¡YAHOI! Un día más, una semana más... ¡aquí vengoooooooo! (?).

Realmente no tenía planeado subir este capítulo ahora de noche, sino que la idea era actualizar mañana por la mañana, miércoles. Peeeeeeeero, como siempre, los imprevistos te abofetean en la cara sin darte opción a protestar ni a re-planificar las cosas. Así que preferí traéroslo hoy y no haceros esperar hasta el jueves o el viernes.

¿A que soy considerada? ¿Eh? ¿Eh?

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Capítulo 13


Parecía un león enjaulado, paseándose de un lado a otro dentro de aquel lujoso despacho. Quizá marcharse así de su propia empresa no había sido lo más correcto, pero le había dejado un mensaje a Gaara con su asistente y este le había respondido vía WhatsApp que no pasaba nada, que estaba todo bien y que él se encargaría.

Agradeció una vez más el poder contar con tan buenos amigos.

Oyó abrirse la puerta y se giró. Su mejor amigo, Sasuke Uchiha, arqueó las cejas al ver el estado tan lamentable que debía de presentar en aquellos momentos: el traje arrugado, la corbata desanudada, la camisa desabrochada y el pelo revuelto de tantas veces que había pasado las manos por él, intentando así aplacar su nerviosismo.

―Vaya, estás fatal, dobe. ―Naruto gruñó.

―No estoy para bromas, teme. ―Sasuke, sin apartar la vista del Uzumaki, se dirigió a paso lento hacia su escritorio, dejándose caer en el sillón de cuero que había tras el mismo. Con un gesto de la mano le indicó a Naruto que hiciera lo propio en una de las sillas que estaban delante de la mesa. Naruto obedeció y su cuerpo se desplomó sobre el mullido asiento.

Sasuke lo estudió durante unos minutos más, preguntándose el por qué Naruto habría ido a verlo de forma tan intempestiva. Normalmente, hacía falta pedirle una cita para poder verlo en persona, aunque con el rubio siempre había hecho una excepción, no por nada eran mejores amigos desde que ambos tenían memoria para recordar.

―¿Y bien?―Naruto se mordió el labio inferior.

―Esperaremos a Shikamaru, si no te importa. ―Sasuke ladeó la cabeza.

―¿Llamaste también a Nara?―Naruto tragó saliva y asintió.

Shikamaru Nara era otro de sus amigos más cercanos, abogado al igual que Sasuke, aunque se dedicaran a especialidades distintas: Sasuke era abogado de la empresa de su familia, aunque de vez en cuando cogía casos de lo más diversos para ir al juzgado, según él así no perdía la emoción por su trabajo. Shikamaru, por otro lado, era abogado penalista. Su inteligencia le permitía sacar del apuro a personas cuyos casos parecían imposibles de defender.

Naruto sabía que ninguno de sus dos amigos era especialista en el caso que lo ocupaba en estos momentos, un caso que podría destruir a su familia, todo lo que había logrado construir y mantener durante aquellos años. Algo a lo que no estaba dispuesto. Pelearía con uñas y dientes de ser necesario.

A los pocos minutos de estar ambos hombres sumidos en silencio, cada uno en sus pensamientos, se abrió la puerta y entró una tercera persona, quien Naruto esperaba. El rubio se levantó de un salto y saludó a Shikamaru, que alzó las cejas, intrigado, al ver el deplorable aspecto del Uzumaki.

―Muy bien, ¿a quién has matado?―Naruto parpadeó.

―¡¿Pero qué dices?! ¡No he matado a nadie'dattebayo!

―¿En serio?―preguntó Shikamaru, escéptico, yéndose a poner al lado de Sasuke, quién también se había puesto en pie para recibirlo. Ambos abogados se saludaron para luego volver a centrar toda su atención en Naruto.

―Honestamente, yo también me lo preguntaba. Si no, ¿por qué otra razón llamarías a dos abogados, uno de ellos penalista?―Naruto murmuró entre dientes algo que sonó como "Malditos, y para eso tengo amigos".

