Capítulo X
─Contigo─
Aún con los labios unidos en un beso necesitado, Greg tiró del Alpha hasta la habitación. Sus manos se colaron por los botones de la camisa de Mycroft, buscando deshacerse de ella, quería sentir la piel del Alpha contra la suya. Supo que el pelirrojo se encontraba en la misma situación pues apuró a colar sus manos por debajo de su ropa y acariciar su piel.
─No dejes de hacerlo─ pidió Greg cayendo de espaldas sobre la cama, llevando consigo al Alpha.
─Jamás─ contestó dejando que el Omega sienta su excitación presionando a través de sus pantalones. Tuvo sexo con otros, pero pasar un celo con un Omega era diferente a cualquier encuentro puramente carnal, o quizás era el hecho de que, quien le pedía avanzar era Gregory Lestrade, el único hombre al que amó hasta ese momento de su vida, siendo joven se enamoró de él y eran sentimientos que marcaron su carácter.
Con la rapidez de quien desea estar piel con piel, sus ropas desaparecieron, revelando cada espacio del cuerpo anhelado, Mycroft se deleitó con la visión tan íntima que Greg ofrecía a sus ojos y no pudo sino pensar en que, en ese momento de su vida, ese era su lugar, junto a Greg.
Mycroft recorrió con suavidad la piel desnuda de Greg, sus dedos dejaban marca en los sentidos del Omega que temblaba a su tacto, sabía que se entregaba a él en plenitud. Sus ojos brillando en deseo, sus labios deseosos de los besos que el Alpha pudiese otorgarle… y su interior, rugiendo por ser poseído y marcado con el placer que solo Mycroft podría darle.
─Por favor─ la voz de Greg atrajo su atención sin dejar de recorrer su cuerpo asegurándose de grabar en la memoria cada rincón del Omega ─Hazlo.
─Déjame reconocerte unos momentos más─ pidió robando un beso de los labios del castaño, su sabor no tenía igual, en su vida besó a otros, tuvo sexo con otros, pero Greg era diferente, su lado animal lo reconocía como propio, aquel que debía estar a su lado. ─Antes no tenías tantas curvas…─ murmuró tomando sus caderas con algo de fuerza, haciendo que sus miembros se rocen, así pudo deleitarse del gemido que escapó de los labios del Omega.
─Crecí, tú también lo hiciste─ fue su respuesta, el celo apremiaba sus instintos, pero su cordura le pedía que no rogase por la compañía del Alpha, Mycroft se tomaba su tiempo para besar y recorrer cada rincón de su cuerpo, pero el peso del cuerpo contrario sobre el suyo, el calor emanando entre ambos, el aroma salvaje y territorial del Alpha comenzaba a desesperarlo, lo necesitaba tomándolo de todas las formas que fuesen posibles, y él también quería poseer al Alpha, demostrarle que no existió ni existirá alguien mejor que él, que el sabor de sus labios y de su piel era tan exquisito, que sin importar a donde fuese, lo llevaría grabado en la memoria con el fuego del deseo y la pasión.
Mycroft se inclinó para unir sus labios en un beso lento que lo distrajo del momento en que dirigió su miembro a la entrada húmeda del Omega, sabía que estaba mal hacerlo de aquella forma, sin protección, sin embargo, a ninguno de los dos parecía molestarles aquello, quizás después se arrepentirían, pero ahora no, no en ese momento tan íntimo en que unían sus cuerpos por primera vez.
Greg gimió al sentirlo entrar por completo y los primeros movimientos lo hicieron temblar de placer, Mycroft sabía lo que hacía, era obvio que tenía experiencia, pero no quiso pensar en los otros que disfrutaron de él antes. Su instinto saltó haciendo que moviese sus caderas al ritmo que imponía el Alpha ─Greg─ escuchó su nombre ser llamado con esa voz grave, respondió arañando la espalda de su pareja, aquello pareció gustarle pues aumentó el ritmo de las estocadas y él no pudo más que aferrarse a la espalda de éste a medida que entregaba sus labios en besos llenos de deseo, de pasión, besos que eran interrumpidos por los gemidos de ambos escapando para deleite del otro.
