Desde esa noche en la enfermería, la vida de Harry realmente había cambiado, y Harry estaba bien. Muy bien.
El profesor Snape a partir de esa noche siempre le había mantenido un ojo encima, fijándose si antes del desayuno él tomaba su poción, o si comía lo suficiente (y Harry trataba, de verdad que lo hacía, pero a veces simplemente tenía que dirigirse a los baños luego de haber logrado terminar su plato, porque su estúpido estómago se negaba a cooperar), o si hasta había hecho todas sus tareas (¡como si tuviera otra opción! Estaba más que agradecido con que lo dejaran seguir estudiando, aunque el profesor Snape sólo frunció el ceño cuando expresó su agradecimiento). Harry siempre sentía un pequeño calor en su pecho cuando el profesor lo felicitaba ("Aceptable, señor Potter.") por sus tareas; él no lo golpeaba si había hecho algo mal, o si simplemente no entendía cómo hacer algo, él lo ayudaba, le corregía y le explicaba, y Harry no pudo estar más que contento.
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Aunque, claro, la primera vez que el profesor Snape (¡su Jefe de Casa!) lo había llamado a su oficina un domingo por la noche, y le había pedido sus tareas, Harry hubiese preferido que le dijera que tendría que ir a vivir al Bosque Prohibido.
Aunque había hecho sus tareas, Harry no era tan estúpido como para creer que sus ensayos estaban decentes (aún tenían manchones de tinta, y su caligrafía -aunque había mejorado- seguía siendo terrible), por lo que cuando le pasó sus tareas y se quedó de pie al frente del gran escritorio del profesor, no podía hacer otra cosa que morder el interior de su mejilla y temblar levemente. Aún no había recibido ningún castigo, y no quería que ese día fuera el primero.
—¿Por qué tantas manchas de tinta, señor Potter?— El profesor Snape había fruncido el ceño esa vez, al ver su ensayo sobre la poción del Filtro de Muertos en Vida.— ¿No tiene una pluma antigoteo?
¿Pluma antigoteo? ¿Eso estaba en la lista de útiles? ¡Harry no había leído eso! Dudando, negó con la cabeza. Cuando se dio cuenta que su profesor aún no lo miraba, decidió hablar.— No, señor. No... no leí esa parte de la lista escolar, señor. Lo siento señor.
El profesor Snape había levantado la vista del ensayo, y lo miró brevemente antes de volver a sus tareas.— Normalmente, objetos como ése no se agregan a la lista escolar, ya que son obviedades.— Harry asintió, sintiéndose estúpido. Claro que eran obviedades, pero él no se daba cuenta de esas cosas muy rápido.— Claro, obviedades para los magos o mestizos, no para los nacidos muggle, o criados, en su caso. Creo que tengo una en mis aposentos que puedo darle.— Dejó de lado el ensayo de Pociones y agarró el de Herbología.— Por otro lado, debería fijarse bien cuando copia las palabras, porque hay algunas mal escritas o que no tienen sentido, y parece que lo hace a propó...— Miró a Harry fijamente entrecerrando los ojos, y Harry se preguntó si estaba a punto de recibir un golpe o castigo por sus tareas. Tragó saliva.— ¿Qué tan bien ve con esos lentes, señor Potter?
¿Uh?
—¿Bien, señor?
Harry suponía que veía bien con sus lentes, porque sin ellos realmente no veía nada más que manchas. Frunció el ceño. ¿Qué tenía que ver eso con sus...? Oh, claro. Copió palabras mal. Se mordió el labio, rápidamente angustiado.
Lo siento señor. Volveré a hacer los ensayos, señor.— Miró suplicante a su profesor, deseando que no lo castigase.— Si usted me deja, señor.— Añadió rápidamente.
El profesor Snape suspiró fuertemente, llevándose una mano a los ojos. Habló lentamente, sin mirarlo.
