La fiesta de Orochimaru

La torre de Amegakure era el lugar que todo habitante en la aldea temía, así como también el lugar que más respetaban. Los niños lo consideraban un lugar de leyendas no escritas mientras que los adultos la consideraban, casi, patrimonio dentro del territorio. Entonces, acostumbrados a ver aquel edificio envolverse en una oscuridad poco natural, ellos no esperaban en lo absoluto que su patrimonio de pronto entraran en un aura de celebración como nunca antes había sucedido anteriormente.

De hecho, la sola idea de vestir a la Aldea de la Lluvia con el festejo y la celebración era espeluznante para más de un habitante. Sin embargo era inevitable solo sonreír al pasar al lado de la torre (que con su sola mención los niños temblaban) y observar su ridícula decoración festiva… o intento de ella. Habían ángeles de papeles por donde mirarás, aunque eso no era inusual, sino el hecho de había un dibujo, que los aldeanos pudieron reconocer como la cara de Naruto caricaturizada, sobre toda la pared de piedra y sacando la lengua casi de forma despectiva, además de luces estrambóticas y otras características que podrían hacer llorar a un decorador profesional.

Parecía hecho por un niño de 7 años… oh espera… de hecho la idea principal había sido de parte de un niño rubio de esa edad.

Dentro de la torre, el ambiente se respiraba con dicha, el interior estaba decorado de tal manera que parecía una verdadera fiesta, incluso el aire que se respiraba tenía un tono aromatizante agradable que ponía a los invitados en un estado de relajación constante.

Con respecto a lo que se podía encontrar dentro del lugar, los invitados estaban maravillados por la cantidad de mesas repletas de alimentos de apariencia más que deliciosa, la gran parte de la comida servida estaba perfectamente decorada además de una variedad impresionante. Poco de lo que se podía observar era común, todo tenía un lugar adecuado para estar y una apariencia que llamaba la atención.

Entre los invitados disfrutando de la estancia, un pequeño rubio se deslizaba desde debajo de una de las largas mesas para mirar a su alrededor curioso. Las personas recorriendo el lugar eran caras poco conocidas para él, estaba seguro de que le sonaban de algo pero podía asegurar no haber intercambiado ni una sola palabra con alguno de ellos. Exceptuando por supuesto a los integrantes de Akatsuki que usaban la misma capa que él.

Naruto pudo encontrarse a sí mismo buscando a los demás integrantes con la mirada, al lado de la mesa de postres estaba Itachi con la mano estirada, se veía con toda la intención de picar un bocadillo pero se detenía antes de llegar a tomarlo y negaba con la cabeza, sin embargo volvía a intentarlo para fracasar miserablemente otra vez. El pequeño rubio se limitó a ladear la cabeza, ¿no tenía, simplemente, que levantar el dulce y llevárselo a la boca? ¿era de verdad tan difícil?

Al lado del pelinegro Uchiha, Kisame desfilaba un plato rebasando de galletas saladas, y esperaba paciente a que Itachi se decidiera a tomar alguno de los postres en su rango ocular. Kisame normalmente no era de las personas que perdían el control de sus emociones, sin embargo tenía que admitir que su paciencia se estaba agotando.

Muy cerca de ellos, Deidara y Kakuzu conversaban de forma unilateral. Esto quiere decir, que Deidara no lo estaba dejando escapar en lo absoluto. El rubio mayor estaba tan ebrio que no media ni una sola palabra que salía de su boca, ni que decía, ni que hacía. Por suerte se encontraba con Kakuzu, quien, a pesar de su apariencia, era un hombre bastante tranquilo. Por lo que era capaz de soportar a Deidara despotricando un millar de groserías y razones del porque odiar al único Uchiha de Akatsuki.

Por otro lado, Naruto pudo encontrar a la señorita Konan conversando formalmente con Tobi. Parecía una conversación bastante importante a su parecer; con un pestañeo, dirigió su vista hacia el escenario principal, donde Pain verificaba que todo estuviese ocurriendo sin incidentes. Hasta el momento su rostro se hallaba tranquilo, revelando de esta forma, la falta de acción. Hidan no estaba en ningún lugar, pero sabía que había asistido porque lo había visto entrar por la puerta.

Dándose cuenta que ninguno de los miembros de Akatsuki lo estaba mirando, se escurrió desde debajo de las mesas, y estiro su pequeñaja mano para tomar el primer dulce que viera. Era un panecillo de apariencia bastante atractiva, que solo hizo que los ojos del niño brillaran con asombro, los demás dulces perfectamente acomodados sobre la manta de encaje, se veían tan apetitosos como el panecillo en su mano. Sin pensarlo demasiado, empujo varios dulces hacia sí, apoyándolos con descaro sobre su capa negra con nubes rojas. Esta, por supuesto, se ensucio con la nata, el chocolate, y otros sabores.

Después de eso, se metió bajo la mesa a engullir su propio pecado.

Itachi, que lo observaba de lejos, decidió no decir nada, igualmente el pequeño Naruto le recordaba irremediablemente a su pequeño hermano Sasuke, el pequeñajo pelinegro debía tener la misma edad que el Jinchuriki, en cierta manera eran bastante parecidos, y en otras cosas diferían demasiado. Sinceramente, dudaba que su pequeño hermano sea capaz de comer tantos dulces, recordaba que él odiaba cualquier cosa con azúcar.

Itachi volteo la mirada, definitivamente está delirando si veía a Sasuke en el rubio. Con un ceño fruncido imperceptible, se obligó a dejar de pensar en Naruto más allá de lo profesional.

A otro lado de donde estaba Itachi negando con la cabeza y Kisame mirándolo como si estuviera loco; Konan y Tobi conversaban tranquilamente.

