¡YAHOI! Bueno, y llegamos al último día especial de las navidades. Sé que las festividades como tal se acabaron el día 6 de enero, hace dos días, pero para mí terminan hoy, básicamente porque en mi casa tenemos una última cosa que celebrar: el cumpleaños de una personita muy especial para mí.
Y, tal y como os había prometido, he aquí el capítulo de hoy. Disfrutad porque el siguiente ya no será hasta la semana que viene xD.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Capítulo 21
Shikamaru entró ese día en su despacho más cansado y taciturno que de costumbre. Tenía los hombros hundidos y unas bolsas oscuras bajo los ojos. Cuando su secretaria lo vio se lo quedó mirando, estupefacta, porque era la primera vez que veía a su jefe tan derrotado y demacrado, como si acabase de sufrir una amarga y dolorosa derrota. Sacudió la cabeza y se puso en pie, agenda en mano.
―Buenos días, señor Nara. ―Shikamaru se detuvo y giró lentamente la cabeza hacia ella, como si hubiese tenido que hacer el esfuerzo previo de pensar el movimiento antes de hacerlo.
―Buenos días… para algunos―murmuró, dando un largo suspiro.
La secretaria parpadeó pero enseguida adoptó un aire profesional, intentando disolver así parte de la cargada atmósfera que el abogado parecía traer consigo.
―Tiene una reunión con la señora Kumamoto a las nueve, el procurador vendrá a las diez, un representante del bufete del caso Nomura vendrá a las diez y media… ―Shikamaru se pasó una mano por el pelo y la secretaria calló, viendo que su superior no parecía tener muchas ganas de conocer el día que tenía por delante.
―Solo… tráeme una taza de café bien cargado y algo para comer, un cruasán, un bocadillo, me da igual, algo, lo que sea. ―La mujer asintió, dejando la agenda sobre su mesa y rodeándola para ir a cumplir su cometido.
―Enseguida, señor. ―Shikamaru asintió distraídamente y entró en su despacho, cerrando la puerta tras él.
Caminó hasta su mesa y se dejó caer sobre la silla, pesadamente. No había acertado ni a encender el ordenador cuando la puerta de la oficina volvió a abrirse de nuevo, con violencia. Levantó la vista de la pantalla todavía oscura, sorprendido por la repentina entrada del que fuese.
―¿Qué… ―Sus ojos se abrieron al ver a Sasuke allí, blandiendo ante él un fajo enorme de papeles embutido en una carpeta. Tenía una expresión triunfante y una enorme sonrisa de oreja a oreja iluminaba su pálido rostro.
Teniendo en cuenta que Sasuke era de los que creían que sonreír mucho y tan abiertamente podía provocarte alguna clase de lesión interna irreversible, aquello lo hizo sentirse intrigado. Se echó hacia delante en su silla, con las manos apoyadas sobre su escritorio, mirándolo ahora con curiosidad.
―¿Qué haces aquí?―preguntó, sin poder disimular la sorpresa en su voz―. Creí que la realeza no se dignaba a ir a las humildes moradas de otros. ―Sasuke gruñó pero luego sacudió la cabeza.
Anduvo hasta estar delante de la mesa de su amigo y dejó caer la carpeta llena de papeles sobre la misma. Shikamaru miró para ella, luego a su amigo y colega y luego de nuevo a la carpeta.
―¿Quieres que lo adivine? ¿Acaso me vas a dar un premio cuando acierte o-
―No seas capullo. ―Sasuke se sentó en una de las sillas que había para los clientes e invitados que iban al despacho, sin esperar a que Shikamaru se lo indicase. El Nara se limitó a suspirar, cuando vio una de las manos pálidas de Sasuke abrir la carpeta y señalar la parte superior del primer documento que albergaba la dichosa carpetita―. Lee. ―Con ojos entornados, Shikamaru leyó lo que le indicaba. Era un nombre, al parecer, un nombre propio, de persona, femenino. Pasó los ojos por las letras, distraído.
