Capítulo XI
─Contratiempo─
Tal y como Mycroft lo dijo, el jueves un auto negro se estacionó frente a la universidad a la espera de Greg, el Omega intentó olvidarse del asunto en esos días y funcionó bastante bien hasta que una mujer de cabellos oscuros bajó del auto y lo llamó por su nombre haciendo que algunos de los estudiantes le vieran con curiosidad ─Me envió el señor Holmes─ informó ella abriendo la puerta de los asientos traseros para él.
─Tengo cosas qué hacer, no podré ir─ intentó justificarse, ¿ella lo alcanzaría si se echaba a correr? Consideraba las opciones cuando alguien lo tomó del brazo, un tipo con apariencia de guardaespaldas malvado era quien ahora lo empujaba con muy poca sutileza.
─¡Suéltame!─ dijo molesto removiéndose en el agarre.
─No, no lo trates así─ intervino la mujer ─Es el prometido del jefe─ y como si aquellas palabras fuesen mágicas, el hombre dejó de tratarlo con rudeza e incluso fue amable, cuando viese a Mycroft le rompería la cara por hacerlo pasar por eso.
Resignado subió al auto, bien, comprarían el estúpido traje, iría a la estúpida fiesta y después se olvidaría del asunto, no le importaba las tonterías que Mycroft dijese, estaba harto.
Llegaron a la zona de tiendas exclusivas de la ciudad, autos de lujo, personas con perros miniatura en sus bolsos, un sitio en el que honestamente no encaja ni se le antojaba estar ─Supongo que tienes claro a donde piensas llevarme─ fueron las primeras palabras que dijo en todo el viaje a la asistente de Mycroft.
─Así es, el señor Holmes sabe exactamente como requiere que se presente el día de mañana─ Greg respiró profundamente, el señor Holmes comenzaba a ganarse otro golpe. ─Por aquí señor─ indicó ella cuando el auto se detuvo frente a una de esas tantas tiendas, con un nombre que grita lujo y personas de alta clase caminando por allí, el Omega sintió como el sentimiento de incomodidad crecía en él.
Siguió a Anthea hasta el interior de la tienda donde un joven Omega esperaba para atenderlos, era obvio que todo fue dispuesto, pues el chico tenía listos tres trajes para que Greg se probase, se hubiese preguntado cómo supieron su talla de no ser porque recordó que el artífice de todo era Mycroft, con quien no solo pasó un celo, sino que era particularmente meticuloso con cada detalle, era obvio que sabía sobre su talla.
Después de probarse tres trajes y que Anthea le tomase un par de fotos para que Mycroft pueda dar su opinión en la distancia, dos horas más tarde y con varias bolsas de compras el auto lo llevó a su apartamento, el conductor amablemente subió las bolsas y el Omega por fin pudo relajarse y hacer algo de cenar, aquel fue un día largo, tras la cena arrastró los pies a su habitación. Fue a la mañana siguiente que observó las llamadas perdidas de Mycroft, decidió que si tanto deseaba hablar con él le volviese a llamar, y con esa resolución en la cabeza se dio una ducha rápida antes de salir a toda prisa para la universidad.
Todo el día marchó con normalidad, Sherlock como siempre secuestró su oficina, sus alumnos se acercaban a él para preguntar si daría el curso de verano y los profesores hablaban de sus planes para estas vacaciones, él no lo tenía claro, al ocupar una vacante por maternidad posiblemente lo despedirían al inicio del próximo semestre, así de debía buscarse un nuevo empleo, quizás trabajar en una escuela, le gustaba la idea de tratar con niños, siempre tuvo afición por ellos, así fue como terminó metido como niñero de Sherlock en sus jóvenes años de pubertad.
Cerca de las tres y tras despedirse de todos sus compañeros, volvió a su apartamento para, esta vez, darse un baño a consciencia, arreglarse y vestirse con alguno de los atuendos que Mycroft compró para él, seguía sin estar cómodo pero, si hacía esto, ir con él a esa cena, se libraría de cualquier otro tema con el mayor de los Holmes. Aún secaba su cabello cuando alguien llamó a su puerta, pensó que sería el correo o algo parecido así que no le dio importancia, sin embargo, la insistencia de la campanilla le orilló a atender la puerta encontrándose con el pelirrojo vestido con elegancia.
