Harry se encontraba sentado frente a su escritorio en el aula de Pociones, con su Jefe de Casa mirándolo fijamente y al parecer sin intenciones de empezar la conversación.
El niño se mantenía mirando fijamente el escritorio, sus brazos rígidos a ambos lados de su cuerpo y pensando en todas las posibles conversaciones que su profesor y Jefe de Casa (no quiso resaltar que era un adulto; muy pocas veces adultos habían querido hablar con él privadamente, y su tío sólo lo golpeaba excepcionalmente fuerte cuando decía que quería tener "una conversación") querría tener con él.
¿Alguno de sus compañeros de Casa se habrá quejado de él? Harry no recuerda haber hecho mucho para molestarlos: siempre trataba de salir de sus caminos y si le hablaban para lo que sea él escuchaba y respondía (si es que necesitaban la respuesta). ¿Tal vez a Draco Malfoy le habrá molestado algo que él haya hecho o dicho? ¿Le habrá dicho algo a su Jefe de Casa que fuera mentira, sólo para molestarlo o que reciba algún castigo? Dudley hacía eso. Y si ése fuera el caso, ¿qué le habría dicho? O tal vez, sus compañeros del grupo de estudio se habrán quejado de su desperdicio de tinta y cómo manchaba mucho sus pergaminos cuando tenían que escribir, o le habrán dicho a su Jefe de Casa que él no podía hacer las cosas bien; había demasiadas posibilidades y en ninguna Harry se veía beneficiado en lo más mínimo.
—Señor Potter, a menos que esté pensando en que las mesas necesiten un buen tratado de limpieza que usted amablemente haría, me haría un gran honor si me mirara a los ojos.
Harry, un poco sobresaltado al haberse perdido en sus pensamientos, miró a su Jefe de Casa con un poco de miedo, preparándose inconscientemente para algún tipo de amonestación. El profesor Snape asintió, entrecerrando levemente sus ojos.
—El señor Malfoy me informó que siente un poco de... intranquilidad sobre usted.— Harry se removió un poco ante la mirada de su profesor, sintiendo un pequeño dolor en su pecho y su mente trabajando lo más rápido posible en busca de alguna solución. Él no recordaba haberle hecho nada a Draco, a penas y trata de hablarle. No pudo mantener la mirada de su profesor, por lo que sólo volvió a mirar su escritorio.— ¿Alguna idea de lo que pueda ser, señor Potter?— Harry se encogió de hombros. ¿Acaso tal vez no quiere compartir la habitación con él? ¿Intranquilidad? ¿Cree que le va a robar algo? El profesor Snape parece que iba a decir algo más, pero sólo soltó un pequeño suspiro. Harry no lo miró.— Los horarios para ir a la cama, no son sólo para estar en la cama y luego hacer lo que quiera. Si los de primero tienen que estar en la cama a las nueve, es precisamente para que a las nueve estén en la cama durmiendo, no leyendo hasta altas horas de la noche. ¿Entiende?
Harry se sorprendió un poco, aunque no duró demasiado, porque la sorpresa pasó a culpa y a nervios. Culpa porque no había pensando en el hecho de que tal vez la (tenue) luz de la vela molestaría a Draco a pesar de las cortinas de su cama que siempre mantenía cerradas; y nervios porque, si no podía estudiar a la noche, ¿cuándo lo haría? Debería buscar algunos hechizos para poder hacer alguna especie de tapadera para cuando él prenda la vela no se vea, y así Draco pensaría que él estaba dormido y también no molestaba el descanso de él.
¿Entendió, señor Potter? ¿O necesita algún gráfico?— Harry negó con la cabeza, tomando un poco de aire.
—No, señor. Sí entendí, señor.
El profesor Snape volvió a entrecerrar los ojos mirándolo, aunque Harry sólo lo veía por entremedio de algunos de sus mechones rebeldes de su cabello, con la cabeza gacha.
—¿Puedo preguntar por qué, señor Potter, estudia hasta altas horas de la noche? Me parece bien que le interese, pero créame cuando le digo que no me gustaría ver a un miembro de mi Casa como algún tipo de muerto en vida por los días.
A Harry casi le saca una sonrisa, casi.
