¡YAHOI! ¡YA ES VIERNESSSSSSSSSS! ¡MAÑANA NO MADRUGOOOOOOOOO! Y estaba deseando poder subiros el siguiente capítulo, pero por cuestiones de falta de tiempo no pude antes.

Me gusta tomarme mi rato para dedicarlo a mi pasión (que es escribir, como supongo habréis deducido xD) por lo que media hora o una hora no me llegan. Porque una vez que cojo carrerilla, no puedo parar, y si sé que a una determinada hora voy a tener que dejarlo para ir a hacer x cosas pues como que ya me da el bajón. Por eso prefiero tener la seguridad de que no me van a interrumpir ni me va a surgir nada queme impida llevar a cabo mi planning xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Capítulo 7


El día en que cumplió los diecinueve años, sin duda alguna jamás lo olvidaría. Las risas, las locuras de sus amigos, las peleas con Sasuke, las quejas, los gritos y los golpes de Ino, las sonrisas discretas de Hinata, e incluso el descaro de Karin. Todo fue maravillosamente perfecto.

Excepto una cosa: el nuevo amigo de Hinata.

Ella se lo presentó como un simple compañero de la facultad, alguien con quien había hecho buenas migas y que al parecer amaba el arte tanto como ella, amén de que Ino parecía tener una especie de enamoramiento por el tal Sai, aunque Hinata y Karin aseguraban que era más que un simple cuelgue. Parecía que a la Yamanaka ese chico le gustaba de verdad. Pero él no podía dejar de sentir ciertos celos al imaginarse a ese Sai compartiendo el tiempo y la atención de Hinata todos los días. Algo que él no podía hacer. Aunque procuraba no pensar mucho en las risas que esos dos habían compartido y simplemente se limitaba a recordar lo bien que lo había pasado el día de su cumpleaños.

Ahora, varias semanas después, suspiraba mientras admiraba las fotos de dicha fiesta que había guardadas en su móvil. Añoraba el volver a estar con sus amigos como aquel día. Parecía que solo iban a poder hacer el esfuerzo de verse en las ocasiones especiales, y la próxima no se daría hasta diciembre, concretamente hasta el día 27 de ese mes.

El cumpleaños de Hinata.

Su corazón se aceleró al pensar en ello. Aún faltaban casi tres meses y él ya andaba comiéndose la cabeza con qué regalarle o en si debería hacer algo especial, algo en lo que solo estuvieran ellos dos.

Sintió un pellizco en su brazo y se volvió, sobresaltado. Parpadeó al ver un par de ojos lilas fijos en él.

―La clase ya acabó, señor despistado―dijo la chica a su lado, en tono divertido.

Naruto cerró los ojos y suspiró.

―Gracias, Shion.

―¿Qué mirabas?―Se giró a su otro lado y sonrió al ver a otro de sus compañeros, Gaara Sabaku, un pelirrojo de ojos verdes, con un inquietante tatuaje en la frente que dibujaba el kanji de la palabra amor.

―Nada. Solo unas fotos. ¡Oye!―protestó cuando se vio privado de su móvil. Frunció el ceño y le exigió a Shion con la mirada que se lo devolviera.

―Vaya, menuda armasteis―la rubia soltó una risita. Deslizó el dedo por la pantalla con tan mala pata que sin querer cerró la aplicación de la galería de fotos y fue a dar a la pantalla principal. Sus dedos se congelaron al ver la foto que Naruto tenía como fondo en el móvil―. ¿Tu novia?―Le enseñó al aparato forzando una sonrisa. Naruto enrojeció y le arrebató el teléfono, guardándolo en uno de los bolsillos delanteros del pantalón y recogiendo sus cosas a toda prisa, saliendo del aula sin contestarle.

Gaara y Shion intercambiaron miradas. No conocían mucho aún al rubio, pero los tres habían entablado una buena relación de compañerismo casi desde el primer día, gracias sobre todo a la insistencia de Naruto, ya que por pura casualidad había coincidido que los tres se habían sentado juntos el día de la presentación.

La rubia y el pelirrojo se apresuraron a seguir a Naruto fuera de la clase, encontrándolo bebiendo de una de las fuentes de agua que había desperdigadas por la facultad.

―Oye, no quise incomodarte. ―Naruto dejó de beber y la miró. Dejó escapar un gran suspiro y meneó la cabeza―. Perdona.

―Perdóname tú. ―murmuró. Shion vio la mirada perdida del rubio y suspiró ella también.

―Naruto―llamó esta vez Gaara, queriendo disipar la repentina tensión que de pronto se había adueñado del ambiente―. Se acercan los parciales. ¿Estudiamos juntos?―Los hombros del rubio se relajaron ante el cambio brusco de tema.

―Sí, claro. Uh… avisadme cuando tengáis planeado algo. Ahora me tengo que ir. ―Se despidió de ellos con una sonrisa y se dirigió a las escaleras, comenzando a bajarlas, dejando a unos confusos Shion y Gaara tras de sí.

