ATENCIÓN

Preciosuras bellas que siguen la hsitoria, además de traerles un nuevo capìtulo, les traigo una invitación muy especial.

Vengo a recomendarles el hermoso trabajo de mi querida Robyn_Moonwater, esta señorita escribe para el fandom de Supernatural y es genial en lo que hace, así que les pido que se pasen por su obra "Blood and family secrets" la historia está super entretenida, es en formato scrip y sí, está en inglés, pero vamos, nada que Google Translate no pueda arreglar. Lean, comenten y compartan su hermoso trabajo, si lo hacen y mencionan que van de mi parte pues ya, tal vez les conceda un deseo. (pueden comentar en español sin problema)

Aquí les dejo el link de su historia, vayan y apóyenla, me harían muy feliz:

(Está en Ao3) /works/11246172/chapters/25136646


Capítulo III

Fuego y chocolate─

─¡NO!─ era el grito que Sherlock daba desde hacía varios minutos, la negativa del niño se debía a que sus padres lo llevarían con ellos a hacer unas compras y no lo dejarían con Greg como habían planeado, el niño era demasiado listo como para saber que su hermano aprovecharía cualquier momento para pasarlo con Greg, los había visto, sabía que esa mirada que Mycroft le daba al Omega tenía algo raro, algo que hacía a Sherlock temer ser reemplazado. ─¡NO QUIERO!─ dijo el niño soltándose a llorar a gritos desesperados.

El timbre sonó y Mycroft se apuró a abrir la puerta, una sonrisa iluminó su rostro, allí estaba Greg sonriendo como de costumbre, aunque pronto su rostro pasó a reflejar preocupación por los gritos de Sherlock ─Pasa, estamos teniendo problemas técnicos─ comentó Mycroft y Greg asintió yendo a donde el niño se revolcaba en le piso lleno de angustia.

─¿Qué pasa?─ preguntó tan pronto llegó a Sherlock y el niño le saltó a los brazos hecho un mar de lágrimas y sollozos.

─Greg, gracias al cielo─ dijo la Señora Holmes agotada ─¿pero no tenías planes?

─Los tengo, pero estaba de camino cuando escuché que Sherlock lloraba─ dijo acunando al niño que se tensó al escuchar que su niñero tenía planes y no precisamente con nadie que él conociera.

─¿Acaso una cita?─ El Señor Holmes intervino y Mycroft se puso serio, como casi nunca lo veían, era claro que se molestó por la sola mención de Greg teniendo una cita con cualquiera de esas cucarachas que pretendían poner sus asquerosas patas sobre el dulce y suave Omega.

─Nada de eso─ sonrió Greg con las mejillas rojas ─Ayudaré a mi profesora de álgebra con los chicos del curso de verano.─ Greg sintió relajarse inmediatamente a Sherlock en sus brazos y el sonido de la respiración profunda de Mycroft tampoco pasó inadvertido, ayudar a una profesora era algo bueno, no era una cita, nada que temer.

─¿Qué tal si Mycroft te acompaña? Es el primero de su clase, es un chico muy listo y también podría echar una mano─ ofreció el padre de Mycroft y el pelirrojo no supo si odiar o agradecer a su padre por la propuesta.

─Seguro, siempre es bueno tener manos extra… no soy bueno particularmente en álgebra pero era el único disponible, así que me llamaron y los créditos extra siempre son buenos─ dijo apenado Greg sonrojándose cuando Sherlock se frotó contra su cuello, el punto que comenzaba a sensibilizarse para que en el futuro la marca de un Alpha descanse. El niño estaba más que embelesado con la fragancia del Omega, la actitud del pequeño recordaba a un gatito ronroneando en los brazos de su madre.

─Cariño, Greg tiene que marcharse─ dijo su madre intentando arrancar a su pequeño del pobre joven.

─Quiero ir con Greggie, mami ¡por favor!─ chilló el niño.

─Hey, Sherly, escucha, mañana jugaremos, mi escuela es aburrida, en cambio puedes salir con tus papás y divertirte─ intentó convencerlo Greg y el niño por fin se soltó de él.

Mycroft observaba embelesado aquella escena, la facilidad con que el niñero convencía a Sherlock, y la posesividad de su hermano sobre él, algo se removió en él, un extraño sentimiento de calidez lo invadió, sin embargo lo asoció al sol de verano. Ese día otra vez sus libros se quedarían sin desempolvar, pero aprendería sobre la juventud con el mejor guía, Gregory Lestrade.

