¡YAHOI! Yo de nuevo por aquí. Vengo a traeros el siguiente capítulo, a ver si así consigo que desconectéis un poquito para pasároslo en grande. Que el mundo parece haberse vuelto loco últimamente.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Capítulo 14
Naruto cerró la puerta tras de sí de un portazo, llevándose los dedos al puente de la nariz, para apretarlo y masajearlo, maldiciendo en su mente una y otra vez la imprudencia y la osadía de Sakura al plantarse en la puerta de su casa para sembrar todavía más caos e incertidumbre.
Se descalzó con movimientos lentos y subió las escaleras, con los hombros hundidos, buscando a Hinata. Necesitaba abrazarla, necesitaba decirle que todo estaría bien, que nada malo ocurriría, que Sakura ya se había ido y que no volvería…
Paró en seco al escuchar la dulce voz de su esposa cantando una nana, seguramente intentando que Himawari se durmiera. Se apoyó contra la pared, con los ojos cerrados y una suave sonrisa en su rostro, disfrutando él también de la canción infantil. Esperó a que la melodía terminara y entonces abrió los ojos, incorporándose al minuto en que vio a Hinata salir del cuarto de su hija. Dio dos pasos hacia ella.
―Hinata-chan… ―Vio como el cuerpo femenino se tensaba y volvió a maldecir a Sakura en su mente por enésima vez―. Mi amor…
―V-voy… voy a preparar la merienda. Los niños… ―Intentó huirle, pasando de largo, pero Naruto se lo impidió, interponiéndose en su camino y apretándola contra él, encerrándola en un abrazo desesperado.
―No hagas eso―susurró―, no me alejes, no… ―Respiró hondo, enmarcando el pequeño y ovalado rostro entre sus manos, acunándolo con cariño. Retiró con los pulgares un par de lágrimas que bailaban en los párpados femeninos, amenazando con derramarse―. No dejes que te afecte―susurró, acariciándole las mejillas con ternura―, no dejes que lo que esa mujer diga nos afecte; no la dejes entrar, Hinata, no en nuestra casa, en nuestro matrimonio. ―Hinata se mordió el labio inferior, con nuevas lágrimas anegando sus orbes perlados.
―N-no puedo evitarlo. ―Hipó, tapándose la cara con una mano, comenzando a temblar. Naruto apretó la mandíbula, volviendo a abrazarla contra él. Hinata aferró las manos a su camisa, arrugándola y enterrando en rostro en la tela, mojándola con su patético llanto.
Sentía miedo, tanto miedo… pánico, en realidad, a lo que Sakura podría llegar a hacer, a lo que podría ocurrir si realmente se empeñaba en convertir en reales sus amenazas. Naruto la abrazó con más fuerza, bajando la cabeza para besarla ahora con desesperación, con necesidad, transmitiéndole con sus labios todo lo que no era capaz de expresar con palabras: su amor, su agradecimiento... todo lo que tenía, todo lo que era, se lo debía a esa preciosa mujer que tenía entre sus brazos, a Hinata. Sin ella no habría sabido como tirar para delante, como hacer para superar y sobrellevar todo lo por lo que tuvo que pasar a raíz del abandono de Sakura.
Cuando se separaron él la miró y, sin decir nada más, volvieron a besarse. Naruto anduvo con ella hasta penetrar en la habitación que ambos compartían, sin dejar en ningún momento de devorar sus labios. La guio hasta que la sintió chocar contra el borde de la cama y allí la recostó sobre la colcha, suavemente, dejando el calor de su cuerpo tan solo para deshacerse de la americana y la camisa. Hinata lo ayudó y después fue el turno de él de desnudarla, de quitarle el vestido y el jersey de cuello vuelto que ella llevaba puestos, así como las medias que cubrían sus piernas.
Subió por su cuerpo para besarla de nuevo, poniéndose a horcajadas sobre ella, gimiendo al sentir sus suaves curvas rozarse contra él.
―Te amo―le dijo, mientras se deshacía del sujetador y besaba el valle entre sus pechos. Hinata cerró los ojos, suspirando, disfrutando, acariciando la recia espalda masculina, sintiendo sus músculos tensarse y destensarse a causa de los movimientos que él hacía para acariciarla, para besarla.
