriba hasta el baño, agarró el bote correspondiente y volvió a bajar a la carrera.

Cuando llegó abajo vio a Hinata sentada en el sofá, con los pies apoyados en la mesita de centro y las rodillas dobladas, con Shinachiku estirado sobre sus piernas. Le había abierto el bodi al pequeño, dejando su tripita al aire. Confuso por la situación, le tendió el aceite a Hinata, quién lo tomó entre sus pálidas manos. Abrió la tapa, echó un chorrito en el cuerpo de Shinachiku y comenzó a frotar lentamente y con extrema suavidad sobre la piel rosada, haciendo pequeños círculos con sus largos y finos dedos.

Naruto vio con los ojos como platos cómo los llantos de su hijo iban bajando de intensidad poco a poco, hasta convertirse en leves quejidos y pequeños gimoteos. Totalmente absorto en los delicados movimientos que su amiga hacía sobre la barriguita del pequeño se sentó en el sofá, embelesado.

El silencio se rompió al poco rato, cuando un ruidito proveniente de Shinachiku lo hizo pegar un salto. Hinata soltó una risita. Siguió haciéndole el masaje al bebé por unos minutos más, hasta que este quedó totalmente dormido, seguramente agotado de tanto llorar. Abrochó de nuevo la ropita de Shinachiku y, con cuidado de no despertarlo, se lo entregó a su padre, quién lo tomó, no sabiendo muy bien qué hacer o decir.

―Tenía cólicos. Es normal en los bebés, pero son sumamente molestos y les causa dolor. Por eso lloraba de esa manera―le explicó la muchacha tranquilamente.

―Gracias―dijo al cabo de unos minutos más. Hinata bajó el rostro, rojo de vergüenza por haberse atrevido a hacer semejante cosa―. Hinata―llamó Naruto. Ella se encogió un tanto. Seguramente él estaba enfadado y la iba a echar. Sería lo más lógico, se dijo, por haberse presentado de improviso―. Eh… voy a llevar a Shinachiku arriba. Espérame. ―El rubio hizo lo dicho y bajó casi enseguida, temiendo que Hinata hubiera huido. No sabía por qué, pero su amiga tenía la mala costumbre de desaparecer de su vista en situaciones como aquella, cosa que muchas veces lograba frustrarlo, porque nunca le daba explicación alguna a su comportamiento y lo llevaba a pensar que la había ofendido o que había hecho algo malo.

Para su suerte, esta vez no lo había hecho, sino que la encontró sentada en el sofá, en la misma posición en que la había dejado. Se dirigió hacia allí, dejó el intercomunicador encima de la mesita y se sentó a su lado.

―¿Cómo me has encontrado?―Fue lo primero que se le ocurrió preguntar. La Hyūga se dignó por fin a mirarlo.

―Su-supuse que estarías aquí. Desapareciste de la noche a la mañana, na-nadie sabía de ti, tus padres n-no quisieron decirnos nada y… ―Hinata respiró hondo y lo miró, con firmeza―. Estábamos preocupados, Naruto-kun. Ni siquiera le dijiste a Sasuke-kun a donde ibas y Sakura-chan no quiso hablar con ninguno de nosotros, incluso pasó de Ino-chan. Al final pe-pensamos que este sería el único lugar donde te encontraríamos y… l-los demás me convencieron para venir yo. Yo dije que Sasuke-kun sería mejor opción, es tu mejor amigo, pe-pero… él me dijo que seguramente no querrías verlo. ―Hinata calló y bajó la cabeza, de nuevo sonrojada.

Naruto sintió un pinchazo de culpabilidad. Era cierto que se había largado de un día para otro sin decirle nada a nadie. Pero no creyó que sus amigos fueran a preocuparse tanto por él. También sintió remordimientos por Sasuke. Él no tenía la culpa de lo que había pasado con Sakura, su parte racional lo sabía, pero aún así no podía evitar sentir rabia y furia cada vez que pensaba en él. Iba a necesitar algo de tiempo para poder volver a confrontarlo sin querer abalanzarse sobre el pelinegro para molerlo a puñetazos.