―Eso ha sido raro―susurró Gaara, con expresión seria. A su lado, Shion apretó el puño que tenía libre y se mordió el labio inferior, nerviosa―. Tendrás que actuar rápido. ―Shion miró para el pelirrojo y se sonrojó.

―No sé de qué hablas. ―Gaara sonrió de medio lado.

―Te gusta, Shion. Es evidente. ―Shion se mordió de nuevo el labio inferior.

―Sí, lo admito, me gusta, sobre todo después de ese corte de pelo. ¿Tú lo has visto? ¡Está para comérselo!―Gaara meneó la cabeza. Nunca entendería a las mujeres.


Llegó a su casa como una exhalación y, tras cerrar la puerta, descalzarse y saludar a su padre, subió corriendo las escaleras hasta su habitación, donde dormía Shinachiku. Lo había extrañado durante toda la mañana, como hacía todos los días. Apoyó la mejilla contra el borde de la cuna y estiró un brazo para rozarle delicadamente con un dedo la suave y rosada mejilla. El bebé ni se inmutó, tan solo dio un par de tirones al chupete.

Se dejó caer en la mecedora en la que su madre adoraba alimentar a su nieto y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Lo había descolocado la pregunta de Shion sobre si Hinata era su novia. Porque en ese momento quiso decirle rotundamente que sí, que Hianta era su novia, su chica. Por algún motivo desconocido había algo dentro de él que no le permitía pensar o decir otra cosa, y antes de soltar algo de lo que después pudiera arrepentirse, había optado por salir corriendo de la vista de sus dos compañeros de carrera, hasta conseguir calmar los latidos de su corazón.

Miró de nuevo para Shinachiku y estiró la comisura de sus labios en una sonrisa.

―¿Qué voy a hacer, Shina-chan? Papá está muy confundido'ttebayo. ―Se acercó de nuevo a la cuna y volvió a acariciar el dormido rostro de su hijo―. Hinata-chan es muy guapa, preciosa. Tiene la sonrisa más cálida y hermosa que haya visto jamás, nunca se ha reído de mis tonterías, ni tampoco me ha gritado por muy estúpidos que fueran mis actos. Me ayudaba a estudiar, me preparaba la comida… ―Shinachiku movió su cabecita, acomodándola al otro lado, y Naruto rio―. Tienes razón, Shina-chan, papá es un tonto que no se dio cuenta. Pero ahora… no sé qué hacer. ―Suspiró una vez más.

Él quería, ansiaba que Hinata estuviera a su lado, como lo había estado en los últimos meses, como lo había estado siempre aun sin él saberlo.

Pero… ¿querría ella? ¿Aceptaría estar con él aun cuando tenía a Shinachiku? Muy pocas personas accederían a cuidar al hijo de otro u otra. Sabía de buena tinta que Hinata tenía el corazón más grande y bondadoso del mundo, pero no estaba tan seguro en lo tocante a ellos dos, saliendo como pareja.

Había muchas cosas, demasiadas, que podían joderse y salir mal. Y él no estaba preparado para volver a sufrir, no al menos tan pronto.

Pero lo que menos quería era hacer sufrir a Hinata. Eso sí que no se lo podría perdonar nunca.


Los parciales llegaron y pasaron. Naruto creyó que moriría cuando por fin pudo soltar el lápiz tras el último examen. Su aspecto no era el mejor en aquellos momentos, aunque se alegró de haber podido contar con ayuda. Noviembre también avanzaba y pronto ya estarían en diciembre.

―Necesito un café―gruñó la voz de Shion a su lado. Frotándose los ojos, apoyado contra la pared del pasillo de la facultad, Naruto asintió, secundando la moción―. Dios, te ves horrible.

―Lo sé―dejó salir en un gruñido.

Shinachiku no había estado durmiendo bien las últimas noches y, por consiguiente, él tampoco. Ni siquiera un paseo en coche lograba calmarlo y él ya no sabía qué más hacer.

―Vamos, entonces. ―Naruto siguió a su rubia compañera como un zombie de los de la serie esa de The Walking Dead. A su lado, Gaara no presentaba mejor aspecto, todo despeinado y con una expresión de "Acércate y te mato".

Lograron llegar a la cafetería y mientras Shion iba a pedir tres cafés solos bien cargados, dos con mucho azúcar, los dos chicos dejaron caer sus cabezas sobre la mesa. Sorprendentemente no eran los únicos en dicha tesitura: la cafetería estaba a rebosar de estudiantes agotados cuyos ojos no podían permanecer abiertos más de dos segundos seguidos, por lo que el habitual murmullo que solía haber en el local no se escuchaba.

Estaba sumiéndose en una especie de sueño cuando la mesa se sacudió bajo él. Lejos de inmutarse gruñó, con suma molestia.

―Déjame en paz―le soltó al desconocido o desconocida que perturbaba su descanso.

Una risa femenina fue lo que escuchó seguido de un pesado suspiro. Abrió un ojo lo suficiente para reconocer a su amigo Shikamaru, detrás de una chica alta, rubia, cuyo pelo estaba recogido en un peculiar peinado de cuatro coletas.

