¡YAHOI! Ale, una semana más, aquí os traigo capítulo. Esta semana ya dan las vacaciones y... por un lado quiero (no madrugar durante dos o tres semenas ¡BIEN!) pero por otro no (las navidades me dan una pereza loca... tanto bombo y platillo pa cuatro gatos que somos, y luego aguanta el mal humor de los demás porque se supone que son fechas especiales y hay que hacer comida especial y poner la vajilla buena pero también hay que cocinar y limpiar y recoger todo después y eso no gusta y refunfuñamos y nos enfadamos porque no somos ricas para tener personal doméstico que lo haga por nosotras... todos los años igual... QUÉ PEREZA, POR DIOS).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Capítulo 17


Observaba para los documentos que le acababan de llegar a su despacho. Después de pasar unos días horribles, tanto él como Hinata, al fin había llegado el gran golpe final. Lo había esperado, había sabido que solo era cuestión de tiempo que aquello llegase a sus manos, por eso había dado orden a Sasuke y a Shikamaru de que cualquier documento legal referente al problema que representaba Sakura le fuese remitido directamente a la dirección de su despacho.

―Tienes mala cara―le dijo su socio, Gaara, entrando en su despacho. Naruto levantó la vista un momento para luego volver a fijarla en los malditos papeles que le estaban trayendo por el camino de la amargura―. ¿Las cosas no van bien?

―No, nada va bien―contestó, apretando los dientes.

―¿Es por… Shinachiku?―preguntó Gaara, con mucho tacto, sabedor de que cualquier palabra mal dicha podría desatar la furia de su amigo. Naruto suspiró y asintió―. Lo siento, Naruto, de verdad. Hinata y tú no os merecéis nada de esto.

―Te agradezco tus palabras. En serio.

―Si hay algo que pueda… ―Naruto negó con la cabeza, cogiendo los papeles y guardándolos en un cajón de su despacho del que no pensaba volver a sacarlos.

Si Sakura creía que le iban a ser las cosas tan fáciles, ya podía esperar sentada, porque él lucharía, pelearía con uñas dientes, y no estaba solo. Hinata tampoco dejaría que les arrebataran a uno de sus hijos. ¿Es que Sakura no se daba cuenta de que separar a un niño de su entorno, de su familia, de la única seguridad que había conocido, podía ser contraproducente?

Podría causarle un daño psicológico y emocional enorme, podría sentar la base para futuros problemas de desarrollo social y cognitivo… y sí, todo eso lo sabía porque se lo había dicho Jūgo, uno de los amigos de Sasuke y de su prima, que había acabado haciéndose psicólogo porque él mismo había sufrido problemas psicológicos durante su infancia y adolescencia.

Él era uno de los expertos a los que Sasuke y Shikamaru habían ido a consultar y a pedir consejo, uno de los tantos que se prestaría de buen grado a declarar en el juicio por la custodia de Shinachiku que seguramente se celebraría.

Sasuke le había dicho que el abogado que había contratado Sakura, Madara Uchiha, un pariente paterno del azabache, era un tiburón cuando estaba ante un juez. Era malditamente bueno en su trabajo y no solía dejar títere con cabeza. Golpeaba allí dónde más dolía, retorcía la verdad hasta hacerla suya, hasta que solo su versión fuese la más creíble y aceptable, y tergiversaba los hechos a su conveniencia.

Y lo hacía demasiado bien, al parecer.

―¿Naruto?―Pestañeó, saliendo de su ensoñación.

Vio que Gaara lo estaba mirando, preocupado. Intentó sonreír aunque sin conseguirlo del todo.

―Perdona. ¿Qué decías?―Gaara suspiró.

―Decía que el ayuntamiento quiere que repasemos una vez más las estipulaciones para los nuevos edificios del norte y que nos aseguremos así de que cumplen con la normativa establecida. La señora Nanami nos ha pedido si nos podíamos pasar esta semana por su casa de Okinawa, para comprobar que los obreros lo estén haciendo todo según lo previsto y a su gusto. Y la señorita Kaname no para de cambiar de idea con respecto a la reforma que nos solicitó y el pobre Konohamaru ya no sabe qué hacer para contentarla. Es más: la señorita Kaname ha pedido que la próxima vez vayas tú a hablar con ella. Creo que le gustas. ―Naruto gruñó, frotándose las sienes.