Pero a medida que las letras formaban sílabas y estas palabras, a medida que dicha información fue llegando a su cerebro, Shikamaru espabiló de repente. Alargó las manos y se hizo con el montón de papeles, arrastrándolo hacia sí y comenzando a leer rápida y ávidamente, devorando la información en cuestión de segundos.
Sasuke se reclinó en su sitio, viendo las distintas emociones que hacían a su amigo arrugar su frente y que la sorpresa, la incredulidad, así como la esperanza, se traslucieran en su expresión.
Shikamaru ni siquiera se inmutó cuando la secretaria regresó con su pedido de desayuno. Le preguntó a Sasuke si quería algo y este le pidió por favor que le llevara otro café negro sin azúcar y un sándwich vegetal con mucho tomate.
―Shiho―llamó Shikamaru, sin apartar la vista de los papeles que estaba leyendo―, mejor trae un termo entero, y otro con leche. Mejor, prepara una bandeja para mí y para el señor Uchiha, cancela todas mis citas de hoy y baja a la panadería y sube un buen surtido de cosas para comer. ―La secretaria pareció aturdida por sus instrucciones.
―¿Ha dicho… todas, señor?
―Todas.
―¿Absolutamente todas?―Shikamaru bufó, exasperado, clavando la vista en su secretaria.
―Sí, Shiho, absolutamente todas. Seguro que sabrás disculparte en mi nombre y encontrar excusas plausibles. Eres una chica lista. ―El halago la hizo sonrojarse ligeramente.
―Claro, señor. Enseguida vuelvo. ―Cuando la secretaria salió por la puerta, recta como una tabla y dispuesta a cumplir con su encargo, Sasuke se quedó mirando para Shikamaru, con una ceja alzada.
―Es una buena chica, pero algo atolondrada en ocasiones. Aunque trabaja bien. ―Sasuke se encogió de hombros. Shikamaru terminó de leer los documentos que le había puesto delante Sasuke y levantó la vista, quedándose mirando fijamente para el Uchiha―. Esto… ¿de dónde-
―Es una copia, no el original. Y no puedo decírtelo. Lo siento. Lo prometí. ―Shiakamaru asintió; no insistió más, pero la curiosidad todavía brillaba en sus ojos negros cuando volvió a mirar a Sasuke, tras varios segundos de silencio en los que ambos parecían estar reflexionando sobre aquella nueva información.
―Es… increíble, un milagro, lo que estábamos esperando. ―Sasuke asintió―. Demasiado bueno para ser verdad. ―Sauske volvió a asentir.
―Pero es cierto, todo. Te lo aseguro. ―Shikamaru asintió.
―Te creo, pero aun así, ¿cómo…
―Eso es lo que tenemos que pensar, por eso has cancelado tus citas de hoy, ¿no? Y yo también he cancelado las mías. Sabía que íbamos a tener que hablar sobre esto. ―Shikamaru asintió.
―¿Se lo has dicho a Naruto y a Hinata?―Sasuke puso expresión seria, negando con la cabeza.
―Todavía no. No quiero darles falsas esperanzas, no al menos hasta que tengamos todo bien diseñado y atado. Tú lo entiendes. ―Shikamaru cabeceó.
―Me parece lo más sensato. Y ahora… ¿dónde está esa chica? ¡Ni que la hubiese mandado a China! ¡Shiho!―Sasuke sonrió al ver a su amigo pulsar un botoncito de su teléfono, mientras gritaba el nombre de su secretaria.
La nerviosa voz femenina le contestó en tono agudo, asegurándole a su jefe que enseguida estaría allí con lo que le había pedido.
Sasuke sentía, por primera vez en semanas, que las cosas podían salir realmente bien para ellos.
Pero más que bien.
―Sí, sí… d-de acuerdo… sí… allí estaré, yo… sí, vale. Lo entiendo, sí… ―Kizashi y Mebuki Haruno observaban nerviosos a su hija pasearse al tiempo que hablaba por el teléfono móvil, sentados en el sofá del piso que habían alquilado para su estancia en Konoha.
