Cristina (1)
Viajar a Forks no era parte del plan… hasta donde yo sabía. Luego resultó que así había sido desde el principio y la única que no estaba enterada era yo. Lucía, mi hermana mayor, había planeado un viaje para nosotras dos solas como festejo por su graduación, pero olvidó decirme que también era una búsqueda por su impronta.
Un año y medio atrás, cuando mi padre nos explicó lo que le pasaría a Lucía en su primera transformación, también nos explicó que yo no tendría una. Ahorraré los detalles, pero simplemente él no era mi padre así que el gen no estaba en mi ADN. Sin embargo, la parte que más llamó la atención de mi hermana era la promesa de un alma gemela.
Como cualquier adolescente, tener novio era una idea que vagaba todo el tiempo en su cabeza, pero desgraciadamente, no había tenido mucha suerte con el asunto en toda su vida. Sólo un chico la había invitado a salir y nada importante había pasado. Así que el tema de la imprimación era algo tan importante, que se sobreponía al estudio en casa, a los hermanos de la manada y, por supuesto, a la voluntad de su padre y mi madre. Así fue como terminamos en un avión rumbo a Forks que era, según ella y sus mentiras, el destino más corto y seguro al que podíamos viajar con permiso de nuestros progenitores. Tres días después, mientras jugábamos en la playa con dos de sus amigas y hermanas de manada, lo vio.
Al principio, nadie se había percatado de la presencia de otros lobos en la playa, pero cuando ninguna de las tres me siguió dentro del agua, entonces sí que me di cuenta. Uno pensaría que, si ella estaba ahí para buscar a su alma gemela, haría algún movimiento. Sonaría lógico para cualquier persona que intentara acercarse, los chicos eran muy guapos, pero en cambio, antes de que cualquiera de ellos notara nuestra presencia, salió corriendo hacia el hotel dejándonos sin saber qué hacer.
Y entonces, de la noche a la mañana, todo cambió.
Al día siguiente, antes de que cualquiera comprendiera lo que estaba pasando, Lucía empacó todas sus cosas y nos exigió volver a nuestra propia reserva sin importar nuestras quejas por no poder divertirnos un rato más. Alegó que mamá estaba enojada y quería que regresáramos de inmediato y que papá iría a buscarnos si no lo hacíamos. Nadie replicó después de oír su tono y todas volvimos a la reserva en silencio. Lucía estaba encantada cuando regresó a casa, contándole a nuestros padres que había encontrado a este chico y que, en medio de un ataque de pánico, no había podido hablar con él y decidió que tenía que volver rápidamente antes de levantar cualquier sospecha sobre su presencia en Forks. Papá estaba emocionado, por decir lo mínimo, admitiendo que sería grandioso que regresara y conociera a ese chico, pero sola para evitar un ataque repentino de vergüenza. Un mes después, los tres despedíamos a mi hermana en el aeropuerto… Sin saber que sería la última vez que la veríamos.