Entonces miró para Hinata, y los recelos fueron sustituidos por la más pura ternura. Agradeció en su mente por tener tan buenos amigos.

―Hinata yo… lo siento. Necesitaba pensar y… bueno… ―Hinata le sonrió.

―L-lo comprendo, no te preocupes Naruto-kun. Pero… ¿por qué no respondiste a ninguno de nuestros mensajes?―Naruto rio nervioso, llevando una mano al pelo, alborotándoselo.

―Bu-bueno… el caso es que cambié de número y de móvil, de paso… ¿de verdad todos están preocupados por mí?―Con una risita y por toda respuesta, Hinata sacó su propio teléfono del bolsillo de la larga falda que llevaba puesta y lo desbloqueó, entrando en la aplicación de whatsapp y enseñándole el gran número de mensajes que esta tenía sin leer en el chat que compartía con su grupo de amigos.

Había más de 500 mensajes que la peliazul aún no había mirado. Naruto sintió su pecho llenarse de gratitud.

―Y esto solo en el tiempo que me tomó venir hasta aquí.

―Lo siento―volvió a disculparse el rubio, dejando caer los hombros y la cabeza―. El caso es… bueno… Shinachiku…

―¿Tu hijo?―Naruto se congeló ante las palabras de la chica. Levantó la vista de golpe y la clavó en ella, totalmente sorprendido. La Hyūga lo observaba con total serenidad.

―Hinata-chan tú… ¿có-cómo… ―Hinata suspiró, desviando la vista a un lado, ocultando así el dolor que surcó brevemente su rostro.

―Llevo un tiempo sospechándolo. Sakura-chan y tú estabais muy raros estos últimos meses. Os alejasteis de todo y de todos. Entonces ella dejó de hacer educación física, se vestía con ropa más grande de lo normal y casi no salía de casa… No sé, fue la conclusión lógica a la que llegué. ―Naruto sintió como, en parte, un peso se le salía de encima. Respiró hondo y clavó de nuevo la vista en su amiga.

―¿Los demás lo saben?―Hinata negó con la cabeza.

―Creo que Shikamaru-kun también sospechaba algo… pero eso sería normal. ―Naruto asintió. Shikamaru Nara era el más inteligente de todos sus amigos, sin duda él también habría deducido lo que ocurría.

―Hinata-chan yo…siento de verdad no haber confiado en nadie pero Sakura-chan, ella… ―Hinata vio como se le crispaban las facciones y como sus manos se convertían en puños. Con el rojo surcando sus pálidas mejillas se atrevió a colocar una mano sobre una de las masculinas y la acarició con cuidado, con cariño.

―N-no tienes por qué darme explicaciones. Vine porque, como te dije, es-estaba muy preocupada por ti y…

―¿Estabas?―Hinata enrojeció al momento.

―¡E-estábamos! ¡To-todos estábamos muy preocupados!―Naruto soltó una carcajada; El rubor en el rostro femenino se intensificó. Naruto se acercó a ella y le puso las manos en los hombros.

―Gracias, Hinata-chan. Por venir hasta aquí, por preocuparte. ―Ella le sonrió tímidamente y algo se agitó en el interior del chico al percibir la sinceridad que había tras ese geste.

―N-no es nada, Naruto-kun. ―Entonces los ojos perlados de la peliazul se pasearon por toda la estancia, haciendo una mueca ante las cosas tiradas y la cocina hecha un desastre―. ¿T-te molestaría si te ayudo a… ―Naruto dirigió su vista al desorden y ahora fue su turno de ruborizarse, totalmente avergonzado de que fuera precisamente Hinata quién hubiera visto lo pésimo amo de casa que era.

Sacudió la cabeza ante sus pensamientos y le dedicó una sonrisa avergonzada, al tiempo que se rascaba la nuca.

