CAPITULO IV

Love is us–

Mycroft y Greg abandonaron las instalaciones del colegio decididos a pasar todo el día juntos, no sería difícil, pues los padres de Mycroft llegarían tarde y Greg también estaba solo en casa. El castaño guió al Alpha hacia el parque donde parecía haberse instalado uno de esos festivales de verano, tocarían algunas bandas y las carpas con comida y juegos se habían instalado, era el escenario perfecto para las parejas, parejas como ellos.

Era medio día y el aroma a comida despertó el apetito de los jóvenes –¿Quieres comer?– propuso Mycroft sin soltar a Greg, lo sostenía de la cintura, era claro que deseaba demostrar que se hallaban juntos, dejar su aroma en el castaño... no lo estaba pensando, no racionalizaba aquello que sentía, por primera vez en su vida estaba dejándose llevar por ese torbellino de emociones y sensaciones que despertaban su instinto en el más básico sentido.

–¿Qué te parece una hamburguesa con papas?– propuso Greg señalando un puesto que ofrecía hamburguesas entre otras delicias culinarias.

–Claro– aceptó Mycroft, no quería quedar como un idiota frente al chico, pero lo cierto era que en el pasado su cuerpo no era precisamente atractivo y vivía acomplejado con la idea de volver a ser el niño gordo que todos rechazaban, no deseaba volver a ser "Fatcroft" como cruelmente lo llamaba el idiota de Frank y su pandilla de idiotas, por suerte ya no tenía que aguantarlos, pero el complejo seguía allí.

–Mycroft, ¿estás bien?– la voz del chico lo sacó de sus recuerdos, la mirada preocupada de Greg le hizo sentir un poco culpable, mira que causar preocupación en alguien tan puro e inocente como Gregory Lestrade bien podría denominarse un pecado capital, o esa fue la impresión de Mycroft al momento de hallar esa emoción en su acompañante.

–Sí, todo está bien– sonrió y le robó un beso corto a Greg para alejar esa ingrata sensación de incomodidad que comenzó a rondar sobre ellos.

–Si no te gustan las hamburguesas también hay un puesto de pizzas...– dijo el chico tras el beso, pero Mycroft negó con la cabeza guiándolo él mismo al sitio que Greg señalara antes. Como el resto, se enfilaron a la caja para ordenar al mismo tiempo que observaban el menú pegado ingeniosamente en varios sitios de la carpa, el olor de la comida aumentó su apetito y pronto estaban deseando que la fila avanzara con mayor rapidez, pues eran seducidos por las sabrosas hamburguesas que se estaban cocinando.

–¿Qué te parece si pedimos un combo para compartir?– propuso Myroft y Greg asintió con la cabeza para luego recostarse en el hombro de Mycroft sintiéndose un poco agotado.

–Es bueno tener un día libre de todos- murmuró escondiendo su rostro en el pecho del Alpha -No me malinterpretes, es solo que Sherlock es un poco demandante...

–Lo sé, y no entiendo qué hiciste con él, pero mi problemático hermanito parece prendado de ti, su récord en huida de niñeras y niñeros es de tres minutos, se las arregla para que todos se alejen, en cambio contigo quiere que estes todo el tiempo a su lado, te demanda– comentó envolviendo en un abrazo a Greg.

–No tengo idea para ser honesto, yo solo tomé el trabajo y él siempre se comportó bien...- suspiró dejándose llevar por el aroma de Mycroft, se sentía seguro en su brazos, el contacto en ellos resultaba tan natural que lograba hacerlo creer que en todo el mundo, aquel era su sitio.

–Me temo que estará celoso cuando sepa que no puede tenerte...- fanfarroneó Mycroft.

–Oye, tranquilo Alpha- rió Greg dando un golpe en el costa del pelirrojo -No seas celoso, es tu hermano.

–Por eso lo digo, lo conozco muy bien.

–¿Tan malo será?

–Una vez Eurus tomó su oso de peluche por accidente, lo siguiente que supimos era que la Tercera Guerra Mundial se desató en casa y no teníamos suficientes municiones.

–Eurus es tu hermana ¿no?

–Sí, ella pasará el verano en casa de algunos parientes. En cierta forma, estoy feliz que ella no esté aquí.

–¿Por qué lo dices?

–Los Holmes somos muy competitivos, entonces si ella te hubiese conocido también, tendrías a tres Alphas tras tu cabeza.

–¿Tienes miedo de tu hermana? Yo creo que si sientes algo por una persona y esta persona te corresponde no hay nada que temer... A menos que lo arruinen con tonterías, se cuidarán siempre.

–No la conoces Greg, cada Holmes es territorial, sería una pelea a muerte.

