¡YAHOI! Pues una semana más, vengo a dejaros vuestra dosis de droga personal.

Sé que algunos solo vivís para este momento. Es inútil negarlo (?).

Discalimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Capítulo 8


―Eres idiota. ―Naruto fulminó a su mejor amigo con la mirada―. Escapaste como un cobarde. Eres idiota. ―Naruto gimió, llevando las manos hacia su frente, frotándosela con desespero.

Sasuke tenía razón: era un idiota.

Después de haberse dado el beso más maravilloso de toda su vida con una chica igual de maravillosa había huido de ella como la peste tras declararle sus sentimientos. Pero es que no habría sido capaz de soportar que ella lo rechazara. Hinata era demasiado importante, demasiado especial para él, y si por su impulsividad se jodían las cosas entre ellos sería un duro golpe a superar.

Shinachiku hizo un sonido como de risa y su padre lo miró: el niño estaba la mar de tranquilo en los brazos de Sasuke, mientras ambos amigos veían el canal de deportes en la casa del rubio. Naruto no pudo evitar sonreír ante la imagen.

―¿Sabes? Nunca imaginé que un bebé se viera tan bien en ti'dattebayo. ―Sasuke bufó pero no dijo nada. El timbre sonó y Naruto se levantó a abrir.

Era viernes por la noche, sus padres habían ido a cenar por ahí y al cine mientras que él había sido capaz de organizar una quedada en casa con sus amigos. Había comprado kilos y kilos de cerveza, refrescos, bolsas de patatas fritas, galletitas saladas y, además, luego encargarían comida a domicilio, todo ello mientras disfrutaban de los partidos amistosos previos al mundial de fútbol, el cual no tardaría en empezar.

En la puerta aparecieron Shikamaru, Gaara, Suigetsu, Jūgo e, incluso, Sai. Naruto había decidido invitarlo por el dicho aquel de "mantén cerca a tus amigos pero más a tus enemigos". Sabía que el paliducho se llevaba muy bien con Hinata y, por más que todos le dijeran que su interés amoroso estaba en Ino y no en la Hyūga, seguía sin gustarle que pasara más tiempo con Hinata que él mismo.

―¡Chicos!―Entraron todos en tropel, saludando y descalzándose.

―Gracias por invitarme, Naruto. ―El aludido le quitó importancia con un gesto de la mano.

―Eres mi amigo también'ttebayo.

―¿Ha empezado ya?―preguntó Suigetsu.

―Aún no. Todavía están con los análisis previos. ―Llegaron al salón y cada uno se fue acomodando en un sitio. Suigetsu soltó una carcajada al ver a Sasuke cargando a Shinachiku con extremo cuidado.

―Di algo y estás muerto―lo amenazó el Uchiha. Suigetsu levantó las manos, todavía con la sonrisa bailando en sus labios.

―Tranquilo, hermano. No diré nada―sacó su móvil y lo apuntó hacia el pelinegro―. Tan solo inmortalizaré este momento para la posteridad.

―Hmp. ―Naruto y Shikamaru rieron al ver la expresión de Sasuke, sin embargo, este no hizo movimiento alguno de lanzarse sobre Suigetsu para impedirle que sacara la fotografía. Por nada del mundo molestaría a Shinachiku. El bebé se sentía demasiado bien en su regazo.

Pronto los chicos se vieron sumergidos de lleno en el partido que se retransmitía por la televisión. Suigetsu estaba armando escándalo, gritándole a la pantalla cada vez que le venía en gana. Shinachiku reposaba ahora en su tumbona, durmiendo cuál angelito. Alguno de los allí presentes se preguntaba cómo era posible que el niño fuese capaz de dormir con semejante barullo.

Naruto intentaba concentrarse en la tele, reír los chistes de sus amigos, discutir con Sasuke y con Sai, el cual tenía un extraño y retorcido sentido del humor, así como burlarse de Shikamaru. Pero su mente volvía una y otra vez a la breve conversación que había tenido con Sasuke.

Ya había reconocido que era un idiota, eso lo tenía más que claro. Pero, dejando a un lado su pánico a que Hinata lo rechazara, tenía otros motivos para haberse alejado de ella nada más compartir aquel momento tan esperado por él.

