¡YAHOI! Para variar, es de noche, me voy a convertir en una lechuza a este ritmo, pero es que es o bien por la mañana o bien por la noche tarde cuando tengo tiempo para escribir, editar, actualizar y contestar reviews xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!


Capítulo 25


Hinata se estiró sobre la cama, con pereza, sonriendo al sentir los brazos de Naruto apretarla más fuerte contra él. Suspiró al notar sus pieles rozarse con el leve movimiento. Miró el elegante reloj que había sobre la mesilla. Las once de la mañana. Sonrió al pensar en lo maravilloso que era poder dormir sin tener que preocuparse por los horarios.

Su sonrisa decayó un tanto al pensar en que apenas les quedaban dos días en aquel idílico paraíso. Habían sido quince días maravillosos. Quince días en los que habían reído, hecho turismo por los alrededores, salido a cenar, a la playa, a pasear…

Y, por supuesto, quince días en los que se habían dedicado a hacer el amor. Sin inhibiciones, sin miedo. Hinata sabía que en aquella casa tan grande había personal que se encargaba de que todo funcionara perfectamente y estuviera todo limpio y reluciente. Tan reluciente que una vez había comentado que seguramente se podría comer en el suelo y, esa misma noche, Naruto le organizó un picnic en uno de los saloncitos que tenían chimenea. No era invierno, pero a ellos les había dado igual.

Aquella noche había sido una de las más especiales y maravillosas, no solo por la comida y la compañía, sino porque habían hecho el amor de una forma intensa, apasionada, pero a la vez lenta y placentera; tomándose su tiempo para explorarse el uno al otro como nunca antes.

Claro que también había habido encuentros breves y salvajes. Hinata se sonrojaba solo de pensar en que no habían dejado mueble sin probar ni rincón de la propiedad sin explorar. Incluso lo habían hecho en la piscina, donde cualquiera podría haberlos visto…

Sacudió la cabeza y se dio la vuelta, acurrucándose contra el cuerpo de Naruto y depositando un beso en su pecho. Naruto gimió entre sueños y la abrazó más fuerte. Sintiéndose atrevida, Hinata se deslizó silenciosamente hacia abajo, dejando un camino de suaves besos por todo su torso y su abdomen.

Cuando llegó al lugar en el que empezaba el vello rubio de su entrepierna se detuvo unos segundos, alargando la mano para pasar las yemas de los dedos por aquella zona tan sensible. Escuchó un ronco gemido masculino y sonrió para sí. Sin detenerse, pasó un dedo travieso por la erección mañanera que presentaba su marido; esta se hinchó un poco más ante el contacto y se sacudió ligeramente, como animándola a continuar con su tímida exploración.

Hinata así lo hizo, envolviendo su mano alrededor del miembro grueso y duro, masturbándolo. Se percató de que la respiración de su esposo se aceleraba; Naruto gimió todavía entre sueños y se dio la vuelta, poniéndose boca arriba, como si quisiera escapar de esa dulce tortura.

―Hinata… ―Sintiéndose más femenina que nunca, Hinata se apoyó en sus manos y gateó hasta ponerse sobre Naruto. Echándose el pelo hacia atrás con una mano agarró su excitación con la otra y bajó la cabeza. Besó la punta y Naruto gimió roncamente―. Hinata… ―Cerró los ojos y lo tomó por fin con su boca. El cuerpo masculino se tensó; Hinata sintió cómo crecía su excitación, tanto la de él como la suya propia.

Sin poder evitarlo, llevó su mano libre hasta uno de sus muslos, deslizándola en una lenta caricia, como si todavía dudara de lo que iba a hacer. Pero cuando sus propios dedos rozaron la parte más sensible de su anatomía no pudo evitar que su corazón se acelerase, indicándole así lo mucho que lo deseaba.

Se acarició a sí misma, con inseguridad primero, con más confianza al darse cuenta de que aquello, aunque atrevido, también era la mar de placentero.

Darse placer a sí misma mientras también se lo proporcionaba al hombre al que amaba era una sensación increíble. Dio con aquel punto que solía volverla loca cuando Naruto la tocaba ahí abajo y gimió, dejando brevemente de acariciar a su esposo.

