¡YAHOI! ¿Sabéis esos días en los que te entra el sueño y lo único que te apetece es meterte en cama y dormir y dormir y dormir hasta que te duela todo? ¿Como cuando te duele el culo de estar mucho tiempo sentada?

Pues así me siento yo esta temporada. Tengo sueño a todas horas y haga lo que haga me aburro mortalmente, aparte de que ando escasa de paciencia y me molesto por todo: desde una mosca que pasa volando cerca de mí hasta tener que bajar a hacer la compra.

Y tampoco es como si pudiera quejarme, es decir: tengo un techo (aunque no es mío), pareja, hijos, trabajo... pero no sé, es de estos abatimientos irracionales que te dan de vez en cuando y que no vienen a cuento.

Aunque parece que va remitiendo. Ayer por la noche me entraron ganas de escribir a lo loco (aunque al final tuve que dejarlo porque se me cerraban los ojos y apenas atendía a lo que hacía), cosa que no pasaba desde... el año pasado xD.

En fin, eso, que sentía la necesidad de desahogarme y de explicaros por qué estoy tardando tanto en publicar el capítulo que os dije de Hijos de la yakuza.

De lo que sí tengo ganas es de jugar a la consola hasta hartarme, hasta que me entre uno de esos dolores de cabeza monumentales que me dan cuando me paso el día entero delante de una pantalla. O de hacerme un maratón de algún anime. Pero mi novio es malo y no quiere acompañarme y yo en casa no dispongo del tiempo suficiente para ello *suspiro*.

Ya, os dejo con el capítulo. Que supongo que no os interesa mi aburrida y monótona vida xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Capítulo 24


Era sábado nuevamente. Sakura se despertó aquel día emocionada y esperanzada. Una pequeña sonrisa inundó su rostro al pensar en que aquel día no solo iba a ver a su hijo, a Shinachiku, sino que, por fin, Naruto le había dicho dado su permiso para llevarlo al acuario. Llevaba días queriendo hacerlo, queriendo ir con él y con Shinachiku. Pero Naruto siempre se había negado, siempre quedaban en algún sitio más público, como parques o cafeterías.

Así que, por primera vez, iba a poder disfrutar de la compañía de su pequeño y del padre de este sin restricciones. Así que, sonriendo, se desperezó sobre la cama, apartó las sábanas, las mantas y la colcha y bajó al suelo. Se dirigió al cuarto de baño para darse una ducha rápida, se vistió con sencillez y comprobó que tenía todo en su bolso antes de salir de la habitación del hotel y cerrar tras ella.

Tenía todo perfectamente planeado en su cabeza: primero irían a desayunar los tres juntos, luego al acuario, después los invitaría a comer a algún sitio agradable y familiar; por la tarde podían ir a patinar sobre hielo, tenía entendido que aún quedaba alguna pista abierta; acto seguido los llevaría a merendar, luego podrían pasear mientras tomaban un helado y, por último… ¿sería mucho pedir una cena?

Sacudió la cabeza. No, no podía, eso ya sería demasiado. Incluso empezaba a tener dudas de que Naruto quisiera pasar tanto tiempo en su compañía, le costaba mucho disimular la aversión que sentía hacia ella.

Además, estaba Hinata. Naruto siempre parecía ansioso cuando estaba en su compañía, no parando de mirar el reloj ni de consultar el teléfono móvil cada dos segundos, como si estuviese deseando regresar a la confortabilidad de su hogar, junto con su esposa y sus hijos.

Los niños… tampoco había pensado en ellos. Según Shinachiku, se llamaban Boruto y Himawari y eran sus hermanos, no sus hermanastros. Le había recalcado aquel hecho más de una vez y con una voz perfectamente firme y clara, como si el hecho de que solo compartieran un progenitor y la mitad del ADN no significase nada para él. Para Shinachiku, aquellos pequeños eran su familia, independientemente de lo que los demás pensaran o dejaran de pensar sobre ese hecho.

Cerró los ojos cuando llegó a la entrada del hotel; respiró hondo varias veces, buscando tranquilizarse. No tenía nada que perder, pensó, absolutamente nada. Le plantearía su plan y, aunque estaba cien por cien segura de que le diría un no rotundo a todo, al menos podría intentarlo. Una negativa más no la mataría.

