Segundo capítulo, espero les guste, recuerden ir a mi página de Facebook "Fanfics by KittieBatch" para enterarse de las actualizaciones.

¡Un beso!


Capítulo II

─El inicio del Verano─

─...Entonces le puso muchas chispas de chocolate─ decía Sherlock con una sonrisa emocionada, el día pasó rápido y era hora de ir a la cama para el pequeño niño. Su madre intentaba ponerle el pijama pero parecía imposible hasta que terminara de narrar su historia.

Volvieron cerca de medio día para tomar el almuerzo, entonces Greg prometió volver por la tarde para terminar de jugar con Sherlock, sus padres se hallaban en casa para ese momento y no ocultaron su sorpresa al descubrir que Mycroft no solo acompañó a su hermano en sus andanzas sino que lo hizo por decisión propia, estuvo bajo los rayos del sol, todo un tipo de comportamiento muy diferente al acostumbrado, pero algo muy típico de un adolescente. Sin embargo el olfato de su padre era grande, él se guiaba por él corazón y supo desde que los vio llegar que, su hijo había perdido el piso por el joven Greg, contrario a lo que cualquiera creyese, él comprendía que alguien como Greg pusiera el mundo de su hijo de cabeza, era un jovencito educado, amable, servicial, guiado por su corazón, el complemento perfecto para Mycroft.

─…Pero a Mycroft no le gustó y lo asustó, hizo ¡bam, bam! Y se fue─ continuaba Sherlock la historia, la mención de ese "bam, bam" hizo temer a su madre que su hijo mayor se hubiese metido en problemas, sin embargo no fue así, él solo actuó como su instinto le decía, aquel que nunca escuchaba se alertó esa tarde cuando un grupo de chicos se acercaron a Greg al salir de la heladería, parecían viejos conocidos suyos, pero para Mycroft resultaban una molestia, especialmente el capitán del equipo de Rugby, el joven de cabellos negros y porte atlético devoraba con la mirada al jovencito.

─Greggie, ¿qué haces por aquí?─ el chico se había acercado con familiaridad rodeando con sus brazos al joven omega que de inmediato se sonrojó.

─Lo mismo que tú, supongo, comprar un helado─ sonrió perdiéndose un momento en la fantasía de que un chico popular se fijara en él.

─Escuché que Marty hará una fogata el jueves ¿por qué no vienes y asamos algunos malvaviscos juntos?─ El moreno se relamió a medida que se acercaba al pequeño, aquel omega era un reto para todo el colegio, no solo era guapo, era inteligente, amable y de sangre francesa, para todos resultaba un imán, Alphas y Betas iban tras él cada vez que podían, sin embargo él no cedía ante nadie, algunos rumores decían que en Francia dejó a un novio, otros que se hacía el difícil, y algunos otros especulaban que tenía algún voto extraño de castidad.

─Me gustaría ir Carl, siempre que no tenga que trabajar esa noche─ sonrío el chico perdido en lo embriagante que resultaba tener al Capitán del equipo de Rugby tan cerca, dispuesto a besarlo, un chico dos años mayor se fijaba en él.

─Tienes que trabajar esa noche─ la voz de Mycroft se escuchó rompiendo el momento entre esos dos. La escena no solo molestó a Sherlock que veía con furia al intruso que pretendía quitarle a su niñero, sino que también al pelirrojo que estaba más que interesado en el joven castaño –aunque aún no lo averiguaba-.

─Carl, Mycroft tiene razón, ya me comprometí─ se alejó del abrazo del mayor, aliviado de que el pelirrojo interviniera, era difícil no dejarse llevar por ese chico, aunque supiera de la fama que le precedía.

─¿Seguro que no puedes cancelar?─ el chico volvió a buscar su cercanía y esta vez Mycroft, con todo su Alpha molesto apartó a Greg antes que el otro pudiera siquiera tomarlo.

─No puede─ sentenció atrayendo al castaño a sus brazos en un gesto protector, haciendo sus ojos cambiar a un color oscuro y no el verde habitual. ─Aléjate─ siseó y el otro retrocedió, era un Alpha pero sabía distinguir una batalla perdida.

