Harry había pasado su primera Navidad en Hogwarts, junto con algunos otros alumnos y la mayoría de los profesores, y nunca había pasado una fiesta mejor que ese día. ¡Hasta tuvo regalos! ¡Regalos, en plural, y nuevos!
Aunque los que realmente más le gustaron, fueron los del profesor Snape. ¡Harry tenía su propia escoba de carreras! ¡Y era profesional! ¡Y también le dio muchos libros, tanto de textos como de lectura!
(Se había sentido mal automáticamente luego de pasar la emoción por los regalos, porque no le había comprado nada a nadie a parte de Draco, cuyo regalo fue tan simple como sus chocolates favoritos, y Draco le había regalado un bonito conjunto de plumas y tintas muy elegante. Harry no creía que nadie más iba a regalarle algo y no quería quedar como un tonto sentimental por regalarle algo al profesor Snape para que luego alguien se burlara, por lo que simplemente no dio nada más.)
También había pasado un excelente Año Nuevo, y comprobó realmente que los fuegos artificiales eran geniales. Draco había pedido que lo regresaran antes a la escuela y ambos se habían quedado la noche anterior antes que los demás llegaran en una gran pelea de almohadas, donde (por accidente, había dicho un divertido Draco) habían golpeado en la cara a su Jefe de Casa con una almohada perdida, que había ido a retarles por no estar dormidos.
Antes de dormirse esa noche, Draco había empezado a hablar sobre sus fiestas y los regalos, y luego de unos minutos en silencio, volvió a hablar.
—¿Harry?
—¿Si, Draco?— Harry había estado entrando en la inconsciencia cuando escuchó el bajo susurro de su amigo.
—¿Por qué no fuiste a tu casa en Navidad?— Draco se escuchaba un poco inseguro antes de continuar hablando.—Escuché a mi padre hablando con el profesor Snape...
Harry realmente estaba sorprendido. ¿El profesor Snape habló de él? ¿Con el padre de Draco?
—¿Sabes de qué hablaron?
Draco negó con la cabeza mientras dirigía su vista a Harry, quien lo miraba a su vez.—No. Sólo se qué hablaban de ti y, bueno, de que no podías volver a tu casa.— Se vio culpable un segundo, frunciendo el ceño.—Lo siento.
Negó con la cabeza.—No hay problema.— Harry se mordió el labio inferior, dudando entre si decirle o no a Draco que fue Harry quien había pedido no volver con sus tíos. ¿Son amigos, no? ¿Los amigos se cuentan las cosas, todas? ¿Pero y si Draco se burla de él? Suspiró, tener amigos era todo un problema (aunque Draco era genial).—No quería volver.— Miró fijamente a su amigo, que fruncía el ceño.—No me gusta.
Draco asintió, y Harry no podía saber si era en compresión o simplemente para hacer algo.
¿Tu padre y el profesor Snape son amigos?
Draco volvió a asentir, afirmativamente.
—Son mejores amigos, en realidad.— Draco sonrió de medio lado.—El profesor Snape es mi padrino. Es genial.
Harry sonrió brevemente, preguntándose si él tenía un padrino, aunque rápidamente lo descartó. Aún se estaba acostumbrando a la idea de que sus padres no habían muerto en un accidente de tránsito por su irresponsabilidad y que realmente ellos lo habían amado lo suficiente como para morir por él, como para creer también que tenía un padrino, aunque si lo tenía probablemente no lo quería mucho, porque aún así tuvo que estar años con los Dursley.
Tal vez puedas pasar las vacaciones con mi familia. ¿Qué dices?
Harry volvió a mirarlo, pero Draco ya no lo miraba. Él no había pensado en lo que le sucedería cuando acabara la escuela, y aunque confiaba en el profesor Snape en que no iba a volver con los Dursley (esperaba), no había pasado por su cabeza el hecho en que, al no volver con sus familiares, no tenía ningún lugar al que volver. ¿Iría a un orfanato? Tragó saliva ante eso, ¿y si lo adoptaban? ¿Y si volvía a una situación igual con la que tenía con los Dursley? Harry no quería que eso pasara, pero estaba seguro que ya no podría pedirle nada más a su Jefe de Casa, porque el hombre había sido y hecho más de lo que hubiera esperado de nadie. No era idiota, y aunque tuviese miedo, Harry tenía que aceptar que el orfanato era mejor que los Dursley. A partir de ahí él iba a aceptar lo que viniera, porque ya sonaba bastante desagradecido con el simple hecho de estarse quejando mentalmente que iba a tener que pagar el no haber sido golpeado en casi cinco meses.