Naruto tenía cosas que resolver. No era una persona con una vida sencilla, no desde que Shinachiku llegó a ella. Tenía más cargas y responsabilidades que las de cualquier otro chico normal de su edad. Probablemente no podría ofrecerle a Hinata las mismas atenciones que otro, pero el solo pensar en alguien más besándola o bailando con ella tal y como había hecho él el fin de semana de la fiesta… Se le revolvía el estómago y le entraban unas horrorosas ganas de vomitar.

Tenía que volver a hablar con ella, tal vez aclarar las cosas y rogarle que no se alejara de su lado aun si Hinata no lo quería de esa forma. Quizás todavía podrían salvar su amistad.

Sí, eso haría, resolvió. Quedaría un día de esa semana con Hinata y entonces hablarían como las personas maduras que se suponía que eran.


―A ver si lo he entendido―Ino se recostó contra la pared, sentada sobre la cama de Hinata―. Naruto te salvó de un asqueroso, bailó contigo, te besó y se largó. Y no te ha llamado―Hinata asintió―, y tú tampoco lo has llamado a él.

―E-eso…

―¡Por Dios, Hina, mira que sois idiotas!―La Hyūga la miró con confusión―. ¡No me mires así! ¡Te gusta, le gustas! ¡Haz algo, por el amor de Cristo! ¡Llevas años esperando una oportunidad como esta ¿y ahora la dejas pasar?! ¡¿Qué coño pasa contigo?!―La exasperación en la voz de su amiga hizo que bajara la cabeza con los ojos húmedos.

Ino tenía razón, más razón que un santo, pero ella creía que no era tan sencillo. No era sólo debido a su timidez que no se había atrevido a llamarlo para hablar, tampoco era por vergüenza.

Era por miedo, puro y simple pánico a que él le dijera que todo había sido un error, que sencillamente se había dejado llevar por el ambiente o porque llevaba tiempo sin… estar con una chica. Era lógico. Se suponía que los seres humanos eran criaturas básicas en algunos aspectos, lo que incluía todo lo relacionado con el sexo, y Naruto, bueno, tenía un hijo por lo que todos sabían que no era virgen, que había estado con Sakura. Y ella no soportaría que le dijera que solo había sido algo del momento que no se volvería a repetir.

Porque si por ella fuera lo repetiría todos los días, sin falta.

Su móvil escogió ese preciso momento para sonar. Lo tomó de encima de la mesilla de noche y todo su cuerpo se congeló.

―¿Qué pasa?―Con manos temblorosas le enseñó la pantalla del móvil a Ino, quién abrió los ojos como platos―. ¡¿A qué esperas, boba?! ¡Contesta! ¡YA!―El grito de la rubia la hizo reaccionar y deslizó el dedo hacia el icono de aceptar la llamada.

―¿Na-Naruto-kun?―tartamudeó, extremadamente nerviosa.

―¡Hinata, qué bien que me contestas'ttebayo!―El tono aliviado que percibió en su voz la hizo saber que él también se encontraba nerviosa por aquella llamada―. ¿Es-estás… ocupada?―Por el rabillo del ojo vio como Ino negaba frenéticamente con la cabeza. Se mojó los labios y le contestó:

―N-no. Pu-puedo hablar. ―Oyó una respiración profunda al otro lado de la línea―. ¿O-ocurre algo?

―¡No, no, claro que no! Es sólo que yo… bueno… ―un bufido―. Cre-creo que necesitamos hablar, e-es decir, quiero hablar contigo. Sobre lo que pasó el otro día, ya sabes… en la fiesta.

―Ajá. ―No fue capaz más que de asentir.

―¿Podríamos quedar… digamos, mañana?―Hinata repasó mentalmente su horario para el día siguiente, mientras a su lado Ino no paraba de retorcer una y otra vez un cojín entre sus brazos, casi tan nerviosa como ella.

―Ma-mañana… tengo clase hasta la una…

―Oh, vaya, yo no salgo hasta las dos…

―¡Pu-puedo esperarte!―La voz le salió más aguda y ansiosa de lo que pretendía―. O-o sea, no me importa esperar…

―¿De verdad? En ese caso, hum… ¿quedamos a comer en la cafetería del campus?―Hinata sintió su corazón acelerarse.

