Compañía

Tobi dejo el costal sin mucha delicadeza sobre el piso de piedra pensando lo que haría ahora con el niño. Tomó asiento en la única silla de rey hecha de piedra en la habitación, tomó posición cruzando sus piernas y apoyo su enmascarado rostro sobre una de sus manos. Fue entonces que recordó, el chiquillo tenía tres años… si la ignorancia de Tobi no era muy grande, ellos todavía tomaban leche materna, ¿no?

Y algo de papilla.

Sintió rodar una gota de sudor en su cuello al darse cuenta que era un completo inútil con respecto a los niños, a lo mejor darle de comer pastel ocasionaría que el niño en cuestión se enfermará y muriera por intoxicación. A lo mejor era demasiado pequeño en edad para probar tal postre y él ya se lo había ofrecido como condición para hacer lo que él quisiera.

Se mordió los labios, ¿y ahora qué haría?

Supuso que por el momento, dejar que se mueva y que curiosee por el lugar, con un suspiro, Tobi acepto que era típico de todo niño, mirar, tocar y destrozar cualquier cosa que vea.

—Ya puedes moverte, Naruto —mencionó Tobi alzando su tono de voz, dejando de lado ese tono ridículo que había usado con el niño en un principio y esta vez usando su tono de voz versión Madara. El cual era lo bastante grueso para asustar.

El niño dentro del costal sacó sus pequeñas manitas hacia arriba e hizo para abajo los finales de la tela áspera del costal para mostrar su carita sonrosada.

Al verlo, Naruto sonrió.

—¿Ya gané?

Vale, eso Tobi no lo había esperado.

Había pensando que el niño sacaría la cabeza, miraría a su alrededor, se asustaría, patalearía, lloraría y lo hubiera tenido que sedar o amarrar para que se calmara. Tobi hizo una sonrisa sarcástica, a lo mejor se había preocupado por gusto, pensando que el muchachito patalearía por encontrarse en un lugar completamente distinto al conocido, rogando porque lo devolviera.

Tobi suspiró, había querido usar sus artimañas de lava cerebros como con Nagato o Yagura.

Que decepción…

Decidió que era muy idiota que siguiera con la máscara así que se la quito y uso su voz habitual, no la de Madara, no la de Tobi imbécil, sino la Obito.

—Si —le respondió con una pequeña sonrisa —, ganaste.

—¡Siiii!

El grito se dejo escuchar en toda la cueva; fue entonces que Naruto salió completamente del saco y se fijo de verdad en su alrededor, era totalmente desconocido para él. Con tres años de edad, estaba acostumbrado a su apartamento donde vivió solo durante dos meses, antes de eso vivió con el anciano que usaba gabardina blanca y roja. Además de eso, estaba acostumbrado al paisaje de la academia, la avenida principal y la calle donde estaba la tienda de ramen, Ichiraku.

Pero esa cueva extraña no estaba en sus memorias.

—¿Dónde estamos?

—Es un escondite para mis propósitos —mencionó Tobi, parándose de su sitio y caminando hacia la única mesa de piedra en el lugar donde estaba apoyado el pastel. Con su kamui hizo aparecer un par de platos, cubiertos y un cuchillo largo—, mi plan es crear un mundo perfecto donde nadie sufra y todos sean felices; aunque por supuesto, este lugar es temporal. Dentro de poco tiempo nos trasladaremos a otro lugar.

—¿Un mundo perfecto?

—Así es —dijo Tobi con parsimonia mientras abría la caja del pastel y cortaba dos pedazos grandes de él, se relamió los labios, hacia muchísimo tiempo no probaba un pastel—, como dije, donde todos olvidarán sus penas y serán felices.

—¿Eso se puede lograr?

Obito sirvió las tajadas en los platos y le entregó uno al pequeño Naruto quien al ver el postre se le iluminó la cara y corriendo fuera del saco, fue a recibir el postre. A cambio le dio una enorme sonrisa de agradecimiento y haciendo uso de los modales que el viejo le había enseñado, le dijo gracias dos veces.

Haciendo a Tobi suspirar y decirle que solo era necesario un solo gracias.

—Si se puede lograr, solamente necesito algunas cosas para hacer el jutsu —dijo Tobi mientras se apoyaba en la mesa y se metía un bocado del postre en la boca, ¡estaba delicioso!—, además voy a necesitar tu ayuda.

—¿Mi ayuda?

—Sí.

—Pero yo no soy fuerte —emitió el niño bajando la mirada y con la cuchara todavía en la boca—, no podría ayudarte por más que quisiera.

—Pero, ¿quieres ayudarme?

—¡Sí! Usted ha sido amable conmigo así como el viejo y Teuchi jiisan, así que tengo que devolverle el favor. Pero yo no soy fuerte… ¡aunque puedo ayudarlo en otras cosas!

Tobi no disimulo su cara de sorpresa. ¡Eso había sido particularmente fácil!

—No te preocupes, Naruto, de ahora en adelante te entrenaré para que seas fuerte y podamos lograr un mundo de ensueño para todos.

—¡Sí!

Los dos se mantuvieron en silencio otro rato mientras terminaban su pastel.

—¿Tobi niisan?

—¿Mh?

—¿Puedo llamarlo así?

—También puedes tutearme, Naruto.

El niño ensancho su sonrisa mientras asentía en su dirección. Naruto no tenía un lugar al que volver, la aldea donde había permanecido solo tenía una que otra persona que lo apreciaba pero no eran lazos fuertes. Sin embargo este sujeto anteriormente enmascarado, ahora totalmente descubierto ante él, le ofrecía un lugar donde vivir, le ofrecía su compañía diaria, alimento y una misión donde ocupar sus pensamientos.

¡Era más de lo que él había deseado nunca!