¡YAHOI! Una semana más, aparezco por aquí para dejaros la continuación de esta historia.

Espero que os guste.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Capítulo 3


Mientras Kushina y Hinata se entretenían charlando y haciéndole mimos a Shinachiku, Minato miraba de forma inquisidora para su hijo. Naruto estaba nervioso. No sabía muy bien cómo explicarle a su padre las razones por las que Hinata se estaba quedando unos días con él.

Días que no quería que acabaran.

Sacudió la cabeza frenéticamente, negando. Minato alzó una ceja, intrigado por las reacciones del rubio menor. Al fin, este se atrevió a levantar la vista y mirarlo. Tomó aire y decidió que contar la verdad sería la mejor opción. Su padre no era tonto, y más pronto que tarde averiguaría la verdad. Él no creía que hubiera nada de malo en que Hinata viviera con él y con Shinachiku, pero entendía que los demás no lo vieran de esa forma.

Hinata no era su novia, mucho menos su prometida o su esposa. Ni tampoco era la madre de Shinachiku.

―¿Y bien?―apremió Minato.

―Ella… se presentó aquí hace varios días ya… En ese momento Shinachiku no paraba de llorar y yo ya lo había intentado todo… Entonces Hinata-chan―Minato alzó de nuevo una ceja ante la manera tan cariñosa en que Naruto había nombrado a la Hyūga―lo tomó en brazos y le dio un masaje y enseguida se calmó… Le ofrecí quedarse esa noche como agradecimiento en una de las habitaciones que había libres y… eh… desde que está aquí. Shinachiku siempre está tranquilo cuando ella está cerca y me ha estado echando una mano con las cosas de la casa y… eh… ―Naruto no sabía qué más excusas poner.

Minato, por otra parte, en vez de regañarlo sonrió abiertamente. Naruto frunció el ceño. Cuando su padre ponía aquella expresión era que algo estaba maquinando o pensando, algo que no quería compartir con nadie. Como si él supiera algo que los demás no. Cosa que siempre le había funcionado en los negocios, por otra parte. Minato Namikaze, según se decía, parecía tener poderes para predecir el futuro. Siempre acertaba en sus suposiciones.

―De acuerdo, hijo. Solo… ¿Hiashi está de acuerdo con esto?―Naruto hizo una mueca ante la mención del padre de Hinata.

―Hinata-chan me dijo que sí, que le había dado permiso para venir. Creo que ha hablado con él un par de veces desde que está aquí. ―Un suspiro involuntario salió de sus labios.

Sabía que en algún momento su amiga peliazul tendría que regresar a Konoha. Ella también tendría sus propios asuntos que atender, a pesar de que estaba de vacaciones hasta que empezara la universidad en septiembre. Seguramente papeleo para matricularse y demás. Que él no fuera a ir ese año era otra historia. Necesitaba tiempo para hacerse con su nueva situación. Además, no quería abandonar a Shinachiku tantas horas en manos de sus padres o de alguna niñera desconocida.

―¡Naruto!―El grito de Kushina sacó a ambos rubios de sus pensamientos―. ¡Mira, mira! ¿A que está monísimo'ttebane?―Al aludido le cayó una gotita por la nuca al ver a su hijo vestido con un pelele de cuadros escoceses junto con unos patucos rojos y una capotita también roja.

Detrás de su madre, Hinata le pedía disculpas con la mirada, como dándole a entender que no había sido capaz de disuadir a la Uzumaki de su empeño. Naruto le sonrió, dándole a entender que todo estaba bien.

No había nada ni nadie en el mundo que pudiera parar a Kushina Uzumaki, y él lo sabía demasiado bien.

―¡Minato, sácame una foto!―El aludido se levantó con una sonrisa y sacó el móvil del bolsillo del pantalón. Lo apuntó a donde estaba su mujer sujetando a su nieto de cara a la cámara.

―¡Decid patata!

―¡Patata!―Naruto avanzó hacia Hinata, con paso resignado. Miró de reojo para la chica y vio que ahora sonreía enternecida por la escena entre el bebé y sus abuelos. Shinachiku también parecía estar disfrutando, porque hacía amago de querer sonreír.

Parecía que ser el centro de atención le gustaba.

―Eh… Hinata-chan. ―La peliazul se giró a mirarlo. El nerviosismo lo invadió al ver aquellas dos perlas clavadas en su persona―. Gracias por… todo. ―Terminó diciendo con la cabeza baja, algo incómodo.

Pero Hinata bajó el rostro para poder verlo de nuevo a los ojos y le sonrió. El corazón de Naruto volvió a latir con inusitada fuerza dentro de su pecho al ver aquella dulce sonrisa.

―No tienes nada que agradecer, Naruto-kun. Shinachiku es un bebé muy bueno. ―Evitó añadir que aquellos días habían sido los mejores de su vida hasta el momento.

―¡Naruto, hijo! ¡Quiero llevar a mi nieto de paseo'ttebane!―Kushina apareció para romper aquel momento, cogiendo a su hijo por el brazo y comenzando a arrastrarlo hacia la salida, donde Minato ya los esperaba con el cochecito listo.

―Hinata, iremos a dar una vuelta. Tú descansa. Creo que te lo mereces. ―Hinata se sonrojó ante la sonrisa amable y la mirada cálida que Minato le estaba dando.