―Y también tengo que terminar el proyecto para la Asociación de Museos, preparar la próxima feria de empleo, la conferencia en la universidad… ―musitó, haciendo un repaso mental de todo lo que tenía pendiente.

―Puedo-

―No―lo cortó Naruto―. Tú ya has hecho más que suficiente, llevas varias semanas encargándote de lo mío y lo tuyo y no puede ser. Temari me matará como acabes en el hospital por agotamiento. ―Gaara esbozó una pequeña sonrisa―. Además, necesito tener la mente ocupada en algo, distraerme de todo lo malo… ―Gaara asintió.

―Entiendo. Entonces, ¿eso significa que ya puedo dejar de revisar tu agenda? Te aseguro que nada me haría más feliz. ¿Cómo haces para tratar con la gente? Es horrible. ―Naruto sonrió, relajándose un tanto; Gaara era conocido precisamente por no ser muy ducho en el arte de hacer amigos. No sabía comportarse muy bien en situaciones sociales dónde debía primar la cordialidad, el pelirrojo era más bien serio y seco, no le gustaba dar vueltas a las cosas y solía ser directo. En muchas cosas, le recordaba a Sasuke, por eso, tal vez, ambos se llevaban bien. Había sido así desde que Naruto los presentara hacía ya casi once años.

―Manos a la obra, pues. Me pasaré primero por los edificios del norte para ver que todo esté en orden y repasaré una vez más todo con el aparejador y el capataz. Me llevaré a Konohamaru conmigo.

―Bien. Yo adelantaré todo lo que pueda del proyecto que nos solicitó Itachi Uchiha, la de la ampliación de la planta de fabricación de su empresa. Creo que lo quiere para finales de mes, como muy tarde.

―Itachi no es tan inflexible como su padre. No te fuerces si ves que no avanzas o que no se puede hacer todo lo que el viejo Uchiha quiere, háblalo con él. Itachi mismo se encargará de hacer entrar en razón a su padre. ―Gaara cabeceó.

―Bien. Es un alivio que me lo hayas dicho. Porque ya me he topado con un par de obstáculos en el diseño respecto a las especificaciones que requieren… ―Naruto sonrió, mientras se abrochaba el abrigo.

―Te dejo al mando aquí, entonces. ¡Konahamaru, levanta el culo de esa silla! ¡Te vienes conmigo!―Ante el grito de su jefe, el delgado castaño pegó un brinco en su silla y se apresuró a recoger la agenda, la tablet, el abrigo, el móvil y a seguir al rubio hacia los ascensores casi a la carrera.

―¡Ya voy, jefe!―Gaara sonrió mientras veía a senpai y kouhai desaparecer tras la puerta de uno de los ascensores.

Luego suspiró, dirigiéndose a su propio despacho y recogiendo los recados que le habían dejado con su secretaria en su breve ausencia.


―Como suponíamos, han denegado nuestra… petición cordial y amistosa. ―Sakura se removió, incómoda, ante la sonrisa de pura y malvada satisfacción que tenía Madara Uchiha pintada en su níveo rostro―. No sé porqué se empeñó en intentarlo por las buenas, señorita Haruno, usted misma me ha dicho en repetidas ocasiones que el padre de su… hijo, no se dejaría convencer tan fácilmente. ―Sakura tragó saliva.

―Quería… quería tender una mano, ver que yo tampoco deseo nada de esto…

―Un juicio suele ser la mejor solución en situaciones como esta, se lo digo por propia experiencia. Los padres nunca logran ponerse de acuerdo porque, cuando se llega a una petición de custodia, los niños suelen ser o bien una moneda de cambio o bien una forma de vengarse de la otra parte. ―La crudeza de sus palabras hizo que a Sakura le entraran náuseas. Tuvo que apretarse el estómago como conteniéndose de vomitar allí mismo.

Y precisamente esas palabras le sentaron tan mal porque, por desgracia, encerraban en ellas la triste y dura realidad.

―Yo… yo n-no quiero usar a Shinachiku para nada de eso. ¡Es un niño y es mi hijo, por Dios!―Madara se limitó a ampliar su asquerosa sonrisa. La indignación y el enfado de Sakura parecían divertirlo más que molestarlo.

―Me importa un bledo lo que quiera hacer con el niño una vez lo tenga en su poder, señorita Haruno. Yo me limito a ganar casos siempre y cuando se me pague lo que pido. Lo que haga o deje de hacer después, es cosa suya. ―Sakura enmudeció, desviando la vista a la pared que tenía al lado. Intentó concentrarse en alguno de los cuadros que teñían las paredes, la mayoría grabados y dibujos del mismo Madara.