―Cla-claro, Naruto-kun.

―¡Genial'dattebayo! Te veo mañana, entonces.

―Ha-hasta mañana, Naruto-kun. ―Colgó la llamada y miró para Ino, quién sonreía de oreja a oreja.

―¡Así se hace, Hinata!―Su amiga se le tiró encima, abrazándola y haciendo que ambas cayeran sobre el colchón de su cama―. Pero tendrás que dejarme hacer mi magia.

―¿Tu magia?―preguntó la peliazul, confusa. Ino sonrió sin dejar de abrazarla.

―Por supuesto, no pretenderás ir vestida de cualquier manera a una cita con el chico que amas. Ese idiota de Naruto necesita observarte y ver lo que se está perdiendo como en ese diminuto cerebro suyo se esté planteando el dejarte.

―N-no somos nada… ―intentó decir Hinata, pero Ino negó con la cabeza.

―Nada de eso, mi dulce Hinata. En cuanto un chico besa a una chica eso ya significa que se es algo, aunque sea solo un rollo de una noche. Pero vosotros no os enrollasteis, lo que induce a pensar que es algo más serio lo que ocurre entre vosotros. Naruto no besaría a nadie con el que no fuera en serio, no es ese tipo de chicos. ―Hinata se sonrojó, desviando la vista a un lado.

Ino tenía razón. Naruto no era de esa clase de chicos que te ilusionaban para luego romperte el corazón en miles de pedazos.

Por primera vez en años, sentía una leve esperanza aflorar en su interior.


Al día siguiente Hinata caminaba nerviosa hacia la cafetería de la universidad, aferrando fuertemente entre sus manos el maletín con sus enseres de pintura, así como la mochila con libros, su bloc de dibujo y los apuntes. Se paró frente a la ventana del café y miró por enésima vez su reflejo en la ventana.

Ino y Karin la habían ido a despertar aquella mañana más temprano de lo normal, la habían obligado a ponerse una blusa de encaje blanco con un lazo que le cruzaba el abdomen y se ataba a un costado, así como unos vaqueros ajustados y unos bonitos botines de color marrón. Por encima llevaba una sencilla cazadora negra que contrastaba con lo sofisticado de la blusa.

También la habían peinado y maquillado. No se notaba casi porque todo era de su tono de piel natural, pero sí que sus rasgos se veían realzados. Lo único a lo que se había negado era a que le pintaran las uñas. El esmalte podría desprenderse y dañar alguna de sus pinturas o dibujos en medio de clase, y eso sería bochornoso.

Se sentía… rara. Nunca antes había llevado pantalones, no al menos fuera de casa. Prefería sus largas y gruesas faldas, que le permitían libertad de movimiento a la vez que, según ella, la tapaban mucho más. Con aquellos vaqueros su trasero se levantaba y parecía decir "hola" a todo el que mirara, y aquello la avergonzaba sobremanera. Lo mismo podría decirse de la blusa de encaje: quedaba pegada al cuerpo, marcando todas esas curvas de las que siempre se había avergonzado, porque ella no era delgada ni esbelta como Karin, Ino o, incluso, la misma Sakura, la chica por la que Naruto había bebido los vientos desde que lo conocía.

Ella era bajita, algo regordeta y con demasiadas curvas. Los chicos nunca se fijaban en ella.

Sacudió la cabeza ante sus funestos pensamientos y respiró hondo, alzando la barbilla.

Hoy no, Hinata. Puedes hacerlo. ―Armándose de valor agarró con fuerza la manilla de la puerta y abrió, entrando en el concurrido local. A esas horas la mayoría de estudiantes ya habían terminado las clases de la mañana y se dirigían hacia allí para comer. Hinata buscó una mesa libre en un rincón apartado y, por suerte, la encontró. No quería que nadie oyera la conversación que Naruto y ella mantendrían.

Pidió una bebida y sacó sus apuntes, para hacer tiempo hasta que Naruto llegara.


Naruto miraba nervioso para el reloj que estaba encima del encerado, rogando porque la aguja fuera más rápida. Había estado prácticamente toda la noche despierto, pensando sobre lo que quería decirle a Hinata y en todas las posibles reacciones que la chica podría tener hacia él.