Habían tenido suerte y habían encontrado uno relativamente rápido y, además, sin mucho sobreprecio, algo inaudito para tratarse de una propiedad en alquiler.
Al fin, Sakura colgó la llamada, dejando salir un profundo suspiro. Mebuki y Kizashi se miraron entre ellos un momento antes de devolver la mirada de preocupación a su única hija.
―¿Sakura? ¿Ha pasado algo?―Sakura tragó saliva y se volvió a mirar a sus padres, lentamente, apretando el móvil con fuerza entre sus dedos, evidenciando así la tensión que la recorría.
―Al… al parecer, han movido ficha, por decirlo de alguna manera… Han solicitado… una orden judicial… para… para ver mi expediente médico. ―Sus padres parpadearon, pareciendo desconcertados por sus palabras. Sakura tuvo que respirar hondo, recordándose que sus progenitores no tenían ni la más remota idea de porqué querría alguien ver su historial médico.
Sonrió, amargamente. Un secreto más o menos, qué más daba. Pero tarde o temprano tendría que contárselo, la principal razón por la que había decidido regresar a Konoha y enfrentarse a los errores del pasado para intentar enmendarlos, en la medida de lo posible.
―Sakura… ―Ella levantó una mano, pidiéndoles silencio.
Caminó hacia uno de los sillones del saloncito y se hundió en el mismo, echando la cabeza hacia atrás sobre el respaldo e intentando relajarse, en la medida de lo posible, aun sabiendo que no lo iba a conseguir.
―Hay… hay algo que tenéis que saber… la… la razón de que… bueno… de que esté en Konoha nuevamente y, eh… de Shinachiku…
―¿Más secretos?―le soltó su madre, en tono de reproche. Sakura se encogió en su sitio―. Sakura…
―Lo sé, mamá, lo sé, pero… te-tenía que enfrentarme a esto yo sola… antes de contárselo al mundo. ―Tragó saliva y los miró fijamente con sus ojos verdes llenos de angustia y preocupación.
No quería disgustar a sus padres por nada del mundo, no más de lo que ya lo estaban, pero era consciente de que tampoco podía seguir manteniéndolos en la ignorancia. No era justo para ellos.
―¿Tiene que ver con tu salud?―La pregunta, hecha por su padre, hizo a Sakura encoger los hombros.
Asintió, incapaz de enfrentarse a los ojos de sus padres.
―¿Estás mala? ¿Es grave?―Sakura sintió las lágrimas queriendo hacerse con su rostro pero se las sacudió con furia. No lloraría, no debía llorar, no podía desmoronarse ahora.
―Tengo… tengo cáncer―soltó, así, sin más ceremonia y sin anestesia.
Kizashi y Mebuki abrieron los ojos como platos, como si hubiesen oído mal o algo así. Aunque nada más lejos de la realidad, porque Sakura sabía que las orejas de sus padres funcionaban a la perfección.
―Está… está bastante avanzado y aunque la quimioterapia y la radioterapia podrían… podrían reducirlo un poco… no sería suficiente, ni lo suficientemente rápido. ―Los ojos verdes de Mebuki Haruno se llenaron de lágrimas, mientras que la tensión que desprendía su padre estaba haciendo que su piel se pusiese pálida.
―Mi niña… ―Sakura forzó una sonrisa, dejándose abrazar por su madre en un abrazo de oso.
―¿Por qué no nos lo dijiste? ¡Primero lo de Shinachiku, y ahora esto!
―¡Kizashi!
―¡No, no la defiendas!―Kizashi se levantó del sofá y comenzó a pasearse por el salón como un león enjaulado―. ¿Qué hemos hecho mal, Sakura? ¿Qué te hemos hecho para que no confíes en nosotros?
―Papá, no… no es así…
―¿Qué no? ¡Hace apenas un mes que nos enteramos de que nos habías hecho abuelos! ¡Ni siquiera sé cómo demonios conseguiste sobrellevar un embarazo a los dieciocho sin que nosotros nos enteráramos!―Sakura agachó la cabeza, reprimiendo las ganas de soltarle que ellos dos apenas estaban en casa cuando ella era adolescente―. ¡¿Cómo es posible que nos mientas de esta forma a nosotros, a tus propios padres?!
