Los hermanos Potter fueron dejados en Prive Drive, 4. Little Whinging. La familia estaba más que molesta al recibir a los fenómenos hijos de su hermana la rara. Así pasaron los días, meses hasta que los hermanos Potter cumplieron sus tres años.

Hermione que era la mayor y la más inteligente, se le hacía difícil para Petunia gobernarla. Siempre que dudley hacia algo y le echaba la culpa a Harry, ella lo defendía.

— ¡que mentiroso eres! ¡Tú lo hiciste! A dios no le gustan a los niños mentirosos.

Petunia tenía ganas de golpearla por decirle tales palabras a su adorado hijo. Pero se contenía, para no tener problemas con los vecinos. Ya que Hermione podía escaparse e ir con los vecinos para acusarse. La niña era demasiada inteligente para gusto, que lograba ganarse la empatía de los demás. Incluso a la señora Blunt, que era la más gruñona y devota al señor le tomó cariño.

Estaban a mediados de agosto, hoy les iba a enseñar a los dos fenómenos como plantar y cuidar el jardín trasero. Necesitaba tenerlos ocupados mientras ella preparaba la cena para los invitados de esta noche.

—terminando de desayunar les voy a enseñar cómo cuidar el jardín. Ya es tiempo que empiecen a pagar por toda las comodidades que les damos.

Hermione la observó por unos momentos después se encogió de hombros cuando su hermano la miró por unos segundos. Petunia esperaba una réplica por parte de ella, pero al no recibirla se sintió aliviada. No tenía humor para pelear con una cría de tres años.

Salieron al patio, Petunia empezó a enseñarles que hacer. Ambos niños empezaron inmediatamente. Petunia los dejó y fue hacer la cena especial para su esposo y su invitado.

Hermione al ver que ya nadie estaba observándolos dejó de hacer lo que estaba haciendo.

— ¿Qué haces? —le dijo Harry al ver que su hermana había dejado de hacer lo que les había dicho.

—descansar. Ya me canse en hacerlo. —respondió con su tono más fuerte para dar un punto que ella ya era mayor, pero como su voz era tierna, y chillona, de verse mayor se vio adorable. Harry rió.

—nos van regañar…

Hermione rodó los ojos como a veces hacia cuando alguien decía lo obvio.

—siempre nos regañan a pesar que no hagamos nada. —puntualizo.

—pero no quiero que nos regañen. —comentó Harry.

Hermione suspiró y asintió.

—si terminamos rápido… podemos ir al parque que está a tres cuadras, también tengo una sorpresa para ti. ¿Quieres ir?

A Harry se le iluminaron los ojos al escuchar la palabra "sorpresa", ya que su hermana siempre le daba las mejores sorpresas así que asintió.

Después de dos horas y media habían quitado toda la maleza de las plantas, habían regado y puesto la basura en el contenedor. Hermione ayudó a su hermano a lavarse las manos y la cara.

—espérame aquí, ahorita regreso.

Hermione se metió a la casa procurando no llamar la atención, vio que dudley se encontraba viendo la televisión mientras comía galletas y helado. A Hermione se le antojaron y escuchó como su estómago gruñía. Se apresuró en ir a su habitación. Tomó la mochila de dudley que la tía petunia le había dado cuando dudley lo rechazó. Puso una playera para Harry, mientras ella se cambiaba por una que le quedara.

En plenos calzoncillos estaba mientras buscaba en las cajas una playera más pequeña, que la de Harry. Hermione encontró una del mismo color que tenía hace rato. Se puso unos short cortos pero a ella le quedaba hasta las pantorrillas.

Metió la mano en el hoyo que tenía el colchón, con un poco de esfuerzo sacó la mitad del dinero que le había estado robando a Vernon cuando dejaba su billetera en la mesa. Sabía que dios la estaba viendo, pero cada noche le rezaba y le pedía perdón por estar pecando. Fue lo que le enseñó la señorita Pierre Blunt, que vivía a cuatro cuadras del vecindario.