―N-no, s-si yo no estoy-

―¡Todos necesitamos descansar'ttebane! Sobre todo del tonto de mi hijo. ―Naruto miró enfadado para su madre.

―¡Hey, que soy tu hijo, como bien has dicho! ¡El único que tienes'dattebayo!

―¡Pero ahora tengo un precioso nieto para reemplazarte! ¡Así que ya no eres imprescindible'ttebane!

―¡¿La has oído, papá?! ¡Tu esposa, mi propia madre, no me quiere'ttebayo!

―Vamos, vamos, no dramatices. ―Hinata vio como la familia Namikaze desaparecía tras la puerta de entrada. Solo entonces se permitió relajarse del todo y, dirigiéndose hacia el sofá, se dejó caer en el mismo.

Aquellos días habían sido como un sueño para ella, algo que nunca creyó que podía pasar. ¿Vivir bajo el mismo techo que Naruto y cuidar de su hijo? Era ver su deseo más profundo hecho realidad. Y aunque Shinachiku no fuera hijo suyo, era un niño precioso y muy bueno, una criatura inocente e indefensa que no tenía ni la más mínima culpa de lo que su madre había hecho.

En su mente maldijo a Sakura una vez más, como tantas veces había hecho ya. La ira se apoderaba de su ser cada vez que pensaba en ella. ¿Cómo era capaz una madre de abandonar así a su retoño? No lo entendía. Para ella, que venía de una familia con fuertes convicciones y fiel seguidora de las tradiciones, era impensable lo que la chica pelirrosa había hecho. Más aún: no solo había sido capaz del acto más vil que una madre puede hacer, sino que con ello había roto en pedazos el corazón de Naruto, destrozándolo, desgarrando su alma de una manera tal que a Hinata le entraban unas tremendas ganas de ir a buscar a la Haruno para decirle cuatro cosas bien dichas.

Pero esa no era su tarea, por desgracia. Simplemente se había limitado a borrarla de sus contactos, tanto del móvil como de las redes sociales y del correo electrónico. Incluso Ino y Sasuke, que la conocían desde antes que ella, siendo la primera su declarada mejor amiga desde siempre, la habían eliminado de sus vidas para siempre.

Se mordió el labio inferior, queriendo ahora llorar. Le hacía daño ver la melancolía y el dolor que teñía el rostro de Naruto cada vez que contemplaba a Shinachiku, sabiendo que estaba pensando en Sakura. No había duda de que el Uzumaki amaba y adoraba a su hijo, pero también veía en él a la chica de la que, Hinata estaba segura, aún seguía profundamente enamorado.

Y eso era lo que la mataba por dentro, lenta y dolorosamente. Sus sentimientos por el rubio no eran un secreto para nadie, salvo para el mismo implicado, quien nunca jamás se había percatado de los mismos. Miles de veces Kiba, Shino y los demás le habían dicho que desistiera, que lo único que estaba consiguiendo era dañarse a sí misma cada vez más, que lo superara y se buscara a otro que sí la amara y le correspondiera como ella se merecía.

Pero todas las veces que lo había intentado había fracasado miserablemente. Siempre que intentaba salir con algún otro chico sentía que se estaba traicionando a sí misma. Era una soberana tontería, estaba consciente de ello, pero no podía evitarlo. El amor que sentía hacia Naruto era demasiado grande como para simplemente desecharlo.

Tal vez el tiempo lograría que aquellos sentimientos fueran desapareciendo. Aunque algo le decía que no iba a ser así.

El sonido de su móvil la distrajo de sus pensamientos. Se levantó y lo tomó de encima de la encimera, donde lo había dejado antes de salir a echar la ropa a secar. Vio en la pantalla que era Ino quién llamaba.

―¿Diga?

―¡Hinata! ¿Cómo estás?―La peliazul sonrió ante el matiz de preocupación que captó en el tono de su amiga rubia.

―Estoy bien, Ino-chan.

―¿Todo bien con el idiota de Naruto?―Hinata suspiró.

―Sí, todo genial. ―Un breve silencio se hizo al otro lado de la línea.

―Hinata… ―La chica se sentó en una de las sillas de la cocina. Sabía lo que Ino le diría, no era la primera vez que mantenían esta conversación.

―Estoy bien, Ino-chan. ―Un largo suspiro fue lo que la Hyūga escuchó.

―Sé que lo haces por ayudarlo pero… ¿has pensado en lo que te dije?―Hinata abrió los ojos como platos al recordar una conversación de hacía dos días, en la que la Yamanaka la había animado a intentar acercarse más a Naruto.

―N-no puedo aprovecharme de la situación, Ino-chan. Naruto-kun no me quiere de esa manera. Si empiezo a comportarme como si quisiera algo con él puede que se sienta obligado a corresponderme por el simple hecho de devolverme la ayuda que le estoy prestando. Además, yo no soy la madre de Shinachiku. Puede que Sakura-chan vuelva y… ―Un escalofrío la recorrió al pensar en aquella posibilidad.

Era algo que tarde o temprano podría ocurrir. Sakura podía regresar un día, arrepentida de su decisión, y si ese día llegaba Hinata estaba segura de que Naruto la perdonaría aunque le costara un poco hacerlo, y entonces los tres formarían la familia feliz que el rubio siempre anhelado formar al lado de la Haruno.

