Al día siguiente, Dadan y los demás bandidos de la montaña despertaron y se encontraron con el lío de la fiesta de anoche. Había restos por todas partes, platos sucios y el suelo estaba pringoso de la grasa de carne y algunas gotas de vino y cerveza que se derramaron por ahí. Ahora se pasarían limpiando toda la mañana, a menos que…
—Ace, Luffy, Sabo… venid a limpiar a… —pero no estaban en el dormitorio. Mando a uno a mirar en la casa del árbol y tampoco los vio. Esos mocosos se habían desentendido de las tareas del hogar otra vez y se habían ido a jugar al bosque—. Y ese maldito Garp. —alzó un puño tembloroso cargado de frustración. Por supuesto él también se había marchado temprano por trabajo. Y lo de que iba a ayudar a limpiar eran meras palabras vacías de borracho.
Los tres hermanos habían ido al vertedero a recoger cosas que pudieran darle un segundo uso o vender. Pero a veces, para Ace, era mejor centrarse en buscar bandidos de poca monta y borrachos torpes para hurtar un buen botín, (si es que no le pillaban haciendo ruido antes) en todo caso, no le importaba enfrentarse a unos cuantos.
Ace había decidido ir solo por la parte norte. Miraba por encima de la pila de basura sin poner mucha atención lo que podía esconder debajo de cachivaches rotos y juguetes viejos. El prefería encontrar a malos de pacotilla a quien poder robar, por eso estaba más atento a lo que escuchaba que a lo que veía. Entre toces secas y roncas y vómitos salpicando el suelo, dio con una locuaz conversación entre dos hombres. Estaban frente en una choza echa con restos de basura, Ace se puso detrás de la casa para escuchar mejor. Quizás, aunque no fueran delincuentes, podían estar hablando sobre alguna banda o un ladrón amenazante con recursos.
—¿Así que llevó a Rina al bosque? —oyó que decía uno.
—Pues si. No sé ni cómo. —contestó el otro con tono divertido.
—pues porque es amor. —el hombre empezó a hacer ruiditos con la boca.
—¡No! Bueno… quizás, pero la verdad es que me da envidia. —rezongó.
—Pues ve y únete a ellos. —se rió y luego tosió.
—¿Crees que soy un depravado? —se enfureció el otro—. Eso es cosa de dos. No los quiero ver haciendo eso.
—A lo mejor Rina quiere ir contigo al bosque más tarde.
—¿Qué estas diciendo? Mi Rina no es de esas. —se enojó más y oyó pasos arrastrados y tirones de tela.
—ay, lo siento. —se disculpó, pero algo en el tono demasiado jovial como para contener una pizca de arrepentimiento.
—Mira, si no estuvieras borracho te golpearía.
—pues me alegro por mi. Pero tu Rina a elegido a otro.
—Joder, lo sé. —rezongó, aciago—. Pero un hombre debe saber cuando dos personas merecen estar juntas, aunque una de esas personas sea tu amor. —se sorbió la nariz.
—Muy noble por tu parte… yo nunca podría decir eso sabiendo que la mujer que tanto he admirado está teniendo sexo con otro.
—¡SERÁS! —Tiró de la pechera del borracho y empezó una pelea a puñetazo limpio con él.
Ace aprovechó para correr hacia otra parte. Esos tios no estaban diciendo nada interesante… al menos nada interesante respecto al dinero, pero había captado las palabras claves: "amor" "a solas" "en el bosque" y "sexo". No sabía muy bien cómo, pero el amor hacía que estuvieras con una persona a solas y tener sexo con ella. Su mayor incógnita residía en la palabra sexo. No tenía idea lo que significaba pero tampoco era la primera vez que oía esa palabra. Nunca le había preguntado a nadie que era el sexo, la gente solía enfadarse cuando pronunciaban esa palabra, como ahora con esos dos vagabundos. Pero sabía que esa tal Rina tenía sexo con otro hombre a solas, un hombre que al parecer amaba. Ace quería al abuelo, y quería pasar tiempo a solas con Garp y no sabía que excusa poner para atraerlo a un lugar alejado, sin que Luffy y Sabo los molestasen. Uno de los hombres no quería verlos hacer "eso", quizás se refería al sexo. O sea, que si hacía sexo con Garp, nadie querría verlos o interrumpirlos. Y eso es lo que quería precisamente Ace, aunque no tuviera idea de sexo, seguro aprendería rápido, pues tenía total confianza en sus habilidades.