―¡Kizashi, basta!―Mebuki hizo callar a su marido clavándole los dedos en las costillas. Kizashi jadeó pero al menos enmudeció, limitándose a fruncir el ceño y a cruzarse de brazos.
Sakura suspiró, agotada emocionalmente por tantas y tantas emociones.
―No… no os lo dije porque no había nada que decir, que contar… Sí, es muy grave, sí, de seguir así acabaré muriendo… por eso he decidido… someterme… a una operación.
―¿Una operación? ¿Qué clase de operación?―Sakura tragó saliva, clavando los ojos en su madre.
Ella también era mujer, aparte de su progenitora. Estaba segura de que la comprendería, de que la apoyaría o, al menos, eso esperaba y deseaba Sakura, con todas sus fuerzas.
―Es… una cirugía… complicada, por decirlo de manera suave. No por el procedimiento en sí, que es bastante normal hoy en día y… eh… casi se puede decir que sencillo, pero… dicha cirugía… me dejaría… incapacitada, de cierta manera.
―¿Incapacitada?―La alarma tiñó ahora la voz de Kizashi―. ¡¿Cómo que incapacitada?! ¡¿Quieres decir que entraña riesgos o-
―Toda operación, mayor o menor, entraña riesgos, ya sean grandes o pequeños―habló Sakura, en tono firme, evidenciando así su conocimiento sobre el tema.
Como médica, tenía bien presente que todo procedimiento quirúrgico entrañaba peligros: una infección que se podía colar por una herida abierta, alguna complicación derivada del tiempo que se pasaba en el quirófano, alguna alergia a algún antibiótico o a la misma anestesia que ni el propio paciente sabía que tenía y por tanto irreversible, en muchas ocasiones…
Pero en su caso no le quedaba más remedio. Era eso o… afrontar la muerte. Una lenta y dolorosa muerte.
Tragó saliva solo de pensarlo y sacudió la cabeza lentamente, como intentando deshacerse de cada uno de los malos pensamientos que amenazaban con hacerse con su mente. Cerró los ojos y empezó a recitar de memoria en un murmullo todos los pasos que se seguirían en su operación.
La había estudiado a fondo, se había aprendido cada instrumento que se utilizaría, el tipo de hilo con el que la cerrarían, los lugares a los que los cirujanos accederían, las venas y los vasos, arterias y vanos sanguíneos que rodeaban la zona, los huesos y los músculos…
Era un ejercicio que solía llevar a cabo en las situaciones complicadas cuando estaba nerviosa o ansiosa. La ayudaba a tranquilizarse y a pensar con más claridad. Si se enfocaba en todos y cada uno de los pasos, de los posibles problemas que podrían surgir y sus correspondientes soluciones, los imprevistos no la tomaban desprevenida, y su plan de acción quedaba cien por cien completo.
La única diferencia era que, en esta ocasión, no iba a ser ella la cirujana sino la que iba a estar tumbada en la mesa de operaciones, y aquello la ponía todavía más nerviosa. A pesar de que confiaba plenamente en la doctora que la iba a operar, no podía evitar el desasosiego que se apoderaba de su ser cada vez que pensaba en la lenta recuperación y en todo lo que perdería.
Como mujer.
Kizashi y Mebuki observaron extrañados a su hija murmurar una letanía de palabras, incomprensibles para ellos la mayoría de las mismas. Kizashi abrió la boca para hablar, pero su esposa le puso una mano en el brazo, pidiéndole silenciosamente con la mirada que esperase unos minutos.
Su instinto de madre le decía que lo que le ocurría a su hija era mucho más grave de lo que habían supuesto en un principio, y le daría todo el tiempo del mundo hasta que Sakura reuniese las fuerzas necesarias para contárselo.
Cuando al fin la joven mujer consiguió relajarse y alejar los pensamientos pesimistas de su mente, abrió los ojos, fijándolos nuevamente en su madre, como si con solo una mirada ambas pudiesen comunicarse: de madre a hija, de mujer a mujer.
