Espero que este capítulo les guste, nos vemos en el siguiente capítulo
No somos los mismos
Los labios de Greg no tardaron en corresponder el beso que exigía Mycroft, sus labios se reconocían como viejos amigos que han esperado por el otro con verdadero afán. Las manos de Mycroft se colaron por la cintura de Greg atrayendo su cuerpo de tal forma que se hallaban tan juntos, sintiendo el calor del otro, las nuevas formas que el crecer les otorgó. El ruido de la puerta principal cerrándose de golpe los hizo separarse asustados.
-Vaya, vaya, así que también eres humano- una voz femenina se escuchó.
Greg reconoció a la mujer de cabellos negros y mirada dura que los observaba, era la Alpha que solía visitar aquel restaurante donde a veces trabajaba. Su rostro se volvió rojo y intentando escapar de allí, sin embargo, Mycroft lo retuvo por la cintura. -Eurus ¿Qué haces aquí?- mencionó el Alpha mayor con desprecio y Greg tuvo que hacer un esfuerzo monumental por recordar de donde le sonaba el nombre.
-Hermano, vengo por el pequeño Sherly- dijo casi con burla -Nuestros padres pretenden que me ponga al corriente de su salud. Aunque no esperaba encontrarte en algo tan comprometedor con este encanto ¿lo compartimos?
-Yo me voy, espero que Sherlock mejore- Greg se alejó de Mycroft tan rápido como pudo y tras tomar sus cosas salió de allí con el corazón a punto de saltar de su pecho, tomó el primer taxi que apareció y una sensación de alivio lo invadió. No sabía que era peor, reencontrarse con Mycroft, haberse besado o esa mujer que le daba un pánico horrible. Lo que fuese, no quería involucrarse de nuevo, no era más ese chiquillo enamorado de aquel pelirrojo dulce y de modales perfectos, ahora era un hombre hecho y derecho, tenía una carrera, una vida sin los Holmes.
Tan pronto llegó a casa tiró sus cosas al pequeño sillón y tomando un baño con el que intentó relajarse y alejar todos sus pensamientos sobre los sucesos de ese día. Sin embargo, sus pensamientos volaron a aquel lejano verano donde experimentó el amor junto a Mycroft Holmes, porque eso fue lo que sucedió con él, amor. Lo amó tanto que cuando tuvo que marcharse a Francia un pedazo de su corazón se quedó con él y tardó mucho en aprender a vivir sin su pelirrojo. Una sonrisa suave iluminó su rostro al recordar aquel primer beso echados en el pasto y viendo el cielo de verano. Comprobó que su corazón aún se aceleraba con tan solo pensar en ello, y esa noche, cuando Mycroft lo tomó entre sus brazos, su cuerpo volvió a vibrar en la misma sintonía que el Alpha.
-Pero no puede ser- murmuró cerrando la llave, lo sabía perfectamente, pues, aunque sus labios ponían sus piernas de gelatina, el chico dulce de quien se enamoró años atrás desapareció con los años y ahora un desconocido ocupaba su lugar. Esa noche se fue a la cama con los recuerdos acosándolo, esperando que se marchasen pronto.
Mycroft despertó sobresaltado por la madrugada, tras comprobar que aún tenía unas horas para llegar al trabajo enterró el rostro en la almohada, toda la noche los recuerdos de Gregory Lestrade lo atormetaron, se recriminó el ceder a su parte primitiva y desearlo de forma carnal. No era un adolescente que sucumbe ante el impulso de sus hormonas, es un hombre y un Alpha, no cederá a los encantos de Gregory Lestrade o ningún otro Omega.
La visita de Eurus también lo puso alerta, ella tenía una vena maniática que servía para sus negocios, pero que le acompañaba en su día a día. Sin embargo, en el pasado, su madre cometió el error de mencionar en cierta ocasión la relación de verano que Mycroft sostuvo con Greg, ella se burló de su hermano mayor de forma inicial, con el correr de los años secretamente Eurus pensó que le gustaría buscar a ese Omega y jugar con él un poco, solo para amargar la vida de su odioso y petulante hermano mayor. Por suerte el paradero de Lestrade fue un misterio para todos, hasta que se reencontró con Sherlock.