Sinceramente, anhelaba con todo su corazón que le dijera lo que él tanto deseaba escuchar.

Los minutos pasaron, lentos, tortuosos. Cuando al fin la aguja se posó sobre las en punto Naruto fue el primero en saltar de su asiento y salir pitando del aula, ante la mirada estupefacta del profesor, quien aún no había salido de la clase.

En su asiento, Shion había observado la escena con el ceño fruncido. Su intuición femenina le decía que lo que tenía tan nervioso y disperso a Naruto era nada más y nada menos que una chica, seguramente aquella con la que lo vio bailar y besarse en la fiesta del fin de semana pasado.

Sí, había sido testigo de aquel encuentro. Había acudido con la esperanza de toparse con el rubio y, cuando al fin lo encontraba, este estaba abrazado a otra, besándola como si quisiera comérsela entera.

No tuvo valor para enfrentarlo luego de eso y se largó de allí, herida y furiosa consigo misma por no haber actuado antes.

―Espabila. ―La voz de Gaara la sacó de sus pensamientos.

―Voy―gruñó. Acompañó a su amigo pelirrojo hasta la cafetería, donde picarían algo para luego ir a la biblioteca a consultar unos libros. Le habían dicho a Naruto que los acompañara, pero él les dijo que no podía, que tenía cosas que hacer.

Y Shion y Gaara supieron lo que era eso tan urgente que su amigo no podía posponer al entrar en la cafetería y toparse en una de las mesas de la esquina al rubio en compañía de una hermosa muchacha de largo cabello negro con reflejos azulados.

Shion apretó los puños, reconociendo a la chica de la foto del teléfono móvil que Naruto tenía como fondo de pantalla. Era muy guapa, lo admitía, y por la familiaridad con la que parecían tratarse se conocían desde hacía tiempo.

―Vamos. ―Gaara la empujó de nuevo fuera de la cafetería, no quería presenciar una escena de celos femeninos y, por la expresión de Shion, eso era lo que ocurriría como no sacara a la rubia pronto de allí.

En el interior del local Naruto se encontraba sentado delante de Hinata, nervioso como nunca, frotando las palmas en sus pantalones vaqueros una y otra vez. Hinata estaba sonrojada, con la mirada baja. Habían iniciado una conversación banal, para romper el hielo, pero pronto los temas se agotaron y ahora Naruto no sabía por donde empezar.

―Bu-bueno… ¿q-qué querías decirme?―Se atrevió al fin a preguntar Hinata, nerviosa.

Naruto la observó, deteniéndose en lo preciosa que estaba ese día. No es como si Hinata nunca estuviera hermosa, porque era muy guapa, guapísima, pero aquel día parecía haberse esmerado más de lo normal en su apariencia y el chico no pudo evitar preguntarse si lo había hecho por él, porque quería verse bonita ante su persona.

Aquel pensamiento le infló el ego y le dio las fuerzas necesarias para abrir la boca y hablar:

―Hinata, lo que pasó el otro día en la fiesta… ―ella asintió, cerrando los ojos, esperando el golpe que la llevaría de vuelta al abismo en el que había estado inmersa los últimos años―, quiero que sepas que no fue un error. ―Levantó la cabeza de golpe―. Ya te lo dije: me gustas, me gustas mucho―confesó el Uzumaki―. Y sé que tengo un montón de problemas ahora mismo y entiendo que no quieras tener nada que ver conmigo en un sentido, uh, romántico―le salió una risa nerviosa―. Pero, era cierto, todo lo que te dije, es cierto: quiero… quiero que me des una oportunidad si… si yo te gusto aunque sea un poco… ―Hinata estaba en estado de shock, con la boca y los ojos abiertos como platos. Su mente perdida en las palabras del chico que por tanto había amado.

Empezó a temblar y crispó los dedos, tratando de controlarlo. Ahora no podía arruinarlo ¿verdad? Su mente le decía que saliera pitando de allí porque seguramente acabaría lastimada, pero su corazón le gritaba que se arriesgara, que Naruto estaba siendo sincero, que él sería incapaz de jugar con ella.

