Después de todo, Harry logró hablar con su Jefe de Casa después de una semana en Hogwarts.

Una semana.

El primer día de clases, Harry (con un poco de esfuerzo) mantenía algún tipo de conversación con sus compañeros de Casa, e intercambiaba pocas palabras con su compañero de habitación, Draco Malfoy. Draco no era realmente un mal chico, sólo un poco egocéntrico, pero nada que Harry no pueda ignorar.

Tuvieron como primera clase Historia de la Magia, con el aburrido fantasma como profesor, junto con los Gryffindor. Harry había utilizado esa clase leyendo el libro de Historia de Hogwarts, pero pudo ver cómo sus compañeros de Casa molestaban a los Gryffindor y viceversa, aunque realmente no pudo ver quién empezó. Lentamente se iba acordando de que el chico pelirrojo le había dicho que los Slytherin eran enemigos naturales de los Gryffindor, aunque a él le parecía un poco más lo contrario, pero tampoco intervino ni dijo nada cuando se dirigían a Encantamientos y escuchaba a sus compañeros insultar a los Gryffindor.

Tuvieron Transformaciones, en donde la profesora McGonagall sólo lo hizo sentir un poco más tonto que el resto, ya que cada vez que pasaba a su lado tenía que acomodarle una y otra vez la forma en la que sostenía la varita. Luego tuvieron el almuerzo (donde él apenas pudo comer la mitad de su plato antes de sentirse lleno, recibiendo una mirada que no pudo identificar por parte de Draco); y después tuvieron Herbología, donde la profesora Sprout parecía querer abrazar a todos los Hufflepuff's y Slytherin's que ponían caras raras cada vez que mostraba algún tipo de planta excepcionalmente asquerosa.

Esa noche, y al igual que todas las demás en esa semana, se encontraba extremadamente cansado: el practicar su escritura con pluma (que para su vergüenza no había mejorado ni un poco, y sólo logró no manchar tanto sus pergaminos), los grupos de estudios, el tratar de hacer que sus ensayos se vieran decentes, y hasta el quedarse varias horas en la noche leyendo sus libros y tratando de aunque sea llegar al nivel de sus compañeros en la magia y en sus costumbres, lo hacían olvidar sus dudas sobre su estadía en Hogwarts, por lo que se olvidó totalmente de hablar con su Jefe de Casa.

En esa semana, la primera vez que lo había visto por más de cinco minutos y fuera del desayuno, almuerzo y cena, fue el jueves, cuya primera clase del día era Pociones.

Harry estaba sentado en el primer asiento de la fila de la izquierda, junto con Malfoy a su izquierda. Atrás de ellos se encontraban los guardaespaldas del rubio platinado y habían algunos Slytherin que él todavía no podía recordar el nombre, todos del lado izquierdo, mientras que en las mesas del lado derecho estaban los Gryffindor. Harry había cometido el error de haber saludado a Ron Weasley la primera clase que habían compartido, recibiendo sólo de vuelta una mirada de odio bastante sorprendente y una seña obscena. Harry había suspirado ante ese recuerdo, y simplemente había tratado de evitar a todos los Gryffindor's posibles, tratando de evitar algún golpe o pelea. Cuando todos habían estado ya acomodados, en el frío aula de Pociones ubicada en las mazmorras, los susurros y risas mal disimuladas se silenciaron por completo cuando su Jefe de Casa, el profesor Snape, entró a grandes zancadas al lugar, golpeando la puerta contra la pared, donde rebotó y se cerró con un golpe seco.

El profesor Snape hizo un rápido movimiento cuando dirigió su vista feroz hacia todos niños en el aula, su capa ondeando detrás de él de forma que Harry pensó, casi arrancándole una sonrisa, que tal vez lo practicó mucho tiempo en sus aposentos privados. Comenzó a comprobar la asistencia, y cuando llegó a su nombre, lo miró fijamente con una sonrisa sarcástica en su rostro; sus ojos no mostraban nada.

—Harry Potter, nuestra "querida" celebridad...

El tono en que lo dijo hizo que Harry bajara la vista hacia la mesa, avergonzado, pero para su suerte, el profesor Snape sólo siguió llamando a los otros niños. Cuando comprobó que todos estaban presentes empezó su discurso, sin ningún solo ruido en el resto del aula (Harry se había sorprendido del miedo y hasta del respeto que el hombre emanaba a cada lugar que fuera).

*—Ustedes están aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de ustedes dudarán que esto sea magia.— Harry estaba prestando toda su atención a su profesor de Pociones, olvidándose por el momento que tenía que tomar notas para luego leerlas por si no entendía a la primera (como siempre fue, Harry era demasiado estúpido para "su propio bien", había dicho su tío); él sólo podía verlo y escucharlo hablar con una suavidad en su voz que realmente no pegaba absolutamente nada con sus duros ojos.— No espero que lleguen a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas hechizando la mente, engañando a los sentidos...— La mirada del profesor Snape se dirigía lentamente a cada uno de los rostros de los alumnos, sin dejar de hablar.— Puedo enseñarles cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener a la muerte... si son algo más que niños tontos e inútiles a los que habitualmente tengo que enseñar.

Al decir eso, su mirada se posó en Harry con una ceja levantada, lo que hizo que el niño se pusiera en alerta. Se había olvidado completamente que ese hombre sabía la verdad sobre él, y su corazón se apretó dolorosamente. El profesor frunció el ceño un momento antes de ignorarlo, empezando a pasearse por el resto del aula, entre los alumnos y viéndolos agudamente, mientras empezaba a preguntar cosas al azar a diversos chicos (aunque en especial a los Gryffindor's, Harry se dio cuenta, que en realidad contestaban poco y nada).