—¿Aún no estás listo?— preguntó el Alpha al ver a Greg con el cabello húmedo y bata.
—Tengo tiempo— dijo dejándolo entrar y cerrando la puerta tras él —llegaste temprano, puedes ver algo en la TV si quieres— entregó el mando al Alpha y volvió a su habitación para seguir con su rutina de preparación.
—Llegar temprano es una muestra de buena educación— comentó el Alpha con seriedad, él jamás debía esperar por nadie, pero esta vez Greg lo hacía esperar y no le agradaba mucho la idea, aunque debía admitir para sí que ver a Greg con solo una bata le hizo desear arrojarse sobre él, no era malo tener impulsos sexuales y menos con alguien que responde tan bien a sus deseos como lo hace Gregory Lestrade.
—Lo es, pero nosotros somos los invitados y seguramente la esposa del Primer Ministro comprenderá esta clase de retraso— habló Greg desde la habitación hasta que su voz fue opacada por el sonido del secador de cabello.
Mycrorft perdió la noción del tiempo transcurrido entre su llegada hasta que Greg salió de la habitación vestido para la ocasión, el traje azul oscuro se ajustada a la perfección a su cuerpo, los cabellos peinados con pulcritud, la piel de su rostro perfecta y un toque de perfume tan discreto que se mezclaba a la perfección con su aroma natural, aunque Mycroft pudo distinguir también el aroma químico de los supresores, no se metería con la salud reproductiva de Greg pero, su olfato no parecía encontrar muy agradable ese químico en particular.
—Bien, vamos— dijo intentando parecer inocente a la mirada sorprendida y aprobatoria que le dirigía el Alpha —No hagamos esperar más al Primer Ministro— habló tomando su abrigo para contrarrestar el frío nocturno de Londres.
—Espera.
Mycroft lo tomó del brazo entregando una cadena con un dije con el apellido Holmes —Algo necesario— explicó Mycroft ante la mirada confundida del Omega —Es costumbre en mi familia que los Omegas lleven un símbolo de sus Alphas, bueno, siguiendo la costumbre, hoy llevarás esto para no levantar sospechas.
—Vaya, tu romanticismo me conmueve— Greg se sintió molesto, Mycroft entregaba una joya tan preciada con tanta facilidad, era algo reservado para las parejas de por vida y él la ofrecía así sin más.
—No todos somos como tú Gregory— el Alpha lo tomó de la cintura acercándolo tanto a su cuerpo en un abrazo que lo hizo estar aún más confundido por los primeros cinco segundos, hasta que comprendió qué estaba haciendo, estaba mezclando sus aromas, algo que sería natural en una pareja común y corriente, pero no en ellos porque ciertamente, no son una pareja.
—El auto espera— mencionó Mycroft al separarse de Greg, lo cierto era que, quizás pudo encontrar una salida para no tener que llevar al Omega a esa cena, pero no quiso hacerlo, siempre era el tipo solitario al que preguntaban cuando se dejaría ver con una pareja, eso no le molestaba, no hasta esa ocasión en que entendió que no debía ir solo, Greg estaba allí, el único ser humano en el planeta con quién se dejaría ver. ¿Actuaba por sentimentalismo? Posiblemente sí, pero esa noche necesitaba vivir el momento.
Greg asintió y ambos salieron del apartamento hacia el ascensor y de allí al auto que los llevaría a la mansión donde harían la cena. Con el tráfico en todo su esplendor el Omega no pudo más sino recostarse en el hombro de Mycroft y cerrar los ojos por un momento, lo que no supo fue que aquel gesto tan simple hizo sentir extremadamente bien al Alpha, tener un momento tan íntimo de su Omega le resultó un regalo, desde aquel fin de semana de celo, no volvió a apreciar aquellos gestos tan únicos de Greg.
—Señor, llegamos— informó el conductor cuando estacionaron en la entrada de la Mansión donde el personal recibía a los invitados.
—Gregory, despierta— Mycroft movió con suavidad al Omega que abrió lentamente los ojos.
—¿Llegamos?— preguntó adormilado recibiendo una respuesta afirmativa de Mycroft, frotó sus ojos para espantar los rastros de sueño y dejó que el Alpha baje primero del auto para después aceptar la mano que le ofrecía para descender con propiedad como lo haría un verdadero caballero.
