Perdón por no actualizar este fic, me metí tanto con el fandom de Marvel que dejé esta historia de lado. El ritmo del capítulo es rápido, son muchas cosas que procesar, pero prometo que es necesario hacer esto, mi idea siempre fue iniciar con un recuerdo y después avanzar hasta la madurez, donde tendrá mayor impacto su pasado. Así que por favor, no me maten.

Estaré alternando la actualización de este fic con 'Quiéreme' el Spin-off de 'Mr. Seduction' así que por favor, un poco de paciencia.

¡Gracias por leer!


Capitulo V

-Promesas-

El verano se escurrió entre sus dedos, pronto llegó el día en que apreciarían aquella lluvia de estrellas, todo estaba preparado, desde el telescopio, las chucherías y las mantas para dormir, todo fue fríamente calculado, y a pesar de que Sherlock hizo la rabieta de su vida, no lo dejaron quedarse a dormir fuera, era pequeño y podría enfermar, en cambio los novios sí que pudieron continuar con el plan inicial, Greg estaba más que feliz de pasar tiempo con Mycroft, últimamente hacían todo juntos, le gustaba pasar tiempo con él.

-Listo- comentó el pelirrojo tras ubicar el telescopio -aunque dudo que sea necesario, está en posición para la lluvia de estrellas.

-Nunca está de más prevenir- contestó Greg abriendo una bolsa de frituras -Están ricas.

-Son mis favoritas- comentó sentándose a la par de su novio, jamás imaginó que existiera alguien en el mundo capaz de convertirlo en una persona normal, con Greg no necesitaba sobre analizar nada, se dejaba llevar, perdía toda capacidad de razonamiento y se entregaba a las emociones.

-Ahora también son las mías- recostó su cabeza en el hombro del mayor y suspiró -¿Crees que Sherlock me odie porque me puse de parte de tu madre?

-Creo que él odia a todos, pero a ti jamás, Sherlock está celoso, antes de que volviese del internado, él creía que eras suyo, nadie se interponía entre ustedes, pero ahora debe compartirte con su odios hermano mayor, que encima logró que aceptaras ser su novio- explicó tras un suspiro, tenía la leve sospecha que su hermanito estaba muy enamorado, de forma platónica, de su niñero.

-Todo eso de los Alphas celosos es tan nuevo para mí- sonrió -Papá es Alpha pero nunca lo he visto ponerse así con mamá y los chicos de la escuela son idiotas, ellos no cuentan... Sherlock y tú son los Alphas con los que más he convivido, él es un niño bueno y tú eres mi novio.

-Para ser honesto, no esperaba que al volver a casa encontraría a alguien como tú, los Omegas que conozco son desagradables, no sentí interés por nadie, entonces tu simplemente llegaste a nuestra puerta y cambiaste todo- Mycroft tomó las manos del castaño entre las suyas y depositó un beso cálido en el dorso de ambas. Recibió una sonrisa cálida como respuesta y un beso lento, tantas emociones y sensaciones lo volverían loco.

El cielo comenzó a iluminarse con las primeras estrellas cayendo a la tierra, tomados de las manos y en silencio contemplaron aquel maravilloso espectáculo, el cielo iluminando por infinidad de astros brillaba y aportaba a ellos la sensación de ser únicos en todo el universo, Mycroft desvió su mirada unos segundos para apreciar la belleza del rostro de Greg iluminado por el infinito. Entonces tuvo un pensamiento 'Quédate para siempre conmigo' pidió en silencio, no soportaría la vida sin Greg, en ese instante se halló tan seguro de que su lugar estaría justo a su lado.

Su relación durante ese verano se resumió a besos, salidas al parque, tomar helados, más besos y cuidar de Sherlock, Mycroft abandonó toda lógica, aquello que sentía lo hizo sentir mejor, incluso dejó de pelear con Eurus por teléfono, por primera vez se olvidó que era el mayor, el Alpha que protege a sus hermanos, se sintió tan vivo, tan único, tan humano... ver el rostro de su novio todos los días era todo lo que deseaba, a medida que el verano avanzaba comenzó a sentir ese malestar, no quería separarse de él, iría de vuelta al internado y Greg se quedaría allí...

Lo que jamás esperaron fue que algo mayor los separaría, y así fue como una tarde, tras volver del parque con Mycroft, los padres de Greg decidieron hablar con su hijo sobre la mala noticia que los tenía preocupados. -¿Por qué esas caras?- preguntó el chico al ver como una sombra de tristeza se asomaba en el rostro de sus padres.

-Cariño, tenemos una mala noticia- su madre la primera en hablar, su voz resultaba apagada, entonces Greg supo que era grave.