―Temari―gruñó ahora Gaara a su lado.

―Vaya, hermanito, nunca pensé verte en esta tesitura. ―Gaara se limitó a entrecerrar los ojos en dirección a su hermana mayor, sin molestarse en levantar la cabeza. Naruto giró la suya para mirar a su pelirrojo compañero.

―¿Hermanito?―preguntó, curioso. Gaara asintió como pudo.

―Temari, Naruto, Naruto, Temari. Ahora, dejadme en paz. ―Temari volvió a reír mientras que Shikamaru se dejó caer en una silla al lado de su rubio amigo.

―Gaara, Shikamaru, Shikamaru, Gaara. ―Presentó Naruto, en el mismo tono desganado y monocorde que Gaara. El pelirrojo asintió sin muchas ganas.

―Vaya, te han pegado fuerte los parciales―comentó Shikamaru, pinchando la cabeza de Naruto.

―No son solo los parciales… ―Un enorme bostezo salió de sus labios. Shikamaru se apoyó contra el respaldo de la silla y estudió el rostro de Naruto.

―¿Shinachiku?―Naruto asintió, bostezando por segunda vez. Shikamaru iba a decir algo cuando Shion regresó con los tres cafés, repartiéndolos entre sus dos compañeros. Tanto Naruto como Gaara se lanzaron sobre la preciada bebida caliente, tragándola en menos que canta un gallo. Pronto notaron como la cafeína les devolvía el alma al cuerpo.

A su lado, Temari y Shikamaru ya se habían presentado y conversaban con Shion.

―Oye, Naruto. ―El aludido se terminó el café y miró para Gaara―. ¿Quién es Shinachiku?―Se congeló ante la pregunta. Desvió la vista al techo y jugueteó un buen rato con la tapa de su vaso de plástico, intentando ordenar sus ideas. No era fácil para él hablar de su hijo con otras personas.

―Es… uh… ―Shikamaru, viendo su apuro, decidió echarle un cable.

―Es alguien importante para Naruto. ―Gaara y Shion se miraron pero decidieron no preguntar más. Habían oído mencionar ese nombre a Naruto en alguna ocasión y les levantaba una curiosidad tremenda saber quién era. Pero si él no quería contarles ellos tampoco eran nadie para andar de preguntones.

―Temari ¿qué haces aquí?―Cambió Gaara entonces de tema, cayendo en la cuenta de que su hermana debería de estar ya en casa. La aludida resopló.

―No me apetecía irme sola para casa, así que invité a Shikamaru a acompañarme a tomar algo mientras hacía algo de tiempo y, mira tú por donde, me encuentro a mi hermanito menor.

―No me invitaste, me obligaste―murmuró el Nara sin que ella lo oyera; pero Naruto sí le escuchó y no pudo evitar esbozar una sonrisa burlona.

―Parece que el amor está tocando a tu puerta, Shikamaru. ―El moreno gruñó.

―Problemático―masculló, provocando las risas de Naruto. Aquello hizo que Shikamaru se sintiera algo mejor. Ver a Naruto deprimido no era algo agradable para él―. Aunque lo mismo podría decir de ti. ―Al instante Naruto paró de reír y su rostro se ruborizó.

―No sé de qué me hablas―dijo, intentando por todos los medios que no se notara su sonrojo. Pero ciertos ojos lilas sí lo notaron y, con curiosidad y un pinchazo de molestia aguijoneándole, Shion preguntó.

―Vaya, no sabía yo eso de ti, Naruto. ¿Eres un rompecorazones, acaso?―El chico enrojeció aún más, pero negó repetidas veces con la cabeza.

―¡Claro que no'dattebayo!

―No, tan solo te limitas a un corazón. ―Naruto fulminó a su amigo de toda la vida con sus ojos azules. Shikamaru le devolvió la mirada, burlón, como diciéndole "Ahora estamos en paz".

Shion frunció el ceño ante las palabras de aquel moreno de coleta. ¿A Naruto le gustaba otra chica? ¿Sería por eso que se mostraba inmune a sus coqueteos e insinuaciones? Tampoco era como si ella quisiera establecer una relación seria con él, simplemente Naruto le gustaba, mucho, pero si él le daba una oportunidad de estar juntos ella no la desaprovecharía.

Y tal vez la fiesta que se daba el próximo fin de semana pudiera darle esa ansiada oportunidad.

―Chicos―Naruto y Gaara la miraron―, he oído que este fin de semana se celebra una fiesta en el campus, la organizan los de informática pero está abierta a cualquiera ¿os apetece?―Gaara se encogió de hombros, al igual que Shikamaru. Temari sonrió, diciendo que ella sí iría.

Naruto se quedó pensativo. ¿Una fiesta? Le apetecía muchísimo, no iba a negarlo. Le daba la impresión de que hacía siglos que no se divertía en condiciones, entre los estudios, el trabajo y Shinachiku apenas había tenido tiempo para él. Pero era en fin de semana, lo más probable era que sus padres tuvieran planes y él no era quien para arruinárselos. Y contratar a una niñera estaba fuera de sus límites: por nada del mundo pondría a su precioso bebé en manos de una total y absoluta desconocida solo para que él pudiera salir a divertirse.