─Greggie, cuando te quieras divertir, sabes donde hallarme─ dijo alejándose airado por no conseguir nada del castaño. Por su parte Greg suspiró aliviado sin apartarse de Mycroft.

─Gracias, de no ser por ti hubiese caído en la lista de Carl─ suspiró cómodo en los brazos que aún no lo soltaban, resultaba relajante estar cerca de Mycroft, se sentía seguro a su lado.

Sherlock saltaba contento de ver al Alpha alejarse y le concedió mando a su hermano por defender a "SU" Greg. El niño era temperamental cuando se metían en su territorio, suerte tendría con quién decidiera unirse cuando fuera mayor. Mycroft únicamente dio una sonrisa tranquila como única respuesta a las palabras de Greg, sin embargo no lo soltó, su brazo rodeando su cintura no se movió, en cambio afianzó su protección sobre él y caminaron los tres hacia la casa de los Holmes.

Para Mycroft aquella experiencia elevó muchos pensamientos, racionales e irracionales, miedos sobre su actuar instintivo, gusto por su actuar instintivo, la necesitada que sintió de proteger a Greg le resultó tan inmediata como el disgusto de otro "hombre" tocándolo, seduciéndolo. Pero Mycroft era una máquina que racionaliza todo, o al menos lo intenta, entonces se propuso una explicación. Él era el Alpha, de mayor edad, Greg el único Omega y Sherlock un pequeño cachorro, su actuar obedeció a ello, proteger al Omega como instinto básico, que por añadidura protegería al cachorro, su hermano. ¡Todo estaba tan claro! ¡Por eso él se puso tan a la defensiva cuando apareció un intruso! Nada tuvo que ver el hecho que el intruso estaba seduciendo a Greg, pasaba sus manos llenas de impúdicos deseos por el cuerpo del castaño, o que sus labios se acercaban lentamente con intensiones de profanar los contrarios. Y con esa explicación llena de racionalizaciones absurdas se dio por bien servido y fue a la cama, con la consciencia tranquila.

Pero su padre ya tenía comprendida la situación de su hijo mayor, los dejaría ir a su ritmo, no intervendría, sin embargo veía venir una unión en ellos, una muy fuerte unión, tal vez se confundía, pero en ese momento creía fielmente que su hijo halló a su persona indicada. Esa noche lo comentó con su esposa y ella estuvo de acuerdo a medias, pues creía que la situación podría ser un problema para los hermanos, suerte que Eurus no pasaría el verano con ellos o tendrían tres problemas. Greg había conquistado a los dos jóvenes Holmes, sería un verano muy interesante.

En casa de los Lestrade las cosas marchaban a un ritmo diferente, Greg se entretenía leyendo un libro regalo de sus abuelos paternos, su madre charlaba por teléfono y su padre parecía inquieto por algo en la televisión, ─Ce n'est pas possible!─ gritaba su padre a la pantalla.

─Tout est possible─ le respondía su madre sin perder el hilo de su conversación por teléfono y Greg reía, sus padres eran una bomba de amor, un amor muy divertido. Solían molestarse con bromas todo el tiempo, eran relajados y casi no discutían, a menos que alguien se acabara la crema de maní y no comprara más.

─Ne crie pas papa─ se aventuró a decir Greg tirando un cojín a su padre para que se callara, ahora había perdido interés en su lectura y decidió colarse en los brazos de su papá, el niño de apenas trece años era muy apegado a sus padres, sin embargo compartía una unión muy fuerte con su padre, a veces acudía a él antes que a su madre, por su parte, Adrien Lestrade solo se había enamorado dos veces en su vida, la primera fue de su encantadora esposa Violette y la segunda ocasión sucedió cuando sus ojos vieron por primera vez a su hijo, hermosa criatura que llenaría de amor su vida, la revolucionaría y lo volvería el hombre más feliz de la galaxia, aunque también el más celoso.