Tomó el autobús hasta la casa de los padres de Naruto. Este le había indicado que fuese a recoger allí a Shinachiku. Supuso que habrían ido a pasar allá el fin de semana. Naruto estaba muy unido a sus padres y también Shinachiku. Adoraba a sus abuelos y no paraba de decirle lo maravillosos que eran y lo mucho que los quería, porque habían estado presentes en todos los momentos buenos e importantes que, a sus escasos diez años, había tenido la dicha de experimentar.

Tras media hora de trayecto, llegó a la casa de Minato y Kushina. Esta estaba igual a como la recordaba. Se fijó en que le habían aplicado alguna que otra capa de pintura, pero las ventanas seguían siendo de madera blanca, el jardín seguía igual de cuidado y, la única diferencia, era que la entrada estaba plagada de juguetes varios: desde un par de porterías de plástico, hasta dos triciclos y una bicicleta apoyada contra el porche, descuidadamente.

Sakura respiró hondo una vez más, tomando valor para atravesar el portón y llamar al timbre. Contó los pasos mientras intentaba controlar los latidos de su corazón. Abrió y cerró el puño varias veces también, hasta que la mano dejó de temblarle. Solo cuando se cercioró de que no iba a volverse de mantequilla fue que alargó el brazo y dejó que sus dedos presionaran el timbre.

Escuchó gritos, pasos y la puerta se abrió, revelando a un alto hombre rubio de intensos ojos azules. Sakura pestañeó y abrió la boca, para saludar. Pero entonces se fijó en las pequeñas arrugas que se formaban en el borde de los ojos del hombre y en el par de canas que le asomaban entre el espeso cabello rubio. Pestañeó y se dio cuenta, entonces, de que aquel hombre no tenía las marcas en las mejillas que caracterizaban a Naruto.

Tragó saliva y dio un paso atrás, intimidada.

―S-señor Minato… ―Minato clavó su penetrante mirada en la mujer que de pronto parecía haberse desinflado frente a sus ojos. Suspiró y se hizo a un lado.

―Pasa un momento. Kushina está terminando de preparar a Shina-chan. ―Sakura se lo agradeció con una débil sonrisa y atravesó la entrada de aquella casa en la que había pasado varios de los mejores momentos de su vida.

Minato la dejó sola en el hall mientras iba en busca de su nieto mayor. Sakura paseó la vista por aquellas paredes que tantas veces había contemplado durante su adolescencia. Las fotografías que las habían adornado por aquel entonces todavía seguían ahí colgadas: Naruto en su primer día de colegio, a los cuatro años; Minato y Kushina sosteniéndolo cuando apenas tenía unos meses de nacido; Minato y Kushina en su juventud, junto a algunos de sus amigos más íntimos entre los que se contaban los padres de Sasuke y los de Hinata…

Pero también había fotos nuevas que ella no conocía, como una en la que Naruto aparecía sentado en una mecedora dándole el biberón a un bebé rubio. Sakura no podía distinguir si se trataba de Shinachiku o de Boruto, porque el pequeño tenía los ojos cerrados. También había una de Naruto y Hinata, en el que parecía ser el día de su boda, ambos felices y sonrientes. Sakura no pudo evitar una punzada de celos que se apresuró a ignorar, desechando aquella sensación tan rápidamente como vino.

Oyó un ruido tras ella y se volvió, justo a tiempo de ver una cabecita rubia desaparecer tras la esquina de una pared. Curiosa, Sakura se acercó, fijándose en que unas manitas diminutas de piel blanca hacían fuerza, apretando el zócalo de la pared.

Se agachó y sonrió, sintiendo su corazón latir apresuradamente en su pecho.

―Hola… ―saludó, tímida y vacilante.

La pequeña cabecita rubia se asomó un poco más, dejando adivinar un rostro ovalado y un ojo azul claro, más claro que el azul de los ojos de Naruto.

―Tú debes de ser Boruto―continuó, como si el niño no estuviera aterrado de su presencia―. Shina-chan me ha hablado mucho de ti y de tu hermanita…

―Nuestra―le contestó el infante en un tono chillón, asomando un poco más su cabeza rubia y mirándola acusador, como si Sakura hubiera cometido el peor de los crímenes―. Hima esh nuestra hermanita. Mía y de Shina-nii. ―Sakura tragó saliva.

―Claro… perdona. ―Se quedó callada, sin saber muy bien qué más decir. Forzó una sonrisa―. Eres muy guapo, ¿sabes? Tan guapo como… como tú papá. ―Boruto se la quedó mirando, fijamente, como si estuviera intentando decidir si ella era buena o mala.

