Ya , parecía que no volvería a esta historia ¿no? Pero estoy de vuelta, y no planeo dejarla sin más, es un proyecto que me emociona mucho, estaremos viéndonos con mucha más frecuencia
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Capítulo IX
Instintos

El día avanzaba con normalidad, en su escritorio descansaba la invitación formal para asistir al Aniversario de los señores Holmes que le llegara por correo esa mañana, se halla dudoso de ir o no, podría decir que debía ir a Francia en esas fechas... o fingir que se estaba muriendo de una gripe, cualquier cosa sería mucho mejor a la idea de estar en esa fiesta, realmente no quería toparse con Mycroft, ese Alpha estaba realmente loco, un instante parecía desearlo a su lado y a los dos segundos lo trataba con la punta del zapato.

Por suerte ese día tenía planeadas cosas más interesantes qué hacer en lugar de estar pensando solamente en Mycroft Holmes. Sally y Phillip tenían entradas para un partido de Rugby de las ligas menores, deporte al que recientemente era aficionado, así que tras vestirse lo más casual que pudo, se marchó para encontrarse con sus amigos en una plaza cercana al Estadio. Una hora y media después compartía una tarta de manzana con sus amigos y reía tranquilamente, atrás quedó el dilema de qué hacer con la fiesta Holmes.

-Tenemos muy buenos lugares- decía Sally pavoneándose de sus contactos para conseguir sitios tan geniales.

-¿Cómo los conseguiste?- interrogó el Omega curioso, su amiga sería capaz de gobernar al mundo.

-Mi ex tiene una suscripción anual al Estadio, dijo que no podía venir esta vez, así que me ofreció los boletos por una módica cantidad y la promesa de no decirle a su madre que planea mudarse.

-Eso se llama saber hacer negocios- comentó Philip antes de que los tres se echaran a reír animadamente.

Cuando por fin tomaron sus lugares, que realmente eran muy buenos, una mirada gélida se dirigió a ellos, hubiesen hecho caso de ello de no ser porque estaban más interesados en la conversación sobre el profesor guapo del departamento de física.
-Estoy segura que va por ti- decía a Greg que negaba con la cabeza -Ese día de la explosión estaba muy preocupado porque no te encontraba, preguntó a todos por ti.

-Imaginas cosas, solamente lo hacía porque se deben contabilizar los daños cuando un desastre ocurre- restó importancia a las palabras de su amiga.

-Dices eso porque no viste su angustia, estoy con Sally, es un Alpha enamorado- canturreó Philip las últimas palabras haciendo que Greg suelte un "Ya cállate" totalmente avergonzado.

El juego inició y, aunque no tenían preferencia por ningún equipo, gritaban y festejaban cuando alguno hacía algo interesante, eran tres simples amigos que se divertían, hasta que a Greg se le ocurrió voltear al palco principal y se encontró con el mismo demonio encarnado en Mycroft Holmes. El hombre regaló una mirada superior y Greg se limitó a volver su atención a donde sus amigos festejaban las proezas de uno de los equipos.

No tenía intención de econtrarse con Lestrade ese día, incluso hizo su mayor esfuerzo para obviar que estaban viviendo en la misma ciudad, su presencia perturba la concentración que debía a sus obligaciones, tras aquella noche en que lo invitó a la fiesta de sus padres pasaron dos semanas en que sus institnos lo torturaron, sin embargo, a medida que los días avanzaban y él no tenía acercamientos con el Omega, logró calmarse lo suficiente para pensar que no le afectaba más. Error.

Ir al Estadio ese sábado fue una estrategia políitica, los mejores tratos se cerraban fuera de las cuatro paredes de la oficina, así fue como terminó junto al primer MInistro en los mejores asientos, todo marchaba de forma apropiada hasta que Greg y los que supuso, eran sus amigos, tomaron asientos a unos metros de ellos.

La molestia creció en su pecho y un pensamiento apareció "¿Cómo se atreve a divertirse sin mí?" entonces se recordó que Gregory era tan libre de hacer con su vida lo que se le dé la gana, no le debía cuentas a él, así como tampoco él debía informar al Omega de sus pasos. Eran muchos años desde que jugaron a saber qué era el amor.