─¿Entones vienes?─ la pregunta de Greg sacó de sus pensamientos a Mycroft.

─Claro─ sonrió radiante ante la sonrisa que se exhibía en el rostro de Greg, esa sonrisa cálida que lo llamaba a sentirse necesitado por alguien, único y especial para ese chico que lo aceptó desde el primer momento. ─¿Quieres que lleve algo?

─Si tienes un libro de álgebra puedes traerlo, seguro le ayuda a la profesora─ Greg se encogió de brazos pues él no llevaba absolutamente nada.

─Sí, traeré uno─ Mycroft corrió a su habitación y metió a la mochila un libro de álgebra que le sirvió en sus cursos inferiores, además empacó una botella de agua, y su cámara desechable, aquella era una buena oportunidad para usarla. Cuando regresó a la sala, halló recostado a Greg en la pared con los ojos cerrados, al pelirrojo el corazón le jugó una mala pasada y se puso a latir frenético, la belleza de ese joven era innegable, lucía como la más bella estatua jamás esculpida, de él las musas adquirían la inspiración que regalaban. Un suspiro escapó de sus labios atrayendo la mirada de su madre que se mantuvo en silencio, reconocía esas reacciones del amor juvenil, pero el acuerdo era mantenerse alejados de las decisiones que tomasen sus hijos respecto a su corazón.

Greg abrió los ojos tarareando una melodía que Mycroft desconocía, alguna canción moderna que seguramente pasó por alto pues no estaba muy interesado en escuchar esa música o básicamente en escuchar música. ─Vamos─ Greg lo tomó del brazo arrastrándolo hacia la calle diciendo adiós en un grito pues tenía poco tiempo para llegar al colegio ─Tendremos que correr─ aceleró sus pasos llevándolos a un trote que Mycroft siguió al mismo ritmo, de pronto descubrió que la mano del castaño se había enredado con la suya mientras corrían hacia la escuela, aquel gesto lo llenó de un sentimiento agradable que lo impulsó a seguir corriendo hacia la dirección que Greg marcaba.

─¿Es aquí?─ dijo Mycroft cuando se detuvieron frente a un edificio antiguo con aspecto de ser uno de esos colegios de comedia romántica.

─Sí─ jadeó Greg cansado por la carrera ─Bienvenido al sitio de los probres ─bromeó pues vio la expresión de desencanto en la cara de Mycroft.

─No es lo que quise decir─ intentó disculparse pero el chico simplemente se echó a reír demostrando que no se hallaba ofendido de ninguna forma.

─Entremos, seguramente la profesora y los del curso ya están dentro─ Greg volvió a tomarlo de la mano y Mycroft esta vez disfrutó mejor del contacto.

Caminaron por los amplios y vacíos pasillos del colegio sin soltarse de las manos, el pelirrojo aprovechaba para conocer ese sitio donde jamás puso un pie antes, toda su educación fue hecha en el internado al que asistía, así que desconocía los sitios de educación regular como ese. El sonido de la melodía que tarareó Greg con anterioridad lo sacó de sus observaciones, sin embargo no era el castaño quien la emitía sino el hombre que se hallaba barriendo uno de los pasillos, un hombre alto y rubio que posiblemente estaba rondando la tercera edad.

Hallo Lieblingsmensch, ein riesen Kompliment dafür, dass du mich so gut kennst bei dir kann ich ich sein, verträumt und verrückt sein na na na na na na. Danke Lieblingsmensch, schön, dass wir uns kennen ─Esta vez fue la voz de Greg la que se escuchó, el hombre elevó la vista de su tarea y sonrió al ver al jovencito aparecer.

─Hallo Greg!─ saludó el hombre animado, Mycroft reconoció aquel idioma como alemán y le causó curiosidad que Greg también hablase ese idioma, ¿qué más secretos le ocultaba el castaño?

─Guten Morgen Herr Baum!─ saludó Greg sin soltar a Mycroft o desviarse de su camino.

─¿También hablas alemán?─ Mycroft sonrió curioso.

─¿Yo? ¡No! Solo me aprendí la canción para que Herr Baum no se sintiera tan solo, emigró con su familia de Alemania hace más de treinta años, su esposa murió, sus hijos se casaron… es el dueño del colegio pero le gusta pasar tiempo limpiando y ordenando como lo haría un conserje, creo que es porque no quiere estar solo en casa─ comentó Greg apenado por el hombre.