―Papá es el más guapo y fuerte del mundo, al igual que mi mamá. Tú eres fea. ―Sakura no se tomó aquello como un insulto, sabiendo que Boruto, seguramente, se sentía amenazado por su presencia y aquella era su forma de defenderse y de defender a su familia.

Al fin y al cabo, pensó Sakura con cierta amargura, ella era la intrusa, la mala, la villana de la película y la que había ido a estropear lo que parecía ser una idílica convivencia familiar.

Escuchó pasos tras ella y Sakura se levantó. Por el rabillo del ojo, vio como Boruto desaparecía a la velocidad del rayo, como si la persona que se acercara le suscitara temor. Sakura no pudo culparlo cuando vio quién era la persona que se había acercado.

Kushina Uzumaki la miraba desde su pequeña altura, con su largo cabello pelirrojo tan brillante como recordaba y sus ojos violetas refulgiendo como nunca antes mientras la observaba, desafiante, duramente.

―Kushina…

―Nos iremos en un minuto―soltó la mujer de mediana edad, en tono brusco―. Shina-chan está terminando de ponerse el abrigo. ―Sakura parpadeó, confusa por sus palabras.

―Perdona, has dicho…

―No me tutees―soltó Kushina―. Perdiste ese derecho cuando te largaste hace diez años y no solo le rompiste el corazón a mi hijo, sino que además abandonaste al tuyo propio. Aunque al final él supo ver y reconocer el verdadero amor. Me arrepiento desde el fondo de mi corazón por haber animado vuestra relación. ―La llegada de Shinachiku interrumpió el discurso de Kushina.

Sakura no dijo nada, no pudo. Aceptó aquellas duras palabras lo más dignamente que pudo, sabiendo que Kushina, probablemente, había guardado aquellos sentimientos durante muchos años, esperando el momento para desahogarse. Así que no protestó ni trató de defenderse. Pero sí que tenía algo que decir.

―Perdone, Kushina-san, ¿ha dicho nos? ¿Es que… es que Naruto-

―Mi hijo no está. ¿Por qué? ¿Es que ahora sí lo quieres? ¿Es que acaso te has dado cuenta de que dejaste escapar a uno de los buenos?―dijo Kushina, burlona, comprobando que su nieto lo tuviera todo bien puesto.

Shinachiku pasó la mirada de una mujer a otra, observando el intercambio de palabras entre su abuela y aquella mujer que quería hacerse con el puesto de su mamá.

―Abu… ¿y si no vamos? Papá no está y yo no quiero… no quiero ir con ella―dijo, señalando para Sakura, quién sintió su corazón encogerse.

A estas alturas, había creído que había conseguido hacerse un pequeño hueco, aunque minúsculo, en el corazón de su hijo. Ahora veía que no era así, que el infante tan solo había estado fingiendo, seguramente porque su padre y Hinata… así se lo habían pedido o, tal vez, ordenado.

―No es opcional, Shina-chan… por desgracia―murmuró Kushina, lo suficientemente alto para que solo Sakura lo escuchara―. Eh, vamos―sonrió en dirección a su nieto, mientras se colocaba su propio abrigo y cogía su bolso―, te prometí que te llevaría al Mcdonald's ¿recuerdas?―Shinachiku vaciló, pensándoselo todavía.

―Y… y podemos ir a tomar un helado después, si quieres… ―añadió Sakura, esperando que la oferta fuera lo suficientemente atractiva como para que el niño aceptase.

Shinachiku se quedó mirando para ella; entrecerró los ojos en su dirección, como amenazante. Sakura sonrió, ocultando su nerviosismo y su ansiedad lo mejor que pudo, a pesar de que sentía la necesidad acuciante de echarse a llorar como una niña pequeña. Peor no lo haría, no en esos momentos. Mantendría la compostura todo el día y solo cuando se encontrara de vuelta en la solitaria habitación de su hotel, se permitiría dar rienda suelta a su dolor y a su llanto.

―Shina-chan, prometiste portarte bien, ¿recuerdas? Se lo prometiste a mamá. ―La mención de su mamá hizo a Shinachiku abrir mucho los ojos.

Bajó la cabeza, repentinamente avergonzado.

―Pero es que ella no me gusta―susurró, mirando ahora para su abuelo, quién cargaba en sus brazos a la niña con la que Sakura había visto a Hinata la primera y única vez que la había ido a buscar tras su vuelta a Konoha―. Dice que es mi mamá pero no lo es, ¡no lo es!―gritó―. ¡Yo solo tengo una mamá!―Minato sonrió y se agachó a la altura del infante.