–¿Cómo estás tan seguro que ella querría algo conmigo? ella es más chica que tú y yo.

–Estoy seguro porque la conozco– suspiró Mycroft con pesar, era una suerte que Eurus no conociera a Greg, de lo contrario eso hubiese sido un baño de sangre, metafóricamente claro, pero no menos cruel. Los Alphas Holmes eran de cuidado, incluso siendo tan pequeños como Sherlock no se les podía tomar a la ligera.

–Haces que piense que me he metido con los Yakuza o algo así– susurró Greg y Mycroft soltó una carcajada.

–Casi, pero sin los medios- aclaró el pelirrojo. Entonces avanzaron para ser atendidos por la mujer en la caja -Un combo para compartir– pidió Mycroft.

–Claro– ella observó a la pareja y reparó en el Omega –¿Eres el chico francés, no? He escuchado de ti, mi hija siempre dice que eres la sensación. No sabía que tenías novio, algunos corazones estarán decepcionados.

–Bueno, no era mi intención hacer eso– dijo con verdadera pena.

–No es tu culpa cariño, pero debes cuidarlo– ella dirigió sus palabras al Alpha –Es un chico apuesto.

–Lo haré– dijo Mycroft orgulloso, para después pagar por la comida.

Buscaron un sito en las mesas vacías y esperaron a que su comida llegase, se sostenían de las manos con tranquilidad y se lanzaban miradas cariñosas, era obvio que la unión de esos chicos era fuerte, pero algunos necios no atendían a lo obvio, así fue como Carl, el capitán del equipo de Rugby, se atrevió a interrumpir la improvisada cita de la pareja.

–¡Hey pequeño!– se acercó a ellos sentándose al lado de Greg pasando su brazo alrededor de su cintura –Así que... ¿me darás un beso?

–Aléjate– amenazó Mycroft extrañamente calmado –Greg no está disponible.

–Cállate zanahora, él está disponible para mí– sonrió Carl encendiendo aún más la furia de Mycroft, si Greg creía que las palabras de Mycroft sobre los Alphas Holmes eran una exageración, pronto entendería que en realidad se quedaban cortas para describirlos.

–Carl, en realidad estoy saliendo con Mycroft– aclaró el castaño intentado alejarse del chico, pero éste solo afianzó aún más el agarre en su cintura.

–Escucha, aléjate de él si tienes algo de cerebro– siseó al Alpha furioso.

–No me amenaces estirado– amenzacó el Alpha y fue todo para Mycroft, se puso de pie y en un movimiento rápido apartó al molesto intruso de Greg, lo tomó del cuello y estampó su espalda sobre la mesa con los ojos completamente negros.

–Te lo advertí– siseó Mycroft convertido en un verdadero Alpha, él era ese tipo de persona que mataría por proteger a los suyos, su instinto estaba dispuesto a reaccionar ante la amenaza, aunque no por ello tendría menor elegancia sus movimientos. Fue por ello que en otro movimiento rápido empujó al intruso al paso y sonrió arreglándose los cabellos con superioridad. –No vuelvas a tocarlo– amenazó y el chico se limitó a salir corriendo, el pelirrojo tomó asiento ante la mirada en shock de Greg. –No volverá a molestarte– suspiró tranquilo Mycroft y el castaño se echó a reír, su risa era divertida, su rostro reflejaba lo gracioso que le resultó aquello. –¿Qué pasa?– preguntó el pelirrojo y Greg no pudo más que reír mucho más alto.

La risa del Omega resultó contagiosa y Mycroft resultó envuelto en ella, de pronto estaban riendo tanto que la barriga comenzó a dolerles, Greg se limpió algunas lágrimas que aparecieron a causa de la risa, no importaba que sucediera, el castaño sabía darle la vuelta al asunto y volverlo algo positivo. Así que ahora tendrían un recuerdo gracioso de ese desventurado encuentro y también, en el corazón del castaño los sentimientos que tenía hacia Mycroft se intensificaron.

–Su orden– una chica apareció con lo que pidieron y solo entonces pudieron volver a la seriedad, Greg no dejaba de sonreír al pelirrojo, si alguien pudiera describir aquello se apegaría a los cuentos de Disney y creería que Mycroft era el príncipe azul… pero Greg era menos convencional, y pensó en el clásico de Jane Austen, Orgullo y Prejuicio, el Alpha se le antojó un poco a Mr. Darcy.

–Gracias– dijo Greg cogiendo una papa frita y llevándosela a los labios –Mr. Darcy.