-¿Qué paso? ¿están bien?- de pronto la idea de que alguno de ellos estuviese enfermo lo aterró.

-Sí, nosotros estamos bien- aseguró su papá -Pero tenemos que volver a Lyon- anunció.

-¿Qué? ¿Por qué?- Greg saltó de su asiento sorprendido y dolido, no, no quería irse, no quería dejar a Mycroft, no, ahora tenía una vida en Inglaterra, no quería volver a Francia. -¿Hice algo malo?- preguntó con las lágrimas asomándose en sus ojos.

-No, no cariño, no hiciste nada malo, nosotros tampoco queremos irnos- su madre corrió a abrazarlo, veían lo feliz que era su hijo en su nueva vida, era cruel tener que arrancarlo de ese nuevo presente, pero no había opción. -Los abuelos tuvieron un accidente y papá tiene que volver para hacerse cargo- añadió ella y Greg sintió su cuerpo volverse gelatina.

-¿Están bien? ¿los abuelos están bien?- esta vez sí estaba llorando, sintió un nudo apoderarse de su garganta que obstruía su capacidad de respirar.

-Sí cariño, ellos estarán bien- añadió su padre uniéndose al abrazo, sintió a su hijo temblar. -Pero deben descansar, no sabemos cuanto tiempo, pero serán meses, quizás años...

Y así se torció la vida de Greg, mentalmente él tenía un plan, cuando Mycroft volviera al internado intercambiarían correspondencia, pasarían las fiestas juntos, los veranos y cuando ambos fueran a la universidad vivirían juntos... pero ahora todo ese plan era un deseo roto por la tragedia, las circunstancias lo guiarían de vuelta a Francia por tiempo indefinido. Su corazón estaba roto, por la desgracia ocurrida a sus abuelos, por tener que abandonar la vida a la que tanto costó acostumbrarse y también, porque sabía que allí se acabaría su relación con Mycroft.

Esa noche lloró, lloró porque no quería apartarse de él, porque lo amaba, sentía que sería arrastrado a un agujero negro del que jamás retornaría, ahora el futuro era incierto, ¿cómo le diría aquello a Mycroft? ¿cómo romper su corazón? Greg no quería separarse de él, no quería hacerlo. -No quiero- decía entre sollozos acurrucado en su cama, habían hecho una promesa, estar juntos siempre y él no quería romperla, no quería resignarse a no volverlo a ver, y sabía que no podría quedarse por mucho tiempo más... Viajarían en los siguientes días, era un hecho, todo era tan rápido, Greg debería contarle a Mycroft todo al día siguiente, deberían despedirse...

Era increíble para el pelirrojo sentir lo que estaba sintiendo en esos momentos, no lo comprendía, de pronto una profunda tristeza lo invadió, intentó por todos los medios dejar de sentirlo, sin embargo parecía que no provenía de él, no comprendía nada, quería llorar, como si estuvieran desgarrando su corazón, y lo más curioso era que, no tenía un motivo lógico para encontrarse en ese estado de ánimo, no existía un motivo... Por su mente jamás pasaría la idea de que aquellos sentimientos provenían de Greg, que todo eso era posible porque lentamente se conectaron, sin la necesidad de la marca del Alpha en el Omega, aquello superaba el instinto.

Agotado por el malestar emocional, Mycroft durmió hasta la mañana siguiente, sabía que Greg llegaría temprano, cuidarían de Sherlock, inició el día de buen humor, hasta que su madre anunció que Greg no se presentaría, había un asunto familiar que lo impedía. Quiso averiguar más, pero su madre le dijo que ellos no estarían en casa hasta la tarde, cuidaría a Sherlock y quizás después Greg se pasara para verlos. Experimentó una sensación de vacío en el estómago, algo iba mal, lo sabía. Sherlock también lucía inquieto, su pequeño hermano lucía intranquilo, la ausencia de Greg era mala para todos. -¿Le hiciste algo?- preguntó el pequeño durante el desayuno.

-Espero que no- murmuró el pelirrojo, de pronto tenía miedo de haber hecho algo mal y por eso Greg no quisiera estar con él.

-¿Entonces por qué no vino Greg?

-No lo sé... mamá dijo que tenía un asunto de familia...

Pasaron el día dentro viendo caricaturas, ninguno tuvo animo para salir fuera y disfrutar del sol veraniego, era como si el sol se hubiese ocultado para ellos, esa era la verdadera naturaleza Holmes, ocultos del mundo, apartados de las emociones, encerrados en sí mismos... Greg tocó la puerta cerca de las cinco, lucía agotado, no estaba esa hermosa sonrisa que ilumina todo a su paso, él lucía mal. -¿Qué pasó?- Mycroft preguntó abrazándolo y en ese instante Greg no pudo sino soltarse a llorar, aquello era difícil, muy difícil, esa mañana fueron por los boletos de avión y comenzaron a hacer las maletas, en dos días volverían a Lyon.