―Claro que sí, Shina-chan, eso nadie te lo discute. Pero las promesas están para cumplirlas, ¿recuerdas?―Shinachiku se quedó pensativo varios segundos, antes de asentir, resignado.

―Vaaaaaaaaale… ¡pero quiero un helado de bola triple! ¡De chocolate!

―Lo que quieras'ttebane. La abuela te lo comprará―se apresuró a decir Kushina, antes de que a Sakura le diera tiempo a abrir la boca siquiera para decirle que ella se encargaría.

Cerró los ojos y respiró hondo una vez más, mientras Shinachiku terminaba de despedirse de su abuelo y de sus hermanos.

Cada vez era más y más difícil no derrumbarse…


―¡Mira, abu! ¡De cabeza!―chilló Shinachiku mientras se tiraba por el tobogán boca abajo. Kushina sonrió y lo saludó con la mano mientras daba una lamida a su helado de limón.

―¡Ten cuidado, cielo!

―¡Voy a los columpios!―Kushina amplió su sonrisa un poco más, para acto seguido girarse a mirar a Sakura, cambiando su expresión a una seria.

La pelirrosa estaba observando al pequeño rubio de ojos verdes con esperanza y anhelo, a la par que con tristeza y nostalgia.

―Es… es increíble―dijo, con voz ronca, a nadie en particular. Kushina frunció el ceño al oírla.

―Claro que es increíble. Naruto y Hinata han hecho un trabajo estupendo con ese niño'ttebane. ―Sakura pestañeó para luego contraer el rostro en na mueca de dolor.

Se volvió a mirar a Kushina, con las lágrimas amenazando con desbordarse de sus ojos.

―Kushina-san… yo…

―Ahorrátelo―espetó Kushina, dando otro lametón a su bola de helado―. No quiero saberlo, Sakura, no quiero saber cuánto te arrepientes, cuánto sientes no haber estado ahí para tu hijo, cuánto lamentas haber abandonado a Naruto. No quiero saberlo. No me hace falta. ―Degustó su helado durante unos segundos más, antes de proseguir―. Y a Shinachiku tampoco. Es feliz, tiene una buena vida, unos padres que lo adoran y unos abuelos que lo quieren con locura. ¿Sabías que Hiashi también lo considera su nieto? ¿Y que Shina-chan lo llama abuelo? Y ya no digamos Neji o Hanabi:. Son sus tíos, desde siempre. Puede que al principio les costara un poco aceptarlo, sobre todo porque la relación de mi hijo con Hinata empezó poco después de que tú te largaras. Muchos dijeron que Hinata estaba desesperada por cazarlo y que Naruto tan solo necesitaba un hombro en el que llorar, pero no fue así, y tú lo sabes. Reconozco que incluso fue una sorpresa para mí, pero una grata. ―Sakura bajó la cabeza y apretó el bolso, comenzando a rebuscar en el bolso su bote de pastillas. Ya empezaba a notar que la respiración se le aceleraba.

Shinachiku eligió ese momento para saludar desde lo alto de una tirolina, para después sujetarse fuerte y lanzarse, soltando un grito de alegría en cuanto el viento le alborotó los rebeldes cabellos rubios. Kushina le sonrió fugazmente, prosiguiendo luego con su conversación con la chica, quién, durante el breve lapso de distracción, había podido tragar dos de sus pastillas, respirando hondo en cuanto sintió cómo los músculos se le aflojaban un tanto.

―Yo… no quiero… no pretendo romper una familia… ―Sus palabras fueron débiles y no sonaron nada convincentes.

Kushina la miró de nuevo, alzando una ceja en su dirección.

―¿En serio? ¡Pues cualquiera lo diría! Te presentas aquí de repente, después de diez años de ausencia y sin saber nada de ti, reclamando un derecho al que tú voluntariamente renunciaste…