Aquel sitio era una verdadera exageración, el lugar era precioso, una cantidad exagerada de personal de servicio e invitados de todas partes del mundo, y sí, en su mayoría parejas. Mycroft ofreció su brazo y Greg lo tomó caminando con nerviosismo hacia el interior donde el Primer Ministro y su esposa recibían a los invitados con amabilidad.
—Señor Holmes, qué gusto verlo acompañado esta noche— dijo Aurora, la esposa del Primer Ministro.
—Al contrario, gracias por invitarnos a tan selecto evento— Mycroft habló con propiedad logrando una sonrisa complacida por parte de la mujer —Déjeme presentarle a Gregory Lestrade, mi prometido— la facilidad con que el Alpha pronunció aquellas palabras hizo a Greg sentir un escalofrío.
—Encantada de conocerte, no comprendo por qué el Señor Holmes te mantuvo oculto por tanto tiempo, eres una verdadera belleza— dijo ella a Greg.
—El gusto es mío, es usted una mujer muy elegante y sofisticada— habló apenas ordenó sus ideas, estaba nervioso, quizás más que eso, pero actuó con toda la propiedad que se le ocurrió se necesita en esa clase de eventos y con ese tipo de anfitriones.
Después de las presentaciones fueron llevados a un salón otros invitados a quienes también fue presentado y de quienes recibió halagos o algunas miradas extrañas, dependiendo la relación que tuviesen con Mycroft. Pronto los llamaron a la mesa y, fue en ese momento que agradeció infinitamente a su abuela el que lo obligase a tomar clases de etiqueta desde muy joven, sabía qué cubierto utilizar con cada plato que le servían, pudo apreciar como el pelirrojo sonrió orgulloso de él.
Tras la cena inició el baile, asunto que Mycroft no mencionó cuando le dijo que debía acompañarlo. —No bailo, podemos irnos— dijo el Alpha y Greg asintió, tampoco estaba cómodo sentado observando a los demás bailar, sin embargo, Aurora no pareció aceptar que ellos se marchen así que prácticamente obligó a Greg a bailar con ella una pieza, cosa que resultó divertida. Con unos tragos de vino encima, el Omega comenzó a disfrutar más de la fiesta, tanto que en un momento tiró de Mycroft para llevarlo a la pista de bailte.
—Te dije que no bailo— advirtió pero a Greg eso no pareció importarle.
—Bueno, yo no quería venir así que, debes hacer un par de concesiones— una sonrisa se dibujó en sus labios y Mycroft no pudo resistirse más, tener a Greg tan cerca lo hacía perder su imagen de hombre serio y era capaz de ceder a sus caprichos como en ese momento, no sabía muy bien como moverse o como llevar el ritmo de algo que no se tratase de un vals, pero eso no parecía importar, Greg se divertía, sonreía todo el tiempo y lo dejaba tomarlo de la cintura, acercarse a él y llenarse de su aroma que se mezclaba con el del Alpha.
Perdió la cuenta de cuantas canciones pasaron hasta que llegó el turno de una melodía lenta, entonces acercó a Greg a su cuerpo, pasó su brazo por la cintura del Omega y ambos bailaron con lentitud sin decir nada, dejándose llevar por la presencia del otro, en ese momento los demás no existían, solo ellos, moviéndose al ritmo de una balada que habla de amor, sintiendo la necesidad de quedarse así para siempre, abandonarse a sus instintos y vivir en aquel momento. Quizás fueron las luces bajas del lugar, la música o la innegable atracción entre ambos que los hizo buscar los labios del otro en un beso lento y suave, como aquellos que compartieron en ese lejano verano de su adolescencia.
A esa balada lenta siguieron otras en donde no se separaron sus cuerpos como sus labios, era el momento que esperaron desde que se dijeron adiós años atrás, la confirmación de que, por mucho que lo intentasen, jamás podrían ir demasiado lejos del otro.
—Deberíamos irnos— dijo Mycroft cuando la música volvió a cambiar a un ritmo más alegre.
—Sí— respondió Greg saliendo de la pista de baile, Mycroft sostenía su cintura con recelo, quizás por el alcohol en su organismo, aunque, a decir verdad, tres copas de vino no superaban la media habitual del Alpha; lo cierto era que, Mycroft deseaba que a cualquiera que se le cruce observar a Greg, entienda que él ya está con alguien, el Alpha se mostraba territorial hasta cierto punto, defendería a Greg de todo y de todos de ser necesario.