-¿Dónde está Lestrade?- preguntó Sherlock entrando a la habitación de Mycroft sin llamar.
-Se fue- contestó con su habitual desinterés en las cosas vanales de la vida.
-Me voy- gruñó Sherlock y antes de que Mycroft pudiese retenerlo salió dispuesto a plantarse frente a Greg y asegurarse de que no huya.
Mycroft gruñó molesto, con todos los problemas y ocupaciones de su vida, ahora tenía que preocuparse por las estupideces que su hermanito hace, comenzaba a cansarse de todo y consideró seriamente llamar a sus padres para que se hagan cargo de él. Salió de la cama y antes de meterse al baño su reflejo en el espejo lo paralizó, bajo esa expresión seria pudo descubrir algo que lo confundió, en su mirada halló un halo imperceptible de esperanza.
Entonces sus recuerdos de la adolescencia volvieron, aquellos días paseando de la mano de Greg, los fuegos artificiales de los festivales de verano iluminando la noche y el rostro feliz de su novio, su aroma y la promesa muda de permanecer juntos para siempre... -Si no te hubieses ido- murmuró y comprendió que en tantos años, aquello que creía extinto se alzó de las cenizas y murmuró a su oído todos esos recuerdos.
Pasó sus manos por su rostro y por primera vez en tantos años se descubrió emocionado, el latir de su corazón se aceleró y realmente deseó su presencia, volver a tomar su labio, tomar una y otra vez sus labios, tal y como lo hiciera la noche anterior. El alcohol solo le dio el valor necesario para reconocer que aquel impulso no obedecía a un instinto, sino al llamado del amor, ese que estuvo dormido por tanto tiempo y que, ahora, entraba por la puerta grande para ponerlo en problemas y reevaluar sus prioridades y deseos -No debo- se dijo y la sensación de Greg en sus brazos y sus labios junto a los suyos danzando al mismo ritmo lo confundió aún más.
El llamar insistente en su puerta lo despertó, al abrir se encontró con Sherlock, no alcanzó a siquiera preguntarle si deseaba pasar pues el chico se invitó solo dejándose caer en su pequeño sofá -Claro, pasa- dijo cerrando la puerta tras él.
-¿Por qué te fuiste?- Sherlock fue al punto dejando aturdido a Greg.
-Era tarde- dijo cruzado de brazos.
-¿Qué te hizo mi hermano?- murmuró serio antes de que una sonrisa triunfal apareciera en su rostro al notar el claro gesto de nerviosismo en el Omega.
-Nada, tu hermano no hizo nada- se encaminó a la cocina encendiendo la cafetera, ignoró la posible protesta que Sherlock dio, ya su día era lo suficientemente complicado como para ponerse a contarle cosas innecesarias a Sherlock.
Sherlock guardó silencio por unos minutos hasta que Greg recibió una llamada que pareció ponerlo de buen humor, el chico pensó en volver a casa, seguramente Mycroft le reñiría por salir así, sin embargo, no tenía ánimo de soportar a su hermano. Escuchó al Omega finalizar la conversación y decidió que aquel lugar era mejor que pasarse el día encerrado en casa de Mycroft. -¿También piensas secuestrar este sillón?- preguntó Greg al ver como Sherlock intentaba acomodarse en el mueble.
-Sí- lo escuchó contestar tras varios intentos fallidos.
-Necesitas descansar, apenas ayer estuviste en una explosión, ven- pidió guiándolo a su habitación -Puedes usar mi cama hasta que el desayuno esté listo- el Alpha se metió bajo las mantas y Greg fue a la cocina preparando el desayuno para dos.
Las horas pasaban y Sherlock no dio señales de vida, no contestaba el teléfono y, aunque era habitual para él perderse por Londres cuando se enojaba, no solía hacerlo cuando tenía la cabeza medio rota por culpa de una explosión. Pensó en llamar a sus padres, sin embargo lo descartó, al igual que pedir ayuda a Eurus, consideró entonces las posibilidades, cuando Sherlock desaparecía en muchas ocasiones se hallaba en la universidad, en el laboratorio o en la biblioteca, así que envió a Anthea en su búsqueda.