―Te lo agradecería mucho ¡pe-pero no es necesario! ¡Si no quieres yo… ―Hinata sonrió una vez más, callándolo; dirigió sus pasos hacia la cocina y, arremangándose, empezó a fregar los platos y cacharros que había regados por toda la encimera y el fregadero, mientras Naruto recogía y doblaba la ropa que había desperdigada por los muebles.

Laboraron en silencio durante aproximadamente una hora. Hinata estaba doblando un paño para colgarlo de la puerta del horno cuando la melodía de su propio móvil la hizo respingar. Con una mirada de disculpa hacia Naruto contestó la llamada.

―¿Di-diga? ¡Sasuke-kun!―El rubio sintió la rabia y los celos hacer su aparición ante la mención del nombre de su mejor amigo―. S-sí, llegué bien. Sí, también está bien. N-no… ―el Uzumaki notó como Hinata lo miraba con aprensión antes de continuar hablando con Sasuke―… no, Sakura-chan no está con él… ―Cerró los ojos con dolor al oír el nombre de su ex novia. Dando un fuerte suspiro, se acercó a Hinata y le tocó el hombro. Extendió una mano, pidiéndole silenciosamente el teléfono. Con algo de duda, la peliazul se lo tendió. Naruto le sonrió de forma tranquilizadora. Era él el que tenía que dar la cara ante sus amigos, no Hinata.

―Teme… ¡joder, no me grites! ¡Y el idiota lo serás tú, idiota! Bueno yo… ―tomó aire y soltó de golpe lo que tenía que decir―. Sakura y yo terminamos. ―Por el rabillo del ojo vio la sorpresa y la consternación hacer acto de presencia en el rostro de Hinata―. No, no fue por ti… bueno, no solo fue por ti. Hubo otra cosa… Sa-Sasuke… gracias. ―Hinata lo vio restregarse los ojos con su antebrazo libre. Sintió de pronto una furia asesina hacia su amiga pelirrosa por haber causado semejante dolor en el rubio. Aún no tenía toda la información, pero por como estaba el panorama se podía hacer una idea de lo que podría haber pasado. Y si sus sospechas se confirmaran con el tiempo… bueno, solo rogaba a Dios que le diese las fuerzas necesarias para no hacer una locura―. Sí, oye… dale las gracias a todos por… ¡pues claro que está bien, teme! ¡¿Cómo piensas que… ―Naruto bufó―. Sasuke no sé si… ella también está en ese grupo y yo… no quiero… ―Calló unos segundos. Hinata lo miró, ahora curiosa―. ¡No es necesario que… Bu-bueno, si Ino insiste… vale. Le pasaré mi número a Hinata-chan. Solo… no se lo deis a Sakura. Sí, vale. Adiós. ―Colgó la llamada y le devolvió el aparato a su dueña. Hinata se sorprendió al ver la radiante sonrisa que de pronto teñía el bronceado rostro del chico.

Se sintió algo más relajada al ver aquella expresión. Naruto no era Naruto sin sus sonrisas y su alegría desbordante.

―Naruto-kun… ―Calló cuando lo vio coger su móvil de encima de la mesa de la cocina, pasándoselo silenciosamente.

―Apúntame tu número, Hinata-chan. Al parecer Ino quiere hacer otro chat para incluirme. Sin Sakura en él, claro… ―Hinata vio la ligera culpabilidad que se asomaba a sus preciosos ojos azules. Con ademán decidido, tomó el teléfono y rápidamente apuntó su contacto. Se lo devolvió y Naruto no tardó en hacerle una perdida. Algo temblorosa a causa de la emoción por ser la primera a la que Naruto le daba su número nuevo, amén de la confianza que estaba depositando ciegamente en ella, anotó en segundos el nuevo teléfono del chico.

