¡YAHOI! Antes de nada, me gustaría hacer una mención especial y dedicar este capítulo a uno de mis más fieles lectores:

Acceleration-sama este va para ti. No solo por estar siempre ahí, apoyándome con tus preciosos comentarios capítulo tras capítulo, historia tras historia, sino también por darme ánimos cuando más lo necesitaba.

Así que gracias. Por simplemente leer y comprender. Por comentar y tener siempre algo bonito que decir de mis historias. Sé que no son perfectas y que tienen defectos, pero saber que, aún así, va a haber alguien a quién le gusten, levanta el ánimo de cualquiera.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Ahora sí, ¡espero que os guste!


Capítulo 4


―Entonces ¿está todo bien?

―Sí, Hinata-chan. Shinachiku está perfectamente. El mes que viene tiene la siguiente revisión y ahí ya le pondrán las primeras vacunas. ―Hinata cerró los ojos y sintió como la tensión se iba de su cuerpo.

Había estado muy preocupada por aquella primera visita al pediatra del pequeño Shinachiku, no tanto por el niño como por su atolondrado padre. Naruto tendía siempre a exagerar las cosas y a ponerse sumamente nervioso ante situaciones que eran nuevas o que no podía controlar. Y llevar a tu hijo al pediatra por primera vez sin duda entraba en ambas categorías.

―M-me quitas un peso de encima, Naruto-kun. Gracias por llamarme.

―¡Era lo menos que podía hacer'dattebayo!―Hinata sonrió―. Soy yo el que debería agradecerte. En serio, Shina-chan y yo habríamos muerto este primer mes si no hubiese sido por ti, Hinata-chan. ―La chica se sonrojó al oír las amables palabras de Naruto. Dio gracias porque fuera una conversación telefónica y que así él no pudiera notar su rubor―. ¿Cuándo volverás?―Hinata suspiró y se dejó caer en su cama, con el móvil pegado en la oreja.

―E-en un par de semanas. L-los chicos están muy preocupados, también. Quieren ir a visitarte. No paran de preguntar por ti. ―El silencio que se hizo al otro lado de la línea le indicó a Hinata que Naruto estaba en estos momentos lidiando con una batalla mental.

Al final, escuchó un largo suspiro.

―Diles que estoy bien, aunque… bueno, si quieren venir… ¡pe-pero no todos a la vez!―Hinata soltó una risita.

―Les diré, entonces.

―¿Y tú cómo estás, Hinata-chan?―El corazón de la muchacha se aceleró al percibir sincera preocupación en la voz masculina.

―Bi-bien. A-ando arreglando todo el papeleo para la universidad.

―Si recuerdo bien querías estudiar diseño gráfico ¿verdad? Tus dibujos eran siempre los más bonitos en la clase de plástica. Y ganaste varios concursos cuando estabas en el club de arte del instituto. ―Hinata se quedó momentáneamente sin respiración.

¿Se acordaba de todo aquello?

―S-sí. Hi-hice las pruebas para la facultad de Bellas Artes y, con el tiempo, me especializaré en diseño.

―¡Eso es genial'dattebayo! ¡Ya verás como te admiten! ¡Y si no es así yo mismo les patearé el culo por no saber apreciar el verdadero arte!―Hinata rio. Iba a agradecerle cuando percibió un lloro a través del teléfono; Naruto soltó un bufido―. Apenas ha dormido una hora… de verdad, Hinata-chan, necesito que vuelvas pronto. Cuando estás tú duerme más tiempo'ttebayo. ―Hinata sonrió de nuevo.

―Se-será mejor que vayas, Naruto-kun.

―Sí, claro. Seguramente será un cambio de pañal. No lo vas a reconocer cuando vuelvas, Hinata-chan. ¡Está enorme! ¡Y come más! Es un glotón.

―Tiene a quién parecerse―soltó Hinata. Enseguida se llevó la mano a la boca―. Na-Naruto-kun, l-lo sien-

―Tienes razón―la interrumpió el rubio―, Shina-chan se parece a mí en lo comilón. ―Hinata volvió a sonreír―. En fin, Hinata-chan. Gracias por todo, otra vez, de verdad. ¡Y ven pronto!

―S-sí. Ha-hasta pronto, Naruto-kun. ―Finalizó la llamada y dejó caer el brazo a un lado de su cuerpo sobre el colchón, con el corazón palpitando como loco en su pecho―. ¿Qué estoy haciendo?―se preguntó en voz alta.

―Conquistar al chico al que amas. ―Aquella voz femenina y algo chillona la hizo saltar en la cama, quedando sentada con las piernas colgadas por el borde.

―¡Hanabi! ¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso?―La aludida esbozó una amplia sonrisa y caminó hasta dejarse caer al lado de Hinata en la cama.

Hanabi era la hermana menor de Hinata. Ostentaba los rasgos típicos de los Hyūga, como la piel pálida y los ojos perlados. Pero no se parecía a su hermana mayor: mientras que Hinata había heredado los rasgos delicados y elegantes de su madre, Hanabi se parecía mucho más a su padre y a su primo Neji, único hijo del hermano gemelo de Hiashi Hyūga, Hizashi.

