En pocas horas el sol terminaría de ocultarse y tenía que encontrar a Ace antes de que las bestias nocturnas empezaran a merodear por el bosque. No tenía dudas sobre la fuerza de Ace, pero en su estado, no resultaría un oponente muy difícil.
Un poco más al norte, Garp oyó unos quejidos fantasmagóricos. Seguro estaría solo, conociéndolo, no querría acercarse a sus hermanos y que vieran su debilidad.
Adelantó el grueso tronco de un árbol de cinco metros de altura y encontró a Ace agazapado entre unos setos que bordeaban el árbol.
No comento nada, simplemente, se sentó en silencio enfrente del niño. Ace lo miró con los ojos turbados por las lágrimas y el dolor, tenía la nariz roja y le colgaba un moco. El niño lo miró sin pronunciar palabra y se sorbió la nariz. Tenía la respiración agitada y respiraba fuertemente por la boca, tenía las fosas nasales obstruidas por los mocos.
—Ace… —empezó Garp.
Ace escondió el rostro entre los brazos y las rodillas, no quería ni mirarlo.
—Ace… —volvió a empezar—. Puede que no sea un buen padre. Pero siempre he creído que era un buen abuelo.
—¿Cómo te atreves a pesar eso? —recriminó Ace. No quería hablarle, pero alguien tenía que decírselo. ¿Qué clase de abuelo dejaría a su nieto con unos bandidos de la montaña, sabiendo qué clase de gente son?
—No siempre puedo compaginar mi trabajo con mi familia… pero… —pensó. No quería enfadarse ni meter la pata. Esta vez, sería cauto al elegir sus palabras—. Creía que estabas bien. Pero te descuidé. Perdóname Ace… —se postró ante Ace con la frente tocando la tierra seca del bosque. El niño ahogó un suspiro, sorprendido—. No importa tus orígenes, tu también eres mi familia, no quería hacerte sentir desplazado o diferente.
—Pero no quieres tener sexo.
Garp levantó el rostro del suelo con la cara blanca como el papel.
—El sexo es solo entre adultos. Los moco... er… niños. Los niños no puede hacer eso.
—¿Por qué los niños no pueden tener sexo? ¿Y si es acompañado de un adulto? ¿entonces pueden? —acribilló a preguntas.
—No… Ace, para por favor, no entiendes la magnitud de tus palabras.
—¿Por qué no respondes a mis preguntas?
Garp miró de hito en hito a Ace. Estaba sentado abrazado a su rodillas y tenía las mejillas sonrosadas y mojadas por el lamento. Aun faltaba para que cumpliera los once, pero… seguía siendo un niño; un niño desobediente y peleón que no paraba de meterse en líos y que era demasiado atrevido para su corta edad. Había momento que se le olvidaba que era un niño inocente más allá de su astucia y su manía de confrontar cualquier oponente por grande que sea, mas, cuando se trataba de sentimientos, no sabía ni como empezar, y Garp no creía que fuera la hora para hablar sobre el tema. Tampoco creía que llegada la situación, sería él quien le explicase los temas reproductivos, pues para eso estaba Dadán y el resto ¿no? O quizás Makino ¿Por qué él? Y pensó que quizás todavía estaba a tiempo de cargarle la responsabilidad a otro o disuadir a Ace, pero… cuando le miraba a los ojos, comprendía que no tenía elección, era ahora o… perder el respeto y el cariño del chico, y quien sabe cuanto tiempo tardaría en ganarse su confianza de nuevo.
—Bueno, Ace… es un tema que es mejor dejar para más tarde… dentro de tres años… —exhortó.
—¡No quiero excusas!
—NO SON EX… —los ojos brillosos del niño le advirtieron que no podría convencerlo. Aún no se hacía a la idea, y rebuscaba alguna excusa que pudiera disuadir a Ace, pero estaba agotando su paciencia, y la suya también—. Está bien… —carraspeó—. Pero no le digas a Luffy ni a Sabo lo que te voy a decir. Ellos ya lo averiguaran con el tiempo, pero aún es temprano para ellos.
—Tengo la misma edad que Sabo, pero me lo vas a contar. —comentó con parsimonia.
—¡Insolente! —apretó el puño con ira. Pero se aguantó, tenía que contenerse.
—Está bien abuelo, no se los diré, pero cuéntamelo, por fa...vor. —se dio cuenta antes de terminar la frase lo desesperado que estaba realmente. Avergonzado, agachó la cabeza para ocultar su rubor. Necesitaba saber porqué no podía tener sexo con Garp, y si el echo de no tenerlo significaba que no lo quería en realidad.
—Está bien, estate atento porque no te lo pienso repetir dos veces.
Al inicio se trababa mucho, pero como Ace se limitó a mirarlo con una concentración que jamás había prestado antes, se confió, y antes de entrar a mitad de la recta de su explicación, hablaba fluido y hasta se permitió hacer ciertos comentarios que estaban demás, explayándose más de lo necesario. Cuando terminó, Ace siguió callado, con expresión impertérrita.