Cerró los ojos, respiró hondo y decidió soltar la noticia de golpe.

―Sakura ha vuelto. ―El silencio reinó en el despacho durante unos largos y angustiosos minutos. Shikamaru fue el primero en reaccionar.

―Vaya. Problemático. ―Naruto tragó saliva y comenzó a dar vueltas de nuevo por la habitación. Sasuke, cuya expresión se había convertido en una pétrea máscara de la más pura frialdad, clavó los ojos en su mejor amigo, adivinando quizá sus pensamientos.

―¿Qué quiere?―Naruto lo miró con cara de "¿En serio me estás preguntando eso?".

―¿Tú qué crees? Tomar té con pastas, no te jode

―Dobe. ―Naruto respiró hondo, recordándose que Sasuke y Shikamaru no tenían la culpa de nada.

―Vino a verme, dos veces. ―Hizo una pausa, tratando de ordenar sus caóticos pensamientos―. Quiere ver a Shinachiku. ―Ambos morenos pusieron mirada dura, pero no dijeron nada, dejándolo que prosiguiera―. Dice que quiere arreglar las cosas, y me amenazó: dijo que si no le permitía ver al niño lo hará por las malas. ―Al fin los ojos azules de Naruto se posaron, angustiados y aprensivos, sobre Sasuke y Shikamaru―. Decidme que no puede hacerlo, que no hay ley en el mundo que se lo permita. ―Ambos abogados se miraron entre ellos, pensativos.

Sasuke fue el que le contestó:

―Desgraciadamente, dobe, la ley está de su parte. ―Naruto detuvo su inquieto andar, maldiciendo sonoramente―. Incluso podría solicitar custodia compartida, si se empeña, y dudo mucho que se la negasen, a pesar de-

―No adelantemos acontecimientos―interrumpió Shikamaru, viendo que Naruto, con cada segundo que pasaba, parecía cada vez más al punto de un colapso nervioso―. Es problemático, Naruto, pero así es la ley. No obstante, si quieres meterte en esos berenjenales, podríamos jugar bien nuestras cartas. Tendríamos que revisar bien todos los puntos y comas de la ley de menores… ―Shikamaru se detuvo, pensando quizá ya en posibles escenarios y estrategias.

Naruto se sintió inmensamente agradecido de que dos de sus mejores amigos fueran tan inteligentes.

―¿Lo sabe Hinata?―preguntó Sasuke, serio. Naruto tragó saliva y asintió.

―Sí, se lo dije hace dos días. Como podrás adivinar, no lo tomó muy bien'dattebayo. ―El Uchiha y el Nara asintieron a la vez.

―Es totalmente comprensible. Ella ha sido la madre de Shinachiku durante todos estos años. Si Sakura pretender llegar y desbancarla, lo va a tener muy crudo. Shinachiku adora a su madre. ―Naruto se sintió agradecido por las palabras de Shikamaru. Oírlo de alguien más era reconfortante.

―Haré un par de llamadas, hablaré con Itachi y tantearé a algunos abogados especializados en el tema.

―Yo revisaré la ley punto por punto. Será muy problemático, pero para eso están los amigos. ―Naruto les sonrió a ambos, aliviado al poder contar con su ayuda. Sasuke suspiró.

―No te dejaremos en la estacada, dobe.

―Gracias, Sasuke, Shikamaru, de verdad. Gracias. ―Ellos se encogieron de hombros, quitándole importancia.

―¿Necesitas que llame a Temari?―Naruto lo meditó unos momentos. Conociendo a su mujer lo más probable era que no se lo hubiese contado a nadie todavía. Hinata era más bien dada a guardarse las cosas por no querer causar problemas a los demás. Tal vez una charla de chicas le vendría bien. Sabía que habría cosas que a él no querría contarle, pero quizás con sus amigas podría desahogarse a gusto.