─Mi pequeño, Qu'est-ce que tu as fait aujourd'hui?─ preguntó su padre sobre su día, olfateando los diferentes olores que estaban impregnados en su adorado hijo, reconoció el aroma del niño Holmes, ese no le molestaba, era un bebé que adoraba a su niño, casi era un gusto ver como ellos entablaron una hermosa y cercana relación. Sin embargo se detuvo con un gesto de disgusto cuando el aroma a otros dos Alphas destacó en su hijo. Esencias desconocidas solo podían significar que existían pretendientes para su bebé.

─Fui con Sherlock y su hermano mayor al parque, volvió del internado y es muy agradable─ dijo el niño y su padre sintió un poco de alivio, uno de esos aromas en su hijo resultaba protector, el otro resultaba desagradable para Adrien, seguramente un intruso.

─¿En serio? ¿Cuándo volvió?─ preguntó fingiendo poco interés aunque sus alarmas se dispararon, era muy pronto para que su bebé fuese pretendido, no, él era un niño, nadie lo tocaría.

─Ayer, por la noche, estudia en un internado en el norte, es de esos de las películas─ rió Greg ─Pero es amable y me defendió de otro chico que se me acercó mucho.

"Demasiado" le dijo su cerebro a Adrien, sin embargo se abstuvo de hacer comentarios absurdos o su hijo ya no le contaría nada ─¿él te defendió sin conocerte?

─Es como Sherlock─ Greg se refería a lo territorial que era el niño pero su padre no lo entendió, así que se quedó con expresión de duda auténtica. ─Además huele bien, quiere mucho a su hermano… ¿puedo ser su amigo?─ añadió de forma inocente el pequeño y su papá asintió, cualquiera que defendiera a su hijo merecía una oportunidad.

Esa noche, antes de ir a la cama, Greg contó con más detalle lo sucedido entre Carl, Mycroft y él, su madre le aconsejó alejarse de Carl y acercarse a Mycroft, era un buen chico y le haría bien tener amigos para el verano, seguramente todos sus amigos vivían en otros lugares. Greg estaba de acuerdo, Mycroft le resultaba interesante, con sus cabellos de fuego y sus pecas salpicadas por todo su rostro y ese carácter aparentemente serio que flaqueaba con su hermano menor, no recordaba a alguien con esas cualidades.

Greg se fue a la cama soñando con Notre Dame, se hallaba parado frente a un cuadro borroso y sentía unos pasos caminar dudosos en su dirección, su corazón se aceleraba, como si estuviera esperando ese momento toda su vida, entonces una mano se posó en su hombro para girarlo. Despertó gracias al ruido de su madre en la cocina preparando el desayuno, la adoraba pero no por las mañanas de las vacaciones o fines de semana, ella era ruidosa, muy ruidosa y sus ruidos solían despertarlo desde muy temprano. Esa mañana no fue la excepción, vio el reloj en su mesilla de noche y se giró para seguir durmiendo, eran las siete, quería levantarse alrededor de las nueve, no a las siete. Volvió a cerrar los ojos quedándose dormido por unos momentos hasta que algo se coló en su cama, era pequeño y esponjoso, olía bien, abrió un ojo para ver qué era y se topó con Sherlock metiéndose bajo sus sábanas.

─Tú mamá dijo que podía─ susurró el chico y Greg, sabiendo que aquello era muy posible asintió haciendo espacio al pequeño y dejando que se pegara a él para seguir durmiendo, compartiendo por primera vez un momento de apacible sueño.

La noche anterior los padres de Greg movidos por la curiosidad de conocer al hijo mayor de los Holmes, invitaron a tomar el desayuno a la familia, ellos aceptaron encantados, pues les movía el agrado por los Lestrade y la curiosidad de saber qué se traía Mycroft con el joven Greg. Así que temprano levantaron a sus dos hijos y con un pelirrojo callado y un Sherlock en pijama salieron para la casa de los Lestrade, no estaba lejos, realmente vivían cerca, quince minutos caminando, cinco en auto, eran prácticamente vecinos. Cuando llegaron Violette preparaba el desayuno y Adrien intentaba reparar la pajarera que perdió parte del techo en invierno, no había señales de Greg.

