(Harry sabe que ese día fue la primera vez que estuvo feliz de haber abierto los ojos luego de irse a dormir -o desmayarse-)
Harry frunció el ceño, su cuerpo se sentía tan casado como cuando sus tíos lo dejaban encerrado cuando él se enfermaba, aunque fuera de eso no se sentía mal, sólo cansado. Se removió ligeramente, dándose cuenta que se encontraba en una cama, aunque no era precisamente la de su habitación, porque el colchón era un poco más duro y las sábanas eran más ásperas. Giró su cabeza para la derecha, y lentamente abrió los ojos. La luz en el lugar donde se encontraba era tenue, y rayos de luz de luna entraban por los grandes ventanales que se hallaban en la pared detrás de él, y vio una cortina blanca que bloqueaba su vista hacia el resto de la habitación. Estaba en la enfermería, había venido una vez, cuando ayudó a la profesora Sprout a llevar unas cosas a Madame Pomfrey, la medimaga.
Escuchó pasos a su izquierda, y cuando terminó de girar la cabeza vio el ceño fruncido de Madame Pomfrey, y justo detrás, su Jefe de Casa, que tenía los brazos cruzados sobre su pecho y su rostro estaba tenso. Harry trató que ocultar su vergüenza al recordar que se había desmayado frente a su profesor, y al bajar la mirada sus ojos se abrieron muy grandes. Ese pijama definitivamente no era el suyo. Harry sabía que tenía aún algunos moretones que estaban amarillentos alrededor de su torso, y alguna que otra herida en su espalda que todavía no habían curado mucho (gracias a la hebilla del cinturón) y deseó enormemente que hubieran utilizado magia para transformar su uniforme escolar en el pijama.
—Buenas noches, señor Potter.— La medimaga movió su varita sobre él y Harry trató de no achicarse en su lugar. La señorita Pomfrey chasqueó la lengua, negando con la cabeza. Volvió su mirada a su profesor de pociones, y luego volvió a mirar a Harry.— Trate de no saltarse más comidas, señor Potter, y deje las travesuras nocturnas para cuando sea más grande. Su cuerpo ahora necesita descansar y ser bien alimentado, ¿entendió?— Con un Accio convocó dos frasquitos de su oficina, uno rojizo brillante y el otro azul oscuro, y se los pasó a Harry.— Ésta -señaló el frasquito con el líquido rojo- es una poción nutritiva que empezará a tomar todos los días antes del desayuno. Sin excepción. Y ésta -señaló el otro frasco- es una poción energizante que tomará ahora, porque tiene que responder muchas cosas, señor Potter.
Harry tragó saliva, asintiendo y tomando el líquido azul, mientras que la medimaga colocaba la poción nutritiva en una mesita de noche que se encontraba junto a su cama. El profesor Snape acercó una silla y se sentó, a un metro de él y sin dejar de mirarlo, con el ceño fruncido y los labios apretados. Cuando Madame Pomfrey se aseguró de que él haya tomado la poción y que ésta esté funcionando (y vaya si no lo hacía, Harry quería salir a correr por todo el castillo), se fue asintiendo con la cabeza y mandándole una mirada a su Jefe de Casa. Harry trató de no fruncir el ceño. ¿Acaso Madame Pomfrey estaba enojada con su profesor por tener que atender a un chico que no es alumno? Harry casi solloza ante su pensamiento, bajando la mirada y mirando de reojo a su ex Jefe de Casa, que sólo frunció más el ceño y luego de un momento, suspiró.
—El director Dumbledore vendrá en un momento, señor Potter, y le voy a pedir, no, le voy a exigir que sea totalmente honesto con él y conmigo, ¿entendió?— Harry asintió con la cabeza, un poco confundido. ¿El director? ¿Para qué iba a venir el director a hablar con él? Aunque, pensándolo bien, es obvio: él estaba a punto de ser devuelto con sus tíos y el director seguramente querría las cosas de la escuela, ya que los muggles no podían saber de la existencia de la magia. Harry se mordió el labio, angustiado. También tenía que devolver la varita, y seguramente hasta a Hegwig.