―Creo que es increíble lo que estás haciendo, nee-sama. Yo sería incapaz de cuidar y de preocuparme así por un bebé que no es mío, aunque sea hijo del chico que me gusta. ―Hinata bajó la cabeza, jugueteando nerviosa con sus dedos―. Solo espero que sepas lo que haces y que no acabes aún más lastimada en el proceso. ―Hinata miró para su hermanita y sonrió.

La envolvió en un cálido abrazo que Hanabi le devolvió.

―Gracias, Hanabi. Pero no puedo evitar preocuparme. ―Hanabi suspiró.

―Eres demasiado buena, nee-sama.


―Entonces… ¿podemos ir a verlo?―Hinata dejó su batido sobre la mesa y asintió a la pregunta de Ino―. ¡Genial! ¿No es así, Sasuke-kun?―El aludido asintió, con su cara impertérrita de siempre.

Aunque Hinata notó un ligerísimo atisbo de alivio asomarse a sus ojos negros.

Los tres se habían reunido aquel día para que Hinata les dijera sobre la última charla que había tenido con Naruto. Había elegido a Ino porque solía ser el pegamento que mantenía unido al grupo, la que se empeñaba siempre en mantener el contacto entre todos. Y a Sasuke porque era el mejor amigo de Naruto. Ambos eran prácticamente como hermanos.

―¿Cómo está?―preguntó el Uchiha, con algo de brusquedad.

Hinata dio un pequeño sorbo a su bebida y suspiró.

―Bi-bien. A-ayer llevó a Shinachiku a su primera revisión con el pediatra.

―Shinachiku tiene pinta de ser un bebé muy bueno.

―Lo es―ratificó Hinata la afirmación de Ino. Los ojos negros de Sasuke se clavaron en la Hyūga, como escrutándola.

Hinata se puso roja. Le ponía extremadamente nerviosa el que la gente se la quedara mirando.

―Oye, Hinata ¿cómo lo lleva? Ya sabes… lo de la frentona―preguntó Ino ahora en un susurro.

Hinata se mordió el labio inferior.

―No muy bien. Cre-creo que lo que más le duele no es el que ella lo dejara, sino el que abandonara a Shina-chan de la forma en que lo hizo. ―El tono de Hinata era ahora de molestia, de enfado.

Sasuke sonrió de medio lado e Ino asintió, comprensivamente.

―Yo tampoco me lo explico. Sé que, desde un principio, Sakura no estaba con Naruto porque lo amara locamente, ella siempre estuvo enamorada de Sasuke-kun. ―Sasuke hizo una mueca de disgusto.

Cuando él se había enterado de la relación entre su mejor amigo y la pelirrosa había hablado con Sakura para exhortarla a que no siguiera adelante, a que fuera sincera con Naruto. Pero ella lo había mirado con marcado enfado, diciéndole que no tenía ningún derecho a exigirle que dejara escapar su felicidad.

―No lo amas, Sakura. Ambos sabemos a quién quieres de verdad.

―Sasuke-kun, tú…

―No te confundas, yo no te veo de esa manera. Pero Naruto no se lo merece. ―Sakura frunció el ceño.

―Puedo hacerlo feliz. Él siempre ha estado enamorado de mí. ―Sasuke suspiró.

―¿Y Hinata?―Durante unos segundos la sombra de la culpa asoló los verdes orbes de la Haruno―. Ella sí ama a Naruto, desde siempre. El dobe es demasiado despistado, pero sabes que en los últimos meses ella ha conseguido acercársele más y parece que a él le gusta. Naruto, inconscientemente, siempre la ha protegido y se ha preocupado por ella. Solo que está tan obsesionado contigo que no se da cuenta de sus verdaderos sentimientos. Es tu amiga. ¿No te importa hacerle daño?―Sakura abrió la boca, en parte sorprendida porque nunca había oído hablar tanto antes al Uchiha y en parte porque aquello que Sasuke le decía era cierto.

―Él me quiere a mí―dijo Sakura, convencida―. Sasuke-kun, Naruto es feliz conmigo, ya lo has visto. ―Sasuke negó con la cabeza.

―Solo estás intentando convencerte a ti misma, y tratando de darme celos―la pelirrosa iba a protestar, indignada, pero Sasuke no se lo permitió―, pero te digo desde ya que no funcionará. Si le haces daño, si le rompes el corazón, no te lo perdonaré jamás. ―Le dio la espalda a la chica y se fue, dejándola con la palabra en la boca.

Aquella había sido la última conversación que él y Sakura habían mantenido. Unas semanas después fue cuando Sakura y Naruto empezaron a alejarse cada vez más de todos, aislándose en el instituto, hablando en susurros y prácticamente huyendo de sus amigos.

Él, Hinata y Shikamaru fueron los únicos que sospechaban lo que ocurría. Pero a ninguno se le había pasado por la cabeza el que Sakura pudiera llegar a hacer algo como lo que hizo.

―N-no es tu culpa. ―La voz de Hinata lo trajo de vuelta del mundo de los recuerdos. Sasuke revolvió su café y le dio un sorbo, dejándolo con un golpe sordo de nuevo sobre la mesa―. Sasuke-kun…

―Debí insistir, debí hablar con el dobe. ―Hinata e Ino negaron con la cabeza.