―… E-en fin yo… quiero q-que estemos juntos. N-no tiene que ser como novios, si no quieres, pero…

―¡Sí quiero!―Su grito llamó la atención de varias personas que se encontraban a su alrededor. Avergonzada, se tapó la boca y bajó la cabeza de nuevo―. E-es decir… t-tú a mí ta-también me gustas, Naruto-kun. M-me gustas mucho, de-desde hace tiempo y…

―¿D-de verdad? ¿En serio te gusto?―Hinata enrojeció y asintió―. E-entonces, Hinata… tú… ¿saldrías conmigo?

―Tú… ¿qui-quieres que sea tu novia?―Se atrevió a preguntar ella. El corazón de Naruto comenzó a latir aceleradamente en su pecho ante sus palabras.

―Me encantaría―contestó, con una amplia sonrisa en sus labios que mostraba todos sus dientes. Hinata creyó que el corazón se le saldría del pecho. No se lo podía creer.

¿Estaba pasando? ¿De verdad estaba pasando? ¿Naruto, el chico de sus sueños, su amor que creía imposible, le estaba pidiendo que salieran juntos… como pareja?

Tan absorta estaba en su nube de felicidad que no notó cuando Naruto se levantó de su sitio, se sentó a su lado, la rodeó por los hombros y, acercando su rostro al suyo, la besó. Al principio fue incapaz de reaccionar, pero luego sus manos se aferraron a la camiseta que él llevaba puesta y correspondió, de manera algo torpe.

Cuando se separaron, él sonreía mientras que ella estaba total y absolutamente roja. Naruto la apretó más contra él y depositó un beso ahora en su cabeza.

―Por cierto, que sepas que estás preciosa, Hinata-chan. ―Sus mejillas se encendieron de nuevo pero sonrió, feliz, enterrando el rostro en su pecho.

Algo le decía que había tomado la decisión correcta, y que ello la llevaría a la felicidad.


―¡Enhorabuena, Hina!―La chica sonrió a sus amigas a través de la pantalla del ordenador. Debido a la imposibilidad de verse, había optado por llamarlas por Skype a ver si estaban disponibles, y para su suerte tanto Karin como Ino habían respondido.

―Ya era hora de que mi primo utilizara su cerebro. Dímelo si te hace daño, le patearé las bolas si eso ocurre. ―Hinata rio, contenta de que sus amigas la apoyaran y se mostraran felices por ella―. ¿Qué han dicho el perro y el chico de los insectos?―Ante la pregunta Hinata suspiró.

―Kiba-kun puso el grito en el cielo, aprecio que se preocupe por mí pe-pero… ya no soy una niña. Shino-kun se limitó a felicitarme. ―Ino y Karin asintieron.

―Es lógico que se preocupen por ti tanto como nosotras. Y secundo lo que dijo antes Karin: si Naruto te hace daño, lo torturaré, lo mataré, descuartizaré su cadáver y se lo daré a comer a los cerdos. ―Hinata se estremeció ante el tono amenazante de Ino.

―N-no creo q-que eso sea necesario, Ino-chan.

―Yo solo aviso, y el que avisa no es traidor. ―Karin rio mientras que Hinata meneaba la cabeza. Sus amigas no tenían remedio.


Naruto iba como flotando por los pasillos de la facultad de arquitectura, todavía soñando y rememorando lo que había ocurrido con Hinata, su Hinata. Recordando que ahora ella era su novia, su chica, y que, ahora sí, podría pasar más tiempo con ella sin que resultara raro, además de poder apartar a todo moscón que se le acercara.

Sonrió, feliz con la vida, hasta que chocó contra algo y tuvo que detenerse. Miró para abajo y vio que había tropezado con una de las mesas que había en el aula. Enrojeció ligeramente ante las risas de algunos de sus compañeros y se apresuró a rodear el mueble para sentarse en su sitio. Poco después llegó Shion y se dejó caer a su lado. El rubio le sonrió a modo de saludo.

―Buenos días.