—Señor Po... Harry. Deja de... dejemos la primera regla en claro, ¿sí?— Harry asintió seriamente. Se sintió feliz, porque el profesor Snape aunque sea iba a decirle las reglas, y no iba a dar por sentado que él ya las sabía.— No vas a terminar cada oración con la palabra "señor", Harry. ¿Entiendes?- Harry asintió, un poco confundido, pero no dijo nada.— Bien. Volviendo a tus ensayos, no es necesario que los hagas todos de nuevo, solamente corrige las palabras que te señalaré, ¿está bien?— Un nuevo asentimiento, y el profesor Snape lo miró, dejando a un lado su tarea.— Nos encargaremos lo más pronto de tu problema con la visión.
Harry tragó saliva, pensando en cómo se encargaría. Su tío varias veces lo había golpeado antes de tener sus lentes, ya que no podía ver casi nada y normalmente cometía errores cuando hacía sus deberes, en especial en la cocina. Si con los lentes aún cometía errores, podría hacerle creer al profesor Snape que lo hacía apropósito, y su castigo sería el doble. Su Jefe de Casa había terminado de revisar sus tareas, y sin decir más de lo necesario lo volvió a mandar a su habitación.
(La noche siguiente, Harry volvió a su habitación con unos lentes nuevos y, literalmente, una visión más clara del mundo)
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También estaba, lo que a Harry le había gustado llamar, "el problema Draconiano".
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Cuando había salido de la enfermería en la mañana del sábado, luego de una pequeña advertencia sobre lo que le pasaría si volvía a saltarse a comidas por parte de Madame Pomfrey y su Jefe de Casa, lo mandaron a su sala común, y Harry ya llevaba la mitad del camino a las mazmorras cuando se detuvo abruptamente. Él tenía que ir a la sala común de Slytherin, de su casa, donde posiblemente estaba Draco Malfoy, que fue quien había planeado la razón por la cual una profesora quería expulsarlo (aunque sabía que era más culpa de él, que de Draco, él fue quién cayó en redondo y levantó vuelo). ¿Cómo iba a reaccionar cuando sepa que en vez de expulsarlo, lo pusieron en el equipo de Quiddicht de Slytherin? Harry sabía que Malfoy tenía muchos amigos, y pensó en que tal vez el juego de cazar a Harry de su primo Dudley no era nada en comparación con lo que niños magos experimentados podrían hacerle. Pensó en volver sobre sus pasos y hablar con su Jefe de Casa, pero luego recordó que quejarse sólo complicaban más las cosas. Suspiró pesadamente y volvió a su camino. Debería haber alguna forma de poder evitar siquiera llegar a la sala común sin llamar mucho la atención, o tal vez podría quedarse fuera hasta antes del toque de queda.
Cuando llegó, aún dudando sobre entrar o no, por la pared de ladrillos oscuros que era la entrada de Slytherin salió el rubio platinado, mirando el suelo y frunciendo el ceño. Apenas vio a Harry, su rostro se relajó levemente, aunque Harry ya no confiaba en que eso sea algo bueno.
—Hey.— Draco sonrió levemente, sin moverse del camino, y Harry sólo asintió, mirándolo precavido. El rubio sólo lo siguió mirando, y Harry se movió lentamente a un lado, pensando que le estaba molestando el camino. El niño sólo suspiró al verlo.— Estaba por ir a verte. No es la cosa más inteligente del mundo no comer, ¿sabes?
¿A verlo? ¿Qué iba a hacer?
Uhm... mi madre me ha enviado una caja de los mejores chocolates. Los tengo en la habitación.— Harry volvió a asentir, sin moverse y esperando cualquier cosa del otro niño.— ¿Realmente necesitas que te digan las cosas en voz alta, eh? Y luego decían que yo era el egocéntrico.— Harry frunció el ceño confundido viendo al rubio rodando los ojos. Ahora sí que no entendía lo que el niño quería.— Lo siento, ¿está bien? No era mi intención que te castigaran, sólo quería que hicieras algo, por Merlín. Pero me dijo el profesor Snape que tan mal no te ha ido, si al final y hasta has entrado en el equipo de Quiddicht.— Mientras hablaba, había agarrado el brazo de un Harry totalmente alerta y lo había arrastrado hacia la habitación de ambos, donde lo había soltado mientras sacaba una caja roja mediana de su baúl. Se dirigió a su cama y se sentó en medio de ella, con las piernas cruzadas y la caja en su regazo, la cual abrió antes de mirarlo a él, aún cerca de la puerta y mirándolo fijamente. Draco frunció el ceño.