―Sí, por favor. Y avisa también a Ino. Y tú a Karin. ―Sasuke asintió, tomando ya el teléfono para hacer la llamada.


Llevaba al menos dos horas, o tres, no lo sabía con exactitud, sentada en la mesa del despacho de su casa, que ella y Naruto compartían, con el lápiz suspendido a varios centímetros de la hoja en blanco. Varias bolas de papel arrugadas yacían a sus pies.

Suspiró por enésima vez en el día y trató de concentrarse. Tenía que hacer el diseño de portada para el catálogo de una galería de arte. Sai se lo había pedido de favor y ella le había prometido dar su mejor esfuerzo. También debía las ilustraciones de un par de cuentos y el cartel para un concierto de música que iba a ser dentro de unos tres meses.

Cerró los ojos, buscando la musa de la inspiración, forzando al límite su imaginación.

Pero su mente permanecía ocupada en otras cosas.

La llegada intempestiva de Sakura de nuevo a sus vidas la tenía sumamente intranquila. Naruto le había asegurado que ella no se le acercaría, ni tampoco a los niños, que él no lo permitiría. Hinata sabía que él haría todo lo posible por cumplir su promesa, siempre lo hacía, pero también conocía a Sakura, o, al menos, a la chica de pelo rosa y ojos verdes que había sido su amiga en su infancia y adolescencia. Y si no había cambiado seguiría siendo increíblemente cabezota y determinada.

Si a Sakura se le metía entre ceja y ceja el ver a Shinachiku sabía que no habría fuerza ni poder en el universo que se lo impidiera.

Las lágrimas quisieron brotar de sus ojos pero no las dejó salir. No debía dejarse desmoronar. Shinachiku era su hijo, puede que Sakura lo llevara en su vientre durante nueve meses y lo trajera al mundo, pero ella había estado ahí para el niño, ella lo había visto crecer, lo había criado, había reído con sus primeros pasos y llorado con sus enfermedades, pasado noches en vela cuidándolo.

Ella, Hinata Uzumaki, lo amaba: amaba a Shinachiku, no había nadie que pudiera negarle ese hecho. Ese pequeño había sido el punto de unión entre Naruto y ella, por él había sido capaz de tomar valor para poder estar junto al amor de su vida, y por eso no podría amarlo más.

Naruto tenía razón: ella era su madre, la única que el pequeño había conocido, la única a la que él había llamado así por primera vez, la única a la que llamaba así ahora.

Pero si Sakura…

Sus confusos pensamientos fueron interrumpidos por el timbre de la puerta. Soltó el lápiz dando un largo suspiro y se levantó a abrir, agradecida por aquella inesperada interrupción.

El timbre sonó otra vez y se extrañó ante tanta insistencia.

―¡Voy!―Asió el pomo y abrió. Sus ojos se abrieron sorprendidos al ver en el umbral de su casa a sus tres mejores amigas―. ¿I-Ino? ¿Karin?―Levantó un poco la vista a una rubia de ojos verdes―. ¿Te-Temari?―Las tres sonrieron.

―¡Bueno, venga, sabemos que te hemos sorprendido y que somos hermosas!―Ino la empujó haciéndola a un lado y entrando en la casa sin pedir permiso. Hinata no pudo evitar sonreír. Karin y Temari siguieron los pasos de la Yamanaka, descalzándose en la entrada.

―Chicas ¿qué-

―Shikamaru me llamó.

―Y a mí Sasuke―añadió Karin; la pelirroja puso las manos en las caderas y la miró fijamente―. ¿No pensabas decirnos nada? ¿A tus mejores amigas?―Hinata abrió los ojos como platos una vez más.

―¿Vo-vosotras…?―Ino rodó los ojos.

