Tornado

Tobi había decidido entrenar al pequeño Naruto cuando este empezó a querer ir al baño solo. Por lo general, el hombre de la mascara lo acompañaba, pero de un día para otro el rubio Jinchuriki había cerrado la puerta en sus narices para luego gritarle desde detrás de la puerta que de ahora en adelante era un hombre y como tal haría las cosas como uno. Obito había pasado por alto ese hecho, pero aun así no pudo evitar pensar que, si el jovencito ya estaba lo bastante grandecito como para bajarse los pantalones y llegar al retrete, definitivamente tenia que estar listo para un par de lecciones de cómo defenderse.

Fue por eso, que un día, luego de ese suceso, lo citó en el patio trasero de la gran torre de Amegakure. Empezarían su entrenamiento ese día en específico. Ese día en que la lluvia no simplemente amenazaba con volar un par de techos, sino que volaba con una fuerza descomunal las hojas de los arboles y los puestos de trabajo.

Justo ese día en que nadie quería salir de casa por la lluvia torrencial y ese cielo gris que parecía una tentativa para una tormenta; justo ese día, Tobi decidió que era momento de enseñarle a ese mocoso como funcionaba el mundo Shinobi.

—Escucha, Naruto.

El rubio, el cual está por demás decir que nada mas poner un pie fuera se empapó por completo; lo observó a través de la rendija que dejaba su rebelde cabello siendo azotado por la ventisca. Su mirada azulina de concentración hacia que Tobi inflará el pecho como si de un pavo real se tratase. Solo podía disfrutar momentos de seriedad en muy pocas ocasiones, tenia que aprovechar esos momentos para adularse a si mismo frente al niño.

—Este clima es poco o nada para alguien que forma parte de Akatsuki. Así que tiene que quedarte como yo, ¿entiendes?

Un ligero asentimiento de Naruto fue suficiente para Tobi. El niño haría lo que él dijese. Así que separando sus largas piernas tomó la posición neutral para soportar la ventisca de frío que seguramente los resfriaría a los dos al día siguiente. Sus tensos brazos resistieron contra la lluvia como si se tratara solo de una fresca brisa de verano, sus piernas no se inmutaron ante el gélido ambiente que estaba dispuesto a tumbarlo contra el suelo. Ni mucho menos quitó su estoico rostro —aunque nadie podía verlo por la máscara— cuando detrás de Naruto, a tan solo unos pocos kilómetros, empezó a formarse el mas furioso y terrible tornado que jamás en la vida había visto.

Los gritos de la gente a los costados solo fueron un aviso para Tobi acerca de su debilidad. Mientras todos corrían frente a él para llegar al refugio subterráneo especial para esos casos; tanto Naruto como Tobi se quedaron ahí. Siendo azotados con furia por la naturaleza, pero a la vez siendo incapaces de demostrar su falta de voluntad ante la durísima prueba delante de ellos.

El rubio niño entrecerró los ojos mientras sentía que cada uno de sus huesos se resquebrajaban poco a poco. El frio calaba por debajo de su piel como una bacteria y adormecía cada unos de sus miembros a la par que sus labios se agrietaban y su nariz se congelaba, pero… ¿Quién era él para abandonar a Tobi-niisan ahora? Solo un cobarde si lo hacía.

Sentía los gritos de las personas, aunque era ignorante del porqué. Solo sabia que los estremecedores gemidos de los habitantes de esa aldea ponían de cabeza su sistema nervioso, queriendo obligarlo a correr a la misma dirección que toda esa gente asustada. Solo pudo ver a uno que otro aldeano señalándolo, o en todo caso señalando algo detrás de él, pero seria imposible verlo mientras Tobi todavía tuviera un fija mirada de supervisión sobre él.

La curiosidad y el frío lo estaban matando.

Su cuello se movió ligeramente. ¡Tenía que saber que estaba detrás suyo!