―Yo también te amo―le contestó, abriendo sus ojos perlas para mirarlo, con una dulce sonrisa en su rostro. Naruto se lanzó a besarla una vez más, rogando por poder hacerlo durante muchos, muchos años más.
Se perdieron entre suaves caricias y suspiros de placer, en el calor y el vaivén de sus cuerpos unidos.
Porque necesitaban sentir esa conexión especial que los unía, ahora más que nunca.
Sakura miraba por la ventana de su habitación del hotel. Había empezado a llover hacía poco, y el golpeteo de las gotas de lluvia contra el cristal le resultaba tranquilizador, una forma de evitar pensar en cosas en las que, ahora mismo, no quería pensar.
Tendría que haberlo supuesto, se dijo, tendría que haber calibrado la posibilidad de que Hinata reaccionara de la manera en que lo hizo. Ya no eran niñas ni mucho menos adolescentes. No había podido dormir en toda la noche, rememorando una y otra vez la forma tan dura en la que su antigua amiga la había mirado, el dolor que había sentido atravesando su mejilla cuando le había cruzado la cara de una bofetada.
Sonrió, exteriorizando así su amargura. Ya se estaba arrepintiendo de haber vuelto…
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos. Extrañada, se acercó a la misma, con cautela. No esperaba visitas y no había pedido nada al servicio de habitaciones, tampoco podían ser las camareras porque estas pasaban por las mañanas.
―¿Quién es?―preguntó, con recelo. No obtuvo respuesta inmediata y frunció el ceño, preguntándose si no se habría equivocado. Pero los golpes volvieron a sonar. Irritada, abrió de golpe, boqueando como un pez en cuanto sus ojos jade distinguieron a la persona que esperaba en el pasillo.
―¿I-Ino-cerda?―balbuceó, incapaz de suprimir aquel apodo que tantas veces había chillado durante su infancia y adolescencia.
Vestida con un uniforme de enfermería, con su largo cabello rubio sucio y recogido en una descuidada coleta y con una enorme bolsa colgando de su brazo, Ino Yamanaka, su ex mejor amiga y rival, la contemplaba con sus grandes ojos azules, ahora clavados en ella con algo parecido al enfado titilando en sus pupilas.
―Así que sí ¿eh?―Sakura retrocedió, encogiéndose sobre sí misma, incapaz de enfrentar la dura mirada que la Yamanaka mantenía sobre ella. En contrapartida, Ino entró en el cuarto sin ser invitada con toda la cama del mundo, cerrando la puerta tras de sí y bloqueando la única salida disponible.
―¿Qué… ¿C-cómo…
―¿Te creías que ibas a poder pasar desapercibida? ¡Venga, te creía más lista, frentona!―Sakura observó, con temor e incredulidad, como Ino dejaba caer su bolsa al suelo y se acomodaba en el borde de la cama, dejando descansar las manos en su regazo, mirándola con seriedad―. ¿Qué estás haciendo aquí, Sakura?
―Y-yo… ―No sabía cómo reaccionar, qué hacer o decir. Tuvo que respirar hondo para calmarse―. ¿Cómo me has encontrado?―Ino curvó sus labios en una sonrisa burlona.
―¿Pues cómo iba a ser? Sasuke-kun y Shikamaru. ¿O acaso no recuerdas que ambos aprobaron el acceso a la facultad de derecho?―Sakura pestañeó, cayendo de la burra en ese momento.
―Naruto…
―Oh, sí, ha ido a verlos, ya sabes, para pedirles consejo legal y esas cosas. No va a dejar que te lo lleves, Sakura, Naruto morirá peleando de ser necesario, y ya no digamos Hinata. Ella tampoco permitirá que les arrebates a su hijo así como así. ―Sakura se mordió el labio inferior, sintiendo el ardor de las lágrimas nuevamente.
―No quiero arrebatárselo―musitó―, so-solo quiero… conocerlo… hacerle saber que… ―tragó saliva dolorosamente―que yo soy su madre y…
―No lo eres―cortó Ino. Sakura se clavó con más fuerza los dientes en la carne de su labio―. No eres su madre, Sakura, ni te atrevas a pensarlo siquiera―siseó Ino, poniéndose en pie―. Hinata es la que ha criado a ese niño, la que lo ha amado y consolado, la que lo ha alimentado y velado…
―¿Has venido hasta aquí… solo para decirme eso?―Ino suspiró.