Aquellos retratos, adivinó, debían de ser de juicios en los que él había ejercido como abogado. El artista debía de ser realmente bueno, porque había conseguido captar a la perfección los gestos y las muecas del que era su representante legal… al menos por el momento. Aún rogaba porque le saliera algo mejor. No le agradaba Madara Uchiha.

Para nada.


―¿Estáis seguros de querer hacer esto?―preguntó Kushina, arreglándole la corbata a su hijo. Naruto se apartó de su madre en cuanto esta terminó y asintió, decidido.

―No voy a dejar que me lo quite, mamá, que nos lo quite―dijo, refiriéndose a Hinata, quién estaba recibiendo ánimos de su propia familia. Kushina asintió.

―Eso lo sé, solo quería asegurarme de que… de que estás haciendo lo que crees mejor.

―No nos ha dejado otra opción.

―Naruto. ―La voz de Shikamaru lo hizo girarse―. Ya nos llaman. ―Respirando hondo, el rubio caminó hacia la puerta, dónde se encontró con Hinata. Shinachiku iba de la mano de Minato y de Hiashi. Boruto y Himawari habían quedado al cuidado de Hanabi, quién había rehusado venir porque, si veía a Sakura, "no podré contenerme y me lanzaré a arrancarle todo ese pelo rosa que seguro no es natural". Palabras textuales de su cuñada.

Habían pasado dos semanas después de que los papeles con la petición de custodia compartida fuese denegada por parte de Naruto y de Hinata. El matrimonio Uzumaki no quería ni oír hablar de dejar a Shinachiku tener ningún tipo de relación con Sakura, no de momento, al menos. El día de mañana, en cuánto fuese un poco mayor, y si realmente él quisiera saber sobre su madre biológica, entonces no tendrían más remedio que dejarle, porque al fin y al cabo ya sería suya la decisión, no de ellos. Pero mientras fuese un niño indefenso era su deber, como sus padres, protegerlo de todo mal que hubiese en el mundo. Y Sakura era parte de ese mal.

Cogidos de la mano, Naruto y Hinata anduvieron hasta una de las dos mesas que había delante del estrado dónde se sentaba el juez. Sasuke ya los esperaba allí, de pie ante una de las sillas, con varios papeles ante él. Shikamaru y él cruzaron miradas antes de ponerse cada uno al lado de la pareja, flanqueándolos.

Por el rabillo del ojo, Naruto vio a sus padres y a su suegro sentarse en la segunda fila, con Shinachiku entre Kushina y Hiashi. Se le aflojó un tanto el nudo que tenía en el estómago al ver a su pequeño sonreír ante todos los mimos que estaba recibiendo de sus tres abuelos. Sintió la pequeña y cálida mano de Hinata apretar la suya y le devolvió el agarre, volviéndose para sonreírle.

―Todo irá bien, Hinata-chan―le susurró. Hinata le sonrió a su vez, nerviosa.

―L-lo sé. ―Su tartamudeo le hizo fruncir el ceño. Hacía años que no la oía balbucear. Aquello era señal de que estaba muy nerviosa, y asustada. Pero no tenía nada que temer. Él estaba allí, él podía ser valiente por los dos, si hiciese falta.

―Oh, Dios mío… ―aquel susurro estrangulado que sonó como un grito en medio de la silenciosa sala hizo a todos los presentes girarse en dirección a la entrada de la sala.

Se le secó la boca al ver no solo a Sakura y al desgraciado de su abogado, sino también a otros dos adultos, a un hombre y a una mujer, ambos casi de la misma edad que sus propios padres, si cabe un poco más mayores. La mujer era rubia con algunos mechones más oscuros que otros, señal de que, seguramente, llevaba las canas teñidas. El hombre, sin embargo, tenía el cabello de un peculiar tono rosado, aunque salpicado de gris en algunas zonas y con alguna que otra calva incipiente.

Naruto los reconoció al instante, al igual que los demás: Mebuki y Kizashi Haruno. Los padres de Sakura.

Clavó la mirada en la que fuera su novia en la adolescencia, casi traspasándola por causa de la intensidad con que lo hacía. La muy desgraciada… ¡¿cómo se atrevía?! La vio rehuir sus ojos y tensó la mandíbula.