―Hinata, la frentona no va a volver. ―Hinata se quedó un momento sin respiración ante lo dicho por Ino.

―¿Q-qué dices, Ino-chan?

―La frentona no va a volver―reiteró Ino―. Ayer mismo me encontré con sus padres y me dijeron que se marchó a las prisas hace una semana. Que le habían ofrecido un cursillo de pre-medicina con prácticas incluidas en materia de primeros auxilios y demás. Rechazó la plaza en la universidad de Konoha y aceptó la que le ofrecieron en la capital. ―Hinata sintió que hervía de furia una vez más. Tuvo que respirar hondo para tratar de calmarse.

―E-entiendo. ―Sintió pena por Shinachiku y por Naruto, segura de que el rubio aún guardaba la secreta la esperanza de que Sakura se arrepintiera y regresara con él, con su hijo, a su lado.

―Y tú, señorita, eres el único contacto femenino y maternal que ese bebé ha conocido. Naruto dice que Shinachiku solo está tranquilo cuando tú estás cerca. Como si fuera capaz de sentirte. ―Un leve rubor apareció en las mejillas de Hinata.

―¿E-en serio ha dicho eso?―Ino resopló.

―¿Por qué iba a mentir? Sabes que Naruto siempre, siempre, por encima de todo, dice la verdad. Por mucho que duela. ―Eso era cierto, se dijo Hinata.

Sintió ahora una ternura y alegría inmensas invadirla al pensar en el rubio contándole aquello a sus amigos―. Hinata, no digo que te aproveches ni que hagas ahora algún movimiento, porque me imagino que pronto tendrás que volver, al menos durante unos cuantos días. Pero piénsalo. ―Hinata tragó saliva.

―L-lo pensaré. Gracias, Ino-chan.

―De nada. ¡Para eso están las amigas!―Hinata sonrió y, tras cruzar un par de palabras de despedida, colgó.

¿Sería cierto y podría albergar la esperanza de tener una pequeña oportunidad de ganarse el corazón de Naruto en tan extrañas circunstancias?


Naruto observaba con una sonrisa cómo sus padres mimaban a su nieto. Después de dar un largo paseo por el pueblo, de presentar a sus progenitores a la gente que ya lo conocía y lo había parado para deleitarse con Shinachiku, habían decidido parar a tomar algo fresco, dado que el calor apretaba. Así que Naruto los había llevado hasta la cafetería de Samui. La rubia siempre era amable con él y con Hinata, al igual que Karui, una chica que trabajaba de camarera allí.

―Aquí está su pedido. ―El rubio le dio las gracias a Samui―. ¿No viene esa guapa chica de ojos blancos contigo hoy?―El comentario hizo que Naruto se sonrojara y que Kushina y Minato levantaran sus cabezas, interesados de pronto en la respuesta que daría su hijo.

―N-no… quedó en casa. Yo he salido con mis padres. Están aquí de visita, el fin de semana. ―Samui miró para ambos adultos y ladeó la cabeza con una media sonrisa.

―Ya veo… Bueno, cuando la veas dile a tu chica que muchas gracias por echarme una mano el otro día. ―Naruto estaba a punto de decirle que Hinata no era su chica, que no era nada suyo, cuando Samui se dio la vuelta y se fue a atender a otros clientes, no dándole oportunidad de responder.

―Así que… ¿Hinata-chan y tú?―El rubor volvió a cubrir el rostro bronceado del chico. Negó frenéticamente con la cabeza ante la insinuación de su madre.

―¡Q-qué va! ¡Hinata-chan so-solo es una amiga'dattebayo! Solo una amiga… ―susurró; Minato sonrió levemente al captar cierto matiz de pesar en el tono de Naruto.

―Naruto, hijo, qué pena que no veas más allá de tus narices. ―Naruto parpadeó, sin entender.

―¿Ah? ¿Qué quieres decir, papá?

―Que eres un lento'ttebane. Espero que Hinata-chan te tenga paciencia. ―Naruto frunció el ceño, ahora molesto. Odiaba cuando la gente lo trataba como si fuera tonto. Admitía que no era muy espabilado y que le costaba un poco entender las cosas, pero tampoco era imbécil.

Shinachiku hizo un ruidito en ese momento, como llamando la atención de los tres adultos, haciendo que todos se olvidaran al minuto de la conversación previa.

Pero la mente puede ser muy traicionera. Y la de Naruto le jugó una mala pasada cuando, al volver a pensar sin apenas darse cuenta en las palabras de sus padres, algo le dijo que aquella escena familiar estaba incompleta, trayéndole la imagen de Hinata al instante.

Se llevó las manos al rostro y se lo frotó, diciéndose que aquello no estaba bien. Seguramente solo era la sensación de agradecimiento que sentía hacia su amiga por haberlo ayudado a sobrellevar aquellos primeros días con Shinachiku como padre soltero. Además, él aún sentía cosas por Sakura. Al fin y al cabo, era la madre de su hijo y la chica que había amado desde que tenía uso de razón…

―¡Naruto!―El grito de su madre lo sobresaltó, haciendo que saliera de su mundo―. Llevo diez minutos llamándote. ¿Dónde estabas'ttebane?―Rio nerviosamente, intentando no darle importancia a su reciente evasión de la realidad. Kushina suspiró y miró para Minato, quien sostenía ahora a Shinachiku―. Hijo… ―La pelirroja calló, no sabiendo muy bien cómo darle la noticia. Ni siquiera sabía si decírselo era buena idea. No quería que lo que tenía que contarle volviera a romperle el corazón.