―Yo… te lo agradezco Shion, de verdad pero… no sé si podré ir. ―Miró la hora en su móvil y, queriendo evitar que le insistieran o le pidieran explicaciones, se levantó, dispuesto a irse―. Eh… ya veré y te llamo, si eso. Adiós. ―Todos miraron extrañados la manera tan repentina en la que el Uzumaki se marchó.

Shion frunció los labios, ligeramente molesta. Odiaba que Naruto a veces se cerrara de esa forma en su propio mundo, como si nadie más tuviera derecho a entrar en esa burbuja en la que parecía envolverse en determinadas ocasiones.

Recordó entonces a la chica sonriente de la foto que era el fondo de pantalla en el teléfono móvil del rubio, y maldijo a esa desconocida, porque algo dentro de su pecho le dijo que esa chica a la que aún no conocía sí tenía la llave para entrar a esa burbuja.


―¿Una fiesta?

―¡Así es, Hina! ¡Nuestra primera fiesta universitaria! ¿Qué dices?―Hinata vaciló, jugando con su almuerzo. Había quedado a comer ese día con Ino y con Karin en uno de los tantos campos que rodeaban la universidad. Los parciales ya habían terminado y, tras un tiempo de no poder verse, Ino había armado aquel encuentro.

―Por mí no hay problema―dijo Karin, dando un sorbo a su botella de refresco.

―Una fiesta… no he ido a ninguna. ¿Por qué no?―Esta vez fue Sai el que habló, encogiéndose de hombros. Los ojos azules de Ino lo miraron con aprobación y una sonrisa. La atraía ese misterioso chico, y por ello había exhortado a Hinata a que lo invitara a acompañarlas durante la hora de la comida.

―Yo… no lo sé. Tendría que pedirle permiso a mi padre… ―Ino resopló.

―Por favor, Hinata, ya somos mayores de edad. Tu padre debería entender que, de todos nosotros, tú eres la más responsable.

―Pídele a Neji que te acompañe, así él no podrá negarse―sugirió Karin, consciente de que eso aplacaría a Hiashi y lo haría replantearse el rotundo "No" que seguramente le daría a su hija cuando esta le preguntara. El primo de Hinata era como un perro guardián cuando de sus primas pequeñas se trataba. Cuántas veces no se había enfadado con Naruto por ser un idiota sin remedio, gritándole mientras el Uzumaki lo miraba totalmente confundido, sin tener ni pajolera idea de lo que le hablaba.

―Si me acompaña Neji… pu-puede que me diga que sí. ―Karin e Ino se sonrieron.

―¿Sabes? Deberías invitar también al idiota de mi primo. ―En el acto Hinata se sonrojó.

―N-no creo que quiera venir conmigo… ―Ahora fue el turno de Karin de resoplar.

―Por favor, Hina, deja de decir estupideces. Eres alguien especial para él, siempre se le ha notado, solo que es tan rematadamente lento que no se ha dado cuenta hasta ahora. ―Hinata bajó la cabeza con el rostro totalmente encendido.

―Interesante. A Hinata le gusta ese chico y a él le gusta ella. Estoy aprendiendo mucho contigo, Hinata. ―La sonrisa de Sai la puso todavía más roja si cabía, provocando al tiempo las carcajadas de sus dos amigas.


Naruto paró unos minutos de pasear a Shinachiku y se dejó caer en un banco. Afortunadamente, el bebé estaba dormido y no protestó cuando el cochecito quedó quieto. El rubio se frotó el rostro. Acusaba cansancio y sueño acumulado, solo tenía ganas de dormir y dormir y dormir…

Pero Shinachiku era su hijo, su responsabilidad, y el pediatra les había dicho que debían sacarlo a pasear al menos un par de horas tanto por las mañanas como por las tardes. Afortunadamente, su madre le había dado el día libre en la tienda, al ver el aspecto tan deplorable que presentaba. Naruto se lo había agradecido infinitamente.

El móvil le sonó en ese momento. Todavía sumido en sus propios pensamientos lo cogió; frunció el ceño al ver el nombre que destellaba en la pantalla. Era su prima Karin.

―¿Qué quieres, Karin?―preguntó, en tono fastidiado.

―Vaya, primito, los parciales te han pegado duro. ―Naruto bufó.

―Si solo llamas para molestar…

―En realidad llamo para decirte que este fin de semana habrá una fiesta en el campus, en la facultad de informática.

―Lo sé―dijo Naruto, con aire distraído―, ya me lo han dicho. Gracias por la invitación pero no sé si-

―¿Te he dicho ya que Hinata-chan piensa ir? Le pedirá permiso a su padre y probablemente solo se lo dará si Neji va con ella, pero en fin, que estará allí y no me cabe la menor duda de que te mueres por verla. ―Naruto dio un respingo ante esto. Tuvo que respirar hondo varias veces, sintiendo ya como el corazón se le aceleraba al pensar que, si lo arreglaba de alguna manera, podría ver a Hinata ese mismo sábado―. Oh, y también va a ir con ella ese amigo suyo, el que estudia con ella, Sai. ―Aquello ya no le gustó tanto. Se envaró y dejó escapar un gruñido. Al otro lado de la línea, Karin estaba sonriendo, felicitándose interiormente por ser tan inteligente―. Pues nada, primo, solo te llamaba para eso. ¡Nos vemos en la fiesta!―Y colgó.