─No me gustaría estar solo a su edad─ dijo muy sinceramente Mycroft, si lo veía en perspectiva, definitivamente se compraría un gato para que hiciera ruido en casa con tal de no ser como ese hombre.

─Algunos no tienen mucha suerte─ Greg suspiró y lo llevó escaleras arriba aún tomando su mano, ese gesto parecía hacerse eterno en ellos y a Mycroft le gustaba.

─No lo discuto─ apoyó Mycroft siguiendo los pasos de Greg hasta la segunda planta del edificio donde se podía escuchar la voz de la maestra hablando de ecuaciones. Aquel ambiente resultaba tan diferente para el Alpha, él estaba acostumbrado a los pasillos de corte gótico, el eco de los pasos al caminar por los sitios vacíos, jardines con flores elegantes, uniformes arreglados en perfección… el lugar de estudios de su amigo resultaba diferente, los jardines eran simples pero no menos bellos, los pasillos pertenecían a una edificación moderna, aunque la fachada del edificio respetaba su diseño original, la luz entraba por todos lados y cada uno vestía a su manera, entonces se le antojó la idea de que, aquel sitio reflejaba un poco la personalidad de Greg.

─Lamento llegar tarde─ el castaño los había guiado hasta la entrada de un salón grande decorado con estantes repletos de libros y carteles con símbolos matemáticos en las paredes. Un grupo pequeño de seis chicos con expresión de fastidio ocupaban los asientos y la profesora, una mujer de mediana edad, ofrecía sus conocimientos para que esos vagos pudieran pasar el curso.

─Hola Greg, gracias por venir─ saludó la profesora antes de quedar confundida por la presencia del misterioso acompañante.

─Ah, él es Mycroft, viene conmigo y sabe mucho de álgebra─ presentó Greg y Mycroft se alzó con su cara de sabelotodo.

─Mycroft Holmes, Eton College, un gusto conocerla─ Se presentó Mycroft con una reverencia que sorprendió un poco a Greg, no lo había visto ser tan formal, sin embargo no debía extrañarle, Mycroft recibía un tipo de educación muy diferente a la que él recibía, aunque en su antiguo colegio en Lyon las cosas también eran algo estiradas.

─Katherine Torrance, profesora de álgebra─ ella imitó la reverencia, aquel pelirrojo venía de otro sitio, su educación era avanzada, y eso hizo saltar la duda en su cabeza, ¿cómo se conocían esos dos?

Los alumnos estaban quietos en sus asientos, a la espera de que algo más sucediera, muchos de ellos se morían de la curiosidad por saber como uno de esos niños estirados conocía a la adquisición francesa de la comunidad, y, especialmente, deseaban una respuesta a por qué se hallaban tomados de la mano. Nadie en todo el colegio logró tanto acercamiento con Greg, y entonces aparecía un estiradito y se llevaba al trofeo peleado.

─Es un gusto, Greg me dijo que ayudaría con su curso de verano, es obvio que me hallo en un curso superior pero guardo a perfección cualquier conocimiento algebraico de mis cursos pasados─ sonrió Mycroft y Greg le dio una sonrisa tímida y dulce a sus palabras.

─Él puede ayudarla más que yo─ reconoció el castaño ─así que como no tenía más que hacer le pedí que viniera.

─Una buena decisión Greg─ felicitó ella aliviada de tener ayuda extra ─Apenas empezaba el tema hoy, después haremos ejercicios y resolveremos dudas─ ella volvió a su sitio tras indicarles que tomaran asiento en los escritorios del fondo.

En silencio se instalaron y la profesora siguió con el tema, aunque nadie estaba poniendo atención en realidad, todos se hallaban alerta del pelirrojo estirado y el castaño francés, Mycroft sabía que su presencia generaba inquietudes en esos buenos para nada, sin embargo le divertía, le gustaba causar un poco de revuelo a donde iba y a Greg no parecía molestarle. ─Estoy acostumbrado, desde que llegué no hacen más que murmurar─ comentó el chico casi como si leyese la mente de Mycroft.

─¿No te molesta?

─Al principio, pero no puedo hacer nada, ellos seguirán hablando y me divierten algunas cosas que dicen.

─En Eton están prohibidos los chismes o murmullos, si quieres hacerlo lo harás en la privacidad de tus habitaciones, aunque sigue siendo de mal gusto, un caballero no se comporta de esa forma.

