Trabajo en equipo
Capítulo 1: Los primeros incidentes
Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Este fic participa en el Amigo secreto del foro "La Aldea Oculta entre las Hojas". Escrito para Louchette.
Dedicado a Louchette.
"Pedido: Un fic sobre alguna misión del equipo Minato. La misión puede ser de lo que sea, pero que haya un poco de drama (?) y este lo más enfocado posible en la relación de amistad/noamistad de Obito y Kakashi (que no se malinterprete de que quiero algo de yaoi (?) no quiero eso, la relacion amistad/noamistad de esos dos es de mis favoritas de todo Naruto)".
La mirada de Minato pasó de la puerta a la ventana. Había pasado una hora desde que el tercer Hokage los había llamado a su oficina y Obito seguía sin presentarse. No era nada inusual que el joven Uchiha fuera impuntual, de hecho, lo contrario era lo verdaderamente inusual. Mintao tenía la esperanza de que llegara en cualquier momento. Obito no era puntual, pero siempre llegaba, a veces cuando todo terminaba.
—Es inútil seguir esperando — se quejó Kakashi —, si me disculpan el atrevimiento, sugiero que comencemos sin nuestro compañero. Después podemos arreglar los detalles con él.
—Supongo que no tenemos otra opción —comentó el Tercer Hokage, no parecía feliz con la idea.
Aunque Minato hubiera preferido esperar, estaba de acuerdo con la idea. Sabía que el Hokage era un hombre ocupado y que no podían hacerlo perder más tiempo. Desde el primer momento en que trabajó con ellos como equipo había notado que tenían un serio problema de conexión. Rin era la menos problemática, su amabilidad le permitía trabajar con cualquiera y, aunque Kakashi trataba de mostrarse dispuesto a cumplir las reglas no lograba crear un vínculo con sus compañeros. Obito era el más complicado y no lo decía por tener el peor rendimiento del equipo. Constantemente estaba compitiendo contra Kakashi o tratando de llamar la atención de Rin.
—Los he llamado porque tengo una misión para ustedes. El hijo del señor Feudal necesita viajar a Kumogakure para tratar…
—Lamento el retraso —Obito apareció en la ventana. No esperó un permiso para entrar y tomar asiento al lado de Rin —. No quise llegar tarde, salí una hora antes, pero me encontré con una anciana que cargaba con unas bolsas y no podía ignorarla.
—La vez pasada dijiste que te encontraste con un gato negro —comentó Kakashi. No había acusación en su voz, de hecho, Minato no detectó ningún tipo de emoción.
—Si fueras inteligente como yo también evitarías a los gatos negros —se apresuró en responder Obito, lucía notablemente molesto —, la última vez que pasé al lado de uno, fallé todos mis lanzamientos de shuriken.
—No uses supersticiones para justificar tu mediocridad como ninja.
—¿Qué decía sobre la misión? —se apresuró en preguntar Minato.
Había notado cómo el rostro de Obito comenzaba a enrojecer y lo conocía lo suficiente para saber que estaba por hacer algo imprudente. Confiaba en su alumno, pero sabía lo mucho que le afectaban las palabras de Kakashi, en especial cuando Rin estaba involucrada y lo emocional que podía llegar a ser. Eran cualidades que podían ser peligrosas en un ninja.
—Decía que el hijo del señor Feudal necesita viajar a Kumogakure y que ustedes serán los encargados de escoltarlo.
—¿Qué? —se quejó Obito —. Tal vez Kakashi no tenga problemas jugando al niñero, pero el futuro Hokage no hace esa clase de misiones.
—Al contrario —le dijo Minato, no era solo un intento por calmarlo —, que el señor feudal nos encomiende el cuidado de su hijo denota una gran confianza y te recuerdo que el señor feudal tiene gran peso en la elección del hokage.
—Lo sé, es solo que son tiempos de guerra y debería estar haciendo algo más importante.
—También te quejaste cuando tuvimos que llevar suministros al campo de batalla —continuó hablando Kakashi. Minato sabía que no quería hacer quedar mal a su compañero, conocía a su alumno lo suficiente para saber cuánto le importaba que una misión fuera completada correctamente.