―Naruto-kun… ―Pudo percibir el miedo en la voz de Hinata; Shinachiku se había quedado mirando para los recién llegados, con la curiosidad infantil reflejándose en su redonda y sonrosada carita. Sus ojos verdes pasaban de uno a otro.

―Abu―llamó, tirando de la falda del vestido de su abuela―. Ese señor tiene el pelo rosa…

―No mires, Shina-chan, que es de mala educación. Y tampoco señales. ―Tanto los ojos verdes de Mebuki como los castaños de Kizashi estaban cristalinos, con lágrimas no derramadas. Mebuki no pudo evitar sollozar y tuvo que llevarse una mano a la boca, tapándosela y haciendo fuerza para que su cuerpo no se sacudiera al mismo ritmo que la pena que la asolaba empujaba hacia fuera, queriendo manifestarse.

―Ese… él es…

―Mamá… papá… ―Sakura los tomó a cada uno de un brazo, clavándoles las uñas y empujándolos, para que se movieran. Se habían convertido en el centro de atención y todo el mundo los estaba mirando, observándolos, escrutándolos, analizándolos, juzgándolos, culpándolos.

Sakura tuvo que respirar hondo para intentar calmarse. Sentía enfado. Sus padres no tenían la culpa de nada de lo que había ocurrido. Ellos ni siquiera sabían de la existencia de Shinachiku, no hasta hace un par de meses, al menos. Recordar aquella noche en la que se tuvo que armar de valor para al fin contarles todo a sus progenitores para sincerarse al cien por cien con ellos hizo que a Sakura le dieran ganas de echarse a llorar a ella también.

Había habido gritos, reproches… de todo. Pero Sakura en ningún momento los había culpado ni se había enfadado con ellos. Sabía que se lo tenía bien merecido. Su desprecio, su desconfianza, todo se lo merecía. Por eso es que les estaba tan agradecida porque, a pesar de todo, ni Mebuki ni Kizashi, como sus padres que eran, la habían odiado o expulsado de su vida.

Habían tardado en comprender, pero al fin lo habían hecho, quizá resignados, quizá entendiendo que, en parte, había sido culpa de ellos lo que había ocurrido con su nieto hasta ahora desconocido. Pero sobre todo, pensó Sakura, porque no querían perderse la oportunidad de conocer al niño, y ahí, la única manera, era peleando junto a su hija, como una familia.

―Qué conmovedor, todos reunidos en amor y compañía. ―Madara Uchiha hizo su entrada lo más dramática y teatralmente que pudo. Sasuke se lo quedó mirando fijamente mientras su tío andaba con paso firme y seguro hasta la mesa que había al otro extremo de dónde estaban ellos―. Vaya, pequeño Sasuke, cuánto tiempo. ¿Debería decir que me alegro de verte?―Sasuke no contestó, ni siquiera se inmutó. Madara soltó una risotada mientras ponía su maletín encima de la mesa y lo abría, empezando a sacar papeles.

Con el corazón latiéndole a toda prisa, Sakura consiguió dejar a sus padres sentados en un banco de la primera fila, justo detrás de dónde iba a estar ella. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no echar a correr como loca hacia Shinachiku, para no estrecharlo con fuerza contra su pecho, para no besar y acariciar sus cabellos dorados al tiempo que los empapaba con sus abundantes lágrimas.

―Compostura, señorita Haruno. Recuerde: no se muestre débil, o ellos―Madara señaló a los dos abogados que representaban al matrimonio Uzumaki―se la comerán viva. ―Sakura tragó saliva y asintió, volviendo la vista al rente.

Había escogido para ponerse ese día un pantalón de punto y una blusa sencilla junto con un jersey de entretiempo. Era un atuendo simple pero que le sentaba muy bien. Daba la imagen de una madre normal y corriente, de una mujer como cualquier otra, sin más pretensión que la de querer y cuidar a su hijo.

Por su parte, se fijó en que Naruto se había vestido con un traje azul marino a juego con sus ojos, mientras que Hinata llevaba un sencillo vestido azul pálido de manga corta. No llevaba más joyas que su anillo de casada y unos pendientes de perlas en las orejas. No pudo evitar que sus ojos se fueran a la misma alianza que adornaba el dedo anular de la mano izquierda de Naruto.

¿Y si ella se hubiese quedado? ¿Tal vez sería la señora Uzumaki en lugar de Hinata? ¿Habría aceptado casarse con Naruto? ¿Se lo habría pedido él? ¿Habrían tenido más hijos aparte de Shinachiku?