―Por favor, Hina, ¿te creías que Naruto iba a quedarse de brazos cruzados ante esa bruja? Fue a pedirle consejo a Sasuke-kun y a Shikamaru. Ya sabes que de ser necesario morirá peleando. ―Ino esbozó una leve sonrisa que contagió a Hinata. Algo cálido se instaló en su corazón al pensar en su rubio haciendo todo lo posible porque no los separaran de su hijo.

―Vais a tener que ponerme un poco al día. Creo que solo me sé lo básico―interrumpió Temari.

―Sí, sí, pero no antes de que entremos en materia―dijo Karin, levantando la bolsa que llevaba en una mano y sacando de ella una botella de vino―. Hay más, por si nos hace falta.

―Chicas…

―¿Para qué están las amigas si no es para ahogar las penas en alcohol en su compañía?

―Y de paso para despotricar contra las zorras.

―Y para animarnos a soltarnos la melena durante las borracheras. ―Hinata miró a cada una de las tres mujeres. Sonrió ampliamente y tomó la botella de vino de manos de Karin.

―Iré a por unas copas.

―¡Así se habla, Hina!―Hinata rio mientras se internaba en la cocina a por tres copas.

Menos mal que los niños estaban en el colegio y Himawari en la guardería.


El teléfono móvil de Sakura sonó en algún lugar de su habitación del hotel. La pelirrosa salió apresuradamente del baño con los pantalones a medio poner y se abalanzó sobre la mesilla de noche, haciéndose con el aparato.

―¿Diga?―contestó, con el corazón en un puño.

―¿Sakura?―Su decepción fue enorme cuando distinguió la voz de su padre―. Hija, ¿estás bien?―Sujetando el móvil entre el cuello y la barbilla, terminó de subirse y abrocharse los pantalones. Dio un gran suspiro antes de responderle a su progenitor.

―Sí, papá, solo que me pillaste en un mal momento, es todo. ―Trató de que su voz sonara lo más normal posible. No podía preocupar a sus padres aún más de lo que ya estaban. Ellos también estaban sufriendo por su culpa. Todavía no podía sacarse de la cabeza sus expresiones incrédulas, aterrorizadas y de decepción absoluta cuando les contó las razones de que su vida hubiese ido en picado los últimos años.

Sabía que estaban tratando de comprender las razones de sus acciones y que la apoyaban porque era su hija y la querían, pero también se sentían profundamente heridos de que ella no hubiese confiado en ellos en su día.

―¿Seguro?

―Sí, sí, no te preocupes. ―Oyó el suspiro que el hombre soltó al otro lado de la línea.

―¿Qué tal estás?―Tragó saliva, impidiendo que las lágrimas se derramaran de sus ojos.

―Bien, papá, todo va bien.

―Sakura. ―La aludida respiró hondo.

―Todo está bien, en serio.

―Sakura. ―Volvió a llamar su padre, en tono demandante. La Haruno cerró los ojos y se dejó caer pesadamente en la cama, con los hombros hundidos.

―Tú ganas. No, papá, no estoy bien, nada está bien… ―Las lágrimas que tan arduamente había tratado de retener se desprendieron al fin de sus ojos―. É-él… m-me odia papá. N-no lo culpo, s-sé que me lo merezco pero creo que también tengo derecho a intentar enmendar mis errores.

―¿Lo has visto?―Sakura se mordió el labio inferior ante el tono esperanzador que notó en la voz masculina de su progenitor.

―S-sólo de lejos y escondida. No me ha dejado ni acercarme.

―¿Le has dicho que sino…

―Sí, pero ni aún así creo que me lo permitirá, además…. ―Volvió a morderse el labio inferior.

―Además, ¿qué?―Sakura respiró hondo.

―E-está casado, papá. Naruto se casó y e-esa mujer ha sido la madre que yo no pude… que no quise ser en su día.

―Hija…

―Lo peor es que sé que ella lo ama, que los ama a los dos. ―Sakura no pudo evitar que los recuerdos la invadieran, recuerdos de cuando iban todos juntos al instituto, de cuando Hinata se quedaba mirando a la distancia a Naruto con la esperanza de que él se girase y la viese, la notase. Recuerdos de la primera vez que sintió que era muy posible que Naruto dejara de prestarle atención a ella para centrarse en Hinata.