―Era una niña―musitó―. No sabía… es decir…

―Yo también era joven cuando tuve a Naruto. ―Sakura calló, sintiendo sus pálidas mejillas colorearse levemente―. Tenía un par de años más que tú, todavía estaba estudiando en la escuela de diseño y, cuando creía que a Minato y a mí nos podía ir bien en el futuro… un día el preservativo se rompe y ¡premio! Me quedé embarazada de Naruto. Fue horroroso. Recuerdo que lloré como nunca antes en mi vida. ―Sakura desvió la vista―. Fue hace casi treinta años y, en aquella época, aunque ya estábamos entrando en la era moderna, todavía había cosas que la sociedad no aceptaba, y las madres solteras eran una de esas cosas. ―Sakura se mordió e labio inferior. Había oído esa historia infinidad de veces antes, pero nunca con tanta crudeza ni con la amargura recubriendo cada palabra que salía de la boca de Kushina―. Mi padre nos obligó a casarnos. ¡Imagínate! Minato todavía no había terminado sus estudios y yo apenas los míos. No tuve una boda como Dios manda ni mucho menos una fiesta, fui la vergüenza de mi familia durante mucho, mucho tiempo. Y puedes pensar que tenía a Minato, y sí, eso al principio era mi consuelo, hasta que empezaron los problemas: la falta de sueño, la falta de tiempo. Él tuvo que ponerse a trabajar, aunque no quiso abandonar sus estudios. Afortunadamente, mi suegro, que en paz descanse, no se negó a seguir pagándole la universidad, con la condición de que los terminase. Vivimos durante muchos años en un apartamento minúsculo que conseguimos gracias a una ayuda del estado, con un alquiler muy bajo. Lo pasamos muy mal, Sakura y, poco después de que Naruto naciera, estuvimos a punto de divorciarnos. Incluso vivimos separados durante unos meses. ―Kushina calló y Sakura se la quedó mirando, horrorizada, ante aquel resumen de una situación complicada. Uno del que, hasta ahora, ella no había tenido conocimiento alguno.

―¿S-separados? ¿D-divorcio? ¿Mi-Minato-san y usted…

―¿Qué esperabas? ¿El cuento de hadas color de rosa? La vida es dura y a nosotros no nos fue mejor que a la mayoría. Por eso, cuando Naruto al fin se decidió a contarnos lo de tu embarazo… no dudamos en prestarle todo nuestro apoyo y toda nuestra comprensión. ¿Sabes que lloró cuando nos lo dijo? Se disculpó una y mil veces por no habérnoslo dicho antes, por no haber sido responsable… por no haber sabido reaccionar en su momento…

―Y-yo… ―Sakura no sabía qué decir. Aquel torrente de información nueva la estaba abrumando.

Kushina suspiró y negó con la cabeza, indicándole así que no quería que dijera nada, que no era necesario que hablara.

―Solo te lo pediré una vez, Sakura: vete, por favor, vete por donde has venido y no vuelvas a aparecer por aquí. El día que Shinachiku sea mayor, si él quiere, ya irá a buscarte, ya preguntará. Pero tiene que ser su decisión, Sakura, no la tuya.

―Soy su madre―dijo Sakura; carraspeó y encaró a Kushina, a pesar de que sentía unas enormes ganas de hacerle caso y salir corriendo, huir, esconderse y olvidarse de todo, una vez más.

Pero no podía, no esta vez.

―¿Lo dices por lo de tu enfermedad?―Sakura abrió los ojos como platos.

―¿C-cómo…

―Naruto se lo contó a Minato y Minato a mí. ―Kushina suspiró y se giró a mirarla, ahora con compasión―. Lo siento, Sakura, de verdad que lo siento. En serio. No le deseo tu destino ni al peor de mis enemigos, menos siendo mujer como tú. No quiero ni imaginarme lo que debe suponer para ti, y para tus padres. ―Sacudió la cabeza y miró al frente; tuvo que ponerse la mano a modo de visera para que el sol no le impidiera buscar a Shinachiku. Cuando lo localizó, jugando al fútbol con otros tres niños, a los que conocía de jugar otras veces en el parque, volvió a mirarla nuevamente―. Pero eso no te da derecho a inmiscuirte en su vida de la forma en que lo estás haciendo, a destruir todo por lo que mi hijo y Hinata han luchado a lo largo de estos diez años. No te creas que fue fácil para ellos, hubo un montón de habladurías, las cosas que alguna gente decía… ―Kushina hizo una mueca y negó con la cabeza levemente, como desechando aquellos pensamientos que ya pertenecían al pasado―. Les ha costado mucho llegar hasta donde están hoy―continuó, enfrentando a Sakura―. No los destroces, Sakura, te lo pido como un último favor. Si en algún momento has sentido cariño por mí y por mi familia, por favor, no sigas adelante con esto. ―Sakura se mordió el labio inferior y giró la cabeza, observando al que era su hijo.

―No puedo… ―murmuró, para sí.

Así era, no podía, no debía dar marcha atrás.

No se lo perdonaría si lo hiciese.


