Garp, malhumorado de impaciencia, empezó a meter la cabeza entre los matorrales y a sacudir los árboles a ver si esos revoltosos se escondía entre las ramas. No entendía porqué no querían ir a verlo, él solo les daba amor y así se lo pagaban; no obedeciendo.

—Viejo.

Garp reconoció la voz de Ace y giró sobre sus talones.

—Oye, Ace, ¿donde está Luffy y Sabo?

Ace chasqueó la lengua y sus labios se deformaron en un rictus de enojo. ¿Por qué tenia que preguntar por los otros primero?

—Están jugando por ahí. —contestó Ace.

—¿Y no vienen a saludarme? Seguro que me habéis escuchado. —para no hacerlo, su paso por el bosque era más escandaloso y destructivo que una manada de osos pardos encolerizados.

—Será mejor que no vengan.

—¿Qué dices, Ace?

—Tu y yo tenemos que hablar. —se plantó Ace delante de Garp con los brazos en jarra.

Garp sintió como si un yunque aterrizara sobre su cabeza. ¿Qué había echo mal? Solo escuchaba esa frase de las mujeres que necesitaban descargar su ira con él porque había echo o dicho algo que, según ellas, era imperdonable. ¿Pero qué le había echo Ace para que se plantara con esa seriedad y dijera esa temible frase? Hacía tiempo que no sentía un miedo tan real y profundo como ahora.

—Pero, Ace… —levantó la mano en señal de defensa. ¿Cómo iba a discutir con él ahora? Ace tenía tanto temperamento como su difunto padre; Roger, pero Garp conocía bien al rey pirata y sabía que no había problema tan grave que no solucionara una fiesta con comida y bebida. Pero a Ace no se le podía comprar con alcohol.

Ace levantó una ceja, anonadado. ¿Era él o Garp parecía asustado hasta los cimientos? Esa reacción lo cabreó bastante.

—¡¿Qué pasa, es que no quieres hablar conmigo?! —tronó enfurecido.

—No sé que te hice, Ace, pero perdoname, el abuelo no tenía intención de herirte. —sus rodillas se doblaron un poco y casi parecía que suplicara.

—¡¿EH?! —definitivamente no entendía a que venía todo eso—. Vamos a hablar a solas un rato, maldición. —frustrado pero decidido, agarró la gruesa muñeca de Garp y lo arrastró a una colina que daba un precipicio.

Garp intentó replicar, pero se dejó arrastrar por el chaval. Tenía miedo a lo que podía encontrarse, no quería ser sermoneado por un niño de diez años, aunque no era un niño normal y corriente. Era igual de terco que su padre y tenía un humor de perros, y ya era más fuerte que la mayoría de adultos acostumbrados a las peleas de barrio. Pero Garp sabía que debajo de su comportamiento hostil había un niño intranquilo y enojado con el mundo que esperaba ser aceptado. Por supuesto que él lo quería, como a un miembro más de su familia, pero en muchas ocasiones veía que su amor no era suficiente. Ace quería ser reconocido y tenía ínfulas de grandeza, por supuesto que no se conformaría con el cariño de un viejo.

Y ahora, todo el amor y el respeto que le procesaba se acabaría de un suspiro si es que no se había extinguido ya. Ace estaba enfadado con él, no sabía por qué ni desde cuando, pero el caso es que lo estaba y ahora solo podía recibir su riña iracundo.

Ya era por la tarde y el mar se encontraba tranquilo. Las olas golpeaban la roca del precipicio con un vaivén monótono e hipnótico. Apenas había nubes a la vista y los pájaros planeaban alegre con la cálida brisa de primavera. El día estaba esplendido y brillante, propiciando el buen humor de la gente. Todos podían sentirse un poco mejor con este buen tiempo, pero solo una persona se estaba helando de pavor en ese soleado día: Garp.

Ace había elegido el lugar con cuidado: la colina donde a veces (cuando Luffy aún vivía en la villa) él y el abuelo se sentaban a contemplar el atardecer y el mar. La casa de los bandidos no estaba muy lejos, pero con el trabajo que tenían, dudaba que se acercaran por el sitio.

Garp enía a Ace en frente, que lo miraba con esos ojos chispeantes de emoción contenida. Aunque para Garp, solo estaba esperando el momento para soltar su rabia que a saber cuanto tiempo la había estado reservando para el día que volviera a pisar la montaña. Rezó por saber dar las explicaciones suficientes para defenderse ante la inquina del joven.

El almirante abrió la boca para decir algo y la cerro en el acto que percibió una línea en el entrecejo de Ace, y se quedó mudo.

—Abuelo. —empezó Ace, acercándose un poco a Garp. No sabía porqué había adoptado esta postura de sumisión con las rodillas juntas y la cabeza agachada, pero pronto cambiaría las cosas, estaba convencido.