─Bueno, ellos nunca serán caballeros o damas─ Greg señaló al grupo de repitentes ─supongo que si quiero un caballero puedo ir a Eton y seducir a alguno ¿Qué dices? ¿Crees que les gustaría a los de Eton?

─¿Estás loco? ¿A quién no le gustarías?─ un leve sonrojo se estacionó en las mejillas de Mycroft para apoyar su predicamento, para él, Greg podría conquistar hasta a los mismísimos príncipes y Duques. ─Si fueras a Eton, no pararías de recibir invitaciones muy formales para un matrimonio con miembros de alguna reconocida y digna familia de Inglaterra.

─Gracias─ murmuró Greg dejando una caricia en las mejillas de Mycroft, aquellas palabras lo hicieron sentir bien, no porque pudiera convertirse en Duque por matrimonio, sino porque era Mycroft quien le decía indirectamente cuán hermoso lo consideraba.

La profesora interrumpió sus momentos de intimidad al pedirle a Greg que fuese por el material que ella dejó en la sala de profesores, el chico asintió y se encaminó por el pedido, en el salón quedó Mycroft a la espera de ser útil, cosa que llegó pronto pues realizarían algunos ejercicios y resolverían dudas a la par, así que de pronto estaba explicando lo mejor que podía el tema a un joven Omega que lo veía con la mirada embelesada, a veces recibía ese tipo de miradas, pero en general evitaba cualquier tipo de comportamiento que sugiriese el más mínimo interés en la persona que posaba sus ojos en él. Sin embargo el chico parecía deslumbrado con el Alpha.

─¿Comprendes?─ Mycroft terminó de explicar y solo percibió un movimiento afirmativo por parte del chico. Los ojos azules del joven se clavaban con insistencia en Mycroft, estéticamente resultaría atractivo de no ser porque el Alpha al que intentaba conquistar era la excepción a la regla, no se guiaba por sus instintos como el resto de sus congéneres. No, él no estaba interesado en nadie, o bueno, en casi nadie. ─Oye, no creo que comprendieses el tema y aunque me da igual si apruebas o no, tu profesora me ha encargado la tarea de educarte, así que presta atención─ regañó molesto Mycroft logrando que el Omega se removiera incómodo en su asiento.

La explicación siguió por buen curso hasta que el Omega se volvió un poco más atrevido y posó su mano sobre aquella perteneciente a Mycroft que descansaba sobre el escritorio, el pelirrojo se sobresaltó sin saber qué hacer, ese contacto no le parecía agradable de ninguna forma, no era como tener la suave y cálida mano de Greg junto a la suya. Y pensando en el castaño, se materializó con el encargo de la profesora, sus ojos se clavaron inmediatamente en Mycroft y el chico y sus sentidos se pusieron alerta, todos hablan de lo territoriales que pueden ser los Alphas, pero muy pocos mencionan que los Omegas pueden ser incluso peores, en este caso Greg, quien dejó las cosas sobre el escritorio de la cátedra y se acercó a ellos con pasos firmes dando un manotazo a la mano que aprisionaba la de Mycroft.

─Deja de perder el tiempo y aprende de una vez─ habló molesto viendo amenazante al chico. A continuación se abrazó a Mycroft para dejar en claro que ese Alpha era suyo y que aquel que decidiese por estupidez acercarse a él se enfrentaría con pared. El pelirrojo por su parte dejó a Greg actuar, se hallaba aturdido por la situación, sin embargo la actitud del castaño le dejó en claro que así como él parecía estar necesitado del francés, éste necesitaba de él.

─No seas idiota─ fue la respuesta del Omega intruso.

─No lo soy─ Greg sonrió superior dejando en claro quién ganaba las atenciones del Alpha. ─Je suis supérieur à toi.

─¿Qué te parece si nos vamos─ propuso Mycroft embelesado con el aroma de Greg, lo tenía tan cerca que se estaba embriagando de lo delicioso que le resultaba su naturaleza.

─Quiero enseñarte algo─ aceptó Greg yendo a avisar a su profesora que no podían quedarse mucho más.

Minutos después corrían por los pasillos desiertos, aún tomados de las manos, Mycroft podía sentir su corazón bombear con fuerza y no precisamente gracias al ejercicio, algo había en tener a Greg cerca que le alborotaba todas las hormonas y le hacía desear estar tan cerca de él como fuese posible. El chico lo guiaba hacia el campo de rugby vacío, el sol estaba en lo alto del cielo y Greg se recostó justo a la mitad de aquella extensión verde. ─Vamos─ pidió cuando Mycroft dudó si recostarse sobre el pasto sin protección alguna era buena idea. Al final cedió, quedando con la vista en el cielo y su mano sosteniendo la de Greg.