Había sido algo muy sutil, pequeños detalles que nadie notaba excepto ella, porque Naruto siempre había sido lento para entender las cosas, no así su subconsciente; pero Sakura, quien siempre había sido la receptora de la atención total del Uzumaki, de pronto había visto los intentos de él por invitarla a salir ligeramente reducidos.

El colmo había sido la vez que lo pilló besando a una dormida Hinata. Ella había pedido permiso para salir del aula e ir al servicio, pero su intención había sido ir a buscar a Naruto y arrastrarlo a clase e la oreja de ser necesario. Puede que no lo quisiera de la manera en que él anhelaba, pero seguía siendo su mejor amigo y se preocupaba por él.

Nunca se hubiera esperado la escena que la recibió: Hinata dormida contra el tronco de un árbol y Naruto de rodillas ante ella, robándole un beso.

Se había sentido molesta, herida y enfadada. ¿Acaso Naruto no le había dicho innumerables veces que estaba enamorado de ella? Entonces, ¿qué hacía besando a Hinata?

En aquel momento no se dio cuenta, pero años después se percató de que había sido tremendamente egoísta al pensar aquello. Que Sasuke no le hiciera caso había afectado a la adolescente Sakura más de lo que estaba dispuesta a admitir, y las constantes atenciones de Naruto la hacían sentir bien, la hacían creer que era guapa y que valía la pena, la halagaban.

Sí, hoy en día podía darse cuenta de que sonaba patético, pero, ¿quién no es idiota a los diecisiete años?

―No puedes rendirte, Sakura. Queremos conocer a nuestro nieto. ―Sakura se sintió fatal ante el tono de reproche implícito, pero ella no era nadie para decir o negar nada, no estaba en posición de hacerlo.

―No pensaba rendirme. ―Se mordió el labio inferior de nuevo. Llevaba unas horas dándole vueltas a una idea loca que se le había ocurrido. Probablemente no le serviría de nada, pero, ¿qué perdía con intentarlo?

Si con Naruto no iba a lograr nada, tal vez Hinata se mostrara más receptiva. La ahora Uzumaki siempre había sido de naturaleza amable y compasiva. Si apelaba a sus sentimientos más nobles, hablándole de madre a madre, de mujer a mujer… ¿se ablandaría? ¿Le permitiría, al menos, explicarse?

No tenía nada que perder, pero sí mucho que ganar.


Era viernes. Hinata salió de la guardería empujando la silla de Himawari mientras sonreía, pensando en el plan de aquella tarde: ella y las demás irían con los niños al parque, luego los chicos se reunirían allí con ellas. Entonces irían todos juntos a cenar. A la vuelta los pequeños estarían tan cansados que Naruto y ella podrían disfrutar de un tiempo a solas.

Amplió su sonrisa al pensar en ello. Con tres niños pequeños en casa a veces era difícil encontrar tiempo para pasarlo como pareja. Por eso aprovechaban cualquier segundo que sus retoños les dejaban libres.

Estaba llegando a su casa cuando una silueta frente a la puerta de entrada la hizo aminorar la velocidad poco a poco, con los ojos fijos en dicha persona. La respiración se le aceleró al igual que el corazón al distinguir, a medida que avanzaba, una melena de color rosa.

Reconocería ese cabello en cualquier parte, porque solo conocía a una persona, a una mujer, que lo tuviera.

Apretó los dientes y las manos sobre el manillar de la silla, preguntándose qué demonios hacía ella allí, incrédula de que Sakura se hubiera atrevido a presentarse en su hogar.

Vio como la Haruno levantaba la vista y la veía. También notó como intensificaba el agarre sobre el asa de su bolso. Hinata se detuvo al fin delante de ella, a unos cuantos pasos de la mujer y la entrada de su casa.