―Gracias, Naruto-kun―le dijo con la más pura sinceridad. Naruto le sonrió por toda respuesta. Mientras la chica se puso a pasar su número nuevo a todos sus amigos por privado, el rubio la detalló pensativo; tenía que devolverle a su amiga el favor tan grande que le estaba haciendo. Hinata era extremadamente tímida, no se le pasaba por la cabeza el cómo había tenido semejante arranque de valor para venir a verlo desde Konoha. Además, su familia…

¡La familia de Hinata! ¡¿Y si ahora mismo Hiashi estaba de lo más enfadado reclamando su cabeza en una estaca?! No era un secreto para nadie que el patriarca de la familia Hyūga era un sobreprotector enfermizo con sus hijas. Al igual que Neji…

¡Joder, Neji! ¡Seguro que el primo de Hinata le patearía las pelotas en cuánto lo viera por…

Con el rostro pálido y tocándose disimuladamente sus muy apreciadas partes bajas, le dirigió a Hinata una mirada angustiada. Ella levantó la vista al sentir sus ojos observándola y se ruborizó intensamente.

―Hinata-chan… tu padre… Neji… es decir, tú… ―Hinata arqueó las cejas para luego soltar una risita.

―Papá sabe que estoy aquí, no te preocupes. También Neji-nii-san. Él fue uno de los que me animó a venir. Aunque… ―calló unos segundos y sonrió de manera un tanto maliciosa para el gusto del Uzumaki― me pidió que te dijera que si se te ocurría hacerme algo no vivirías para contarlo. ―Lo dicho. Naruto temía más que nunca por su futura capacidad para tener hijos. Aunque ya tenía a Shinachiku y eso no debería ser un problema… Salió de sus pensamientos al oír la musical risa de Hinata. Enseguida enrojeció, comprendiendo que la muchacha se había burlado de él.

―¡No es gracioso, Hinata-chan! ¡Tu padre y Neji dan miedo cuando se enfadan!―La chica volvió a reír.

En esos momentos un llanto se escuchó por el intercomunicador para bebés que Naruto había dejado sobre la mesita de la sala. Le dio una sonrisa de disculpa a Hinata y subió las escaleras. Bajó minutos después con Shinachiku en brazos, solo para encontrarse conque Hinata se había colgado su mochila al hombro y se estaba calzando. No supo por qué, aquello lo molestó.

―Hinata-chan ¿adónde vas?―La peliazul se volvió a mirarlo. Una tierna (y preciosa, pensó Naruto, preciosa) sonrisa curvó los labios femeninos al ver a Naruto cargando al pequeño Shinachiku.

―Antes de llegar a tu casa pasé por el hostal del pueblo. Reservé una habitación y la dueña se ofreció a facilitarme indicaciones para llegar aquí. No recordaba muy bien el camino… ―Naruto sintió acrecentarse su molestia. ¿Por qué tenía que irse? Él tenía un par de habitaciones libres, podía quedarse.

―No tienes que irte. Quédate. ―Los orbes perlados de la chica se abrieron como platos ante semejante petición―. Qui-quiero decir… hay habitaciones libres y sería muy grosero de mi parte el echarte. Te tomaste la molestia de venir hasta aquí y… bueno…

―N-no quisiera importunar…

―¡Para nada! Sería un placer que te quedaras. Me gustaría mucho―susurró más para sí que para ella. Sin embargo, Hinata logró escucharlo, haciendo que un tremendo sonrojo cubriera sus pálidas mejillas. Naruto no pudo evitar pensar que se veía adorable cada vez que eso le ocurría.

Tras un incómodo silencio, al final Hinata asintió. El rubio sintió la alegría invadirlo porque ella hubiese aceptado quedarse allí a pasar la noche. Con él, con Shinachiku.

Con ellos.

Una ancha sonrisa de pura felicidad fue lo que sus labios esbozaron, mientras sus ojos seguían, de forma inconsciente, los movimientos que hacían los mechones azulados al compás del sutil balanceo de las caderas femeninas.


Lentamente, con mucha parsimonia, Naruto se dio la vuelta para quedar boca arriba en la cama y se estiró, haciendo crujir algunos de sus huesos. Había dormido como nunca antes en su vida. Después de varios días sin apenas pudiendo hacerlo aquella noche había tenido suerte y Shinachiku no se había despertado…

Abrió sus orbes azules de golpe. ¡Shinachiku! Se incorporó de un salto y salió de la cama, deshaciéndose de las sábanas que lo cubrían de un manotazo. Su angustia creció al ver que el bebé no estaba en su moisés. Desesperado, abrió de un portazo su habitación, bajó las escaleras de dos en dos y fue corriendo hasta la parte delantera de la casa.