―Naruto, tu madre y yo nos enteramos de algo hace unos días. ―Naruto clavó sus azulados orbes en sus padres, esperando. Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza al ver las miraditas nerviosas que el hombre y la mujer se daban entre sí. Resopló.

―Venga, papá, nada puede ser tan terrible'dattebayo―dijo en tono alegre, intentando disminuir la tensión que de pronto se había adueñado del ambiente que los rodeaba. Minato suspiró.

―No queríamos decírtelo pero también creemos que deberías saberlo, para no… para no albergar falsas esperanzas―dijo su madre. Ahora sí, Naruto supo que de lo que tenían que informarlo no era nada bueno, sino todo lo contrario.

―Mamá…

―Sakura se fue. Renunció a su plaza en la universidad de Konoha y decidió marcharse a la capital. ―Naruto se quedó momentáneamente sin respiración, un frío helador apropiándose de su corazón.

Durante varios segundos fue incapaz de reaccionar. La pequeñísima esperanza que había albergado en lo más hondo de su ser de que aquella chica pelirrosa que le había robado el sueño durante tantos y tantos años se arrepintiera y volviera a su lado, con él y con el hijo de ambos, se hizo añicos en ese instante.

Quiso echarse a reír. ¿Qué esperaba? No fue consciente hasta ese momento de la manera tan vil y cruel con la que Sakura había jugado con él y con su estúpido corazón enamorado. Se preguntó hasta cuando ella hubiese sido capaz de sostener aquella farsa, si se hubiese quedado con él para siempre de no haber nacido Shinachiku o de Sasuke haberle hecho caso en algún punto de su vida.

Se mojó los labios, sintiéndolos resecos. Se llevó las manos al pelo y se lo tironeó, desesperado, tratando de calmarse y de no sufrir un estallido de ira en medio de la cafetería de Samui.

―Naruto… ―Respiró fuerte varias veces ante el llamado de su madre. Sintió unos brazos largos y cálidos rodearlo y apretarlo. Pronto se vio con el rostro enterrado en el pecho de su progenitora, mientras luchaba por no dejar que las lágrimas salieran―. Todo estará bien, hijo. Estamos aquí, Naruto, estamos aquí. ―Cerró los ojos y se dejó consolar en los brazos de la mujer, como si fuera un niño al que le acaban de romper su juguete favorito.

―Tienes que ser fuerte, Naruto. Por Shinachiku. ―Su padre tenía razón.

Pero, mierda, como dolía.


Hinata salió al encuentro de Naruto y sus padres cuando estos al fin regresaron, después de varias horas. Se sintió aliviada como nunca al verlos entrar por la puerta. Ya estaba empezando a preocuparse. Había pasado demasiado tiempo para un simple paseo.

Se acercó a saludarlos con una sonrisa cuando notó que algo no iba bien. Se detuvo a tan solo unos pasos y se fijó en los semblantes preocupados de Minato y Kushina y en el rostro desolado de Naruto. Algo en su pecho se encogió. Con paso vacilante fue hacia el rubio menor y le tocó un brazo, con suavidad.

―¿Naruto-kun? ¿Está todo bien?―Cuando aquellos ojos azules como el cielo se clavaron en ella, Hinata pudo ver la más absoluta tristeza reflejados en ellos. Con un movimiento brusco, Naruto se deshizo de su agarre y se dirigió pisando fuerte escaleras arriba, sin siquiera saludarla. Hinata quedó totalmente confundida. ¿Qué había pasado? ¿Acaso había hecho algo mal? ¿Estaba Naruto enfadado con ella?

―Hinata-chan. ―Kushina se acercó a la muchacha y le pasó un brazo por los hombros, apretándoselos―. Déjalo solo un rato. ―La chica asintió.

―No es culpa tuya―añadió Minato―. Solo… ha recibido una mala noticia. ―El rubio se acercó con Shinachiku en brazos, quién dormía plácidamente. Hinata se preguntó si habría sido la misma que le había dado Ino varias horas atrás. Tragó saliva y se acercó a Minato.

―P-permítame, Minato-san. ―El aludido esbozó una sonrisa y le pasó a Shinachiku. Hinata lo tomó con mucho cuidado de los brazos de su abuelo y, acomodándolo en los suyos propios, asegurándose de que no despertaba, fue a depositarlo en el portabebés. No quería subir a dejarlo en el moisés, sabedora de que Naruto estaría encerrado en la habitación y no querría ver a nadie, de momento.


Tumbado en la cama, con las manos tras la nuca, Naruto esperaba a que el dolor que laceraba su alma y su destrozado corazón remitiera. Se sintió estúpido por haber guardado una secreta esperanza hasta ahora, a pesar de que muy en el fondo sabía que Sakura no cambiaría de opinión. Cerró los ojos con un suspiro y se dio la vuelta. La melodía de su móvil sonó pero no le hizo caso. Paró al poco tiempo pero enseguida volvió a sonar. Naruto volvió a ignorarlo. Sonó de nuevo por tercera vez y, soltando un bufido de molestia, lo sacó del bolsillo del pantalón y miró la pantalla. Rodó los ojos al ver el nombre que destellaba en la pantalla.

