¡Soy un hombre!
Al siguiente minuto en que Deidara se dio cuenta, Naruto ya se encontraba en su habitación con el pijama puesto siendo ayudado por Itachi quien peinaba sus rubios cabellos. Kisame por otra parte, estaba en el baño del primer piso terminando de limpiar el desastre que había ocurrido en el baño por las incontables veces en que Naruto trató de salir de la bañera.
Aunque para Deidara todo eso era lo de menos, sabía lo que vendría a continuación, estaba seguro de que Kisame no lo dejaría pasar por nada del mundo y que el niño no lo había olvidado. Se dijo que era momento de contar toda la verdad antes de que empezará a darle un ataque de furia.
—Naruto…
—Aun no me he olvidado de ti, hermosa —escuchar su infantil voz solamente le puso los pelos de punta—. Cuando el engreído termine con mi cabello, recibiré tu beso.
Si Itachi tenia algo que aportar o a lo mejor ganas de reírse, no lo dejo entrever. Seguía impasible ante la atenta mirada de Deidara sobre él esperando por una reacción.
—Escucha mocoso, yo-
—¡Ya terminé de limpiar el baño! —interrumpió Kisame entrando a la habitación sin siquiera tocar la puerta, mientras el rubio mayor echaba chispas por los ojos por interrumpirlo.
Decidiendo ignorarlo, continúo hablándole al rubio pequeño—Mira, yo no soy-
—Listo, también —dijo Itachi al terminar de cepillar los cabellos del niño, Naruto envolvió sus dedos en sus cabellos sintiéndolo suave y sedoso que se sorprendió. Sus puntiagudos cabellos no eran suaves en lo absoluto, eran ásperas normalmente. Volteó su cabeza extrañado, y con los ojos entrecerrados se limito a checar a Itachi.
El tipo tenia pinta de tener un cabello sedoso, lacio y suave. Seguramente sus manos eran las culpables de tener esa apariencia y ahora había utilizado esos poderes en Naruto. El niño comprendido que esos poderes estaban en sus manos y se dijo que le sacaría el jutsu sea como sea.
Mientras tanto, Deidara empezaba a rechinar los dientes al ver que Itachi también estaba en el complot de interrumpirlo, ¡pero esto no se quedaría así!
—¡Naruto!
El niño volteo a ver a Deidara mientras este era envuelto por un aura roja.
—¡Yo soy un ho-!
—¿Terminaron de bañarlo? Ya es hora de cenar —interrumpió Pain mientras entraba a la habitación sin notar la atmosfera en la estancia.
Un grito de frustración se dejo oir mientras Itachi tapaba los oídos de Naruto y el rubio mayor se ponía a gritar que era un hombre, que le gustaban las mujeres de senos grandes y que, aunque su pene aún no había probado las delicias del amor, ¡definitivamente prefería quedarse así a tener un mocoso confundiéndolo con una mujer!
—¡Ya estoy harto! ¿Entendiste mocoso?
Entonces se fijó en el niño y en como el Uchiha destapaba los oídos del niño y este ladeaba su cabeza confundido al ver a Deidara aparentando hablarle.
—No te escuche, ¿podrías repetirlo, Deidara neechan?
Pain solo salió de la habitación silenciosamente mientras Kisame, con muchísimas ganas de reírse salía detrás de él para soltar sus carcajadas lejos del rubio mayor. Sabía que si lo hacia frente a él, terminaría con una pelea que no quería iniciar ahora, muchas gracias.
Itachi sudó frio al verse solo con el niño y con Deidara envuelto en un chakra rojo muy parecido al Kyuubi.
Pronto Deidara se calmó para su sorpresa y acercándose al niño depositó un pequeño beso en su regordeta mejilla. Itachi no fue capaz de esconder su sorpresa mientras Naruto procedía a sonrojarse furiosamente por el gesto.
—A este punto ya me da igual seguir oponiéndome —entonces Deidara se fijó en el gesto de Itachi y sonrió—. Al menos pude ver esa expresión en tu cara. ¡Te ves ridículo!
.
—¡Entonces Deidara neechan me beso en la mejilla y me dijo que se casaría conmigo cuando creciera! —dijo Naruto luego de introducir un poco de arroz en su boca. Era la hora de la cena y tanto Pain, Tobi y Konan (quienes acababan de llegar) se unieron a los integrantes de la mesa para almorzar escuchando las aventuras del pequeño Naruto y su travesía por el baño.
Por supuesto Konan lo regaño por no aceptar bañarse así nomás.
Absolutamente todos los integrantes de la mesa fijaron su cara en el sujeto rubio que gustaba de hacer explotar las cosas, quien comía muy tranquilamente su cena.
—Es mentira —fue lo único que dijo.
—¡No lo es! —grito el niño inflando las mejillas.
—Al menos no lo del beso —soltó Itachi dándole un ultimo bocado a su pescado con los ojos cerrados.
El rechinar de los dientes de Deidara no se hizo esperar.
Por su parte Konan suspiró y posó su mano izquierda en el pequeño hombro de Naruto, quien volteó a verlo confundido.
—Deidara es varón, Naruto.
—¡¿Qué?!
Lamentablemente el beso ya se había dado.
