Capítulo 3: De regreso a la aldea
La mirada de Obito se posó sobre Rin. Pudo notar aburrimiento y cansancio en su rostro, pero también la determinación a permanecer en ese lugar hasta el último momento. Eso lo hizo sentir un tanto avergonzado y es que segundos antes había considerado pedirle a su compañera que dejaran el puesto de vigilancia y buscaran algo de comer.
Habiendo tantos ninjas en un lugar tan reducido se dijo que nadie notaría la ausencia de dos shinobis y que, incluso si ocurriera un atentando, la presencia de ambos no era algo que pudiera calificarse como imprescindible y de vital importancia. Ese pensamiento le hizo sentir avergonzado y se dijo que si quería ser el primer Uchiha que se convirtiera en Hokage debía estar dispuesto a hacer sacrificios.
Obito pensó en lo afortunado que era por tener a Rin como su compañera. Ella le había agradado desde la primera vez que la vio y saber que estarían en el mismo equipo lo llenó de felicidad. Siempre estaba dispuesta a ayudarlo y nunca le reclamaba por sus torpezas o por su falta de puntualidad.
El caso de Kakashi era más complicado. Al principio no lo soportaba, eso lo tenía claro, había notado en él muchas cosas que le desagradaban y si bien, seguía haciéndolo enojar con gran facilidad, también había momentos en los que podía decir que lo toleraba y que, podía verlo como a un compañero. En el fondo sabía que, si su compañero llegara a necesitar ayuda, él no lo pensaría dos veces antes de acudir a su auxilio.
La mirada de Obito se posó Kakashi. Tenía la misma cara de aburrimiento de siempre y la máscara en su rostro hacía difícil poder saber en qué pensaba. Obito recordó lo popular que solía ser, y seguía siendo, su compañero de equipo entre la población femenina y él se preguntó por el motivo. Por unos instantes incluso llegó a considerar imitarlo y ver si lograba captar la atención de la persona más especial para él.
Descartó esa idea casi que con la misma velocidad que se le había ocurrido. Se dijo que era algo absurdo y que jamás podría ser como Kakashi. Obito confiaba en que conquistaría su corazón y en convertirse en Hokage del mismo modo, haciéndolo todo a su manera.
—¿Creen que falta mucho para que la reunión termine?
—No lo sé —comentó Rin —, en tiempos de guerra las negociaciones no suelen ser fáciles, pero no creo que se trate de algo serio si la mayoría de los señores feudales enviaron a un representante.
—¡Oh! —Obito no había entendido nada, pero no estaba dispuesto a demostrarlo, en especial si era frente a Rin o a Kakashi, en el caso de este porque temía una burla, algo que su compañero de equipo no acostumbraba a hacer.
—Esperemos que no termine de manera violenta. La situación ya es demasiado mala como para agregar otro conflicto —comentó Rin.
—Lo más importante es asegurarnos de que no ocurra ningún ataque externo. Ya estamos en guerra, pero es importante mantener las alianzas y si uno de ellos muere la situación se volvería peor de lo que ya es.
Obito no hizo ninguna pregunta más y nadie hizo un intento por entablar conversación. Todos los shinobis que se encontraban alrededor del edificio parecían tener la misma idea en mente y estar listo para atacar en caso de que divisaran algo sospechoso o que pudiera convertirse en una amenaza, por más pequeña que fuera la posibilidad.
Obito estaba por quedarse dormido cuando sintió unos dedos golpear su abdomen. Listo para golpear a quien lo hubiera despertado se encontró con Kakashi quien lo miraba con reproche, o al menos eso le pareció a Obito quien sintió como su enojo aumentaba.
—La reunión terminó.
Esas palabras bastaron para que el mal humor de Obito terminara. Mentalmente se dijo que si la reunión había terminado existía la posibilidad de que él pudiera tomar un descanso para comer. El gruñido de su estómago le hizo recordar que había pasado mucho tiempo desde la última vez que había probado algo de comida.
—Nos vamos de inmediato.
—¿Después de comer?
—No, Tsubasa quiere estar de vuelta en Konoha cuanto antes.
Esas palabras fueron suficiente para que el buen humor de Obito desapareciera. No lo entendía ni quería entender por qué después de haber hecho tantas pausas Tsubasa se negaba a hacer una o a permitirles descansar cuando sí tenían el tiempo para hacerlo. Le parecía tan injusto.
—Podemos ir a la barbacoa cuando regresemos a la aldea —le dijo Rin.
—¿Qué estamos esperando? —agregó mucho más emocionado —. ¡Tenemos una misión que terminar y no es momento de bajar la guardia!
—Me alegra escuchar que digas eso —comentó Minato —, temía que pensaran que, porque la reunión terminó, nuestra misión lo había hecho. Tsubasa sigue siendo de interés para los secuestradores y nuestra misión no puede considerarse terminada hasta que él esté en su casa, sano y salvo.