—Es que un ninja de mi talento debería estar luchando contra el enemigo, no sirviendo de apoyo.
—Hagamos nuestro mejor esfuerzo y demostremos cuánto valemos —fue la primera vez en la que habló Rin. Se notaba incómoda por la actitud de sus compañeros.
—Sí, Rin. El hijo del señor feudal se quedará con la boca abierta y convencerá a su padre de que me nombre Hokage de inmediato.
—No creo que así funcionen las cosas —comentó Rin, palabras que no desanimaron a Obito ni un poco.
El Tercer Hokage comenzó a explicarles los detalles de la misión. Pese a que ellos tenían poco tiempo siendo un equipo sabía que no se les estaba dando una misión sencilla. El señor feudal era probablemente el hombre más importante de Konoha y uno de los más buscados por el enemigo. Su hijo no era la excepción, al contrario, el vínculo que compartían lo hacía vulnerable.
—Partirán mañana, al mediodía. El señor feudal quiere que pasen por su hijo a su mansión. Por ahora pueden retirarse.
Minato y su equipo se despidieron del Hokage con una reverencia y se apresuraron en dejar la oficina del Tercero. Otro equipo tomó su lugar casi de inmediato. Aunque lucían malheridos ninguno lucía herido de gravedad. Eran tres shinobis vestidos con chalecos jounin, Minato estaba seguro de que traían mensajes de la guerra.
—Recuerden que, aunque deben estar preparados para cualquier tipo de ataques, también deben ser discretos y llamar la atención lo menos posible. Nos vemos aquí, dos horas antes de la misión.
Minato observó a sus tres alumnos asentir antes de marcharse. Kakashi fue el primero en desaparecer. Había sido de ese modo desde que fueron asignados como equipo y no había dado ninguna señal de querer cambiar ese comportamiento. Era algo que Minato lamentaba. Apreciaba su disciplina y dedicación, pero en ocasiones deseaba que aceptara a su equipo más que como una herramienta para cumplir una misión satisfactoriamente.
Durante la prueba de los cascabeles mostró que podía trabajar en equipo, pero no lo había visto actuar de ese modo desde entonces. Su relación con Obito era cada vez más tensa. Ambos eran demasiado diferentes y no lo decía solo por su desempeño como shinobi. Mientras que Kakashi era distante, Obito siempre tenía una sonrisa amable en su rostro y constantemente se estaba preocupando por los demás, formando lazos y gritando que sería el primer Uchiha en convertirse en Hokage.
De Rin no tenía ninguna queja. El trato que tenía para sus compañeros era gentil y, aunque había notado que tenía sus preferencias, no hacía que ninguno de los dos se sintiera menos o dejó que eso interfiriera en la prueba de los cascabeles. También notó el gran amor que tenía por su aldea durante la presentación. Minato estaba bastante seguro de que ella podría morir por Konoha, solo esperaba que no se diera la situación. Algo poco probablemente si se tomaba en cuenta la situación por la que pasaba la aldea y la relación que tenía con las otras aldeas ninjas.
Pese a que Minato se dirigió a su casa, no se dedicó a descansar. Revisó unos pergaminos que el Tercer Hokage le había pedido que estuviera y se encargó de preparar todo lo que pudiera necesitar para la misión que le esperaba al día siguiente. Cuando terminó ya había anochecido. Decidió que dormiría de inmediato, contrario a lo que Obito pensaba, escoltar al hijo del señor feudal era un asunto bastante serio y peligroso. Cualquiera que estuviera entrenado en el arte de la guerra o en la política sabía la importancia del señor feudal para una aldea ninja y lo que implicaba su secuestro, acceso a dinero y poder. Dos elementos bastante codiciados no solo en tiempos de guerra.
Rin fue la primera en presentarse al punto de encuentro. Diez minutos antes de la hora señalada se encontraba en el lugar indicado preparando su kit de primeros auxilios. Kakashi llegó a la hora exacta, ni un minuto menos, ni un minuto más. Obito se presentó con un retraso de media hora, algo que Minato ya había tomado en cuenta y motivo por el que los convocó con tanta antelación.