Ninguna dijo nada durante varios minutos que a ambas se les hicieron eternos. Tan solo se dedicaron a contemplarse la una a la otra, observándose detenidamente, analizándose concienzudamente.

―Hola―dijo Sakura al fin, rompiendo así el tenso silencio que se había formado entre ellas. Hinata tardó unos minutos más en contestar.

―Hola. ―Ninguna sabía qué más decir.

Sakura irradiaba nerviosismo y ansiedad por los cuatro costados. Había repasado en su mente una y otra vez mientras esperaba todo lo que quería decirle a Hinata, incluso se había pasado la noche anterior escribiendo una especie de borrador en su tablet con todos los puntos importantes que quería tratar con ella.

Pero ahora no le salían las palabras. Se mordió el labio inferior y sus orbes jades recorrieron a la que era hoy por hoy la esposa de Naruto. Hinata había cambiado. Ya no quedaba nada de aquella niña tímida e insegura. Sakura podía verlo en lo más profundo de los sus orbes perlados. También se había cortado el pelo, dejándoselo en una media melena que le sentaba realmente bien. Su cuerpo se había vuelto más exuberante, sin duda producto de los dos embarazos, pero ahora, en vez de esconderlo, no le avergonzaba mostrarlo, y Sakura se dijo que sin duda eso había sido gracias a Naruto. El que el hombre que Hinata siempre había amado se fijara en ella debió de suponer un gran incentivo para la autoestima de la mujer.

Sus ojos bajaron, fijándose entonces en la pequeña niña que iba en la sillita de paseo. Tenía unos cabellos cortos y negros, con los mismos reflejos azulados que su madre cuando los rayos del sol impactaban en él. Los ojos de la niña eran también azules, como los de su padre, y en la mejilla poseía las mismas dos marcas que había atisbado en su hermano mayor la tarde del día anterior.

Sakura tragó saliva. Era una preciosidad. Se acercó y se agachó a la altura de la pequeña, pero cuando quiso acariciarle la cabecita Hinata la apartó de ella, dando unos pasos hacia atrás, llevándose la silla con ella.

Sakura suspiró y se incorporó, mirando hacia ella nuevamente.

―Es una ricura―halagó. Hinata mantuvo el gesto serio.

―Gracias―contestó.

―¿Cómo se llama?―Hinata apretó los labios, pero respondió:

―Himawari. ―Silencio de nuevo. Hinata cerró los ojos e inhaló y exhaló varias veces―. Sakura―llamó. Pronunciar su nombre le produjo una punzada de dolor en el pecho―. ¿Qué haces aquí? ¿Qué es lo que quieres?―Sakura agarró el asa de su bolso con las dos manos, ejerciendo presión sobre la misma hasta clavarse las uñas en la palma de la mano.

―Hinata… yo… he ve-venido para… para hablar. Solo eso. Solo quiero hablar―soltó atropelladamente. Hinata ladeó la cabeza, con el ceño fruncido.

―¿Hablar?―Sakura asintió―. ¿Hablar sobre qué?―Sakura inspiró hondo, tomando valor. Era ahora o nunca.

―Hinata, sé que no… n-no hice las cosas bien, en su día. Fui egoísta y solo pensé en mí, lo sé, pe-pero… ponte en mi lugar: tenía apenas dieciocho años, había luchado mucho para conseguir esa beca ¿y acaso debía tirarlo todo por la borda? Sé que dicho así suena de lo peor, pero en esos momentos… no quería pensar en nada más. ―Desvió la vista a un lado, algo incómoda por la manera en que la Uzumaki la miraba―. Me asusté. ¿Qué iba a hacer yo con un bebé? Era demasiada responsabilidad y yo… yo no me sentía preparada… ―De reojo, pudo ver cómo el rostro de Hinata se crispaba. Sintió los nervios aflorar pero no dio marcha atrás. Ya no podía hacerlo―. Además yo… Naruto… yo no lo quería, no de la manera en que él me quería a mí. S-si estuve con él fue porque mi estúpido corazón adolescente solo buscaba a alguien que me quisiera, que me viera, que pensara en mí. Y en esos momentos… Naruto era esa persona, ese príncipe azul con el que todas soñamos de niñas.