No voy a hacerte nada, ¿está bien? Ven, puedes elegir el que quieras, hay dos de cada uno.
Mientras el rubio platinado había vuelto su mirada a la caja de chocolates, Harry se había desplazado lentamente hasta su parte de la habitación, y se sacó la túnica antes de sentarse en su propia cama. Había dudado en si cambiarse o no la camisa y el pantalón escolar, porque vio (cuando estaba siendo arrastrado por medio de la sala común) que todos estaban con ropa cómoda al ser fin de semana, pero luego pensó en su ropa "cómoda" y simplemente desechó el pensamiento. Cuando Draco tenía un chocolate en su mano luego de un momento, le tendió la caja, y Harry negó con la cabeza, declinando. Miró los chocolates (que se veían muy bien) un segundo antes de mirar a Draco a los ojos. Se mordió el labio, indeciso, y el rubio sonrió.
—¿Si?
—Puedo hablar con el profesor Snape si quieres. Para que me cambie de habitación.— La sonrisa de Draco se borró completamente, y Harry se sintió mal.
—¿No quieres compartir habitación conmigo? Pensé que éramos amigos.
—¿Amigos?
¿Draco era su amigo? ¿Harry era amigo de Draco?
¿Crees que yo soy tú amigo?—Draco había bufado muy fuerte ante eso, mirándolo totalmente enojado, Y Harry había bajado la mirada, arrepintiéndose de haber hablado.— Lo siento.
Ninguno habló por unos momentos, hasta que el suave suspiro de Draco rompió el silencio. El rubio volvió a tenderle la caja de chocolates, con una pequeña sonrisa.
—Toma un maldito chocolate, Potter. Te recomiendo el de fresas.
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Harry sabía que no fue la manera más aceptable de comenzar (¿de nuevo?) una amistad, pero él precisamente no iba a quejarse. Draco era bastante bueno en muchas cosas, y creía que no le importaba explicarle medio mundo mágico.
Y, muy en resumen, los siguientes dos meses habían pasado bien. Harry ya había jugado dos partidos de Quiddicht, donde habían ganado y había enorgullecido al profesor Snape y a Draco. También, gracias a ambos, fue capaz de haber mejorado en sus notas y sus hábitos alimenticios.
Luego, trataron de asesinarlo.
Cuando estaban a unas semanas de comenzar las vacaciones por Navidad, Harry ya había hablado con su Jefe de Casa sobre los dolores en su cabeza cuando estaba en Defensa, por lo que el director había decidido que sea el profesor Snape quien le enseñara por el momento, hasta que encontraran una solución para eso, y Harry decidió rápidamente que él era su profesor de Defensa favorito.
Una noche, a días de Navidad, Harry se había despertado en la enfermería, solo y extremadamente cansado. Recordaba muy pocas cosas, y unas de ellas era haber visto a sus padres y haberse enfrentado con una cabeza malvada, que resultaba ser una sombra de Voldemort. Su Jefe de Casa había aparecido acompañado del Director, y simplemente le dijeron que era mejor que siguiera descansando, que al día siguiente Draco iba a visitarlo antes de irse. Harry había asentido, aún con el recuerdo de sus padres y deseando poder verlos una vez más.
Cuando salió de la enfermería, estaba el profesor Snape esperándolo con los brazos cruzados sobre su pecho, aunque su rostro estaba neutro. Harry sonrió levemente, frotándose el brazo nerviosamente. Últimamente Harry había estado mucho tiempo con el profesor Snape, ya sea estudiando o ayudándolo en sus pociones cortando ingredientes o moliéndolos, y ya confiaba lo suficiente como para creer que al hombre no le molestaba tanto su presencia.