―Tengo cáncer de útero―confesó al fin Sakura.
Mebuki soltó un grito ahogado, llevándose una mano al pecho y arrugando el vestido que llevaba puesto. Por su parte, Kizashi había quedado total y completamente estático, sin habla y sin saber qué hacer con sus manos, las cuales abría y cerraba en puños una y otra vez.
―Sakura…
―Y como no hay posibilidad de que el tratamiento estándar me surta efecto, ni siquiera a largo plazo…
―Sakura… ―llamó esta vez Kizashi, con la voz ronca y los ojos velados por lágrimas no derramadas.
―… van a tener que hacerme una… una histerectomía.
―¡Oh, mi bebé!―Mebuki no pudo aguantar más, estallando en llanto y abrazando a su única hija contra ella.
Sakura se dejó hacer, devolviendo el gesto fuerte y lleno de desesperación a su madre.
―Mamá, no te pongas así… ya lo he asumido, necesitaba hacerlo antes de… de contároslo, y también… también tenía que intentar solucionar lo de Shinachiku…
―¿Por eso… por eso decidiste contárnoslo, verdad? ¿Por eso volviste a Konoha tan precipitadamente? ¿Y por eso los otros abogados… Sasuke y Shikamaru… han solicitado una orden judicial para… para tu historial médico?―Sakura suspiró y asintió.
―Sé… sé que no tengo justificación-
―¿Por qué no nos lo contaste? ¿Por qué ocultárnoslo? Shinachiku, nuestro nieto, y ahora esto…
―Kizashi… ―El hombre sacudió la cabeza.
―Simplemente no… no lo entiendo, Sakura. ¿Es que no confías en nosotros? ¿Te hemos dado alguna vez algún motivo para que tengas que escondernos cosas? ¿Tan malos padres hemos sido?―Sakura respiró hondo, enfrentando la dura mirada de su progenitor.
Sí, estaba tan destrozado por la noticia como su mujer, pero también necesitaba respuestas, necesitaba entender. Y eso Sakura podía comprenderlo.
―Vosotros nunca… nunca estabais en casa―dijo al fin, tras varios segundos de silencio, refiriéndose a la época de su embarazo―. En aquel entonces… todavía no tenías consolidado tu puesto de trabajo y mamá apenas había retomado su carrera profesional y yo… me sentía sola… el chico que me gustaba no me hacía caso y yo…
―Te hiciste novia de Naruto. ―Sakura tragó saliva y asintió, bajando la cabeza, avergonzada―. Oh, Sakura…
―Y-yo… s-sé que no hay justificación para lo que hice, para todo lo que causé… perdí a mis amigos, le hice daño a una de las chicas más dulces y buenas que conozco, desgarré el corazón del único chico que se preocupaba verdaderamente por mí… ―Las lágrimas nublaron su vista y se tapó el rostro con las manos, sollozando―. Lo siento, lo siento mucho, papá, mamá, lo siento, lo siento… ―Mebuki fue hacia ella y la abrazó, comenzando a llorar de nuevo ella también.
Kizashi desvió la vista a la ventana, donde el cielo cubierto de tristes nubes grises parecía hacerse eco de la tormenta de emociones que azotaba ahora mismo a su familia.
La culpa le retorció el estómago: por no haber estado ahí, por no haberse dado cuenta de lo que ocurría, por no haberse fijado más en su hija cuando esta más los necesitaba, por haber antepuesto la estabilidad económica y laboral antes que la familiar.
A fin de cuentas, ¿de qué servía una buena posición socio-económica si no tenías a nadie con quién compartirla, con quién disfrutarla?
Pero ahora podía hacer las cosas bien, y no solo con su hija, sino también con su nieto.
Con su recién descubierto nieto, Shinachiku. Un niño guapo, adorable, risueño y avispado cuyos ojos verde jade resplandecían como los de Sakura a su edad, con el brillo de la inocencia todavía aherido a sus pupilas.