Naruto estuvo escuchando durante unos segundos el pitido del fin de la llamada hasta que al fin se decidió a volver a guardar el móvil.

―Maldita sea―masculló entre dientes―. Tengo que ir a esa estúpida fiesta. ―Se puso en pie y comenzó el camino de regreso a paso acelerado, poniendo sus neuronas a trabajar en la manera de poder organizarse para ir a la fiesta.

Sobre su cadáver aquel paliducho le iba a quitar todo el terreno que había ganado con Hinata.

Antes muerto.


Con Shinachiku en brazos y su bolsa con todo preparado, Naruto timbró en casa de los Uchiha. No pasó un segundo cuando una hermosa mujer de cabello oscuro elegantemente vestida le abrió la puerta. Pegó un chillido al ver a Shinachiku y, sin perder un segundo, se lo arrebató a su padre de los brazos.

―¡Shina-chan!―El pequeño bebé dejó caer el chupete a causa de la impresión, pero pronto intentó esbozar una sonrisa ante las atenciones de aquella mujer―. ¡Pasa, Naruto, no te quedes ahí!―El chico hizo caso y entró.

―Con permiso. ―Se deshizo de las zapatillas que llevaba puestas y siguió a la mujer hasta la sala, donde un chico más mayor se encontraba sentado en el sofá. Naruto dejó caer la bolsa de Shinachiku y saludó.

―Hola, Itachi.

―Hola, Naruto-kun. Sasuke bajará ahora. ―Naruto asintió, viendo como Shinachiku era arrullado dulcemente por la mujer de cabello oscuro.

―Tía Mikoto…

―¡Eres una ricura de bebé! ¿Lo sabías?―Tanto Naruto como Itachi alzaron las cejas ante las palabras de la mujer.

―Mamá, lo asfixias―dijo Itachi, divertido. La aludida lo miró con el ceño fruncido.

―Sasuke y tú ya no queréis mis abrazos y mis besos, así que os fastidiáis. ―Itachi sonrió. Amaba ver a su madre contenta.

―¿Seguro que no hay problema? No quiero molestar…

―¡Tonterías! Fugaku no está y yo no tenía nada especial planeado, así que cuando Kushina me llamó para pedirme el favor no dudé en decir que sí. Adoro a Shinachiku. ―Naruto se sintió conmovido.

Mikoto y Kushina eran amigas desde la infancia, las mejores. Antes también estaba incluida Hana, la madre de Hinata, pero cuando esta murió, solo quedaron Kushina y Mikoto. Ambas mujeres se adoraban y no dudaban en darlo todo la una por la otra.

Algo así como Sasuke y él, aunque en su caso de una forma algo más… retorcida, sobre todo por parte de Sasuke.

―Dobe. ―El rubio se giró para encontrarse con su mejor amigo.

―Teme―saludó a su vez Naruto. Sasuke inclinó la cabeza en su dirección para luego ir donde su madre mimaba a Shinachiku y darle unos golpecitos en la cabecita del niño, a modo de despedida. Naruto e Itachi no pudieron evitar sonreír ante eso.

―Vamos. ―Sasuke se despidió de su madre, ignoró a su hermano y, cogiendo las llaves de su coche, los dos amigos se dirigieron a la entrada, no sin que antes Naruto se acercara a darle un beso en la frente a su hijo.

―Pórtate bien, Shina-chan. ―El pequeño hizo un gorgorito como diciéndole que sí y Naruto tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para darse la vuelta e irse.

Salieron, se montaron en el coche del Uchiha menor y este arrancó, rumbo a la fiesta que se daba esa noche de sábado en el campus.


Hinata miraba nerviosa de un lado a otro, en un rincón, pegada contra la pared. Ino y Karin habían desaparecido hacía un rato, para ir a bailar en medio de la aglomeración de gente. Tan solo contaba con la compañía silenciosa de Sai, hasta que Ino apareció y se lo llevó prácticamente a rastras, guiñándole un ojo a Hinata. La Hyūga no pudo evitar sonreír, pensando que su amiga no perdía el tiempo cuando quería algo.

Pero ello la dejó sola y desamparada, sabía que su primo Neji no andaba lejos, siempre con un ojo puesto sobre ella, pero también estaba intentando que Lee, su mejor amigo, no se acercara mucho al alcohol. Seguramente Tenten, la novia no oficial de Neji, andaría por allí también, merodeando cerca de sus dos amigos pero pasándolo bien al tiempo.

No los culpaba por no estar allí con ella, haciéndole compañía. Al fin y al cabo no era una niña pequeña, se suponía que sabía cuidarse sola, pero las multitudes la ponían nerviosa, más si estaban formadas por absolutos desconocidos, como era el caso.