Sintiendo el placer invadirla poco a poco, continuó. Volvió a apoderarse del miembro masculino al tiempo que se penetraba a sí misma con los dedos, mientras estos rozaban una y otra vez el vértice de su cuerpo, donde ahora mismo confluían todas sus sensaciones.

Sintió la excitación crecer, su respiración y la de su dormido compañero de cama entrecortándose y acelerándose. Se afanó todavía más en ambas tareas, sintiendo que tano su clímax como el de Naruto estaba cerca, cada vez más cerca…

Sintió cómo Naruto explotaba en su boca e hizo más presión hacia abajo, tomándolo todo. Aquello hizo que alcanzara su propio placer. Soltó al fin el miembro de su marido y echó la cabeza hacia atrás, apoyando la otra mano sobre las sábanas mientras gemía y temblaba, con sus propios dedos enterrados profundamente dentro de ella.

Las sacudidas fueron mermando poco a poco, dejándola lánguida y satisfecha, con una sonrisa en sus labios y completamente relajada.

―Maravillosa… ―Abrió los ojos de golpe y, temerosa, bajó la vista hacia su marido, topándose con sus preciosos ojos azules fijos en ella, ahora oscurecidos por la pasión.

Quedó tan sorprendida que no acertó a moverse inmediatamente, por lo que Naruto tuvo la oportunidad de observarla a placer. Sus orbes azulados se oscurecieron aún más tornándose en un azul que más tarde Hinata describiría como el de un mar en pleno preludio de una tormenta.

Su esposa, su preciosa esposa desnuda, con su corto pelo negro azulado enmarcando su perfecto y ovalado rostro, sus ojos perlados todavía brillantes por la pasión compartida, sus pechos erguidos hacia él en todo su esplendor, con sus pezones enhiestos, rogando porque los acariciara y los mordiera, deseosos de sus atenciones; su mano todavía sobre su sexo, con sus finos y largos dedos aún enterrados en lo más profundo de su cuerpo, su vello negro azulado impregnado de la humedad de su reciente clímax.

Hinata en esos momentos era la viva imagen del erotismo, y Naruto se regodeó en el pensamiento de que solo él tenía el privilegio de verla de esa forma tan íntima. Sintiendo su propia excitación despertar nuevamente sonrió y se incorporó en la cama. Con suavidad, se acercó a ella y le acarició el brazo hasta entrelazar su mano con la suya. Hinata abrió mucho los ojos al sentir que no solo eran sus dedos los que la acariciaban ahora, sino también los de Naruto.

―Na-Naruto-kun. ―El rubio amplió su sonrisa y elevó una mano hasta acunarle el rostro.

―No puedes prender una llama y abandonar la hoguera, Hina―le dijo, con la voz ronca por la pasión que bullía dentro de él―. Ha sido el mejor despertar que he tenido en años, pero ahora… ahora quiero ser yo el que te provoque un orgasmo. ―Aquel comentario la hizo enrojecer.

Naruto rio y la abrazó con su brazo libre, llevándosela con él mientras sus manos entrelazadas se daban a la tarea de estimularla nuevamente.

Hinata cerró los ojos y se dejó hacer. Naruto posó la mano en una de sus nalgas y, haciendo uso de toda su fuerza, la obligó a abrir las piernas y a ponerse a horcajadas sobre él. Tiró con cuidado de la mano que tenía entre sus piernas, dejando de acariciarla, para poder levantarla con las dos manos con comodidad y así poder situarla donde quería, donde la necesitaba.

Mordiéndose el labio inferior, Hinata abrió los ojos y lo miró directamente. Naruto no apartó los ojos de los suyos mientras la hacía descender poco a poco hasta estar por completo encajado en la calidez de su interior.

―Muévete, Hina―le dijo, con la voz aún ronca de deseo.

Hinata obedeció, comenzando a moverse poco a poco, disfrutando, sin abandonar en ningún momento su mirada azulada que parecía estarla devorando. Naruto la ayudó con el balanceo de sus caderas, apoyando los talones en el colchón de la cama e impulsándose al mismo tiempo que ella, enterrándose así cada vez más profundamente.