Podía remediarlo, se dijo, todavía tenía tiempo.
Aunque para ello tuviese que pasar por encima del que era su padre.
Sasuke tomó aire, respirando hondo, inhalando y exhalando varias veces antes de tomar valor para tocar el timbre de la casa de su mejor amigo. Mientras esperaba a que alguien le abriera, aferró con fuerza la carpeta con los papeles que llevaba en la mano. Pasaron todavía varios segundos antes de que la puerta se moviera y en el umbral apareciese el rostro cansado y ojeroso de Naruto.
―Teme…
―Dobe. ―Saludó con un cabeceo.
Sasuke miró disimuladamente por encima de su hombro. No vio señales de Hinata ni de los niños, por lo que pudo relajar un tanto la tensión. La conversación que iba a tener con el rubio era mejor que quedara entre ellos… al menos por el momento. Estaba seguro de que a Naruto le costaría asimilar y procesar todo lo que tenía que contarle, y era mejor que primero tuvieran todo bien atado antes de contárselo a Hinata.
―¿Puedo pasar?―preguntó, con tacto, viendo que Naruto parecía de pronto perdido en sus pensamientos, ausente del mundo real.
Naruto reaccionó al fin, haciéndose a un lado y dejándolo pasar. Sasuke notó los juguertes esparcidos por el suelo del salón y una leve sonrisa asomó a sus labios. Naruto cerró la puerta tras ellos y se colocó a su lado, suspirando al percatarse del estado de la desordenada habitación.
―Hinata ha ido a llevar a Shinachiku a un cumpleaños y yo me he quedado con Boruto y Himawari…
―Sí, lo sé. Fui a verte a la oficina y Gaara me dijo que te habías quedado hoy a trabajar en casa. ―Naruto asintió, agachándose para recoger una de las muñecas de Himawari y varios bloques de construcción de Boruto que se apresuró a meter en su caja correspondiente.
―Tengo suerte… ―murmuró.
Sasuke asintió, sin añadir nada más.
―¿Y el pequeño demonio?―Sabiendo que se refería a su pequeño tornillo, Naruto sonrió.
―Boruto está arriba, viendo una película en la televisión pequeña. Tengo la esperanza de que en algún momento se eche una siesta.
―¿Qué película?
―Una de La guerra de las galaxias.
―Eso nos da al menos dos horas de paz y tranquilidad.
―Tú lo has dicho―dijo Naruto, sonriendo algo más relajadamente esta vez.
Las películas de la saga Star Wars eran las favoritas de Boruto. Podía pasarse horas y horas delante de una pantalla quieto, sin moverse, atento a la historia. Aunque seguramente no entendería ni la mitad de las cosas parecía fascinarle todo lo que rodeaba a ese universo de fantasía. Por lo que ponerle una película de dicha saga era el último recurso que él y Hinata utilizaban cuando necesitaban trabajar o simplemente unos momentos de descanso.
―¿Y Himawari?
―Durmiendo la siesta como un angelito.
―Tu hija es un angelito. Se nota que es de Hinata. ―Naruto volvió a sonreír, ahora de forma radiante.
―Igual de preciosas, ¿verdad?―Sasuke correspondió la sonrisa, negándose a dejar que las palabras que tenía en la punta de la lengua, relativas a la gracia y belleza de su propia esposa e hija, salieran de sus labios.
No había ido para iniciar una competición de a ver quién tenía a la mujer más guapa o a la hija más encantadora. Claro que, según él, solo había dos posibles ganadoras en esa hipotética competición…
―¿Para qué has venido, Sasuke?―preguntó Naruto, con marcada curiosidad.
Su amigo no solía aparecerse por su casa, no a no ser que lo que quiera que fuese a tratar con él revistiera de importancia. Lo vio suspirar y estirar una carpeta llena de papeles en su dirección, carpeta que no había notado hasta ahora que cargaba.
Aún más curioso, la tomó y la abrió.
―Será mejor que te sientes antes de empezar a leer. ―Naruto fijó la vista en Sasuke, pero obedeció, yendo hacia el sofá y dejándose caer en él.
