Al día siguiente de la extraña conversación que tuvo con su Jefe de Casa, Harry apenas y pudo comer algo durante el desayuno y el almuerzo, tratando de evitar a su profesor todo lo posible y a los demás en su casa para no molestarlos, aún pensando en que todos creían que él realmente era malo (como Draco, que pensaba que se quedaba hasta tarde con la vela prendida sólo para molestarlo).
La mañana fue verdaderamente una tortura, aunque sea viernes, y el resto del día también. Estaba cansado, con dolor en los huesos y músculos por la extraña posición en la que se había dormido accidentalmente en el frío suelo del baño, y estaba seguro de que estaba a punto de enfermarse por el mismo motivo. Por eso mismo, no estuvo tan emocionado como sus compañeros y los de Gryffindor cuando llegaron a la última clase del día, que era la clase de vuelvo con la profesora Hooch.
Al principio todo fue bien, claro. Había encontrado al fin una materia en la que hacía las cosas con facilidad y no se sentía tan tonto, porque a todos les costaba realmente levantar la escoba (Harry estaba orgulloso, a él sólo le tomó un "¡Arriba!" para levantar su escoba, al igual que a Draco). Luego tenían que volar unos pocos centímetros por arriba del suelo, aunque allí empezó el problema. La escoba de un Gryffindor (Neville Longbottom, Draco había bufado a su lado, como si ya se lo esperara) al parecer tomó vida propia y llevó al pobre niño aterrorizado a un para nada agradable viaje muy lejos del suelo, para luego estrellarse contra uno de los muros del castillo, logrando que el Gryffindor cayera desde unos ¿cinco? metros de altura, su caída siendo levemente pausada (no encontraba otras palabras) por una antorcha, y finalmente aterrizando en el suelo con un sonoro ¡crack! que hizo a más de uno poner una cara de dolor. Cuando la profesora se había acercado hasta el niño que mantenía su muñeca posible y seguramente rota cerca de sí, Harry vio a Draco agarrando algo del suelo, aunque fue hasta después de que la profesora se fuera hacia la enfermería que descubrió qué era.
—Miren, el estúpido de Longbottom dejó caer su recordadora.
Ahí fue, Harry se dijo en el momento, que tal vez debería haber hecho oídos sordos y tratar de estar fuera de la vista del rubio platinado, que al ver su ceño fruncido y su mirada reprochadora, lo siguiente que había dicho fue:
—Vamos Potter, alcánzala si puedes. Si la agarras, se la devuelvo yo mismo a Longbottom. Si no, es mía.
Harry no quería, Harry no debía. Había escuchado la amenaza de expulsión de la profesora Hooch y tenía un poco de miedo (el profesor Snape se llevaría todo su dinero, y tal vez no podría hacer tanto trabajo doméstico a la vez si conseguía sobornar a Hooch). Pero era la primera vez que un niño lo retaba inocentemente, lo retaba jugando, en toda su vida. Y sólo había negado con la cabeza mientras veía a Draco tomar velocidad hacia muchos metros más arriba de sus cabezas, y lo siguiente que supo fue que él estaba a la par, observando la recordadora, que Draco hacía saltar en su mano.
El rubio platinado la había lanzado muy lejos al segundo siguiente, y treinta segundos después, sucedieron muchas cosas. Harry tenía la recordadora en su mano; él estaba cerca de la pared del castillo a muchos metros sobre el suelo; Draco ya no estaba ni siquiera sobre su escoba, y escuchó más que claramente el "¡Señor Potter, baje inmediatamente de allí!" de la profesora McGonagall.
Luego de haber bajado temblando de la escoba, la profesora McGonagall lo hizo seguirle, escuchando algunas risitas de los niños con los que compartía la clase, aunque no identificó a nadie. Cuando entraban en el castillo, con la profesora McGonagall casi corriendo delante de él, Harry sólo se insultaba y reprochaba así mismo. Harry realmente había creído que Draco sólo quería jugar, y que no había nada malo detrás (Estúpido, pero se lo merecía, realmente, él había molestado a Draco desde la primera noche con su estudio nocturno). Trató de seguirle el paso a la profesora, que al parecer estaba más que animada para cumplir con la amenaza de la profesora Hooch de expulsarlo.
(Imbécil. Los niños normales no quieren jugar con fenómenos.)