―Hinata… mi Hinata… mi mujer… ―susurraba una y otra vez, perdido en el placer que solo esa tierna fémina podía proporcionarle.

―Naruto-kun… Naruto-kun… ―El orgasmo los alcanzó a los dos al fin por segunda vez, haciéndolos gemir.

Dejaron que la bruma de placer que los envolvía se disipara poco a poco, disfrutando al máximo de la intimidad compartida. Cuando las respiraciones de ambos se calmaron y los latidos de sus corazones se normalizaron Hinata se apoyó en su pecho e hizo fuerza hacia arriba. Naruto hizo una mueca al sentir como se deslizaba fuera de Hinata, lamentando enormemente el tener que abandonar la calidez de su interior.

Pero enseguida sonrió cuando ella se estiró a su vera, suspirando de satisfacción en cuanto él la abrazó contra sí, con fuerza.

Estuvieron varios minutos en silencio, disfrutando del sol mediterráneo que entraba por los grandes ventanales así como de las perezosas caricias de sus manos en el cuerpo del otro.

―Te amo―dijo Naruto, rompiendo el silencio. Hinata sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y parpadeó para ahuyentarlas, no entendiendo por qué se emocionaba tanto, como si fuera la primera vez que se lo decía.

―Y-yo también te amo―le dijo, rodando sobre un costado para quedar frente a él y acariciar una bronceada mejilla. Naruto sonrió ampliamente, como un niño pequeño al que le acabaran de comprar un par de zapatos nuevos. Acarició su cabello y besó su frente, con cariño, sintiéndose el hombre más afortunado de la tierra porque una mujer tan maravillosa como Hinata hubiese elegido amarlo a él y solo a él.

El silencio volvió a hacerse presente, envolviéndolos en su propia burbuja de felicidad, mientras se acariciaban, se besaban y se mimaban. Las palabras sobraban en ese momento tan perfecto.

Pero, como todo lo bueno, aquel pequeño lapso llegó a su fin cuando un teléfono sonó, obligándolos a salir de su ensoñación. Hinata pegó un respingo sobre el colchón al oír el estridente sonido.

Mascullando maldiciones, Naruto la soltó a regañadientes y se sentó sobre la cama.

―Es uno de los de la casa―dijo, levantándose y caminando en toda su gloriosa desnudez hasta la cómoda que había en la habitación, donde la pantalla de un teléfono inalámbrico parpadeaba sin parar―. Debe de ser Rocco… ―Hinata se echó de nuevo sobre la cama y se envolvió entre las suaves sábanas de lino, conteniendo un suspiro de decepción―. Será por lo de la cena de esta noche. ―Hinata abrió los ojos como platos al oírlo.

¡La cena! ¡Se había olvidado completamente! Naruto le había dicho al segundo día de llegar que Rocco Vitale lo había llamado, solicitando que quedaran para cenar antes de que el matrimonio Uzumaki tuviera que regresar a Japón. En aquel momento a Hinata no le había parecido nada mal la idea. Se moría de ganas por conocer a un personaje tan importante, y no solo por su fama o porque fuese rico, sino porque quería darle las gracias sinceramente por todo lo que había hecho por Naruto y, en consecuencia, por ella y por los niños. Además de agradecerle por haberles prestado ese maravilloso lugar para pasar sus vacaciones improvisadas, ¡y gratis!

Ahora se arrepentía de ello. Un poco.

Sacudió la cabeza, diciéndose que estaba siendo infantil. Había tenido un montón de días a solas con su marido, disfrutando al máximo el uno del otro. Además, tampoco podía ser maleducada. Siempre se había sentido orgullosa de sus buenos modales.

Cerró los ojos y escuchó a Naruto hablar y soltar alguna que otra carcajada. Sonrió dichosa al pensar en que ella tenía mucho que ver en la felicidad de aquel impresionante hombre. Naruto colgó a los pocos minutos y volvió a su lado, besándola en cuanto se metió entre las sábanas con ella.

―¿Era… ―Naruto asintió antes de que terminara su pregunta.