—Nunca pensaría algo así —respondió Obito tratando de mostrar una seguridad que no tenía.
Kakashi muchas veces le había dicho que necesitaba aprender sobre cómo funcionaba el sistema shinobi, en especial si deseaba convertirse en Hokage y momentos como ese hacían que tuviera que darle la razón. Era algo que odiaba y que esperaba no tuviera que repetir en voz alta, especialmente si era frente a Kakashi.
Lo primero que Obito notó fue que Tsubasa estaba de mal humor, o al menos de un humor peor de lo normal. Eso no le hubiera importado de no ser por la sospecha de que el motivo de su malestar pudiera estar directamente relacionado con Konoha y con todos sus habitantes. Preguntar no era una opción, el joven shinobi sabía que no obtendría una respuesta y que podría hacer que el hijo del señor feudal se sintiera ofendido, aunque esto último no era algo que le importara.
Poco después cambiaría de opinión.
El mal humor del hijo del señor feudal se hacía más evidente, así como el hecho de que estaba buscando motivos para quejarse por el simple hecho de que le resultaba divertido, en especial cuando se trataba de fastidiarlo a él, quien se convirtió en el foco de la mayoría de sus quejas.
—Más rápido —ordenó Tsubasa —, debo llegar a mi casa cuanto antes.
Cinco minutos después Tsubasa volvió a mostrarse molesto, aunque en ese caso el motivo de su reclamo era un poco diferente.
—¡Más despacio! ¡si continúan así van a hacer que me maree!
Obito pensó que golpearlo sería una buena idea. Un Tsubasa inconsciente parecía ser la única forma de que el hijo del señor feudal resultara un poco tolerable. No llegó a ponerla en práctica porque sin importar lo mucho que le desagradara esa misión sabía que debía cumplirla y que Kakashi no estaba del todo equivocado al darle tanta importancia al éxito de una misión.
—Tengo hambre.
Minato, al ser el más rápido, se encargó de conseguir la comida. Solo necesitó de unos pocos minutos para conseguir lo que Tsubasa deseaba. Fue tan veloz que ni siquiera le dio tiempo a este de cambiar de opinión o pensar en algo más para pedir, lo cual hizo que Tsubasa se sintiera aún más molesto de lo que ya estaba.
—Está demasiado caliente.
Aún así encontró motivos para quejarse.
Después de varios kilómetros de camino, la situación se tornó aún más complicada y sucedió lo que Obito no creyó posible pese a que se le había advertido que era una posibilidad. Un grupo de ladrones apareció y exigió que se le entregaran todas las joyas y posesiones de valor que pudieran llevar consigo.
En apariencia eran unos inexpertos y Obito pudo comprobarlo cuando los derrotó con suma facilidad. Ese tipo de situaciones eran bastante comunes. Con la mayoría de los shinobis en el campo de batalla muchos criminales creían que era el momento perfecto para asaltar a turistas y viajeros, en especial a aquellos que aparentaban tener dinero. Obito no fue piadoso, tenía mucha rabia contenida que necesitaba liberar y por lo que vio, no fue el único en emplear ese método para desestresarse.
—De pronto he perdido el apetito —Tsubasa apartó la comida que Minato le había llevado. Él no había dejado de comer en ningún momento, ni siquiera cuando la pandilla de ladrones había intentado asaltarlos.
La falta de apetito no le duró demasiado. Volvió a quejarse por comida y en esa ocasión Minato volvió a ir por provisiones, siendo Konoha el lugar que visitó al ser el sitio más cercano. A diferencia de su primer viaje, en esa ocasión no solo llevó algo para el hijo del señor feudal, sino que también se aseguró de que los miembros de su equipo pudieran comer algo. Ninguno se había quejado, pero el ninja de mayor grado pudo notar como la misión les había afectado, él también se encontraba hambriento, cansado y molesto.
—Si no fuera porque mi padre los contrató para que me cuidaran, creería que quieren matarme de hambre y de aburrimiento.
—Nunca haríamos algo así, usted es demasiado importante.
—Lo sé.
Hicieron una pausa para acampar cuando llegó la noche. Ninguno quería hacerlo, pero el hijo del señor feudal dejó en claro que no podría dormir con todo el movimiento y el ruido propio del viaje. Tomaron turnos para vigilar, en esa ocasión haciéndolos de manera individual. Minato fue el primero y Rin la última, esto decidido por mayoría de votos.
En el momento en que la misión terminó, todos, incluyendo a Kakashi, no dudaron en mostrar la felicidad que les provocaba estar de vuelta en Konoha y, principalmente, lejos del hijo del señor feudal.
—¡El último en llegar a la barbacoa, es un huevo podrido y paga la cuenta!
Obito empezó a correr antes de salir corriendo. Después de unos metros se volteó discretamente, tratando de ver quiénes habían aceptado su desafío. Lo que vio no fue del todo diferente a lo que había imaginado.