―Jugaste con él y con sus sentimientos. ―Aquellas palabras provenientes de Hinata se le clavaron como puñales en lo más hondo de su alma.

―L-lo sé… p-por eso he vuel-

―¿Tienes idea de lo mal que lo pasó? ¿Lo mucho que sufrió? Si no hubiera sido por Shinachiku no sé de dónde habría sacado las fuerzas para salir adelante. ―Sakura se mordió el labio inferior, bajando la cabeza―. Él te quería, Sakura, te quería más que a nada ni nadie en el mundo. ―Ahí, Sakura sacudió la cabeza.

―E-eso no es verdad―dijo, con nerviosismo―. Puede que él lo creyera así pero... ―susurró. Hinata frunció el ceño.

―¿De qué hablas?―Sakura rio con tristeza y sacudió la cabeza.

―Nada, no es nada. ―Levantó la vista y la clavó de nuevo en Hinata―. Puede que no tenga derecho a reclamar nada, pero al menos… al menos quiero tener la oportunidad de… d-de explicarme. Me gustaría conocerle―finalizó, en un murmullo apenas audible. Hinata se tensó.

―Ni hablar―sentenció la peliazul. Sakura sintió sus ojos inundarse de lágrimas―. ¿Con qué derecho, Sakura? ¿Con qué derecho te presentas en mi casa a decirme eso?

―Hinata… por favor… es mi hi- ―No llegó a terminar la frase. Sakura sintió un dolor repentino a un lado del rostro, en una de sus mejillas, que la hizo ladear la cara y que la piel le ardiera. Sorprendida, llevó una de sus manos al lugar del golpe, notando como se le empezaba a inflamar.

Ante ella, Hinata temblaba de rabia, todavía con la mano levantada.

―¡No te atrevas!―chilló―. ¡No te atrevas a decir eso! ¡NUNCA! ¡¿Me oyes?!―Tras ellas, Himawari prorrumpió en llanto, asustada por los gritos de su madre.

Hinata estaba fuera de sí. La ira le había ganado la partida, pero no había podido evitar que sucediera. Sakura no tenía ningún derecho a decir lo que iba a decir. Shinachiku era hijo de ella, de Hinata Uzumaki, Sakura no se había ganado ese título.

Una madre es mucho más que limitarse a traer a un niño a mundo. Y eso Hinata lo sabía muy bien, demasiado bien.

Vio como Sakura iba a decir algo más. Apretó los dientes y dio impulso a la mano que aún tenía levantada, dispuesta a cruzarle la cara una vez más. No le importaba estar siendo instrumento de la ira más absoluta en estos momentos, tan solo quería que esa mujer se alejase de su casa, de ella, de su familia.

Pero un agarre en su muñeca se lo impidió. Viró el rostro y parpadeó. Sus mejillas enrojecieron al ver los ojos azules del hombre al que amaba clavados en ella.

―¿Qué está pasando aquí?―Se le llenaron los ojos de lágrimas y bajó la mano, temblando. Naruto miró para Sakura, quien todavía mantenía una de sus manos sobre la mejilla lastimada. Naruto suspiró. Se inclinó hacia Hinata y le dijo palabras tranquilizadoras al oído.

―Todo está bien, Hinata-chan. Coge a Hima y entra en casa. Yo me encargo. ―Hinata abrió los ojos en cuanto él mencionó el nombre de su hija. ¡Dios mío! ¡Se había olvidado de Himawari! Se acercó a la niña y la tomó en brazos, abrazándola fuerte contra ella, acunándola para calmarla. Agarró la sillita con una mano y echo un último vistazo a su marido. Naruto le sonrió cálidamente y asintió. Hinata miró una vez más para Sakura, pero se abstuvo de hacer o decir nada más. Entró en su casa, cerrando tras de sí con un sonoro portazo que hizo temblar a la sólida construcción hasta los cimientos, evidenciando así su enfado.