El Alpha dirigió su atención al cuello del Omega, un movimiento rápido y sería suyo, Greg le pertenecería, suyo, nadie más lo tocaría, nadie más disfrutaría de la humedad de su cuerpo, de la suavidad de sus curvas, del sonido de sus labios llamando el nombre de quién le da placer, solo él fecundaría su vientre, todos reconocerían su presencia en Greg, después de tantos años sería solo suyo.
Acercó sus dientes dispuestos a romper la carne en aquel punto especial al compás de los gemidos del Omega, de sus palabras pidiendo que no se detenga, que lo guíe hasta explotar en placer, que profane su cuerpo, su alma… que jamás lo suelte. Un solo beso en esa zona preparó a Greg para el orgasmo y Mycroft se deleitó con el hecho de ser él quién causó aquello en el Omega. Sus dientes rozaron la piel y el grito del Omega anunció su orgasmo, Mycroft no tardó en derramar su semilla en el interior, sintiendo su nudo inflarse y aferrarse al interior del Omega. También de aquella forma lo poseía, si su vientre se fecunda… si su semilla da frutos… Greg sería suyo para siempre, unirían su vida con un cachorro, Greg respondería a él y solo a él.
El cuerpo de Greg aún temblaba y Mycroft descansaba sobre él, ambos estaban agotados, pero el Omega no parecía molesto por el nudo, es más, daba caricias al Alpha animándolo a dejar el nudo cuanto fuese posible, sabía que podía causar dolor, pero el rostro de su pareja solo devolvía la satisfacción del placer jamás conocido antes.
Entre besos y caricias silenciosas, la noche cayó y con ella el sueño los venció, aún con Mycroft en el interior de Greg, aún con el Omega aferrándose al Alpha para que no lo suelte… aún unidos por la esperanza de dejar huella en el otro, una huella eterna, imposible de olvidar.
Dos semanas después Greg llegó temprano a la Universidad, era semana de exámenes y a primera hora tenía un repaso con un grupo de primer año, era opcional hacerlo, pero ya que fueron ellos quienes lo solicitaron creyó de mal gusto negarse, además, aquel repaso serviría para aclarar dudas que surgirían después de que tocaron sus libros ese fin de semana.
Se dejó caer en el sillón que solía cederle a Sherlock, estaba agotado, su madre enfermó y pasó todo el fin de semana en Francia, por suerte no fue nada grave. Aun así, apenas durmió desde el viernes; cerró los ojos y cuando despertó sintió algo pesado sobre su cuerpo, aún adormilado buscó la razón de aquello encontrándose con que Sherlock y él compartían el sillón, pero el Alpha básicamente se echó casi sobre él ─Sherlock, necesito salir─ dijo intentando que se despertase.
─Largo─ lo escuchó gruñir apenas moviéndose para que Greg saliera de la trampa mortal en que se convirtió aquel sofá.
Como pudo el Omega salió de allí sintiendo que volvía a respirar como se debía, Sherlock seguía siendo un crío y le encantaba fastidiarlo, vio el reloj de la pared y apenas tuvo tiempo para tomar sus cosas y salir corriendo hacia el aula donde seguramente ya lo esperarían. Para su buena suerte, los alumnos apenas tomaban sus asientos cuando llegó al aula, respiró profundamente y regaló una de sus sonrisas ya conocidas en la universidad, Greg se hizo de cierta fama, no era pedante o resentido como la mayoría de profesores, le gustaba conocer a sus alumnos y podía ser un gran conversador, sin embargo, marcaba muy bien sus límites, jamás excedía lo profesional, a menos que fuese Sherlock o Molly. Su relación con los otros profesores era buena, no era del tipo que se mete en peleas, muchos de sus alumnos esperaban que algún día, Greg los viese como algo más que estudiantes.
─¿Estamos todos?─ preguntó a la general escribiendo algo en la pizarra aprovechando que el salón estaba en silencio y todos sacaban sus notas para agregar algo más que pudiese salvarlos de una mala nota en el examen.
─Parece que sí─ respondió una voz demasiado familiar para Greg, volteó hacia la puerta al mismo que todos sus estudiantes, recostado en el marco de la puerta y luciendo impecable y extremadamente formal estaba Mycroft Holmes, el hombre lo observaba envuelto en un traje oscuro que lo hacía verse aún más serio de lo que ya era. ─Gregory, ¿puedo robar unos minutos de tu tiempo?─ pidió con esa falsa cortesía que Greg descifró como una orden más que una petición.