-Pasó algo- logró decir cuando se calmó, por suerte Sherlock dormía la siesta y podrían hablar sin ser interrumpidos, tomaron asiento en la sala y Mycroft permitió a Greg calmarse, aunque jamás lo hizo, dejó libre su aroma para calmar a su Omega, cosa que dio buen resultado, pues el castaño pudo respirar tranquilo tras unos momentos.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué te tiene así?- acunó su rostro entre sus manos y con delicadeza limpió sus lágrimas.

-Yo te amo- dijo el castaño -por eso es que me duele- habló con la voz quebrada.

-Greg, dime ¿qué pasa?- preguntó asustado, jamás vio a su novio en tal estado.

-Me marcho a Francia- pronunció tras unos momentos de silencio en que reunió todo el valor que necesitaba para poder contarle la noticia -Lo siento mucho, perdóname- se abrazó con fuerza al pelirrojo, quería aferrarse a él para no tener que marcharse, para no perderlo jamás.

-¿Qué?- Mycroft sintió que el mundo le daba vueltas, sintió sus ojos llenarse de lágrimas y su pecho dolió, pronto las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. -¿Qué estás diciendo?- logró articular tras el shock inicial.

-No quiero marcharme Mycroft, no quiero dejarte- sollozó el castaño -Debemos mudarnos, papá debe hacerse cargo del negocio familiar... perdóname.

-Tranquilo- murmuró abrazándolo con fuerza -hallaremos la forma... estaremos bien- decía más por consuelo que por convicción, los separaría mar y tierra. ¿Cómo sobrevivir a eso?

-Perdóname por no poder cumplir nuestra promesa- el pelirrojo sonrió, aquella promesa que se hicieron bajo la luz de las estrellas, era una niñería y lo sabía, era una locura, pero realmente deseaba estar con él, por eso prometieron amarse por siempre.

-No has roto nada- dijo con dificultad -no has hecho nada, tú no has hecho nada malo- sentía morir, Greg fue la primera persona a la que abrió su corazón, con quien se permitió sentir, ahora se iría, el viento lo borraría de su vida, un día abriría los ojos solo para darse cuenta que estaba solo nuevamente, que nadie estaría esperándolo. Entonces sintió esa amargura que sin saber, lo invadía antes de conocer a Greg.

-Myc- dijo tras calmar un poco su llanto -No quiero que me olvides.

-Nunca- prometió él y se abrazaron en silencio, el tiempo juntos terminó y no podrían ir contra ello, sabían que no existía forma de luchar, no esta vez. -Te amo Greg, recuerda siempre eso- pidió y se entregó al dolor de la pérdida.

Despedirse de Sherlock fue igual de terrible, el niño se aferraba a Greg con fuerza, gritaba y pataleaba, repetía que no estaba de acuerdo y que se iría con él, quiso explicarle que no era posible llevarlo, pero Sherlock no atendía razones, el pequeño no estaba dispuesto a perder a esa persona que lo trató con amabilidad, que lo cuidó... -Seré bueno, quédate- pedía, pero nada había por hacer, era tiempo de separarse.

Aunque Mycroft insistió en acompañarlo al aeropuerto, Greg pidió que no lo hiciera, no sería capaz de subir al avión sabiendo que Mycroft lo veía partir, era mejor marcharse así, en silencio. sus padres se veían igual de afectados, eran tantas cosas que procesar, sus abuelos seguían en el hospital, en Lyon las cosas estaban de cabeza y por ello la urgencia de partir, Adrien se sentía culpable por arrancar así a su hijo del lugar que tanta felicidad le daba, de los brazos de ese chico que lo quería de forma honesta y sincera, sabía que era el malo de la película, pero no había opción, la vida y sus giros no tenían piedad. -Siento mucho todo esto- repetía Adrien abrazando a su hijo que lucía desconsolado esperando la llamada para abordar.

-Papá ¿crees que me ame después, cuando pase el tiempo?- preguntó con los ojos llenos de lágrimas.

-No lo sé cariño, quizás... -murmuró, no quería alentar una falsa idea en la cabeza de su pequeño, aunque quisiera creer que sí, que Mycroft y Greg estaban destinados, algunas ocasiones eso no es garantía para la felicidad.

Por el altavoz se anunció que debían abordar, entonces Greg suspiró y con el poco valor que quedaba se encaminó hasta el avión que lo llevaría a su país natal -Hasta siempre Myc- murmuró al despegar, no volvería a pisar Inglaterra en muchos años, Mycroft se volvería parte de su pasado...