Entonces, comenzó a leer. Era una ficha médica, o eso parecía. Leyó el nombre de la paciente y su rostro se contrajo en una mueca, mitad sorpresa mitad esperanza.
―Sasuke… esto…
―Tú, lee. Luego me cuentas. ―Naruto regresó la vista a los papeles que tenía sobre su regazo; siguió leyendo, absorbiendo la información allí plasmada, cada vez más y más intrigado, la chispa de la esperanza reavivándose nuevamente en su interior.
Pasó rápidamente las páginas, apenas dándose cuenta, quedándose solo con aquellos datos que le parecían más relevantes.
Pasó casi una hora. Sasuke no se movió ni habló mientras observaba a su mejor amigo enfrascado en la lectura de aquellos documentos, detallando cada expresión, cada mueca y cada pequeño gesto de sus dedos. Naruto siempre había sido muy expresivo y, aunque había aprendido a controlar en parte sus reacciones desde que había abierto su propia empresa para poder así sobrevivir dentro del duro mundo de los negocios, todo eso desaparecía en cuanto algo lo sorprendía o le gustaba de verdad. Por eso solía ocuparse Gaara de las reuniones o de los clientes difíciles. Era mucho mejor que él poniendo cara de póker.
Cuando al fin Naruto llegó al final de la carpeta, se quedó quieto, mirando a la nada, procesando la gran cantidad de información que acababa de llegar a su cerebro. Luego giró la cabeza, mirando para Sasuke, el ceño fruncido y los dientes apretados, todo el cuerpo tenso.
―La voy a matar―gruñó entre dientes.
Sasuke asintió, ya se esperaba algo así.
―Dobe…
―No, mierda, no, ¡¿pero de qué coño va?! ¡¿Quién cojones se cree que es?!―Sasuke agradeció en su mente que los niños no estuviesen presentes.
Porque como a alguno se le diera por repetir semejantes palabras delante de su madre… bueno, Sasuke tenía el presentimiento de que no viviría mucho para contarlo.
Hinata podía ser muy dulce y tierna, bondadosa y amable, pero, como toda madre, toda la buena disposición desaparecía si detectaba a sus pequeños en peligro. Y, al parecer, las palabras malsonantes entraban dentro de lo que se calificaba como peligroso.
―No tienes que-
―¡¿Pero en qué pensaba, la muy puta?! ¡¿Acaso cree que puede venir, hacer que Shina-chan se encariñe con ella para luego dejarlo tirado, como un pañuelo usado?!―Sasuke lo dejó desahogarse a gusto, admitiendo para sí que, en cierta manera, Naruto tenía más razón que un santo.
―Dobe―llamó, esta vez más fuerte.
Naruto al fin detuvo su verborrea, volviéndose a mirarlo, deteniendo también sus andares airados.
―No tienes nada de lo que preocuparte―le dijo el Uchiha; Sasuke parecía estar totalmente en calma, de lo más sosegado.
―Sasuke, ¡¿es que no entie-
―Lo entiendo perfectamente―lo atajó―. Créeme, lo comprendo y comprendo cómo te sientes, pero tienes que confiar en mí cuando te digo que no tienes nada de lo que preocuparte. Absolutamente nada. ―Naruto arqueó una ceja, nada convencido a pesar de la apabullante confianza que desprendía la voz de Sasuke.
―¿Y cómo es eso, eh,? A ver, dime, ilumíname. Porque ahora mismo no veo…
―Shikamaru y yo ya hemos solicitado a la jueza una orden judicial para poder hacernos con ese expediente por la vía legal. ―Naruto miró para la carpeta que todavía sostenía en su mano, y luego para Sasuke, confundido.
―¿Qué quieres decir con eso de "por la vía legal"? ¿Es que acaso este… ―Agitó la carpeta.
Sasuke suspiró.