¿Qué iba a decirle? Él, aunque le gustara mucho, no se quedaba precisamente toda la noche despierto leyendo todos sus libros sólo por gusto. Harry sólo trataba de entenderlo todo, de saber las cosas que los profesores querían que todos supieran y así ser uno más de los alumnos, que entiende sin la necesidad de estúpidas notas. Pero supone que el profesor tenía un punto. ¿Por qué leía hasta altas horas de la noche (niba a corregir a su Jefe de Casa diciéndole que en realidad había veces que quedaba toda la noche) libros que se supone que ya había leído? ¿Le podía decir que sus tíos en realidad le habían confiscado todas las cosas hasta que llegó el día que tenía que tomar el tren? Lo miró brevemente, diciendo que no. No le creería, y pensaría que sólo estaba buscando alguna excusa porque era demasiado vago y estúpido como para querer haber leído antes (como debía ser) sus libros. Se mordió el labio inferior, indeciso y comenzando levemente a angustiarse. No necesitaba que su profesor y Jefe de Casa se enojara con él, pero, ¿qué podía decirle? ¿Que le gustaba? Aunque no fuera del todo una mentira, tenía la pequeña idea de que el profesor Snape no se lo creería.
¿Y bien, señor Potter? Espero una respuesta.
—Sólo... sólo estudio, señor.
—¿Estudia? Me parece perfecto que estudie.— El profesor lo miró fijamente, acomodándose en su asiento y cruzando sus dedos sobre el su escritorio. Harry tragó saliva.— Pero, ¿le cuento algo? Hay unos grupos que yo mismo me encargo de armar. Allí, pongo a cinco niños del mismo año y luego pongo a un estudiante más grande para ayudarlos, y se reúnen varias veces en la semana, ya sea en la sala común o en la biblioteca, donde comparten dudas y conocimientos. Los llamé 'grupos de estudio', señor Potter. Tal vez habrá oído hablar de ellos.— Harry solamente asintió una vez, con la cabeza completamente gacha, sus hombros encorvados y sus brazos tensos, mientras trataba de evitar que se abrazara así mismo para protegerse de un golpe que seguramente iba a recibir en cualquier momento. Aunque esperaba demasiado que su profesor decidiera golpearlo a que lo expulsara. El profesor continuó.— ¿Hay algún problema con su grupo de estudio, señor Potter? ¿El señor Montague no responde sus dudas? ¿O hay algún otro problema?
—¡No, señor!— Harry no necesitaba que ahora también todo su grupo de estudio (donde había un chico de tercer año, que con sólo una mirada convertía a Harry en una gelatina temblorosa) pensara que estaban haciendo algo mal, o peor, que Harry trataba de insultarlos o hacerlos quedar mal. No controló lo que dijo segundos después, un poco (sólo un poco) preso del pánico.— No hay nada malo con ellos señor, y Graham responde las dudas y explica muy bien, de verdad. Los demás también son muy buenos, y siempre se ayudan entre ellos si saben las respuestas, por lo que en realidad sí es un muy buen grupo de estudio y yo estoy muy feliz de que...
—¡Señor Potter!— El profesor Snape lo interrumpió, frunciendo profundamente el ceño y sin dejar de mirarlo ningún segundo.— No hay cosa que más detesto, señor Potter, que a la gente que habla hasta por los malditos codos.— Harry se encogió, sus brazos envolviéndose alrededor de él antes de que pueda darse cuenta. No volvió a mirar al profesor, con la cara roja y tratando de hacer el menor ruido posible, para aunque sea lograr apaciguar la segura furia que su profesor estaba sintiendo ahora, por su culpa.— Si no tiene ningún problema con su grupo de estudio, entonces, ¿por qué, por segunda vez, se desvela estudiando aparte? ¿Acaso quiere ser tan insufrible como la señorita Granger?
Harry negó con la cabeza rápidamente, recordando a la Gryffindor de primer año que siempre contestaba todas las preguntas de todas las clases, por lo que escuchó. También sabía lo mal que le caía esa pobre niña a su Jefe de Casa, ya que siempre trataba de responderlo todo, aún cuando no tenía el permiso. Ya había perdido muchos puntos por ello. Harry no quería ser como ella (sí, le encantaría poder saber todo lo que la niña sabía, pero eso sería imposible), sólo no quería quedarse atrás y, aunque no lo admitiera nunca a nadie en voz alta, también practicaba su lectura. Nunca había leído nada aparte de pequeñas notas y algunas revistas, y nunca pudo encontrar ningún tipo de libro en la casa de sus tíos, por lo que los libros de Hogwarts eran todo un desafío, a veces.