Tras acompañar a Kushina y a Shinachiku de vuelta al hogar de los Namikaze, Sakura anduvo hasta la parada de taxis más próxima y tomó uno, indicándole la dirección de un pequeño restaurante familiar que había descubierto en su primera noche en Konoha, el primer día de su vuelta. Había quedado allí para cenar con sus padres y contarles las novedades respecto a Shinachiku, así como enseñarles el montón de fotos que tenía en el móvil.

Era algo que hacía cada sábado, después de pasar un rato en compañía de su hijo. Todavía no había tenido el valor para hablar con Naruto y pedirle que le dejara presentarle formalmente al niño a sus abuelos, a pesar de las ganas que tenían estos de conocerlo por fin y de estrecharlo con fuerza entre sus brazos. Las ganas les podían, pero entendían que Sakura necesitaba tiempo, y estaban tratando de concederle todo el que necesitara. Habían sido tantas cosas en tan poco tiempo…

Pagó al taxista y le dio las gracias, saliendo del coche y cerrando con suavidad la puerta una vez en la acera. Se colocó el bolso en el hombro y caminó hasta el restaurante. Se paró un momento en la entrada y respiró hondo, componiendo una sonrisa que esperaba que engañara a sus padres. Alargó la mano y abrió la puerta, tirando de ella. El sonido de una campanilla alertó a un camarero, que se apresuró a ir a recibirla.

―Buenas noches, señorita.

―Buenas noches. ―Vio a su padre haciéndole señas y sonrió―. Ya veo mi mesa, gracias. ―El camarero se inclinó y se hizo a un lado, dejándola pasar. Sakura anduvo a paso rápido hacia ellos y se dejó caer en una de las dos sillas que quedaban libres. Se quitó la chaqueta que llevaba puesta para colgarla en el respaldo, e hizo lo mismo con el bolso, cuidando de que quedase cerrado para que nadie sintiese la tentación de meter la mano dentro.

―¿Cómo estás, querida?―preguntó su madre, apresurándose a cogerle la mano por encima de la mesa. Sakura mantuvo su sonrisa.

―Bien, mamá. De verdad, estoy bien.

―¿Y nuestro nieto?―preguntó su padre, sin poder disimular su ansiedad. Sakura suspiró y metió la mano uno de los bolsillos de la chaqueta, cogiendo el móvil. Lo desbloqueó y buscó las fotos que le había hecho ese día a Shinachiku, a pesar de la ligera oposición de Kushina a ello. Claro que las había tenido que sacar a escondidas, Shinachiku nunca colaboraba cuando era ella la que iba a echarle una foto.

Les pasó el teléfono a sus padres. Mebuki lo tomó en el acto y se acercó a la pantalla, mientras su padre sacaba unas gafas del bolsillo de su chaqueta y se las ponía, ajustándolas bien sobre el puente de la nariz.

―Qué guapo es… Se parece a su padre… ―Sakura no discutió aquella observación hecha por su progenitora, porque era la pura verdad. Shinachiku se parecía muchísimo a Naruto. No llegaba a ser un mini calco, no como el pequeño al que había conocido hoy, Boruto. Él sí que era clavado al Uzumaki.

―Sí, pero no te olvides de que tiene los ojos de nuestra hija―sonrió levemente a Sakura antes de seguir con la minuciosa inspección de la instantánea―. Y su tono blanquecino de piel.

―Pobre, va a tener muchos problemas cuando llegue el verano.

―No los tiene… no los va a tener―dijo Sakura, tomando su vaso de agua y dando un sorbo―. Cuando le comenté a Naruto este hecho me explicó que Shinachiku, aunque es pálido de piel, en realidad nunca se quema. Ni él ni sus… hermanos. ―Se mordisqueó el labio inferior―. Más bien se pone moreno. No como él mismo, claro, pero… se le acerca bastante.

―Ya veo… ―dijo Mebuki, repentinamente feliz por conocer un detalle más sobre el que era su nieto―. ¡Oh, mira, aquí está comiendo helado! ¡Qué mono!―Sakura sonrió al recordar aquella foto. Era de sus favoritas. Se la había sacado en un despiste del niño y de Kushina, mientras la mujer mayor pedía su helado y Shinachiku estaba demasiado ocupado saboreando el dulce frío como para atender a lo que ella estaba haciendo.

En ella Shinachiku salía con toda la lengua fuera, lamiendo las tres bolas de chocolate de su cucurucho, poniéndose toda la cara perdida, con los ojos muy abiertos por la sorpresa de haber sido pillado por la cámara de un móvil.