Metió todo el dinero para salir a hurtadillas de la casa. Escuchó como Petunia hablaba por teléfono. Y cuando la vio pasar dejó de hablar.

— ¡cuando terminen van a su habitación! ¡No los quiero merodeando por aquí!

Hermione que tenía oculta la mochila atrás de ella asintió, agradeció de nuevo a dios porque su tía no se dio cuenta que ya se había cambiado. Salió del lugar para encontrarse con Harry. Ella le ordenó a Harry que se quitara de playera y se pusiera la limpia después de revisar que Harry estaba presentable se dirigieron hacia el parque. Cuando pasaban cerca de la casa de la señora Figg; la señora les dio una sonrisa. Hermione respondió con el mismo gesto, Harry agachó la cabeza de forma tímida.

Ambos niños fueron hacia el parque, se pusieron a jugar. Fue el estómago de Harry quien les dio el aviso que ya era la tarde y tenía mucha hambre.

— ¿vamos a McDonald's? —dijo Hermione.

—No tenemos dinero —dijo un abatido Harry—, y no sabemos cómo pedir… —dejó de hablar cuando vio que su hermana sacaba un montón de dinero—. ¿¡Cómo lo hiciste!?

— fácil. —dijo muy ufana y pomposa.

Harry soltó una risita de alegría mientras abrazaba a su hermana.

— ¿no nos vamos a meter en problemas? —preguntó preocupado después de darse cuenta de lo que podía pasar si Vernom se enterará.

Hermione pareció meditarlo y después negó con la cabeza.

—no lo creo. De todos modos voy a rezar tres veces más a dios, si quieres también me ayudas —determinó Hermione dándole tranquilidad a su hermano—. Vamos. —jaló a su hermano hacia donde estaba el establecimiento de comida rápida.

Hermione verificó el lugar una, y otra vez, al comprobar que estaban por el camino correcto caminaron un poco más. La gente los veía y algunos les preguntaron dónde estaban sus padres. Hermione era la primera en responder y decir una mentira, cosa que tranquilizaba a su hermano con decir que rezaría más para que dios no los castigara.

Cuando llegaron al establecimiento Hermione contó el dinero que tenía y para ver en que le alcanzaba. Pidió dos cajitas felices, y unas bebidas.

Harry estaba que no salía de la emoción. A cada rato le agradecía a Hermione por su regalo de cumpleaños atrasado. Comieron tranquilamente, después de terminar salieron del establecimiento para regresar a su casa.

Cuando llegaron a la casa se dieron cuenta que los perros de la tía Marge estaban afuera. Ambos niños se congelaron al ver que los perros empezaban a ladrarles. Harry se aferró en los brazos de su hermana, mientras ella le decía que se calmara y que no se pusiera a llorar. Uno de los perros se soltó de su correa y se abalanzó hacia donde estaban ellos. Ambos niños gritaron. Hermione cogió la pala y con la mayor fuerza que tenía sus bracitos golpeó al animal en la cabeza. El perro gruñó de dolor mientras soltaba un quejido lastimoso. La familia Dursley salió a ver que estaba pasando ya que habían alertado a los vecinos; es cuando la hermana de Vernom gritó.

— ¡mi hércules! ¡Oh pobre de mí cachorro que te pasó!

El perro había dejado de quejarse para después dejar de respirar. Hermione, ni Harry, ya no sabían bien que había pasado, solo tenían destellos que algo malo hicieron ya que Vernom los golpeó con un cinturón y fueron encerrados en una alacena debajo de la escalera. Hermione le pidió perdón a su hermano que seguía llorando mientras se quejaba que le dolía todo el cuerpo.

Desde ese día todo cambio para los hermanos Potter. Ya que Vernom los amenazaba en llevarlos a la cárcel si se acusaban de lo que Vivian en el hogar. Hermione ya no decía nada ya que se sentía culpable cuando Vernon a cada rato la llamaba asesina.

Desde ese día empezó su esclavitud en aquella casa de Privet Drive, 4 Little Whinging.