―Genial―bufó. Era el teme de Sasuke―. Teme, te advierto que no estoy de humor. ―Fue lo primero que soltó.

―Dobe, no te deprimas. No vale la pena. ―Naruto cerró los ojos una vez más, con dolor. Al parecer, la noticia había corrido como la pólvora. Sería el hazmerreír de su círculo de amigos por años―. Nadie piensa eso. Idiota. ―Un asomo de sonrisa quiso asomar a sus labios. Sasuke y él siempre habían tenido esa extraña conexión que solo tenían los amigos extremadamente cercanos, los que eran como hermanos, esa de saber en todo momento lo que estaba pensando el otro.

Bueno, esa habilidad se extendía a Shikamaru, pero en el caso del Nara no contaba porque este se valía de su inteligencia y no de la intuición.

―Soy imbécil.

―No puedo negar eso. ―Ahora sí, Naruto sonrió.

―Teme, yo… lo siento. ―Pudo imaginarse perfectamente la ceja que su amigo habría arqueado al otro lado de la línea.

―¿Por qué? No eres el primero al que una tipa le ve la cara. ―Naruto se sintió un poquito mejor al oírle decir aquello―. No lo vale, Naruto. Piensa en lo bueno.

―¿Y eso es?

―Es obvio, dobe: Shinachiku. ―Un pequeño silencio por parte de Sasuke lo intrigó―. Y Hinata. ―Naruto abrió los ojos con sorpresa al oírle mencionar a la Hyūga.

―¿Hinata? ¿Qué tiene que ver Hinata-chan? ¿Por qué la nombras'ttebayo?―Sasuke hizo un ruidito que a Naruto le sonó a risa―. ¡Teme!

―Eres un lento. Date cuenta pronto. Ahora me tengo que ir. Papá nos quiere llevar a cenar a todos a una reunión de esas aburridas. Llama a Karin. ―Y dicho esto colgó. El pitido que anunciaba el fin de la llamada martilleó los tímpanos del rubio durante varios minutos.

¿Por qué todo el mundo le hacía insinuaciones raras en lo que a Hinata se refería? Sacudió la cabeza, dejando el móvil sobre la mesilla de noche al lado de la cama y levantándose.

Sus amigos eran raros.


A la hora casi de cenar Hinata oyó pasos por las escaleras y segundos después Naruto apareció en la cocina. Respiró con alivio al ver que parecía más relajado que por la tarde. Shinachiku estaba en su tumbona, con Minato vigilándolo y sacándole fotos con el móvil; a estas alturas, la chica calculó que sus abuelos tendrían suficientes imágenes como para llenar dos álbumes solo con la cara de Shinachiku.

Naruto sonrió al ver a su bebé. Pero antes de ir a por él y tomarlo entre sus brazos se giró hacia Hinata. La muchacha enrojeció al ver que aquellos ojos azules se fijaban en ella. Desvió la vista y se concentró en la olla que estaba vigilando en ese momento, de donde salía un olor delicioso.

―Hinata, yo… ―No se movió, pero un movimiento de sus hombros le indicó a Naruto que lo estaba escuchando. Tomó aire―. Siento lo de antes. Estaba enfadado pero no contigo… No tienes la culpa de mis problemas, no con todo lo que me estás ayudando… ―Hinata volvió la cabeza, el nudo en su garganta más flojo.

―Es-está bien, Naruto-kun. No tienes que darme explicaciones―musitó para acto seguido volver de nuevo su atención a la olla hirviendo.

El rubio quedó callado, con la sensación de que debería decir o hacer algo más. Al final, siguiendo su instinto, la abrazó. Hinata se congeló, su respiración se detuvo y su corazón comenzó a bombear con fuerza, las mejillas cada vez más calientes.

―Lo siento. ―Lentamente, Hinata le devolvió el abrazo, sabiendo que el chico necesitaba de consuelo.

Naruto la apretó más contra él, sintiendo una inexplicable calidez y calma al sentirla de esa manera entre sus brazos. Hinata era pequeña y encajaba a la perfección contra su cuerpo. Se sentía… demasiado bien.

Minato y Kushina se miraron con una sonrisa cómplice. Ambos sabían que a Naruto siempre le había gustado Hinata, pero la terquedad de su hijo lo había instado a seguir insistiendo con Sakura sencillamente por el hecho de que esta había sido la primera niña que a Naruto le había llamado la atención, y el que a Sakura le gustara Sasuke solo aumentó las ganas de su tonto retoño rubio por tenerla.

Aunque algo bueno había salido de todo aquella y eso era sin duda alguna Shinachiku.

Miraron de nuevo para la pareja, que seguía abrazada, ajena a su presencia y la del pequeño bebé que miraba curioso para su abuelo. Dejarían, por el momento, que las cosas siguieran su curso. No sería bueno que forzaran la situación.

Les permitirían ir a su ritmo hasta que Naruto metiera la pata y entonces sí, intervendrían.

Porque ambos sabían que eventualmente Naruto jodería las cosas en mayor o menor medida. Sí, era su hijo y lo amaban. Pero lo conocían y eran plenamente conscientes de sus defectos.


―¿De verdad te tienes que ir?―Habían pasado ya varios días desde que sus padres llegaran de visita.