―Ese no nos sirve. No te diré cómo lo conseguí, pero no fue mediante medios lícitos, ¿de acuerdo? Pero no te apures, porque estoy seguro de que la jueza dirá que sí a nuestra petición. Nos hemos pasado todo el día de ayer redactando la solicitud de manera que ni ella pueda decir que no ni que Madara pueda rebatirla. Y una vez la tengamos y nos hagamos con esa ficha médica, solicitaremos la apelación y presentaremos lo que ahí pone―señaló para los papeles―como prueba de que Sakura no es apta para ser madre.
―Lo sabía… ―murmuró Naruto de repente―. Ella lo sabía… ―Sasuke pestañeó, viendo la expresión ausente de su mejor amigo―. ¡Ella lo sabía, maldita sea! ¡Lo sabía, joder, vaya si lo sabía! ¡Por eso apareció de la nada, por eso volvió, por eso su repentino interés en Shinachiku! ¡La muy zorra!
Sasuke cerró los ojos, dejando a Naruto soltar todos los insultos, improperios y malas palabras del mundo. Si eso lo ayudaba a desahogarse y a sentirse mejor, por él estaba bien.
Tras varios minutos de soltar gritos y exclamaciones airadas, al fin Naruto se calmó. Dejó caer la carpeta sobre la mesita del salón y se dirigió a grandes pasos a la cocina. Rebuscó entre los armarios y los cajones hasta dar con la caja en la que Hinata solía guardar los tés e infusiones. Las manos le temblaban mientras se preparaba una valeriana cien por cien natural, o eso ponía por fuera de la bolsita, la verdad es que le daba igual. Solo quería algo que le calmara los nervios.
Volvió a la sala con dos tazas y le dio una a Sasuke, quién se lo agradeció con un movimiento de cabeza.
―No creo que ayude mucho…
―Te sorprendería lo que un buen té o infusión pueden lograr. ―Naruto dejó que una pequeña sonrisa tirara de las comisuras de sus labios―. Lo que te dije antes… te lo digo de verdad. No te preocupes, no te agobies, deja que Shikamaru y yo nos ocupemos de todo. ―Naruto asintió, soplando sobre su taza para enfriar el líquido casi transparente.
―Gracias, Sasuke.
―No hay de-
―No, te lo digo en serio: Gracias. Por todo. No solo por… por lo que estás haciendo, sino por todo. Por estar ahí, por no haberte metido con Sakura cuando a mí me… me gustaba… ―Sasuke bajó la cabeza y dio un sorbo a su propia taza; no se atrevió a interrumpirlo―. Por apoyarme con Hinata-chan, por ayudarme con Shinachiku, por echarme un cable cuando más lo necesitaba, por hacerme ver que… que no estaba solo y por… por enviarme a Hinata, aquel verano.
―No sé de que- ―Naruto bufó.
―Por favor, sé que fuiste tú el que la convenciste para venir a verme. No lo niegues.
―Era a la única a la que no ibas a echar a patadas. Ya por entonces, te gustaba, siempre eras más considerado con ella que con cualquiera de nosotros. Solo te hacía falta un empujoncito en la dirección adecuada. Y me pareció que un par de meses a solas con ella, cuidando ambos del bebé… bueno, te daría una idea de cómo podrían ser las cosas. ―Naruto sonrió, dando un gran sorbo a su valeriana.
Sí, se lo agradecía infinitamente a Sasuke.
Porque gracias a eso, tenía a la mujer más buena, amable y cariñosa del mundo a su lado.
Y la amaba, de la misma manera en que ella lo amaba a él.
Fin Capítulo 21
¡Pues al fin: ya se ha revelado qué es lo que tiene Sakura! He de decir que me sorprende que, salvo una persona, el resto no cayerais en la cuenta de la enfermedad que padece Sakura. ¡Si más pistas no podía dar! Aunque, quizás es que soy yo que como estoy hecha mierda ando familiarizada con todo tipo de enfermedades y males. Es lo que tiene andar de médico en médico cuando todos en tu casa padecen de algo.
Sí, no nos libramos ni uno. Ni uno xD.
Ea, ¿me dejáis un review para conmemorar el fin de las navidades? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