─Bonjour─ saludó Adrien desde el jardín al verlos llegar.

─Comment allez-vous, monsieur?─ dijo Mycroft recordando sus lejanas clases de francés, aún no desarrollaba el gusto por los idiomas, aunque lo descubriría pronto al interesarse en la vida de Greg.

─Très bien et toi?─ contestó el padre de Greg complacido con el jovencito, bien, tal vez lo dejaría acercarse a su bebé.

─Très bien, merci─ Mycroft contestó para gusto de sus padres, orgullosos de la inteligencia del pelirrojo.

─Buenos días, adelante─ dijo Violette haciéndolos entrar a la sala, donde Sherlock comenzó a buscar con la mirada a Greg. Tras los saludos y presentaciones, el pequeño estaba tan desesperado que no quiso escuchar más y comenzó a llorar porque no veía a su niñero por ningún lado.

─Sube las escaleras sigue el pasillo hasta el fondo, esa es su habitación─ le indicó Adrien a Sherlock y él corrió como loco a su encuentro, sin preocuparse por llamar abrió la puerta metiéndose bajo las mantas de Greg, allí lo encontró Mycroft tras media hora, los veía durmiendo abrazados, el rostro del castaño era todo calma, parecía relucir con la luz que entraba por las ventanas, toda la habitación olía a él, su aroma atrayente, el delicioso aroma del jovencito. Mycroft la analizó, las paredes blancas contrastaban con el decorado en tonos azules y verdosos, amplia y ordenada, algunos posters de series de televisión, un escritorio y una librera amplia donde descansaban mayoritariamente libros en francés. Un baúl viejo y pesado descansaba en una esquina con las iníciales de Greg talladas en él. Le pareció curioso pero no quiso ser imprudente, ya le resultaba un atrevimiento estar en su espacio, irrumpir en esa habitación el aroma embriagante del joven, podía adivinar su aroma en la niñez, pero definitivamente los cambios de los últimos tiempos resaltaban.

Suspiró intentando alejar toda perturbación de su mente para grabar aquel recinto en su memoria, detalle a detalle, desde las cortinas, hasta el libro descansando en la mesilla de noche, las pantuflas grises, con la cara de Tom, le llamaron la atención, sin duda Greg aún estaba dando ese paso de la niñez a la adolescencia. Mycroft recordó que unos años atrás él también disfrutaba de las aventuras de Tom y Jerry, ahora era su hermano menor el que enloquecía con esos dibujos animados. En el escritorio notó algunas fotografías, Greg y sus padres en un jardín que supuso pertenecía a su antigua casa en Francia, Greg aparecía en otra fotografía junto a una chica un tanto menor que él, compartían algunas facciones y dedujo que se trataba de algún familiar cercano, posiblemente una prima. Había una tercera fotografía, se trataba de un grupo de cinco niños, todos muy animados sonreían a la cámara, Greg en el centro con una corona de flores, en el fondo podía leerse "París". Supuso que se trataba de la antigua pandilla de amigos con quienes se juntaba Greg.

Había mucha información en ese lugar y él la absorbía con verdadera rapidez, después se preguntaría para qué deseaba saber tanto del niñero de su hermano y se respondería que era por seguridad. Otra mentira para evitar comprender que ese chico despertaba ciertos instintos en él. Después de deleitarse con el decorado y los muebles, pasó a Greg y a su hermano, estaban durmiendo abrazados, su hermano se aferraba al joven con fuerza, como si deseara que nada en el mundo lo aparte de él, Mycroft había estudiado esos comportamientos, los Omegas despertaban ciertos sentimientos en los niños pequeños, especialmente seguridad, el contacto con un Omega mejoraba el carácter de los niños, especialmente cuando provenían de una familia de Alphas, como en el caso de ellos. Sin embargo tanto Eurus como él no presentaron los comportamientos que su hermano menor tenía, él necesitaba sentirse seguro bajo el cuidado del joven. Tal vez se debía al hecho de ser el menor o que de alguna forma muy rara, tenía la sensibilidad que a los demás les faltaba, como fuera, Sherlock era diferente.