Solo para encontrarse con la escena más perfecta que sus ojos habían presenciado en sus dieciocho años de vida. Frenó de golpe y se quedó anonadado, observando lo que ocurría: Hinata, con el cabello recogido en una coleta baja, ataviada con un cuco delantal blanco, se dedicaba a hacer lo que parecía ser el desayuno mientras que le hacía carantoñas al tiempo a Shinachiku, para mantenerlo tranquilo. Este se encontraba en su portabebés, aún con su pijamita azul y tapado con su mantita beis.

El corazón de Naruto comenzó a latir con fuerza al ver semejante visión frente a él. Se acercó a pasos torpes, aturdido por los movimientos que Hinata hacía en la cocina. Llegó a la altura de la mesa donde reposaba Shinachiku y carraspeó, llamando así la atención de la peliazul. Esta se volvió y le sonrió cálidamente, al tiempo que se le subían los colores.

―Bu-buenos días, Naruto-kun. ―Naruto sonrió como bobo al oír su voz dulce. El ruido del aceite al saltar en la sartén lo hizo salir de su ensoñación. Notó como Hinata evitaba de pronto mirarlo a toda costa y aquello lo molestó un tanto.

―¿Pasa algo, Hinata-chan?―La chica se giró hacia él, tapando de forma graciosa sus ojos con la mano que tenía libre; la otra sostenía una espátula de madera.

―E-estás… t-tú estás… ―El rubio vio la espátula apuntándolo; se miró y entonces comprendió: estaba semidesnudo, tan solo con unos pantalones cortos viejos que usaba para dormir. No pudo evitar soltar una carcajada. Volvió sobre sus pasos a su habitación y cogió una camiseta para ponérsela. Cuando regresó abajo vio con agrado que Hinata había dispuesto un delicioso desayuno sobre la mesa de la cocina. Se le hizo la boca agua enseguida.

Pero antes fue hacia Shinachiku, lo desenganchó del portabebés y lo cogió entre sus brazos, dándole un pequeño beso de buenos días en su cabecita rubia.

―Buenos días, Shina-chan. ―Hinata sonrió enternecida ante la escena y le indicó a Naruto que podía sentarse a desayunar si quería, cosa que el chico hizo inmediatamente. Se moría de hambre―. Hinata, tú… ¿le diste de comer a Shinachiku?―A la muchacha se le subieron los colores al oír la pregunta.

―Si-siempre me levanto temprano y me pareció oírlo llorar. Así que entré en tu cuarto y vi que estaba despierto. T-tú seguías dormido y no quiso molestarte. Ayer me pareció que necesitabas descansar. ―Obvió decirle que había dudado más de quince minutos oyendo los quejidos de Shinachiku en el pasillo, y también que se había quedado como una idiota observándolo dormir durante un rato, mientras tranquilizaba al bebé. No quería parecer una acosadora.

Temerosa, levantó la vista hacia su acompañante. Naruto le sonrió y el corazón femenino comenzó a latir apresurado en su pecho.

―Te lo agradezco mucho'ttebayo. Sí que necesitaba dormir. ―Hinata le sonrió una última vez tímidamente para luego concentrarse en el desayuno. Naruto la miró durante varios segundos más.

No supo por qué, pero su propio corazón también palpitaba fuerte. No pudo evitar pensar que el hombre que acabara con su amiga peliazul sería el más afortunado del mundo.

Y como tantas otras veces que ese pensamiento cruzaba por su cabeza, sintió celos de aquel futuro ser humano desconocido. Negó con la cabeza para ahuyentar aquellos pensamientos.

Siempre se había dicho que era demasiado sobreprotector con sus amigas.

Aunque una vocecita interior lo pinchó diciéndole que solo se había sentido así con respecto a Hinata.