—Lamento el retraso, me he perdido en el sendero de la vida.
—Descuida —le dijo Minato con una sonrisa gentil —, tenemos tiempo. Tú y Rin pueden entrenar, Kakashi lo hará conmigo.
El entrenamiento se detuvo cuando llegó Kushina. Minato le pidió una pausa para poder hablar con la kunoichi y desapareció en cuanto obtuvo la respuesta. No había ningún asunto que tuviera que discutir con ella o una misión programada para ambos. Quería verla y eso era todo.
—Tiempo sin verte —le dijo Kushina a modo de saludo.
—Demasiado. Es extraño no verte tan seguido en la aldea —Minato señaló con uno de sus dedos las vendas en las manos de Kushina.
—¿Eso? No es nada. Deberías de ver como quedaron esos bandidos.
Minato podía hacerse una idea. Desde la primera vez que vio a Kushina supo que era fuerte. Siendo una niña se había enfrentado con todos aquellos que la molestaban por el color de su cabello e incluso dado golpizas a ninjas con un grado superior al suyo. Casi sintió pena por quienes se atrevieron a desafiarla.
—¿Qué haces por aquí? No creo que vinieras a verme.
—No sabía que regresarías hoy. Mi equipo y yo estamos por salir a una misión.
—Es una pena, porque te iba a cobrar el ramen que me debes.
—Cuando regrese, te invito a comer.
Minato no recordaba que le debiera un ramen a Kushina, pero no le importaba invitarla a uno, incluso si estuviera en lo correcto. Era la excusa perfecta para poder pasar algo de tiempo con ella y ciertamente disfrutaba mucho de su compañía.
Cuando se reunió con su equipo, era el momento de partir. Una mirada bastó para que supiera que Obito estaba por retar a Kakashi y se alegró de intervenir antes de que la situación se tornara complicada. Pese a que contaban con tiempo, el líder del equipo se aseguró de que se dieran prisa en llegar al lugar en donde eran requeridos.
Obito y Rin se mostraron bastante sorprendidos al ver la casa en la que vivía el señor feudal. N era la primera vez que veían una mansión, pero ninguna de las que habían visto poseía un tamaño o tantos lujos como el edificio frente a ellos. Kakashi y Minato no mostraron ninguna reacción, ambos estaban más enfocados en la misión que en los lujos a su alrededor.
La puerta se abrió y fue el jefe de mayordomos quien los recibió. Antes de hacerlos pasar les pidió que se identificaran y los sometió a varias pruebas. Pese a que era la primera vez que Minato ingresaba a los terrenos del señor feudal había tomado en cuenta ese proceso cuando le pidió a sus estudiantes que se presentaran con anticipación.
—El amo los Tsubasa los recibirá en cuanto termine unos asuntos pendientes. Por ahora les indicaré el lugar en donde pueden esperar.
El mayordomo principal hizo que reemplazaran sus zapatos por unas bolsas plásticas y los hizo usar los pasillos del personal de servicio. El lugar en donde tuvieron que esperar por su cliente se encontraba fuera de la mansión. El hecho de que hubiera varios animales de corral hizo que Minato se hiciera una idea del lugar en el que se encontraba.
—Espero no les moleste que los deje solos, pero, como ustedes comprenderán, el trabajo de un mayordomo nunca termina.
El mayordomo se retiró sin esperar una respuesta o dedicarles una segunda mirada. Pasaron varios minutos sin que el hijo del señor feudal diera señales de vida y eso comenzó a impacientar a los ninjas más jóvenes.
—Apuesto a que está dormido —se quejó Obito.
Minato estaba de acuerdo con su estudiante y confirmó dicha sospecha cuando vio las gotas de agua en el cabello del hijo del señor feudal. El hombre estaba bañado en perfume, el olor lo delataba y es que este podía percibirse incluso a kilómetros.