Unas semanas después, Garp volvió a la villa Foosha. Saludó a Makino y el alcalde y todo el pueblo recibió a los Marines con los brazos abiertos. Después de quedarse dormido en la primera comilona de llegada, al segundo día colgó el uniforme de vicealmirante y se puso una camisa roja con motivos florales tropicales y un pantalón negro. Iba de camino hacia la montaña para visitar a sus amados nietos.
—¿Lo habéis entendido? —preguntó Ace solemne con los brazos cruzados.
Sabo se puso blanco como el papel y Luffy estaba entretenido hurgándose la nariz.
—¡NO PUEDES HACER ESO! —se levantó sobresaltado.
Luffy dio un respingo, no sabía porqué Sabo se había puesto tan nervioso de repente, Ace había comentado algo con seriedad, pero él apenas había entendido algunas palabras sueltas. Pero captó, a rasgos generales, era que Ace quería hablar en privado con el abuelo. Un poco locura, con el genio que gastaba el viejo igual lo mandaba a la luna de una patada.
—Tranquilo Sabo, Ace es fuerte, volverá de la luna si hace falta. —dijo Luffy con seriedad mezclada con preocupación.
—¿De qué estás hablando ahora? —exclamaron los dos hermanos con irritación.
—No puedes tener sexo con Garp. —Sabo se sentó de nuevo en el césped con expresión circunspecta.
—¿Tu que sabes del sexo? —interrogó Ace frunciendo el entrecejo.
—¡Un niño no puede tener sexo! —soltó golpeando la madera del tronco cortado para imponerse.
—¿Y como lo sabes?
—Pues… —le había pillado. Algo le decía que ese asunto no concernía a los niños, pues, solo los adultos traían a colación esa palabra entre secretismos y cuchicheos.
—Yo no tengo idea de lo que es. —rió Luffy que no se enteraba de nada.
—Es un tema serio. —afirmó su hermano mayor Ace.
—¿Cómo, si no sabéis lo que es?
—No intentes darnos lecciones.
—si tienes algo que objetar pelea conmigo. —invitó Ace con un ademán provocador.
—A mi me da igual. —se defendió Luffy—. Pero que sepas que te voy a ganar algún día.
—¿eh? —arrugó el entrecejo y enseño los dientes como muestra de amenaza.
—Tengo que ser más fuerte que Ace, me convertiré en el rey pirata.
—Desde luego… no cambias, Luffy. —suspiró Sabo.
De repente se oyó las fertes pisadas de unos zapatos aplastando la hierva y las hojas.
—¡Luffy, Ace, Sabo! venid a jugar con el abuelo. Se ha tomado la molestia de venir aquí por ustedes ¡¿DONDE ESTÁ MI CALUROSA BIENVENIDA POR PARTE DE MIS NIETOS?! —hasta que punto había degenerado las cosas en su cabeza para pasar de un término cariño a un repentino enfado.
—ABUE… —ya iba Luffy a recibir a su abuelo con los brazos abiertos.
—de eso nada… —Ace le agarró las piernas y el pequeño cayó de bruces contra el suelo. No le dolió, pero no sabía porque lo retenía.
—¿Qué pasa?
—ahora es mi turno, Luffy. Esto es privado, así que no os metáis. —Ace se dispuso a saltar y dejar atrás a sus hermanos, hasta que Sabo le llamó la atención.
—Espera, Ace… —le llamó al tiempo que se puso a horcajadas sobre la espalda de Luffy para que no escapara—. Creo que puedo darte un consejo.