Mycroft parpadeó sorprendido por lo último, ese chico castaño lo estaba comparando con uno de los íconos del romance y ciertamente le causaba sorpresa, pero para complacerlo, tomó una de las manos de Greg y dejó un beso en el dorso, al mejor estilo de caballero inglés que se le ocurrió y pudo observar como el Omega le veía con los ojos brillantes. –De rien mon amour– respondió y una corriente suave de gratas emociones embargó a ambos, quizás amor, quizás felicidad… quien sabe, lo importante era que ellos se tenían en ese momento el uno al otro, dispuestos a luchar para permanecer así. Juntos.

La tarde transcurría tranquila, ellos paseaban por aquel festival y se sentían tan afortunados, quizás deberían volver a casa, pero lo cierto era que no tenían intención de hacerlo, una banda local tocaría al atardecer y ellos consiguieron instalarse en un buen sitio para apreciar el espectáculo. Mycroft extendió una sudadera que siempre llevaba en su mochila y ambos se tumbaron sobre el pasto, el día comenzaba a ponerse naranja y Mycroft aprovechó el momento para robar un beso a Greg, con el primer beso supo que aquellos labios serían su perdición y en cada ocasión que volvió a probarlos confirmó en qué medida deseaba pasarse el tiempo acariciando los suaves y delicados labios del Omega.

Greg se abrazó a él y pegó su rostro al cuello de Mycroft, al estar con él se sentía protegido, su corazón se volvía cálido y parecía que toda su vida hubiese esperado por tener al Alpha a su lado. Mycroft envolvió en sus brazos al chico y se detuvo a acariciar suavemente su espalda, la complexión delgada de Greg contrastaba con la fuerza interior del chico, llegaría el día que crecería, se volvería un hombre y aquellas atractivas curvas se volverían un imán de pretendientes, pero Mycroft solo podía pensar en el ahora, y lo fuerte que late su corazón por hallar a alguien como Gregory Lestrade. Antes de conocerlo apreciaba las muestras afectivas como algo innecesario, en el colegio veía como todos parecían jugar a tener esos lazos afectivos, algunos lo intentaron, llamaban su atención con tácticas tontas, él simplemente no tenía interés en ellos. Pero la vida le tenía preparado un revés a su idea de las relaciones. Le tenía a Greg, aguardando por él.

La banda apareció y las personas reunidas aplaudieron, entonces Greg dio un último beso a su pelirrojo y ambos se sentaron abrazados para apreciar el concierto, aquella era una de esas típicas bandas de cochera que tenían talento, con canciones suaves inundaron el ambiente cálido de verano. El sol se despedía con un color rojizo en el horizontes y las luces comenzaron a encenderse dando la idea de magia rodeando a los asistentes, los ojos de Mycroft no se apartaron de Greg, lo veía cantar alguna estrofa, moverse al ritmo de la música, sonreír con esa expresión feliz que hacía su rostro iluminarse como la más bella estrella del universo. Atrás quedaba la fría y dura razón cuando Greg sonreía de esa forma, no existía nada más. Aspiró el delicioso aroma del chico y decidió que no quería dar nada por sentado con Greg, a pesar de no saber nada sobre romance o amor, Mycroft decidió que aquel momento de su vida era el ideal para hacer la propuesta, le pediría al Omega que saliera con él, le haría la pregunta del millón.

–¿Te diviertes?– habló suave y Greg guió sus ojos hacia él con esa luz iluminando su rostro. A Mycroft le resultó el ser más hermoso del mundo.

–Esto es genial, tenemos todo esto y tú estás aquí Mr. Darcy…– el chico pasó sus dedos con suavidad sobre las mejillas del pelirrojo y sintió su corazón acelerarse. Ambos lo presentían, era el momento.

–Greg… Yo… no sé nada de esto, soy bastante inexperto en esto pero…– el castaño le veía curioso, expectante al punto donde aquellas palabras guiaban. Mycroft tomó un respiro y apuró las palabras que deseaba ofrecer. –Antes de que te conociera consideraba las relaciones una verdadera pérdida de tiempo, una excusa para dejar a la libido actuar, pero… es decir, tú me enseñaste que es todo lo opuesto, eres maravilloso y… me gustaría, si quieres… no deseo presionarte… ¿Quieres ser mi… novio?

El viento veraniego sopló en esos momentos, un escalofrío recorrió a Mycroft, de pronto temió que Greg no aceptara, en una milésima de segundo había hecho de la espera por la respuesta su infierno personal, porque sí, Mycroft podría ser un tipo listo pero también era terrible al comprender a alguien tan particular como Greg. Quizás su rostro estaba reflejando la angustia en su interior porque Greg de pronto depositó una caricia suave en sus mejillas para calmarlo, ese gesto detuvo la revolución en su cerebro y puso atención al Omega, le daría su respuesta –Me besas, te peleas con un Alpha por mí y me traes a este sitio para escuchar las canciones más cursis del mundo ¿cómo podría decir que no?– Greg sonrió y dejó un beso en los labios de Mycroft, lento y suave, digno de recordar como el primer beso de su relación.