La esposa del Primer Ministro salió a su paso cuando pensaban marcharse de la fiesta —¿No se quedan más tiempo?— preguntó ella y Greg sonrió amable rechazando la idea.
—Queremos volver a casa— dijo dejando que Mycroft lo abrace —No suelo venir a esta clase de eventos y, aunque es una velada preciosa, quiero volver a casa y descansar.
—Claro, entiendo— ella notó el cambio de actitud en el Alpha, de ser ese tipo correcto y reservado, con su Omega no parecía ser igual, se volvía un ser mucho más cariñoso y amable, como si todo el mundo desapareciera y el único digno de tener su atención fuese su prometido —Que pasen buena noche— dijo ella y Greg sonrió, Mycroft se despidió también y pronto salieron del lugar sintiendo el aire de media noche dar en sus rostros.
—Me sorprende que aún no llueva, el pronóstico del clima dijo que lo haría— informó Greg observando el cielo nocturno y las estrellas que brillaban en él.
—Quizás no lo haga— sonrió Mycroft abrazándolo por la espalda y recargando su rostro en el hombro del castaño —Estamos por llegar al verano, aunque, es Inglaterra— suspiró sin soltar a su pareja de esa noche y Greg sonrió.
—¿Crees que el auto venga pronto?— se recargó en Mycroft dejándose llevar por la calidez de sus brazos y el aroma de él, sería un completo estúpido si no disfrutase de ese momento… entonces el recuerdo de aquel verano azotó su memoria, ¿cuántas veces no estuvieron así? Juntos, tan juntos que se creyeron indestructibles. Sonrió emocionado, quizás eran los recuerdos, quizás la nostalgia de los viejos sentimientos, pero, su corazón volvió a latir como lo hizo la primera vez que vio a Mycroft Holmes, ese primer encuentro al inicio del verano.
Al marcharse de Inglaterra le llevó años superar por completo sus sentimientos por ese primer amor, pasó noches enteras llorando por su recuerdo, aferrándose a la idea de que, sería como un cuento de hadas y al final, ellos volverían a verse, quizás para la graduación Mycroft llegaría y le confesaría que jamás pudo olvidarlo, entonces huirían juntos con la caída del atardecer a un futuro juntos. Eso jamás pasó.
Eran los sueños tontos de un adolescente enamorado… con el tiempo tuvo que aceptar que no ocurriría y vivir en un mundo esperando que Mycroft aparezca por arte de magia era algo absurdo, así fue como decidió salir con otras personas, conocer el mundo, experimentar las diferentes caras del amor, pero siempre guardó con cariño y nostalgia aquel primer amor en el verano, aunque jamás planeó reencontrarse con él de la forma en que sucedió.
El auto llegó por ellos y Mycroft le abrió la puerta como un caballero lo haría, Greg sonrió y subió sintiendo una fina brisa de golpear sus mejillas, llovería pronto —Fue una noche maravillosa— comentó cuando las primeras gotas de lluvia los sorprendió de vuelta a la ciudad.
—No suelo quedarme tanto tiempo, realmente fue una experiencia— comentó el Alpha y Greg sonrió recostándose en el Alpha con confianza —Gracias por venir conmigo, a pesar de todo, lo hiciste.
—Bueno, no me dejaste muchas opciones… al final me divertí y tendré una historia interesante para contar a mis nietos, así ellos sabrán que no fue un amargado que no hizo nada con su juventud.
Mycroft suspiró y una idea loca cruzó por su mente, Greg y él sentados en el jardín viendo caer la tarde, compartiendo la vejez.
—Tenías que ser tú, te lo dije, ellos creen que salimos y admito que, no quería llegar solo como otras ocasiones, esta vez pensé que sería divertido cambiar la rutina y tú, eres el único que podría acompañarme… además de que marcaste mi cuello con tus mordiscos durante el celo— habló sincero Mycroft acariciando los cabellos de Greg con suavidad.
—Tu dejaste mis caderas adoloridas y, si no lo hubiese frenado, quien estaría marcado por ti sería yo— aquel comentario fue tan natural como las risas de ambos, de alguna forma esa noche, estar juntos sin discutir era mucho más fácil.