─Hey, Sherlock, despierta─ Mycroft movió suavemente a su hermano para que abriera los ojos, sus padres lo habían enviado a despertar al par de bellos durmientes, sin embargo pasó diez minutos analizando el lugar y el rostro de Greg antes de cumplir su tarea. Repitió un par de veces el llamado hasta que el castaño fue quien abrió los ojos, hallándose confundo al notar a Mycroft en su habitación.

─¿Mycroft, qué haces aquí?─ se sobó los ojos intentando enfocar al Alpha. Sherlock se removió en la cama con desgano aferrándose aún más a Greg.

─Tus padres nos invitaron a desayunar… perdona por entrar, pero es hora de bajar─ el pelirrojo susurró suave sus palabras, el ambiente se había llenado de un espíritu de complicidad entre ellos.

─Sherlock, despierta─ susurró el castaño moviendo al pequeño ─Vamos a desayunar.

─Llévame─ pidió el niño aún adormilado. Como respuesta Greg salió de la cama con su pijama de gato y se puso las pantuflas, extendió los brazos a Sherlock que se arrojó a él, viendo a su hermano hasta que se aferró al castaño. Para disgusto de Sherlock el viaje en brazos de su niñero no duró tanto, al llegar a las escaleras Mycroft lo cargó pues su peso era mucho para el castaño y podía caer por ellas. Así llegaron a la planta baja, los tres aparecieron en el comedor causando una extraña sensación en sus padres, Mycroft cargaba a Sherlock y Greg andaba a su lado riendo de las cosas que decía el pelirrojo. Los cuatro adultos tuvieron una especie de premonición colectiva, pero no dijeron nada.

─Buenos días─ saludó Greg a sus invitados antes de saludar a sus padres con palabras mimosas en francés, algo que causó una sensación cálida en el corazón de Mycroft.

─Hola Greg, ¿cómo has estado? Espero que Sherlock no fuese una molestia, él te estaba buscando─ dijo la madre de Mycroft ganándose una mirada seria de su pequeño hijo.

─Para nada, Sherly siempre es bienvenido─ Greg sonrió y se fugó a la cocina solo para volver con un vaso de leche tibia que le ofreció al niño, Sherlock no solía recibir alimentos con tanta facilidad, tenía la mala costumbre, por llamarla de alguna forma, de no comer, por ello fue extraño verlo terminarse el vaso de leche por completo.

─Greggie, cereal─ murmuró bajito y Greg asintió.

─Yo le sirvo cariño, siéntate─ dijo su madre y Greg aceptó tomando asiento junto a Mycroft que parecía incómodo por la mirada que su padre le regalaba cada vez que él veía a Greg.

El castaño le dio un codazo al notar la tensión en el pelirrojo haciéndolo soltar un gruñido que divirtió al castaño ─Quita esa cara─ le susurró Greg a Mycroft y el otro se puso rojo hasta las orejas porque la voz del chico lo hizo sonreír.

─¿Cara de qué tengo?─ le respondió con una sonrisa tímida.

─De zorro gruñón─ bromeó el chico y sin pensarlo comenzó a hacerle cosquillas al pelirrojo que respondió devolviendo las cosquillas, la mesa se llenó de sus risas, el ambiente se volvió ligero y ellos se olvidaron de los adultos o de cualquier otro ser humano que no fuese su contrincante de cosquillas.

─Ellos─ le susurró el señor Holmes a su esposa que asintió callada, comprendiendo lo que su esposo decía, estaban destinados. Pero todo a su tiempo, eran muy jóvenes, la vida los llevaría por el camino correcto cuando fuese tiempo.