―Sí, era Rocco. Quería asegurarse de que no nos habíamos olvidado de lo de la cena. ¿Sigues queriendo cocinar tú? Porque me ha insistido mucho en que no es necesario, que si te apetece algo especial lo encargues al personal o se lo digas a él directamente y ya-

―No. Es decir, sí, quiero cocinar yo. Será mi manera de agradecerles, a él y a su esposa, por su generosidad y su amabilidad al prestarte este maravilloso lugar. Es un paraíso. ―Naruto sonrió al ver sus ojos perlas brillar. Luego, suspiró, abrazándola y enterrando el rostro en su cuello―. ¿Naruto-kun?

―Ojalá tuviera dinero suficiente para poderte comprar un sitio como este―dijo, con la voz amortiguada. Hinata sonrió con cariño y le acarició el corto cabello dorado.

―No tienes que preocuparte por eso. Este lugar es precioso, sí, pero no cambiaría nuestro hogar por nada del mundo. ―Naruto levantó la cabeza y la miró, apoyándose en un codo para no aplastarla.

―¿Lo dices en serio? ¿O solo para que no me sienta mal?―Hinata rio y le pasó los brazos por el cuello, atrayéndolo hasta que sus labios casi se rozaban.

―Lo digo en serio. Te amo, señor Uzumaki. ―Naruto sonrió zorrunamente.

―Más le vale, señora Uzumaki. Porque no pienso dejarla escapar. Nunca ―Hinata amplió su sonrisa al sentirlo besar su garganta.

―Mmm… ¿Nunca?

―Nunca―afirmó Naruto, besando ahora el valle entre sus pechos.

―¿Nunca, nunca?―dijo Hinata, divertida, jugando un poco con él. Naruto rio roncamente mientras besaba su ombligo. Siguió bajando lentamente mientras la miraba directamente al rostro.

―Nunca, nunca. Jamás. ―sentenció, antes de enterrar su rostro entre sus piernas.

Hinata cerró los ojos y suspiró, dejándose llevar una vez más por el amor y la pasión que sentía hacia ese hombre.

Ella tampoco lo dejaría escapar.

Nunca jamás.


Hinata comprobó que la pasta se estuviera cociendo bien y prosiguió cortando los tomates en daditos pequeñitos, para cocinarlos en cuanto los espaguetis estuvieran hechos. Faltaban dos horas aún para que llegaran Rocco Vitale y su mujer, así que tenía tiempo de sobra para terminar de cocinar y después vestirse y arreglarse…

El sonido del motor de un coche la hizo levantar la cabeza cual suricato, quedando rígida.

―¿Has oído eso?―le preguntó Naruto, entrando en la cocina a toda prisa.

―Sí, pero… ―Echó un vistazo al reloj, comprobando que no se había equivocado al mirar la hora hacía unos minutos―. E-es muy temprano y… yo con estas pintas… ―El timbre sonó y Hinata puso expresión de pánico. Instintivamente, buscó una salida, una que le permitiera huir lo más rápidamente posible.

―Tranquila, estás precio-

―¡Estoy horrible! ¡Mira estos pelos! ¡Oh, ni siquiera me he duchado aún… ―Riendo y dejando a su esposa en medio de una crisis nerviosa, Naruto fue a abrir, con su habitual andar despreocupado.

Al abrir la puerta sonrió ampliamente a las dos personas que esperaban en el umbral. Una pequeña, ansiosa e impaciente y la otra firme, seria y formal.

―Rocco… ―Le estrechó la mano con la familiaridad y la costumbre de años y años de amistad―. Sabe-

―¡¿Dónde está?!―Confuso, Naruto tuvo que echarse a un lado, cuando la pequeña mujer de cabello, piel y ojos oscuros entró a toda prisa en el vestíbulo de la casa, empezando a mirar por todos lados.

Tras él, Rocco resopló, aparentando irritación. Pero cualquiera que mirara en la profundidad de sus ojos negros vería que se estaba divirtiendo tremendamente con la reacción de su esposa.

―Sabela, cariño, contrólate―dijo Rocco, en un perfecto inglés.

Naruto cerró en cuanto Rocco entró y fue a ponerse frente a ellos una vez más. Sabela Vitale no dejaba de mirar a todas partes, ansiosa.