Sakura ya había decidido que aquella iba a ser su fondo de pantalla nuevo, tanto del teléfono como de su tablet y ordenador. Así, cuando no estuviera con él, podría tenerlo siempre con ella y recordarlo. Sonaba muy sentimental y ñoño, pero era una madre, al fin y al cabo, una que necesitaba atesorar cuántos más momentos de la vida de su pequeño, mejor. Porque cualquiera podría ser el último.

―¡Anda, pero si es Kushina!―Sakura hizo una mueca y asintió―. ¿Es que fue hoy con vosotros?―Mebuki y Kizashi miraron para su hija. Sakura negó.

―Vino conmigo y con Shinachiku. Naruto, él… no estaba. ―Ambos integrantes del matrimonio Haruno se miraron entre sí, intrigados, para luego volver a mirar a Sakura.

―¿Qué no estaba? ¿Cómo que no estaba?―Sakura suspiró y negó.

―Al… al parecer se ha ido. Se ha cogido dos semanas de vacaciones y… eh… se ha marchado de viaje. Con su mujer. ―Sakura parpadeó confusa ante el brillo triunfante que pareció asomar a los ojos de su padre.

―¡Eso es perfecto, cariño!―Sakura pestañeó una vez más, sin entender.

―¿Perfecto? ¿Qué quieres decir?

―Kizashi. ―Llamó su esposa, en tono de advertencia. Pero el hombre no hizo caso, inclinándose hacia Sakura para cogerle la mano entre las suyas.

―Puedes utilizarlo a tu favor. Puedes aducir abandono o algo parecido, despreocupación…

―¡Kizashi!―exclamó de nuevo Mebuki, al ver la pálida y horrorizada expresión en el rostro de la hija de ambos.

Sakura retiró la mano de las de su padre y la convirtió en un puño bajo la mesa. Tuvo que respirar hondo varias veces, intentando tranquilizarse.

―No voy a hacer eso, papá―dijo, con calma, tras varios minutos de silencio. Ahora fue Kizashi el que puso expresión de no comprender.

―Pero…

―Kizashi―llamó su esposa por tercera vez, ahora en un tono cortante que lo hizo respingar―. Hazme el favor de dejar de decir tonterías.

―¡No es ninguna tontería! ¡Estoy seguro de que-

―Dos semanas de vacaciones no borran diez años de perfecto cuidado y dedicación―espetó Mebuki, en tono duro―. Los abogados de la otra parte pueden aducir que toda persona necesita descanso de vez en cuando. Además, el niño no quedó abandonado ni nada parecido, sino que sus abuelos se ocuparon de él, de él y de sus hermanos. ¿Crees que alguien validará nuestro testimonio?―Mebuki negó―. Naruto y Hinata tienen a mucha gente de su parte que no dudarán en prestar declaración a su favor. Y te aseguro que no dirán más que cosas absolutamente maravillosas sobre ellos.

―Papá―llamó Sakura, en un tono más suave que el empleado por su madre―. Mamá tiene razón: no gano nada atacando, sino todo lo contrario. Tengo… tengo que amoldarme y ceder, hacer las cosas a su manera. Sé que es difícil y no voy a fingir que no lo será en un futuro próximo, pero… es mi mejor baza para poder tener cierta presencia en la vida de mi hijo. ―Kizashi suspiró y asintió, hundiendo los hombros.

De pronto, parecía un hombre mucho más mayor, uno derrotado por la vida y las circunstancias.

―Lo entiendo, cariño. Es solo que, como bien dices, es difícil. Muy difícil. Tu madre y yo ni siquiera hemos podido verlo… aún. ―Sakura tragó saliva y asintió.

―Lo sé, papá, lo sé. Estoy trabajando en ello, de verdad que sí. De hecho, pensaba pedirle hoy a Naruto permiso para traérmelo a cenar, en caso de que… de que fallara mi plan inicial. ―Mebuki alzó una ceja ante lo dicho y Sakura se mordió el labio inferior, maldiciéndose por haberse ido de la lengua.

―¿Y cuál era ese plan inicial, si puede saberse?―Sakura miró para un lado, esperando que algún camarero se percatara y viniera a salvarla de tan bochornosa conversación―. ¿Sakura? Estoy esperando una respuesta, jovencita―dijo Mebuki, cruzándose de brazos y mirándola con los ojos entrecerrados. A Sakura le recordó a su época de adolescente, cuando llegaba más tarde de la hora impuesta y se encontraba a su madre esperándola de esa misma guisa, con los brazos en jarra, el ceño fruncido y todo el cuerpo bien recto, exigiendo una explicación para su tardanza.

