Harry había pasado unas increíbles once semanas en la casa de su Jefe de Casa, con un intermedio de dos días el cinco y seis de Junio(*) cuando fue el cumpleaños de Draco, que fue realmente impresionante (Harry se había preguntado si todos los cumpleaños de los magos eran así de grandes, o la fiesta había sido así sólo porque era Malfoy, y más importante que eso, era Draco).

Al principio Harry había estado bastante tímido con respecto a lo que podía hacer o no en la casa de su profesor, pero luego de una larga charla con él, se había divertido mucho, ya sea volando por el terreno protegido en su escoba o leyendo libros. El profesor Snape un día le había preguntado si quería ayudarlo con una sencilla poción, y Harry había accedido muy feliz; le gustaba mucho Pociones, y si podía ayudar y hacer sentir orgulloso a su Jefe de Casa, él lo haría. También había hecho todos sus deberes con ayuda de la gran biblioteca que tenía el profesor, que Harry creía que competía con la de Hogwarts, posiblemente. Tuvo algunas visitas de Draco, quien siempre traía alguno de sus juguetes para ambos, y la pasaban increíblemente bien.

HPSS

Hubieron noches y días donde no estaba bien. Harry ya había experimentado pesadillas, en especial con lo de Quirrell sumándole a eso a su tío Vernon. Esos días Harry andaba particularmente silencioso y bastante sensible, y se había dado cuenta que su profesor siempre estaba enojado cuando eso pasaba.

Un día, Harry explotó de culpa, preguntándose por qué su tío tenía que tener razón y por qué él tenía que ser tan molesto con la persona que lo había salvado de volver a su alacena y también de ir a un orfanato; aunque estaba totalmente seguro que no volvería a pasar, y que el siguiente verano estaría o con sus tíos o en el orfanato.

Su cara estaba totalmente roja, llena de lágrimas y con una mueca angustiada, luego de haber hablado con su Jefe de Casa sobre su pesadilla y obviamente enojando al profesor por ello. Faltaba poco para el almuerzo, y estaba cruzando el jardín de la mansión dirigiéndose hacia el pequeño invernadero donde se cosechaban algunos ingredientes para las pociones, y llegando solamente se dirigió hacia el fondo, teniendo mucho cuidado de no arruinar ninguna planta, sentándose debajo de una de las mesas y abrazándose las rodillas, mientras su cabeza empezaba a doler cada vez más. Había aguantado bastante el no emitir un sólo sonido mientras salía de la mansión, con miedo a que su profesor lo escuche y decidiera que estaba siendo un desagradecido por largarse a llorar aún con todo lo que hizo, por lo que ahora escondido simplemente sollozó, y bastante fuerte (Harry se sintió peor ante eso: en la casa de sus tíos no tenía lugares para esconderse como para poder llorar en voz alta sin recibir un golpe ante el mínimo sonido, y su profesor lo había llevado a ese lugar tan grande donde habían muchos escondites y no lo había encerrado ni negado la comida, y él estaba siendo tan malo con su Jefe de Casa...).

Él sabía que había despertado a su profesor a media noche, por culpa de su pesadilla (es lo bastante estúpido como para no haberle pedido a Draco o a su profesor un hechizo de silencio para lanzar por las noches), y aunque el profesor no demostró mucho sentimiento en su rostro, a la mañana siguiente estaba muy enojado mientras escuchaba a Harry (¡Harry no quería contarle! Bueno, sí quería, ¡pero no iba a hacerlo, su profesor fue quien técnicamente le había obligado a decirlo con su "¿Qué soñaste anoche, Harry?"!) contarle sobre un tío Vernon con ojos rojos, un cinturón en una mano y en la otra una varita mágica, más que dispuesto a hechizarlo y golpearlo al mismo tiempo. Harry había terminado lo más rápido posible de hablar, viendo la mirada de odio en su profesor, y había pedido en voz muy baja si podía salir.