—Supongo que esto no va en su lista de lo mejor de su año, señor Potter.
Harry rió bajo, pero se encogió de hombros. Comenzaron a caminar en dirección a las mazmorras, y decidió hablar, cuidando de que nadie esté muy cerca como para escuchar su conversación.— Pude ver a mis padres, señor, en el espejo. Me sonrieron, y Voldemort me dijo que él podía traerlos de vuelta.— Miraba el suelo mientras hablaba, por lo que se perdió la mirada que su Jefe de Casa le estaba mandando.— ¿Él realmente puede hacer eso? Revivir gente, digo.
—No, Harry. Él no puede. Y si pudiera no lo haría.— La voz del profesor Snape era dura, y Harry levantó la mirada, sorprendido por el enojo en su voz. ¿Dijo algo malo?—El Señor Tenebroso, Harry, atrae a la gente con puras palabras. No hay que creer nada de lo que Él diga que puede hacer para o por nosotros. Eso es algo que quiero que tengas en mente, siempre.
Al llegar a las mazmorras, el profesor Snape lo dirigió a su oficina, y luego de darle una pequeña dosis de poción energizante, ambos se sentaron frente a frente en el escritorio. Harry se mordió el labio, un poco indeciso.
¿Sí, señor Potter?
—¿Puedo preguntarle lo que sea?— El profesor asintió, entrecerrando los ojos cauteloso.—Usted no... ¿Lo que sea, de verdad?— Otro asentimiento, y Harry respiró hondo.—¿Usted le creyó? A Vol... a Él. ¿Le creyó cuando le prometió algo que usted quería? ¿Por eso se unió a él?
El profesor Snape le había comentado su posición antes de la caída de Voldemort, unos días después de empezar a hacerse cargo de él "para no escucharlo de terceros". Harry sabía que había mucho más detrás del "era joven y estúpido", pero no exigió nada más y simplemente lo aceptó. De todas formas, si hubiese querido asesinarlo, ya lo hubiese hecho, ¿no?
El profesor Snape no respondió por largos segundos, en los que Harry se preguntaba si ya había pasado la raya imaginaria de confianza con el adulto. Antes de decir algo, él profesor asintió lentamente.—Sí, podría decirse así. ¿Por qué la pregunta?
Harry se encogió de hombros, balanceando inconscientemente sus pies que no tocaban el suelo. Frunció el ceño.—Es que Él simplemente sonaba como si realmente iba a hacerlo.— Negó con la cabeza, suspirando.—No me sorprende que la gente crea que sí iba a hacer lo que prometía.
—Mhm.— El profesor Snape sólo asintió de acuerdo, aunque luego cruzó sus manos sobre el escritorio, y levantó una ceja.—Ahora, señor Potter, me encantaría saber qué hacía usted siquiera en el tercer piso, un lugar claramente prohibido, cuando se suponía que debería estar en su sala común, haciendo lo que sea que haga un niño de su edad con sus compañeros.
—La verdad...— Harry sonrió avergonzado.—Es una larga historia, señor.
—Oh, señor Potter, entonces será mejor que empiece ahora. Tengo todo el día.
Harry suspiró, y lentamente comenzó a contar todo lo sucedido. Desde que salió de su sala común hasta donde había encontrado su acertijo, y luego hasta donde Harry recordaba antes de haber quedado inconsciente.
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¡Hola! Estamos llegando (creo jsjs) al final de la historia, y realmente espero no estar añadiendo mucho contenido "innecesario" en la historia;-;. (Nota de la autora del futuro: me la paso diciendo que llegamos al final de la historia, es mentira xd)*Desde que pensé en la idea, nunca tuve la real intención de contar la historia de cómo Harry peleaba contra Voldemort y toda la cosa, sino más en la idea de que Harry era... Harry, el niño abusado por adultos que no tiene ningún tipo de cuidado real, no el niño-que-vivió ni el salvador de nadie.Espero que les esté gustando.