Ahora, debían marchar y regresar a Konoha. Minato no podía posponer por más tiempo los asuntos de la empresa y Kushina, quién era decoradora de interiores, tenía una larga lista de clientes a los que les había retrasado reuniones y visitas. Ya era hora de retomar sus responsabilidades. Y, con su marcha, se ofrecieron de paso a llevar a Hinata. Su padre ya la había exhortado varias veces a volver y la chica sabía que no podía retrasarlo más. Debía arreglar todos los papeles para la universidad y también pasar tiempo con su familia.

―S-sí. Pe-pero vendré de nuevo en cuanto pueda. ―Naruto ladeó la cabeza y la miró, inquisidor, con Shinachiku en brazos.

No le gustaba nada de nada el que Hinata se marchara. Se había acostumbrado demasiado a tenerla a su alrededor, ayudándolo, cuidando de él y de Shinachiku. Solo habían sido unas semanas, pero a Naruto le había parecido toda una vida.

―¿Lo prometes?―Hinata esbozó una dulce sonrisa y asintió.

―Lo prometo, Naruto-kun. ―Se acercó un poco a él y se inclinó para darle un beso de despedida en la frente a Shinachiku―. Hasta pronto, Shina-chan. Cuida de papá. ―Algo se agitó en el pecho del rubio al oírle decir aquello.

Por su parte, los ojitos verdes del bebé se fijaron en Hinata, como si intuyera que algo estaba pasando.

―Hinata-chan―la llamó Naruto antes de que ella saliera del todo por la puerta―. ¡Es una promesa! ¡Tienes que volver'dattebayo!―Entonces, en uno de sus impulsos, Naruto se aproximó a la peliazul y le plantó un torpe y brusco beso en la mejilla, a modo de despedida.

Cuando se alejó, ambos estaban tremendamente sonrojados y con sus corazones latiendo a mil por hora. No obstante, ninguno quiso estropear el momento y, cuando Hinata al fin dejó la casa para ir a meterse en el coche con Minato y Kushina, que llevaban ya un buen rato esperando, Naruto la observó hasta que la puerta del vehículo se cerró tras ella y este se perdió en la pequeña carretera.

Luego, miró para su hijo y esbozó una sonrisa.

―Volverá, Shina-chan. Lo ha prometido. ―El niño hizo un ruidito, como dándole la razón a su padre.

Se metió de nuevo al interior de la vivienda y cerró la puerta tras de sí. Suspiró pasando la vista por la ordenada sala y la limpia cocina. Dejó a Shinachiku en su tumbona un momento y fue hacia la nevera, abriéndola; su corazón se aceleró una vez más al comprobar que Hinata había dejado varios tuppers herméticamente cerrados con comida preparada por ella. Había una nota también en la puerta del frigorífico, indicándole al rubio que no se olvidara de comprar pañales y desinfectante para los biberones, ambas cosas ya se estaban agotando.

También vio marcado en el calendario la cita con la pediatra para la revisión del primer mes de Shinachiku. Todo escrito con la pulcra y bonita letra de Hinata. Naruto no pudo evitar sonreír.

En el futuro, Hinata no solo sería una gran esposa, sino también una magnífica madre.

Y, por alguna extraña razón, pensar en aquello le provocó un retortijón en las tripas. Porque últimamente, cada vez que pensaba en aquello, no le gustaba para nada la idea.


En la consulta del pediatra, en la pequeña clínica del pueblo, Naruto miraba ansioso para Shinachiku. El niño hacía graciosas muecas de disgusto aún con el chupete puesto, el cual se movía a un ritmo casi frenético debido al nerviosismo que parecía acechar también al pequeño.

El médico, un amable chico llamado Shi, medía, pesaba y comprobaba que todo funcionara bien en el bebé. Pero a Shinachiku no parecía gustarle un pelo el estar desnudo sobre una superficie fría, con un desconocido sobre él. Sus ojitos verdes empezaron a llenarse de pequeñas lágrimas y Naruto supo que su hijo no aguantaría mucho más.

―Bueno, parece que todo está correcto. ―En el momento en el que el pediatra dijo eso el angustiado padre se apresuró a llegar al lado de la camilla en la que estaba Shinachiku, tranquilizándolo con pequeñas caricias en su cabecita. Aquello calmó al bebé, seguramente reconociendo las manos de su progenitor―. Uzumaki-san ¿tiene usted, la madre o alguien en su familia antecedentes de enfermedades genéticas?―Naruto negó con la cabeza, sin dejar de acariciar a Shinachiku, para que no volviera a intentar llorar de nuevo.

―No que yo sepa. Pero de todas maneras preguntaré a mis padres. Yo… no lo sé con seguridad. ―El pediatra asintió y anotó algo en una pequeña libretita.

―Bien. Shinachiku parece sano, dentro del percentil normal para un bebé de su edad. No parece presentar ninguna anomalía en particular. ¿Come bien?―Naruto asintió.

―Es un pequeño glotoncete'ttebayo―contestó con una sonrisa. C volvió a asentir, anotando ahora algo en unos papeles.

―Le daré esto, es una guía para la correcta alimentación. No obstante, no debe tomársela al pie de la letra. Los bebés suelen marcar ellos su propio ritmo, así que no se preocupe si algún día no le apetece comer, no se termina el biberón o si, por el contrario, de un momento a otro de repente le pide más cantidad. Cada niño es distinto, ¿de acuerdo?