—Partimos de inmediato —fue lo primero que les dijo Tsubasa —, ya hemos perdido demasiado tiempo y no quiero más retraso.
—No es nuestra…
Kakashi se apresuró en callar a Obito. Pese a lo rápido de su actuar, no pudo evitar que Tsubasa captara las intenciones de su compañero y se molestara.
—Lo que quiso decir es que no es nuestra intención causarle problemas y que, si desea algo, solo debe de pedirlo —comentó Kakashi. Su padre le había explicado acerca del rol que ocupaba el señor feudal dentro de una aldea shinobi y lo menos que deseaba era tener problemas con el hijo de uno.
—Ahora que lo dicen, necesitaré ayuda con un poco de equipaje.
Tsubasa no fue sincero al decir que necesitaba llevar un poco de equipaje. Llevaba varias maletas y la mayoría eran de gran tamaño. Eran tantas que no cupieron en la carroza en la que viajaría por lo que Minato y Kakashi tuvieron que cargar con más de una.
—La mujer viajará conmigo.
—¿Por qué? —preguntó Obito notablemente molesto.
—Porque necesito que alguien me proteja y porque yo lo digo ¿Algún problema?
—Ninguno —en esa ocasión fue Rin la que habló y con una mirada le pidió a Obito que no causara más conflictos con el hijo del señor feudal.
—Si te molesta o si quieres hablar conmigo, estaré afuera de la carroza.
Minato tuvo que sacar a Obito de la carroza. Sabía que se preocupaba por Rin e incluso estaba a favor de la camarería entre los compañeros de un mismo equipo, pero también estaba consciente de lo que podría causar la actitud de Obito y cómo esta podría influir en la misión. La actitud de Tsubasa le parecía un poco sospechosa mas no un motivo para tratarlo como si fuera un criminal o comprometer la misión.
Los primeros kilómetros fueron los más tranquilos. Ningún bandido o shinobi intentó atacarlos durante esa parte del recorrido. El único inconveniente fue el hijo del señor feudal y Tsubasa ciertamente no era un inconveniente pequeño. No era peligroso, tenía mucho dinero y poder, pero carecía de fuerza. Lo que sí tenía era una gran capacidad para irritar a las personas que lo rodeaban.
Constantemente se estaba quejando. Del frío, del calor, de los mosquitos. Se molestaba porque la carroza viajaba con demasiada lentitud y cinco minutos después se mareaba por la velocidad u ordenaba que se detuviera para poder comer, algo que hacía con demasiada frecuencia para el bien de la misión.
—Me aburro —se quejó —, mujer, has algo para mí.
Obito estaba a pinto de intervenir cuando sintió la mano de Kakashi apoyarse sobre su hombro. La retiró con fuerza y planeaba ingresar a la cabaña cuando nuevamente fue detenido por su compañero.
—Deja que Rin maneje las cosas por su propia cuenta.
—No puedo, la está tratando como si fuera un payaso.
—Un ninja debe ser capaz de convertirse en un payaso si la misión lo requiere.
Minato escuchó a Tsubasa aplaudir emocionado. Aunque sentía curiosidad por lo que Rin podría estar haciendo decidió no intervenir. El Tercer Hokage les había dado órdenes bastante claras y específicas. Obedecer todo lo que pidiera el hijo del señor feudal y cumplir todos sus caprichos, incluso los que no decía en voz alta, era solo una de esas órdenes.
—¿Ves? Te lo dije. Para ser alguien que habla tanto del compañerismo, no pareces tener mucha fe en tus compañeros.
—No te haría daño preocuparte por tus compañeros de vez en cuando —le recriminó Obito.
No era la primera vez que Minato presenciaba ese tipo de discusiones entre sus dos estudiantes. Kakashi solía quejarse sobre la falta de profesionalidad de Obito y Obito de la falta de empatía de Kakashi. A veces solo intercambiaban insultos, pero en otras ocasiones llegaban a los golpes. Minato esperaba que no fuera una de esas ocasiones.
—No te haría daño enfocarte en el éxito de la misión de vez en cuando.