Por la tarde y tras una búsqueda infructuosa el Alpha consideró una incómoda posibilidad -Necesito la dirección de Gregory Lestrade- ordenó a su asistente y ella se puso manos a la obra, el pelirrojo se quedaba sin opciones y su madre llamaría pronto ansiosa de hablar con Sherlock al que aún llamaba bebé. Por otra parte, Eurus parecía esperar una falla en como desempeñaba su papel de hermano mayor para tomar la delantera por el cariño de sus padres. Anthea tardaba con la dirección y él sentía la desesperación apretar su garganta, cuando diese con Sherlock se encargaría de quebrarle un par de huesos por hacer que pierda su tiempo.
-Lo tengo ¿desea que pida a su chofer que vaya por el señor Lestrade?- anunció Anthea y él negó.
-Por Lestrade no, es por Sherlock que debe ir- ordenó Mycroft y ella obedeció entregándose nuevamente al trabajo, porque, a pesar de ser sábado, la oficina del Alpha no se detenía.
Sherlock seguía dormido en su cama y Greg preparaba un bowl con palomitas de maíz que acompañarían su película de sábado por la tarde, gracias a ese Alpha caprichoso tuvo que cancelar sus planes con Sally y Phillip, dos colegas de la universidad. Se echó en el sillón que ocupase Sherlock y buscó una de tantas películas rosas hechas para llorar a mares, tenía animo de no ser el único ser miserable y confundido en el mundo. Todo el día se preguntó ¿por qué dejó a Sherlock quedarse? ¿acaso guardaba una esperanza estúpida de que Mycroft viniese por él? Era tonto pensar aquello, pero Greg no era el ser más lógico del mundo y era muy posible que su inconsciente le jugase una mala pasada.
A medida que la película avanzaba, Greg volaba a la noche anterior y se sorprendió acariciando sus labios en búsqueda de algún vestigio de Mycroft -Estás loco Greg- murmuró para sí con nostalgia, bien dicen que el primer amor jamás se olvida, comenzaba a comprobarlo en carne propia, aunque como se dijo antes, el Mycroft Holmes de ahora no coincidía con el de sus recuerdos y, prefería no dañar aquella bella época de su vida conociendo al Alpha en que se convirtió su primer amor. Comenzaba a dormirse cuando alguien llamó a la puerta, al abrir se encontró con quien dijo ser enviado del hermano de Sherlock. Así terminó su día, tras un estira y afloja por parte del Alpha menor, Greg consiguió que fuese a casa, aunque debió ir con él y asegurarse que no salte del auto a mitad de camino.
Al llegar se hallaron con el rostro molesto de Mycroft -Solo vine para asegurarme de que llegue bien- explicó Greg dispuesto a salir de ese lugar en ese mismo instante.
-Agradezco su preocupación hacia mi hermano- mencionó de forma gélida Mycroft y Greg asintió dispuesto a irse y casi lo logra de no ser porque Mycroft lo tomó del hombro con fuerza -Agradeceré que me permita unos minutos de su tiempo, deseo que conversemos sobre la penosa situación sucedida la pasada noche.
Greg le vio curioso de que usase el término "penosa" para definir lo que claramente fue un beso y los malditos impulsos de un Alpha. -Por supuesto- dijo sintiendose un poco fuera de lugar en aquel sitio tan refinado, a diferencia de su apartamento que era más bien cálido y con una decoración bastante básica, la frialdad de aquel lugar le ponía un poco los pelos de punta o quizás era el hecho de estar en presencia de Mycroft.
Tomó asiento en silencio y esperó hasta que Mycroft le imitó, Greg no imaginó que el Alpha analizó cada movimiento y detalle de su persona tan pronto lo vio -Escuche, le pido disculpe mi comportamiento al dejarme guiar por un impulso ajeno a mis deseos- habló con propiedad el Alpha y Greg se sintió un tanto ofendido, sin embargo no dijo nada -Me comprometo a no realizar una acción tan vergonzosa contra su persona.
-No se preocupe- Greg lo vio directamente a los ojos -No tendrá oportunidad de repetir esas acciones que le generan verguenza, le aseguro que no tengo interés alguno en usted o sus atenciones- comentó molesto antes de ponerse de pie -Si me disculpa, tengo cosas que debo hacer.