―No te habría escuchado. Shikamaru lo intentó y Naruto se enfadó tanto que dejó de hablarle durante un mes. Lo acusó de querer sabotear su relación con el amor de su vida. ―Hinata sintió un pinchazo en el corazón.

―Hinata―la chica levantó la cabeza―, cuídalo. El dobe es idiota. Te necesita. ―Hinata parpadeó ante semejante aseveración por parte del pelinegro.

―Sa-Sasuke-kun, y-yo… é-él no… ―Ino rio.

―Solo cuídalo, Hinata. Ahora mismo eres la única a la que le ha permitido acercarse. ―Hinata se sonrojó y asintió, bajando la cabeza―. Oh, y dile que este fin de semana iremos a visitarlo unos cuantos, y que nos quedaremos varios días en plan vacaciones. ―Sasuke miró para la rubia con una ceja alzada mientras que Hinata asentía, revolviendo su batido con la pajita.

Entendía las indirectas de sus amigos, pero no sabía si estaba dispuesta a llevar sus actos hasta las últimas consecuencias.

Aprovecharse no estaba bien, ¿verdad?


Naruto releyó el mensaje mientras empujaba el carrito donde Shinachiku iba tumbado todo tranquilito, agitando sus puñitos ante los juguetes que colgaban sobre él, como intentando alcanzarlos.

Suspiró: sus amigos querían ir a visitarlo el fin de semana. No es como si no le hubiesen dejado caer algo, pero no sabía si él estaría preparado para encararlos. Aún se sentía como un auténtico imbécil por lo de Sakura. Miró para su hijo y sonrió. De lo único de lo que no podría arrepentirse cuando se metió con aquella chica que había creído el único y genuino amor de su vida era de su bebé.

Entonces, deslizó el dedo sobre el móvil y sonrió al ver la foto que tenía como fondo de pantalla. La había puesto allí en un impulso, incapaz de resistirse a una imagen tan tierna: en la fotografía Hinata sonreía, sosteniendo a Shinachiku de cara a la cámara, con una mano metida entre sus piernecitas, sujetándolo de la tripita, mientras el otro brazo lo tenía sosteniendo firmemente la cabeza del bebé. Shinachiku estaba con los ojos muy abiertos, sorprendidos, con el chupete en la boca y vestido con un cuco conjunto de verano a base de blanco y azul.

No había podido resistirse a ponerla de fondo de pantalla en el móvil. Hinata se veía preciosa, con la playa de fondo. Y Shinachiku parecía la mar de calmado en los brazos de la chica. Aquella instantánea la habían tomado sus padres y posteriormente se la habían enviado.

Detuvo su caminar y suspiró. ¿Qué pasaba con él? Sacudió la cabeza y guardó el teléfono en uno de los bolsillos de las bermudas que se había puesto ese día.

Hinata era su amiga, una muy buena amiga que lo había ayudado en un momento difícil. Punto. Además, seguramente ella ya tendría a alguien que le gustara, un chico la mar de suertudo, sin duda.

Paró de andar de nuevo, negando más fuerte con la cabeza. Shinachiku quedó mirando para su padre, como fascinado por los movimientos que este hacía.

―Eh, chico. ―Naruto giró el rostro y sonrió al hombre rubio de gafas oscuras que se le acercaba medio bailando.

―¡Hola, Bee!

―Dando un paseo así es como te encuentro. ―Naruto rio―. ¿Cómo vas?―Ambos chocaron las manos a modo de saludo y luego Bee se inclinó para saludar a Shinachiku, quién dejó caer el chupete, seguramente a causa del susto que aquel hombre le había provocado al tenerlo tan cerca.

―Eh, quítate. Lo asustas. ―Bee hizo caso y se volvió a Naruto.

―¿Estás bien? Pareces preocupado. ―Naruto negó, aunque su semblante seguía manteniendo cierta preocupación―. ¿Seguro? Puedes hablar conmigo, muchacho. ―Naruto suspiró.

Lo cierto es que no le vendría nada mal algún consejo. Pero no sabía si confiar en Bee sería del todo correcto. Apenas se conocían de unas pocas semanas. Al final decidió que hablar con un desconocido sería lo mejor. Si le contaba esto a algunos de sus amigos lo más seguro es que se burlaran de él o le reprocharan. Bueno, tal vez no Shikamaru, pero el Nara tendía a ser demasiado mordaz con sus comentarios.

Con un gran suspiro, hizo señas a Bee para que lo siguiera hasta un banco cercano. Dejó el cochecito delante de él y puso el pie sobre una de las ruedas delanteras, meneándolo ligeramente adelante y atrás, para que Shinachiku no empezase a llorar por la falta de movimiento. Bee se sentó a su lado y esperó.

―Verás, Bee, yo… t-tengo un problema, creo, o algo así. ―El hombre alzó una ceja pero no insistió, esperando a que Naruto continuara hablando―. Hay… una chica, una amiga―se apresuró a aclarar, antes de que la sonrisa que Bee amenazaba con esbozar se extendiera por su rostro―, me ha ayudado mucho y yo… bu-bueno… estoy… algo confundido…

―Te gusta esa chica. ―Naruto negó firmemente con la cabeza, aunque una vocecita interior le dijo que no estaba convencido de negarlo.