—¿Lo ves? ¡Actúas como si la misión lo fuera todo y no es así! —gritó Obito.
Minato tenía la intensión de intervenir. Para él no era ningún secreto el motivo por el que para Kakashi era tan importante que el objetivo de una misión fuera cumplido, pero Obito no lo sabía y temía que, en caso de que continuaran discutiendo, cosas que no debían decirse fueran pronunciadas y que con ello el trabajo en equipo fuera dañado de manera irreparable.
Tsubasa fue el que intervino, aunque sus intenciones no eran las de ayudar. Hizo lo que había estado haciendo durante todo el recorrido sin saber lo oportuna que fue su intervención.
—Detengamos ahora, tengo sueño.
—¿Qué? —se quejó Obito —. ¡Pero sí todavía es temprano y si nos detenemos, nunca llegaremos!
—¿Acaso están cuestionando mis deseos?
—Es solo una sugerencia, nos esperan en Kumogakure y no creemos que sea apropiado retrasarnos.
—Son ninjas ¿no? Encontraran una forma de arreglarlo. Ahora quiero dormir y no puedo hacerlo en la carroza porque me mareo.
Obito no era el único que quería terminar esa misión cuanto antes. Podía ser un ninja pacífico y calmado, pero lidiar con la aristocracia era algo que prefería evitar.
—Estamos a cinco kilómetros de una posada, si prefiere esperar un poco.
—¿Tiene aguas termales?
—Tiene una comida muy deliciosa.
—Me convenciste, vamos a ese maravilloso lugar.
Eran solo cinco kilómetros los que faltaban para llegar a la posada que Minato sugirió, pero esa distancia se sintió mucho más larga gracias al hijo del señor feudal que no dejaba de preguntar por el tiempo que faltaba para llegar al lugar. Cinco minutos fue el mayor periodo que pasó callado y eso solo fue porque Rin decidió mostrarle una figura de origami.
La posada de la que Minato hablaba no era especialmente lujosa. Se trataba de un lugar creado para que los viajeros, especialmente shinobis, pudieran hospedarse mientras que realizaban misiones en las afueras de la aldea. La comida era buena y ciertamente era lo único bueno con lo que contaba ese lugar.
—¿Están seguros de que es este lugar? Parece un cuchitril.
—Es la temática, según varias revistas importantes lo austero está de moda —comentó Rin en un intento por calmar al cliente.
—¿En serio? ¿Cómo cuáles?
—Mundo shinobi, Ninjas de hoy, Playkunoichi, Los millonarios del momento, Demasiado sotisfiscado, Elegante y…
—Ya entendí el punto y te creo.
Rin sonrío en un intento por fingir inocencia. Ella no sabía nada de tendencias y todos nombres que dijo fueron cosas que se le ocurrieron en el momento. Todo lo que quería era convencer a Tsubasa, por el bien de la misión y por el bien del equipo.
—Te quedarás conmigo. No puedo quedarme solo.
—El sensei y Bak… Kakashi son mejores opciones —se apresuró en agregar Obito. Confiaba en las habilidades de su compañera, pero lo último que quería era que se quedara a solas con Tsubasa.
—Su seguridad es lo más importante para nosotros, todos lo cuidaremos.
Tsubasa al principio se mostró dudoso y por unos instantes tuvo la sospecha de que terminaría por rechazar su propuesta. Había visto la forma en que miraba a Rin y ciertamente no le gustaba. Era esa mirada de quien encontraba un juguete nuevo, de quien está acostumbrado a hacer lo que quiere, cuando y donde quiera.
—Supongo que tienen razón, soy demasiado importante.
Rin se encargó de llevar a Tsubasa al comedor en lo que el resto del equipo se dedicaba a recorrer la zona. No era la primera misión de escolta que Minato realizaba ni sería la primera vez que eran emboscados dentro de una posada. Al ser un punto de acceso era fácil usarlos para esperar a su víctima, especialmente cuando había un caso de fuga de información. Pero también contaba con ciertas facilidades que el bosque no tenía. Dejando de lado las facilidades, también era sencillo pasar desapercibido en estos sitios y mezclarse con los demás clientes.
