Por supuesto que le caía mal. ¿Cómo no iba a hacerlo? Es el nieto de Garp, el que sonreía igual que el y ambos eran igual de testarudos que una mula.
Cuando los vio discutir lo supo de inmediato, y se le hizo un nudo en el estómago, pero siguió comiendo, porque no sería él quien comiera menos carne que esos dos. Hasta que empezaba a llevarle la contraria a Garp para que centrara su atención en él. Y entonces Luffy, aprovechando que sus mejillas no tenían límites, se llevaba toda la carne asada a los carrillos y se quedaban sin más cena.
Ace pensó, con tristeza, hasta cuanto más podría soportarlo. Y más importante aún; ¿Cuando perdería a Luffy de vista? ¿Cuando volvería a ser el centro de las preocupaciones y la felicidad de Garp? Había echo mil triquiñuelas para perder de vista a ese mocoso, pero Luffy seguía y seguía. Lo había subestimado, podría ser un enano tonto y despreocupado y bueno para nada bastante inconsciente, pero era el indiscutible nieto de Garp y era más fuerte y resistente de lo que aparentaba, y sobre todo; tan recalcitrante como el vicealmirante. Hasta que ocurrió lo que ocurrió. Y ahora, él, Sabo y Luffy eran hermanos y no podría estar más contento. Salvo que ahora tenía más competencia.
Después de que Sabo finalmente se bino a vivir con ellos y construyeron la casa del árbol para los tres, Garp tuvo el honor de conocer definitivamente al rubio, y no esperó un segundo más para adoptarlo. Sin preguntas ni pesquisas, si Luffy y Ace decían que era su hermano ¿qué más había que entender? Para Garp, Sabo era otro nieto adjudicado más. Tan cabezadura como los otros dos, pero con potencial para convertirse en un gran Marine y con gran interés en la navegación, Garp no podía estar más contento de tenerlo. Garp reía divertido con sus nietos mientras no se tocaran ciertos temas relacionados con la piratería. Sin eso, todo era risas, comilones pesca y diversión.
Ace lo pasaba en grande con los cuatro, hasta que a Luffy se le ocurría decir: «cuando me convierta en el rey pirata» entonces el vicealmirante empezaba a repartir palos a diestro y siniestro, porque Luffy, aunque lo considerara su hermano, lo sacaba de quicio y al final siempre terminaban discutiendo sobre quien llegaría a ser más fuerte o tendría la tripulación más grande. Y los chicos, sin importar el dolor de los chichones siguieran empecinados en su infantil discusión sobre piratería incrementaba más la hinchazón de las venas de la frente de Garp. Y al final, tenía que volver a darles una tunda hasta que se hacía de noche y tenía que volver.
Ace odiaba que el abuelo le pegara, pero aunque sus puñetazos eran contundentes, apenas dolía, o se había echo inmune al poder de sus golpes. Aunque Garp no se cansaba de repetir que eran golpes de amor, y cuando lo decía, un ligero rubor teñía las mejillas de Ace. Hacía años que él y Garp no estaban a solas haciendo cualquier cosa y lo echaba de menos, pues quería más atención de Garp. No siempre se pasaba por la casa de los bandidos de la montaña a jugar y torturar a sus nietos, y cuando lo hacía era para "entrenar" a los tres. Nunca tenía oportunidad de tenerlo para él solo, aunque fuera por un ratito. Sin embargo, Luffy no tenía reparos en ir a buscarlo para jugar con el cuando Garp se encontraba de buen humor (estando piripi, se volvía más relajado) ya Ace le le corroía la envídia cuando pasaba. No solo porque Luffy tenía más derecho por ser su nieto de sangre, también coincidía que a Ace le daba mucho reparo acercarse primero y, no quería quedar como un niño en busca de atención y juego delante de Luffy y Sabo, tenía cierta reputación que mantener. Mirar a Luffy con aire de superioridad mientras se comportaba como un niño de sus edad que juega con su abuelo mantenía su ego intacto, pero la envidia y el deseo de tener algo parecido le devoraba por dentro, y más decidido estaba de mantenerse lejos con los brazos cruzados, mirándolos de soslayo con una intensa mirada que rallaba en el odio. El aura negativa que desprendía asustaba a veces a Sabo, pero ni por asomo disuadía a Luffy o un Garp un poco bebido.
—Luffy es todavía un niño. —comentó Ace lo suficientemente alto para que Garp y Luffy lo escucharan.
—Has el barco volador, abuelo. —pidió Luffy alzando los brazos.
—¡Jaja ja ja! —tronó Garp de risa—. ¡Cuidado, hay tormenta! —levantó el brazo a la altura de los ojos e hizo sombra con la mano y estrechó los ojos, como si avistara algo en dirección norte.
Garp agarró a Luffy por los costados y lo alzo en vilo y emuló el movimiento de un barco que luchaba contra las feroces olas de la tormenta. Luffy rió y estiró el brazo sin ceder su piel de goma.