Ambos niños se habían dormido tarde esa noche, entre pequeñas conversaciones y alguna que otra preocupación.
HPSS
(*)El nueve de enero había caído un sábado lluvioso, por lo que el Quiddicht y más de una actividad al aire libre había sido cancelado. Harry se había enterado (gracias, obviamente, a Draco) que era el cumpleaños de su Jefe de Casa, y Harry realmente quería regalarle algo.
Pero él no podía salir al pueblo ni quería pedirle eso a nadie, por lo que pensó en hacerle alguna poción útil, pero no tardó ni un minuto en descartar esa opción. ¿Por qué o para qué un profesor de pociones iba a querer una poción de un niño de once años, que posiblemente esté mal hecha? No señor. Harry no iba a pasar por eso. Luego, pensando un poco en qué él era bueno, terminó teniendo una idea divertida, aunque sabía perfectamente que se estaba arriesgando demasiado en recibir algún castigo o hasta golpe por parte de su profesor.
Luego de haber hablado con Draco, a quien le contó su idea, él felizmente había ayudado y hasta lo guió hacia las cocinas de Hogwarts furtivamente, donde muchos elfos domésticos (Draco ya le había advertido a Harry sobre ellos y su efusividad en servir a los magos) los atendieron, y aunque Harry realmente había hecho todo el trabajo de mezclar y preparar, tanto Draco como los elfos lo iban ayudando pasando los ingredientes o utensilios necesarios. Harry había hecho miles de veces el mismo procedimiento a lo largo de su vida para sus tíos y primo, por lo que podía hacerlo hasta dormido.
Más tarde ese día, Draco se encontraba en su habitación comiendo un pequeño pastel de chocolate, que tenía crema dentro con pequeños trozos de fresas, mientras que Harry esperaba que su Jefe de Casa estuviera en su oficina (y preferiblemente solo, no quería hacer quedar mal a su profesor con esto, y tampoco él). Al tocar, agarró fuertemente la pequeña caja que tenía en su mano, ocultándola bien de miradas indiscretas. Cuando escuchó el "Adelante" de su profesor, Harry había empezado a abrir la puerta cuando dudó seriamente en si esto era buena idea.
—¿Si, señor Potter?
El profesor Snape estaba en su silla detrás del escritorio, donde habían varios pergaminos esparcidos. Harry se mordió el labio inferior, mirándolo. El profesor bajó la vista hacia la caja que tenía en su mano, y volvió a mirarlo, con una ceja alzada en incertidumbre. Se acercó despacio, aún dudando, y simplemente extendió la pequeña caja hacia su profesor, quien la tomó entrecerrando los ojos.
—Feliz cumpleaños, señor.
Harry había llevado rápidamente las manos hacia detrás de su espalda, y ahora se balanceaba lentamente sobre sus pies, con la cabeza gacha y mirando por entre su flequillo la expresión de sus profesor mientras abría la caja. Al principio estaba dudando, pero Harry sabía reconocer la sorpresa cuando miraba los grandes ojos y la boca levemente abierta de su Jefe de Casa, y aunque aún era temprano para cantar victoria, se sintió feliz. ¡Sorprendió a su profesor! Antes de siquiera darse cuenta, el profesor Snape había convocado una pequeña cuchara y estaba probando el pastel de chocolate con nueces y almendras que le había preparado.
—¿Cómo supiste que prefiero el chocolate amargo, Harry?
Harry levantó la cabeza para mirarlo, sonriendo levemente aún dudando, pero feliz por no escuchar ni ver ninguna señal de enojo.
—Draco me ayudó, señor. ¿Le gusta?
El profesor Snape sonrió suavemente, dejando el pequeño pastel a un lado y mirándolo.
—Sí, Harry. Gracias. Es un buen regalo.
Harry sonrió grande esta vez, contento consigo mismo.