La cálida brisa del verano acarició sus cabellos y danzó por el lugar un momento causando una sonrisa en el castaño, aquel era su sitio favorito. ─¿No es hermoso?─ preguntó en un suspiro.

─Lo es─ contestó honestamente Mycroft.

─Lo descubrí en una clase de deportes, me tiré agotado justo en este sitio y pude ver el cielo, azul, muy azul, a veces vengo aquí para sentirme en paz…

─Greg… sobre ese chico…

─Lo siento… no quería arruinar nada…─ se disculpó sin poder ocultar por completo su decepción.

─No, no arruinaste nada… jamás podría gustarme─ Mycroft volteó el rostro para ver a Greg, sus ojos repasaron el perfil del joven descubriendo los matices acanelados de su tez, el tono chocolate de su cabello y sus mejillas ligeramente rojizas por el calor. Sus manos acariciaron las de Greg y en un movimiento rápido llamado por los sentimientos que poseía por Greg, dejó un beso en sus mejillas, el primer beso que daría en su vida. El castaño cerró los ojos disfrutando del gesto, su corazón saltó de gusto al saberse querido por ese pelirrojo, desde aquella mañana en que Mycroft le abrió la puerta supo que deseaba conocer a ese chico, ¿por qué? Era algo que apenas descubriría. Lo cierto era que, en ese momento se sentía dichoso de que Mycroft lo besara, era un beso casto, suave e inocente pero que ponía sobre la mesa la atracción que llamaba con urgencia a permanecer junto al otro.

Greg giró su rostro para observar mejor a Mycroft, se encontró con dos esmeraldas que lo veían con adoración, llenas de algo que causó una corriente eléctrica en su cuerpo, le sonrió y de pronto se halló dispuesto a entregar su primer beso a ese joven de cabellos en llamas, cerró los ojos y dejó que los labios inexpertos de Mycroft se posaran sobre los propios, resultaban suaves, temblaban un poco, nada que hubiese imaginado se comparaba con lo hermoso de ese momento. Se separaron con lentitud, las mejillas de ambos se veían rojas por la emoción, los ojos de Greg brillaban y Mycroft veía con adoración al joven, definitivamente se había enamorado. Gregory Lestrade sería no solo su amor de verano, se convertiría en su primer amor, su primera vez en más de un sentido.

Permanecieron en silencio adorándose con la mirada hasta que decidieron que querían explorar esa hermosa sensación y fue Mycroft quien, en un acto arriesgado, rodó para quedar sobre Greg y poder apreciar con mayor gusto su rostro, los labios entreabiertos del castaño le llamaban con insistencia y no dudó en repetir el beso. Esta vez aprisionó su labio inferior en un beso torpe que fue correspondido por Greg, con ritmo lento se dieron tiempo para conocer el sabor de los labios del otro, guardando en la memoria la deliciosa sensación de comerse a besos, quizás torpes en la materia, sin embargo lo único importante era que lo hacían con el otro, que ambos entendían que aquello era materia inexplorada y que tendrían muchos momentos para mejorar la técnica. El aroma de ambos resultó una mezcla perfecta, atrayente y revitalizante, Mycroft se animó a explorar con sus dedos los cabellos sedosos de Greg hallándose con que jamás hubiese imaginado lo suaves que resultarían esas hebras de chocolate.

En algún sitio el repicar de un reloj anunciando las doce interrumpió a los jóvenes que se exploraban con besos y caricias, era tiempo de volver a casa, así que Mycroft de mala gana fue el primero en ponerse de pie ofreciendo una mano a Greg al levantarse. Un adulto hubiese aclarado las cosas, mencionar el rumbo que debería llevar la relación, sin embargo ellos eran chicos felices de estar con el otro, en tanto pudieran estar así, no pedirían más. ─Espera─ dijo Mycroft sacando de la mochila su cámara, la encendió y besó a Greg nuevamente tomando una fotografía del momento.

─Quiero una copia─ pidió Greg caminando hacia la salida con una sonrisa enamorada.

─Lo prometo─ dijo Mycroft, a partir de ese momento la cámara los acompañaría, guardaría los recuerdos de ese verano juntos.


*La canción que canta Greg se llama Lieblingsmensch y es de Namika, por si la desean escuchar.