―Hola, preciosa. ―Sintió un escalofrío al oír una voz tras ella. Se volvió y retrocedió unos pasos. Un chico alto y musculoso, probablemente miembro de algún equipo deportivo de la universidad, la estaba mirando. Hinata pudo darse cuenta al instante de que había bebido de más, por cómo tuvo que apoyarse en la pared para no perder el equilibrio―. ¿Estás sola?―preguntó, inclinándose hacia ella.

―Uh, no. Es-estoy con unos amigos. ―Rogó porque Neji apareciera. Pero por si acaso, ya se estaba preparando para salir corriendo.

―¿En serio? No los veo. ―El desconocido ladeó la cabeza con una sonrisa y dio un trago a su vaso de plástico. Hinata intentó retroceder aún más, pero chocó contra la espalda de alguien, quién protestó por el golpe. La chica se disculpó rápidamente y volvió a centrar su atención en aquel chico que parecía empeñado en acercársele cada vez más.

―E-esto… ―Se removió, incómoda. El chico amplió su sonrisa y se acercó más a ella, obligándola a dar un paso a un lado, quedando así pegada a la pared. Enseguida supo que aquello había sido un grave error, porque el desconocido se presionó contra ella, dejándola sin respiración―. ¿P-podrías apartarte?―dijo, en un tono que pretendía ser firme. El chico soltó una carcajada.

―Me gustan peleonas. ―Hinata lo miró, ahora enfadada ¿pero quién se creía? Se estaba mentalizando para darle una buena patada que lo haría llorar de dolor cuando fue agarrada con fuerza del brazo y apartada con brusquedad de aquel desconocido. El chico quedó tan sorprendido por el repentino movimiento que no pudo hacer otra cosa que apartar el brazo cuando ella chocó contra él.

Lo que Hinata vio cuando levantó la vista fue una espalda alta y espigada frente a ella. Reconocería aquella espalda en cualquier sitio. Se dio cuenta de que, instintivamente se había aferrado a la tela de la camisa que cubría aquel cuerpo claramente masculino. Sin poderlo evitar se pegó más a aquella tela, presionándola entre sus puños, sintiéndose ahora a salvo y tranquila.

―Oye, colega, yo estaba pri-

―Lárgate―siseó su salvador. Hinata suspiró, sintiendo su corazón acelerado. El tipo que minutos antes la estaba acosando pareció sopesar sus posibilidades y decidir que no estaba en condiciones de iniciar una pelea, así que se encogió de hombros.

―Tampoco es tan guapa… ―Hinata sintió el enfado acrecentarse en la tensión que cubría la espalda que la estaba protegiendo. Aferró más fuerte la camisa y se atrevió a asomarse por detrás de él.

―Naruto-kun―llamó, en tono suave. La tensión que lo cubría pareció disminuir al oír su voz. El rubio dejó al fin que el desconocido se fuera, pero no se movió hasta que se aseguró de que el tipo estaba bien lejos de ellos dos. Solo entonces se volvió a mirarla y, aunque se sentía aliviado de verla bien, no pudo evitar que parte de su cabreo saliera a flote.

―¡¿En qué mierda pensabas?!―Hinata pestañeó sin entender, hasta que el rojo cubrió sus mejillas, un rojo que denotaba que ella ahora también se había enfadado.

―¡Y-yo no tengo la culpa! N-no le invité a nada, que lo sepas. ―Naruto masculló algo entre dientes y se pasó la mano por el pelo, nervioso, alterado, respirando lenta y profundamente un par de veces, hasta que logró calmarse. Cuando volvió a mirarla, sus ojos azules ya tenían de nuevo su calidez habitual.

―Perdona, Hinata-chan, yo…solo no me gustó verte tan cerca de ese tío'dattebayo―confesó, desviando la vista con un leve sonrojo cubriendo parte de su rostro y su cuello.

Cabe decir que ese "No me gustó verte tan cerca de ese tío" no denotaba ni una cuarta parte de lo que había sentido al verla en esa tesitura con otro. Su sangre había comenzado a correr vertiginosa en sus venas y lo único en lo que pudo pensar fue en ir allí, arrancar a Hinata de los brazos de ese tipo desconocido y moler a este a golpes hasta quedar satisfecho.

También daba gracias al cielo por haberla encontrado a tiempo. Quién sabe lo que aquel desgraciado pensaba hacerle a Hinata si él no la hubiese localizado nada más entrar por la puerta. Parecía como si Hinata tuviera un imán que lo atrajera irremediablemente hacia ella. Era entrar él en una habitación y sus ojos se desviaban sin poder evitarlo hacia el lugar en el que ella estaba.

Por su parte, Hinata sentía como una bandada de mariposas hacía estragos en su estómago. ¡Naruto era tan dulce! Seguramente un comportamiento de ese estilo en su primo o incluso en Kiba o Shino la habría molestado, pero no podía enfadarse con Naruto, con el chico que amaba desde hacía demasiado tiempo; no ahora que había conseguido captar su atención de la manera en la que siempre había querido.

