-Muy bien, en la sesión de hoy le he pedido que viniera señor Deidara, puesto que yo sé que deben resolver varias cosas-partía diciendo la terapeuta.

-No, yo no creo eso hummm-estaba enojado, claro que sí. ¿Qué se creía ese mocoso? El, que tanto lo había querido y había protegido le pagaba insultándolo y devolviéndole el dinero de una forma muy descortés.

-No te hagas el idiota-le hablaba un rencoroso Naruto- sabes porqué estas aquí-

-¿Para hablar lo malagradecido que has sido conmigo? Yo que te di todo, que te protegí cuando nadie más lo hizo, que te pagaba el colegio, las cosas para el taller de futbol y tus gastos básicos- empezó furioso el rubio mayor.

-¿Malagradecido? Me arruinaste la vida-

-¿Qué querías que hiciera? Lo que hacían estaba mal, debía detenerlo a toda costa-

-SABES QUE ESTA MAL LO QUE HICISTE, BASTARDO- no podía contener la ira que emanaba del fondo de su ser.

-Fue la mejor decisión- ¿Realmente creía en sus propias palabras?- Necesitaba protegerte y cuidarte de todo eso. Tus padres me dejaron a cargo si te pasaba algo malo. ¿Con que cara los hubiera mirado si hubiera pasado esta situación?-

-Ellos no hubiera obrado como tú lo hiciste. Ellos hubieran entendido-aun le dolía cuando mencionaban a sus padres.

-No lo sabes. A pesar de todo, te di la mejor educación en un buen país-

-Destruiste mi relación con Sasuke-

-Sacaste una carrera universitaria, con ello puedes moverte en el mundo. No como yo, que solo soy un tonto escultor-

- Me dio depresión al igual que a Sasuke-

-Aprendiste Ingles lo cual te servirá para desenvolverte laboralmente- intentaba justificarse y convencerse de que no había hecho las cosas mal. Deidara por sobre todas las cosas, era orgulloso y odiaba perder y equivocarse. Jamás pedía perdón ni tampoco admitía sus errores.

-La cagaste con Itachi-

-ESO YA LO SÉ- le habían tocado una fibra sensible. La situación con su novio lo tenía destruido- ¿Crees que no nos hemos arrepentido de esta maldita decisión? ¿Crees que solo tú sufriste en todo ese proceso? Itachi ya ni me miraba, ni me hablaba ni me tocaba- sentía como un nudo se estaba alojando en su garganta- pero no sabía qué hacer. No quería que te lastimaran, maldita sea- Esta situación lo estaba llevando al límite. ¿Se arrepentía? Claro que sí, pero no quería admitir la verdad. Iba a quedar como un débil y eso lo odiaba de sobremanera.

-Es que no me iba a lastimar. No por ser unos años mayor que yo. Yo sabía lo que hacía y tenía conciencia de mis actos, no era un crío-

-Ahora sé que lo que hice estuvo mal, dios. Destruí tantas cosas- el llanto fue inevitable. Las lágrimas le surcaban por las mejillas.

-Te agradezco que te hayas preocupado por mí, lo que hiciste no fue con una mala intención y lo entiendo- esas palabras habían sido sinceras. El no odiaba a su primo, solo había sentido mucha ira.

-Hubieras visto todo el daño que le provoqué a Itachi y Sasuke. Me odian, estoy seguro-

-No fue tu culpa, Deidara. Tu querías lo mejor para mí y para Sasuke. Pensaste que separándonos se iba a solucionar todo y no fue así. Al verlo otra vez, pude sentir como mi corazón revivía-admitía por primera vez- Itachi no te odia, simplemente se siente demasiado herido y necesitaba tiempo para sanar por si solo- Esas palabras lograron consolar al rubio mayor- pero aun así no puedo perdonarte por ahora- esas palabras filosas, se le enterraron en el profundo de su ser, pero las aceptó. No podía pretender que lo perdonase de un momento para otro. Este proceso llevaba tiempo.

La sesión terminó y se fueron cada uno para su hogar. No hubo más contacto por parte del Uzumaki. Deidara pasaba los días pensando en que podría hacer para que le perdonasen, pero era inútil ya no dependía de él, sino de su primo. En uno de esos tantos días que estaba en su estudio, moldeando una escultura, sonó su celular. Era un mensaje de Naruto.

"Ven al vertedero en la noche, te estaré esperando" era un mensaje muy extraño, pero igual iría al encuentro. Al salir del trabajo, tomó su chaqueta y se dirigió al lugar de encuentro. Podía ver a lo lejos como el sol se estaba ocultado detrás de los edificios. Era tarde y corría un viento agradable pero gélido.

Al llegar pudo ver la figura de su primo. Se veía enojado, con rabia contenida. Lo iba a saludar pero este lo paró de lleno.

-No quiero más palabras- Deidara calló- lo que quiero hacer es ir a los golpes. Necesito darte tu merecido, por cabrón- El rubio mayor frunció el ceño ¿Quería pelear con él? Pues no lo detendría. Dejó su bolso a un lado y se arremangó la camisa que portaba.

-Ven-le incitó el rubio mayor. Así fue como Naruto, corriendo se acercó y le intentó encestar un golpe en el rostro. Por supuesto que su primo no se la iba a dejar fácil, pero el Uzumaki siempre había peleado en el colegio. Desde niño que fue un chico problema y cada vez que alguien lo molestaba, este contestaba dándole un buen combo en el rostro.

Logró herir a su primo mayor, pero se ganó una pata en el estómago. Siguieron así un rato hasta que se cabrearon y dejaron la pelea hasta ahí. Ahora Naruto se sentía mejor, sentía que había podido sacar toda la rabia de su interior.

-No quiero que te metas más en mi vida-le advirtió.

-Lo sé, lección aprendida-

-Ni en la de nadie-

-Tranquilo, que ya entendí-era pesado, pero sabía que era parte del proceso de sanación- ven, te curaré las heridas-se fueron al departamento del mayor y este le curó los golpes. Siguieron peleando y debatiendo sus puntos. Naruto entendió que nadie hizo las cosas con maldad. De ahora en adelante, lo único que faltaba era alcanzar el perdón.

Lo acompaño a un par de sesiones más de terapia, hasta que las cosas empezaron a avanzar por un buen camino, el futuro se veía prometedor para ambos. Su relación, por fin había empezado a sanar.