Los días siguientes Naruto vivió en completa paz y armonía, siendo todo a su alrededor todo tranquilidad, y todo gracias a Hinata y la ayuda que le estaba prestando. Se sentía ligeramente culpable porque pensaba que igual estaba explotando a su amiga, pero las pocas veces que Hinata había intentado irse él se lo había impedido. Puede que sonara egoísta, pero le gustaba el ambiente que lo rodeaba cuando ella estaba cerca.

Bebió de su taza de café, observando por encima de esta por la pequeña ventana de la cocina cómo Hinata echaba la ropa a secar en las cuerdas que hacían de tendal, después de haber hecho la colada. Sus ojos se fijaron en cómo el viento de verano revolvía sus largos cabellos negro azulados y levantaba un poquitín la larga falda que la chica llevaba puesta. Sí, lo reconocía: era un pervertido de primera al que le encantaba observar las piernas de Hinata.

Sacudió la cabeza y miró para Shinachiku, quién dormía plácidamente a su lado en su tumbona. Sonrió y le acarició con cuidado una de sus pequeñas manitas. Le maravilló ver lo mucho que había crecido en tan solo unas semanas. No quiso molestarlo más para que no despertara y se levantó. Lavó su taza en el fregadero y la puso a secar.

Hoy era fin de semana y sus padres le habían dicho que irían a visitarlos. Por ello se habían esforzado como nunca en tener la casa limpia y ordenada para cuando ellos llegaran. Quería demostrarles que podía apañárselas sin su ayuda.

Pero no sin la de Hinata. ―Negó con la cabeza repetidas veces de manera enérgica. Últimamente su mente no hacía más que jugarle malas pasadas como aquella. Para distraerse revisó su móvil. Sonrió al ver que había recibido varios mensajes de sus amigos. Entró en el whatssapp y los leyó.

Ino

¡Aún no me creo lo de Shinachiku! ¡Manda más fotos, Naruto!

10:34

Shikamaru

Manda las dichosas fotos. No hay quién aguante a Ino

10:40

Rio. Esos dos nunca cambiarían.

Sasuke

Dobe. Yo también quiero fotos. Es mi sobrino

10:41

Mamá también anda loca. Quiere comprar un montón de regalos. ¿Qué quieres?

10:45

Volvió a reír. Ya se podía imaginar a su tía Mikoto loca de alegría, buscando el regalo perfecto para su casi-nieto. Ella, su madre y la madre de Hinata, Hana, habían sido muy buenas amigas desde siempre. Él y Sasuke se habían pasado prácticamente su infancia en la casa de uno y de otro. De muy pequeños había sido lo mismo con Hinata, hasta que Hana murió de una larga enfermedad y Hiashi decidió alejarse un tiempo de todos sus amigos y conocidos para intentar sanar su dolor.

Kiba

¡Naruto, maldito! ¡Cómo le pongas un solo dedo a Hinata encima te las verás conmigo y con Akamaru!

10:47

Hinata

¡Kiba-kun! Naruto-kun no me ha hecho nada. No seas malo

10:48

Sonrió de nuevo. Hinata siempre tan conciliadora.

Kiba

¡No te fíes de él, Hinata! ¡De todos es sabido que Naruto es un pervertido!

10:49

Naruto bufó. Estúpido Inuzuka.

Shino

Dijo la sartén al cazo

10:52

Kiba

¡¿Qué insinúas, Shino?! ¡Yo no soy un pervertido!

10:53

Karin

¡Ya, parad, estúpidos! ¡Me habéis despertado, imbéciles! Naruto ¡manda esas puñeteras fotos que ya tardas! ¡Y sigo sin perdonarte el que no me contaras nada! ¡A mí, tu adorada prima!

(Sasuke, te amo)

10:54

Sasuke

10:54

Naruto rio, con ganas, como hacía tiempo que no lo hacía. Luego pensó en Karin y suspiró. Tendría que pensar en una buena forma de compensarla por haber guardado silencio sobre todo el asunto de Shinachiku. Amén de que ya se imaginaba a su querida prima buscando a Sakura por toda Konoha para darle la paliza de su vida. Karin era muy protectora en lo que a su familia se refería. Como él y como Nagato, es decir, como todos los Uzumaki en general.