―Vaya, pareces muy alegre hoy. ¿Te pasó algo bueno?―preguntó la rubia en un tono plano, intentando que no se le notara la ansiedad en la voz. Por toda respuesta Naruto sonrió, los ojos azules de él brillando de auténtica y pura felicidad. Se acercó a Shion y bajó la voz, no quería tampoco ir pregonando por ahí su vida privada.

―Tengo novia. ―El estómago de Shion dio un vuelco ante lo dicho por el Uzumaki. Intentó por todos los medios devolverle la sonrisa pero fue incapaz de hacerlo.

―Oh. ―Fue lo único que salió de sus labios―. Hum… ¿felicidades?―Naruto amplió su sonrisa. Gaara llegó en ese momento y arqueó una ceja al verlos cuchichear.

―¿Me puedo enterar?―Naruto se giró a mirarlo, la sonrisa todavía iluminando su rostro.

―Tengo novia. ―El pelirrojo hizo un sonido como de risa.

―Muy bien por ti. ―Naruto rio. De reojo, Gaara miró para Shion, quien ser mordía los labios con lo que parecía ser desesperación.

El amor era jodidamente complicado. Esperaba no enamorarse nunca.


―Ya era hora. ―Naruto frunció el ceño sin dejar de mover la cuna de Shinachiku, intentando que este se durmiera tras su última toma.

―¿No te alegras ni un poquito por mí, teme?

―Pues no. Llevas semanas dándome la tabarra con "Hinata esto, Hinata lo otro". Al fin me dejarás en paz. ―El rubio rio, algo avergonzado. Sasuke tenía razón, quizás había estado un poco pesadito―. ¿Te han dicho algo Inuzuka y Aburame?

―Sí―suspiró Naruto―, que como le haga daño a su niña me espera el más horrible de los sufrimientos. ―Naruto casi pudo ver la sonrisa que ponía el Uchiha al otro lado de la línea―. ¡No es gracioso, teme! Además, ¡¿Su niña?! ¡Hinata es mayor de edad, y en todo caso debería ser mi niña, no la suya! ¡Y no pienso hacerle daño de ninguna de las maneras! ¡Ella es demasiado importante para mí como para-

―Lo sé―lo interrumpió Sasuke―. Sino, no le habrías dicho nada. No eres de esos, dobe. ―Naruto respiró hondo y sonrió, volviendo a la tarea de mover la cuna donde reposaba su hijo, ya medio dormido a pesar de los gritos de su padre.

―Gracias.

―Tendrás que ir con mucho cuidado.

―Lo sé.

―Seguramente eres su primera relación.

―Lo sé, sé que soy su primer novio. No soy idiota, teme. Sé que Hinata no ha salido con nadie nunca, a pesar de que las chicas se esforzaban por lo contrario.

―Es muy tímida.

―Lo sé.

―No la asustes.

―¡Joder, Sasuke, que ya lo sé! ¡Todo eso lo sé, mierda! ¡¿Quieres no ponerme más nervioso de lo que ya estoy?! Además, te recuerdo que yo tampoco soy un experto, precisamente. Solo he estado con quién tú ya sabes.

―Me preocupo por ella, y por ti, pero sobre todo por ella. ―Naruto también sabía eso. A su seca manera, Sasuke apreciaba a Hinata, siempre la había apreciado como amiga, ya que era prácticamente la única chica en todo el instituto que no lo acosaba y lo trataba como un compañero y amigo más. Sasuke siempre le había estado agradecido por eso, por hacerlo sentirse bien en algunos de los momentos en los que tan solo deseaba emprenderlo a golpes con todo y con todos―. ¿Y Shinachiku?

―Ella lo quiere―contestó el rubio, tajante.

―Eso lo daba por supuesto, idiota. Me refiero a si has pensado en más a futuro. ―Naruto se mordió los labios.

―No quiero pensar en eso ahora. Estamos juntos, me gusta, le gusto. Disfrutaremos y veremos a donde va esto. Me gustaría mucho que funcionara, pero si al final no resulta… ―Una punzada de dolor le atravesó el pecho al tan solo imaginar a Hinata dejándolo, alejándose de él.

Sacudió la cabeza. No, eso no pasaría, sobre su cadáver. Se esforzaría. Sería el mejor novio que una chica podría desear, haría que Hinata cayera completa y absolutamente enamorada de él, porque quería que así fuera. Estaba seguro de que él ya la quería, de que ya había comenzado a amarla meses atrás, cuando ella apareció en la puerta de la casa de su abuelo preocupada por él.