―Llevo años esperando para conocer a esa supuesta perfección hecha mujer que Naruto siempre nos describe. No me lo fastidies, Rocco. ―Ambos hombres se miraron con las cejas alzadas para después echarse a reír. Rocco le pasó el brazo por los hombros a su mujer, estrechándola contra él.

―La veréis enseguida. Seguramente habrá ido a esconderse. ―Sabela pareció confundida por sus palabras.

―¿A esconderse? ¿Por qué?―Naruto sonrió mientras los precedía hacia el salón.

―Hinata es muy tímida, especialmente con aquellos a los que no conoce. Cuando éramos jóvenes, siempre que yo le hablaba se desmayaba. ―Sabela abrió los ojos como platos y se lo quedó mirando.

―¿En serio?

―No sé de qué te sorprendes si tú eres igual. Te pones muy nerviosa con gente que no conoces. Tanto que acabas escondida detrás de mí como si fueras una niña pequeña. ―Sabela enrojeció ante las palabras de su marido y murmuró algo en una lengua que Naruto no conocía. Estaba acostumbrado a oírla soltar parrafadas en español, su lengua materna, pero aquel idioma era nuevo para él.

―¿Perdona?―Sabela sacudió la cabeza y se fue casi corriendo hacia las escaleras, dejando a los dos hombres solos.

Naruto miró entonces para Rocco, curioso, confundido. Rocco negó con la cabeza mientras iba hacia el mueble bar y se servía una copa.

―No intentes comprenderla. Yo hace mucho que renuncié a intentarlo siquiera. Sabela es impredecible. Nunca sé por dónde me va a salir, y reconozco que hay veces que eso me vuelve loco, pero también me encanta. ―Naruto sonrió y cogió el vaso que le ofrecía su amigo con una sonrisa.

―¿Qué era eso de antes?―Rocco frunció el ceño para luego sonreír.

―Ah, te refieres a lo último que dijo…

―No era español, ¿verdad? ¿Qué idioma era?―Rocco sonrió.

―Una de las tantas lenguas que tienes la fortuna de oír en España si pasas por el lugar adecuado. Es un país maravilloso con un montón de culturas, costumbres… y lenguas diferentes. ―Naruto dio un sorbo a su bebida mientras Rocco hacía lo mismo.

―¿Y eso te lo has aprendido de memoria o… ―Rocco sonrió, apoyándose contra el mueble bar, dándole vueltas a su vaso en la mano.

―Uno tiene que saber apreciar el lugar de donde viene su esposa, casi tanto como el propio hogar. ―Rocco suspiró, llevándose la bebida a los labios y dando un pequeño sorbo―. Tuve que aprender sobre la marcha, como todos. Cometí muchos errores con Sabela… muchos. ―Naruto miró para el fondo de su propio vaso.

―No eres el único―susurró. Rocco se lo quedó mirando, curioso―. Que ha cometido errores, digo. ―Rocco sonrió.

―Supongo que en lo referente a los sentimientos y las emociones los hombres siempre seremos unos lentos―dijo, terminándose su vaso―. Bueno, cuéntame. ¿Qué tal te va el negocio?―Naruto sonrió, acabándose él también su bebida, y procedió a poner al día a su amigo de las últimas novedades.


Hinata miró nerviosa para la ropa que había esparcido sobre la enorme cama, y luego de nuevo al armario. Frustrada, revolvió entre las exquisitas prendas que había encontrado el primer día de su llegada. Tan solo se había puesto uno o dos de aquellos vestidos, temerosa de mancharlos o estropearlos, nada acostumbrada a esos lujos. No desde que se casara con Naruto, al menos.

―Acabarás por echar abajo el armario. ―Dio un respingo acompañado de una exclamación. Se dio la vuelta, con la mano sobre el corazón, que le latía a la velocidad de la luz.

Frente a ella se encontraba una chica de más o menos su estatura, algo más corpulenta, de piel tostada, ojos marrones profundos y cabello negro. La chica tenía claramente rasgos occidentales y le sonreía algo tímida, cohibida.

La mujer se aclaró la garganta y le tendió la mano, algo insegura.

―Soy Sabela… Sabela Vitale. ―Hinata parpadeó. Retrocedió, horrorizada, mirando para el mandil que se había puesto para cocinar y que aún no se había quitado. Con las prisas por subir a ponerse algo decente para recibir a los dueños de la villa, había olvidado completamente que lo llevaba encima.