¿Cuántos profesores habían en ese mismo momento que querrían expulsarlo? ¿Harry siquiera podría hacer algo? ¡No!, se reprendió automáticamente, eso empeoraría todo. Harry se dio cuenta en un momento que no se dirigían hacia la oficina del Director, y casi siente alivio hasta que se dio cuenta que iban hacia las mazmorras. El profesor Snape aún no le dijo nada sobre si aceptaría lo que le ofrecía para poder quedarse en Hogwarts, y aunque ahora también tenía a la profesora Hooch y a la profesora McGonagall a quienes sobornar, creía que si su Jefe de Casa aceptaba la oferta podría hablar con ellas dos. El problema es que todavía no aceptó nada, o eso cree. En un momento se le nubló la vista, y agradeciendo que la profesora estaba más enfocada en llegar hasta el aula de Pociones, se limpió rápidamente con una manga. Llorar no le servía para nada, mas que para entretener a los demás. Lo pensó unos segundos, mientras llegaban (¿cuándo llegaron tan rápido a las mazmorras?) a la puerta del aula de Pociones, que si lloraba y los entretenía era otro punto a su favor. La profesora McGonagall estaba golpeando la puerta en ese momento, y al siguiente apareció su Jefe de Casa, con una mirada de irritación en su rostro. Harry casi se esconde detrás de McGonagall, casi. El profesor Snape lo miró a él un momento, frunciendo aún más su ceño, y luego volvió la vista a la profesora.
—¿Y bien? Minerva, tengo a dos clases de idiotas de sexto aquí dentro, así que si tienes un buen motivo por el cual...
—Tengo a tu buscador, Severus.
Harry pensó que había escuchado realmente mal. Pero al levantar la vista del suelo, sólo vio la pequeña sonrisa en el rostro de la profesora McGonagall y la mirada en blanco de el profesor Snape. ¿Buscador? ¿Eso es algún tipo de tarea? Aunque, si Harry mal no recuerda, buscador era un jugador de Quiddicht. ¿Él era un buscador?
—¿Perdona?
—El señor Potter acaba de hacer una excelente demostración en la clase de Quiddicht de una maniobra bastante impresionante al agarrar un pequeño objeto que fue lanzado. Realmente fue impresionante, Severus. Te daré el recuerdo, si quieres.— El profesor Snape lo estaba mirando fijamente en ese momento, aunque Harry sólo podía mirar a la profesora McGonagall, que definitivamente había perdido la cordura. ¿Él, hacer algo excelente, impresionante? No lo cree.
—¿Y se puede saber, Minerva, si lo que Potter hizo fue tan impresionante, como tú dices, me lo estás dejando en bandeja? ¿Tan pocas ganas de ganar la Copa este año tienes?
Harry definitivamente ya había perdido el hilo de la conversación, aunque el tono ¿venenoso? con el que el profesor Snape hablaba lo hizo volver a bajar la mirada. ¿Y la expulsión? ¿Si hacía lo que sea que hizo de nuevo podría quedarse? ¿El profesor Snape ya aceptó su propuesta?
—Oh, vamos Severus. ¿Qué es el Quiddicht sin un poco de competencia, verdad?— La profesora McGonagall aplaudió una vez, animada.— Busca a tu capitán y dile que Slytherin ya tiene un buscador. Estoy segura que al director no lo molestará en absoluto.
—¿Y si yo me niego, Minerva? De todas formas, estamos hablando de un niño de primer año.
—Si deseas quedar en segundo lugar, no me importa. Sólo quería que mis leones tuvieran un poco de competencia este año, pero está bien. Vámonos, señor Potter.
Harry asintió. Realmente no entendía nada. Cuando la profesora McGonagall volvió sobre sus pasos y se dispuso a partir, con Harry siguiéndolo obedientemente, la fría voz de su Jefe de Casa los detuvo.
—Hablaré primero con Albus yo mismo y luego veré si permito al señor Potter entrar o no en el equipo. Ahora, señor Potter, quiero que hoy esté en mi oficina a las ocho y cuarenta. Quisiera saber qué hacía usted haciendo "maniobras impresionantes" en la primera clase de vuelo.
La profesora McGonagall asintió siguiendo su camino, satisfecha por el resultado de esa conversación, aunque Harry sólo murmuró un pequeño "está bien, señor", comenzando nuevamente a seguir a la profesora McGonagall y preguntándose si iba o no a salir beneficiado en esa, aunque estaba más que seguro que no. Era Harry, después de todo. El profesor Snape hablaría con el director, y Harry se preguntó brevemente si hablaría sobre su problema de estupidez con él, y volvió a sentir un peso más en sus hombros. Por favor, no tenía tanto dinero ni tiempo como para tantos sobornos. Ahogó rápidamente un suspiro que salió involuntariamente, temiendo que la profesora McGonagall lo haya escuchado, pero no sucedió nada. La profesora le dijo a Harry que ya se quedara en su sala común, ya que la clase posiblemente terminaría en cualquier momento y también le dijo que "por las dudas, no le diga a nadie sobre su nueva posición en el equipo hasta que sea oficial". De todas formas, Harry no tenía a nadie a quién decirle nada.
Cuando había llegado la hora de su reunión con el profesor Snape, Harry se había salteado por completo la cena, tratando de no toparse con Draco Malfoy ni ninguno de sus compañeros, porque no quería ver la burla en todos sus rostros y porque también su suposición de que se iba a enfermar se estaba cumpliendo, tenía unas enormes ganas de simplemente ir hacia su dormitorio y esconderse bajo las sábanas, pero su Jefe de Casa quería hablar con él sobre su clase de vuelo y aún tenía que estudiar Transformaciones esa noche.