—Debemos separarnos para abarcar más terreno —sugirió Minato —. Rin se quedará con el señor Tsubasa, Kakashi y Obito trabajaran juntos, revisen el lugar y verifiquen que no exista ningún peligro. Si me necesitan estaré en los alrededores.
—¿Por qué debo ir con Bakashi?
—Porque una sola persona sería algo sospechoso y porque Rin fue elegida para ejercer el rol de compañía.
Obito gruñó y murmuro varias cosas por lo bajo, algunas de sus palabras sonaban como insulto y maldiciones. El hijo del señor feudal estaba cerca y, afortunadamente, demasiado distraído con la comida como para prestar atención a lo que hacía su servicio de escolta o a cualquier cosa ajena a la mesa y a su plato de comida.
—Antes de salir hablaré con Rin, Kushina me enseñó algunos de los trucos que utiliza para evitar interacciones no deseadas.
—¿Por qué Kushina le hablaría de eso? —preguntó Obito, se notaba la malicia en su voz.
—Porque acostumbramos a reunirnos para intercambiar técnicas ninja ¿Sabían que el clan Uzumaki es un especialista en sellado?
—¿Seguro de que ese es el único motivo por el que le gusta pasar tanto tiempo con ella? —preguntó Obito sin dejar su tono de voz o mirada incriminatoria.
—Eso no importa ahora —interrumpió Kakashi —, lo que el sensei pueda o no sentir por Kushina Uzumaki no tiene ninguna relevancia para la misión.
Minato se marchó casi de inmediato. No le molestaba hablar sobre lo que sentía por Kushina o lo que pensaba de ella. Tiempo atrás, cuando evitó que fuera secuestrada le había hablado con franqueza y esa no fue la única ocasión en la que lo hizo. Desde la primera vez que la vio presentarse en la Academia Ninja supo que ella era especial. En ese momento quería hablar con Rin y asegurarse de que Tsubasa no abusara del poder que tenía.
Los primeros minutos fueron tranquilos. Tanto Obito como Kakashi se enfocaron en la misión. Buscaron cualquier tipo de amenaza y se aseguraron de que esta no estuviera relacionada con la misión que ellos tenían. El lugar en el que se encontraban era un refugio para viajeros por lo que era difícil saber cuando encontraban algo que les afectara y ciertamente no había espacio para errores.
—¿Acaso todo lo que te importa es la misión?
—Diciéndolo de ese modo lo haces parecer como si fuera algo malo.
—Es que lo es ¿Qué hay de tus compañeros? ¿De los amigos?
—¿Sabes, Obito? Eres amable, amistoso y desinteresado y eso es bueno, cuando no eres un ninja. Un shinobi debe desprenderse de sus sentimientos cuando se trata de una misión. Todas esas cualidades que resalté de ti van a ser las causantes de tu perdición si no decides deshacerte de ellas o dejar de ser ninja.
—¿Qué clase de Hokage sería si me vuelvo tan antipático como tú?
—¿Crees que puedes ser Hokage con esa actitud? Un Kage debe ser un líder y para ser un líder hay que estar dispuesto a hacer sacrificios. Eres un niño por lo que jamás entenderías que un ninja que rompe las reglas es escoria.
—¿Sabes? Tienes razón en algo —Obito lucía inusualmente serio —. Los ninjas que rompen las reglas son escoria, pero aquellos que abandonan a sus amigos son peor que escoria.
Obito no esperó por una respuesta, simplemente se marchó. A pesar de que tenía poco tiempo estando en el mismo equipo que Kakashi y que el tiempo en el que ambos estuvieron en la Academia fue corto, estaba bastante seguro de cuál sería su reacción y no le gustaba. Había escuchado rumores sobre el motivo de su comportamiento, todos en Konoha lo habían hecho y es que el suicidio de Sakumo Hatake no fue nada discreto, pero no lo justificaba ni quería entenderlo. Para Obito Sakumo Hatake era un héroe y no lograba comprender por qué Kakashi renegaba de tal forma de este.