Se apresuró a desatarlo con manos nerviosas. Los dedos se le volvieron torpes y no dio deshecho el nudo siquiera. Sabela soltó una risita, haciendo que se avergonzara aún más.

―Ven, déjame. ―Con suavidad, como si le hablara a una niña, Sabela la hizo darse la vuelta y ella mismo desató el nudo y la ayudó a quitarse el mandil―. Eres preciosa. Tal y como me imaginé que serías. Bueno, teniendo en cuenta lo mucho que Naruto me ha hablado de ti y de cómo eras, tampoco me hizo falta mucho para imaginarte… ―Sabela calló de pronto, mirándola con algo de vergüenza―. Perdona. Hablo mucho, ¿verdad? Es la costumbre… Cuando estoy nerviosa o alterada empiezo a hablar y no paro y…

―E-está bien―dijo Hinata, teniendo que esforzarse un poco por recordar su inglés, ya que ella no tenía ni idea de español ni tampoco de italiano, que seguramente serían las dos lenguas que más dominaba aquella chica―. U-usted también es muy guapa, señora Vitale. ―Sabela hizo una mueca.

―Por favor, no me trates de usted. ―Luego se la quedó mirando, insegura―. ¿Pu-puedo tutearte yo también? Sé que para los japoneses es distinto. La primera vez que vi a Naruto y me lancé a darle dos besos como es costumbre en mi país se me quedó mirando como si yo fuera un alienígena venido de otro planeta. Fue culpa de Rocco―gruñó―. El muy maldito no me avisó ni me advirtió de nada e hice un ridículo tremendo. Claro que yo después me vengué, vaya si me vengué… ―Paró nuevamente de hablar y se llevó las manos al rostro―. Por favor, no me hagas caso. Olvida que he dicho algo… ―Hinata se llevó una mano a la boca y soltó una risita.

Todos sus nervios se fueron enseguida. Se acercó a la joven mujer y se atrevió a coger una de sus manos entre una de las suyas, apretándosela. Sabela se destapó el rostro y la miró.

―N-no pasa nada―Hinata carraspeó―. No pasa nada, de verdad que no―insistió, al ver que Sabela abría la boca para volver a hablar―. Pu-puedes llamarme Hinata. Y tú eras… Sabela―dijo, esforzándose por pronunciarlo bien.

Sabela soltó un gritito de felicidad y la abrazó.

―¡Genial, entonces!―Se giró hacia la cama, sonriendo feliz al ver el montón de ropa que había encima―. ¡Has usado mi ropa!―Hinata asintió.

―N-no toda―dijo, yendo hacia el mueble y alargando la mano hacia uno de los bonitos vestidos que estaban ahí amontonados―. Me daba miedo estropear o romper alguna de las prendas…

―Si ese hubiese sido el caso, te habría cosido un repuesto encantada. ―Hinata se la quedó mirando, boquiabierta.

―¿L-las has hecho tú?

―¡Por supuesto! No solo las he diseñado, también he hecho los patrones y las he cosido. A mano. ―Rio al ver el rostro pálido y consternado de Hinata―. No te preocupes, lo he hecho de buen grado. Ya no suelo tener tiempo para coser, en gran parte porque ahora diseño a gran escala y, aunque mis diseños son muy exclusivos… ―lo último pareció gruñirlo; Hinata la miró con curiosidad pero Sabela sacudió la cabeza, como desechando algún pensamiento malicioso―. En fin, que tengo un ejército de gente contratada por el neandertal de mi marido para que lo hagan por mí. ―Hinata pestañeó.

―¿A-acabas de…

―¿De llamar neandertal a Rocco Vitale? ¿Uno de los hombres más ricos e influyentes del mundo? Querida, si yo, que soy su mujer, no imprimo algo de sentido común y de realidad en esa calculadora que tiene por cerebro, nadie más lo hará. Créeme. La gente tiene auténtico pánico a contradecirlo. Algo que no entiendo, la verdad, porque luego lo ves con las niñas y te juro por lo más sagrado que se vuelve un pedazo de pan con mantequilla y azúcar… ―Sabela suspiró―. Dios, ya estoy otra vez. Soy un caso. En fin, vamos a ver qué te encontramos… ―Hinata disimuló una sonrisa y se inclinó al lado de Sabela.