Sin decir más Greg salió del apartamento dejando a Mycroft con todo un discurso ensayado para no herir la fragilidad del Omega y dejar en claro que no se hiciese de ilusiones. -No lo conoces- escuchó a Sherlock murmurar desde la cocina y por primera vez debió darle la razón. Efectivamente no lo conocía, tenía la idea de que todos los Omegas se guiaban por los sentimentalismos y que, ante un suceso como aquel beso, esperaría que el Alpha corresponda a sus fantasías.
Un suspiro escapó de sus labios y decidió no pensar más en él, seguiría su vida tal y como la conocía hasta ahora, trabajo y obligaciones, ignoraría el cosquilleo que le generaba la presencia del Omega que tiempo atrás le daba besos y caricias prometiendo estar con él siempre. Como siempre, ocultaría todo rastro de sentimentalismo, ignoraría su presencia en Londres, era tal y como diseñó su vida, nada de Omegas o debilidades amorosas, solo metas claras y resultados concretos.
Y así, con esa resolución en la cabeza del Alpha el tiempo avanzó ignorando cualquier dato sobre Gregory Lestrade, por su parte Greg no quiso saber más del mayor de los Holmes y dedicó su tiempo a su trabajo y la vida social con sus colegas -¿Vienes esta noche?- preguntó Sally cuando hablaban de ir a un restaurante a celebrar el compromiso de uno de sus colegas.
-No me lo perdería- decía animado Greg, estaban a mitad de semestre y la cantidad de trabajo aumentó considerablemente, un respiro no le hace mal a nadie y menos si es noche de viernes.
-Paso por ti- prometió Sam, uno de sus colegas con auto y que tomaba la misma ruta que Greg. -Serás mi cita- dijo coqueto haciendo reír al Omega.
Desde aquella incómoda conversación con Mycroft se mantuvo fuera del radar del Alpha, a Sherlock era imposible sacárselo de encima, sin embargo, él tampoco mencionaba a su hermano, era como un acuerdo silencioso de no tocar ese tema y ambos los respetaban, es más, el moreno se veía cada vez más cómodo con omitir la existencia de su familia. Otra que se acercó a ellos era la curiosa Molly Hooper que, para sorpresa de ella misma, resultó bastante sociable y divertida, Algunas ocasiones se unía a las salidas de Greg y sus amigos.
Su vida era relajada, trabjar, algunas fiestas, tomar uno que otro curso o seminario... y sí, ocasionalmente alguna cita, aunque no tenía nada serio con nadie, no descartaba la posibilidad, aunque al llegar al Londres decidió que no estaría con otro inglés, tras unos meses consideró que era una tontería y comenzó a aceptar invitaciones de algunos Betas y Alphas.
Cuando Sam pasó por él, descubrió a Greg incluso más hermoso de lo acostumbrado, los jeans ajustados resaltaban la curva de sus caderas y las piernas largas y esbeltas, sus cabellos castaños peinados con cuidado y una sonrisa que enamora a cualquiera -¿Te llevo guapo?- ofreció Sam y abrió la puerta del copiloto donde Greg subió.
-Hola- saludó coqueto -Así que... ¿nos vamos?- propuso el Omega y se dirigieron hacia el restaurante donde Sally, Phillip y otros colegas ya esperaban por ellos.
Tan pronto llegaron en una de las mesas de la terraza sus amigos le saludaron, con Sam sosteniendo su cintura llegaron a ellos, Greg no tuvo ni la menor sospecha que un Alpha lo observaba tan pronto entró, era Mycroft quien llevó a sus padres a cenar, Sherlock también estaba allí y Eurus debería llegar pronto. Que entrase con otro Alpha tomando su cintura le hizo pensar en que tomó la mejor decisión que pudo al dejar claro que no podrían tener nada.
Aquella mirada no pasó desapercibida para sus padres quienes le vieron curiosos, reconocían a leguas a un Alpha molesto. -¿Pasa algo cariño?- preguntó su madre.
-Pasaron de él - dijo Sherlock con burla.
-¿Quién?- preguntó curioso su padre.
-Lestrade- dijo Sherlock haciendo que sus padres lo observaran confundidos como si exigiesen una explicación.
-¿Hablas de Greg, su ex novio?- preguntó su padre interesado en el tema haciendo que Mycroft odiara con todas sus fuerzas la lengua suelta de su hermanito.