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Los siguientes meses habían pasado muy rápidamente, a juzgar por Harry.
Harry no quería realmente que se acercara Junio, pero cuando menos se dio cuenta, Draco ya estaba comentándole lo feliz que se sentía luego de haber aprobado todos los exámenes y que sus padres estaban muy orgullosos de él por sus notas, que habían sido enviadas el día anterior, mientras empacaban. Harry se había preguntado si habían enviado sus notas a sus tíos, y si ellos ya lo habían quemado luego de haber leído que se trataba de algo sobre él. Harry había estudiado mucho, y había tenido muy buenas notas, casi la mayoría eran Extraordinarios y deseó que el profesor Snape hubiese visto las notas antes de que sean entregadas, porque eso era lo que él le había pedido a Harry, y no estaba muy seguro de que le creería si no le mostraba.
Cuando estaban preparándose para ir a abordar el tren hacia King Cross, Harry había ido hacia el profesor Snape, quien vigilaba a todas sus serpientes en su sala común. Cuando lo vio, asintió brevemente.
—Señor Potter, cuando llegue a la estación, por favor espere con el señor Malfoy hasta que me vea a mí, ¿entiende?— Cuando Harry asintió, un poco confundido, el profesor lo había mandando nuevamente con Draco.
El viaje en tren se había basado en jugar ajedrez mágico o snap explosivo, comiendo dulces (dulces de Draco, dulces de verdad, había dicho el rubio, y no como los que venden aquí en ese carrito, y Harry había negado levemente con la cabeza sonriendo) y hablando de muchas cosas a la vez.
—¿Vendrás a mi casa, verdad? Padre dijo que no habría problema, y tenemos un gran campo de Quiddicht.— Draco había hablado en una de las pausas entre una conversación y otra a Harry, quien solamente suspiró y de encogió de hombros.
—Todo lo que sé hasta ahora es que tengo que esperar al profesor Snape contigo.
—¿No te buscarán tus familiares?— Vicent Crabbe había hablado esa vez, muy confundido al escuchar que Harry Potter no iba a volver con sus familiares.
Harry negó con la cabeza levemente, preguntándose si Draco les había dicho a ellos dos lo que Harry le dijo. Seguramente sí, son sus mejores amigos, de todos modos. Para su sorpresa, Draco habló rápidamente.
—Creo que el profesor Snape me había dicho que sus familiares estaban en un viaje urgente o algo así. Tal vez ¡y hasta te quedes con nosotros el verano!
Harry lo había mirado con los ojos abiertos en confusión y sorpresa, pero al ver que Vicent asentía comprendiendo y Gregory se encogía de hombros, solamente asintió, en acuerdo con su amigo. Lo que quedaba del viaje habían empezado a hablar sobre lo que había pasado con Quirrell, y Harry simplemente comentaba alguna que otra cosa, sin querer realmente hablar sobre eso, y al parecer en algún momento Draco se había dado cuenta, porque él también había dejado de hablar y siguieron jugando al ajedrez.
Cuando llegaron a King Cross, Harry había estado pensando en que en realidad él iba a tener que esperar al profesor Snape solo, ya que seguramente los señores Malfoy no iban a esperar las cuatro horas de viaje que eran desde Hogwarts hasta la estación sólo para que él estuviera con su Jefe de Casa, que por lo que Harry sabía, aún había estado en Hogwarts cuando ellos salieron. Por ende, se había sorprendido bastante al ver al profesor Snape mirándolo fijamente a un lado de una pareja que gritaba por todos lados "dinero" y "aristocracia", al igual que "respeto" y "poder", quienes eran obviamente los padres de Draco. Luego de que Draco y él se despidieran de Vicent y Gregory, se dirigieron hacia el profesor y los señores Malfoy, quienes habían sonreído levemente ante su hijo.
—Draco, pequeño.— La señora Malfoy había agarrado en un pequeño abrazo a su hijo, mientras el señor Malfoy peinaba levemente su cabello. Harry se había acercado al profesor Snape, sintiendo un poco de envidia ante la escena que sucedía ante él. Sintió una mano posarse suavemente en su hombro y miró al profesor, quien asentía a modo de saludo.