Solo entonces Naruto deshizo su sonrisa y se volvió hacia la pelirrosa, encarándola, frunciendo el ceño y apretando los puños en los bolsillos de sus pantalones.

―Sakura, solo te diré una cosa: lárgate de aquí. ―La Haruno pestañeó y clavó su mirar en el rubio.

―Naruto…

―¡¿Cómo se te ocurrió?! ¡¿Cómo es posible que te hayas atrevido a venir hasta mi casa?! ¡¿Cómo te has atrevido a abordar así a mi esposa?!―Sakura tembló ante sus palabras, dejando caer la mano que sostenía su mejilla. Se mordió el labio inferior.

―Te-tenía que intentarlo… No quieres atender a razones. ―Naruto se echó para atrás, temblando él también, pero de rabia y de furia.

―¡No tengo nada que hablar contigo! ¡¿Cómo coño quieres que te lo diga?! ¡Vete!

―¡No lo haré, Naruto! ¡No me iré!―gritó esta vez ella. Estaba cansada, harta de que no la dejaran explicarse y de que la juzgaran tan duramente. Sí, sabía que se lo merecía, pero también creía en las segundas oportunidades. Y ella tenía que tener, al menos, la oportunidad de explicarse y de intentar redimirse―. ¡Quiero intentar hacer las cosas bien, maldita sea! ¡Creo que tengo derecho al menos a intentarlo!―Paró para coger aire. La cara y el cuello le ardían y abría y cerraba los puños, sus ojos verde jade brillando con determinación.

―¿Eso crees?―preguntó Naruto, ahora con fría calma. Un escalofrío recorrió el cuerpo femenino que estaba frente a él―. ¿Crees que tienes derecho a exigir algo, Sakura? ¿De verdad lo crees? No me hagas reír. ―Sakura apretó los dientes e irguió la espalda, poniéndose muy recta.

―Es mi hijo también, Naruto. Te guste o no yo fui la que lo llevó en mi vientre durante nueve meses, fui yo la que lo trajo al mundo y fui yo la que estaba contigo el día que lo concebimos. ¿O tengo que recordártelo?―soltó. Vio como las pupilas del rubio se dilataban, al igual que sus fosas nasales.

―Pero no has sido tú la que lo ha criado, no has sido tú la que lo ha cuidado cuando ha estado enfermo ni has sido tú la mujer a la que llamó mamá por primera vez ni a la que llama mamá ahora. ―Aquellas palabras fueron como un puñetazo directo al estómago de Sakura―. Hinata es su madre. Si pretendes llegar y jugar ahora a ser la madre que nunca has sido olvídate de ello, Sakura, porque no va a pasar. Para Shinachiku solo existe una madre, y esa, querida, no eres tú. ―Las lágrimas anegaron los orbes verdes de la Haruno―. Así que, yo que tú, me largaría más rápido que deprisa y nos dejaría a todos retomar nuestras vidas.

―Naruto, por favor, escú-

―Adiós, Sakura. ―Y dicho esto el hombre giró sobre sus talones y desapareció en el interior de la casa.

Sakura se echó a llorar en medio de la calle, con el corazón sangrando dolorosamente en el interior de su pecho.

Fin Capítulo 13


¡Yujúúúúúúúú! Sé que es raro que me alegre por este capítulo, pero es que me encanta ver a mi OTP peleando a muerte y codo con codo por su familia, sobre todo cuando he sido yo la artífice de dicha escena xDDD.

¿A vosotros qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Me dejáis un review con vuestras impresiones? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Paz y a Marys! ¡DIOS, COMO OS QUIERO A TODOOOOOOOOS! (?).

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.