Presentía que la esposa de Rocco Vitale y ella iban a llegar a ser muy buenas amigas.


―Vaya. ―Rocco respiró hondo, controlándose. Su amigo le había contado algo muy gordo, algo muy personal. Y no solo agradecía enormemente el que confiara en él, sino que, además, sentía el impulso de ayudarlo en lo que pudiera―. ¿Necesitas mi ayuda? Puedo hacer una llamada y tendrás a tu disposición al mejor abogado-

―Te lo agradezco―dijo Naruto, pasándose las manos por el pelo con un suspiro―. Pero no es necesario, de verdad. Mis dos mejores amigos son abogados y ya están a ello. Solo… necesito tu punto de vista. Eres una persona que siempre lo calcula todo al milímetro en base a todas las opciones posibles. Dime la verdad, por favor, ¿crees que tengo alguna posibilidad de ganar? ¿De evitarle a Hinata el mayor dolor de su vida?―Rocco se quedó pensativo unos minutos, sopesando su respuesta.

―No estoy al día en cuanto a las leyes japonesas―empezó, cuidando su tono de voz y sus palabras. No quería darle falsas esperanzas a su amigo pero tampoco quería desmoralizarlo―. Pero normalmente, aunque a veces no sea así, los jueces suelen tener especial cuidado en los casos de custodia infantil. En España, por ejemplo, tienen prioridad los padres biológicos. ―Aquello hizo poner una mueca a Naruto―. Pero en otros, como Estados Unidos, priman las necesidades y el bienestar del niño, aunque luego en la práctica no sea así… ―Rocco suspiró―. En Italia, por ejemplo, si alguno de los padres es italiano tendrá más posibilidades de hacerse con la custodia. Es diferente en cada caso y depende también de dónde estés. Aunque si yo estuviera en tu lugar… ―hizo una pausa―… no dudaría en aplastar a la otra parte con todo el dinero, el poder y la influencia de la que dispongo. Me darían igual las leyes. Nadie apartaría a un hijo mío de mí. ―Naruto no pudo evitar que un escalofrío le bajara a lo largo de toda la espina dorsal. Los ojos de Rocco se habían vuelto duro y fríos como el acero bien templado.

Delante de él ya no tenía a su amigo, sino al hombre implacable que era en los negocios. Le recordó a la primera vez que se habían visto, hacía ya varios años, cuando se presentó ante él en una conferencia que Gaara y él habían dado en la universidad, con un ejército de guardaespaldas y de ayudantes a su vera, siempre pendientes de cualquier necesidad de su jefe.

Respiró hondo y sacudió la cabeza.

―Dejémonos de charlas serias, se suponía que hoy teníamos que pasarlo bien. ―Rocco sonrió y asintió, relajando su postura al instante.

―Tienes razón. Perdona. ―Naruto negó.

―No, perdóname tú, por sacar el tema y apabullarte con mis problemas…

―Eres mi amigo. No tienes que disculparte. ―Naruto le sonrió, agradecido―. Reitero mi oferta. Si necesitas ayuda…

―Gracias. De verdad. Pero no hará falta. ―O eso espero, pensó para sí, guardando la oferta de Rocco en lo más profundo de su mente. Miró para el horizonte, disfrutando unos minutos de la hermosa vista de la campiña italiana que tenía frente a sí―¿Por qué tardarán tanto?―gruñó Naruto, impaciente, dándose cuenta de que Hinata y Sabela ya estaban tardando demasiado en bajar para la cena.

A su lado, ahora sentado a la mesa ya perfectamente arreglada y con la comida enfriándose en las fuentes, Rocco agarró su copa de vino y sonrió, completamente relajado.

―Estarán terminando de arreglarse. No te preocupes. ―Naruto suspiró.

―No lo entiendo. Hinata nunca suele retrasarse ni tardar tanto en vestirse… ―Rocco lo miró, incrédulo.