Se mantuvo enfocado en el Primer Ministro que festejaba animado los aciertos del equipo de su agrado, o eso intentó hasta que su mirada y la de Greg se cruzaron, entonces se sintió en el infierno, quería acercarse a él y retomar aquello que dejaron pendiente en el restaurante noches atrás. El instinto se asomó de forma traicionera impidiendo que quite su mirada de él, tanto así que incluso el Primer Ministro notó la clara distracción de Mycroft.

-Es guapo- dijo el hombre causando un sobresalto en Mycroft -Si no estuviese casado, podría llevarlo a casa, quizás lo lleve a otro sitio.

-Con todo respeto señor, no ayuda a su imagen ser captado con sus ojos puestos en otra persona que no sea su esposa- recordó con educación, intentando que las ganas de arrancarle el cuello por codiciar a Lestrade no sean notorias.

-La buena imagen puede pesarnos- suspiró abandonando la idea para gusto de Mycroft, desde su sitio lo observaba a momentos, parecía genuinamente divertido, él hacía su vida, así se supone que deberían ser las cosas.

Al terminar el juego Mycroft acompañó al Primer Ministro hasta el auto que lo esperaba, tras despedirse tan correcto como siempre, decidió tomar un respiro, hace mucho que no salía de su oficina y se dio un tiempo para caminar por allí y ver el mundo, las personas le parecían irritables la mayoría del tiempo, aún así, unas horas no lo matarían.

Caminaba tranquilamente cerca de una plaza cuando lo vio, Greg caminaba unos metros adelante de él, iba solo, por su comportamiento nerviososupo que algo le angustiaba, al cruzar la calle lo vio casi correr al otro lado, su primer pensamiento le hizo considerar que alguien lo estuviese siguiendo, sin embargo, la verdad se reveló pronto, Greg entró a una tienda de artículos de uso exclusivo para Omegas, Mycroft pensó en seguir su camino, pero le pudo más la curiosidad y esperó hasta que lo observó salir quince minutos más tarde. Llevaba una bolsa de compras completamente lisa, era obvio que llevaba artículos sexuales, quizás para divertirse durante su celo, pensó en que era mejor dejar el asunto por la paz hasta que sus ojos guiaron su atención hasta el cuello del hombre, un collar relucía, anteriormente no lo llevaba, entonces Mycroft comprendió, la desesperación era la reacción clara a los síntomas primarios de una época de celo, el collar es una excelente forma de apagarlo.

Decidió no seguirlo más, su vida sexual no era su asunto, aunque pensar en Gregory Lestrade y una época de celo hacía a su lado salvaje ronronear y darle una punzada de deseo ¿tan malo sería encargarse de ese asunto personalmente?

Continuó su paseo por unos minutos más antes de tomar el subterráneo, pensó en tomar un taxi hacia su casa, pero quería vivir la experiencia que día a día miles de Londinenses viven, no estaría de más para su próximo discurso, podría resaltar los beneficios de el subterráneo. Tras subir al vagón y tomar asiento se dio cuenta que Greg también se encontraba en el mismo vagón, en el fondo, con los auriculares puestos y expresión de "Aléjate" que dejaba en claro su mal humor.

Algunas estaciones más adelante lo vio bajar y en un impulso fue tras él tomándolo del brazo -¿Qué te pasa?- dijo el Omega a punto de darle un golpe hasta que notó que se trataba de Mycroft.

-Disculpa, pensé en acompañarte a tu casa, quería hablar contigo sobre mi hermano- dijo con ese tono autoritario que no da opción a decir que no -¿Estás en celo?

-Hola Mycroft ¿qué tal? Oh, yo estoy muy bien, claro, te dejaré caminar conmigo aunque apareciste de la nada y casi me causas un infarto- dijo molesto -y por supuesto que voy a responder tus preguntas sobre mi vida sexual.

-En realidad más que una pregunta es una afirmación- habló el Alpha ignorando el tono sarcástico del Omega, pasó su brazo por la cintura de Greg caminando con él hacia la salida.

-Eres un horrible controlador- lucía molesto, pero no se separó de él, de alguna forma era mucho más seguro ir con él que solo hasta casa en ese estado.