―¡No! ¡Ella es mi amiga! Seguro que solo estoy… confuso ¿verdad? Agradecido…

―¿Es guapa?

―Preciosa―contestó Naruto sin pensarlo siquiera.

Al darse cuenta de lo dicho se ruborizó al máximo, desviando la vista a un lado, oyendo con algo de molestia la risa de Bee a su lado.

―Chico, te gusta. No conozco la historia que hay entre vosotros, pero ella no es la madre de tu hijo, ¿no?

―Por desgracia―musitó Naruto sin que Bee lo oyera. Carraspeó―. No, no lo es.

―¿Y tú quieres a la madre de Shinachiku?―Naruto meditó la respuesta durante unos minutos.

Aquel último mes, cuando Shinachiku lograba quedar dormido y él se acostaba en la cama, en la oscuridad de su habitación, había dedicado el breve tiempo previo al sueño para reflexionar y pensar sobre muchas cosas: el futuro, el pasado, él, Sakura, él y Sakura, Sasuke, Hinata… Él había querido muchísimo a Sakura, de hecho aún la quería pero… ¿en el sentido que le estaba dando Bee en este momento? En su día había creído que así era, se había convencido totalmente de que amaba a Sakura. Había pasado toda su vida prendado de ella, intentando por todos los medios llamar su atención, conseguir que ella lo quisiera.

Pero, ¿eso había sido amor? ¿Amor de verdad? A medida que los días pasaban cada vez estaba más y más convencido de que no, de que lo que había habido entre él y la Haruno no había sido más que algo pasajero: bonito, intenso, pero pasajero, de esos amores adolescentes, infantiles, que poco duraban pero que te daban experiencia en la vida.

Suspiró y miró para Bee.

―No, ya no me siento de esa manera respecto a ella pero… no sé… fue mucho tiempo y me cuesta deshacerme de esos sentimientos… Pero esta chica que te digo…

―Te hace sentir bien―completó Bee por él.

Naruto asintió.

―Pero no puedo… ni siquiera sé lo que siento hacia ella o si siento algo, o si es real. Además, está Shina-chan y tengo varias cosas que resolver y yo… no sé… ―Bee sonrió, de forma comprensiva ahora.

―Escucha, chico: si esa chica te gusta, y si lo que sientes por ella es verdadero o no, solo el tiempo lo dirá. No te apresures, céntrate en lo bueno que tienes en estos momentos, atesora el tiempo que pases con ella y luego piensa y reflexiona. Solo deja que las cosas fluyan y no las fuerces. ―Naruto quedó pensativo unos instantes.

Luego sonrió y asintió hacia Bee.

―Tienes razón, creo que eso haré. Muchas gracias, Bee. ―El moreno se encogió de hombros.

―Para eso estamos los amigos. ―Naruto sonrió de nuevo, contento.

Se despidió de Bee y, levantándose del banco, cada uno siguió su camino. El joven rubio iba ahora feliz, con un peso menos en el corazón.

Sí, haría eso, solo dejaría que las cosas marcharan a su ritmo y, si algo surgía entre él y Hinata al final, bueno, estaba seguro de que llegada la oportunidad no la dejaría escapar.


El fin de semana llegó y Naruto terminó de acomodar todo en el salón. Había recibido un mensaje de Sasuke diciéndole que llegarían sobre la hora de comer. Desde su tumbona, Shinachiku miraba a su padre ir de aquí para allá colocando cosas. Hizo un ruido para llamar su atención.

―Ahora te cojo, Shina-chan. Espera un segundo, ¿vale? Papá tiene que terminar esto. ―Pasó una bayeta húmeda sobre la mesa de centro y, satisfecho, fue a dejarla en la cocina. Entonces se acercó a su hijo, lo desenganchó y lo tomó en brazos. Shinachiku parecía feliz porque pataleó, contento―. Eres fuerte, bebé. ¡Serás un auténtico deportista'dattebayo!―Shinachiku pataleó más fuerte y Naruto rio, dándole un beso en su cabecita.

Revisó por última vez que tuviera el pañal limpio y la ropita bien puesta. Aquella mañana al levantarse lo había vestido con un trajecito entero de color azul pastel, junto con un babero de tela que tenía el dibujo de un tazón de ramen, regalo de su abuela Kushina.

El timbre sonó en ese instante y Naruto suspiró. Se acercó a la puerta y, nada más abrirla, una rubia y una pelirroja se le echaron encima.

―¡Primo!

―¡Naruto, mierda, me tenías muerta de preocupación!―Detrás de ambas chicas el rubio vio como su mejor amigo, Sasuke, se reía, Hinata le pedía perdón con la mirada al tiempo que jugaba con sus dedos y Shikamaru bostezaba, aburrido a más no poder.

Genial. El emo, el vago, la loca de Ino y la bipolar de Karin.

Bueno, al menos, vino Hinata-chan también. ―Shinachiku chilló en ese momento, sintiéndose aprisionado por el abrazo estrangulador al que ambas chicas estaban sometiendo a su padre.