Garp enderezó la espalda como un recluta asustado de la imperiosa orden del capitán de flota.

—Ace. Puedo disculparme… —caviló.

—¿De qué?

—De lo que te he hecho…

—¿Y que has echo? —Ace inclinó la cabeza hacia un lado, intrigado.

—¡Y yo que se! ¡ya me dirás tu! —cansado de la tensión que lo tenía sometido, explotó. Se tapó la boca para evitar que salieran más palabras inoportunas, pero ya era demasiado tarde.

—Eres un viejo que chochea. —saltó Ace con la misma intensidad que Garp soltaba sus gritos.

—¡¿Me faltas el respeto, mocoso?! —gruñó.

—Es imposible hablar contigo.

—¿Y de qué quieres hablar? —se guardó el puño justiciero para más tarde. Ace intentaba decirle algo pero no estaba yendo al grano.

—Es algo importante. —sus mejillas se colorearon de rosa fuerte y Ace desvió la mirada, tímido.

«tengo que hacerlo.» se animaba a si mismo.

A Garp le faltaba ingenio para acertar lo que estaba pasando. Y entonces oyó la voz del optimismo, diciéndole que al fin había sucedido. Por fin Ace se había dado cuenta. Después de todo este tiempo, su amor había alcanzado el corazón de Ace.

—Oh, Ace, me haces tan feliz. —empezó a llorar de la emoción.

—¿Eh? —nunca lo había visto emocionarse.

Aliviado y feliz, el vicealmirante cambió de postura y sentó con las rodillas separadas. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—¿qué te pasa ahora, viejo?

—Ahora puedes llamarme maestro, Ace.

—¿Cómo que maestro?

—Al fin te diste cuenta que ser un Marine era lo mejor para ti. Gracias a mi te convertirás en un gran Marine… tu y Luffy… —no paraba de llorar al imaginárselos crecidos y vestidos de Marine con la chaqueta de vicealmirante.

—¡¿Qué estás diciendo?! Yo voy a convertirme en un pirata. —cortó Ace. ¿Cómo había llegado a esa conclusión ese viejo?

El dolor de un recién bodoque irradiaba con ferocidad en la cabeza del moreno.

—¡¿Por qué me golpeas, viejo?!

—¿Cómo dices que no vas a ser un Marine, niñato?

Y empezaron a discutir. Los dos se soltaban improperios mutuamente y a señalar las carencias del otro: Viejo, mocoso, chocho, matón, etc. Hasta que se cansaron de pelear una hora después.

—Viejo estúpido, no se puede hablar contigo. —estaba cansado de tanto gritar y dar patadas y se había tumbado en la hierva para recobrar el aliento y descansar un poco. En breve, volvería a estar discutiendo con el abuelo.

—Maldito mocoso… algún día serás un gran Marine.

—vete al cuerno… sinf…

Garp se levantó como un muelle retorcido que se libera de la tensión. ¿Acaso estaba oyendo a su nieto llorar?

—Ace. —en el momento que vio su rostro mojado y colorado, una parte de él se hizo trizas.

—¡No te he golpeado tan fuerte!—no lo podía remediar, al parecer, se enfadaba en el peor momento posible. No quería reñirle, pero en realidad estaba cabreado consigo mismo, por ser tan torpe y descuidado.

—No me duele. —no era físico, pero algo si le dolía, y el dolor era insoportable.

—Dime que te pasa, puedes confiar en mi. —intentó sonreír.

—No necesito tu compasión.

—¡Intento ayudarte!

—abuelo… —bisbiseó tan leve que apenas el propio Ace escuchó lo que articulaban sus labios.

Garp apoyó una mano en el hombro de hace. Al comparar su manaza con su brazo, se dio cuenta de lo pequeño que era en realidad, pero tenía un temperamento tan fuerte que a veces pasaba por alto que era un niño. Dubitativo, tomó a Ace entre su brazos, y él chico se dejó llevar. Si Ace estuviera como siempre, no habría dejado que lo sostuviera en brazos. Y ahora se dejaba hasta mecer.

Ace, algo turbado todavía, hizo acopio de fuerzas, se estiró un poco y consiguió besar a Garp en la mejilla. Sabo dijo que la "pasión" empezaba con un beso.

El rostro de Garp adquirió una coloración rojo granate. Empezó a sentir un calor sofocante y casi cae desmayado.

—Ace. —aguantó con la espalda erguida. Poco más y cae rendido ante la ternura.

Lo esperaba peor. El consejo de Sabo para iniciar un romance pasional (o sexo) lo dejó pensativo y con un resabio en la boca. Tenía que buscar al viejo y no tenía tiempo para discutir los detalles.