Aquellas preguntas no habían parado de torturarla desde que había vuelto a Konoha. Era como un castigo que se había autoimpuesto a sí misma. Soñar con la vida que podría haber tenido al lado de un niño y un esposo maravillosos. Estaba segura de que junto a Naruto jamás se habría sentido sola, jamás habría tenido que superar los malos tragos por su cuenta y riesgo. Él la habría apoyado, la habría sostenido, la habría… amado.

Sacudió la cabeza ante el rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Era peligroso que empezara a pensar de aquella forma. Ella solo quería tener la oportunidad de conocer y de establecer una relación madre-hijo con Shinachiku, con su pequeño. Nada más que eso.

No había ido allí a romper matrimonios ni a deshacer familias. Bastante tenía ya con lo que tenía como para complicar aún más las cosas.

―En pie. ―La voz de uno de los guarda jurados los hizo a todos erguirse y mirar hacia las puertas que había en la pared del fondo, por dónde entró una mujer de mediana edad de aspecto severo. Madara frunció el ceño imperceptiblemente.

Tras presentarse, la magistrada tomó asiento y dio comienzo a la vista. Se puso unas gafas de montura metálica y leyó el expediente que alguien había dejado encima de su mesa.

―Caso número 1877453. Haruno contra Uzumaki en relación a una solicitud de custodia compartida… ―La jueza tuvo el tacto de no seguir leyendo. Miró a la pequeña concurrencia. La puerta de entrada se abrió en ese momento y ella torció los labios, pero deshizo la mueca al ver que se trataba del dibujante. Con una disculpa, el hombre se sentó en uno de los bancos del medio y sacó sus materiales de dibujo.

Era Sai, quién le sonrió a Hinata cuando ella se atrevió a girarse unos segundos para verlo. Su amigo de la universidad había solicitado estar allí precisamente ese día para darle ánimos con su presencia, y Hinata se sintió un poquitín mejor tras verlo. No estaba sola, se dijo, Naruto y ella no estaban solos. Tenían un montón de gente a su alrededor que los apoyaba.

―Señorita Haruno―empezó la jueza, dirigiéndose directamente a Sakura.

―¿Sí, su señoría?

―He tenido el… placer, por así decirlo, de leer su petición y todo su caso, de cabo a rabo. No solo su parte, sino también la de los señores Uzumaki, de parte de sus abogados, obviamente… ―Sakura tragó saliva y sintió la ansiedad disparársele. Se clavó las uñas en las palmas e inspiró lentamente, haciendo ejercicios de respiración. No podía tomar una de sus pastillas en ese momento, no en ese momento―… y debo decir que es algo… peculiar, por no decir inusual. Mi pregunta es, ¿por qué ahora? Después de… tanto tiempo. ―Sakura volvió a tragar saliva, buscando las palabras adecuadas en su mente para responder.

―Señoría, yo… sé que no… no tengo excusa… para lo que hice, sé que quizá… quizá no tenga… es decir… quizá sea demasiado atrevido de mi parte llegar ahora a… a esto, pero me di cuenta de que los últimos diez años, aunque no se puedan borrar, han sido un error. Debí… debí estar aquí y no… no hacer lo que hice. Tan solo puedo decir en mi defensa que me arrepiento y que estoy… estoy tratando de hacer las cosas bien…

―Si me permite, señoría―interrumpió Madara a su clienta; la jueza asintió, dándole su permiso para hablar―, mi clienta, la señorita Haruno, no pide nada extraordinario ni fuera de lo común, tan solo quiere que le dejen ejercer su derecho legal, legítimo, a ver a su hijo. El derecho que a cualquier madre se le concede por naturaleza una vez da a luz. ―Naruto resopló, al escuchar aquellas palabras.

―¿Tiene algo qué decir, señor Uzumaki?―dijo la jueza. Naruto respiró hondo y miró a la magistrada.

―Lo tengo, señoría.

―Adelante. ―Naruto miró brevemente para Sakura y la dureza de su mirada la hizo encogerse. Era como si algún ente maligno se hubiese apropiado del cuerpo de su antiguo mejor amigo, porque, hasta ese momento, ella creía incapaz a Naruto de sentir odio o aversión hacia nadie.