Y ahora estaba allí, debajo de una mesa y temblando mucho. Sabía que tenía que calmarse, el profesor no iba a aceptar que de ninguna manera Harry se perdiera el almuerzo, sin importar qué tan enojado se encontrara. Respiró hondo varias veces, con las lágrimas aún bajando por su rostro y cuello; sabía perfectamente que tal vez la idea de estar en la Mansión Prince no era de su profesor, y que si estaba ahí era solamente porque tal vez el director lo había obligado a traerlo, y el hecho de que Harry despertara a su profesor por culpa de estúpidas pesadillas y lloriqueos, y encima luego tener que escucharlo sólo lo molestaba un poco cada día. Sus tíos en la situación de su Jefe de Casa lo habrían golpeado hasta la inconsciencia, prohibirle la comida y encerrarlo por días en la alacena,y creía seriamente que tal vez sería mejor que el profesor Snape lo castigara regularmente para que no esté tan enojado siempre, aunque sea hasta que Harry le pregunte a Draco cómo hacer el hechizo de silencio a su alrededor.

No sabía realmente cuánto tiempo había estado allí debajo (deseaba no haber estado demasiado como para perderse el almuerzo), antes de que sintiera la presencia de su profesor delante de él, con los brazos cruzados sobre su pecho.

—Sal de ahí, Harry. Por favor.

Preferiría quedarse debajo de la mesa antes que enfrentarse a la ira de su profesor, pero no era idiota y sabía que desobedecerlo sólo sería peor para él. Se arrastró lentamente hasta salir completamente de debajo de la mesa, levantándose y sin levantar la mirada en ningún momento. Veía los zapatos negros de su profesor, y se dio cuenta que él estaba descalzo. Frunció el ceño ante eso, pero antes de analizarlo más, el profesor Snape se había arrodillado frente a él, con una mano en su hombro y la otra bajo su barbilla, obligándolo a levantar la vista. El profesor no tenía el ceño fruncido ni el enojo que hace poco había visto, pero Harry sabía que los adultos normalmente hacían eso para hacer creer que ya no estaban enojados, aunque por dentro estaban hirviendo, por lo que no sabía si ahora podía o no confiar en él (aunque se había relajado demasiado ante el pequeño apretón que había recibido en su hombro).

¿Qué ha pasado, Harry?— Aún con la mano sosteniendo su barbilla, se las había arreglado para limpiar un poco las lágrimas de sus mejillas.— ¿Fue por la pesadilla? ¿Sigues asustado por ella?— Harry negó con la cabeza, bajando los ojos hacia la túnica de su profesor. Los botones eran grises.— ¿Entonces qué sucedió?

—No le gusta.— Harry no volvió a mirar a su profesor, pero no pudo bajar la cabeza. Se mordió el labio, pensando que tal vez debería simplemente callarse. El profesor Snape levantó una ceja.

—¿A quién no le gusta, y qué cosa?— Harry negó con la cabeza, las lágrimas volvían otra vez. El profesor sacó un pañuelo, y se lo tendió tranquilamente.— Harry, quiero que confíes en mí, ¿sí? No puedo ayudarte a... a que no tengas miedo, si no me dices a qué tienes miedo.

—A usted no le gusta.— Había hablado bajo, y bajó la cabeza aprovechando que su profesor lo había soltado.— Cuando tengo pesadillas, usted se enoja.- Lo miró por entre su cabello, culpable.— No quiero que se enoje conmigo.

Para Harry no era muy bueno haber conocido la personalidad tranquila y casi intachable del profesor Snape, y luego cada vez que parecía abrir la boca lo viera enfadado. Él preferiría ser mudo si con eso volvía su antiguo profesor.

El profesor Snape suspiró, acomodándose un poco sobre sus rodillas, su mano no abandonó nunca el hombro de Harry.— No me enojo contigo, Harry. Me enojo con tus parientes, porque fueron lo suficientemente estúpidos como para no hacer lo que debían hacer, ¿entiendes? No estoy enojado contigo, ni lo estaré, a menos que me des verdaderos motivos para hacerlo, ¿mhm?— Ante esa última frase, miró a Harry entrecerrando los ojos y con clara advertencia, y Harry sonrió suavemente, mientras la opresión que estaba sintiendo en su pecho se evaporaba lentamente.—Tú no has hecho nada malo, Harry; tú sólo necesitas ayuda y yo estoy más que dispuesto a dártela, ¿sí?— Harry asintió, y su profesor volvió a suspirar y se puso de pie.