Todo iba muy bien ese día hasta que un escalofrío recorrió su espalda anunciando que el celo se acercaba, ¿olvidó tomar sus supresores? No. ¿Era primavera? No ¿tenía pareja Alpha que pudiera activar su celo? No ¿Entonces qué sucedió? No tenia ni la menor idea, lo cierto era que, de pronto el celo tocaba suavemente a su puerta, anunciando que en unas horas llegaría con toda su autoridad para complicarle la vida, por eso corrió a una tienda de artículos sexuales que halló en Google, compró un collar de emergencia para alargar todo el tiempo posible la llegada del celo, un par de juguetes muy útiles cuando no se tiene un Alpha del cual echar mano en caso de emergencia y se dispuso a volver a casa y vivir el destino que le aguardaba.

No era la primera vez que vivía un celo en solitario, en realidad jamás pasó un celo con un Alpha, prefería no tentar a su suerte, algunos no se controlan y terminan marcando al Omega en el calor del acto, después deshacerse de la marca es un problema muy serio la idea de que nadie estaría a su lado no solía ser tan desalentadora como en esa ocasión y es que, aunque no lo admitiría, en un lejano punto de su cabeza, se preguntaba si aquel pelirrojo de hielo tendría interés en hacerle compañía, Mycroft era atractivo, un Alpha que puede hacer que cualquiera bese el suelo que pisa. De pronto se perdió en la fantasía de Mycroft llegando hasta él y tomándolo a su sabor y antojo.

La idea, aunque excitante, lo asustó lo suficiente para devolverlo a la realidad y darle un humor horrible, intentó calmar sus ideas con algo de música mientras hacía el trayecto en el subterráneo a casa, casi lo consiguió. Para cuando llegó a su estación se hallaba más concentrado en la musica que en la urgencia de llegar a casa para no ser presa de cualquier Alpha que pudiese notar su celo a pesar del collar. Se creyó a salvo hasta que alguien tiró de su brazo, su primer instinto fue protegerse, hasta que notó quién lo detuvo.

Y ahora allí estaban, caminando hacia el apartamento de Greg en completo silencio, cosa que el Omega agradecía, no estaba de animo para soltarse a hablar en plena calle y menos con el Alpha más hosco y engreído de toda Inglaterra. Encerrado en su mundo de pensamientos no prestaba atención a la poseaividad con que el Alpha sostenía su cintura o las miradas duras que dirigía a quien osaba observar de más a Greg.

Se excusaba diciéndose que lo hacía por pura cortesía, que ningún Alpha con algo de educación permitiría que un Omega fuese acosado por estar cerca del celo, lo cierto era que, de pronto, era otra vez ese chico de aquel lejano verano que cuidaba a quien consideraba su pareja, que cuidaba de lo suyo y que, así como se encargó de aquel intruso que quiso arrebatarle a su Omega, se encargaría de cualquiera que se acerque a Greg. Para Mycroft, Lestrade siempre seria de alguna forma, suyo.

Llegaron al edificio en que vivía Greg, nada elegante o lujoso, más bien, simple, casi feo, pero Mycroft se guardó todos sus comentarios, no quería darle motivos al castaño para privarlo de su compañía. -No todos tenemos apartamentos de lujo por los que pagas miles y miles de libras- comentó el Omega apurando el botón del ascensor.

-No pensaba decir nada- se defendió el Alpha -Y mi apartamento es simple Gregory, como cualquier otro.

Greg se echó a reír con ganas tras las palabras del pelirrojo -Ya verás que no- agregó divertido -Vamos por las escaleras, esto va para largo- avisó cuando el ascensor no dio señales de querer ir en su ayuda, -Son cuatro pisos, por si te lo preguntas- dijo ganándose un gruñido por parte de Mycroft.

Greg soltó otra risita y se dirigió a las escaleras, en ese punto se había soltado del agarre de Mycroft, al llegar al piso de Greg necesitaron tomar un respiro y cuando caminaban hacia el departamento del Omega, un Alpha alto y de cabellos oscuros se dirigió a ellos con una sonrisa nerviosa -¡Greg! Estaba buscándote casi creí que me equivoqué de apartamento.