―Esa… mujer―escupió, como si le costase un mundo decir esa palabra referida a ella; Sakura sintió a sus padres tensarse tras ella―no tiene ningún derecho sobre nada. Se fue, abandonó a su bebé… a nuestro hijo, y solo Dios sabe lo que habría sido de mi pequeño si yo no hubiese estado ahí para él. Mi esposa y yo―tomó de la mano a Hinata y la elevó un poco, como para que no quedase inequívoco del vínculo que compartían la luz incidió sobre sus alianzas, haciéndolas destellar―hemos sido los padres de Shinachiku. Durante estos diez años, a nuestro hijo no le ha faltado de nada, ni ropa, ni comida, ni un techo ni, lo más importante: cariño, especialmente maternal. ―Cada palabra fue como un bofetón para Sakura.

―Si nosotros hubiésemos sabido… ―habló Mebuki, con los ojos llenos de lágrimas, mirando para Shinachiku, quién ahora observaba todo con confusión. ¿Por qué hablaban de él? ¿Quién era toda esa gente? ¿Por qué parecía como si su padre y su madre se estuvieran defendiendo de algo?

―Pero no lo sabían―dijo Naruto, sin dejar traslucir la más mínima emoción en dicha frase.

―Naruto, de verdad, nosotros… él es-

―Termina esa frase, Kizashi, y te arranco la cabeza'ttebane―espetó Kushina, dejando a Shinachiku en brazos de Hiashi y levantándose de su asiento. Su marido se levantó también, sujetándola por los brazos. La melena pelirroja de la Uzumaki estaba levantada, como erizada, de una forma muy peculiar que ocurría solo cuando Kushina estaba realmente furiosa por algo.

―¡Orden, orden en la sala!

―Kushina… ―Con un bufido, Kusihna se sentó nuevamente y atrajo de nuevo a Shinachiku hacia su regazo. El niño se acurrucó contra su abuela mientras apretaba la mano de su abuelo Hiashi con la suya. Su abuelo Minato le sonrió tranquilizadoramente desde el otro lado y él le devolvió el gesto, relajándose.

No sabía lo que estaba pasando, pero estaba segura de que su papá lo arreglaría. Porque su papá era realmente bueno arreglando cosas y construyéndolas, también.

―No vuelvan a hablar sin permiso, o los expulso a todos de la sala. ―Todos los presentes asintieron―. Bien, así me gusta. Ahora, volviendo al asunto que nos ocupa… ¿Tienen algo que decir o que aportar los abogados, algo nuevo?

―Señoría, me gustaría recalcar un par de puntos, si se me permite. ―La magistrada suspiró.

―Adelante, letrado. ―Madara sacó un par de papeles de su maletín y se aproximó al estrado, dejándolo frente a la jueza.

―Me gustaría recordar que aquí no hay trampa ni cartón. Mi clienta es la madre… de ese niño―añadió tras una pausa―, ahí está la prueba que lo corrobora. Y, por otro lado, quería recordar que los señores Uzumaki, durante los últimos diez años, han incurrido en un delito casi de… apropiación indebida. ―La jueza alzó las cejas, Hinata jadeó, Naruto se puso rojo a causa de la ira que sentía, Sasuke se limitó a clavar una mirada fría como el hielo tanto en Sakura como en su pariente y Shikamaru pasó la mirada por todos y cada uno, pensando, analizando, buscando una estrategia favorable a su causa.

―¿Q-qué?―musitó Hinata, en un hilo de voz.

―¡¿Cómo se atre-

―¡Naruto!―La advertencia de Shikamaru hizo al rubio morderse la lengua. Se dejó caer sobre su silla, haciéndola chirriar. Atrajo a Hinata hacia sí y la abrazó con un brazo, mientras besaba su cabeza y hundía el rostro en su pelo. Hinata se aferró a su camisa, dejando escapar un par de lágrimas silenciosas.

Detrás, Shinachiku sintió la angustia retorcerle el estómago. Quiso levantarse y correr junto a sus padres, quiso darles un beso y consolarlos, de la misma manera en que ellos lo hacían con él cuando tenía una pesadilla o se entristecía o se enfadaba por algo.

Su mamá estaba llorando y a él no le gustaba que su mamá llorara. Su mamá era buena, cariñosa y siempre sonreía. Era la mejor mamá del mundo y no era justo que nadie la pusiese triste, su mamá merecía estar siempre contenta.