Quizás el destino quiso decirles algo, porque en ese momento los fuegos artificiales inundaron el cielo nocturno dibujando figuras de colores que incluían varios corazones que parecían animar sus sentimientos. Quizás estaban diciendo que aquel era el camino correcto, sin embargo aún les esperaba mucha vida y los giros del destino son inciertos. Aunque de momento ese era el momento, el tiempo de estar juntos.

El concierto terminó cerca de las ocho, entonces los chicos comprendieron que posiblemente estarían castigados, así que saliendo de la burbuja de amor en que se encerraron ese día, decidieron que era momento de volver a casa. Así fue como Mycroft guardó la sudadera en su mochila y tras pasar su brazo por la cintura de su, ahora novio, caminó junto a él para llevarlo a casa.

El padre de Greg estaba de pie frente a la puerta de entrada, la luz dejaba ver su expresión molesta, era tarde y lo sabían, pero además podían adivinar que él ya sabía lo de ellos, era lógico al ver como caminaban tan juntos, sintiéndose cómplices de algo que solo ellos conocían. –Llegas tarde– Adrien los recibió con cara de pocos amigos.

–Lo siento papá, pero decidimos quedarnos al concierto del parque– Greg bajó la mirada y el Alpha no pudo seguir enojado mucho tiempo. Jamás podría enojarse con su pequeño hijo. Entonces dirigió su mirada a Mycroft. Con él si que podía enojarse.

–Así qué, ¿algo que quieras decirme?– le vio con tal seriedad que incluso a Greg le pareció un poco aterrador.

–Señor, quisiera su permiso y el de su esposa para poder salir con su hijo, quisiera que me otorguen su autorización para establecer una relación de carácter sentimental con Gregory– soltó en el tono más formal que Mycroft pudo y pronto Adrien estaba riendo, debería estar molesto pero aquel mini caballero con toda su palabrería le había hecho gracia. Greg por su parte también le dio una mirada a su novio que se podría resumir con un enorme signo de interrogación, su novio era una suerte de personaje del siglo XX pidiendo autorización a los padres para tomarse de la mano, aunque claro, ellos ya habían pasado a algo más que tomarse de las manos.

–Caballero– dijo Adrien cuando controló su risa –Si mi hijo en su total libertad es lo que desea, su madre y yo no tendremos inconveniente en que le visite como novio. Pero deben volver temprano a casa para tranquilidad no solo nuestra sino de sus padres también.

–Agradezco su consejo señor, así lo haré– dijo Mycroft y Adrien tuvo que entrar para darles privacidad y de paso anunciar las noticias a su esposa. Esta vez estaban en lo cierto las madres de ambos chicos y es que el plan de los Holmes y los Lestrade fue apostar si ellos volverían siendo novios esa noche, las madres no lo dudaron pero los padres aún creían que los chicos no iban tan rápido, pero allí estaba la evidencia. Entonces tanto papá Holmes como papá Lestrade deberían pagar cierta suma a sus señoras por perder aquella apuesta. Por la tarde y al notar que los chicos no llegaban ellas se pusieron en contacto y pronto supieron que esos dos estarían en algo, bastaba con recordar sus épocas de juventud para entender al par de tortolitos. Era obvio para todos que algo así pasaría, era claro desde el primer momento que los vieron juntos, ellos estaban destinados a unirse, pero la rapidez con que actuaron no dejaba de sorprender.

–Perdona a papá– pidió Greg apenado.

–Está bien, me ha ido mejor de lo que esperaba… ahora solo quedan mis padres

–Algo me dice que ya lo saben, mamá no es de guardar secretos.

–Supongo que me espera un castigo en casa… Descansa Greg.

–Hasta mañana Mr. Darcy, parece que cuidaré de Sherlock mañana.

–Ese será un problema.

–Diré que yo te seduje

–Y no tienes idea de cuanto– Mycroft sonrió y le dio un último beso a Greg antes de encaminarse a casa, suerte que su casa estaba a unos minutos de allí.

Greg suspiró sintiéndose completamente feliz, entonces entró a casa donde su mamá y su papá le vieron en silencio, como si guardaran un secreto. Él conocía esa mirada y prefirió no preguntar. En cambio subió a su habitación, esperaría que Mycroft llegara a casa para llamarlo, le daría tiempo. Pero entonces pensando en él algo sucedió y el teléfono sonó, Greg respondió y allí estaba su novio. Se reportaba y le saludaba. Greg suspiró, realmente creía que nada los separaría.