Bien, ahora ve a lavarte y luego ve al comedor, que lo último que necesitas es perderte una comida.

HPSS

Estaban esperando al Señor y a la señora Malfoy cerca de la chimenea, una semana antes de comenzar el segundo año, ya que se iba a quedar en la Mansión Malfoy mientras su profesor tenía que ir a preparar sus clases a Hogwarts, con el profesor Snape diciéndole que esperaba que él se comportara bien y así no decepcionarlo, cuando la chimenea se encendió.

Primero pasó la señora Malfoy, sonriendo suavemente cuando vio a Harry y a Severus; luego apareció Draco, frunciendo levemente el ceño ("no entiendo por qué tengo que manchar mis túnicas pasando por la chimenea" "pero si es un poco de polvo" "Potter, personas como yo no deben ni siquiera tener polvo encima"), y seguido de él apareció el señor Malfoy. Harry estaba a punto de estrecharle la mano cuando rápidamente se echó hacia atrás, mirando desconfiadamente al hombre y frotándose la cabeza. Había sentido lo mismo cada vez que el profesor Quirrell se acercaba, quien también llevaba a Voldemort. ¿Pero el señor Malfoy no iba a tener a Voldemort, verdad? Sin importarle las miradas que estaba recibiendo de todos los presentes, y el hecho de que su profesor había sacado su varita, miró al señor Malfoy fijamente. No parecía haber nada nuevo que la última vez que lo vio.

—¿Señor Potter?— El señor Malfoy cambiaba su mirada del pocionista hacia el niño, pero sin demostrar nada más que curiosidad. Harry negó con la cabeza, él estaba igual, pero su cicatriz no dejaba de arder en ningún momento, y estaba seguro que no podía ser una simple coincidencia.

—Es como con el profesor Quirrell.

—¿Qué es como Quirrell, Potter?— El profesor Snape lo había agarrado de los hombros y lo había girado para quedar cara a cara. Harry se asustó un poco, pero igual siguió hablando. La mirada de los Malfoy no se habían despejado de Harry en ningún momento.

—Cuando estaba cerca de Quirrell me ardía la cicatriz, aunque cuando Vol... Él se reveló, había comenzado a sangrar.— Volvió a mirar al señor Malfoy, aunque esta vez con un poco de vergüenza por su anterior comportamiento.— Sentí lo mismo que sentía cuando estaba cerca de Quirrell, cuando usted entró. Pero no cambió mucho desde la última vez que lo vi, por lo que no creo que usted lo tenga a Él como Quirrell.

El señor Malfoy asintió brevemente, pero su mirada se había dirigido a su Jefe de Casa.— Harry, Draco; vayan afuera. Tengo un tema que tratar con Lucius.— El profesor Snape miró brevemente a la señora Malfoy, que asentía suavemente.

Antes de salir junto con Draco y Narcissa, Harry se había dirigido al señor Malfoy.— Lo lamento, señor Malfoy, no quería ser irrespetuoso, simplemente me sorprendió

—No hay problema, Harry.— El señor Malfoy sonrió suavemente, asintiendo.— De todas formas, me parece perfecto que usted relaciones este tipo de cosas.

Ambos hombres asintieron antes de dirigirse hacia la oficina del profesor Snape, mientras que la señora Malfoy acompañaba a Harry y a Draco hacia el jardín.

HPSS

Un par de horas después, mientras que Draco y Harry volaban y la señora Malfoy los vigilaba a la vez que leía un libro, el profesor Snape había bajado a los niños y se había dirigido hacia Harry, junto con el señor Malfoy. Esta vez, Harry no había sentido nada.

—¿Seguro, Harry?— El profesor había insistido.— Si vuelves a sentir algo parecido, tienes que venir hacia mí, ¿entiendes? Sin importar qué.