No sabía si debía o no. Ace pensó durante mucho tiempo que los besos daban asco y no parecía que fueran muy higiénicos, y hasta hace unos segundos lo pensaba, y ahora que dio su primer paso para demostrarle que le quería, se sentía más seguro y ansioso. Empezó con la mejilla, la barba no muy bien rasurada pinchaba un poco. Había visto a Luffy besarlo en ese mismo lado y quejarse con risas las cosquillas que hacían esos pelos canos. Pero lo que iba a hacer ahora, Luffy no lo habría echo nunca, pero él si lo haría, porque estaba decidido a demostrarle su amor a Garp y tener sexo con él.

Pasó las manos por los anchos hombros del vicealmirante, firme y musculados, y usando como apoyo la pierna del abuelo, se inclinó más hacia delante y subió hasta que sus narices quedaron a la par. Garp observó un brillo titilante de nerviosismo que pocas veces había visto en un infante. Tragó saliva, también nervioso. Los dos se sintieron las dos únicas personas en el mundo, sin nada más a su alrededor, y por un segundo, el rugido de las olas se silenció y el mundo quedó vacío. Un segundo de cavilación y nervios arrebujados en sus corazones después, Ace se atrevió a tomar el último impulso y besarlo en los labios. Áspero y caliente, así se sentía los labios de Garp, y los pelos del bigote le hacían cosquillas en la nariz y la barba en en la barbilla.

En ese momento, Garp no supo como reaccionar. No podía creerse nada de lo que estaba sucediendo, ¿Cómo Ace se atrevía a hacer algo semejante? Era su abuelo adoptivo… no, a veces hasta se consideraba su padre.

Garp estaba rígido como una piedra. Ace no sabía por cuanto tiempo tenían que estar con los labios juntos, pero le costaba respirar y besar al mismo tiempo, así que terminó por separarse despacio, concluyendo el primer beso que Ace daba en la boca. No sabía si fue lo suficientemente "pasional" pero el apretó los labios tanto como pudo con los del abuelo. No sabía cómo proseguir a continuación ¿ahora tendrían sexo? Si el beso formaba parte del ritual, entonces, ¿ya lo estaban haciendo?

Garp apartó a Ace de un tirón y sacudió los hombros del niño.

—¿En qué estás pensado? —recriminó.

—¿No te ha gustado? —Pensó en todo momento que el abuelo estaba sintiendo justo lo que el cuando lo besó. Ni se le pasó por la mente que no le satisfaría.

—¿Pero a qué ha venido eso? —reiteró con un temblor en la voz que no pudo ocultar.

—Quería tener sexo contigo. —los sentimientos le pudieron y las lágrimas afloraron por sus ojos.

Todas las tonalidades y estaciones del año pasaron por el rostro de Garp: primero, perdió todo el color hasta quedarse blanco como la escarcha y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo hasta la punta de los dedos. Segundo, luego se quedó en estado de shock y una sombra oscureció el rostro del hombre. Tercero, cuando se recuperó del choque emocional, su frente comenzó a ponerse roja hasta llegar al cuello y sus venas se hincharon al punto que parecía que rasgarían su piel, despertando una creciente ira que acabó por explotar como un cañón.

Un dolor creciente y palpitante se alojó en la nuca de Ace donde brotó un chichón del tamaño de una pelota de béisbol. Todos los golpes de Garp estaban imbuidos con una carga reprensible que dejaba a los chavales quietos un par de segundos, pero esa vez, dolía como un feroz golpe malintencionado. Y esta vez, las lágrimas de Ace emergieron por el dolor punzante de su cabeza.

—¡¿De qué vas viejo?! —chilló Ace. No quería llorar, pero los hechos le estaban sobrepasando.

—¿Donde has aprendido esa palabra? Un mocoso como tu tendría que taparse las orejas antes de escuchar semejantes barbaridades. Ahora, dime de donde has oído esa palabra, lo aplastaré con mis propios puños.

—¿Qué más da donde lo haya oído? —aspiró por la nariz—. ¿Qué hay de malo? Las personas que se quieren tienen sexo ¿no? Yo…

Garp levantó una ceja. Estaba tremendamente enfadado, pero algo había en los lamentos de Ace que lo mantenían en vilo.

—¡Habla! —apremió.

—Solo quería demostrarte mi amor… pero tu no me quieres, me odias… sinf… incluso para ti sigo siendo el hijo de un criminal. —Ace echó a correr, incapaz de quedarse ahí un segundo más.

Garp se quedó con la mandíbula colgando. Impactado, cayó de rodillas al suelo, y se quedó ahí sentado hasta que el cielo azul se tornó anaranjado.