—Severus, Harry. Disculpen la tardanza.
El Director Albus Dumbledore interrumpió su pozo de angustia, sonriendo suavemente y con un pequeño brillo en sus ojos. Transformó una pequeña mesilla en un asiento (más cómodo en el que se encontraba el profesor Snape, se dio cuenta) y se sentó casi a la par de el profesor Snape, sólo que del lado derecho. Lo miraba a él, y Harry vio sus ojos unos segundos antes de volver a mirar hacia sus sábanas.
—Bueno, Harry. Severus me ha contando que has estado trasnochando demasiado, leyendo los libros escolares.— Harry asintió. Tenía que ser totalmente honesto, tal como lo dijo el profesor Snape. El director negó con la cabeza suavemente, sin perder la sonrisa.— No hay nada mejor que una mente curiosa y ávida de conocimiento, pero todo en exceso siempre es malo, mi querido muchacho. ¿Puedes prometernos a Severus y a mí que no volverás a hacerlo, Harry?
Harry asintió, un poco dudoso. ¿Por qué tenía que prometer tal cosa? De todas formas no dijo nada, esperando que los adultos hablaran. El profesor Snape carraspeó, mirando al director, cuyos ojos de repente se apagaron y su sonrisa se borró. Se mordió el labio nuevamente, con su destino en mente.
Harry, Severus me ha dicho otras cosas sobre ti que, sinceramente, me han preocupado mucho.— Harry evitó mirar al profesor. ¿Le habrá dicho mentiras el profesor Snape sobre él al director, para que lo castigase fuertemente? Sus manos se apretaron en fuertes puños un segundo, pero el movimiento fue captado por ambos hombres, que compartieron una mirada.— Me ha dicho que has tratado de sobornarlo, Harry. Tanto con dinero como con trabajos domésticos. ¿Puedo preguntar por qué lo has hecho, Harry? ¿Por qué creíste que necesitabas sobornar a Severus?
—Sinceridad, señor Potter.— La voz del profesor Snape sonó dura, pero baja.
—Yo... yo sólo no quería...—Harry tragó saliva avergonzado y nervioso. Ahora podía ver que su plan era un poco bastante estúpido, porque seguramente el profesor Snape tenía dinero de sobra, y en consecuencia, también sirvientes. Aunque sea lo intentó. Su visión se volvió nublada, y simplemente bajó más la cabeza. Negó con la cabeza, sin poder seguir hablando sin largarse a llorar en el proceso.
—¿No querías...? ¿Reprobar Pociones, saltarte un castigo, compartir habitación con el joven Malfoy?
Harry negó rápidamente con la cabeza todas las cosas que el director decía. El profesor Snape miró enojado al director, y habló él mismo.
—Tal vez, señor Potter, ¿no quería volver a su... hogar?— Escuchó al director Dumbledore suspirar, pero no miró a ninguno de los dos hombres. ¿Qué iba a pasarle a ésta altura que ya no le pasó? Golpes (pero igual iba a ser golpeado en su casa por sus tíos y primo). Solamente asintió, jugando con sus manos.— ¿Y por qué, señor Potter?— Harry se encogió de hombros, dudando. Puedo comer más de lo que comí en mi vida en una semana, aún no me han golpeado, ni insultado...— Palabras, señor Potter. Se lo dije antes: cuando se le hace una pregunta, tiene que mirarme a los ojos y responder en voz aceptable.
—Me gusta mucho aquí, señor.— Harry miró a su profesor a los ojos mientras respondía, temblando levemente. El profesor Snape pareció haber salido de un ¿trance? luego de unos pocos segundos, y asintió lentamente. Sus labios se apretaron fuertemente, y Harry se preguntó si había dicho o hecho algo que molestó al profesor. Tal vez quería que le dijera todo...
—Albus.
La suave y baja voz del profesor Snape tenía un más que claro tono de advertencia, y Harry sólo volvió a mirar las sábanas.
—Harry, muchacho, mírame por favor.— Harry lo hizo, y quedó medio hipnotizado con el suave brillo en los ojos del anciano director, aunque podía ver claramente detrás de ello una pizca de tristeza.— ¿De dónde han salido las marcas que tienes en el cuerpo, Harry? Necesito que nos digas la verdad.