Karin e Ino se separaron de él y quedaron prendadas al momento del pequeño bebé rubio de ojos verde jade.

―¡Oh, por Dios! ¡Es monísimo!

―Al menos la frentona hizo algo bien. ―Naruto vio como Shinachiku se removía y empezaba a poner pucheros, seguramente asustado por aquellas dos desconocidas que estaban demasiado cerca.

―Chicas… ―intentó llamar.

Pero Karin e Ino parecieron no oírlo.

―Mujeres, ponles ropa o un bebé delante y se vuelven locas. Ino, lo estáis asustando. ―La aludida se volvió, fulminando con la mirada a Shikamaru.

El Nara se encogió de hombros como diciendo "lo intenté".

―Hmp, dobe, creo que es lo único bonito que has hecho en tu vida.

―Cállate, jodido teme. Pero sí, Shina-chan es mi viva imagen. ―Y como para corroborarlo levantó un poco al niño, alejándolo así un poco de Ino y Karin, quienes protestaron. Pero el pequeño pareció notablemente aliviado. Claro que cuando sus ojitos verdes vieron a Hinata empezó a tirar desesperado del chupete, revolviéndose entre los brazos de su padre―. ¿Shina-chan? ¿Qué… ―El bebé empezó a mover sus bracitos, como queriendo decir algo. Confundido, Naruto levantó la vista y en cuanto volvió a fijar la vista en Hinata entendió. Sonrió hacia la chica, quien se sonrojó; Naruto se acercó un par de pasos a ella―. Creo que alguien te ha echado de menos, Hinata-chan. ―La Hyūga pestañeó, ligeramente sorprendida.

Pero cuando Shinachiku dejó caer el chupete y lanzó un pequeño grito, como queriendo llamar la atención, Hinata salió de su trance y se aproximó al pequeño con paso rápido. No tardó en tomarlo de los brazos de Naruto y acunarlo dulcemente contra su pecho. Shinachiku se relajó al instante, haciendo muecas, intentando sonreír.

―Hola, Shinachiku. ¿Te has portado bien?―Naruto no pudo evitar sonreír cálidamente ante la escena, mientras que los demás visitantes observaban todo con las cejas arqueadas.

Claramente, algo pasaba entre esos dos.

¡Alabados sean los dioses! Pensaron todos los presentes. Por fin, las cosas parecían estar encajando en su lugar.

Y solo había hecho falta un descuido en forma de adorable bebé para conseguirlo.


―Así que… ¿todo bien?―Naruto alzó las cejas al oír la pregunta de Shikamaru.

Hinata, Karin e Ino habían ido a dar un paseo con Shinachiku. Naruto no habría aceptado separarse así de su bebé si no fuera porque sabía que no podía dejarlo en mejores manos que en las de Hinata. Confiaba plenamente en ella. Se llevó la botella de cerveza a los labios y dio un trago. Hacía tanto tiempo que no probaba gota de alcohol que le supo a gloria. Sasuke y Shikamaru habían insistido en invitarlo, para que se relajara un poco. Y Naruto debía admitir que se sentía bien: estar con un par de amigos, tomarse un par de cervezas, reírse por estupideces… Le hacía falta aquello.

―Supongo. ―Sasuke dejó la botella sobre la mesa con un golpecito y tamborileó sobre la superficie de madera con los dedos, la mandíbula tensa.

Shikamaru entendió que el Uchiha quería hablar a solas con Naruto. Se terminó su bebida de un trago y se levantó.

―Voy a por aire fresco. ―En el lenguaje de Shikamaru esa frase significaba que se iba a escapar para tumbarse en algún sitio a contemplar las nubes y probablemente dormir.

Sasuke le agradeció con un gesto de la cabeza y Naruto le dijo antes de que saliera de que no fuera muy lejos.

Así, quedaron el Uchiha y el Uzumaki a solas. Sasuke fue el primero en romper el silencio.

―Dobe―Naruto lo miró―, lo siento. ―El rubio suspiró, dejó su botella de cerveza sobre la mesa y se inclinó, apoyando los codos sobre la misma.

―No fue tu culpa, teme. ―Sasuke torció los labios, nada conforme con esa afirmación―. ¿Sabes? Cuando… cuando me dijo que no… que no quería a Shina-chan… ―Sasuke vio la mueca de dolor que atravesó el rostro de su amigo y se maldijo y maldijo a Sakura una vez más por ello―… a su propio hijo yo… no pude evitar preguntarle si, en el caso de que ese bebé fuera tuyo… si… ―No pudo continuar pero tampoco hizo falta.

Internamente, Sasuke rio. Sí, ya se lo imaginaba: si Shinachiku fuera hijo suyo y de Sakura esta probablemente lo utilizaría para intentar amarrarlo.

―Dobe, sabes que yo nunca me metí con ella. ―Naruto asintió, bebiendo de su cerveza.

―Lo sé, Sasuke, sé que no lo hiciste. En parte te estoy agradecido y en parte no. Es estúpido, ¿no? Amo a Shinachiku con todo mi ser, hoy por hoy no puedo imaginarme sin mi hijo y sin embargo a veces me encuentro deseando el volver en el tiempo y borrar así el haber estado con ella. ―Naruto se negaba a pronunciar su nombre.