Sin volver la vista a su profesor, decidió que tal vez sólo debería decirle parte de la verdad. ¿No lo castigará si le decía algo no? Él no podía decir lo que sucede en Privet Drive sin recibir el castigo de su vida, como ya tuvo la única vez que le había comentado inocentemente que él dormía en la alacena bajo la escalera a una de sus maestras en primaria, para que luego el tío Vernon la haya convencido de que él era buen mentiroso y lo haya dejado mal frente a todos sus maestros. Además, Harry no sabía cómo eran los castigos en Hogwarts. Había escuchado decir a los gemelos de Gryffindor que el señor Filch se encargaba de todos los castigos, y que siempre involucraban tortura. Tragó saliva fuertemente, sin querer saber cómo serían los castigos por mentir.
—Sólo no quiero quedarme atrás, señor.
—¿Y por qué se quedaría atrás, señor Potter, si todo lo que usted lee en las noches es lo mismo que todos los profesores le dan en sus clases, junto con todos sus compañeros?
Harry dudó un poco ante ello. Su profesor realmente le estaba poniendo difícil todo esto. Y para su suerte, estaba seguro que ahora se estaba perdiendo la clase de Defensa. Lo consideró un largo momento, con la mirada negra de su profesor en él; luego decidió que la verdad siempre era mejor que la mentira (en este caso) y que daría lo mejor de él (su cuenta completa de Gringotts y hasta trabajo ¿doméstico?) si su Jefe de Casa trataba de hacer algo en contra.
—Soy muy estúpido, señor.— Harry valientemente (no realmente) levantó la mirada al decirlo, encontrándose con los ojos negros de su Jefe de Casa, quién en ese momento alzaba una ceja (¿sorpresa o un no-me-digas?).— Tengo que leer todo lo que aprendí en clase unas varias veces luego, porque no puedo entender a la primera, señor.
Su profesor parpadeó, sin demostrar nada. Harry no bajó la vista esta vez, aunque estaba seguro que sudaba miedo.
—Y si es tan estúpido, señor Potter, ¿por qué está en la escuela, desperdiciando el valioso tiempo de los profesores y hasta compañeros dispuestos a ayudarlo en cualquier duda, si puede leerlo luego usted en su casa? ¿Tal vez usted y su estupidez se sentirían más cómodos si dejan la escuela y vuelven a...?
—Tengo una cuenta de Gringotts a mi nombre.— Interrumpió, totalmente en pánico. No, no. No podía irse, no quería irse, no quería volver. Harry casi solloza. Al fin podía comer tres veces al día (hasta a veces comía algún bocadillo en algún momento del día), al fin tenía una cama y todavía nadie lo había golpeado por ser un inservible fenómeno. No podía irse.—También soy bueno limpiando, y con la cocina, y con la jardinería, y con la pintura. No hago mucho ruido cuando limpio, y sé salirme del camino para no molestar.
El profesor Snape lo miraba totalmente en silencio, y Harry se preguntó si estaba pensando en la posibilidad de dejarlo quedarse. Pensó en añadir que también podría arreglar algunas cosas cuando se rompían, que podía permanecer en silencio cuando lo necesitaba y hasta quería recalcar que tenía la cuenta de Gringotts, pero decidió quedarse en silencio, esperando la respuesta de su profesor.
No llegó sino hasta dos minutos (contados por Harry) después. Y no era lo que Harry esperaba para nada, pero tampoco iba a discutir.
—Vaya a su próxima clase, señor Potter. Yo me encargaré luego de hablar con el profesor Quirrell sobre su tardanza.
Él sólo asintió, sintiéndose desconcertado, y salió del aula de Pociones dirigiéndose al aula de Defensa, con la cabeza doliendo y un peso extra en sus hombros.
Esa noche, Harry habló con Draco Malfoy.
—Lo siento por molestarte con mis lecturas a la noche, el profesor Snape me lo dijo hoy. No lo haré más.
Draco parecía estar un poco asombrado. ¿De verdad creía que lo hacía para molestarlo, y que no se iba a disculpar? Harry no quería pensar que todos los demás también lo veían así, pero se sintió satisfecho al ver como el rostro del rubio platinado se volvía neutro, asintiendo levemente.
Cuando estuvo seguro de que su compañero de cuarto se durmió, Harry se levantó lentamente de la cama y se dirigió al baño privado que tenía la habitación, con el libro de Encantamientos en su mano. Si no podía estudiar en la cama, lo haría en el baño, donde estaba seguro que la luz no molestaría a Draco.
HPSS
¡Hola! Se me hace que este capítulo se hizo demasiado largo por nada, pero bueno. Es estúpido, pero me angustio escribiendo y pensando en los próximos capítulos ajsjs¡Espero que les esté gustando la historia! :D