―Entendido. ―Naruto tomó el papel que Shi le tendía y lo guardó en la bolsa del cochecito.

―¿Le han informado de las vacunas que habrá que ponerle?

―Tengo el calendario en su cartilla… aunque he de confesar que no lo he mirado mucho―confesó el Uzumaki, con un ligero rojo en su rostro. Shi sonrió. Padres primerizos.

―Ya le digo ahora que dentro de un mes tendrá que volver para la siguiente revisión, y entonces le pondremos las primeras vacunas: la hexavalente y la pneumocócica conjugada. La primera sirve para divesas enfermedades contagiosas como la tos ferina, la difteria, el tétanos o la hepatitis B. La segunda se pone para prevenir una infección por pneumococos, algo relativamente común en bebés porque no tienen sistema inmunológico. ―Naruto, en esos momentos, tenía una expresión de total horror en su cara. ¡¿De verdad que su bebé estaba expuesto a tantas enfermedades?! ¡¿Y si no estaba teniendo el suficiente cuidado?! C sonrió levemente al ver al chico estrechar con fuerza a Shinachiku contra él, como queriendo protegerlo de todo lo malo―. Si le cuento esto, Uzumaki-kun, es precisamente para que sea consciente de lo importante que son las vacunas. Últimamente hay demasiada gente que dice no querer vacunar a los hijos, pero los médicos desaconsejamos encarecidamente que tomen esa decisión. ¿Es usted o su madre anti vacunas?

―¡Claro que no! Le prometo que dentro de un mes estaremos aquí. ―C asintió, satisfecho con su respuesta.

―Entonces no tengo más que decirle. Que pase un buen día. Adiós, Shinachiku. Nos veremos pronto. ―El bebé miró para C y movió el chupete, como despidiéndose a su vez.

Ambos hombres presentes sonrieron enternecidos. Naruto se despidió también, terminó de vestir a Shinachiku y lo metió con cuidado en el cochecito, tapándolo con las mantas. En cuanto Shinachiku notó que este se movía, un pequeño bostezo escapó de su boquita, haciendo que el chupete se le cayera. Naruto se lo volvió a colocar, consciente de que no tardaría nada en quedar dormido.

Cartilla y tarjeta en mano, Naruto se dirigió al mostrador de recepción y solicitó una cita para la revisión del próximo mes de Shinachiku. Guardó la cita en su móvil, prometiéndose anotarla en el calendario nada más llegar a casa. Salió del ambulatorio al cálido sol del verano. Algunos transeúntes lo saludaron y él correspondió. Echó a andar hacia la droguería del pueblo.

Una chica le sostuvo la puerta para que pudiera entrar sin problemas con el cochecito. Naruto se lo agradeció con una sonrisa. Se dirigió al pasillo donde estaban los pañales y cogió tres paquetes de los grandes, para que le duraran. Si alguien le hubiera dicho alguna vez que los bebés gastaban en pañales al mes lo mismo que él en ramen instantáneo no se lo hubiera creído.

Anduvo unos cuantos pasos y cogió también el desinfectante para biberones y, por si acaso, añadió un paquete de toallitas húmedas, de los grandes. No solían durarle mucho porque había descubierto que eran tremendamente útiles no solo para limpiar a Shinachiku, sino también cualquier superficie que se manchara.

Fue entonces hacia la caja y se puso a la cola. Algunos de los clientes se volvieron para contemplar a Shinachiku quien, como Naruto había predicho, ya estaba dormidito. Llegó su turno, pagó y guardó las dos bolsas bajo el cochecito de bebé. Salió y fue ahora hacia la farmacia, donde compró varios botes de leche en polvo para bebé.

Satisfecho por todas las compras hechas y viendo que aún faltaba un buen rato para la hora de comer, decidió aprovechar que Shinachiku estaba echándose una siesta y pasó por la cafetería de Samui, para relajarse mientras tomaba algo fresquito.

―¡Hey, rubio!―Naruto terminó de empujar dentro el carrito y sonrió.

―Hola, pelirroja. ―Karui, la empleada que tenía Samui, le devolvió la sonrisa―. ¿Turno doble?―Karui hizo una mueca.

―Sí, Samui tenía que hacer recados hoy, así que me toca pringar. ¿Cómo va el enano?―Karui se acercó mientras Naruto acomodaba el cochecito de bebé de manera que no estorbara el paso de los clientes ni el de Karui.

―Está sano como un toro―dijo levantando el pulgar con una amplia sonrisa―. Pero acaba de dormirse. ―Karui se asomó lo justo para echarle un vistazo al rostro plácidamente dormido de Shinachiku y sonrió de nuevo, con ternura. Los bebés era una de las pocas cosas que parecían ablandar el corazón de chica dura de Karui.

―¿Qué te pongo? ¿Una birra bien fresquita? Hace un calor de cojones. ―Naruto negó.

―Con una coca-cola me conformo. Pero bien fría, con una piedra de hielo, por favor. ―Karui asintió.

―Ahora mismo te la traigo. ―La chica pelirroja desapareció para reaparecer minutos después con la coca-cola y un cuenco con patatas fritas de bolsa. Naruto cogió una y le agradeció. Karui se fue entonces a atender otras mesas.