―No. He venido hasta aquí para advertirte: si te empeñas en seguir adelante no solo Naruto y Hinata pelearán. Minato-san y Kushina-san tampoco se quedarán de brazos cruzados, ni ninguno de nosotros. Solo quería que lo supieras.
―Me lo imaginaba―dijo Sakura, tras varios segundos de pesado silencio. Ino asintió, recogiendo su bolsa del suelo.
―Bien. Me alegro de haber aclarado las cosas, entonces. ―Estaba a punto de dejar la habitación cuando la voz de Sakura la hizo detenerse de nuevo.
―Ino… solo quiero que sepas que… ―Tomó aire, animándose a mirarla directamente a la cara―. Que nunca fue mi intención hacerle daño a Naruto, yo… yo solo…
―Las disculpas no valen de nada, Sakura, ya no. ―Y salió al fin del cuarto, dejando a Sakura sola y sumida aún más en la agonía.
Llevaba algo más de media hora deambulando por delante de la entrada de aquel lujoso edificio. Algunas de las personas que habían entrado antes que ella ya habían salido, quedándosela mirando cuando la vieron de nuevo ante las elegantes puertas acristaladas, dando vueltas de un lado a otro, visiblemente nerviosa, asustada como el infierno.
Revolvió en su bolso y sacó un frasco con pastillas, tragándose dos de golpe, sin agua y sin nada que la ayudara a pasarlas por la garganta. Ni siquiera lo pensó porque necesitaba tranquilizarse, aunque fuese a base de químicos.
La tarde anterior, después de que Ino se fuera tras su incómoda conversación con ella, uno de los botones del hotel había subido hasta su cuarto, llevándole una carta. Al parecer la habían entregado hacía apenas cinco minutos y el mensajero había recalcado su carácter urgente, que era vital que la misiva llegara a la destinataria cuanto antes. Sakura se había quedado estupefacta cuando el chico, jadeante, había aparecido ante la puerta de su habitación.
Pero la sorpresa de recibir una carta inesperada fue nada en comparación al pánico y el nerviosismo que la invadió cuando vio de donde venía el mensaje.
Le había lanzado un billete al chico que seguía en la puerta, sin fijarse realmente en la cantidad que le estaba dando, y cerrándole la puerta en las narices sin más explicación, ni un agradecimiento siquiera o una despedida. La había leído con el corazón en un puño, apenas sin respiración, pero tan solo le anunciaban que se requería su presencia en el despacho de abogados del que provenía la carta.
El nombre que aparecía al final de la corta misiva había hecho a su corazón dar un vuelco, porque no se había esperado nada por parte de él, precisamente. Aunque tampoco era como si no tuviera curiosidad por ver lo que tenía que decirle. Se hacía una idea, pero la posibilidad de verlo era algo que también tiraba de ella con fuerza. Era increíble lo mucho que perduran algunos sentimientos, por muy escondidos que los tengamos.
Dio un paso trémulo hacia la puerta de entrada de aquel rascacielos, y luego otro, y otro… El guardia de seguridad la hizo dejar su bolso sobre la máquina de rayos x, para comprobar que no llevara ningún tipo de arma o artefacto peligroso. El detector de metales pitó cuando pasó y, con un suspiro, tuvo que quitarse el cinturón y el colgante que llevaba al cuello. Volvió a pasar y finalmente la dejaron proseguir, pegándole una pegatina de visitante en la chaqueta que llevaba puesta. Contuvo la mueca de repulsión cuando el guardia hizo una ligera presión de más sobre su seno, pero se dijo que no tenía caso montar una escena, así que lo dejó pasar. No sería el primer sobón con el que se topaba, y tampoco sería el último, por desgracia.
Se metió en el ascensor y subió hasta la décimo quinta planta. Junto con ella salieron del ascensor varias personas más y todas se pusieron a la cola tras la recepcionista, que atendía varias llamadas al tiempo. Finalmente le llegó el turno y, tragando saliva, dio su nombre.
―Sakura Haruno. ―La chica llamó a la secretaria correspondiente, supuso, y asintió cuando le contestaron por el auricular.
―Uchiha-san la está esperando, señorita. Pase, por favor.
―Gracias. ―Apretando el bolso contra su pecho como si este pudiera defenderla de todo lo malo que estaba por venir, se encaminó con pasa cada vez más tembloroso e inseguro hacia el despacho donde rezaba un nombre que había tratado de olvidar con el paso de los años.