—Fue un castigo, señor.— Dudó un segundo, pero luego se encogió mentalmente de hombros, cansado de todo.— Uh... El tío Vernon me castigó antes de venir aquí.
—¿Y por qué, Harry? ¿Has hecho algo malo?— Ignorando el bufido de enojo de Severus, el director continuó, sin dejar de mirar a Harry.— Puedes decirnos, no diremos nada.
¿Por qué? ¿Por qué su tío lo había castigado antes de venir a Hogwarts? Se encogió de hombros, frunciendo un poco el ceño.— No lo sé, señor. Supongo que para... ¿Para curarme?— Se encogió lentamente, pensando que tal vez ellos estaban tratando de saber si ya había sido curado de su enfermedad (o su tendencia a ser un maldito fenómeno, cualquiera estaba bien para sus tíos), y que seguramente ellos terminarían el trabajo por su tío Vernon antes de devolverlo. Tal vez así ya no lo golpearían tan fuerte en Privet Drive. A pesar del obvio dolor que iba a sufrir ante el castigo, miró un poco esperanzado a los hombres a sus lados.—¿Señor?
Harry había interrumpido la aparente conversación mediante miradas que el director y el profesor estaban teniendo, y ambos miraron al pequeño (demasiado pequeño) niño, esperando. Tragó saliva, pero sin dejar de pasar su mirada de un hombre a otro.
¿Ustedes me curarán?
El profesor Snape volvió a mirar al director con el ceño fruncido, los ojos entrecerrados y apretando los labios. El director, en cambio, lo miraba a él, con la tristeza cada vez más obvia en su rostro. Harry se sintió mal, sin entender bien por qué. El profesor Snape decidió hablar.
—Señor Potter, a menos que esté enfermo físicamente, sin contar la situación de esta noche y su más que obvia malnutrición, usted no tiene nada de qué ser curado. Mentalmente, posiblemente sí.
Harry frunció el ceño y negó levemente con la cabeza, tratando de no insultar al profesor Snape.— No estoy loco señor.—Dudó— Creo.
—No, señor Potter, no está loco.— Asintió con la cabeza, dándole la razón. Volvió a mirar al director levantando las cejas.— Pero gracias a sus... familiares, usted tiene una visión un poco torcida del mundo real, lo cual con un poco de ayuda y más que buena voluntad, se podrá enderezar.
Harry se guardó un suspiro. Siempre trataban de enderezar algo en Harry, pero al parecer nunca terminaban por hacerlo. Se mordió el labio inferior antes de preguntar:
—¿Ustedes me ayudarán a enderezarme?— Miró a ambos hombres, y aunque le causaba un poco de miedo, terminó fijando su mirada en el profesor Snape, quien posiblemente sería quien más lo ayudaría. Él profesor asintió, viéndolo a los ojos.— Uh... tal vez... a mí ya trataron de enderezarme, señor, pero no funcionó.— Harry se perdió un poco en sus pensamientos, pensando en cuántas veces fueron y con qué objetos trataron de hacerlo, así con un poco de suerte no repetían. En eso, no escuchó el "Señor Potter, usted está malinterpretando nuestras palabras." del profesor.— Mi tío Vernon ya trató con el cinturón... Mi tía Petunia con la cuchara de madera... ¡Oh, y también probaron con el pa...
—Suficiente.— La fuerte voz del profesor Snape lo hizo sobresaltarse, volviendo a mirar a las sábanas y abrazándose inconsciente a sí mismo. Se tuvo que haber callado, porque ahora el profesor estaba molesto con él, y Harry realmente trató de no recibir un castigo esa noche.— Albus, o te encargas tú o lo haré yo mismo, y no habrá precisamente misericordia.
Harry tembló, y un pequeño sollozo salió de sus labios.—Lo siento, lo siento...
Una mano en su hombro volvió a sobresaltarlo, y dos dedos ásperos pero gentiles levantaron lentamente su rostro. Harry vio entre lágrimas traicioneras el serio rostro del profesor, y en su otra mano un pañuelo de tela en su dirección.