-¡Sean!- el Omega devolvió la sonrisa -¿Qué haces aquí? ¿Sucede algo malo?- preguntó sin darse por enterado de la mirada asesina que Mycroft lanzaba a su compañero de trabajo, Sean era el profesor de física del que Sally y Phillip hablaban apenas unas horas atrás.

-Solo quise pasar a saludar ya que estaba cerca- dijo y Mycroft supo que era una mentira descarada -Y preguntar si necesitarías ayuda con el sistema de la universidad para el papeleo de fin de semestre- otra mentira más, aquel Alpha se hallaba muy interesado en Greg y a Mycroft no le hizo mucha gracia.

-Yo... En realidad creo que estaré bien con el sistema- mencionó Greg yendo hasta la puerta de su apartamento para abrirla -¿Quieres pasar a tomar un té? Tomaremos uno ahora- ofreció haciendo notar la presencia de Mycroft por primera vez.

-Claro- aceptó Sean para disgusto del pelirrojo que solo fingió una sonrisa amable y se apuró a ir al lado del Omega.

Entraron al pequeño apartamento de Greg, Sean se dejó caer en el sillón y Greg fue directo a la cocina seguido de Mycroft que no parecía dispuesto a dejarlo ni un momento solo -¿Qué pasa?- preguntó el Omega cuando estuvieron a solas en la cocina, el Alpha emanaba enojo y posesividad.

-No viene por ninguna de las dos cosas que dijo ¿lo sabes, no?- habló serio, intentando ocultar que su instinto le pedía echar al intruso y dejar en claro que Greg era suyo y solo suyo.

-Lo sé, es... Dulce- comentó con una sonrisa que hizo enfurecer aún más a Mycroft, de pronto el Omega que su parte irracional consideraba suyo sonreía por otro. Para Greg no pasó desapercibida la chispa de furia que cruzó la mirada del Alpha, así que agregó- Es agradable, pero, ya sabes, nada de salir con compañeros de trabajo, es incómodo.

-Deberías decirle, parece ilusionado contigo.

-Tiempo al tiempo Holmes- respondió justo cuando el agua para el té estuvo lista.

Aquello era extraño, se suponne que estaba al borde del celo, sus hormonas deberían estar revoloteando, sin embargo, desde que Mycroft apareció en la estación se sentía extrañamente tranquilo, no quiso darle importancia hasta que, tras volver a la sala con una bandeja con la infusión y algunas galletas, sin querer, rozaron sus manos al servir el té, los latidos de su corazón aumenetaron y el collar comenzó a molestarle, Sean pareció darse cuenta del cambio en Greg y una chispa de lujuria se observó en sus ojos, sin embargo, Mycroft fue más rápido y lo tomó del cuello sacándolo del apartamento.

-¡¿Qué demonios te pasa?!- Greg reclamó al pelirrojo que aún se recargaba en la puerta intentando calmarse.

-Tu celo se intensifica, él lo notó, por eso lo eché, pensaba tomarte- dijo jadeante, el aroma de Greg comenzaba a marearlo, debería salir de allí, pero no quería dejaarlo, quizás su ego, quizás el instinto, pero deseaba ceder al llamado que la naturaleza le hacía, tomar a Greg para sí, marcarlo con su aroma, hacer que jamás vuelva a desear a otro.

Las palabras de Mycroft aceleraron su pulso, y sin pensarlo llevó sus manos hasta su cuello dejando caer el collar liberando así, todo su aroma y cediendo al celo por completo, escuchó como se activó el seguro de la puerta y se estremeció cuando Mycroft giró hacia él con la mirada llena de deseo y ansiedad por tomarlo, jamás experimentó un celo con un Alpha, entregaría esta primera vez a Mycroft, como si la hubiese guardado para aquel primer amor, con la esperanza de volver a encontrarlo. El Alpha fue directamente a sus labios robando un beso que llevaba una pregunta implícita, Greg cedió al beso aceptando su petición, pasarían ese celo juntos, sin importar las consecuencias, se merecían ese momento, estaban seguros que fue escrito solo para ellos.