Chōji

Naruto, cuando vaya a visitarte te llevaré muchas cosas ricas. Hinata, tengo esa receta que me pediste. ¿Te la envío por correo?

11:00

Hinata

Sí, gracias, Chōji-kun. Te lo agradezco mucho.

11:01

Se le hizo la boca agua al tan solo imaginar qué sería aquel plato misterioso cuya receta la Hyūga le había pedido a Chōji. Hinata cocinaba como los ángeles. Estaba seguro de que era la mejor cocinera del mundo mundial. Y no era cosa de ahora, la peliazul siempre había destacado entre las chicas que tenía por amigas precisamente por su artes culinarias y por lo mañosa que era para cualquier tipo de trabajo doméstico y manual. Sabía coser, tejer, bordar, cocinar, dibujar, pintar, tocar el piano…

El sonido del timbre lo sacó de sus cavilaciones. Dio una respuesta rápida en el grupo de whatssapp a sus amigos, prometiéndoles que más tarde les mandaría las tan ansiadas fotos. Ahora, tenía que enfrentar uno de los mayores retos de su vida: la inspección de su madre.

Respiró hondo, se movió hacia la puerta y abrió.

―¡¿Y mi nieto'ttebane?!―Con una gotita resbalando por su nuca, Naruto vio como una melena pelirroja pasaba de largo donde él se encontraba, buscando frenética con la mirada por todo el salón. Naruto frunció un poco el ceño para luego negar con la cabeza.

―Hola, hijo.

―Bienvenidos, papá. ―Minato le sonrió y se adentró él también en la casa, quedando gratamente sorprendido por lo limpio y ordenado que estaba todo.

―¡Vaya! Me sorprendiste. ―Naruto se sintió ofendido por las palabras de su padre.

―¡Shina-chan!―Kushina, ignorando de nuevo a su marido y a su hijo, se abalanzó sobre la tumbona donde, milagrosamente, Shinachiku seguía durmiendo plácidamente a pesar de todo el alboroto que su abuela había armado. La pelirroja evaluó con ojo crítico el estado del bebé, como evaluando si estaba bien cuidado. Tras una exhausta y rigurosa inspección sonrió, satisfecha, y se inclinó para darle un besito en la frente al pequeño, quien arrugó su naricita pero no dio más muestra de haber sentido que lo molestaban durante su sueño.

―Mamá, no. Nos costó mucho tranquilizarlo. ―Minato se volvió a su hijo con una ceja alzada.

―¿Nos?―preguntó. Naruto se quedó unos segundos sin saber qué contestar. Rio nerviosamente y llevó una mano a su nuca, frotándosela. No les había dicho a sus padres que Hinata había ido a verlo y se había quedado a ayudarlo durante esos días.

―Bu-bueno, veréis…

―¿Naruto-kun?―Los dos adultos se giraron lentamente al oír aquella dulce vocecita, encontrándose con una Hinata algo extrañada que cargaba una cesta que parecía ser de esas para la ropa, ya vacía. Enrojeció furiosamente al ver que, de pronto, se había convertido en el centro de atención de ambos visitantes.

De los padres de Naruto.

Aquello hizo que su rostro se volviera aún más rojo de lo que ya estaba. Parecía un semáforo o un volcán a punto de explotar. Por su parte no podía evitar pensar que aquel aspecto de la chica, con algunos mechones que se le habían soltado de la coleta adornando su ahora ruborizado rostro, se veía jodidamente precioso, adorable, en ella.

―¿Hinata-cha-

―¡Hinata-chan! ¡Qué gusto verte'ttebane!―Kushina no tardó en lanzarse sobre la muchacha, abrazándola con exagerado cariño y entusiasmo. Adoraba a Hinata tanto como a su propio hijo, al igual que a Sasuke e Itachi. Hinata no creía poder ponerse más roja, pero estaba claramente equivocada cuando el calor en sus mejillas se volvió casi insoportable.