—Tranquilo, señor Potter.— Harry agarró lentamente el pañuelo, sin quitar la vista del profesor por si trataba de agarrarlo desprevenido. El profesor Snape no hizo ni dijo nada, mientras apretaba suavemente la mano que se encontraba en su hombro. Se limpió los ojos con una punta del pañuelo, y con otra la nariz, con miedo a que el profesor lo rete por ensuciarlo. Siguió sin hacer nada. Agarró el pañuelo que le ofreció, y con un pequeño hechizo lo volvió a limpiar, sorprendiendo a Harry y haciéndole pensar que a él le serviría muy bien ese hechizo en la casa de sus tíos.— Nosotros no vamos a enderezarlo de la manera que usted cree, ni aunque usted así lo pida.
Harry lo miró un poco confundido y con un poco de miedo. ¿Acaso eso era una especie de advertencia? ¿Lo iban a enderezar con magia? Harry abrió un poco más los ojos entendiendo, palideció ante eso. Había leído sobre hechizos defensivos y ofensivos, y aunque el profesor Quirrell no explicaba demasiado bien, él leyó que hasta el hechizo más pequeño podría llegar a ser mortal con la suficiente fuerza aplicada. Tragó saliva, viendo al profesor Snape con un poco (un poquito, no demasiado) de súplica en sus ojos. El profesor volvió a entrecerrar sus ojos, mirándolo, y suspiró apretando su hombro nuevamente, se volvió a sentar en su asiento.
Señor Potter... Harry. Ninguno de nosotros te hará daño. No intencionalmente, aunque sea.— En esto miró al director, que se sonrojó levemente. Harry no entendía al anciano hombre.— Nosotros, en cambio, te enseñaremos a defenderte de todo aquél que trate de dañarte, de la forma que sea.— Miró esperanzado al hombre, aunque sabía que si ellos sólo se estaban burlando de él estaba quedando como un idiota, pero no tenía nada que perder. El profesor continuó, aunque ahora un poco incómodo.— Nosotros ahora estamos encargados de su seguridad, señor Potter. De que usted esté bien alimentado, bien descansado y que esté... bien emocional y físicamente hablando.
Harry se sorprendió. ¿Eso quería decir que ellos se iban a preocupar por él? ¿El profesor Snape se iba a preocupar por lo que hacía, o por cómo se sentía? Negó con la cabeza lentamente, volviendo a sacar el ceño fruncido del profesor, aunque Harry aún tenía una duda. Miró al director ahora, su sorpresa superando su miedo y vergüenza.
—¿Eso quiere decir que no me devolverán con mis tíos?
El director sonrió suavemente, pero antes de que pudiera responder, el profesor Snape se le adelantó.
—Sobre mi cadáver, Potter.
El Director miró al profesor, entrecerrando un poco sus ojos, pero sin embargo su sonrisa creció, y volvió a ver a Harry.— Ya has escuchado a Severus, mi muchacho. No te mandaremos con tus parientes.
Harry sonrió muy grande y vio con mucho (demasiado, si interpretó bien la cara del profesor) agradecimiento a ambos hombres. Sabía que iba a tener que hacer mucho para que los dos hombres no cambiaran de parecer, pero Harry decidió que si se iba a poder quedar en esa maravillosa escuela, los trabajos y hasta los golpes o hechizos que recibiría (esperaba que no fueran muchos) serían nada en comparación. Cualquier cosa a volver con los Dursley.
El director negó con la cabeza y palmeando suavemente la cama se retiró, dejando a Harry a solas con el profesor Snape (¿su Jefe de Casa? ¿Seguiría durmiendo en Slytherin?). El hombre también se levantó, pero en vez de irse, volvió a poner su mano en el hombro de Harry. Se miraron brevemente a los ojos, y el profesor sonrió de medio lado.
—Señor Potter, puede creerme cuando digo que ahora en adelante, muchas cosas van a cambiar. Y esperemos que sea para bien.
Harry sonrió, solamente asintiendo.