—¿Buen viaje, señor Potter?— Harry asintió, con una pequeña sonrisa. Antes de poder hablar, Draco lo había jalado de un brazo con una sonrisa y lo puso delante de sus padres.
—Padre, madre, él es Harry Potter.— Draco sonrió como si hubiese hecho un muy buen trabajo. El señor Malfoy lo miró de pies a cabeza, y Harry agradeció no haberse sacado su uniforme y haberse cambiado a su ropa informal.
—Señor Potter, un placer conocerlo. Lucius Malfoy.— Le tendió una mano, que Harry estrechó dudando, pero igual le dio una sonrisa. El señor Malfoy asintió, y luego posó una de sus manos en el hombro de su mujer. Sonrió.—Y ella es mi adorada esposa, Narcisa Malfoy.
La mujer sonrió suavemente, con la curiosidad y el cariño brillando en sus ojos celestes.
—Señor Potter, es un placer conocerlo por fin. Mi dragón me ha hablado mucho sobre usted.— Harry miró sorprendido a Draco quien lo miraba un poco sonrojado y con la mirada desafiante, como obligándolo a que dijera algo. Sonrió, feliz porque Draco le había hablado sobre él a su madre, y ella aún así estaba feliz de conocerlo. Estrechó la mano de la señora Malfoy, sin perder la sonrisa.
—Un gusto, señor y señora Malfoy. Por favor, pueden llamarme solamente Harry.
Un bufido divertido salió de los labios del señor Malfoy, pero Harry no había entendido por qué. Luego solamente sonrió.
—Bueno, Severus. Tienes trabajo, ¿eh?— Miró a Harry nuevamente.—Espero verlo estas vacaciones, solamente Harry.
Harry asintió, volviendo la vista a su profesor. ¿Dónde lo llevaría? Cuando los señores Malfoy se despidieron, con Draco prometiendo escribirle (Harry esperaba que al lugar que fuera no le molestaran las lechuzas como le habían molestado a sus tíos), el profesor Snape le había pedido que se acerque a él y lo agarrara del brazo, luego de haber encogido su baúl y guardarlo en su bolsillo. Cuando ya estaba agarrado, el profesor Snape se volvió hacia la blanca lechuza, que los miraba desinteresadamente. La liberó de la jaula, y cuando también fue encogida y guardada, volvió a ver a la lechuza en el hombro de Harry.
—Ve a Prince Manor.
Hedwig había ululado en respuesta, y Harry se sorprendió cuando recibió un pequeño mordisco en su oreja a modo de saludo y levantó en vuelo. Volvió a ver a su Jefe de Casa.
En un momento a otro, Harry había escuchado a su profesor contar hasta tres antes de sentir un gancho en su estómago, y luego sólo sintió el césped en su rostro. Se levantó con ayuda de su profesor, totalmente sorprendido mirando hacia su alrededor, y justo frente a él había una gran mansión. Antes de que pudiera decir algo, él profesor Snape habló, mientras lo ayudaba limpiando suavemente sus túnicas aún con un poco de tierra.
—Bienvenido a mi humilde casa, señor Potter. Y su casa durante los próximos dos meses.— Harry lo miró con la boca abierta. ¿Él se iba a quedar allí, con su profesor?— Espero que no sea un inconveniente, no hemos podido encontrar ningún familiar decente que pudiera hacerse cargo de usted. En todo caso, si es un inconveniente -el profesor lo miró levantando una ceja burlonamente- no me interesa demasiado. No iba a dejarlo en la calle, señor Potter. Y hasta que no aparezca nadie que pueda hacerse cargo de usted decentemente, se quedará conmigo. ¿Está bien?
Harry asintió rápidamente, sonriendo muy grande mientras el profesor Snape lo guiaba hacia dentro de la Mansión. Inconsciente o conscientemente, deseó con todo su corazón que no apareciera nadie que quiera alejarlo de su profesor.
Definitivamente, esto era mil veces mejor que el orfanato, y diez mil veces mejor que los Dursley.
HPSS
(*)Ésta escena no era precisamente necesaria, pero se me hizo tan tierna y graciosa la idea de Harry preparándole un pASTEL a SNAPE que simplemente no pude evitar hacerla.