La secretaria que estaba en la mesa al lado de la puerta le sonrió, amable, al verla acercarse con cara de preferir estar en cualquier otro sitio menos allí.
―¿Haruno-san, supongo?―preguntó la joven, levantándose de su sitio. Sakura asintió, sin poder encontrar su voz―. La están esperando. Por favor, pase. ―La chica la precedió hacia la puerta de la oficina donde, estaba segura, se decidiría parte de su destino, abriéndola y haciéndose a un lado, dejándole paso.
Haciendo acopio de un valor que estaba muy lejos de sentir, atravesó el umbral, rogando porque las piernas no le fallaran en ese preciso momento.
―¿Quiere que le traiga algo de beber o…
―Estamos bien, Sasame. Gracias. Puedes retirarte. ―Una voz profunda, masculina, mucho más grave y ronca de lo que recordaba, hizo sacudir sus entrañas de forma que ya creía olvidada. Tragó saliva dolorosamente y, aferrando todavía con más ansiedad el bolso, levantó la vista, topándose con los dos ojos más negros que había visto en su vida.
Recorrió con la mirada sin poder evitarlo todo el cuerpo masculino, reconociendo que los años le habían sentado la mar de bien. Ya casi no quedaba rastro del cuerpo delgado y fibroso que ella recordaba, sino que ahora era la anatomía de un hombre la que estaba ante ella: hombros anchos, brazos fuertes y, aunque seguía siendo delgado, los músculos se le marcaban más bajo la camisa y el traje de marca.
Sus ojos oscuros seguían tan insondables como siempre y su expresión igual de impasible, como si nada le importara y todo le fastidiara. El cabello azabache que tanto la había fascinado y que había soñado con acariciar en innumerables ocasiones durante su adolescencia ahora era liso, algo más largo y con medio flequillo casi tapando uno de sus ojos, muy a la moda.
No pudo evitar que un suspiro de admiración saliera de sus labios. Estaba tan guapo y arrebatador como siempre, para su desgracia.
―Sakura. ―Dios mío, su voz… aún la hacía estremecerse―. Siéntate. ―No fue una petición, sino una orden, clara y directa. Tragando saliva de nuevo, se encaminó como pudo hasta una de las sillas que había ante el elegante escritorio de madera, desplomándose sobre el asiento como si fuera una muñeca de trapo. Le temblaba todo el cuerpo, y no era para menos. La mirada de su interlocutor la estaba intimidando hasta límites insospechados. No creía que el volver a verlo pudiera afectarle tanto… ―. Supongo que sabrás por qué te he hecho venir. ―Sakura asintió, posando su mirada en los objetos que adornaban la mesa: un fajo de papeles metidos en carpetas a un lado, una pluma y un bolígrafo, un ordenador de sobremesa, un pen drive al lado del teclado, un teléfono fijo y uno móvil… Un suspiro masculino la hizo levantar la vista ligeramente, lo justo para quedarse mirando la barbilla cuadrada de su interlocutor. No se atrevía a seguir subiendo los ojos―. Sakura―no hizo amago de haberlo escuchado―. Mírame. Es molesto estar hablando con una persona que no parece estarte prestando atención―gruñó.
Tenía razón, pero ella no estaba preparada para afrontarlo, no directamente, al menos. No obstante, se dijo que tenía que hacerlo, que tenía que probarse a sí misma que ese hombre que tenía enfrente ya no la afectaba de la misma manera que hacía años, aun sabiendo que eso era una vil mentira.
Subió lentamente su mirada hacia aquellos orbes oscuros con los que había fantaseado y soñado cuando era una adolescente caprichosa y pagada de sí misma. Tensó todo el cuerpo y apretó los puños sobre sus rodillas, luchando contra su instinto, que le gritaba que saliera corriendo de allí en cuanto tuviera oportunidad, que se largara y no volviera a esa ciudad en la que había nacido y crecido. Nunca jamás.
Pero eso era algo que no podía hacer. Había huido demasiadas veces de su pasado, de sus errores, en vez afrontarlos. Y finalmente había llegado el momento, el momento de hacer frente a su pasado, por muy doloroso que este fuera.