—Qué…
—¡AHHHH! —Grito de repente, y su piel se puso macilenta. Se levantó con apuro y notó las piernas flácidas como fideos—. Viejo, eso es asqueroso, peor que besar, mucho peor. —Cuando dio el besó cambió de opinión, pero eso no lo iba a admitir, menos ahora—. Por ahí es donde hacen pis… y caca. ¡ES ASQUEROSO! No lo haré en la vida. —sentenció con un aspaviento enérgico con las manos.
—Así es como funciona, mocoso, no hay otra forma de tener hijos tampoco.
—Me da igual, no los tendré nunca, los crios solo dan problemas. —chasqueó la lengua con gesto desenfadado.
—¿Eso lo dices tu? —se acabó irritando.
—Hum… —Ace pasó de estar mosqueado y displicente a cansado y abatido. Sus hombros se relajaron y el niño cayó sentado al suelo. Dio un largo suspiro, se llevó las manos a la cabeza y se removió los cabellos de color negro.
—¿Pasá algo, Ace? —se preocupó el viejo. Quizás había sido demasiado fuerte para él ¿y si le creaba un trauma? Garp no podría vivir con ello si algo así pasara. Se lamentó de no haber sido más contundente, pero si no se lo hubiera dicho él, hubiera acudido a otros adultos que él no conocía y a saber lo que le hubieran dicho. Aunque… ahora dudaba si sus palabras fueron las correctas para explicar una cosa así a un niño tan pequeño.
—No. No es nada. Pero… —nervioso, jugueteó con sus manos—. Si que es asqueroso y tal, pero… cuando sea mayor…
—Claro, claro, cuando seas mayor, lo verás de otra forma seguro. Lo mejor es no darle mucha importancia, aún eres un niño. —con su comentario quiso quitarle hierro al asunto, pero en cambio, Ace se molestó, odiaba que le llamaran niño, aunque lo fuera, sentía como si lo estuvieran subestimando.
Garp se reía, quería rebajar la tensión del ambiente y disipar las preocupaciones de Ace.
—Y… abuelo.
—¿Hum? —Gapr paró de reír socarrón y se quedó petrificado.
—Cuando sea mayor y esté preparado para tener sexo… ¿tendremos sexo? —los ojillos chispeantes de Ace le dedicaron una mirada tierna y suplicante que Garp no había visto hacer ni a un gato.
Esas palabras, tumbaron a Garp. Más muerto que vivo, luchó por volver a recobrar el aliento, más desvalido y dolorido de lo que se había sentido nunca antes.
—Viejo, es un broma. —se acercó Ace al rostro de Garp componiendo una mueca de desagrado.
—¡No vuelvas a jugar con mi salud, Ace! —se levantó como un resorte obligando a Ace a retroceder.
—Pero…
—¡No estoy para más bromas!
—entonces tu…
—¿Hum? —Ace estaba vuelto de espaldas, la última luz de la tarde se desvaneció junto con el sol que terminó de ocultarse tras las montañas. Los hombros le temblaban—. ¿Entonces no me consideras un demonio? ¿no me detestas?… —una lágrima rodó por su mejilla cubierta de pecas.
Garp abrió los ojos, tan sorprendido como asustado. Corrió a abrazar a Ace. El pequeño se dejó arrullar y pasó los brazos por el cuello de Garp. Le estaba manchando la camisa de lágrimas y mocos, pero no le importaba, se sentía conmovido y feliz. Después de eso, sobraban las palabras. Ahora lo entendía todo. El corazón de Garp se conmovió tanto que lágrimas de disculpa florecieron en sus ojos. Pensó por mucho tiempo que Ace lo valoraba, pero que nunca buscaría deliberadamente su respeto o amor paternal. Y estaba equivocado durante todo ese tiempo, y lamentó con todo el dolor de su alma no haberlo dilucidado antes; siempre soñando con ser un pirata valiente y reconocido, ¿cómo no iba a querer que lo quisieran?
—Vamos a casa. Seguro que tienes sueño. —Ace ya estaba roncando en su pecho.
A Garp le brillaron los ojos de emoción.
—El abuelo te quiere mucho, y va a convertirte en un gran Marine que luche por la justicia. —sonrió.
—...soy el capitán pirata de este barco… —balbuceó en sueños.
—¡¿Acaso mis puños no te han echo ver todo lo que yo te aprecio?! ¡idiota!
—¡Ay! —Ace sintió un leve dolor en la frente que le hizo gritar, pero no interrumpió su profundo sueño.
Fin
Espero que oh haya gustado! Quería hacer un one shot, pero me salió largo así que lo dividí por capítulos.
Espero escribir otro fic con un Ace más crecido!