Cada vez lo hacía o que pensaba en él el dolor regresaba, recordándole lo imbécil que fue al creer firmemente que, algún día, Sakura podría llegar a quererlo, quererlo de verdad.

―No lo es. ―Naruto asintió, algo aliviado de que su mejor amigo y hermano le diera en parte la razón―. Y Shinachiku es mi sobrino, te daría una paliza si pudiera regresar el tiempo y deshacerte de él. ―Naruto no pudo evitar reír. Sasuke esbozó una media sonrisa―. Como sea, ahora ya está todo hecho. No te flageles más.

―No lo hago. Es solo que… es difícil ¿sabes? A veces me pregunto qué haré cuando Shina-chan crezca y empiece a hacer preguntas sobre su madre. ¿Qué le diré? ¿Qué lo abandonó nada más nacer? ¿Qué no quiso saber nada de él porque yo soy su padre?―Sasuke sintió la rabia acumularse una vez más en su persona.

Maldita Sakura. Maldita fuera una y mil veces por causar semejante angustia y dolor a las dos personas que pudieron haberla amado como nadie en el mundo.

―Respecto a eso… no creo que tengas que preocuparte―le dijo Sasuke; Naruto parpadeó.

―¿Qué quieres decir'ttebayo?

―Que si miras bien a tu alrededor y juegas bien tus cartas… quién sabe, puede que mi sobrino no necesite hacerse ninguna de esas preguntas. ―Naruto frunció el ceño, ahora molesto.

―¿Sabes qué? Tú, los demás y mis padres me tenéis hasta los cojones con vuestras putas indirectas. Y no, no soy tan imbécil como para no darme cuenta de a lo que os referís. Solo me gustaría que me lo dijerais alto y claro, joder. ―Sasuke alzó las cejas.

―¿Eso quieres? Bien, una palabra: Hinata. El resto, depende de ti, dobe. ―Naruto sonrió, ahora relajado.

―Te lo creas o no yo también he pensado en ella últimamente. Sé que soy idiota, pero por eso y por las circunstancias solo puedo decirte que no voy a apresurar ni a forzar las cosas. Lo que tenga que ser, será. ―Sasuke se llevó su cerveza a los labios y dio un sorbo, sonriendo.

―Hmp, la paternidad te ha hecho madurar.

―Cállate, Sasuke.


Mientras tanto, las tres chicas se deleitaban con el pequeño Shinachiku, viendo como tomaba su biberón en los brazos de Hinata. Sentadas en un banco de un parque cercano, Ino y Karin suspiraban cada vez que el bebé movía sus ojitos hacia una de ellas. Hinata sonreía. Cuando al fin terminó la leche, le dio el biberón ya vacío a Karin y ella procedió a colocarlo sobre su hombro para darle palmaditas en la espalda, instándolo a eructar.

―Dios, eres una enciclopedia andante de bebés, Hina―le dijo Ino.

Hinata se limitó a sonreír.

―Mi familia es grande aunque no lo parezca. Estoy acostumbrada a tratar con niños pequeños y bebés. ―Karin guardó el biberón en la bolsa del cochecito y, ajustándose las gafas, miró para la Hyūga.

―Lo estás haciendo bien. Me alegro de que mi primo y mi sobrino te tengan a ti. Algo bueno salió de las acciones de la perra de Sakura. ―Hinata bajó la cabeza e Ino se mordió los labios, sintiéndose culpable―. No fue vuestra culpa―soltó la pelirroja, al ver los rostros afligidos de sus dos amigas.

―Éramos sus mejores amigas y no supimos ver más allá. Nunca pensamos que Sakura pudiera llegar tan lejos. ―Hinata asintió a las palabras de Ino.

―To-todos sabíamos que Sakura no amaba a Naruto-kun, ingenuamente pensamos que algún día lo acabaría dejando, más pronto que tarde, pero jamás creímos que ella…

―Zorra cabrona. ―Ninguna contradijo a Karin. Entendían la furia de la Uzumaki, Naruto era su familia y ahora también Shinachiku. Karin adoraba a su primo, era una de las pocas personas en las que la chica confiaba plenamente y sin restricciones. Le debía mucho a Naruto y por ello era una de las que más rencor y enfado sentían hacia Haruno Sakura. Karin respiró hondo y relajó la postura―. Va, dejemos de acordarnos de gilipolleces. Hay algo en el universo llamado karma. Algún día la golpeará y entonces verá lo estúpidamente imbécil que fue. ―Ino medio sonrió, al igual que Hinata.

Karin tenía razón. El universo se encargaba, tarde o temprano, de poner a todo el mundo en su lugar. Y Sakura no sería la excepción.


Los chicos se tomaron muy en serio su estancia de vacaciones en la casa donde residía Naruto temporalmente. Por supuesto, se turnaban para cuidar al pequeño bebé, incluso Shikamaru, con la fama de vago que tenía y de la que sus amigos claramente podían dar fe, se había ofrecido a cumplir sus turnos.