¿Cuántas veces no había deseado que él la mirara como algo más que su amiga la adorable rarita? Y ahora que estaba pasando, que por fin estaba pasando, no pensaba estropearlo de ninguna de las formas. Antes se arrancaba un brazo.

―Es-está bien, Naruto-kun. Gracias por ayudarme. ―El chico le sonrió, claramente aliviado porque ella no se hubiese enfadado―. ¿Has… venido solo?―preguntó, temiendo la respuesta.

―No―aquello la deprimió. Claro, seguramente habría venido con alguien, tal vez alguna chica de su clase… ―. He venido con el teme. ―Hinata parpadeó.

―¿Con Sasuke-kun?―Naruto asintió.

―Dejé a Shinachiku con la tía Mikoto y vinimos en su coche'ttebayo. ―Hinata pudo respirar de nuevo―. Por cierto, ¿y las chicas? ¿No deberían estar contigo?―El ceño fruncido le dijo a Hinata que Naruto, seguramente, tendría unas palabras con Karin cuando la viera.

―Hum... Ino-chan anda por ahí con Sai-kun y Karin… no lo sé. ―Oír que el tal Sai no la andaba rondando, sino que parecía estar más interesado en Ino, lo alivió en gran medida.

―¿Y Neji? ¿No tendría que estar cuidándote?

―Es-está con… con Lee-kun y con Tenten. Ya sabes que Lee-kun… ―Naruto suspiró. Cierto, el cejas encrespadas no podía estar demasiado cerca de nada que contuviera alcohol o allí podría armarse la marimorena―. Además, no soy una niña―murmuró ella, hinchando los mofletes. Naruto opinó que aquel gesto lucía demasiado adorable e irresistible en ella.

―Entonces… uhm… ¿te importa que me quede contigo?―Hinata negó rápidamente con la cabeza, encantada de que él quisiera quedarse y pasar tiempo a su lado.

―Para nada. ―Naruto por fin se relajó y le sonrió.

―Entonces vamos ¡bailemos'ttebayo!―Un tremendo rubor se apoderó de la cara y el cuello de Hinata cuando él la tomó delicadamente de la mano y la arrastró al centro de la aglomeración de gente, donde los estudiantes bailaban y reían, totalmente desinhibidos, seguramente desquitándose el estrés que habían conllevado los parciales.

Allí, Naruto la tomó de la cintura, apegando su cuerpo al suyo, y la instó a que se aferrara a él. Una mano femenina y temblorosa se aferró a la camisa azul del chico, mientras que la otra se aferró a su hombro, y así comenzaron a bailar al ritmo de la música. Hinata luchó por parecer lo más natural posible. Ni en sus más locos sueños había pensado en que podría bailar de esa manera con Naruto.

Al paso de los minutos ella consiguió relajarse, e incluso se encontró riendo, feliz, cuando su acompañante la tomaba fuertemente de la cintura para saltar con ella cada vez que el jump jump jump de la canción Stamp on the ground, de los Italo Brothers, retumbaba en el recinto.

Naruto no podía dejar de mirarla, embelesado. Agradeció en su mente a Sasuke por haberse dejado guiar por sus instintos más básicos nada más entrar, al ver a una castaña lanzarle a su amigo una ardiente mirada. Probablemente a estas alturas el teme estaría bajando su estrés con aquella chica, y, por primera vez, a Naruto aquello no lo molestó.

No cuando le había proporcionado la oportunidad de estar a solas de aquella forma tan íntima y natural con Hinata. Agradeció también en su mente a su tía Mikoto por hacerle el inmenso favor de quedarse con Shinachiku aquella noche. Sabía que no podría haber dejado a su hijo en mejores manos.

Siguió contemplándola durante varios minutos más, totalmente fascinado por la manera en que ella se dejaba llevar, guiar por él. Sintió la imperiosa necesidad de sentirla más cerca y la aferró más firmemente por la cintura, pegando todavía más sus cuerpos, hasta que ambos pechos se rozaron, haciéndolos quedarse sin respiración.

―¿Pa-pasa algo, Naruto-kun?―preguntó ella tímida, nerviosa. Naruto sonrió y acercó su rostro al suyo, poniéndola aún más nerviosa. Sus labios rozaron la pálida mejilla femenina hasta dar a su oído.

―Nada. Solo que eres preciosa. ―El cosquilleo que sintió al aliento de él sobre la piel de su oreja le subió por toda la columna vertebral, estremeciéndola. Se aferró aún más a su camisa, intentando por todos los medios que sus piernas no le fallaran y la sostuvieran.

―Naruto-kun…

―Hinata-chan… quiero besarte. ―Aquella frase, junto con la ronca voz de él, la hizo derretirse. Tragó saliva y, sacando un valor que no sabía ni que tenía, se puso de puntillas, acercando sus rostros.

―Hazlo―suplicó, con el corazón latiendo a mil por hora en su pecho. Naruto también notó como su propio músculo comenzaba a latir, desesperado por la anticipación.