—¡PUNCH! ¡Rompí la ola de un puñetazo!
—¡JA JA JA JA! —explotó Garp de risa.
—No te rías abuelo, algún día lo haré. Luffy se lo tomaba en serio.
—Si ambos son unos críos. —refunfuñó Ace displicente.
—Oh, yo también quiero subir al barco. —pidió Sabo con los brazos en alza.
Garp paseó a los dos chicos, uno en cada mano, por toda la casa simulando sonidos de ventiscas y oleajes salvajes.
—Hay que ver, no me ensuciéis el suelo. —se alarmó Dadan. Sus compañeros más cercanos asintieron con aprobación.
—No te preocupes, luego recogemos. —dijo Garp, colorado por efecto del alcohol.
—¡Mentiroso! —exclamó la mujer, harta y fatigada. También se había divertido en la cena bebiendo, pero ahora que se le había pasado la risa floja empezaba a ponerle peros a todo y sabía que ella y el resto de la banda se matarían a limpiar por la mañana.
—¿Crees que no puedo pasar una bayeta? —se enfadó de repente a Garp, que se sintió inexplicablemente insultado.
—Solo vienes a comer y ensuciar. —señaló Dadan. Los bandidos se encogieron con miedo, aun no se les había pasado la borrachera del todo, pero ni hartos de vino se les pasaría el miedo que le infundía el vicealmirante.
—¡¿Qué?! —se puso rojo hasta el cuello.
Dadan ahogó un suspiro, sobresaltada. Se había dejado llevar, pero acto seguido Garp había caído redondo al suelo, roncando como un cocodrilo.
—¿Así, de repente? —se sorprendió Sabo.
Luffy también roncaba usando en trabajado pecho de Garp como cama.
—¿Tu también Luffy!… ¡Ja ja ja ja! —rió divertido.
Pero a Ace no le hacía ninguna gracia.
—¡Los dos son idiotas! —la sala se sobresalto y un silencio incómodo llenó el recibidor comedor de la casa de los bandidos de la montaña.
—¿Pasa algo, Ace? —pregunto Sabo, preocupado y algo alarmado por por esa mirada tan maliciosa que parecía que iba a escupir fuego de un momento a otro de su hermano.
—¡No! —y cayó al suelo, quedándose frito antes de caer de lado.
—¡Mira quien habla! —se quejó Sabo, inaudito.
Todos se quedaron sopa, algunos con botella en mano antes de recoger y desplegar sus camas y mantas. Garp había traído algunos barriles de vino para compartir en la cena de anoche y nadie tubo demasiados reparos en tomarse más de una jarra de medio litro. El primero en despertar fue Garp, que no podía irse sin acostar a los niños primero en sus futones. Era más de media noche, pero aunque quería seguir durmiendo, si se dejaba llevar por el sueño y la comodidad no se despertaría a tiempo para llegar a la villa y zarpar a primera hora de la mañana.
Un ligero movimiento y el repentino calor que abrigaba su pecho consiguió desperezar a Ace. El abuelo estaba cargando a él y sus hermanos hasta el dormitorio. Con uno de sus fuertes y robustos brazos podía sostener a tres niños y con el otro agarrar y extender los futones. Soltó a Luffy y Sabo sin mucho cuidado sobre los futones, pero a la hora de quitarse al pecoso de encima, los dedos de Ace se cerraron en torno a los pliegues de la chaqueta floral del vicealmirante. Garp tiro más fuerte pero Ace no se soltaba, apretaba con fuerza los párpados para aparentar estar dormido y tenía la cabeza metida entre sus hombros y el torso de Garp.
—Ace… —murmuró con cansancio mientras tiraba del niño. A este paso, rompería sus tirantes antes de conseguir que lo soltara.
Ace se dijo a si mismo que tenía que prolongar este momento lo máximo posible. Había gente, pero estaban dormidos, y ellos dos despiertos, aunque el abuelo pensara que estaba dormido, pero estaba consciente, y pensó que estaban a solas en cierto modo. Aunque Garp se esforzaba por zafarse de él, no le importaba, podía seguir sintiendo el calor de su cuerpo, aunque le gustaría hablarle, contarle cosas, pasar el rato de otra manera, pero tenía que conformarse con resistir hasta el final, y al final Ace se rindió ante el sueño y sus manos se relajaron. Y Garp pudo soltar al crío. Lo puso en medio de sus hermanos y les echó la manta encima pero con más tacto que cuando los dejó caer sobre el futón. La luz clara de la luna se filtraba por la ventana del cuarto, iluminando los rostros dormidos de los niños. Ahora parecían ángeles roncando. Se dibujó una sonrisa de satisfacción en el rostro del vicealmirante. Sabía que no iba a ser fácil, pero algún día ellos también se convertirían en grandes Marines.