―Bueno, allá tú. Me voy. Algunos tenemos que estudiar.

―¡Vete a la mierda, Sasuke!―Escuchó una ligera risa antes de que la comunicación se cortara definitivamente. Suspiró y miró para su hijo, que ya había caído en los brazos de Morfeo. Sonrió, se inclinó sobre la barra de la cuna para darle un beso en su rubia cabecita y salió silenciosamente de la habitación, no sin antes coger el intercomunicador para bebés y sus apuntes.

Bajó las escaleras y se acomodó en el sofá del salón ¿qué estaría haciendo Hinata? Se preguntó entonces. Sacó el teléfono de nuevo del bolsillo y, vacilando, decidió mandarle un mensaje corto pero contundente. Las parejas hacían eso ¿no? Lo cierto es que por mucho que hubiese tenido una novia antes no es que hicieran muchas cosas de pareja. Sakura nunca había querido que le mandara mensajitos ni que la llamara, y apenas habían tenido unas cuantas citas. Era casi un milagro que hubiese aceptado tener intimidad con él.

Aunque, pensándolo ahora en retrospectiva, se daba cuenta de que hasta eso lo había hecho por desquite, no porque realmente hubiera querido estar de esa manera con él.

Negó con la cabeza y echó todos esos amargos recuerdos a un rincón profundo de su mente. Hinata no era Sakura. Ella no lo haría sentirse mal consigo mismo.

Tecleó una sencilla frase y la envió.

Te echo de menos.

La respuesta no le tardó en llegar.

Yo también a ti.

Sonrió como bobo. Aquellas cuatro palabras ya le habían alegrado el día.


―¡Naruto!―El rubio se volvió y sonrió a la chica rubia que corría agitada hacia él.

―Buenos días, Shion.

―Bu-buenos días. ―La rubia esperó a recuperar el aliento y luego se incorporó, arreglándose la ropa. Ese día se había esmerado especialmente en su vestuario. Había decidido que, aunque Naruto se hubiese confesado a otra chica y esta le correspondiera, ella también tenía derecho a intentarlo. Le diría sobre sus sentimientos y así, por lo menos, podría cerrar aquella breve etapa. Sabía que si seguía manteniendo esperanzas en el rubio eso solo la envenenaría y envenenaría su relación de amistad con él―. ¿Puedo hablar contigo un momento? Será rápido. ―Añadió al ver como el Uzumaki revisaba su reloj.

―Claro. ―Shion sonrió, aliviada, y lo guio hasta unos bancos que quedaban frente a la facultad, en una extensión de césped. Se sentó en uno y, extrañado, Naruto la acompañó. Shion se mojó los labios, se giró para mirarlo de frente y tomó aire.

―Me gustas. ―Naruto parpadeó. Abrió la boca y los ojos con sorpresa―. Me gustas mucho, desde el primer día que te vi me llamaste la atención. ―El rubio no sabía qué decir.

―Shi-Shion…

―No digas nada, sé cuál va a ser tu respuesta. Solo quería sacármelo de dentro para no hacerme mala sangre en los próximos meses. Te aprecio como amigo y compañero, y, al menos, no quiero perder eso. Simplemente necesitaba decirlo en voz alta, ¿sabes?―Naruto tragó saliva.

―Shion, yo… lo sien-

―Ya te dije que no hace falta que me contestes. Tienes novia, aunque sea algo reciente, y creo que te gusta mucho ¿no es así?―Las bronceadas mejillas masculinas se tiñeron de rojo y el chico asintió―. Bien. Tiene suerte, espero que ella sepa eso. ―Naruto la miró, ahora con algo de compasión―. ¡No me mires así, hombre! Lo superaré. Tampoco es que te amara locamente ni nada. Pero me conozco, tiendo a ser obsesiva con las cosas que quiero, por eso tenía que decírtelo claramente.