―Bien. ―El hombre de cabello y ojos negros se sentó de forma elegante en la silla que había al otro lado del escritorio, sin quitar la mirada impasible que siempre lo había caracterizado―. Confío en que esto será rápido e indoloro. Nos ahorraríamos muchos problemas si así fuera. ―Cogió la primera carpeta del montón que tenía al lado y la abrió, sacando varios papeles. Dejó la carpeta de nuevo de donde la había tomado y dejó los papeles sobre la mesa, dándoles la vuelta para que ella pudiera leerlos si quisiera. Se hizo con un bolígrafo y se lo tendió, ya abierto y dispuesto para escribir―. Puedes leerlo, si quieres, pero te haré un resumen rápido: firmando esto renuncias a cualquier derecho legal sobre Shinachiku, cediendo su custodia total a su padre y permitiendo así que su madre lo adopte legalmente hablando. Tan solo sería una formalidad, pero es algo que hay que arreglar sí o sí así que… ―Le tendió el boli, mientras Sakura procesaba la información que él le había proporcionado, incrédula de lo que había escuchado de sus labios.
Miró para el bolígrafo que la mano pálida masculina de dedos largos sostenía, suspendido en su dirección, y luego a los papeles. Con una calma que estaba muy lejos de sentir, soltó su bolso, que resbaló por su regazo hasta caer al suelo haciendo un ruido sordo, y tomó los papeles entre sus temblorosas manos, juntándolos y empezando a leer.
Respiró hondo, intentando que cada palabra que llegaba a su embotado cerebro no la destrozara todavía más.
Cuando terminó de hacer su rápida lectura clavó, ahora sí, sus orbes verdes en los oscuros del abogado que esperaba, pacientemente, todavía con el brazo y la mano extendida hacia ella, esperando que tomara el bolígrafo y estampara su firma en aquel documento, dando fin así a lo que sería, en opinión de muchos, un proceso largo, tedioso y por demás doloroso, que traería más de un dolor de cabeza a muchos, pero especialmente a los principales involucrados.
―Sasuke-kun―pronunciar su nombre sacudió su interior, pero se obligó a mantener la compostura y a intentar que no le temblara la voz cuando siguió hablando―, no pienso firmar esto. ―El Uchiha suspiró, dejando caer al fin la mano sobre la mesa, sin duda cansado de mantenerla en la misma posición durante tanto tiempo.
―Debes hacerlo, Sakura―acotó él―. Sabes que sería lo mejor para todos. Lo correcto. ―Sakura esbozó una sonrisa amarga.
―Lo correcto… ―Seguramente Sasuke tenía razón, eso sería lo correcto: dejar que Shinachiku siguiera viviendo con Naruto y con Hinata, con su padre y con la mujer a la que él creía y consideraba su madre y a la que, muy probablemente, amaba como tal.
Pero había llegado a un punto en el que no podía seguir así, ignorando su existencia, haciendo como que no había tenido un hijo al que había tardado en darse cuenta de que adoraba y amaba, de que lo que había hecho diez años atrás había sido la peor atrocidad que una madre podía cometer en contra de un hijo, sangre de su sangre.
―Tiene derecho a saber―consiguió articular, en un hilo de voz. Sasuke torció los labios.
―Oh, él sabe, Sakura. ―Los ojos jade de la mujer se abrieron desmesuradamente, ante la sorpresa de dicha revelación.
―¿Q-qué… ¿C-cómo que…
―Él sabe―repitió Sasuke, inmutable―. Sabe que Hinata no es su madre biológica. Ella misma se inventó un cuento cuando era más pequeño para explicarle la situación. No es como si no lo quisiera como si fuera suyo, nada más lejos de la realidad: Hinata adora a Shinachiku y estaría dispuesta a morir peleando por él de ser necesario, lo mismo que haría por Boruto o Himawari. Pero ella siempre creyó que Shinachiku tenía derecho a saber, a pesar de que todos le decíamos lo contrario. Ninguno pensamos que tuvieras las agallas de volver y reclamar un derecho que ya no te pertenece. A ti no. ―Sakura sintió que las lágrimas anegaban sus ojos y tuvo que parpadear varias veces para evitar que estas se derramaran.
―Sasuke-kun…
―Mira, no sé qué mierda pasa por tu cabeza para te hayas atrevido a volver, pero tampoco es que me importe mucho. Shinachiku ya tiene una madre, y esa no eres tú. Así que… ―Le volvió a tender el bolígrafo pero Sakura no hizo amago de cogerlo. Tenía los puños apretados y la mandíbula tensa, al igual que su espalda, recta como una tabla sobre la silla.