Ya que Shinachiku estaba tranquilo y sin visos de despertar Naruto cogió el móvil y lo desbloqueó. Tenía algunos mensajes de sus amigos y otros tantos de sus padres. También vio que Karin lo había llamado varias veces. Respondió los mensajes, entre los que estaba uno de Hinata donde le preguntaba preocupada por la cita con el pediatra. Sonrió como bobo sin poder evitarlo y decidió que más tarde la llamaría para darle todos los detalles. Sentía la necesidad de tenerla informada.

Entonces buscó el número de su prima y oprimió el botón para hacer una video llamada. La línea sonó varias veces antes de que alguien contestara. Aunque el rostro que apareció en pantalla no fue el de Karin, sino el de un chico de pelo gris casi blanco, ojos violetas y dientes algo más afilados de lo normal.

―¡Hombre, Naruto!

―Suigetsu, ¿qué haces con el móvil de mi prima?

―La zanahoria está ocupada ahora mismo así que cogí yo.

―¡¿A quién llamas zanahoria, cara de tiburón?!―Naruto suspiró, viendo como Suigetsu era empujado para segundos después aparecer la cara de Karin Uzumaki en la pantalla―. ¡Ya era hora, Naruto! ¿Cómo estás? ¿Y Shina-chan?―El rubio sonrió.

―Estamos bien, Karin. Shinachiku ahora duerme. ―La expresión en la chica se suavizó. Naruto vio como se colocaba bien las gafas sobre el puente de la nariz.

―Bien. Pero, dime la verdad ¿estás bien?―El rubio deshizo la sonrisa y suspiró. Bebió un poco de su coca-cola antes de contestar.

―No, Karin, no estoy bien. Pero debo estarlo. ―Karin frunció el ceño y los labios.

―Aún no entiendo por qué no me dejas ir a patearle el culo a esa pelo de chicle. Dame permiso y le arrancaré las uñas una por una. Es una puta. ―Naruto hizo una mueca.

―Nosotros la ayudaríamos a enterrar el cadáver, amigo. ―La cara de Suigetsu se hizo un hueco junto a la de Karin en la pantalla del móvil. Naruto advirtió el pelo naranja de Jūgo por detrás. Se recostó en la silla y suspiró.

―Os lo agradezco, chicos, de verdad. Pero lo superaré. ―La cara de cierta muchacha de ojos perla y cabello negro azulado pasó fugazmente por su mente. Sacudió la cabeza.

―Primo, no te atormente más. Esa estúpida era una zorra. No vale la pena que le dediques ni un segundo más de tus pensamientos. ―Naruto se pasó la mano por el pelo.

―Lo sé. ―Karin suspiró.

―Sé que la querías, pero no es la única mujer en el mundo. Mira a tu alrededor. ―Naruto frunció ahora el ceño.

Esa frase la oía demasiado en los últimos días.

―Me da la impresión de que todos queréis decirme algo pero no os atrevéis. Empieza a ser molesto'dattebayo. ―Karin, Suigetsu y Jūgo sonrieron de manera un tanto misteriosa.

―Eso es algo de lo que tendrás que darte cuenta tú mismo, primito. Solo… no te cierres en banda. Y abre bien los ojos. ―Naruto bufó.

―Odio cuando la gente no es directa. ―Karin sonrió.

―Te jodes por ser tan idiota. Te quiero, te adoro, Naruto, pero eres bien lento para según qué cosas. ―El rubio acentuó su ceño fruncido, molesto.

―¡Claro que si tú no quieres yo bien podría- ―Suigetsu interrumpió su oración para soltar un grito de dolor. Karin le había dado con todo el codo en el rostro, interrumpiéndolo―. ¡Joder, Karin! ¡Casi me rompes la nariz!

―Lástima. Seguro te habría hecho un favor.

―¡Eres una cabrona!

―¡Y tú un gilipollas!―Fue en ese momento que Naruto decidió colgar el teléfono. No estaba de humor para aguantar las peleas de su prima y el tarado de Suigetsu. Dejó el móvil sobre la mesa, se llevó una patata frita a la boca y tomó el vaso con la otra mano, dando un buen trago a su coca-cola.

Las insinuaciones y las indirectas de todo su círculo tanto familiar como de amigos sobre que debería atender más a lo que tenía a su alrededor lo estaban llevando al límite. Además, lo más importante ahora mismo era Shinachiku, se dijo.

Nada más importaba que su hijo.

Ya tendría tiempo para reparar su corazón roto.

Fin Capítulo 3


Ayyyyyy, que la cosa empieza a tornarse interesante xD. ¿Qué os parece? Muchos me habéis comentado que no os parece que vaya apresurada, lo cual me alivia enormemente. Cuando escribo un algo de mis OTP las manos me pican porque estén juntos. Ya. Desde el primer capítulo. Pero yo me esfuerzo por darle un desarrollo, un por qué pasa lo que pasa y esas cositas que dan algo de intriga y que sé, muy en el fondo, os encantan.

Bueno, ¿me dejáis un review lleno llenito de cositas bonitas? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Guest y a Marys!

Answering to Guest: I have no problems to understand Portuguese. My language (not Spanish, my other native language xD) is too similar to Portuguese, so, you can write your reviews in your language if you want. And, in case there are words that I don't know, I can ask my boyfriend. He was studying in Porto during his PhD, doing some research for his work. He had to learn Portugese, and he can help me with those things I couldn't translate xD.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.