El desayuno transcurrió tranquilo, entonces Sherlock volvió a casa con sus padres y Mycroft se quedó a pasar tiempo con Greg, subieron a su habitación buscando un viejo telescopio que el menor usaba en las noches estrelladas de Lyon, tenía fascinación por los astros. En dos semanas una lluvia de estrellas caería y decidieron que se prepararían para ese momento, trazando un plan, el menú, consiguiendo una tienda de campaña y todo lo necesario para hacer aquella ocasión inolvidable. Un juego de niños que los uniría aún más.

Cerca de medio día saltaron a la piscina, el ambiente era tan cálido que el contraste con el agua fría les devolvió el buen humor, los padres de Greg los vigilaban a ratos, pero los dejaban estar juntos a sus anchas, aunque Adrien un poco a regañadientes, no es que no le agradar Mycroft, todo lo contrario, sin embargo estaba teniendo la crisis de descubrir que su bebé estaba creciendo y eso no le gustaba a ningún padre con corazón de sobre protector. Sabía que era cuestión de tiempo que su hijo llevase a su primer novio a casa –si es que no lo estaba viendo ahora- y que se graduara del bachillerato, entonces se iría a la universidad, conseguiría un título y un día llegaría con la noticia que se casaría… entonces tendría que entregarlo a otro que se convertiría en su compañero de vida, tal vez después lo sorprendería diciendo que sería abuelo.

─No te atormentes─ le dijo su esposa acariciando su hombro ─Aún es pequeño, sigue siendo tu bebé, no te hagas ideas.

─Violette, él un día abrirá los ojos y pensará que su papá es demasiado viejo para entenderlo, entonces ya no me va a querer y me cambiará por un novio─ habló triste Adrien.

─No seas tonto, él te ama, eres su papá favorito, su héroe, confía más en el amor que te tiene─ ella le dio un golpe suave en la cabeza esperando que se le acomodara el tornillo suelto que le hizo pensar esas cosas.

─Es tan difícil pensar que algún día crecerá─ dijo él y ella estuvo de acuerdo, no sabía si para las otras familias era tan difícil verlos crecer o solo se trataba de ellos, su niño era un Omega, uno de un buen linaje y muy guapo, tanto era que algunas familias allegadas a la suya pretendían presentarle a sus hijos si tenía la oportunidad de volver a Francia. A ellos les parecía absurdo, pero ahora que lo observaban reír al lado de Mycroft todo el panorama cambiaba, trece años y su niño se convertiría rápidamente en un joven hermoso.

Para Mycroft estar con Greg se volvía una necesidad, esas horas en casa del chico nadando en la piscina, haciendo planes para pasar tiempo juntos, riendo por tonterías, le mostró un aspecto de la vida que no experimentó en otro lugar, con sus hermanos el trato era diferente, Sherlock era pequeño y siempre quería jugar, Eurus tenía un carácter interesante, no se abría mucho a los demás y prefería enterrar la nariz en los libros, convivían a veces, pero no parecían estar hechos para las relaciones profundas, aunque Mycroft adoraba a su familia, las muestras de afecto entre los hermanos parecía un código prohibido. En el internado también mantenía sus distancias, no era fan de tener un grupo de compinches, nadaba a su suerte. Al llegar Greg a su vida descubrió lo divertido que le resultaba tener un amigo, reírse de tonterías y dejar que él lo guiara, le resultaba fácil dejarse llevar por el huracán de energía positiva que era el castaño.

El verano sería su nueva estación favorita, tan solo por esos recuerdos que comenzaba a construir junto a Greg, no importaría nada, él guardaría en su memoria sus días riendo despreocupado, paseando de la mano del viento fresco que representaba Gregory Lestrade. La risa del chico representaba la alegría de la vida, algo que le resultaba amorfo al pelirrojo hasta ese momento, el aroma de la belleza fue interpretado por su cerebro como el aroma natural de Greg, y sus noches oscuras serían acompañadas por el sentimiento de la compañía silenciosa de un cómplice. Así pasaron el tiempo del verano, nadando, yendo al parque, comiendo helado, cuidando de Sherlock, enamorándose.