Kakashi no hizo ningún intento por acercarse a Obito. Una parte de él, muy en el fondo le daba la razón a su compañero y otra, la que tenía mayor fuerza, seguía aferrándose a sus ideales. La muerte de su padre lo había marcado de una forma que pocos podrían entender, pero no fue solo su suicidio. Él había visto como los compañeros a los que eligió proteger le dieron la espalda y como la aldea le recriminaba por haber fallado su misión. Las palabras que Obito le parecían hermosas, pero vacías, la idea del compañerismo le parecía absurda después de escuchar quienes, se suponía debían estar del lado de su padre, aunque sea por agradecimiento, darle la espalda y criticarlo igual que los demás.
Ambos trataron de ignorarse mutuamente. Al menos durante el patrullaje. Para Kakashi esto no fue difícil, como no encontraron nada sospechoso no tenía nada que notificar. Para Obito no fue así. No estaba acostumbrado a permanecer tanto tiempo callado y Kakashi era la única persona con la que podía hablar.
Al final fue Obito quien rompió con el silencio.
—¿Crees que Rin esté bien?
—El hijo del señor feudal es molesto, pero inofensivo, incluso un gennin podría lidiar con él.
—No me refería a eso. A Rin también le importa la misión y no haría nada que pudiera molestarlo.
—Minato-sensei habló con él y ella es una kunoichi, está entrenada para esas cosas.
Era poco lo que Obito conocía de kunoichis. Sabía que ellas tenían un entrenamiento especial, pero no en qué consistía este. Cada vez que intentó infiltrarse en el mismo era expulsado por la instructora o acusado de pervertido. Obito consideraba que era injusto y por más que intento ser incluido en dichos entrenamientos, incluso cuando alegaba que era injusto que las kunoichis recibieran un entrenamiento especial, siempre recibía la misma respuesta.
—Me gustaría comprobarlo por mí mismo.
—No lo hagas, sería peligroso.
—¿Para Rin… o para la misión?
—Para ambos —respondió Kakashi.
Eran pocas las veces en las que Obito se quedaba sin palabras. Incluso cuando no sabía de lo que estaba hablando tenía algo que decir. Kakashi usaba su máscara, pero había notado sinceridad en su voz. La misión seguía siendo su prioridad, pero saber que se preocupaba por Rin había hecho que lo sintiera más cercano y es que una de las cosas que más le molestaban de él era su afán por ser el ninja perfecto.
Minato no se mostró hasta el día siguiente. Lo único que dijo acerca de su salida fue que no encontró nada peligroso o que debiera ser comunicado. Obito trató de sacarle más información, pero todo lo que obtuvo fueron respuestas ambiguas y evasivas.
—Si Minato sensei no quiere responder a nuestras preguntas, él debe tener sus motivos —fueron las palabras de Rin al notar que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.
—Lo sé, Rin, es solo que me preocupo por la misión y toda la información puede ser importante.
—En este caso es aburrida —le dijo Minato —, cuando pase algo digno de reportar, Obito será el primero en saberlo.
Tsubasa no se presentó a desayunar. Cuando despertó eran las diez de la mañana y exigió que el desayuno le fuera entregado en su habitación. Como la posada en la que se encontraban no contaba con ese servicio, Obito fue el encargado de cumplir con esa tarea.
Partieron poco después del mediodía. Nuevamente el hijo del señor feudal fue el responsable del retraso. Aunque la posada no era de su agrado, insistió en que quería ir a unas aguas termales y en su incapacidad de viajar poco después de haber comido o de hacerlo con el estómago vacío. Su compromiso en Kumogakure no le parecía un motivo suficiente.
—En Kumogakure hay aguas termales, probablemente las mejores en el mundo —comentó Minato después de haber agotado la mayor parte de sus argumentos.
—Justo lo que quería escuchar. Si no recibo un baño apropiado, podría morir y nadie quiere que eso pase.