Estaba cansada, harta, de que todos la juzgaran y no la dejaran explicarse, de que no le permitieran, al menos, redimirse por su deplorable comportamiento de hacía diez años. Estaba consciente de que había hecho algo horrible, imperdonable para muchos, pero los errores estaban para intentar subsanarlos, y ella había vuelto a Konoha precisamente para eso.
―No voy a firmar nada―espetó, ahora con voz más segura, enfadada―. Sé que todos me despreciáis, y con razón, yo soy la primera en admitir que lo que hice estuvo mal… peor que mal. ―Tragó saliva, mirándolo directamente a los ojos―. Pero he vuelto para remediarlo… para intentar… intentar ser lo que no fui en su día…
―Es demasiado tarde―la interrumpió Sasuke, en tono duro―. Firma, Sakura.
―No―respondió ella. Se levantó, irguiéndose todo lo que su altura le dio, tratando de aparentar seguridad, aunque por dentro estaba temblando como una hoja―. Mantente firme, no te dejes avasallar―se repitió.
Sasuke gruñó y lanzó el bolígrafo sobre el escritorio, con tanta fuerza que este rebotó y fue a dar contra la moqueta del elegante despacho. El Uchiha se pasó las manos por el pelo, mascullando maldiciones y levantándose de golpe, tirando al suelo la silla en la que se encontraba sentado hasta hacía unos segundos, a causa del movimiento tan brusco.
―¡¿Qué es lo que quieres, maldita sea?! ¡¿A qué coño has vuelto, Sakura?! ¡¿A jodernos la existencia a todos?! ¡¿A eso has venido?! ¡¿Tienes acaso la más mínima idea de lo que supone que estés aquí, en Konoha?! ¡¿De lo que nos haces sentir a todos?! ¡¿Al dobe?! ¡¿A Hinata?! ¡¿De lo que hará tu presencia como Shinachiku se entere de quién eres y de lo que estás haciendo aquí?!―Sakura tragó saliva una vez más, sintiendo un nudo apretarle dolorosamente la garganta, cada vez más fuerte. Las lágrimas le empezaron a escocer detrás de los párpados, pero aun así no las dejó salir.
No podía echarse a llorar, no podía derrumbarse. Si ahora flaqueaba, estaba segura de que todos los esfuerzos que había hecho hasta el momento para tomar fuerzas para regresar no habrían servido de nada.
Tenía que mantenerse fuerte y firme. No podía ceder o todo carecería de sentido. Absolutamente todo.
―N-no era mi intención causar perjuicio a nadie… ―empezó. Sasuke hizo un ruidito que más parecía risa y la miró, con una expresión que decía claramente que por favor no lo tomara por tonto―. Es la verdad, nunca quise causar inconvenientes a nadie. Tienes que creerme. ―Respiró hondo, intentando ordenar sus ideas. Su mente ahora mismo era un caos, pero tenía que intentar explicarse lo mejor posible. De ello dependía su futuro inmediato―. Pero tenía que volver, tenía… tenía que hacerlo. Mis razones son solo mías, son personales y tampoco tengo por qué andar dando explicaciones a nadie, pero… debía hacerlo, y tenía que ser en estos momentos. ―No agregó nada más, a pesar de que estaba diciendo la verdad, una verdad a medias, pero una verdad, al fin y al cabo.
―No lo entiendo y tampoco te entiendo a ti. Pero esta es tu última oportunidad de hacer las cosas como Dios manda. ―Agarró un nuevo bolígrafo y se lo tendió―. Firma, Sakura. Sé decente, por una vez en tu vida, y haz lo correcto. ―Miró para el instrumento de escritura durante unos segundos para luego subir de nuevo la mirada, con una clara determinación en ella.
―No. ―Sasuke rugió un juramento. Sakura se echó unos pasos para atrás. Nunca había visto al Uchiha tan furioso. Bullía de ira y estaba segura de que, de haber sido hombre, ya se habría abalanzado sobre ella para molerla a golpes.
No lo reconoció. El Sasuke Uchiha que ella recordaba y amaba era un ser frío y distante. Su cólera siempre había sido más bien fría, como el hielo, y nunca jamás mostraba sus emociones, por muy fuertes o abrumadoras que estas fueran.