—Escucha, no creo que esto sea realmente necesario.

—Naruto ya empezó su entrenamiento —le replico con fuerza Tobi—, sin embargo, de nada sirve que practique sino tiene experiencia. Por eso me lo llevaré, si o si, cuando cumpla doce.

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé, supongo que cuando tenga la suficiente experiencia como para no llorar al matar.

—Naruto es un Jinchuriki, no creo que sea necesario que salga de Amegakure.

—Entiendo tu punto —explicó el pelinegro—, sin embargo, lo vamos a necesitar para controlar a algunas bestias y para eso necesito que pueda ser capaz de defenderse, y para eso necesita salir.

Konan suspiró, realmente no creía que fuera necesario que el pequeño rubio saliera de la aldea de la lluvia, sin querer ella ya le había tomado muchísimo cariño, y lo último que necesitaba era que él partiera lejos de su presencia por quien sabe cuántos años. Con eso en mente volvió a replicarle a Tobi, quien con un movimiento de su mano, le dejo bien en claro que no pensaba cambiar de opinión, por mucho que ella insistiese.

—Naruto es fuerte —le dijo él después de un rato—, su taijutsu es bastante bueno.

—¿Ya ha aprendido ninjutsu o genjutsu?

Tobi sudo—Su ninjutsu es muy pobre… pero mejorara.

—¿Su genjutsu?

—…

—¿Tobi, su genjutsu?

—Es terrible…

Konan bufó.

—Hay muchos ninjas que no saben usar genjutsu, no es necesario que aprenda.

—¿Cómo piensas llevarlo a cazar bijuus si ni siquiera sabe lo básico de lo básico?

Tobi lo pensó unos segundos—¿Con fe?

La peli azul se tomó la cabeza con angustia, Tobi iba a matar a Naruto aun antes de sacar el bijuu de su interior. Antes de poder regañar a Tobi sobre su falta de responsabilidad, escucho el sonido del micrófono del escenario principal, ser tomado por un característico personaje de cabellos rubios.

—¡Gracias por venir a mi fiesta, asquerosos gusanos, hn!

Tobi y Konan pestañearan incrédulos.

—Estamos aquí para —un hipo—destruir a Itachi Uchiha. ¡Si! Tú, estúpido —otro hipo—de cabello largo y ojeras.

Automáticamente la gente volteó a ver Itachi, el cual seguía siendo señalado por el dedo de Deidara. El pelinegro miro a todos lados y con confusión, se señaló a sí mismo como si no terminara de creer que el tipo borracho en el escenario se estuviera refiriendo a él.

—¡He dicho que sí, tu, ojitos de hechicero!

Solo entonces, Itachi tomo un dulce y se lo metió a la boca mientras veía la mirada furiosa de Deidara sobre él. El rubio, viendo como Itachi se tomaba su actuación con un espectáculo deprimente, se emputo. Kisame con un suspiro, dejo su plato de galletas saladas sobre la mesa y camino hacia el escenario.

—¡No sabes cuánto te odio —un hipo—, Itachi Uchiha! —otro hipo—Algún día, meteré estos dos dedos —con rapidez levanto su dedo índice y medio—en tus odiosos ojos. ¡Así mismo!

Con odio, hizo el ademan como si efectivamente estuviera picoteando los dedos del Uchiha. El susodicho solo le metió otro mordisco a su panecillo con curiosidad, realmente estaba delicioso.

Una risa desquiciada salió de los labios de Deidara mientras era arrastrado por Pain y Kisame hacia la salida del escenario. Luego de que la presencia salió del frente, se escucharon unos aplausos pausados y confundidos de la gente. Todos se miraban entre sí, preguntándose si efectivamente debían aplaudir, reír, a lo mejor llorar, o ir directamente a por lo ojos del Uchiha como había dicho el rubio en su espectáculo.

Naruto, muy al fondo de la fiesta, con medio cuerpo debajo de la mesa y la parte media superior fuera de la manta, reía quedamente por el show que se había montado Deidara en un estado de ebriedad evidente. Otro panecillo se metió a su boca con una sonrisa, sin embargo no pudo seguir masticando al sentir que una sombra se posicionaba sobre su menudo cuerpo. El pequeño rubio alzo la vista confuso y empezó a sudar frio al reconocer al personaje delante suyo.

Tobi tenía las manos en la cintura y su pie bamboleaba sobre el suelo frente a él. El rubio solo trato de darle su mejor sonrisa y disimuladamente empujaba con sus pies, los dulces ocultos bajo la mesa.

Dentro de la torre, en los pisos superiores, se aparecía un Deidara siendo arrastrado a su habitación mientras el mismo babeaba en su somnolencia y susurraba sus ansias de destruir a Itachi Uchiha. Quitando este hecho y el coscorrón en la cabeza de Naruto, la fiesta siguió su curso mientras una música suave pero de jolgorio sonaba de fondo, para dar ánimos a los invitados. El único que no estaba feliz en la fiesta, o mejor dicho, fuera de la fiesta era el pelinegro sannin de la serpiente.

Orochimaru miraba el jolgorio desde fuera de la ventana mientras la lluvia mojaba sus hombros. Sus ojos solo se fijaron en las risas de la fiesta y en el título de la celebración sobre el escenario: "Fiesta de despedida a Orochimaru ¡Ya era hora!"

Si bien era su despedida de Akatsuki, nadie lo invito, y la gente celebraba su salida de la organización.

Orochimaru mostró una sonrisa extraña mientras la lluvia seguía mojando sus hombros.

—Destruiré Akatsuki —se prometió.