—¡Sé un hombre, Naruto! —un fuerte grito ingresó por sus orejas hasta chocar con una fuerza sobrehumana sobre cada una de sus neuronas. La información llegada calo por cada uno de sus poros hasta que la adrenalina de una duda hacia su hombría, lo obligó a devolverse a su posición. ¡Era Naruto Uzumaki, futuro ninja de Akatsuki! Un clima tempestuoso como ese no era nada contra él. Él no moriría como aquel gato cegado por la curiosidad.

Sus pequeños puños se cerraron. ¡Ya tenía seis años, por Dios!

Mientras todos estos pensamientos corrían pro la mente del pequeño Naruto, Tobi no quito su vista del tornado. Cada vez se estaba haciendo mas grande y amenazador. Cuando lo vio, sinceramente pensó que tomaría un rumbo mas cercano a lo descampado, sin embargo, había decidido seguir la dirección oscilante del viento que lo llevaba hacia la ciudad. Justo donde estaba todo el mundo. Tobi sudo frio mientras veía como los techos de las casas eran arrancadas y llevadas hacia el centro de la tormenta.

Quería huir, quería correr, quería encontrar ese refugio y cerrar con siete llaves y si con eso dejaba a todos los aldeanos afuera, pues que se le iba a hacer.

Estuvo tentado a admitir que cuando vio a Naruto doblar el cuello, sintió el pavor recorrer cada una de sus entrañas, estaba mas que seguro que si el niño veía esa gigantesca tormenta detrás suyo, correría hacia donde la gente como un despavorido y solo haría mas dificultoso su encuentro futuro. Además… estaba observándolo como esa miradita de respeto y admiración como nunca lo había hecho antes.

Tobi quería disfrutar esa mirada unos cuantos minutos más.

—¡¿Qué rayos están haciendo?!

Un largo escalofrió recorrido la columna de Tobi al reconocer la voz.

—¿Señorita Konan? —susurró el rubio al notar a la mujer detrás del sujeto de la mascara con los dientes rechinando y la peor mirada que le hubiera visto jamás.

—¡¿Acaso quieren morir?!

—¡Solo estamos entrenando! —replico el niño dándose un paso al frente. Lamentablemente el paso fue bastante inadecuado, por lo que sintió que su pequeño cuerpo era sacudido violentamente, pero sin llegar a caerse. Era como si un furioso viento lo rodeara de todas las direcciones. ¿Cómo no lo había sentido antes? ¿Era a lo mejor porque había estado quieto todo el rato?

—¡¿Entrenando?! ¡¿Entrenando con un tornado ahí detrás?!

Nada mas escuchar la palabra "tornado", Naruto volteo la cabeza y se encontró la peor bestia que la naturaleza pudo haber creado. Hubiera sido interesante ver la reacción del niño a una distancia prudencial del fenómeno natural, sin embargo, estaba a pocos kilómetros de alcanzarlos. No había tiempo ni para asustarse.

—¡Naruto! —fue lo último que escucho el niño antes de caer pesadamente al suelo. Se había desmayado. Konan llego corriendo hasta él antes que Tobi.

—¿En serio? ¿Entrenarlo hoy en medio de la peor tormenta jamás habida en Amegakure?

—¡La chica del clima dijo que estaría soleado!

—¡Jamás hemos tenido un día soleado!

El tornado estaba cada vez más cercano. Konan tomó el cuerpo de Naruto y rápidamente corrió fuera de la estancia. Tobi la siguió muy de cerca y sintiendo que tendría una reprimenda muy dura cuando llegaran al refugio. Las compuertas que daban acceso a las personas de la aldea estaban cerrándose muy lentamente frente a ellos. Kakuzu y Pain sostuvieron solo una rendija cuando los vieron llegar. Sin embargo, nada mas paso Konan con Naruto en brazos, las puertas se cerraron.

—¡O-Oigan!

—¡Arréglatelas solo! —una lenta goda de sudor —o a lo mejor de lluvia— se deslizó por su cuello. ¡Konan era un monstruo!