―Mamá…

―Mamá está bien, Shinachiku―le dijo Hiashi, serio, acariciando el pelo del pequeño. Shinachiku lo miró con suspicacia.

―¿Y por qué llora, entonces?

―Porque… porque está malita―improvisó el adulto―. Le duele el pecho y por eso llora.

―Oh. ―Shinachiku pareció aliviado al oír aquello. Eso tenía sentido. Él también lloraba cuando se daba un golpe o se caía y le dolía mucho la herida.

Ajeno a todo lo que ocurría entre el reducido público, Madara seguía hablando:

―El pequeño ha estado los últimos diez años viviendo una mentira, creyendo que una impostora es su madre, cuando la realidad es otra. Su madre, su señoría, es mi clienta, aquella mujer de allí―se dio la vuelta brevemente para señalar hacia Sakura―, no la señora Uzumaki…

―¡Eso no- ―Nuevamente, Naruto fue acallado por Shikamaru, que le pellizcó un brazo. El Uzumaki fulminó a su amigo y abogado con la mirada pero apretó los dientes. Aquello estaba siendo un infierno.

Un puto y jodido infierno.

―… Y por ello solicitamos, se señoría, que usted, en el marco de la legalidad, haga justicia para que así una madre pueda reencontrarse con su hijo y poder ejercer sus derechos fundamentales como tal.

―Será cabrón―murmuró Naruto.

―Coincido―murmuró Sasuke en respuesta. Shikamaru suspiró y meneó la cabeza. Cruzó una mirada con Sasuke y ambos pelinegros asintieron.

Ahora era su turno. Y se asegurarían de no dejar que la jueza se dejara manipular por las retorcidas palabras de Madara.

―Señoría―habló Sasuke, en tono firme, llamando su atención. La magistrada se volvió a mirarlo.

―¿Sí, señor Uchiha?

―Nadie aquí niega la veracidad de que la señorita Haruno sea la madre del niño, eso ya ha quedado patente que es así con la prueba de ADN que tiene usted en sus manos. ―La jueza asintió―. Pero lo que sí negamos es que la señorita Haruno tenga derecho alguno a ejercer ese rol para con el pequeño. Una madre es mucho más que una mujer que comparte material genético con un bebé, es mucho más que una mujer que gesta un niño y simplemente lo da a luz luego. Una madre es alguien que cuida, que vela, que protege, que educa… que ama. ―Aquella última palabra hizo a Sakura cerrar los ojos, sintiendo una daga enterrarse en su corazón de forma lenta y dolorosa―. Y la señorita Haruno, si es que no estoy equivocado, no ha hecho ninguna de esas cosas durante los últimos diez años. Aquí tengo una declaración firmada de varias enfermeras del hospital en los que la señorita Haruno dio a luz… ―Sasuke le pasó unos papeles a Shikamaru, quién se apresuró a llevárselos a la jueza―… en la que todas aseguran que la señorita Haruno renunció a su hijo. Pidió el alta voluntaria, desapareció del centro y nunca más volvió. Tan solo mi cliente, el señor Uzumaki, y sus padres, el señor Namikaze y la señora Uzumaki, eran los que iba a visitar al niño hasta que lo dieron de alta, tras el tiempo estipulado de tres días tras el nacimiento…

―Además, señoría―dijo ahora Shikamaru, sacando otro papel―, aquí le presento la declaración del pediatra del niño, en la que consta que el pequeño ha ido siempre acompañado a las revisiones bien por su padre, el señor Uzumaki, bien por su esposa, a la que el infante considera su madre, la señora Uzumaki, Hyūga de soltera.

―Por todo ello, su señoría, nuestra petición es que se le deniegue la custodia compartida a la señorita Haruno y se le retire la patria potestad del niño, dado que no ha ejercido su papel de madre durante los últimos diez años y no vemos la necesidad de que empiece ahora, cuando el pequeño ya tiene una familia, un entorno seguro en el que vivir y desarrollarse como persona.

―¡NO!―no pudo evitar chillar Sakura―. ¡No, no podéis! ¡Naruto, por favor, te lo pido!―rogó, levantándose, con sus ojos jades llenos de lágrimas―. ¡Te lo ruego!

―¡Orden, orden y silencio! ¡Letrado, controle a su clienta!―Con gesto crispado, Madara tomó a Sakura del brazo y la obligó a sentarse en su silla. La jueza suspiró―. Bien, he oído las peticiones y argumentos de ambas partes, así que creo que tengo mucho en lo que pensar y que revisar. Así que la concluiremos aquí esta vista previa y continuaremos la semana que viene, el miércoles a esta misma hora. Procuren ser puntuales. Se levanta la sesión.