Sacudió la cabeza para salir de sus recuerdos y miró para su madre. Ya no era una adolescente, pero su madre seguía siendo su madre, y, por desgracia, seguía ejerciendo el mismo poder intimidatorio que ella recordaba. Así que suspiró y, sin mirarla, ni tampoco a su padre, contestó, tragando saliva para evitar que las palabras se le atascasen en la garganta.

―Pensaba… pensaba invitar a Naruto y a Shinachiku a cenar… tal vez con vosotros, incluso. ―Mebuki alzó la otra ceja.

―Sakura, ¿a qué estás jugando?―Sakura se peinó el pelo nerviosamente.

―A nada, mamá, de verdad. Solo habría sido una cena de… cortesía, sí, eso, de cortesía. Y de agradecimiento. Y para pedirle perdón, también… ―susurró.

Mebuki cerró los ojos y suspiró. Cuando los abrió nuevamente, miró para su hija con cierta dureza impresa en sus ojos de un verde intenso.

―Sakura―empezó. Y la aludida supo, por su tono de voz, que no iba a gustarle un pelo lo que su madre iba a decirle―. Ni se te ocurra. ―Ella abrió la boca, pero Mebuki alzó una mano, pidiéndole silenciosamente que la dejase continuar―. Hace diez años tomaste una decisión y, aunque tu padre y yo tuvimos nuestra parte de culpa―Sakura eso no se lo rebatió―tú fuiste la que tomaste la decisión. Te fuiste, dejaste a Naruto y abandonaste a tu hijo, a nuestro nieto. Él consiguió rehacer su vida al lado de la que, estoy segura, es una mujer maravillosa. No hay más que ver lo feliz que es Shinachiku. Y, según nos cuentas, adora a su madre. Y todos sabemos que esa, desgraciadamente, no eres tú. ―Sakura asintió, con los hombros hundidos―. No puedes venir y exigir cosas que no te corresponden, ya no. Por mucho que desees tener a Shinachiku contigo y darle una familia como las de los cuentos… no va a poder ser. Además, ¿qué pasa con los otros dos niños, con los hermanos de Shinachiku?

―Medio hermanos―musitó Kizashi. Mebuki le lanzó una mirada tal que lo hizo bajar la cabeza y mantenerse callado en lo que duró el resto de la conversación.

―Hermanos―recalcó Mebuki; miró de nuevo para su hija―. Cariño, te quiero, y quiero que seas feliz. Pero tu felicidad no está por encima de la de los demás. Lo entiendes, ¿verdad?―Sakura tragó saliva por enésima vez en la noche y asintió, apesadumbrada.

―Sí, mamá, claro que lo entiendo. Es solo… que no puedo evitar preguntarme… preguntarme cómo habría sido, ¿sabes? Estar junto a Naruto, criar juntos a Shinachiku… Estoy segura de que nos habría ido… bien. Habríamos salido adelante, como una familia. Tal vez tendríamos más niños y… no sé… no estaría sola. Él me quería y lo habría dado todo por mí. ―Mebuki dulcificó su mirada y la miró con compasión.

―Cielo, no dudo de que habría sido así. Pero los "habría" y los "Y si" no existen. El pasado no puede ser cambiado. Solo se puede ir hacia adelante, no hacia atrás. ―Sakura asintió, sintiendo el peso de la culpa y de sus acciones una vez más.

Porque de no haber sido una idiota, ahora tendría a alguien que la amase, la consolase y la abrigase en las noches más frías.

Tendría a alguien que alejase las pesadillas que no la dejaban dormir por las noches.

Pero, como decía su madre, el pasado no podía ser cambiado. Así que solo le quedaba luchar por tratar de mejorar el futuro.

Fin Capítulo 24


Vaaaaaaaaaaaale... Sé que muchos estaréis odiando a Sakura en estos precisos momentos; y no os culpo, de verdad que no, pero pensad un momento antes de tirarme lo que sea que tengáis a mano a la cabeza (?).

No, hablando en serio: Sakura no interferirá de esa forma tan vil en nuestra querida familia Uzumaki (más que nada porque yo no lo permito, que soy la autora xD). Es solo un pensamiento fugaz que ha tenido, un sentimiento de lo que podría haber sido. Así que...

NO VA A PASAR DE AHÍ.

He dicho (?).

Ahora sí, pasemos a lo importante y lo básico y lo fundamental: ¿me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Lila y a Marys! ¡Gracias mil, de verdad! ¡Os lo agradezco un montón!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.