Hablaron de todo y nada durante el trayecto hasta el apartamento de Greg, al llegar Mycroft se ofreció a acompañarlo y el Omega aceptó, de alguna forma esa noche se estaba convirtiendo en una especie de cita inesperada, sonrisas, baile, conversación… y entonces, al llegar al apartamento de Greg, la desgracia cayó. El sitio estaba inundado, la cañería de la ducha y de la cocina parecían haber explotado, no solo el piso estaba mojado sino también el techo, era más de media noche ¿qué se supone que haría ahora?
—Qué bueno que llegaste— el administrador del edificio apareció —Las tuberías de agua se rompieron en algunos apartamentos, lo siento, pero cortamos el paso de agua y mañana vendrán los técnicos a revisar pero no sé cuánto tiempo tarden en repararlo— informó el hombre y Greg sintió que todo le dio vueltas, no podría vivir en su apartamento ¿ahora qué haría? Junto a Mycroft revisaron los daños, por suerte más allá de las alfombras, los pisos, y algunos platos en el fregadero, las cosas importantes como su laptop, libros y papeles del trabajo estaban a salvo.
—Tengo que secar este desastre— Greg se notaba claramente agobiado, le llevaría horas limpiar todo eso solo.
—Bien, te ayudo— dijo Mycroft y sin esperar una respuesta afirmativa dejó su saco en un sitio seco, subió las mangas de su camisa y se puso manos a la obra seguido de Greg.
Perdieron tiempo, pero, por fin, cerca de las dos de la madrugada todo estaba seco y por fin podrían descansar, a Mycroft se le ocurrió poner en bolsas plásticas todos los documentos y libros para que, en caso de una situación similar, estuviesen a salvo.
—Por suerte la cama estaba seca y Greg podría pasar esa última noche en su apartamento hasta que los técnicos se hicieran cargo del daño y, por supuesto, pasaran la factura de las reparaciones.
—Cae agua del techo— dijo Mycroft preocupado —No puedes quedarte aquí Gregory, no es seguro, quédate en casa, tengo un cuarto pequeño de invitados que suelen usar mis padres cuando vienen de visita, a Sherlock no le molestará y estarás seco— ofreció el Alpha —Es tarde, lleva lo que necesites y mañana puedes regresar por otras cosas.
—No quiero ser una molestia Mycroft, no está tan mal— dijo justo cuando un par de gotas cayeron sobre su cabeza dando toda la razón al Alpha —Gracias, iré por mis cosas— dijo el Omega y así fue como terminó con una maleta con un par de mudas de ropa, un pijama, sus artículos de aseo personal y su laptop.
Volvieron al auto donde el conductor parecía a punto de quedarse dormido —A mi casa— ordenó el Alpha y se dirigieron al centro de la ciudad, Greg recordaba ese lujoso edificio de apartamentos, eran enormes, sitios a los que él de simple mortal no podría acceder.
Para ese punto la lluvia había incrementado y ahora era una tormenta, entraron al parqueo del lugar y desde allí subieron por el ascensor hasta el apartamento de los Holmes —Posiblemente Sherlock duerma— comentó Mycroft, sin embargo, al entrar encontraron al Alpha más joven viendo un documental sobre arañas del Congo.
—¿Te convenció de vivir con él?— preguntó a Greg al notar su maleta.
—Las tuberías de mi edificio explotaron, así que necesito refugio— comentó Greg dejando que Mycroft lo guíe hasta una habitación pequeña pero acogedora, una cama, un clóset espacioso, una ventana que aseguraba buena iluminación, incluso una televisión pequeña— tienes un baño pequeño en esa puerta, así que no tendrás que compartir espacio con nosotros en ese aspecto— comentó Mycroft y Greg volvió a agradecer por enésima vez el que lo dejase quedar. El Alpha salió de la habitación con el corazón latiendo con fuerza, no sabía por qué, pero, tener a Greg bajo su mismo techo le hacía inmensamente feliz.
¡Hola a todo el mundo! sé que he desaparecido por mucho tiempo pero he estado más concentrada den el material que he hecho para Facebook, en especial las fotonovelas que pueden hallar si van a mi página "KittieBatch & Ships". Adoro mucho a esta pareja, realmente me encantan y quiero hacer todo lo posible por actualizar tan pronto como pueda.
Espero que les gustase este capítulo y dejen sus hermosos comentarios ¡nos vemos pronto!