―Gracias―dijo de pronto Naruto, sorprendiéndola―. Realmente lo aprecio. Gracias. Pero, como dices, quiero mucho a mi novia―qué bien se sentía esa palabra asociada a Hinata: novia― y por nada del mundo jodería algo que apenas estoy comenzando con ella. Es demasiado importante para mí. ―Shion asintió. Ya sospechaba eso. Cada vez que Naruto hablaba de su chica le brillaban los ojos de una manera especial―. Me gustaría hacer algo para compensarte. ―Shion hizo un gesto con la mano.

―No hace falta. No me has roto el corazón, así que tranquilo. Sí que fastidia un poco, el que te rechacen, digo, nunca me había pasado antes.

―Aún así…

―Si de verdad lo quieres… ―Shion lo miró fijamente con sus ojos lilas. Tal vez podría aprovecharse y preguntarle de nuevo por aquel nombre que tantas veces le había oído pronunciar al rubio―. Contéstame una cosa.

―Claro―dijo Naruto, sonriendo. No tenía problema con eso.

―¿Quién es Shinachiku?―Automáticamente el cuerpo de Naruto se tensó―. Siempre te oigo hablar de él con tus otros amigos, pero nunca me has dicho quién es o lo he visto…

―Shion, eso… ―Naruto suspiró. No quería andar pregonando por ahí que tenía un hijo. No es que se avergonzara de su bebé, ¡ni mucho menos! Pero no le gustaba hablar de Shinachiku con gente ajena a su círculo más íntimo. No quería que lo juzgaran o que pensaran lo peor de él o de su pequeño. Y menos aún ahora de Hinata, por ser su pareja.

―Está bien, veo que no te gusta hablar de… él.

―No es que no me guste es que… es algo muy personal. No quiero que ni tú ni Gaara me miréis raro o me empecéis a tratar distinto. ―Shion lo miró de nuevo, ahora con marcada curiosidad.

―¿Y por qué íbamos a hacer tal cosa?―Naruto tomó aire, respirando todo lo hondo que pudo; exhaló lentamente y se dispuso a contestarle. Si Shion había tenido la valentía de ir a él y confesarse aun sabiendo que la rechazaría bien podía tener él la misma consideración hacia ella.

―Shinachiku es mi hijo. ―La rubia quedó estática, con los ojos y la boca abiertos a más no poder.

―Vaya―atinó a decir, tras varios segundos de silencio―. Vaya―repitió―. Tú… ¿tienes un hijo?―Naruto asintió―. Joder. Dios santo, es decir… jo-der. ―Tardó unos minutos en recuperarse de la impresión―. ¿Tu novia es… ―Naruto negó.

―No―la respuesta tan fría le dio a entender que no siguiera preguntando sobre ese tema en particular. Shion respiró hondo.

―¿Tienes fotos?―Sonriendo, Naruto se apresuró a sacar el móvil y a enseñarle unas pocas―. Bueno, no es feo.

―¡Pues claro que no'dattebayo! ¡Es tan guapo como su padre!―Shion soltó una carcajada. Le devolvió el teléfono al chico y le sonrió de vuelta.

―Gracias. Por decírmelo. Te prometo que guardaré el secreto. ―Naruto se encogió de hombros.

―Sé que lo harás. Eres una buena chica, Shion. Espero que encuentres a ese alguien especial.

―Para el carro. Aún tenemos diecinueve años, espero que antes de que algún tipo cualquiera me atrape pueda disfrutar de los placeres de la vida. ―Naruto se carcajeó y Shion lo secundó.

Así los encontró Gaara cuando llegó para la primera hora de clase, riendo y bromeando. El pelirrojo alzó las cejas pero no dijo nada. Ya se enteraría más tarde, cuando ellos decidieran contarle.

Fin Capítulo 8


¡QUE YA ESTÁN JUNTOSSSSS! ¡OH, YEAH! (?).

Siento mucho haberme retrasado esta semana tantísimo con este capítulo. Intentaré que no vuelva a pasar, pero de verdad que a veces me es muy complicado sacar tiempo para mí y para mis cositas.

En fin, ¿me dejáis un bonito review pa motivarme pa la semana que viene? Venga, porfa. Porque ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Marys, Lil y a AMBAR!

No tengo palabras para agradeceros todo el cariño y el apoyo que le estáis dando a esta historia.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.