Pero este no era el Sasuke Uchiha adolescente, se recordó, sino el Sasuke Uchiha adulto, hombre. Aunque nunca pensó que pudiera cambiar tanto; siempre creyó que Sasuke haría honor a su apellido y se mostraría tan estoico e imperturbable como el resto de su familia. Pero parece ser que se había equivocado completamente en sus suposiciones.
Respiró profundamente varias veces, exhalando el aire de forma lenta, intentando dejar de sudar a chorros y de normalizar los frenéticos latidos de su corazón. Tuvo el impulso de agarrar su bolso y tragarse otra pastilla para la ansiedad, pero consiguió refrenarse. Sería mucho peor el remedio que la enfermedad, porque si lo hacía estaba segura de que Sasuke no solo tendría una todavía peor opinión sobre ella, sino que también podría utilizarlo en su contra en un juicio, si es que la cosa llegaba a tanto. Y los recientes acontecimientos le estaban dando a entender que así era, que ese era el camino que se estaba labrando ante sus narices, porque nadie estaba contemplando alternativas, nadie estaba dispuesto a escucharla y a razonar seriamente con ella, a intentar buscar una solución más pacífica y, por descontado, menos dolorosa y agotadora.
No decía que no se lo mereciera, Dios sabía que ella era la primera en admitir que no merecía ningún voto de confianza por parte de las personas que antaño habían sido sus amigos y compañeros, casi sus hermanos, para lo bueno y para lo malo. Lo admitía y no dudaría en aguantar todo lo que le viniera encima a raíz de su vergonzoso comportamiento de hacía diez años, pero si no le daban la oportunidad de hacerlo, de enfrentar su pasado… ¿Qué sentido tendría todo?
Clavó sus aguados ojos verdes en Sasuke, su figura viéndose borrosa a través de sus lágrimas. Se frotó el rostro en un intento por disipar las gotas saladas, pero estas brotaban de nuevo sin descanso, así que al final lo dejó por imposible, mirando a su antiguo amor de la infancia y adolescencia con toda la cara surcada por ríos de lágrimas.
―T-tengo derechos… ―No supo ni de dónde sacó el valor para decir semejante cosa, pero también supo que no podía detenerse―. Y pienso hacerlos valer. N-no soy una estúpida cualquiera… he cometido errores, lo sé, y-ya te dije que los asumo, con todas sus consecuencias, pe-pero… ―Cerró los ojos e inspiró hondo una vez más, abriendo los párpados casi acto seguido―. No es solo por mí que estoy aquí, que he vuelto… ―Sasuke la observaba inmutable, sin expresión alguna en sus cinceladas facciones―. Mis padres…
―Deben de estar muy orgullosos de ti. ―El tono teñido de cruel ironía hizo a Sakura jadear, llevándose una mano al pecho, arrugando la camisa que llevaba puesta sobre la zona en la que palpitaba su roto y desesperado corazón.
―E-ellos… no sabían nada y… s-son la razón de que… esté aquí… hoy… ―Lo miró directamente a los ojos de nuevo, las lágrimas ya secas sobre sus pálidas mejillas―. Quieren conocer a su nieto…
―Diles que ya tiene abuelos. Tres, para ser exactos, que lo aman como no tienes una jodida idea, porque tú no sabes amar, Sakura. Nunca supiste. Tu amor hacia mí siempre fue egoísta, tu amor por Naruto fue egoísta, incluso el afecto que les tenías a tus amigos fue egoísta. Porque si no dime, explícame como mierda se te ocurrió meterte con mi mejor amigo sabiendo que una de tus mejores amigas lo amaba y, peor aún, que él estaba empezando a corresponder ese sentimiento. ―Sakura desvió la vista, incapaz de sostenerle la mirada.
―Y-yo…
―Explícame por qué cojones pensaste que estando con Naruto yo me iba a poner celoso o por qué leches creíste que podías jugar con las personas que te rodeaban y salir impune.