-Está allí- señaló Sherlock a una de las mesas de la terraza donde el Omega reía con sus amigos dejándose abrazar por un rubio de facciones perfectas.
Sus padres observaron la escena y comprendieron la actitud de su hijo, aunque no tenían conocimiento que Greg hubiese vuelto a Inglaterra y menos que existió un reencuentro con su hijo. -¿Ese es su novio?- preguntó su madre y Mycroft no respondió pues en ese momento se hacía la misma pregunta.
-¿Me extrañaron?- Eurus llegó saludando a sus padres y a sus hermanos. -¿Por qué están viendo al delicioso Omega que se estaba comiendo Mycroft en su apartamento?- sus padre voltearon a verlo con sorpresa y Mycroft sintió una furia asesina subir a su cabeza, aunque logró controlarla perfectamente.
-¿Por qué no nos dijiste que regresaron?- preguntó su madre emocionada. -¿Cuándo vas a llevarlo a casa?
-No regresamos, es profesor en la universidad de Sherlock y lo ayudó cuando sucedió el accidente en el laboratorio, eso es todo, no tengo ningún tipo de interés en él o en lo que haga con su vida o con quien se acueste, no me interesa- dijo enojado ante la mirada curiosa de sus padres.
-A mi personalmente me da la impresión de que te importa mucho- se burló Eurus fijando la mirada en el Omega -En mi basta experiencia, ese chico es uno de los mejores ejemplares que he visto, si no lo quieres lo tomaré yo- ella se puso de pie dispuesta a presentarse en la mesa donde Greg compartía con sus amigos.
-Déjalo en paz- amenazó Mycroft a su hermana utilizando toda su presencia de Alpha para doblegarla.
-¿Por qué? Si tu no lo quieres yo sí que quiero darle una probadita- dijo ella sentándose.
-Es mío- murmuró Sherlock serio atrayendo la curiosidad de su familia. -No lo toquen.
-¿Estás saliendo con el ex novio de tu hermano?- preguntó confundida su madre.
-No, pero es mío- y con una mirada dura les hizo entender que no deseaba más preguntas.
Greg reía ignorante de la batalla campal que se libraba entre los Holmes por su cabeza, él disfrutaba la noche junto a sus amigos festejando el compromiso y próxima boda de su colega, se excusó un momento yendo al baño para tomar los supresores y mojarse el cuello para aligerar un poco el calor que comenzaba a sentir al ser el único Omega entre ese grupo de Betas y Alphas. Al salir del baño se encontró con la última persona que pensó volvería a ver -¿Podemos hablar?- escuchó a Mycroft preguntarle y él asintió confundido.
-¿Aquí?- preguntó tras el shock inicial.
-Seré breve, mis padres festejarán treinta años de matrimonio y esta noche se han enterado que estás en Londres, por lo que te hallas invitado a la fiesta, te haremos llegar la invitación formal- a medida que decía aquello notaba el aroma del Omega que retaba al quimico que emiten los supresores.
-Gracias por la invitación- intentó volver a su mesa, sin embargo Mycroft lo tomó de la cintura enterrando su rostro en el cuello del castaño y llenándose de su aroma, aquella cercanía era tóxica para ambos, sin embargo, también existía una tracción innegable, el deseo que se ha guardado por años. -Debo irme- pidió Greg aunque su cuerpo se hallaba relajado ante el tacto de Mycroft, como jamás le ha pasado con nadie.
-Déjame llevarte- susurró sin apartarse de él.
-No podemos hacer esto- dijo con un destello de lucidez -Con su permiso- y con suavidad lo alejó de sí. Volvió a su mesa con la presencia y el aroma de Mycroft sobre sí.
Mycroft se tomó un tiempo antes de volver a su mesa, sintiendo la necesidad de volverlo a tener entre sus brazos, debía admitir que en todo ese tiempo con el conocimiento que se hallaban en la misma ciudad a ratos tenía el deseo de salir a buscarlo, sin conocer la razón por la cual deseaba verlo, ¿atracción? tal vez, pero no podía negar que esa necesidad por tenerlo cerca existía. Definitivamente no eran los mismos adolescentes que jugaban a amarse en los cálidos días de un verano lejano, sin embargo, ahora eran adultos que quizás puedan volver a jugar.