─Estoy por iniciar una clase, termino en hora y media, si desea esperar con gusto le atenderé─ habló con toda la formalidad que pudo hallar en su cuerpo, no tenía idea de qué demonios estaba haciendo el Alpha allí, pero no pensaba darle el gusto de cumplir sus caprichos, si quería hablar con él que espere, no es el único con un trabajo.
El Alpha tuvo la intención de responder algo, sin embargo, solo giró en silencio y desapareció de la puerta hacia el pasillo, logrando que Greg soltase un suspiro de alivio que fue notorio para los estudiantes ─¡Empecemos!─ dijo intentando que la visita de Mycroft no lo afecte, aunque sí que lo hacía, después de lo ocurrido durante su celo, no entendía cómo Mycroft tenía siquiera el descaro de aparecerse.
La clase transcurrió con tranquilidad, resolvía dudas, retomaba algunos temas, conversaba con sus estudiantes, como era habitual en él. Cuando la clase terminó, uno de sus estudiantes, un Alpha joven, se acercó a él pidiéndole unos minutos para consultarle algo.
─Dime Ben, ¿qué sucede?─ habló guardando sus cosas para volver a su oficina.
─Profesor, pensaba que, quizás si tuviese unos minutos después, podría ayudarme con algunos temas que no tengo claros─ pidió, sabía que Greg era de los profesores que jamás negaban ayuda a sus estudiantes.
─Creo que puedo hacerte un espacio… cerca de medio día, ven a mi oficina a esa hora─ indicó de forma amable y el joven Alpha sonrió, era su oportunidad para conquistar a ese Omega, no le importaba que fuese casi diez años mayor que él, ni que fuese su profesor, desde el primer momento en que lo vio no dejó de pensar en él y en todas las cosas que le haría si fuese suyo.
Aprovechó que Greg parecía buscar algo entre su pila de papeles y lo tomó de la cintura quedando frente a frente con un castaño más que confundido ─Profesor, ¿le han dicho lo guapo que es?─ susurró buscando robar un beso del Omega.
─Ben, no sé qué pretendes pero suéltame, esto no está bien, eres mi estudiante y yo tu profesor─ dijo intentando apartarlo de sí.
─Vamos, te he observado, sé que también me deseas, quieres que te tome como mío─ decía él y Greg luchaba por quitárselo de encima, sin embargo, el Alpha era un atleta, lo que se traducía en que tenía mucha más fuerza que él.
─¡Benjamin, déjame en paz!─ elevó la voz mucho más molesto, pero el chico solo lo sostuvo con mucha más fuerza. Greg comenzaba a asustarse.
─Te dijo que lo sueltes─ La voz profunda y furiosa de Mycorft resonó por todo el lugar.
El Alpha se acercó a ellos desplegando toda su presencia, furioso porque ese insignificante ser moleste a su Omega. Fue rápido, tomó al intruso por el cuello logrando que suelte a Greg y lo envió al suelo haciendo crujir una o dos de sus costillas. ─Si te acercas a él otra vez, lamentarás más que una costilla rota─ amenazó y el Alpha joven asintió aterrado. Meterse en el territorio de otro Alpha era una tontería, pero pretender a su Omega era un suicidio a gritos.
─Gracias─ dijo Greg aún conmocionado, intentaba controlar su respiración y el palpitar errático de su corazón, quiso agregar algo más, sin embargo, su mente quedó en blanco, necesitaba procesar lo que sucedió.
─¿Quieres que te acompañe a tu oficina?─ preguntó Mycroft y el castaño asintió, se sentía más seguro con Mycroft allí, era como una garantía que nadie se le acercaría.
El Alpha tomó las cosas de Greg y lo siguió por el pasillo, se mantenía tan cerca de él que despertaba miradas por parte de quienes se cruzaron por su camino, aquello le pareció interesante, algunos se sorprendían de ver a Greg acompañado de un Alpha, eso le decía que el Omega mantenía su vida privada justo así, en privado. Sabía que Greg pasó mucho tiempo sin pareja, lo sintió cuando pasaron ese fin de semana juntos, eso le devolvía un poco de la cordura que perdió desde que supo que Greg estaba de vuelta en Inglaterra.
─Es aquí─ dijo sacando la llave y abriendo la puerta, Mycroft dio una mirada rápida, todo estaba en orden, nada extremo, el aroma de Greg prevalecía sobre algunos otros que seguramente serían de estudiantes y profesores, nada de qué alertarse hasta que percibió el de su hermano.