—¡Weasley! ¿Dónde buscaría si le digo que me encuentre un bezoar?

Harry no miraba al profesor ni al alumno que recibía una pregunta (Ron, en este caso), simplemente miraba al frente y trataba de recordar absolutamente todo lo que leyó de su libro de Pociones hace dos noches (y ayer, un pequeño repaso) por si a él le tocaba responder algo. Si respondía bien, tal vez le daría la imagen (equivocada) a su profesor de que él sí era inteligente.

—No... no lo sé señor.— La voz de Ron Weasley había sonado un poco entrecortada, pero Harry no lo culpó. El profesor Snape realmente parecía alguna clase de villano y sólo resaltaba más cada vez que alguien respondía mal o simplemente no lo hacía.

—Señor Malfoy, ¿qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

Harry se tensó mínimamente mientras Draco sonreía tranquilamente y respondía:

—Una fuerte poción para dormir, profesor. Es conocida como el Filtro de Muertos en Vida.

El profesor Snape se colocó frente a la mesa de Harry y Draco, con una expresión severa y un poco de burla.

—Es bueno ver que alguien haya leído un poco del material, para variar.— Sus ojos negros se posaron en Harry, analizándolo.— Señor Potter, ¿cuál es la diferencia entre acónito y luparia?

El chico tragó saliva nerviosamente, mientras un pequeño murmullo salió de sus labios, evitando la mirada de su profesor todo lo posible.

—Señor Potter, cuando se le hace una pregunta, mirará a los ojos y responderá preferiblemente en voz aceptablemente alta.— El profesor Snape había dicho esto en un pequeño murmullo, agachándose un poco para quedar a la altura de Harry, pero el silencio del aula hizo que su voz se audible perfectamente para todos.— ¿Qué fue lo que dijo, Potter?

—Son... son la misma planta, profesor.

El profesor Snape asintió sin más, para luego moverse a su escritorio nuevamente mientras en el pizarrón a un lado empezaban a escribirse unas instrucciones, y los hizo trabajar en parejas para crear una sencilla poción para curar forúnculos. Luego de eso, mientras Harry trabaja con Draco (aunque Draco hacía la mayor parte sin decirle nada, pero Harry entendía el por qué de eso, y trató de no sentirse un inútil, de todas formas, era obvio que algo habría hecho mal) el profesor se paseaba entre los alumnos con una mirada crítica, su capa ondeando detrás de él. En un momento de la clase hubo una explosión, y un tembloroso Gryffindor (Neville ¿Longbottom? Harry creía recordar) fue llevado a la enfermería por su compañero, luego de que el profesor le haya restado cinco puntos a su casa por su idiotez y haya desaparecido la poción y el caldero con un simple movimiento de varita. Después de eso, no hubo más inconvenientes hasta el final de la clase, donde Harry había llevado la poción de Draco y él (más Draco que él), y cuando se dio la vuelta para volver a su mesa y recoger sus cosas, su Jefe de Casa lo llamó.

—Señor Potter, quisiera que se quedara unos momentos al finalizar la clase.— El tono de voz con que dijo eso sólo gritaba por todas partes "es una orden, no una petición", por lo que Harry sabiamente sólo asintió, aunque su profesor ya no lo viera. Escuchó unas risas detrás de él, pero no tuvo tiempo de voltear para averiguar quiénes eran y qué había pasado.— Señor Weasley, señor Finnigan, ¿hay algo importante que niños como ustedes puedan proveer a la clase y que es tan entretenido como para molestar al resto de sus compañeros, o es que simplemente son idiotas bulliciosos? Tres puntos menos a Gryffindor cada uno.

Ahora, a menos que alguno desee ayudar a limpiar los calderos, quiero sus traseros fuera de aquí.

Todos los alumnos se movieron rápidamente, mientras que Harry sólo se quedaba en su lugar. Su (poca) seguridad se iba haciendo trizas a medida que sus compañeros iban desapareciendo, y estaba seguro de que sólo quería esconderse cuando todos se fueron y el profesor cerró la puerta, sin moverse de su lugar.

¿Sería éste un buen momento para hablar con su Jefe de Casa sobre su estadía? No, no realmente; él tenía Defensa en cinco minutos, y el profesor Snape seguramente otra clase. ¿De qué querría hablar su profesor? ¿Alguno de su grupo de estudio, o algún compañero se habrá quejado de él? Tragó saliva, sintiendo la mirada del profesor en él. No tuvo suficiente coraje como para mirarle a los ojos, como el profesor le dijo al principio de la clase, pero también sabía que a menos que el adulto así lo quiera, él no podía mirarlo a los ojos (tampoco es que quería que se enojaran con él por su atrevimiento).

Esperó pacientemente a que su profesor hablara, mirando fijamente la mesa, con sus brazos a cada lado de su cuerpo y haciendo la perfecta imitación de una estatua, tratando de tranquilizar el rápido latido de su corazón a causa de los nervios.

HPSS

(*) Realmente no quise modificar a Severus hablando de las pociones porque, Dios, desde que leí el libro por primera vez creo que hasta sentí el amor del hombre por las pociones.¡Hola! Hay algo que quiero dejar un poco en claro y es que si ven/sienten a Harry actuando un poco demasiado dramático y sin absolutamente nada de autoestima, quiero que sepan que Harry es demasiado dramático y sin una gota de autoestima. Los Dursley son una mierda y rompen todo lo que tocan, y vaya si Harry no se rompió. Perdón si el comportamiento de este tipo no les gusta, pero realmente cuando pensé en escribir la historia necesitaba que eso fuera esencial.Espero que les haya gustado :D