Uno a uno, todos se levantaron, se inclinaron para despedir a la jueza y, una vez esta salió de la sala, empezaron a moverse ellos también, hacia la salida.

Naruto y Hinata en ningún momento miraron para Sakura, ni se detuvieron siquiera a charlar fuera o intercambiar impresiones con sus familiares y amigos.

Tan solo cogieron a Shinachiku y se apresuraron a irse de allí cuanto antes.

Sakura los vio marcharse a los tres juntos. Shinachiku iba en el medio de los dos adultos, riendo, cogido de sus manos. En un momento dado, mientras llegaban a los ascensores. Shinachiku dijo algo y, riendo, el rubio y la peliazul lo levantaron, haciendo uso de todas sus fuerzas. Shinachiku dio un grito de alegría y se balanceó unos segundos en el aire, antes de que sus pies cayeran nuevamente al suelo.

Sakura no pudo evitar llorar al ver aquello, y tuvo que esconder el rostro entre sus manos para que nadie viera lo patética que parecía en esos momentos.

La culpa la perseguiría por el resto de su vida.

Por mucho arrepentimiento que mostrase, nunca sería suficiente.

Nunca.

Fin Capítulo 17


Lo sé, sé que todos querréis matarme ahora mismo... Creedme, yo misma volví a sentir escalofríos a medida que iba leyendo del capítulo nuevamente para editarlo y subirlo xD.

Esto era necesario. En algún momento teníamos que llegar a esto y... henos aquí. Por cierto... no tengo ni pajolera idea de cómo son los juicios, ni en mi país ni en ningún otro. Nunca he tenido que pasar por un juzgado (gracias al cielo...) y aunque alguien cercano a mí sí trabajó durante muchos años en los mismos como funcionario y tengo una cuñada abogada, un concuñado procurador y la madre de una compañera de mi hijo mayor es fiscal no tengo la suficiente confianza con ellos como para pedirles que me describan cómo se desarrolla un juicio, más que nada porque tendría que dar explicaciones del por qué lo quiero saber y no me apetece.

Fanfiction es una parte de mi vida muy privada que me reservo para mí. Tan solo mi novio sabe que escribo y publico cosas, pero no se mete en ello (ni siquiera lee lo que subo porque a)no tiene tiempo y b)le da un poco igual en lo que gaste mi tiempo libre mientras no sea en cosas ilegales o perjudiciales para mi salud o la de los niños xD).

As que: pido disculpas si me lee algún abogado(a)/procurador(a)/fiscal/juez(a)/taquígrafo(a)/funcionario(a) de justicia. Sobre todo, me he basado en los juicios que muchas veces aparecen en las series o películas estadounidenses. Soy consciente, por ejemplo, de que en España, Inglaterra y Francia, los abogados, jueces, fiscales y procuradores llevan toga (y en algunos países incluso peluca) durante los juicios.

Que en España los abogados, fiscales y jueces no se levantan de la mesa para hacer los alegatos o las preguntas a los testigos y que estos no suben a un estrado, sino que les ponen una mísera silla en medio de la sala con un micrófono delante y ya (así de cutres somos, sí; hasta para aplicar las leyes).

Ah, y que no tenemos jurados populares (ahora estamos empezando... pero tan solo en ciertos casos), todo depende de la decisión del juez de turno (y, por desgracia, de lo que este piense u opine o de la ideología que tenga. Muchas veces se pasan la ley por donde yo me sé y hacen lo que les da la realísima gana, en la medida de que la Constitución y el derecho se lo permitan).

No estoy diciendo que todos los jueces sean así, en donde yo vivo tenemos a un par que son muy buenos en lo que hacen y que además no permiten gilipolleces en sus juicios o que sí tienen en cuenta lo que las partes tienen que decir.

En fin, eso, que me gusta que sepáis de donde saco las ideas para mis historias. De la vida real, pura y dura xD.

(Y perdonad por lo largo de la nota, siempre acabo yéndome por las ramas u.u).

Después de este testamento sin sentido... ¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Marys, a Paz, a Palo y a Lila! ¡Gracias mil por vuestros preciosos comentarios! ¡No sabéis lo feliz que me hacen, de verdad! ¡Muchísimas gracias!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.