―¿En serio? Sabela tampoco es de las que tardan en vestirse y arreglarse, pero sí suele costarse decidirse por una cosa o por otra. Eso, y que siempre espera al último minuto. Casi siempre llegamos tarde a todas partes… ―El sonido de risas femeninas y dos pares de tacones los hicieron levantarse para recibir a sus respectivas esposas.

Tanto los ojos negros de Rocco como los azules de Naruto se quedaron mirando fijamente en cuanto dos visiones celestiales aparecieron ante ellos.

―Te dije que los dejaríamos sin palabras―le susurró Sabela, sonriéndole a su nueva amiga.

Por su parte, Hinata no pudo menos que sonrojarse. Con paso vacilante, se acercó a Naruto mientras Sabela iba hacia Rocco, sin atisbos de inseguridad.

―Hinata… ―murmuró Naruto, pasando la mirada a lo largo y ancho de todo su cuerpo―. Estás… vaya, estás impresionante. ―Hinata enrojeció aún más, volviendo a ser aquella adolescente tímida del pasado.

Naruto lamentó profundamente que Rocco y Sabela estuvieran allí en ese momento. Porque tan solo sentía deseos de cargar a su esposa en brazos para regresar al dormitorio y volver a hacer el amor con ella. Hasta el amanecer. Hasta que tuvieran que marcharse de aquel lugar paradisíaco que había sido su refugio en las últimas dos semanas.

Tras mucho debatirse, finalmente Hinata se había decidido por uno de los preciosos vestidos de diseño que Sabela había hecho especialmente para ella. Se trataba de una prenda de seda, con escote palabra de honor, que aplastaba y levantaba sus senos en una sensual invitación a que alguien los acariciara y hundiera el rostro en ellos, para besarlos justo como Naruto estaba deseando hacer en ese preciso instante.

La tela se ceñía a todas sus pronunciadas y femeninas curvas, acentuándolas, abrazando su cuerpo de una manera tal que Naruto apenas y pudo controlar su deseo. Tuvo que respirar hondamente varias veces, tratando de que su excitación no se le notara bajo la tela del pantalón.

No solo era el vestido. En los pies se había calzado unos altos zapatos de tacón que realzaban sus preciosas piernas. El pelo recogido en un moño sencillo pero que hacía destacar todos y cada uno de sus rasgos de porcelana. El maquillaje parecía potenciar el tono perla de sus ojos y el rubor de sus mejillas. En las orejas llevaba un par de pendientes que él le había regalado en su primer aniversario de casados y una sencilla pulsera de plata en una de sus muñecas. La alianza de boda y el anillo de compromiso con el que él le había pedido matrimonio eran los últimos adornos que complementaban su sofisticado atuendo.

Parecía una diosa griega, bajada directamente del Olimpo para deleitar a los simples mortales con su celestial visión.

―Cariño, creo que te has pasado―le dijo Rocco a su mujer, observando lo absorto que parecía su amigo en la belleza de su esposa.

Sabela se limitó a sonreírle, radiante.

―Una mujer tiene que dejar de vez en cuando boquiabierto y sin palabras a su marido. Mantener el misterio, ya sabes… ―Rocco no pudo evitar sonreír a su vez, inclinándose para besarla.

―Tú también estás preciosa. ―Sabela se sonrojó, sintiendo su corazón latir a mil por hora dentro de su pecho.

Miró una última vez para Naruto y Hinata y sonrió, sabiendo que había conseguido que aquella pareja que ya parecía tan enamorada se enamorara si cabe un poquito más.

Miró para la villa italiana que hoy en día le pertenecía y amplió sonrisa.

Aquella casa había vuelto a ejercer su magia. Y le dio las gracias silenciosamente, por haberla ayudado en aquel lance.

Fin Capítulo 25


Bueno, pues un capítulo más de nuestra preciosa y perfecta pareja NaruHina. A ver si así os quito el mono, que ya sé que en el anterior os llevasteis un chasco al ver que no era NaruHina ¿eeeeeeeeeeh?

Ahora, ¿me dejáis un review que exprese vuestra alegría y agradecimiento? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Paz, Xerxes y a Marys! ¡Gracias a todos, de verdad, muchísimas gracias! ¡Sois geniales y os amodoro!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.