Naruto no podía sentirse más agradecido y feliz. Uno de sus mayores temores cuando se enteró de que iba a ser padre había sido el de que sus amigos se alejaran, de que ellos consideraran a Shinachiku un impedimento para las salidas y paulatinamente dejaran de llamarlo para ir a tomar algo o dar una vuelta.

Afortunadamente no parecía ser el caso: Sasuke, Ino, Shikamaru y Hinata (sobre todo esta última) estaban encantados con Shinachiku y no les daba vergüenza demostrarlo. Ino ya tenía su teléfono móvil lleno de selfies con el pequeño, Sasuke le mandaba un informe exhaustivo diario a su madre de cómo comía, de lo que dormía, de si lloraba mucho o poco etc. Incluso Shikamaru tenía alguna fotografía de él con Shinachiku en brazos, con su habitual mueca de fastidio en el rostro.

Aunque el Uzumaki se moría por mantener una conversación con Hinata, conversación que no quería aplazar mucho más debido a que en unos días se suponía que ellos volverían a Konoha y él se quedaría allí. Todavía no se sentía preparado ni con fuerzas para regresar. Ya no había ese miedo y ese resentimiento hacia la ciudad que lo había visto nacer y crecer, tampoco aquella inseguridad respecto a Shinachiku y a su nueva situación, no ahora que podía decir sin temor a equivocación alguna que sus padres y sus amigos estarían allí para apoyarlo al cien por cien sin reservas.

Por ello se moría de ganas por preguntarle a la Hyūga si iba a cumplir su promesa de quedarse un poco más allí, con él, ayudándolo como lo había hecho un par de semanas atrás.

Sintió un golpe en la nuca y se volvió, molesto, encontrándose con la sonrisa burlona de Sasuke. Naruto gruñó, sabiendo que su mejor amigo había adivinado lo que estaba pensando. Sus ojos azules volvieron de nuevo a mirar a Hinata, quién sostenía a Shinachiku mientras Karin e Ino le sacaban un montón de fotos con sus móviles.

Sonrió sin proponérselo; era adorable y estaba preciosa con aquel sonrojo que cubría sus pálidas mejillas. Amplió su sonrisa, la paz instalándose en su corazón con tan solo aquella bella imagen.

Sí, sin duda Hinata haría inmensamente feliz al afortunado chico al que decidiera entregarle su corazón, tal y como lo hacía con él con su sola presencia.

Se acercó a las chicas con una sonrisa.

―Hinata-chan, creo que Shina-chan necesita tomar su siesta. ―La peliazul se sintió claramente aliviado al oír aquello, ya no aguantaba más el acoso al que Ino y Karin la estaban sometiendo.

Era sumamente vergonzoso que le sacaran fotos y más cuando sostenía a Shinachiku, porque, a pesar de que no tenía nada contra ese bebé y de lo que quería simplemente por el hecho de ser parte del muchacho al que amaba desde hacía años, no creía que fuera correcto.

Ella no era su madre, por mucho que deseara que aquello cambiara.

Con un suspiro le entregó el bebé a su padre y Naruto subió con él para dejarlo en el moisés y esperar a que se durmiera. Los ojitos verdes de Shinachiku estaban medio cerrados y tiraba torpemente del chupete, dando a entender que estaba cansado y necesitaba dormir.

―Hina―la chica se giró y sonrió a sus amigas―. Te ayudaremos a hacer la cena―dijo Ino―. Guíanos. ―Hinata soltó una risita.

Agradeció en el fondo que ni la rubia ni la pelirroja le preguntaran ni insinuaran nada.

Mientras Sasuke y Shikamaru se afanaban en poner platos, vasos, servilletas y cubiertos sobre la mesa de centro del salón, Hinata, Ino y Karin revoloteaban por la cocina, las dos últimas bajo la guía de la primera. Pronto un delicioso olor llenó la parte baja de la casa.

Sasuke miró de reojo para Hinata. Le estaba profundamente agradecido por haber sido lo suficientemente valiente como para plantarse ante el rubio sin invitación previa y ayudarlo a pesar de las reticencias iniciales de este. Suspiró. Quería hablar con ella no solo para expresarle dicho agradecimiento, sino porque quería saber hasta donde estaba dispuesta a llegar por Naruto y por Shinachiku.

Vio su oportunidad cuando Hinata se excusó para ir al cuarto de baño. La siguió y esperó a que saliera del mismo. La pobre se llevó el susto de su vida cuando nada más abrir la puerta para volver a la cocina se topó con el rictus serio de Sasuke Uchiha.

―Sa-Sasuke-kun…

―Hmp. ―Hinata respiró.

―¿Pa-pasa algo?

―Eso depende de ti. ―Hinata pestañeó, más que confundida por aquella respuesta. Sasuke bufó, dio un paso atrás y se pasó la mano por el pelo. Gruñó. Él no era bueno con las palabras, mucho menos dando sermones, eso iba más con Shikamaru o con Ino, no con él―. Hinata… ¿qué intenciones tienes con el dobe?

―¿E-eh?―Sasuke tomó aire, mirándola directamente a los ojos.