Poco después de dejar la posada comenzaron las complicaciones. Habían recorrido más de cuatro kilómetros cuando Minato se sintió observado. Sutilmente observó el lugar en el que estaba, encontrando una ardilla que inmediatamente descartó. El pequeño animal estaba buscando comida, la mirada que él sintió estaba cargada de hostilidad.
Minato se dijo que podría aprovechar el que el enemigo no estuviera enterado de que él estaba consciente de su presencia y que, de revelar esa información, podría hacer que este se apresurara en atacar a Tsubasa, si es que ese era su objetivo, algo que le parecía bastante probable.
Atacar le resultaba tentador, pero sabía que de hacerlo estaría exponiendo al hijo del señor feudal al peligro. La información con la que contaba era muy limitada y temía la forma en que esta pudiera afectar la misión, especialmente a las personas involucradas.
Después de analizar cuidadosamente todas las opciones que tenía, Minato tomó una decisión. Sabía que estaba arriesgando demasiado, pero también que no tenía otra opción. Como shinobi siempre habría riesgos, sin importar el tipo de misión que estuviera cumpliendo o los ninjas con los que trabajara.
Se acercó a Kakashi pretendiendo querer revisar el mapa y le hizo saber del cambio en la situación, procurando que nadie, ni siquiera los otros integrantes del equipo se enteraran o sospecharan.
—¿Alguien tiene repelente? —se quejó Tsubasa —, si no hacen algo rápido, me van a comer vivo.
—Tengo algo que podría servirle —comentó Kakashi antes de ingresar a la carroza.
—¿Por qué debería hacer algo así? —se quejó Tsubasa.
—Hay más "mosquitos" de lo que piensa y es la única forma en que podemos asegurarnos de protegerlo.
Pese a que la voz de Kakashi solía ser monótona en esa ocasión Minato detectó cierto fastidio en la voz de su alumno. Era uno similar al que solía usar cada vez que discutía con Obito, aunque Minato debía admitir, había cierta frialdad que no usaba con su compañero de equipo y amigo.
Kakashi se demoró varios minutos en regresar a su antigua posición. En cuanto lo hizo se disculpó asegurando que Tsubasa no lo dejó tranquilo hasta que estuviera seguro de que ningún mosquito lo molestaría.
El ataque ocurrió aproximadamente una hora después. Tres hombres enmascarados y sin ningún tipo de distintivo ninja los había rodeado. Pese a la falta de distintivo, Minato no descartó que fueran ninjas, si bien el rescate que podrían ofrecer por él era tentador, el poder estratégico que poseía lo hacía atractivo para las naciones shinobi contra las que se enfrentaban.
Lo primero que intentaron atacar fue al caballo que llevaba la carroza. Minato fue lo suficientemente rápido para predecir el ataque y proteger la vida del animal. Kakashi y Obito no tardaron en dar con el atacante e inmovilizarlo. Si bien la mayoría del trabajo la hizo el ninja con la máscara, era innegable que el trabajo en equipo fue un factor clave.
Ninguno de los enmascarados logró entrar a la carroza. Pese a que no se trataban de novatos su nivel era bajo por lo que Minato consideró que podría tratarse de cazarrecompensas. Los dejó atados y envió una nota a Konoha para avisarle de la captura. Hubiera preferido usar otros métodos, pero el tiempo no era un factor que jugara a su factor.
La única pausa que hizo fue para revisar el estado de Tsubasa y monitorear la zona. Este se encontraba en el lugar en que debía estar al igual que Rin. La joven kunoichi no se había alejado en ningún momento de su protegido, aunque, de momento su intervención no fue necesaria.
—Esa no es la forma de tratar al hijo de un señor feudal —se quejó Tsubasa.
—Le recomiendo que cuide sus comentarios, ahora Kakashi y Obito se están asegurando de que no haya enemigos cerca, pero no podemos arriesgarnos a que alguien indeseable se entere de su importancia.
—Mi padre escuchará de esto —fueron las últimas de Tsubasa. La posición en la que viajaba no era la más favorable, especialmente para alguien como él que estaba acostumbrado a los lujos, pero el temor que sentía era mayor.