Y no lo pensó más: bajó el rostro hasta acortar por completo la distancia entre sus labios y la besó. La besó con desenfreno, con ansia, como llevaba deseando hacerlo desde el verano.

Su boca tomó todo lo que quiso de ella y cuando estuvo satisfecho le mordió el labio inferior, instándola a abrirse para darle paso a su lengua. Hinata no lo pensó, lo dejo entrar, dejó que la saboreara a placer, enredando ella mismo su propia lengua con la masculina, de forma algo torpe y tímida. El roce los estremeció a ambos y Naruto hizo el beso más frenético, más apasionado, devorándola. Hinata apenas podía seguirle el ritmo.

Cuando la imperiosa necesidad de respirar se hizo presente ambos se separaron, jadeantes, sus pechos subiendo y bajando, agitados, ambos rostros sonrojados pero, sin duda, felices. Naruto sonrió y bajó de nuevo hacia ella, besándola ahora de una forma más pausada y tranquila, delineando con delicadeza y paciencia los labios femeninos. Hinata cerró los ojos de nuevo, disfrutando de la caricia.

―Hinata-chan… ―Ella abrió los ojos al oírlo llamarla. Enseguida un furioso sonrojo apareció, cubriendo por completo la piel de su cara y de su cuello. Naruto soltó una risita y elevó una mano, acariciando una de sus mejillas con los nudillos. Luego pegó su frente a la suya, aún sonriendo.

―Na-Naruto-kun… y-yo… yo…

―Me gustas. ―La chica abrió los ojos como platos, incapaz de creer lo que sus oídos habían escuchado―. Me gustas―repitió él, deleitándose con las reacciones de ella ante sus palabras―, mucho. Y no sabes cómo deseaba hacer esto. ―Suspiró, desviando unos segundos la vista al suelo para luego mirarla a ella de nuevo, serio―. No sé por qué no me había dado cuenta antes… ―Calló; Hinata estaba inmóvil, tratando de procesar todo lo que sus orejas estaban captando. ¿Acaso era un sueño? Sí, se dijo, seguro que sí, tenía que serlo. Solo en sus más locas fantasías Naruto le decía semejantes palabras―. Sé que puede ser algo repentino… ¡y no quiero forzarte a nada! Pero yo… ―Naruto se mojó los labios y Hinata se vio a sí misma deseando que esa misma lengua volviera a saborearla como había hecho minutos antes―, yo… realmente no puedo soportarlo más y… ―Resopló, fastidiado. Tomó aire y la miró fijamente a los ojos―. Sé… sé que mi situación no es la mejor ni mucho menos… probablemente no quieras cargar con todos mis problemas pero… realmente, quisiera que me tuvieras en cuenta. ―Hinata parpadeó y Naruto aprovechó su desconcierto para robarle un casto beso en los labios―. Solo… dame una oportunidad. No tiene por qué ser nada oficial, de momento, al menos―susurró más para sí que para ella. Por el rabillo del ojo vio acercarse a Karin y a Ino, ambas charlando tranquilamente. Volvió de nuevo la vista a ella―. E-eso es todo. Nos vemos'dattebayo. ―Le dio un beso de despedida en la frente, la soltó y se perdió entre la multitud, dejándola muda y paralizada.

―¿Hinata?―Ino y Karin llegaron donde su amiga y se miraron, extrañadas ante la mirada perdida de la peliazul―. ¡Oe, Hina!―Ino se puso delante de ella y agitó una mano frente a sus ojos. Al fin, Hinata pareció reaccionar. Su rostro miró para la Yamanaka, se ruborizó como nunca antes en su vida y llevó los dedos a sus labios, acariciándolos como si lo que acababa de vivir con el amor de su vida no hubiese sido más que un simple sueño.

―¿Hina?―preguntó esta vez Karin, en tono preocupado. ¿Alguien le habría hecho algo?

―Me besó―dijo al fin la Hyūga, en un susurro.

―¿Eh?

―M-me besó. Naruto-kun me… me besó. ―Tanto Ino como Karin dejaron caer sus mandíbulas, con los ojos abiertos como platos―. Ino-chan, Karin-chan… Naruto-kun me besó. ―Y entonces sí, Hinata se desmayó.

Sus dos amigas se apresuraron a atraparla antes de que cayera al suelo, ambas sonriéndose entre sí.

―Vaya que no pierdes el tiempo, primito―dijo Karin―. Al fin te diste cuenta, cabezón.

Fin Capítulo 7


¡Y el beso llegó al fin! ¡OH, YEAH! (?).

¿Os lo esperabais? ¿O pensabais que iban a tardar más? ¿Lo veis muy precipitado? Cierto es que no está todo aclarado. Aún tienen que hablar y aclarar muchas cosas, pero poco a poco, chicos.

Poco a poco xD.

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¡Muchísimas gracias por el suyo a: Marys! ¡Gracias por siempre dejarme un lindo comentario que me alegra el día! ¡De verdad, muchas gracias!

Oh, y gracias también a todos por responder a mi pregunta. Me ha ayudado mucho, de verdad. Gracias por el feedback xDDD.

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Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.