─Sherlock estuvo aquí─ mencionó y Greg asintió con naturalidad, básicamente Sherlock siempre estaba allí, en su sillón, durmiendo.
─Como siempre, tu hermano secuestró mi sillón y no planea devolvérmelo, no sé si es porque realmente es cómodo o solo lo hace para fastidiarme la vida─ suspiró tomando las cosas que Mycorft llevó por él.
─Lo conscientes demasiado─ murmuró Mycroft y Greg soltó una carcajada.
─Puedes creer eso o puedes simplemente irte por el lado lógico de toda esta situación, no importa mucho en realidad, porque no cambiará el hecho de que Sherlock se cuela todos los días a dormir a mi oficina.
─Mi hermano es un mimado─ concluyó y Greg volvió a reír, era cierto que era un mimado, pero sabía que Mycroft mataría a quien tocase un solo cabello de su hermanito menor.
El Omega se dejó caer en una silla e invitó al Alpha a tomar asiento. El pelirrojo entendió aquel gesto y también se sentó ─El viernes tengo una cena con algunas personas importantes de la oficina del Primer Ministro─ relató y Greg lo escuchaba sin entender por qué necesitaba saber eso ─Se ve mal que un Alpha de mi posición asista en solitario a una cena donde estarán presentes las parejas de los invitados, la esposa del Primer Ministro envió una invitación para dos que debe ser cumplida.
─¿Y eso me interesa porque…?─ dijo aún confundido, seguía sin ver la relación.
─Greg, tu vienes conmigo─ respondió dejando claro que era una decisión ya tomada.
─¿Disculpa? Tú y yo no somos pareja, ¿por qué no llevas a tu madre? Es mejor idea que llevar a una persona que apenas conoces y, te recuerdo que tengo una vida propia y ya tengo plantes, así que no puedo.
─Cancela, vienes conmigo.
─¿Por qué?
─Hace dos semanas, el lunes para ser exacto, la esposa del Primer Ministro nos visitó y gracias a que observó una de las marcas que me hiciste en el cuello, asumió que tengo pareja, así que esto es tu responsabilidad.
─Ah no Mycroft, no me responsabilices por una tontería como esa, porque tu me dejaste peor, fuiste un cobarde, pasaste el fin de semana conmigo y cuando abrí los ojos el lunes habías desaparecido, no dejaste una nota, no llamaste, te mantuviste en silencio hasta que hoy apareciste en mi puerta, cuando iba a dar una clase. No tienes derecho alguno a exigirme ir contigo a un sitio.
─Gregory no voy a discutir esto contigo, el jueves mi asistente pasará por ti para comprarte un traje apropiado para la ocasión, tu nombre está en la lista de invitados y ¿querrías faltar a la invitación que el mismo Primer Ministro y su esposa enviaron directamente a ti? No lo creo.
─Eres un maldito manipulador─ habló molesto Greg, sabía que no tenía escapatoria, día asistir sí o sí.
─Serás mi prometido esa noche, te enviaré un correo electrónico con nuestra historia─ dijo satisfecho el Alpha, sabía que el castaño no faltaría al evento. Se acercó a él para despedirse robándole un beso. ─Nos vemos─ añadió saliendo de la oficina.
Greg se lamentó por ser tan idiota, el Alpha lo obligaría a ir a un evento donde no conocía a nadie, fingiendo ser algo que no eran… ¿quién podría creer que dos personas tan diferentes puedan estar juntas? Y entonces recordó que sí, en aquel lejano verano de sus años adolescentes, Mycroft puso su mundo de cabeza, se enamoró de él con locura. Pero crecieron y era mejor dejar aquello como un hermoso recuerdo y no macharlo con lo que hacían como adultos.
El Omega suspiró agotado, no entendía lo que pretendía Mycroft, tampoco moría por averiguarlo, pero el viernes estaba a la vuelta de la esquina y se enteraría de las intenciones del Alpha muy pronto.
N/A: ¡Lo siento! no se supone que tardase tanto en actualizar, sin embargo, he tenido muchas cosas encima y, honestamente, he estado mucho más pendiente de subir contenido a Facebook y preparando otras historias, espero poder avanzar con esta historia.
¡Nos vemos pronto!
