Nada de la franquicia The Legend of Zelda ni sus personajes me pertenecen. Escribo estas cosas por mero entretenimiento.

Era algo extraño, a decir verdad. Todo siempre era diferente y sin embargo era lo mismo. Con el paso del tiempo, los elegidos se habían distanciado de su potencial original, lo mismo que el Heraldo de la Muerte. Link ya no podía ver ni escuchar a Fay como al inicio, aunque aún parecía sentir su guía en ciertos momentos, algunas Zeldas a veces podían escucharla. Después de unas cuantas eras, debido a sus similitudes, el Lord de los demonios se dio cuenta que dormían y despertaban en los mismos periodos, esperando las nuevas encarnaciones de los portadores de la Trifuerza, y cuando uno es una espada/espíritu inmortal con pocos compañeros, uno realmente empieza a valorar aquellos con quienes se puede conversar. Así pues, Fay y él acabaron volviéndose buenos amigos, tanto como para visitarla en el periodo de 100 años de reposo que tuvo tras la catástrofe contra la Calamidad de Ganon, pese a que él y el Gran Árbol Deku no hacían tan buenas migas.

La verdad es que habiendo renunciado a participar en la guerra, su vida inmortal no parecía tener mucha emoción ni sentido, pues se limitaba siempre a ser un espectador (si alguien le echara en cara que a veces ayudaba a Link a llenarse la alforja o salvarse de alguna caída, lo negaría rotundamente). Como fuera, aun desde la distancia y sin importar el paso del tiempo, siempre hallaba cierto placer en ver a su novio-que-todavía-no-era-su-novio-en-esta-era ver patearle el trasero a su ex tóxico.

Extraño a Ghirahim :(