Leila (1)
Dos años. Había vivido en Forks por dos años y aún no lograba acostumbrarme al frío y a la lluvia. Parecía mentira que aún llegaba empapada a casa después de un día de escuela; todos los días tenía que lidiar con la sonrisa burlona de mi madre recordándome que debía llevar paraguas a cualquier lado sin importar si era estorboso. Mucho más porque no tenía un coche como el resto de los chicos de mi clase. Y aún así, después de cambiar mi ropa húmeda por algo seco, debía salir de nuevo a las calles para correr a la biblioteca y dar clases a Leah, la chica dos años mayor que necesitaba ayuda con ciencias porque era la única materia por la que no podía salir del instituto.
Leah Clearwater era silenciosa y brusca. Sólo hablaba si tenía alguna duda, llegaba y se iba siempre a la misma hora como si fuera un reloj viviente y probablemente era por su actitud grosera que nadie había querido darle clases particulares. Nadie excepto yo y entonces todos creyeron que era más rara que ella. Luego de unas semanas, cuando la incomodidad inicial se había disipado y ambas podíamos leer en silencio sin esperar que la otra comenzara un tema de conversación, por fin comenzó a ser menos apática. Agitaba una mano cuando me veía llegar, se ofrecía a guardar los libros cuando terminábamos de estudiar e incluso comentaba algo sobre alguien del instituto de vez en cuando. Poco a poco, al vernos cada tarde, nos hicimos más unidas y empezamos a conversar un rato antes de irnos, siempre juntas hasta que llegábamos a mi casa y entonces ella se marchaba después de saludar a mis padres. De repente ya salíamos juntas a la playa o íbamos al supermercado pero siempre con mi familia porque ella se quejaba de que sus padres y su hermano no harían más que ser súper raros por lo que nunca crucé palabra con ellos aunque sabía quienes eran.
Y luego… Harry murió. El padre de Leah era un hombre amable y carismático que andaba por la playa casi siempre con su esposa y ambos se veían muy enamorados. Además, era uno de los que aún creían en las leyendas antiguas y, según Leah, era uno de los jefes de la tribu por lo que más de una vez habíamos terminado las sesiones de estudio antes de lo común porque ella tenía que irse a una fogata nocturna.
Aún después de la muerte de su padre, Leah llegó a la biblioteca y se puso a leer un libro de biología como si fuera cualquier otro día. No demostró su dolor o pena, tampoco mencionó a su madre o a su hermano y francamente yo tampoco. Si ella deseaba mantenerlo en silencio, no podía hacer otra cosa más que apoyarla y estudiar juntas fingiendo que nada pasaba. Y entonces, un par de días después, me llamó por la noche diciendo que estaba enferma y que no podría ir a las clases en un par de días. Nada raro aunque jamás la había visto enferma, pero cuando luego de dos semanas sin verla por ninguna parte y a Seth, su hermano, tampoco, entonces comencé a preocuparme. Aunque de nada sirvió pues nadie de la familia Clearwater respondía mis llamadas; luego ambos hermanos se unieron a Sam Uley… Y yo dejé de insistir.