—Sí señor.— Había asentido seriamente, feliz por la expectativa de que si algo lo lastima (algo que no sabía qué era), al fin tenía a alguien a quien acudir.

Cuando los tres adultos simplemente se sentaron a conversar, Harry junto con Draco volvieron a lo suyo, aunque esta vez decidieron sentarse un poco en el césped.

Draco frunció el ceño, acomodándose a su lado.— La próxima vez buscaremos sillas.— Harry bufó divertido, simplemente asintiendo. Draco lo miró.— ¿Confías en mí?

Harry se sorprendió ante eso. Hace casi un año simplemente hubiese dicho... no hubiese dicho nada, pero ahora Draco era su amigo, y los amigos confían en los otros. Harry asintió, con una pequeña sonrisa. Escuchó el suave suspiro de alivio del rubio.

Bien, porque yo también confío en ti.— Lo miró entrecerrando los ojos.— Y que un Malfoy, y en especial yo, te tenga confianza es una gran hazaña.

Ambos rieron ante eso, y antes de que el silencio se hubiera instalado entre ellos, Draco volvió a hablar.

¿Qué pasó con mi padre, Harry?

Harry se había esperado esa pregunta, por lo que simplemente suspiró y miró a Draco a los ojos.— Créeme, Draco, no tengo ni la menor idea. Sólo sé que tu padre tenía algo que hizo que mi cicatriz ardiera.— Lo pensó un segundo.— Aunque ahora estoy seguro de que no fue él, sino algún objeto que tenía o algo así. Ahora no lo sentí.

Draco asintió, y luego de unos minutos ambos volvieron a perseguirse el uno al otro sobre las escobas, bajo la atenta mirada de los adultos.

Más tarde ese día, Harry se despedía del profesor Snape.

—Quiero que respetes a los señores Malfoy, y que obedezcas.— Sus profesor hablaba seriamente mirándolo a los ojos, sus manos detrás de su espalda. Harry asentía ante cada orden que su profesor le daba, tan serio como él.— Toma la poción antes del desayuno todos los días, y recuerda: obedece a los señores Malfoy.

—Ya lo veo rompiendo todas nuestras reglas.— Harry había mirado al señor Malfoy cuando dijo eso, con los ojos muy abiertos y a punto de negar frenético, pero vio la pequeña sonrisa burlona en su rostro (que en realidad no le llegaba a sus ojos) y el guiño que la señora Malfoy le dirigió, y sólo sonrió, negando con la cabeza suavemente.— Ahora, Severus, si has terminado de atormentar al niño con cosas que seguramente ahora repetirá hasta que tenga cuarenta, deberíamos marcharnos.

Harry sabía (por la mirada en su rostro) que la señora Malfoy quería decir algo muy sarcástico, pero solamente saludó al profesor, mientras guiaba a Draco a la chimenea, y luego desaparecían por el flú. El señor Malfoy estrechó la mano su amigo y se colocó junto a la chimenea, esperándolo. Harry se volvió hacia su profesor, quién se había inclinado hacia él y le sonreía de medio lado.

—Estarás bien, ¿sí?— Harry asintió, devolviéndole la sonrisa a su Jefe de Casa.— Nos veremos en una semana, Harry. Y no olvides todo lo que te dije.

Harry agarró a su profesor en un rápido (muy rápido) abrazo, antes de correr hacia la chimenea y un divertido señor Malfoy. Con la vergüenza aún en su rostro, siguió las instrucciones del señor Malfoy, soltando el polvo flú y gritando "Mansión Malfoy", para que al siguiente momento haya sido salvado de chocar su cara con el suelo por los brazos de la señora Malfoy, quien lo ayudó a equilibrarse mientras lo movía a un costado y sacudió un poco sus ropas. Draco apareció detrás de ella, frunciendo el ceño y cruzando los brazos sobre su pecho.

—Tardaste mucho.

Harry rió, feliz.

HPSS

(*) No tengo realmente idea de cuándo terminan las clases, por lo que simplemente terminaron el primero Junio, y el cumpleaños de Draco lo pasó en su Mansión.