―So-solo era una niña…
―Eras la chica más inteligente de nuestro curso. Solo Shikamaru y yo podíamos batirnos contigo, y no me refiero a las notas porque en ese campo hasta Hinata y Shino te superaron algunas veces, sobre todo en aquellas asignaturas que no te gustaban especialmente. Así que no me vengas con el cuento de que solo eras una cría que no sabía lo que hacía, porque tú sí sabías lo que hacías, perfectamente. ―Sakura sintió un mareo repentino, las lágrimas queriendo aparecer de nuevo en sus ojos. Cada palabra era un golpe más que la hundía un poco más en el abismo, en la miseria que ella misma se había labrado a su alrededor hacía diez años―. Te comportaste como una puta, queriendo satisfacer tu ego y demostrarles a todos ¿qué? ¿Que podías tener la atención de un chico más de diez segundos? ¿Que te daba pánico que el dobe dejara de quererte porque así perdías a la única persona a la que podías manipular a tu antojo? ¿Que tu encaprichamiento conmigo solo había sido pasajero y que ya lo habías superado? ¿O acaso te empeñaste en demostrarme que yo no era tan genial como todas las demás estúpidas del colegio creían que era? ¿Fue por eso? ¿Para intentar darme una lección? ¿Eh? ¡Di algo, maldita sea! ¡Deja de llorar!
Negó con la cabeza. No podía, no podía detener las lágrimas que no paraban de salir de sus ojos.
Sasuke tenía razón, tenía razón en todo: había sido una niña mimada, caprichosa y egoísta que no había querido perder, no había querido que Naruto dejara de prestarle atención porque sino el rechazo de Sasuke dolería todavía más de lo que ya lo hacía. La constante persecución a la que el Uzumaki la sometía la halagaba, la hacía creer todo eso que siempre había creído desde que había entrado en la adolescencia: que era guapa, que valía, que llamaba la atención de los chicos. Su vanidad bebía de cada halago que Naruto le soltaba. No se cansaba, era un goteo constante de "Estás muy guapa hoy, Sakura-chan" O de "¡Sal conmigo, Sakura-chan! ¡Te querré siempre! ¡No como el amargado del teme!".
Nunca esperó que toda esa retahíla de atenciones que le encantaban pudieran desaparecer, pero así lo había notado, cuando Naruto empezó a hartarse de perseguirla y empezó a fijarse en las otras chicas que había a su alrededor, notando así a la dulce Hinata, que siempre había intentado esforzarse por llamar su atención, pero de una forma más discreta y tímida.
Sus sonrojos y sus desmayos, incomprensibles para Naruto en aquella época, habían despertado su curiosidad; eso, y que en una ocasión le había oído decirle que era muy guapa, que debería ponerse ropa que no la cubriera tanto, que era una pena porque realmente tenía un cuerpo bonito.
Aquella frase había sido otro de los detonantes, junto con la escena del beso robado que presenció casi por casualidad.
Ahora se daba cuenta de que había sido horrible su comportamiento, lo que había hecho: había separado a dos personas que estaban destinadas a tener algo realmente bonito solo porque a ella le daba miedo enfrentarse al rechazo del chico que le gustaba.
Claro que el destino se había encargado de poner las cosas en su lugar, porque Naruto y Hinata al final sí habían terminado juntos, e intuía que el propio Shinachiku había tenido mucho que ver en ello, por muy irónico que sonase.
Decidió enfrentarlo con la verdad y levantó el rostro, empapado y descompuesto por su imparable llanto.
―Yo solo quería que me quisieras―murmuró, con voz estrangulada. Sasuke bufó, golpeando la mesa con las palmas de sus manos, completamente exasperado.
―No siempre tenemos lo que queremos. Supéralo, Sakura. ―Se dio la vuelta y, con paso tembloroso, consiguió salir de aquel despacho que la estaba asfixiando.
Sí, sabía que no siempre se podía tener lo que uno quería, lo había tenido que aprender de la forma más dolorosa posible.
Pero ya era hora de comportarse como una adulta.
Ya no más huir y esconderse.
Ya no más compadecerse de sí misma.
Ya no más.
Fin Capítulo 14
Huy, huy, huy... Sakura parece algo confundida respecto a todo, Sasuke y Naruto saben lo que quieren y han hecho piña para conseguirlo... y Hinata, la pobre, se siente fatal con todo lo que les está cayendo encima. ¿Cómo creéis que acabará esto? ¡Dejadme un bonito review con vuestras predicciones!
Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa
¡Muchísimas gracias por los suyos a: Paz, Marys, Guest y a Lila! ¡Me encantan vuestros comentarios y me encantáis vosotros! ¡De verdad! ¡Sois unos amores con patas!
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