―Quiero decir… Gracias. Por cuidarlo. No dejes de hacerlo. ―Hinata sonrió levemente, juntando las manos sobre la falda y arrugándola, mostrando su nerviosismo.

―N-no lo haré.

―Y lucha por él. ―Se sintió estúpido nada más decir esas palabras.

Él no era así de cursi ni gustaba de sensiblerías románticas. Los ojos de Hinata se abrieron por la sorpresa.

―Sasuke-kun…

―Le gustas. Dale tiempo. Pero le gustas. ―Un brillo especial adornó los orbes blanquecinos.

Hinata asintió y Sasuke no dijo más, solo dio vuelta y se perdió de nuevo en el salón, mientras ella quedaba allí, tratando de calmar los alocados latidos de su corazón ante la confesión que le había hecho el Uchiha.

¿De verdad le gustaba a Naruto? ¿A su Naruto?

―Hinata-chan. ―Saltó en el sitio y levantó la vista; el color le subió al rostro al ver que el que la había llamado había sido Naruto―. ¿Estás bien? El teme me dijo que estabas tardando mucho en el baño y yo… pues bueno… me preocupé y… ―Hinata agradeció en el alma que Sasuke no hubiese mencionado su pequeña conversación.

―E-estoy bien. ―Naruto pareció aliviado al oírla.

Echó un vistazo por encima de su hombro hacia la sala y la cocina, cerciorándose de que no hubiese nadie cerca que pudiera oírlos. Entonces se volvió de nuevo a la chica y se aproximó a ella.

―Yo… quería hablar contigo. ―Hinata lo miró, esperando a que continuara―. ¿Qué vas a hacer cuando los chicos se vayan? ¿Irás con ellos?―Se sonrojó una vez más ante las implicaciones de aquella pregunta.

Naruto le estaba prácticamente suplicando con sus hermosos ojos azules que le dijera que no, que cumpliera su promesa y se quedara allí un poco más, con él.

Se puso nerviosa, no pudo evitarlo. Empezó a jugar con sus dedos sin saber muy bien qué contestar. Por un lado quería decirle que sí, pero por otro no creía que fuera buena idea.

El corazón le decía que aceptara y le hiciese caso a Sasuke, que se arriesgara y luchara por él, que ahora era su oportunidad. Pero otra voz, la de la razón, le advertía que lo más probable es que fuera a sufrir, que saliera corriendo de esa casa lo más pronto posible. Que no soportaría otra decepción. Que ya había derramado demasiadas lágrimas.

Se mojó los labios y consiguió hacer a un lado todas sus reservas y sus miedos. Por última vez, haría caso a sus sentimientos, se dejaría guiar por ellos.

Que sea lo que Dios quiera. ―Tomó aire y le sonrió a aquel chico que hacía estragos en su mundo con tan solo una sonrisa―. N-no. M-me gustaría quedarme aquí, contigo y con Shinachiku. S-si tú quie- ―Quedó total y absolutamente congelada al sentir como los brazos bronceados y fuertes del rubio la rodeaban, apretándola contra su cuerpo alto.

La abrazaba con tanta fuerza que notó como sus pies se despegaban del suelo, evidenciando así la diferencia de altura que había entre ellos.

―Gracias, Hinata-chan. Gracias, gracias. ―Naruto escondió el rostro en su cuello y aspiró, embriagándose por primera vez con el perfume natural que Hinata desprendía, rozando casi sin querer, casi, la suave piel pálida femenina con su nariz.

Hinata era preciosa, cálida, amable, tierna, fuerte… Y encajaba a la perfección entre sus brazos.

Sonrió y cerró los ojos, sintiéndose verdaderamente feliz por primera vez en semanas, disfrutando de lo bien que se sentía el estrechar a Hinata entre sus brazos.

Sin ninguno percatarse de que varios pares de ojos curiosos los observaban en total silencio y dándose sonrisas cómplices entre ellos.

Bien, parecía que esta vez el plan para juntar a esos dos sí que daría resultado. Y no podían esperar para ver que así sería como acabarían las cosas.

Fin Capítulo 4


¡WIIIIIIIIIIIIII! ¡Naruto ya está avanzando! Poco a poco y a paso de tortuga, pero... ¡WIIIIIIIIIIII! (?)

Perdón por mi falta de elocuencia, pero tengo el cerebro en modo descanso. Aun así, quise traeros el capítulo esta mañana porque tuve un ratín para editarlo y subirlo. Ya quise dejároslo ayer pero al final, entre unas cosas y otras, no tuve tiempo. Y esta tarde será aún peor, porque la tengo a tope. Así que nada, aprovecho ahora xD.

Prometo responder los reviews tan pronto como pueda. A ver si después de comer me dejan. Si no, ya tendría que quedar para más tarde o mañana por la mañana.

¿Me dejáis un review de esos bonitos que te animan el día? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por el suyo a: Guest (¡Gracias mil por tu review! Tengo una pregunta... ¿prefieres que te conteste en español o en inglés? No sé escribir portugués, perdón por eso. Y sí, Naruto, de forma inconsciente, siempre ha gustado de Hinata xD) y a Myriam! ¡De verdad, muchas gracias! ¡Os amodoro!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.