Al llegar a la puerta de la oficina del profesor Snape, ésta se abrió y de la oficina salió Draco Malfoy, quien lo miró fijamente, aunque Harry sólo bajó la mirada y se apartó del camino. Escuchó un pequeño suspiro y luego la voz del profesor Snape.
—Pase, señor Potter.
Cuando Harry entró a la oficina, cerrando la puerta detrás de él, el profesor Snape le indicó una silla frente a su escritorio, donde él se hayaba sentado del otro lado. Harry rápidamente obedeció.
¿Y bien, señor Potter? ¿Me contaría el por qué decidió hacer esa demostración estúpida de "qué hacer si quieres romperte el cuello"?
Harry tragó saliva, negando levemente con la cabeza.
—No lo sé, señor.
—¿Seguro?— El profesor Snape utilizó un tono sarcástico en esto, mirándolo mientras levantaba una ceja.— Así que no lo sabe. No sabe que usted estuvo tal vez unos quince o veinte metros sobre el suelo y que salió volando demasiado rápido tras una recordadora, como si fuera sólo un estúpido Gryffindor más, sin importarle lo que pudiera haberle pasado, señor Potter. ¡Míreme a los ojos cuando le hablo!— Harry obedeció inmediatamente, un poco sorprendido mientras repasaba las palabras de su profesor. ¿Lo que le pudiera haber pasado? ¿A él? ¿Eso era importante? Aunque tenía un punto, sus tíos si él se enfermaba muy mal o estaba demasiado lastimado se quejaban de que estaba 'inservible'.— Ahora, señor Potter, la próxima vez que usted desee hacer algo estúpido, por favor aunque sea trate de hacerlo con los pies en la tierra, ¿quiere?— Harry asintió, mordiéndose el labio tratando de no sonreír.
Con respecto a su posición en el equipo, el director Dumbledore permitió que se haga una excepción a la regla y le dejó entrar en el equipo este año como Buscador; claro, siempre y cuando así lo desee y mantenga sus buenas notas. En ese caso, usted se unirá los sábados por la tarde de cuatro a seis a practicar con el equipo, y el señor Flint, quien es el capitán de Slytherin, le enseñará las reglas mañana, junto con las posiciones, movimientos y estrategias. ¿Tiene usted algún problema con ello, señor Potter?—Harry sólo negó con la cabeza, un poco confundido y sintiéndose abrumado. A Harry nunca le fue bien en los deportes, ¿y si llegaba a no ser suficiente?— Bien, dicho esto, le asignaré un castigo por la estupidez que hizo ésta tarde, por lo que quiero cien líneas que resalten que hacer acrobacias la primera vez que uno se sube a una escoba no tiene nada inteligente. Ahora, puede irse, señor Potter. Quiero las líneas para el domingo por la noche.
Harry asintió, se levantó ante la mirada de su Jefe de Casa con su cabeza latiendo fuertemente, y cuando estaba a punto de abrir la puerta, su voz lo detuvo.
—Ah, y tiene cinco minutos para traerme todos sus libros.
Harry se volteó rápidamente hacia su Jefe de Casa, que lo miraba alzando una ceja. ¿Para qué quería sus libros? ¡Él tenía que estudiar!
Señor Potter, cuando le dije que a las nueve de la noche los quiero a todos los primer año en sus camas y durmiendo, es exactamente lo que quise decir. Usted de ahora en adelante me traerá todos sus libros antes de ir a acostarse, porque al parecer usted no entiende que no quiero que lea luego de la hora de dormir. Ahora, vaya a buscarlos.
Cuando Harry volvió, con sus brazos llenos de sus libros, estaba con los ojos húmedos y tratando de evitar la mirada de su profesor. Los dejó todos en el escritorio luego de un asentimiento, y cuando estaba a punto de irse a su dormitorio (donde Draco ya estaba dormido), tomó aliento y enfrentó a su profesor.
—¿Aceptará, señor?
—¿Aceptar qué, señor Potter?
—Uh...—Harry se removió inquieto en su lugar junto a la puerta. No creía que el profesor Snape se haya olvidado de su propuesta.— Mi... mi propuesta de a-ayer.
—¿Querrá decir su extraño soborno?— Harry sintió la vergüenza subirle a la cara, mientras bajaba la mirada, esperando.— No, señor Potter. No quiero sus... no quiero su ayuda, muchas gracias.
Harry asintió, con su dolor de cabeza cada vez más fuerte y un dolor en su pecho. No quería volver. Las lágrimas habían vuelto a sus ojos, y cuando quiso dar la vuelta para irse de la oficina, se tambaleó fuertemente antes de que todo se volviera negro, y lo último que escuchó fue la voz de su Jefe de Casa:
—Lo que me faltaba.