A pesar de los años transcurridos no se acostumbraba a la extravagancia en el trato que desprendía Kushina Uzumaki.

―Cariño, la vas a asfixiar. ―Minato se acercó en un intento vano por separar a su esposa de Hinata, mientras que Naruto le pedía disculpas con la mirada a la peliazul. Hinata se percató y le sonrió de forma suave, indicándole que no pasaba nada y que todo estaba bien.

Un pequeño grito los hizo saltar a todos. Rápidamente Hinata se deshizo del abrazo en el que Kushina aún la mantenía encerrada y se apresuró a ir donde reposaba Shinachiku. Naruto hizo lo propio. Ambos se percataron enseguida de que lo que había despertado al bebé había sido el urgente cambio de pañal que necesitaba.

Con las cejas arqueadas, Minato observó cómo Naruto salía corriendo hacia el piso de arriba de la casa, mientras que Hinata desabrochaba las correas que mantenían preso a Shinachiku para tomarlo en brazos, cosa que logró calmar al niño en segundos. Naruto volvió a bajar a toda prisa, pasando a sus padres y yendo hacia donde se encontraban su hijo y su amiga. Traía en las manos un cambiador, un pañal limpio, talco, pomada y toallitas.

Kushina se acercó a su marido, observando ella también la escena entre confusa y fascinada: Naruto y Hinata parecían funcionar como un equipo bien entrenado, coordinando sus movimientos para no entorpecer al otro y no molestar a Shinachiku en el proceso.

―¿Qué está pasando aquí'ttebane?―Minato negó con la cabeza, dando a entender que él tampoco lo sabía.

Cuando su nieto estuvo perfectamente limpito, Naruto metió el pañal sucio en una bolsa plástica pequeña y salió corriendo de casa para echarlo en el contenedor que había justo enfrente de la casa; Minato y Kushina vieron estupefactos cómo confiaba con los ojos cerrados el cuidado de Shinachiku a la Hyūga, quien ahora acunaba al niño, haciéndole sonrisas.

―Casi es su hora de comer. Kushina-san...

―¡Lo haré encantada!―La mujer no dejó que Hinata terminara la frase. Se acercó a ella en un parpadeo y la chica le pasó a Shinachiku a su abuela mientras que Hinata preparaba el biberón.

Cuando Naruto volvió a ingresar en el interior de la casa, Minato se acercó a él sin esperar a que el rubio menor diera un paso más.

―Naruto. Necesitamos hablar. ―El aludido siguió la mirada de su progenitor, tan azul como la suya propia, y supo que se estaba refiriendo a Hinata y al por qué de su presencia allí.

Suspiró y le indicó a su padre que se sentaran en el sofá, mientras su mente solo se hacía una simple pregunta: ¿era tan malo que Hinata viviera con él y lo ayudara con Shinachiku?

Algo, en lo más profundo de su interior, le dijo que no, que aquello se sentía de lo más correcto.

Fin Capítulo 2


Ayyyyyy, si es que me los como con patatas, ¡si ya parecen una pareja bien avenida y todo! ¡Narutín, date cuenta prontoooooooo! (?) Sé que tal vez algunos dirán que es todo muy precipitado y tal, pero es que Naruto y Hinata tienen ya un poco de historia detrás, así que van al ritmo perfecto xD.

¿Vosotros qué opináis? ¿Es demasiado apresurado? ¿O va bien así la cosa? ¡Contádmelo en un precioso review!

Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Guest (Thank you very much for your review! And, yeah, you're right. I hope you'll enjoy the whole story, still. Maybe I can surprise you xDDD), Anu-hina, Marys, y Mamen (Thank you very much for your review! How could you know it? Is it so obvious? I have to improve my narrative style, then (?)).

¡OS AMODORO COMO NO TENÉIS IDEA, A TODOS VOSOTROS! ¡Nunca pensé que esta historia fuera a tener tan buena recepción!

I LOVE YOU SO MUCH! THANK YOU FOR READING!

¡Gracias por leer!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.